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COMODORO HÉCTOR SEIGNEUR (1924 – 2019)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

El poder real, el poder de quienes están por encima de las leyes, quienes hacen lo que quieren sin que nadie los pueda juzgar. Esos “señores” saben muy bien que una de sus mejores herramientas para mantener sus privilegios, es hacernos olvidar, no permitirnos tener memoria. Entre otras cosas invisibilizan hechos y personas que no les conviene que recordemos. Tienen los medios para lograrlo.
“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires.” (R. Walsh, “Cordobazo” en el periódico de la CGT de los Argentinos, 1966)

El comodoro Héctor Seigneur es uno de esos “malditos” invisibilizados.
La periodista Stella Calloni, lo rescata de la “niebla” con que se lo ha tratado de ocultar en una nota publicada en Página 12 el 27 de marzo de 2019.
En la nota nos cuenta que “El Gringo” como lo llamaban “ingresó a la Fuerza Aérea y a partir del 46, cuando el general Juan Domingo Perón llegó al gobierno, entendió que era el momento de ser el militar que quería ser”. Y así vivió, fiel a sus principios hasta el día de su muerte el 17 de marzo de 2019 para partir a la “clandestinidad eterna” como él decía.

95 años en su haber “luchando siempre con la humildad que lo destacó en la defensa de su patria” nos cuenta la periodista.
“Patria sin pueblo no existe, ni existe sin soberanía, sin independencia, sin conocer la verdad histórica”, era su pensamiento.

Seigneur supo “ver” el tiempo histórico que le tocó vivir “las transformaciones que habían llegado en esos tiempos y se expresaba en las calles, entre los más humildes que comenzaban a conquistar sus derechos por primera vez”.
No fue el único en entenderlo dentro de las fuerzas armadas, él y los otros sufrieron el crimen del bombardeo a Plaza de Mayo, en junio del 55, con sus centenas de cadáveres como preludio de lo que sería el golpe de estado en septiembre del mismo año.
“La prensa del poder hizo su parte, fue la primera línea de fuego” decía Seigneur, denunciando siempre “la sombra de Estados Unidos” para derrocar a Perón.

Dice Stella Calloni: “Junto con otros oficiales de la Fuerza Aérea, como su amigo Ernesto “el Gallego” López y también con los leales de otras fuerzas militares, resistieron heroicamente hasta el último momento e incluso estuvieron muy cerca de derrotar a los “rebeldes”.”
“… conocían por algunas fuentes los verdaderos planes criminales de los dictadores como el general Pedro Eugenio Aramburu y el contraalmirante Rojas.”

Fueron detenidos y llevados ante un Tribunal Militar que les exigió que se retractaran, lo que no aceptaron los “leales”. “Cuando Seigneur escuchó que los declaraban “traidores a la patria” arrojó su gorra y sus charreteras ante los “jueces” militares.
Después fueron tiempos de cárcel en Magdalena junto a otros oficiales. Llegaron los días del levantamiento del General Valle.
“La dictadura tenía ya información y se adelantó a los hechos. Aramburu había firmado la Ley Marcial y escrito la lista de los que iban a fusilar”, escribe Calloni.

La reivindicación de Seigneur, llegó con el regreso de Perón en 1973, quien llamó al “Gringo” y demás militares leales para devolverles sus cargos.
Fue ascendido a Coronel y nombrado gerente en Aerolíneas hasta que se instaló la genocida dictadura el 24 de marzo del 76.

Continúa Stella Calloni, “En tiempos del gobierno de Néstor Kirchner, cuando Nilda Garré fue ministra de Defensa se les devolvió “el honor”, como decía el gringo, al borrar de la historia la acusación de “traidores” a la patria.”
Conoce a Isaac Libenson, marxista, perseguido por Agustín P. Justo, participante de la Guerra Civil española, asilado en México de Lázaro Cárdenas. Rescatado por Perón cuando fue Detenido en el comando Sur de EE.UU al intentar regresar a la Argentina.

Ambos fueron “… una extraordinaria dupla de trabajo en un círculo cercano a Perón, a Evita, al padre Hernán Benítez y en los años de la resistencia peronista de la lucha política; junto a reconocidos dirigentes y sindicalistas como Andrés Framini.”

Libenson muere en 1973, el “Gringo” siempre con su bajo perfil siguió trabajando, “como un patriota o un “héroe silencioso” – como lo llamaron muchos compañeros- con figuras como Germán Abdala y tantos otros.
“Todo fue en su vida una tarea silenciosa donde ayudó a desarrollar formas de resistencia y solidaridad, a reflexionar y a debatir, perseguido, luchando, manteniendo los principios esenciales y la liberación como horizonte eterno”, concluye Stella Calloni.

Vaya pues, este sencillo reconocimiento como pequeño aporte para que su nombre y la trayectoria de su vida de lucha no caigan en el olvido. (J. R. Orosco, Pensamiento Discepoleano)

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ENVAR "CACHO" EL KADRI   -  (1941 – 1998)

Nacido en Rio Cuarto, Córdoba, el primero de mayo de 1941, hijo de Ester Amelia Manna y Khaled El Kadri, inmigrante libanés que en 1943 fue comisionado municipal cuando la revolución de junio. Su hermana Susana completaba el cuadro familiar más íntimo.

El bombardeo al pueblo en la plaza de Mayo en junio de 1955 y el golpe cívico militar contra el peronismo de septiembre de ese año, cuando Envar estudiaba en el Liceo Militar, lo pondrán de cara a la vida política nacional. Comienza por esos años, en el mismo Liceo militar, sus primeros actos de resistencia y rebeldía contra el orden oligárquico, los cuales terminan con su futura carrera militar.

La principal motivación que lo llevó a la militancia política fue su profundo sentido de rebeldía ante la injusticia. “Cacho”, como lo llaman sus amigos, afirma que “muchos jóvenes de mi época decidimos (…) que había que levantar las banderas de nuestros ideales, que no podíamos admitir que hubiera ciudadanos de primera que eran los “democráticos”, y ciudadanos de segunda que éramos los peronistas. (…) y ahí fue cuando nos organizamos ya por los años 57, 58 en los primeros comandos de la Juventud Peronista”.

Al principio, las acciones que llevaban a cabo consistían en juntarse en la calle Florida y colgar retratos de Perón y de Evita, gritar consignas y cantar la marcha peronista desafiando al decreto-ley 4161.

Pocos años más tarde, pasa a integrar la resistencia armada, dentro de lo que comenzaba a llamarse Juventud Peronista. En esa temprana militancia conoció a peronistas históricos y a futuros compañeros de lucha como Julio Troxler, César Marcos, Felipe Vallese, Gustavo Rearte, José Luis Neli, Carlos Caride, Jorge Di Pasquale, Néstor Verdinelli o Jorge Rulli, entre otros.
En esos encuentros y esas acciones se afirma la idea de que sólo la lucha revolucionaria restauraría la soberanía popular que para él y para el resto de la JP encarnaba Perón.

A partir de agosto de 1961 comienza una etapa, común a tantos militantes del campo nacional, (y que en su caso particular terminará recién con su regreso al país en 1984), caracterizada por la cárcel, la tortura, el exilio y la lucha, siempre la lucha: su firme oposición a los gobiernos antinacionales, que lo llevó a su primer encierro carcelario entre agosto de ese año y junio de 1963.

Es así como en base a legítimos pergaminos conseguidos en esa militancia se transforma en uno de los principales referentes del Movimiento de la Juventud Peronista (MJP), en cuyo primer Congreso, en 1963, declara que “la nueva etapa que se abre determinará la hora cero de la liberación nacional y la Juventud Peronista consciente de la responsabilidad de impulsar estas formulaciones para concretarlas en el plano orgánico, insta a todos los peronistas a la lucha revolucionaria total hasta sus últimas consecuencias (…)”. Una demostración de ese ascendiente sobre MJP fue su elección como delegado de la misma ante el mismo Perón en una visita que varios militantes le hicieron a éste en Madrid, en noviembre de ese mismo año.

Hacia 1965 y ante el fracaso de la vía pacífica, se conviene que el retorno del líder peronista sólo podría realizarse por el camino de las armas. Esta postura lo lleva el 13 de octubre de 1967 a formar junto a otros compañeros las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), e intentar una guerrilla rural en el monte tucumano que enfrente militarmente a un “onganiato” abiertamente entregado a los capitales foráneos. Sin embargo y antes de entrar en acción, las FAP caen el 18 de septiembre de 1968, en plena tarea de reconocimiento del territorio, dando origen a su segundo período de encierro y tortura, pero esta vez más duro y prolongado.

En casi 5 años de prisión, perdió la posibilidad de ver y vivir el regreso de su líder y participar del triunfo de Cámpora en las elecciones nacionales de marzo del ’73, para lo que tanto había luchado pero asimismo fueron aquellos hechos que confirmaron el valor de sus acciones y le dieron esperanzas en que la Argentina estaba nuevamente en el camino de la liberación nacional.

En julio de 1973 se entrevista con José López Rega en el Ministerio de Bienestar Social y en ella rechaza de plano las propuestas del ministro, demostrando toda su honorabilidad, sus principios y valentía. Seguramente esta actitud de El Kadri para con “el Brujo” significó el ingreso a la lista de condenados a muerte de la “Triple A”. La persecución comenzó con su inclusión en un supuesto complot para matar a Perón junto a otros compañeros del Peronismo de Base “17 de octubre” (PB 17), y continuó con el asesinato de un gran amigo y compañero: Julio Troxler. Su vida corría cada vez mayores riesgos, y fue así que se vio obligado a irse del país un 1 de enero de 1975, comenzando un largo y duro exilio: Beirut – Damasco – Madrid – París, destinos en todos los cuales vivió intensamente angustiado por no estar librando la lucha en el país mientras muchos compañeros caían en ella. Sin embargo su expulsión por la fuerza de España lo hizo sentir aún parte de aquella. Por eso mismo y aunque sea a distancia, intentó colaborar como fuese con la causa que toda la vida había defendido. Así participó entre el ’76 y el ’78 del Comité Argentino de Información y Solidaridad (CASI), y en la fundación y actividades de organizaciones que de una u otra manera actuaban contra el gobierno militar argentino o contra otros regímenes represivos, boicoteando la organización del mundial (COBA) y defendiendo a los artistas víctimas de la represión (AIDA).

A su regreso al país, tras el fin de la dictadura militar, continuó su incansable actividad militante. Se dedicó a temas culturales, adoptando como oficios la producción cinematográfica y la dirección de un sello discográfico, pero siempre intentando aportar a la reconstrucción del movimiento nacional y popular. En 1984, publica, en colaboración con Jorge Rulli, “Diálogos en el exilio”, donde reflexiona críticamente sobre las luchas políticas de los años setenta.

Luego, colabora con Pino Solanas en la producción de la gran película El exilio de Gardel, (la que cuenta el drama de un grupo de exiliados argentinos que están viviendo en París durante la dictadura de 1976-1983); estrenada el 20 de marzo de 1986 e interpretada entre otros por Marie Laforet, Miguel Ángel Solá, Philippe Léotard, Lautaro Murúa y Ana María Picchio.

Su último trabajo cinematográfico fue el documental “Che… Ernesto” dirigido por Miguel Pereira, en el que dos personas, El Kadri y Gerardo Klein, se lanzan tras las huellas de Ernesto Guevara, a través de varios países latinoamericanos en los que las injusticias, sometimientos y desigualdades que aún perduran motivaron la vocación revolucionaria del Che. Ellos son las voces que explican la historia y entrevistan a testigos de la figura del Comandante Guevara.

Obsesionado con el recuerdo de los compañeros caídos y con la construcción de una memoria histórica popular, se acercó a los jóvenes, a los que en cálidas reuniones transmitió sus experiencias e irradió su pasión, su constancia y su coherencia, hasta que un 19 de julio de 1998 su corazón, tal vez cansado de dolor y de traiciones, dijo basta. Porque así era Cacho, tal como lo describe esta poesía:

… se columpiaba de a prepo con el destino canalla
intentó decirles que de pintores y músicos
de poetas y guerrillas
de bandidos y comedidos
de valiente y desvalido
de ateo y penitente le cabía en la barba al Kadri
(…)
ese hombre
ese travieso David Envar Kadri el cacho
le complicó la coramina a más de un corazón respetable
fulminó electrodos con sus güevos y tropezó con países que le pedían visa para quedarse en el territorio de sus sueños
de ese hombre estoy hablando
que apunó su corazón sin el posmoderno tedio revolucionario
sin oropel de mártir ni santidad de guerrero.

Sus restos descansan en el cementerio islámico, en tierra libanesa que él mismo había traído del país de sus ancestros. (F, Arcardini, Los Malditos, Vol. II, Pág. 273)

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GUSTAVO REARTE  -  (1932 – 1973)


OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

“Asumimos  ante el pueblo y la historia el compromiso de llevar a cabo la acción revolucionaria en permanente y estrecha relación con las masas, transformando a cada hombre en un militante y a través de la movilización constante del pueblo”. Este fragmento del documento fundacional del Movimiento Revolucionario Peronista de 1964 sería uno de los pilares del pensamiento del peronismo combativo; su autor, Gustavo Rearte, será una de sus principales figuras.

Gustavo Adolfo “Coco” Rearte nació en el seno de un hogar humilde, un 25 de julio de 1932 en el barrio porteño de San Telmo, de madre italiana y padre cordobés. Sus primeros años transcurren allí, para luego trasladarse a la provincia de San Juan. En plena consolidación del peronismo, en 1948 y con 16 años, ingresa a la Escuela de Aeronáutica de la provincia de Córdoba por recomendación de un cura amigo de la familia, Federico Ulled. Este, años más tarde, no intercederá en su ayuda durante el plan CONINTES, siendo al momento capellán de la Fuerza Aérea.

En 1950, a pesar de haberle permitido evadir las penurias económicas, abandona la Fuerza Aérea por no poder adaptarse al disciplinamiento militar.
1951 lo encuentra a Rearte en Buenos Aires, con 20 años ya, y con la urgencia de hacerse de un empleo. Una coyuntura favorable al desarrollo industrial del país le permite acceder como operario en la mítica SIAM-DI TELLA, donde daría sus primeros pasos en la política.

La figura del delegado de fábrica había surgido durante la primera presidencia de Perón, y es Rearte, con poco más de 20 años quien representa a sus compañeros ante la UOM y la patronal.

Un hecho fortuito que le dejarían una huella a futuro, serían los encuentros con Perón a raíz de la designación de la SIAM como encargado de mantenimiento en la residencia presidencial. A la experiencia de la fábrica se le sumaría esta azarosa relación que lo llevaría a abrazar la identidad peronista.

En 1954 ingresa como jornalero en Jabón Federal, ganándose rápidamente el respeto y cariño de sus compañeros. En representación de estos, Rearte desarrolla una rápida carrera en el Gremio de Jaboneros y Perfumistas, llegando a ser elegido Secretario General.

Meses antes del derrocamiento del gobierno peronista, en 1955, contrae matrimonio con Amelia Silkas, compañera de la SIAM, residiendo en el partido de La Matanza, en una casita del barrio obrero de Gral. Paz, uno de los tantos construidos bajo el signo de la política de acceso a la vivienda.

El golpe de 1955 significaría una ofensiva sobre el movimiento obrero con la proscripción y persecución del peronismo. En este marco, Rearte a cargo del Sindicato de Jaboneros y Perfumistas, junto a otros militantes como Jorge Rulli, Héctor Spina, Envar El Kadri, Carlos Caride, dan origen a los primeros comandos de la Resistencia Peronista.

Simultáneamente a la agitada vida política del país, nacen en 1956 y 1957, sus hijos, Gustavo Adolfo y María Eva.
Más adelante, bajo el gobierno de Frondizi, y durante la política persecutoria del CONINTES, Rearte es víctima de una emboscada, en la que es gravemente herido. Pudiendo milagrosamente salvar su vida, termina detenido en las cárceles de Olmos, Devoto y Caseros, persiguiéndoselo por su intervención en la ocupación del Destacamento Aeronáutico de Ciudad Evita.

En vísperas de las elecciones de 1962 para gobernador de la provincia de Buenos Aires, crea la Agrupación 9 de junio en su barrio de La Matanza, y a su vez funda una unidad básica.

Entre 1962 y 1964 emprende viajes por Latinoamérica que le permitirán tener una visión más profunda de la realidad nacional, a partir del contacto con las experiencias revolucionarias de los países que visita.

La entrevista que sostiene con el Che en Cuba, y la relación asidua que establece con John William Cooke, el Mayor Alberte (por entonces delegado personal de Perón) y Perón mismo en España, seguirán enriqueciendo su formación política.
La COFADE (Comisión de Familiares de Detenidos Políticos) brindará un espacio solidario de ayuda a los perseguidos del régimen, siendo Rearte uno de los que impulsa su creación.

Para diciembre de 1963 funda junto a otros compañeros la JRP (Juventud Revolucionaria Peronista) estando presente en la mesa de lanzamiento de la propuesta Sebastián Borro, dirigente sindical y protagonista de la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre en 1959.

De amplia adhesión por parte de los sindicatos del interior, el MRP trazó con el programa fundacional del 5 de agosto de 1964, el rumbo teórico de lo que posteriormente sería la izquierda peronista: allí se comienza a denunciar “que las bases, por encima de la burocracia conciliadora y sus maniobras de entrega del Movimiento y de Perón han demostrado a lo largo de este duro y difícil proceso de lucha, que no aceptan los acuerdos espurios con fuerzas reaccionarias y que consideran la lucha revolucionaria en todas sus formas como el único camino para lograr el regreso de Perón y conquistar su liberación, por lo que derrotará nuevamente todo intento de desviarla de sus objetivos”. El ideario del MRP fue difundido por el semanario Compañero y En Lucha.

Para 1967 viaja nuevamente a Cuba, participando junto a otros revolucionarios del Tercer Mundo de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), mientras que Fidel Castro lo elegirá como portador de una invitación a La Habana hecha a Perón, quien la rechaza.

El lazo con Guevara se estrechará más al comprometer Rearte y Cooke apoyo en caso de extenderse la guerrilla boliviana al territorio argentino. Pero esta nunca llegaría a producirse. A pesar del duro revés que significó la muerte del Che, Rearte, junto a otros luchadores como Cooke y Di Pascuale, siguen organizando a los sectores más combativos del peronismo. Es así que en agosto de 1968, promueven en Buenos Aires, el I Congreso de la Tendencia Revolucionaria, realizándose de manera clandestina.
El Cordobazo lo encuentra encarcelado, siendo detenido en Tucumán cuando se encontraba visitando a trabajadores de la zafra.

En 1970, al ser liberado, es elegido congresal del PJ por la provincia de Buenos Aires, e integra la lista de candidatos a diputados por la provincia como consecuencia de un viraje en su pensamiento. Este se hace evidente en el documento del mismo año titulado “Violencia política y tarea principal”, en el que traza los límites de la acción guerrillera: “la lucha armada no solo no debe ni puede desarrollarse fuera del marco de la lucha política de las masas, sino que la de éstas debe contar con la orientación y dirección permanente de su organización político militar”, adelantándose con esto a una autocrítica de los propios protagonistas décadas después.

Paralelamente funda el MR 17 (Movimiento Revolucionario 17 de Octubre) combinando estas actividades con sus funciones dentro del partido.
Al momento de las negociaciones entre el gobierno militar de Lanusse y Perón en 1972, el protagonismo de la tendencia revolucionaria era creciente, y es cuando Rearte rechaza un ofrecimiento por parte del líder del Movimiento para integrar un triunvirato del Trasvasamiento Generacional.

Oponiéndose a la candidatura de Cámpora, impulsa en vano la fórmula Perón-Tosco, intentando conciliar su identidad peronista con su afinidad por el sindicalismo clasista.
Tiempo después, el 1º de julio de 1973 y con sólo 40 años de edad, muere de un cáncer fulminante, siendo uno de los momentos en los que más se necesitaba de su lúcido análisis para comprender la conflictiva coyuntura de los años venideros.

Rearte fue una de las personalidades más descollantes de las luchas sociales de la segunda mitad del siglo XX. En él confluyó una historia de inserción en el movimiento obrero, con el desarrollo de un pensamiento teórico y crítico, siendo también uno de los máximos referentes del peronismo combativo, distanciándose de esa burocracia que siempre condenó y de la que nunca quiso formar parte.

Combinó equilibradamente teoría y praxis con compromiso político, no cayendo en una actividad puramente intelectual, ni tampoco ateniéndose acríticamente al pensamiento predominante. (Facundo Cersósimo y Cecilia Ferroni, Los Malditos, vol III, pág 387, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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JOSÉ MANUEL BUZETA - (1923 – 1979) (Si alguien tiene alguna imagen de este "maldito" agradeceremos si nos la hacen llegar)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacido en Buenos Aires, en 1923. Autodidacta, ejerció el periodismo, fue tipógrafo y publicista. En 1952 fue el jefe de taller del periódico El Pueblo de Buenos Aires.

Militó en el peronismo, desarrollando una consecuencia y ética ejemplares.

Producida la caída de Perón, en 1955, integró la Resistencia y junto con César Marcos se hizo cargo del Comando Nacional Peronista. Ello lo condujo a la cárcel donde permaneció once meses. Luego se exilió en Caracas y Madrid, donde tuvo trato directo con Perón.

“El gallego” o “Manolo”, como le decían, fue uno de los hombres de la línea dura del movimiento, sin concesiones ni vacilaciones. Al producirse el pacto Perón-Frondizi, Buzeta, al igual que Marcos, desobedecieron las directivas de Perón: votaron en blanco. En 1962 fue uno de los organizadores de la campaña para las elecciones del 18 de marzo, en la que triunfó Andrés Framini para el cargo de gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Participó luego, y fue corredactor, del Programa de Huerta Grande, así como del diario Rebelión.

Falleció en 1979, en España, donde se hallaba nuevamente exiliado. Pertenece a la legión de los luchadores nacionales, que estuvo “en todas las listas de peleas pero nunca en las de cobranza”. (N. Galasso, Los Malditos, Vol. III, pág. 309, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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 ABEL ALEXIS LATENDORF – (1928-2007)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Buenos Aires, el 30 de abril de 1928. Desde muy joven se compromete en las luchas políticas. Participa en la militancia estudiantil, como reformista, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, donde llegará a graduarse de Contador Público y Licenciado en Administración. Asimismo, en 1953, se incorpora al Partido Socialista. Pocos meses después, la lucha política lo conduce al exilio, pasando a residir en Uruguay.

Después de la caída de Perón, desarrolla una fuerte militancia en los sectores juveniles del Partido Socialista, enfrentando a la línea derechista liderada por Nicolás Repetto, Américo Ghioldi y Juan Antonio Solari. Atento analista de los cambios políticos producidos en América Latina –sobre los cuales ha publicado artículos en la prensa montevideana- en 1957 da a conocer su libro “Nuestra América difícil”, con prólogo de José Luis Romero, por entonces Interventor de la Universidad de Buenos Aires y figura prestigiosa como historiados y asimismo dirigente político del sector avanzado del socialismo local. En dicho ensayo, Latendorf demuestra que las experiencias latinoamericanas llevan a replantear juicios y categorías sobre los movimientos populares latinoamericanos, colocándose cada vez en mayor oposición respecto a la dirigencia de su propio partido.

En 1959, al producirse el triunfo de la Revolución Cubana, adhiere plenamente y se convierte en uno de sus más fervorosos defensores. Viaja entonces a la isla y establece vínculos amistosos con Fidel y el Che Guevara.

A su regreso, continúa la lucha contra el sector conservador del Partido Socialista, constituyéndose en uno de los principales representantes del sector juvenil, que intenta sintetizar las banderas socialistas con el antimperialismo y especialmente, acercarse a la comprensión de los movimientos nacionales como el peronismo en su patria y el MNR y el varguismo, en Bolivia y Brasil respectivamente.

En esa lucha participa como cofundador de la revista “Che”. Junto a Julia Constenla y Pablo Giussani, aparecida en 1960. Poco después, con compañeros de la tendencia juvenil del socialismo, interviene en el lanzamiento de ocho números de la revista “Situación”, donde se formulan importantes replanteos sobre socialismo y cuestión nacional en América Latina.

La polémica desatada dentro del Partido Socialista conduce a varias escisiones, en las cuales Latendorf aparece en roles protagónicos como expresión de la izquierda. Así, en 1961, rompe públicamente con Alfredo L. Palacios a través de una carta abierta y en 1962 es uno de los cofundadores del Partido Socialista de Vanguardia, junto a David Tieffemberg, Elisa Rando, Ricardo Monners Sans, Enrique Hidalgo y Manolo Dobarro, entre otros. En marzo de ese año, con motivo del apoyo dado al peronismo en las elecciones, se aleja de varios compañeros de la generación anterior y poco después, en 1963, participa en la fundación del Partido de Vanguardia Popular, que nace de una escisión del Partido Socialista de Vanguardia.

Viaja repetidamente a Cuba y en 1966 participa, como delegado argentino en la Conferencia Tricontinental realizada en La Habana.

Se desempeñó como profesor titular de Auditoría en la Universidad de Buenos Aires, pero fue expulsado por la dictadura militar. Luego, en 1973, fue Auditor General de la UBA (ad honoren) durante la gestión como rector del Dr. Vicente Solano Lima. Y en la cátedra “Ernesto Che Guevara” de la UBA, junto a Dri y Gaggero.

En 1998, se reincorporó al Partido Socialista, ahora en la corriente del Socialismo Auténtico. En el año 2000, pasó a desempeñarse como legislador de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, cumpliendo el mandato desde el 6 de agosto del 2000 hasta el 20 de diciembre del 2003. Desde su banca apoyó a todos los movimientos sociales y populares, y acompañó las luchas de los piqueteros en las calles. A través de una larga trayectoria, Latendorf dio ejemplo de consecuencia y conducta en defensa de las banderas enarboladas desde su juventud: la liberación latinoamericana, la unidad en la Patria Grande, la revolución cubana y el socialismo. En esa lucha puso toda su vehemencia y sus dotes de agitador. “Latendorf era un ‘enfant terrible’ para la izquierda autóctona, caminaba a diario sobre brasas sin medir las consecuencias”, editorializó el sitio Argenpress, fundado por su amigo Emilio Corbiere.

En su última función como legislador su adhesión a los reclamos de los desocupados condujo a que se lo denominara “El diputado piquetero”. Sus posiciones contestatarias, a lo largo de una extensa vida de lucha, lo condujeron al silenciamiento por parte de la gran prensa convirtiéndolo en un “maldito”.

Falleció en Buenos Aires, el 3 de junio del 2007. Salvo alguna excepción, la prensa no dio la información de su deceso ni recordó su vida de permanente entrega a la causa popular. En cambio, desde Madres de Plaza de Mayo llegó el reconocimiento por parte de Hebe de Bonafini: “El compañero Latendorf se fue sin abandonar la lucha ni por un solo día”.  (N. Galasso, Los Malditos, T III, Pág. 358, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JULIO RICARDO BARCOS – (1883-1960)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Escritor, pedagogo, periodista y militante político que derivó del anarquismo al radicalismo. Gustaba presentarse como “maestro de escuela y escritor del pueblo”. Había nacido el 26 de enero de 1883 en Coronda, provincia de Santa Fe, ciudad donde cursó sus estudios primarios y secundarios.

Radicado en Buenos Aires ejerció su profesión de maestro en los colegios Carlos Pellegrini y Florentino Ameghino y fue profesor de literatura en la escuela normal de San Fernando (provincia de Buenos Aires). Muy pronto se incorporó a la lucha política y sindical impulsando la agremiación de los docentes y destacándose como un orador combativo y eficaz. Amigo de José de Maturana y Alberto Ghiraldo, dirigió con aquél la revista de arte, educación y sociología “Letras” (1907), de signo libertario, y publicó sus ideas de renovación pedagógica en “Ideas y figuras”, dirigida por Ghiraldo. La impronta ghiraldiana se advierte en este fragmento de “La vieja senda”, libro de relatos y semblanzas publicado en 1909: “Detrás de cada uno de los que la opinión pública ha consagrado –dice Barcos-, no encontramos en la mayorías de las veces sino pedagogos pedantes y pontífices grotescos, que determinados casi siempre en sus procesos mentales por la misteriosa gravitación del atavismo y la relajadora influencia de la vulgaridad ambiente, pretenden ser los únicos apóstoles encargados de encauzar el espíritu humano por la senda de la luz. Pero nosotros no queremos guías, ni ejemplares modelos; aspiramos a nuestra vez a ser nosotros mismos abanderados del ideal, heraldos de la verdad y reivindicadores del ensueño”.

Admirador del pedagogo catalán Francisco Ferrer, quien consideraba a la educación como una cuestión de índole política, siguió los lineamientos de su Escuela Moderna y fundó la filial argentina de la Liga Internacional para la Educación Racionalista de la Infancia.

Hacia 1910 fundó y presidió también la Liga Nacional de Maestros, cuya propuesta era “luchar por la dignificación intelectual, social y económica del magisterio”.

Entre 1914 y 1915 dirige el periódico “Renovación”, defensor de esas propuestas. En 1917 adhiere, desde su anarquismo, a la revolución rusa, por lo que se lo tildará de “anarco-bolchevique”. Entusiasmado por el movimiento estudiantil de 1918, escribe: “los muchachos han roto los vidrios empañados por el polvo de los muertos y las telarañas del oscurantismo de nuestra arcaica universidad. Es verdad que es una irreverencia violar los sarcófagos donde yacen embalsamados los restos de nuestros antecesores. Pero también es verdad que no se puede alimentar a los vivos con el polvo de los muertos. Porque, reflexionemos un poco, ¿qué son las tradiciones sino la secreción mental de los difuntos? ¿Es posible que pueblos jóvenes como el nuestro, por jóvenes aptos para recibir el baño lustral de las nuevas luces del siglo, vivan al margen de una cultura embalsamada por nuestras adormideras intelectuales y transmitidas automáticamente de generación en generación por la docencia autoritaria de hombres eruditos pero retrógrados? No, por cierto. Urgía librar al país de estas muletas educacionales que retardaban el desarrollo de su evolución social.”

Su actividad de esa época es incesante: viaja por el país y por Latinoamérica difundiendo sus ideas renovadoras en educación y participando activamente en política. En 1918, junto al abogado y escritor puertorriqueño Nemesio Canales, acarician planes de redención continental y social en los que se ligan las ideas de Bolívar y de Lenin. Dictan un par de conferencias en Caracas pero el dictador Juan Vicente Gómez los obliga a abandonar Venezuela. Se dirigen entonces a Costa Rica, donde en 1919 participan del derrocamiento del presidente Federico Tinoco. Al año siguiente, en El Salvador, Barcos publica un “Proyecto de ley orgánica para la instrucción pública”, y en Panamá, en el mismo año, junto a su amigo Canales, comienza la publicación de la revista “Cuasimodo”. En ella, trasladada a Buenos Aires en 1921, van a publicar sus primeros escritos Elías Castelnuovo y un impensable admirador de la revolución rusa: Jorge Luis Borges.

Por esa época funda junto a otros educadores del continente la “Internacional del Magisterio Americano” y se embarca en un nuevo proyecto editorial: “Las Grandes Obras”, dedicado a difundir trabajos de autores libertarios.

También por esos años iniciales del ’20 la editorial Tognolini da a conocer uno de sus libros más difundidos: “La libertad sexual de las mujeres”, en el que aboga por la emancipación femenina de la hipócrita moral burguesa, como paso indispensable para la emancipación social de la clase trabajadora en su conjunto.

En 1923 da a luz “La doble amenaza”, réplica a Leopoldo Lugones, quien había planteado en una serie de conferencias que el país estaba amenazado externamente por Brasil y Chile, e internamente por el alud inmigratorio que nos había traído las peores lacras de otras sociedades. Barcos le responde: “… creo que, en efecto, se alza una doble amenaza sobre el país: la exterior, la de los comerciantes extranjeros que aspiran a llevarse el dinero argentino en pago de los fierros viejos sobrantes de la guerra europea; y la interior: el surgimiento del fascismo criollo organizado en gavillas de delincuentes al servicio de las empresas extranjeras y los hacendistas y latifundistas criollos en contra de la clase obrera organizada de la República”.

En 1927, según Vicente Cutolo, Barcos “giró bruscamente” del anarquismo al radicalismo. Sin embargo, su actitud fue la de otros intelectuales de la época que apoyaron la reelección de Yrigoyen en contra de los “galeritas” de Alvear y nacionalizaron su pensamiento sin por ello desligarlo de su anterior ideario izquierdista. Reelecto el anciano líder fue su asesor en materia de política educacional.

Producido el golpe del ’30, publica “Política para intelectuales”, en el que se proponía –según sus propias palabras- “demostrarles a los apolicistas que la única cosa grande y seria que hay actualmente en el mundo es la política”. A raíz de este libro, el gobierno de facto lo exonera de la docencia mediante expediente secreto y lo deporta del país, acusándolo de “anarco comunista”. Se establece en Montevideo. Por entonces participa de algunas conspiraciones militares a la postre frustradas, como la del teniente coronel Cattáneo, y se vincula a Manuel Ortiz Pereyra, notoria figura del Yrigoyenismo, a la sazón exiliado también en la otra orilla. “No tardamos en descubrir que cada uno se había encontrado con su par”, dice Barcos, quien al describir así a Ortiz Pereyra, de alguna manera se describe también a sí mismo: “(Es) un político con una doctrina económica no aprendida sino adquirida en el descubrimiento de la geografía económica de su patria. Y lo que es más extraordinario aún: un hombre que se decide a hablar en fácil sobre esta complicada asignatura social, en un mundo de dómines pedantes que gustan hablar en difícil de las cosas más sencillas, al modo de los clérigos que ponen el evangelio en latín para hacérselo incomprensible a la pobre gente”. Y agrega más adelante: “Lo que la Universidad le diera en saber es bien poca cosa con relación a lo que le dio la vida en comprensión y experiencia (…) Por eso sus ideales objetivos, que es lo propio del hombre de gobierno, se diferencian tanto de los ideales subjetivos, que es lo característico del intelectual libresco”.

Con Ortiz Pereyra, Barcos fundará en 1932 la “Concentración de Izquierda de la Unión Cívica Radical” que publica el periódico “Bandera Radical”, diario “demasiado radical para poder sobrevivir”. Al año siguiente da a conocer “Por el pan del pueblo. Nueva Representación de los Hacendados”, uno de sus libros más importantes.

Escrito por Barcos, aunque concebido ideológicamente junto a Ortiz Pereyra, hasta el punto que “sería difícil distinguir la paternidad de las ideas que se propugnan en este libro”, su objetivo es demostrar “a nuestros políticos grandilocuentes, que su ‘ciencia política’ sin la ciencia económica es vanílocuo palabrerío”.

Pese a adolecer de algunas limitaciones serias, como su desconfianza hacia algunas medidas proteccionistas (cierto que involuntarias) implantadas por el gobierno de Justo, Barcos desarrolla aquí una serie de planteos de política nacional tan alejados del individualismo ácrata de sus comienzos como del adocenado democratismo liberal de los radicales alvearistas contemporáneos. Propone por ejemplo la construcción de un “Frente único, defensor de la argentinidad encadenada” por “el dólar y la libra esterlina”, al tiempo que sostiene una actitud planificadora de la economía: “la gran finalidad práctica” de toda política nacional “se ve compelida a girar en torno del pan del pueblo. O en otros términos más doctrinarios: se ve obligada a revisar y ordenar la economía; a transformar el régimen de la propiedad absoluta sobre el que se ha entronizado el anarquismo capitalista; a regular la producción y el consumo, controlar la comercialización de los productos y establecer una equitativa distribución de las riquezas”. También acierta, disintiendo de la opinión de muchos de sus correligionarios, al decir que la intransigencia doctrinaria de Yrigoyen significaba negarse “a pactar con la oligarquía encarnada en el mitrismo” y pese a que exalta el “genio” de Rivadavia no deja de reconocer que con su gobierno “se inaugura la conquista económica de Sudamérica por el capitalismo británico”. Por otro lado propicia “rastrear la verdad histórica”, pues “ninguno de nuestros historiadores ha hablado de los hechos económicos que explican la transmutación del coloniaje español por el coloniaje británico. En las escuelas y en los colegios nacionales se estudia el descubrimiento y conquista de América por España, grandioso suceso que incorpora este continente a la civilización europea. Pero se deja a nuestra juventud en la más espesa ignorancia sobre el descubrimiento y la conquista de la economía americana por los ingleses”. Su crítica a la Constitución del 53 es categórica y vigente hasta el día de hoy: “Dicha Constitución –sostiene- nos dio un orden jurídico que garantiza todos los derechos civiles y políticos del hombre. Tendríamos motivos de sobra para felicitarnos por tal conquista, si no fuera que en el orden económico consolidó nuestra condición de factoría. En efecto, ¿qué función le dio al Estado argentino en lo que respecta al régimen de la propiedad y de la economía? Sencillamente, administrar y proteger el interés privado contra el interés nacional”.

Por último es digno de destacarse este párrafo profético de Barcos: “La independencia económica del país y la justicia social para asegurar a todos los miembros de la comunidad un sitio en el banquete de la vida, donde los únicos seres privilegiados que proteja el Estado, sean los niños y las madres, sin distinción de clases, he aquí la nueva filiación ética y jurídica de esta Tercera República, a cuyo servicio nos ponemos en cuerpo y alma”.

Pese a esta clara prefiguración del peronismo (en otra parte del mismo libro había dicho: “las masas impregnadas de idealismo, están grávidas de futuro y solo esperan a los líderes que sepan conducirlas a la conquista de la justicia social”) Barcos no va a adherir al movimiento fundado en las jornadas de 1945 y se va a mantener fiel al radicalismo aunque su actividad política irá languideciendo poco a poco.

En 1947 publica “Para el radicalismo reformarse es vivir” y al año siguiente funda la editorial “Luz del Día” con el objetivo expreso de reeditar los 54 tomos de la obra completa de Sarmiento y las Obras Escogidas de Alberdi.

Fallece en Buenos Aires el 17 de enero de 1960. (J. C. Jara, Los Malditos, T IV, pág. 285, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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ÁNGEL RAFAEL CAIRO – (1915-1982)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacido en Campana, Provincia de buenos Aires, el 26 de abril de 1915, manifiesta inquietudes políticas desde su adolescencia. En 1931, actúa como miembro de la Juventud Radical en el Frigorífico Anglo. Devora literatura política de distintos orígenes y busca su camino en distintas organizaciones: el socialismo, el anarquismo y luego el Partido Comunista. Después de 1945, se aparta del Partido Comunista, participando junto a Puiggrós, Astesano y otros en la escisión que da origen al MOC (Movimiento Obrero Comunista) que se expresa en el periódico “Clase Obrera”, dando apoyo al peronismo desde una perspectiva independiente. Entre 1940 y 1953 se desempeña como delegado y asesor de comisiones internas en el gremio textil. Luego ingresa al gremio Gastronómico, donde trabaja entre 1957 y 1960, quedando cesante como consecuencia de la huelga del 7 de noviembre de ese año.

Fue un gran formador de cuadros políticos y sindicales. Colaboró con los más importantes gremialistas del peronismo combativo, entre ellos, Julio Guillán y especialmente, Amado Olmos. Asimismo, participó activamente en la campaña política en la cual el peronismo llevaba de candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires a Andrés Framini.

Su actividad gremial y política la realizó principalmente en Avellaneda, en cuya regional gremial actuó en 1963. Luego ingresó al Sindicato del Hielo.

Uno de sus aportes más notables era la elaboración de documentos de discusión para los cuadros políticos y gremiales, alrededor de la cuestión nacional y la cuestión social. Participó en la C.G.T. de los Argentinos. Fue fundador de la Agrupación “12 de junio” y de “Intransigencia peronista”.

Colaboró en diversos periódicos del movimiento nacional, entre otros, “Recuperación” y “Descartes” y luego fue secretario de redacción del periódico “Relevo”.

En 1969, participó en un libro colectivo con definiciones acerca del peronismo. Más tarde, amplió su trabajo y lo publicó como “Peronismo: claves”, por Ediciones Centro de Estudios Aporte.

Desde una posición de izquierda nacional interna al peronismo contribuyó a la discusión de tácticas y estrategias, cuestiones organizativas, etc., siempre aportando ideas sin reclamar puestos ni reconocimiento alguno. Fue también asesor en el Sindicato del Tabaco y dio importante apoyo a Víctor De Genaro y Germán Abdala, en su lucha de Anusate, dirigida a recuperar la Asociación de Trabajadores del Estado que estaba en manos de la burocracia.

Su larga vida de permanente militancia se apagó, a causa de un cáncer, el 29 de agosto de 1982 en la localidad de La Matanza donde residió en sus últimos años. (N. Galasso, Los Malditos, T III, pág 319, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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HOMERO MANZI – (1907-1951)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

“Quienes nos tildan de opositores, se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas, también. No somos ni oficialistas, ni opositores. Somos revolucionarios”

Homero Nicolás Manzione (Manzi) nació el 1º de noviembre de 1907, en Añatuya, Santiago del Estero. Su familia, muy numerosa (tuvo 8 hermanos), decidió radicarse en Buenos Aires, entre 1911 y 1912). El padre siguió trabajando en Santiago del Estero, la madre y los hijos acostumbraban regresar anualmente a su provincia, durante los meses de verano hasta que llegase la fecha de volver a las clases.

Se instalaron en Boedo, y para los recién llegados “era todo nuevo, sorprendente…”, aunque para los realmente porteños, Boedo era todavía, el arrabal, la orilla. Desde su casa de la calle Garay 3251, Manzi se consideraba “… un provinciano otario que se quedaba con la boca abierta ante un tranvía…”. A Homero lo internaron, junto a un hermano, en el Colegio Luppi: allí pasó 3 años como “pupilo”, entre los 13 y los 16 años. Allí conoció a sus grandes amigos, Francisco Rabanal, Raúl Gómez Alcorta y Américo Bianco.

A los 15 años, escribió sus primeros versos. En este breve estudio no se profundizará en su obra artística, pues ésta ya está profusamente difundida. El objetivo será resaltar su pensamiento y su accionar en la vida política, aspecto que no es menos relevante por su claridad de ideas, por los principios que defendió y por los objetivos que se fijó, pero que ha sido silenciado.

En 1916, Hipólito Yrigoyen arribó al poder. Fue el primer presidente que reflejó verdaderamente el sentimiento popular, pues la ley Saenz Peña había puesto en vigor el voto secreto, universal y obligatorio (exceptuando el voto femenino).

La familia Manzione era radical: el 12 de octubre de aquel año, el pequeño Homero se hallaba presente en el acto de juramento en el Congreso. Manzi recordará: “El 12 de octubre de 1916, llevado de la mano de mi madre, mis ojos de 8 años lo vieron, de pie sobre su coche, emergiendo del fondo de la multitud como si saliera, a la manera del sol, de la línea del horizonte, avanzar como sobre las cabezas del pueblo y escuchar el griterío…”.

El clima familiar era propicio para que en los años venideros, Manzi militara en la UCR, lo mismo que su padre y su hermano mayor.

Además sus tíos, Miguel y José Manzione, oficiales de policía, se desempeñaron en la Guardia personal del presidente y llevaban a su casa comentarios y anécdotas que engrandecían la figura del caudillo. Podría decirse que Manzi, fue radical desde la cuna.

Entre sus primeras influencias culturales se cuentan los escritores que aparecían, en la década del 20, en la revista “El alma que canta”; allí se reproducían textos de Evaristo Carriego, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, José Bettinoti, Almafuerte, Alfonsina Storni, José Alonso y Trelles y Dante Linyera. También leía las revistas Proa y Martín Fierro, impulsoras de ideas nuevas para la época.

En 1926, estrenó su primer tango, ingresó en la Facultad de Derecho, y aquí comenzó justamente, su participación política… “Trabé contacto con Jauretche en las rudas luchas libradas en la facultad de Derecho, en 1927, cuando el presidente de la Nación (Agustín P. Justo), entonces Ministro de Guerra, tuvo la ocurrencia de iniciar un programa militarista cuya dolorosa fecundidad después conocimos los argentinos…”.

Para 1929, los movimientos estudiantiles reflejaban, en gran medida, el clima de “Golpe” que ya se gestaba: En una de las asambleas donde, además de discusiones hubo trompadas, los ánimos se caldearon y Manzi golpeó con vigor a Aberg Cobo. Un grupo de derecho rodeó a Manzi propinándole una severa golpiza, hasta que uno de sus íntimos, Juan Betancor, al verlo en el suelo, con un cortaplumas, tajeó a Aberg Cobo en el rostro. El diario La Nación del 15 de diciembre de 1929 acusó a Manzi de las lesiones. La intención era probar que Manzi estaba armado, que los estudiantes reformistas eran sujetos peligrosos para el orden social. La familia de Cobo hizo la denuncia y Manzi asumió la responsabilidad de las lesiones.

La “Asamblea” proclamó la huelga y tomó la Facultad: “allí estaban el presidente de centro izquierda Eduardo Howard, el secretario Marcelo Aberasturi, Leopoldo Insaurralde, Jorge y Alberto May Zubiría, Homero Manzione y Arturo Jauretche entre otros.”

La toma duró dos días, pero fue suficiente como para desarrollar una amplia tarea política. Conservadores, nacionalistas y antipersonalistas pro Alvear aprovecharon para declarar que la toma estaba organizada por “agitadores subversivos de izquierda, financiados desde el exterior y conocidos por la policía.”

Desde tiempo atrás, Manzi, pese a su juventud, había alcanzado peso propio en el Comité personalista de la octava circunscripción, ubicado en Oruro y 24 de Noviembre, llamado “Vanguardia Nacional”. En los actos, era uno de los principales oradores, e insistía sobre las banderas de nacionalización del petróleo y el americanismo irigoyenista, lo que él llamaba “el fondo revolucionario del radicalismo”. Además escribía encendidos artículos en el periódico irigoyenista “Libre Palabra”.

A principios de 1930, fue invitado por el Colegio Nacional de Jujuy para dictar una conferencia sobre “La Poesía argentina que los argentinos no conocen”. Allí pronunció algunos discursos, y en su vuelta, en Tucumán, fundó un comité Radical que, a pesar de su juventud (sólo 22 años) fue bautizado con su propio nombre: “Homero Nicolás Manzione”. Al mismo tiempo, inició una gira por la provincia de Buenos Aires, para inaugurar comités: así visitó 9 de Julio, Trenque Lauquen y Cacharí.

El golpe militar eliminó todas estas actividades políticas, pero Manzi continuó, como pudo, en esas épocas tan duras. Casi a diario, solía reunirse con sus compañeros en algún bar, -casi asiduamente en el Café El Aeroplano, de San Juan y Boedo”- para analizar la situación política. Así nació el Grupo “Juventud del Sur”, un intento por reconstruir el radicalismo en medio de la cada vez más fuerte, represión del gobierno. Esta etapa se caracterizó por su vinculación muy estrecha con Arturo Jauretche.

La Universidad fue intervenida y Manzi quedó suspendido, negándosele el acceso a la Facultad, con la excusa del incidente policial mencionado. Además, fue cesanteado en las Escuelas Medias donde se desempeñaba como docente, a pesar de esto, el Grupo siguió publicando su “Tribuna Universitaria”. Pero, el 11 de febrero de 1931 ingresó la policía, y detuvo a los estudiantes: Manzi quedó preso, aislado e incomunicado.
En esos tediosos días de cautiverio, Manzi leyó todo cuanto pudo y se negó a comer, haciendo causa común con los demás detenidos. A pesar de todo, su situación fue privilegiada, teniendo en cuenta que, por esa misma época, en plena imposición de la censura y el terror impuesto desde el gobierno, muchos compañeros fueron llevados a Ushuaia, donde las condiciones fueron mucho peores. Durante su detención, supo de torturas, silencios y miedo… pero lejos de revertir su postura, maduró cada vez más su pensamiento.

Al salir de la cárcel, se casó, el 31 de diciembre de 1931, con su novia de Añatuya, a la cual le escribía, como podía, desde la cárcel, Casilda Iñiguez. Sin medios con los cuales sostenerse comenzó a editar una “guía para el automóvil”, que le permitió sobrevivir, pero no dejó de estar atento a la vida política.

Entonces, presentándose las elecciones, Uriburu prometió respetar el fallo de las urnas, pero esperó la llegada de Alvear desde Europa para insinuarle que siempre que se excluyera al sector irigoyenista de una nueva UCR, él podía ser el candidato a presidente en la próxima elección. Pero, a pesar de sus desacuerdos con el viejo caudillo, y sin ignorar la realidad, Alvear declaró: “Lo que aquí se dice personalismo es la mayoría del partido radical; y este partido quiere y debe por su iniciativa, libremente, reorganizar y defender sus cuadros, sin imposiciones exteriores…”.

De aquí en más, las persecuciones se agudizaron y hasta el mismo Alvear fue detenido.

La UCR declaró la abstención, y muchos participaron; organizaron levantamiento y sublevaciones, como la del Coronel Pomar en el Chaco o la del Mayor Álvarez Pereyra en Corrientes. Manzi formó parte del grupo de civiles que acordó insurreccionarse con los militares sublevados.

Manzi vivía conspirando: “… teníamos los materiales para las bombas en el cuarto de baño. Una tarde estábamos tomando mate… La casa de Manzi (todavía en Garay 3251) era una especie de comité. De pronto “el Loco Papa”, íntimo de Manzi, apareció en la puerta chamuscado, con las pestañas y los pelos quemados… No pasó nada, el deterioro del baño, nada más… ni vino la policía, pasó como uno de los tantos ruidos que se dan en la ciudad”. Así contó Jauretche esta conocida anécdota que muestra como la conspiración no era sólo teoría, sino una lucha en que se jugaban la vida.

En medio de la actividad conspirativa, el 6 de marzo de 1933 nació su hijo, que fue bautizado Momero Luis Manzione. Por entonces, Yrigoyen había sido trasladado desde la isla Martín García y a pesar de hallarse enfermo, recibía a los correligionarios en su nuevo lugar de residencia de la calle Sarmiento. Manzi recordó siempre lo que el anciano líder les dijo en esa oportunidad: “… Ustedes creerán que esto es algo nuevo. No; esto es siempre el régimen. Ustedes no conocen bien al régimen porque son muchachos. El régimen es insaciable; y es tan inepto, tan falaz, tan sensualista, que el pueblo se irá dando cuenta de su incapacidad para cumplir nada de lo que prometió. Comete con exceso todo lo que nos atribuye. Al final después de que mucho sufra la República, vendrán a buscarnos para que los salvemos. Ustedes lo verán, porque tienen años para verlo…”.

En julio de 1933, Yrigoyen falleció, y con él, muchas de las esperanzas de los que se consideraban “personalistas”. Este grupo instó a seguir con la política de abstención, pero en la Convención Nacional, del 2 de enero de 1935, el abstencionismo, comandado por Ricardo Rojas, logró solo 49 votos contra 98. Este fue un duro golpe para los “radicales fuertes”, que así se llamaba ahora el grupo donde militaba Manzi.

En el Café El Foro, de Corrientes y Uruguay, comenzó a gestarse lo que será luego FORJA, y lo que por aquel entonces era un intento por recuperar los valores revolucionarios del radicalismo.

Tiempo después, en las mesas de La Fusta, en Palermo, quedó fundado el grupo Forja, Fuerza de Orientación de la Joven Argentina, como corriente interna del radicalismo. “El lanzamiento era riesgoso. No servía para oportunistas ni para cazadores de cargos. El que entrara perdería toda oportunidad con la línea alvearista dominante…”.

En la primera reunión, en Corrientes 1778, fue elegido presidente Arturo Jauretche, pero no aceptó lo reemplazó Luis Dellepiane. La declaración constitutiva marcaba el objetivo fundamental de FORJA: “Somos una Argentina Colonial, queremos ser una Argentina Libre”.

La labor del grupo fue muy ardua; sin recursos económicos, ni medios donde expresarse. Con el grupo colaboró Raúl Scalabrini Ortiz, aportando sus estudios para esclarecer la realidad nacional, aunque sin integrarse formalmente a FORJA, pues no era afiliado radical.

El periódico “Señales” contribuyó a difundir la actividad del grupo. El resto de “los medios” les cerraron las puertas; es más, las persecuciones hicieron que muchos escribieran sus artículos, firmando con seudónimos. En esos días, Manzi escribió su Milonga de Forja.
Luego, el grupo se mudó al sótano de Lavalle 1725. La tarea de “crear una conciencia nacional” se llevaba a cabo a través de conferencias o actos callejeros: Manzi fue uno de los oradores más reiterados, y aunque no escribió ninguno de los cuadernos, sí pronunció conferencias y participó en la preparación del manifiesto al Pueblo de la República, lanzado por la agrupación.

Entre 1937 y 1938, Homero Manzi trabajó para la revista popular “Ahora”, y desde allí, criticó muy duramente a los gobernantes, por la situación crítica que la “sequía” había causado en Santiago del Estero. Escribió “… hay que hacer llegar al pueblo todos los dolores concretos para que no continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira de una prosperidad que sólo se ve en los balances del puerto…”. El diario El Mundo, también decidió cubrir el tema ante los ecos de los artículos de Manzi (periodísticamente firmaba Manzione) y mandó a un cronista de lujo: Roberto Arlt. Ambos se reunieron en Santiago del Estero, y Arlt fue categórico: “Es necesario que nuestro relato sea terrible. Implacable. Amargo. Casi siniestro”. Manzi sintió una verdadera y profunda admiración por Arlt, pues este joven escritor y periodista puso al servicio de esa gente tan necesitada y olvidada por Buenos Aires, todos los recursos que pudo desde su diario. La investigación, no se limitó a un solo artículo, sino que formó una verdadera cruzada a favor de los desposeídos de la provincia, criticando no sólo al gobierno nacional, sino también a las autoridades provinciales, todavía más insensibles, pues conocían lo que allí sucedía, pero permanecían escondidas tras sus reductos feudales. Manzi insistió, condenando al modelo agroexportador, que “Santiago del Estero no es una provincia pobre, sino una provincia empobrecida”.

A su vuelta, expresó en Forja cómo se usufructuaba con el sistema de explotación del bosque santiagueño, cómo el paisano del lugar se había convertido en nómade por ir detrás de trabajo, siendo arrancado de sus actividades y vida habitual. También trató con profundidad las lamentables condiciones sanitarias de sus comprovincianos.

La guerra desatada en Europa a fines de 1939, dividió también aquí a la opinión y puso a Forja en una gran disyuntiva: la mayoría de los forjistas optó por la neutralidad, entendiendo que los dos bandos en disputa representaban a dos imperialismos ávidos de mercados. Esto derivó en disidencias y el grupo orientado por Dellepiane decidió separarse.

La división fue un enorme y profundo desgarro afectivo para Manzi: íntimo amigo de Jauretche y Dellepiane, continuó en FORJA, pero su acción ya no fue la de antes.

“Manzi –dirá Jauretche- se nos perdió en el mundo de la noche” y aunque lamentaba el gradual alejamiento de su amigo, admitía, sin embargo, que era para hacerle otro valioso aporte a la Patria: sus canciones.

Después del 17 de octubre de 1945, se disolvió Forja, porque sus miembros entendían que muchos de los objetivos por los que venían luchando ya se estaban concretando. Muchos de sus miembros se volcaron al peronismo, pero Manzi permaneció radical e incluso colaboró, en la campaña electoral para las elecciones de 1946, con los radicales de la provincia de buenos Aires. Tenía muy arraigado el irigoyenismo, aunque no se mostró opositor a Perón y compartía íntimamente los logros peronistas.

Después de las elecciones de 1946, se acercó al grupo que lideraba Jorge Farías Gómez. En 1947 se produjo un acercamiento entre éstos y Perón, que Manzi hizo público desde Radio Belgrano, en un contundente discurso –titulado “Las tablas de sangre del radicalismo”- en una hora considerada “pico de audiencia”. Manzi sostuvo allí: “… Perón es el reconductor de la obra inconclusa de Hipólito Yrigoyen. Mientras siga siendo así y nosotros continuemos creyéndolo, seremos solidarios con la causa de la revolución, que es esencialmente, nuestra propia causa… Quienes nos tildan de opositores, se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas, también. No somos ni oficialistas, ni opositores. Somos revolucionarios”.

La relación con Perón se acentuó cuando Manzi alcanzó cargos directivos, incluso la presidencia en SADAIC. Su situación quedaba ahora clara, pues el Radicalismo decidió “expulsarlo” del partido. En 1950, compone los “Versos de un payador al General Juan Perón” y “Saludos de un payador a Doña Eva Perón”, décimas que canta Hugo del Carril en la residencia presidencial con motivo del cumpleaños del Presidente.

Durante esos años del ’40, Manzi desplegó su talento en otro ámbito de la cultura que también generalmente se olvida: el de los guiones cinematográficos  (”La guerra gaucha”, “El viejo Hucha”, “Pobre mi madre querida”, “El último payador”, “Pampa Bárbara”, “Fortín alto” “Su mejor alumno” y otras). De esa experiencia, brotan algunas críticas, siempre desde una óptica nacional: “… Los paisajes y las ropas aparecen en nuestras escenas muy americanizados… El cine nacional se encuentra atacado de infantilismo literario. Con toda la dureza que encierra.
Porque sabemos que ya no se puede llenar el interés de la pantalla con el argumento de la buena voluntad. Porque la técnica ha progresado y no se puede achacar a ella, la imposibilidad de cumplir tentativas profundas…” Criticando la infraestructura, Manzi preanunciaba, lo que luego lograría con mucho esfuerzo: la creación de Artistas Argentinos Agremiados.

Desde su arte, Manzi también luchó por lo que tanto lo afligió en su vida política. Lo nacional: lo argentino, fue siempre fundamental, y no aceptó condicionamientos. Incursionó, asimismo, en el ensayo y dejó páginas brillantes como “Lo popular”, “Tarde santiagueña” (acerca del folklore) y otras. Asimismo, deben ser rescatados diversos poemas –recogidos en “Antología poética”- menos conocidos que aquellos que fueron musicalizados, pero igualmente merecedores de figurar en cualquier selección literaria.

Homero Manzi fue un eterno luchador, que aún contra viento y marea, siempre defendió su pensamiento, a pesar de todos los obstáculos que encontró en su camino. Y su actitud fue meritoria pues tenía todo el talento que necesitaba para triunfar en el mundo literario. Jauretche siempre recordó e hizo conocida la opción de Manzi, cuando éste decidió “escribir letras para los hombres, antes que ser un hombre de letras”. Fue un obstinado, tenaz: luchó contra sus preconceptos, luego con las internas de su propio partido, luego contra quienes no aceptaron lo popular como lo nacional, y finalmente, luchó contra su enfermedad durante más de cuatro terribles años.

Desde hacía tiempo, Manzi venía enfrentando el cáncer que lo afectaba, y estuvo varias veces internado en el Instituto del Diagnóstico. Ya enfermo, le dicta a Troilo, por teléfono, los hermosos versos de “Discepolín”, dedicados a su amigo Enrique Santos.

La muerte le llegó el 3 de mayo de 1951, cuando tenía sólo 43 años. Dejaba una obra importantísima en el cancionero popular, en sus poemas, en la cinematografía, en artículos diversos y un ejemplo de compromiso político permanente con las mayorías populares. En su velatorio, un amigo suyo Francisco Loiácono –“Barquina”, para los amigos- resumió la pérdida que sufríamos todos los argentinos: “¡ESTO NO TIENE REPOSICIÓN…!”. (C. Piantanida, Los Malditos, T II – pág. 317, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JULIO DARÍO ALESSANDRO – (1916-1999)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació en General Pinto, Provincia de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1916. Era hijo de Damián Domingo Alessandro y Julia Joaquina Cassou. En 1918, la familia Alessandro se traslada a la localidad de Rojas donde su madre se encargaba de la distribución de diarios, luego del fallecimiento de su padre. Cursó los estudios primarios en la Escuela Nº 1, finalizando los mismos en 1929.

Con gran esfuerzo familiar es mandado a cursar los estudios secundarios al Colegio “Carmen Arriola de Marín”, en Becar, en condición de internado. Él recuerda una interesante anécdota de su niñez, al producirse la muerte de Hipólito Yrigoyen, el 3 de julio de 1933, encontrándose en un almuerzo escolar, alguien ingresó al lugar y comentó lo sucedido. La mayoría del alumnado se puso de pie y comenzó a aplaudir. Este hecho conmocionó vivamente al joven quien tomó la decisión de escaparse el 6 de julio para asistir al entierro del caudillo. Esta actitud le valió una dura sanción por parte de las autoridades del colegio, siendo suspendidas sus vacaciones de verano.

Al finalizar los estudios secundarios, se recibió de maestro incorporándose a trabajar en la institución hasta febrero de 1943. Es notable observar las influencias ideológicas que recibió el joven Darío: el Aprismo peruano y el radicalismo irigoyenista, movimientos ambos de corte nacional, popular y antiimperialista.

El 29 de julio de 1936, presenta su ficha de afiliación a FORJA participando activamente en actos callejeros con el segundo apellido materno (Elizalde) para preservar su única fuente laboral: el cargo de maestro.

El 4 de junio de 1943, al producirse el golpe militar, la muchachada forjista se lanza a la calle, en el intento de dar un perfil civil y revolucionario al movimiento. En la escalinata del Congreso Nacional, Darío los arenga con la esperanza de que habrán de venir tiempos nuevos y denostando asimismo a la Década Infame que se extingue.

Con la llegada al poder del peronismo, en 1946, el núcleo forjista se incorpora al gobierno de la provincia de Buenos Aires durante la gestión del Coronel Domingo Mercante.

Cuando el Dr. Arturo Jauretche es designado presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Darío ocupa el cargo de Director en la institución. Permanece hasta 1950, cuando se produce la renuncia de Jauretche.

En 1949, se desempeña como convencional constituyente, siendo luego elegido diputado provincial por el Partido Justicialista. Posteriormente renuncia a su banca, en 1952, para asumir la intendencia de Rojas. Su gestión como intendente es muy buena y es reelecto por un nuevo período.

Producida la caída del gobierno popular del general Perón, es detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional durante ocho meses y medio. Fue alojado en la Penitenciaría Nacional ubicada por aquel entonces en la calle Las Heras, siendo luego trasladado a la cárcel de Caseros. No ha cometido irregularidad alguna y su trayectoria es irreprochable, pero ha cometido el gran pecado de ser legislador justicialista y por eso paga su culpa en la cárcel.

Habiendo sufrido el oprobio de las cárceles de la dictadura, regresará a Rojas a trabajar en la librería de su madre. Durante el año 1958 se desempeña como periodista en el diario “El Nacional”.

Si desde FORJA,  Darío era el discípulo más cercano a Jauretche, durante este período se estrecha aún más la relación afectuosa. Lo acompaña a menudo a Don Arturo en sus conferencias y debates, colaborando de todas formas. Inclusive absorbe la tarea de cuidar y mantener el archivo de FORJA. Siempre sin personajear, en el trabajo anónimo, en la militancia perseverante y generosa. Don Arturo, siempre tan reacio a los elogios, lo reconoce al decir: “Darío Alessandro es un hombre de grandes valores intelectuales y morales, poco conocido dada su humildad”. Es cierto, “dada su humildad”, pero también por el silenciamiento que sufrió todo lo que tomó la senda de FORJA para gestar una conciencia de Liberación Nacional.

Dada su multifacética trayectoria es muy difícil reconstruir todo el itinerario de su vida. Sin embargo, gracias a la generosa colaboración de su viuda puede saberse que en 1962 ingresa como inspector en CASFPI hasta 1974. Ese año será secretario de prensa del gobierno de Oscar Bidegain, en la Provincia de Buenos Aires. Al mismo tiempo será delegado administrativo de la Universidad Nacional del Sur, con sede en Bahía Blanca, puesto en el que resistirá los embates de la dictadura militar.

Con la llegada de la democracia, en diciembre de 1983, desempeña tareas políticas en el Congreso de la Nación. Para esa época se lanza a una aventura editorial, en compañía de Norberto Galasso, bajo el nombre “Los nacionales editores”. De este esfuerzo nacen cuatro tomos donde se recopilan polémicas de Jauretche, aporte dirigido a recuperar el pensamiento nacional, después de la ola neoliberal impuesta por la dictadura.

En esa época, abre un local político-cultural en la zona Norte, dándole el nombre “Leopoldo Marechal”, convertido en foco de difusión del ideario nacional y popular. Militante inquebrantable, Darío interviene habitualmente en diversos actos, mesas redondas, paneles, etc. donde su voz vibra como en los años juveniles en defensa de la patria y del pueblo.

En 1987, fue elegido diputado nacional por el Partido Justicialista. En enero de 1990 e indignado por la traición menemista signada por una política neoliberal de privatizaciones y entrega del patrimonio nacional y por los indultos a la cúpula militar responsable del terrorismo de estado, integra el “Grupo de los 8”, es decir, el bloque de ocho diputados disidentes entre los cuales sobresalen, junto a Darío, Germán Abdala, Luis Brunatti y Carlos “Chacho” Álvarez (algunos de los cuales, más tarde, serán el núcleo fundador del FREPASO), para cuestionar el modelo político y económico del gobierno de Menem.

Terminada su gestión legislativa, el viejo Darío –siempre hombre de consulta del campo nacional- se repliega ante la claudicación de tantos dirigentes peronistas. Ya está enfermo y sólo viene al centro porteño una vez por semana. Luego, su salud decae y el 12 de setiembre de 1999 abandona este mundo, dejándonos sus enseñanzas y su profundo amor por la patria, jalonado con ejemplos de coherencia y grandeza. (M. Roselli, Los Malditos, tomo II, página 247, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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REINALDO FRIGERIO – (1912 aproximadamente – 1970)

(su hija Anabela Frigerio nos aclara algunos datos biográficos: Mi padre, Reinaldo Adolfo Frigerio, nació en Rosario el 20/12/1913. Murió en San Nicolás el 27/4/1965.Tenía 51 años. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata. Se recibió en 1937)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Una de las características más ostensibles de la colonización pedagógica que padecemos es el desconocimiento de aquellos pensadores que estudiaron aspectos fundamentales de nuestra economía y sociedad; la cuestión agraria, sus problemas y perspectivas, es uno de los temas más importantes para quien quiera develar los avatares argentinos.
Dentro de la corriente socialista, dos de los grandes “auscultadores” de la Pampa Húmeda y sus “misterios” fueron sin duda José Boglich y su discípulo Reinaldo Frigerio.

Nació Reinaldo Frigerio en la década del diez del siglo pasado en la ciudad de La Plata, donde se recibe en Derecho en 1937. Comienza su carrera como abogado laboralista de los trabajadores de la zona de Berisso y se constituye, en ese momento, en el líder de un grupo trotskista de su ciudad natal.

En octubre de 1940, con el seudónimo de Jorge Lagos rebate la consigna de liberación nacional que Liborio Justo había defendido en su folleto “La Argentina frente a la guerra mundial”. Afirma Frigerio: “Se insiste en disfrazar de ‘capitalistas malos’ únicamente a la llamada oligarquía y de ‘capitalistas buenos’, ‘progresistas’, ‘antiimperialistas’ Yrigoyen, la UCR y su cría, cuando todo demuestra que la clase dominante argentina tiene a su cabeza un grupo de S.A. nacionales y extranjeras, un banco central y un estado capitalista que denuncia la presencia de una clase burguesa ensamblada con el capital imperialista, una clase burguesa que es a la vez oligarca, industrial, accionista de los truts, usurera, comerciante, radical y conservador y demócrata progresista y hasta socialista… Lo que necesitamos es una revolución socialista… porque no hay lucha contra el imperialismo desligada de la lucha contra la burguesía” (Jorge Lagos – La Cuarta Internacional y la lucha contra el imperialismo).

Esta posición de negación de la cuestión nacional y de identificación entre el radicalismo yrigoyenista y la oligarquía será cuestionada por el mismo Reinaldo Frigerio en su ponencia para el Congreso de los Hombres de Buena Voluntad de 1951, donde afirma: “Ya a fines del año 1900 se palpa la presión de las grandes masas populares que confían sus esperanzas de liberación al Partido Radical conducido por su más relevante e inspirado caudillo, el señor Hipólito Yrigoyen”.

En 1941 se suma al Partido Obrero de la Revolución Socialista, donde sostiene sus viejas tesis de negación de la cuestión nacional y equiparación entre la burguesía nacional y el imperialismo (Frente Obrero-20-12-41). El PORS tiene una corta vida debido a las distintas y heterogéneas líneas que lo conformaban.

La aparición del peronismo en la vida política argentina hace que Frigerio revea sus viejas posiciones y se acerque al “Movimiento Obrero Comunista” que lideran Rodolfo Puiggrós y Eduardo Astesano; desde esta concepción revaloriza la cuestión nacional y los logros del gobierno justicialista: “El peronismo hecho Estado, no solamente llevó a la práctica las aspiraciones de la burguesía nacional progresista –utilizando como ministro ejecutor a uno de sus hombres más inteligentes y emprendedores, don Miguel Miranda- sino que encaró resueltamente un amplio plan de reorganización total del país en lo económico –Capitalismo de Estado e industrialización privada-; en lo político –eliminación del fraude electoral y plenas libertades populares para la clase obrera sindicalmente organizada-, y en lo social –derechos del trabajador-, que cambió esencialmente el panorama de la Revolución democrática en la Argentina, e incluso en América Latina”.

En setiembre de 1947, publica “Cuatro ensayos marxistas sobre la historia nacional”. En mayo de 1948 es invitado a dar un curso sobre el problema agrario argentino en el Colegio Libre de Estudios Superiores, bajo el influjo de las enseñanzas de su maestro José Boglich.

En 1953, publicó con prólogo de Rodolfo Puiggrós su “Introducción al estudio del problema agrario argentino” donde plantea: “La oligarquía terrateniente argentina, no es, pues, una entelequia; está constituida por los descendientes de los antiguos aprovechados ‘enfiteutas’ rivadavianos de centenares de leguas, los mismos que sostuvieron a Rosas mientras la ganadería colonial se desarrollaba, los mismos que luego apoyaron a Urquiza, los mismos que se vincularon luego con el capitalismo imperialista, los mismos que han utilizado la nación como si fuera una gran estancia, formando, en efecto, una fuerza ‘conservadora independiente’ que durante tantos años han constituido una ‘democracia rural’ entendido el término en el sentido de gobierno ‘de’ los rurales terratenientes, ‘por’ los rurales terratenientes y ‘para’ los rurales terratenientes”.

Reivindica la política agropecuaria del peronismo, pero dice, admonitoriamente con respecto al latifundio: “En este sentido, quienes apoyamos a Perón con una conciencia formada a través de muchos años de militancia antiimperialista, no dejaremos de reiterar que o bien la revolución destruye al latifundio o bien el latifundio ahoga a la larga a la revolución.”

Después de la caída del peronismo se suma a la resistencia contra la dictadura de la “Revolución libertadora”. Reinaldo Frigerio era de los que entendían que teoría y práctica conforman una unidad inescindible.

Muere en el olvido el estudioso socialista nacional de la cuestión agraria en la ciudad de Pergamino donde se había radicado décadas atrás. Su vida es un ejemplo para todos aquellos que bregamos por la alianza plebeya entre los trabajadores de la ciudad y el campo argentino. (Gustavo Battistoni, Los Malditos, Tomo III, página 345, Ediciones Madres de Plaza de Mayo)

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AMANDA PERALTA - (1939 – 2009)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace un 22 de noviembre de 1939 en Bolívar, provincia de Buenos Aires. Comienza su militancia en 1955, con tan sólo 15 años de edad. Como tantos jóvenes la moviliza el sentimiento de injusticia debido a la persecución contra la clase trabajadora, ante un golpe de estado que quería retrotraer la situación del país a junio de 1943.

Luego de finalizar los estudios secundarios, se traslada a la ciudad de La Plata para proseguir su formación –siendo ya maestra- en la universidad pública, eligiendo la carrera de Letras.

En 1964, forma parte  del grupo del Vasco Bengoechea, cuando cae presa a raíz de una explosión en la calle Posadas. Desde agosto de 1964 hasta marzo de 1965, pasa sus días en la cárcel de Olmos y en Humberto 1º.

Al salir de allí continúa su militancia en el sur del Gran Buenos Aires –Avellaneda, Dock Sud, etc.- sigue acompañando la lucha de los trabajadores, pero en ocasión de una huelga portuaria contra el gobierno de Onganía, en diciembre de 1966, nuevamente es apresada.

Para ese entonces se integra al grupo de John W. Cooke, Acción Revolucionaria Peronista (ARP), ya con la idea de dejar de hablar de lucha armada y concretarla de una vez.

Pero luego de arduas discusiones el “Bebe” Cooke no cree oportuno la creación de un “foco” al estilo cubano. Estas diferencias llevan a Amanda y a Néstor Verdinelli, a abandonar el grupo: “En el ’67 salimos Néstor Verdinelli y yo de ARP, justamente porque no concretaban el foco rural. Lo hacían en teoría pero no tenían una práctica real para prepararlo. Ahí tomamos contacto con otros que pensaban como nosotros: David Ramos, Eduardo Moreno y otros. Se va haciendo una cadena y entre los contactos que aparecen un día nos encontramos con Cacho El Kadri y Carlitos Caride. Nuestra ‘teoría’ era que el único modo de iniciar un foco es iniciándolo”.

De esta manera, Amanda y Verdinelli comienzan a confluir con otros sectores del Movimiento de la Juventud Peronista (MJP), liderados por El Kadri, con la idea de pasar a la lucha armada; estaban naciendo las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Amanda, David Ramos, El Kadri, Néstor Verdinelli debatían profundamente sobre el sentido de la creación de las FAP y de la instalación de un “foco” en la provincia de Tucumán. La experiencia de Masetti en Salta, era un antecedente que no reforzaba la teoría de Régis Debray.

Luego de varios meses de planificar y discutir llegan a la conclusión de la “teoría de las dos patas”, esto significaría que las FAP no se piensan como un “foco” rural tradicional únicamente, sino como parte de una estrategia más amplia, con un desarrollo en la ciudad y dentro del movimiento obrero. Por otro lado, su identidad era el peronismo, por más que existieran miembros que habían transitado por otros espacios de la militancia. “FAP se eligió como nombre de la organización porque considerábamos importante marcar, desde el vamos, el carácter peronista de esa lucha e impedir maniobras macartistas de los milicos, con su discurso de combatir el comunismo, etc. Por eso era importante que gente bien conocida y representativa del peronismo, como Cacho y otros, estuvieran en el monte”.

Así se llega a septiembre de 1968, donde 13 militantes daban inicio a la experiencia de Taco Ralo, en la provincia de Tucumán, al límite con Santiago del Estero. Amanda es la única mujer del grupo, a pesar de los ataques de asma profundos que aquejan su salud. Así contaba los días en Taco Ralo: “La gente venía de diferentes partes del país.

Algunos ya estábamos integrados, habíamos operado juntos, etc., mientras que otros eran totalmente desconocidos. Nos dedicábamos a hacer ciertos cursos, practicar, caminar, charlar, cavar trincheras, etc. Nada demasiado espectacular por lo que recuerdo. Vivíamos en una carpa grande, hacía mucho calor de día y mucho frío de noche”.

Pero la experiencia dura poco, el 19 de septiembre –el mismo día que Cooke fallecía en Buenos Aires- los detienen la policía provincial al confundirlos con contrabandistas. A pesar de lo efímera de la experiencia, sirve para poner en alerta a la dictadura de Onganía, mostrando que los caminos para la vuelta de Perón –ante el cierre de toda vía legal y democrática- conducían a una radicalización de vastos sectores de la población, como lo demostrarían los años venideros.

Luego de caer presos en Tucumán, los integrantes de las FAP de Taco Ralo son sometidos a salvajes interrogatorios, negando la policía y los servicios de inteligencia su identidad peronista y forzándolos a que declaren sus supuestas conexiones con el castro-comunismo.
La noticia de la existencia de la guerrilla en el norte del país conmovió a los sectores dominantes y a sus voceros mediáticos. La revista Gente, envió a su corresponsal Samuel “Chiche” Gelblung a recabar información, describiendo así a Amanda: “28 años, casada, maestra normal. Tiene un largo historial que figura en los archivos policiales.

Perteneciente a distintas organizaciones de extrema izquierda; estuvo relacionada con el atentado de la calle Posadas. Cuando la policía rodeó el campamento, Amanda, la única mujer, anunció que se rendían”. En boca de quien las dicen, estas palabras se transforman en elogios… Amanda se convertía, de ésta manera, en la primera mujer guerrillera de las organizaciones contemporáneas, retomando las banderas de Juana Azurduy.

Luego de la detención, continúa un derrotero por distintas cárceles del país, que la separan de sus compañeros: “Primero nos tienen en la jefatura de policía de Tucumán. De ahí nos llevan en avión (un Hércules del Ejército) a Buenos Aires. Nos instalan en Coordinación. De ahí nos sacan y nos ‘pasean’ por diversas unidades federales y provinciales (federal de Ramos Mejía, Temperley, o la 2º de Lanús, no recuerdo bien, alguna otra comisaría provincial por el oeste, creo, siempre incomunicados). Estuve también en una unidad policial para mujeres en La Plata. Nos llevaban y nos traían todo el tiempo. Al final me llevaron a la cárcel de mujeres de Olmos y ahí me levantaron la incomunicación. Ya era noviembre. El 22 de ese mes, me acuerdo porque es el día de mi cumpleaños, me levantaron en medio de la noche y me trasladaron en secreto a la cárcel de San Nicolás. Ahí quedé hasta mayo de 1970, cuando el juez federal Weschler me hizo trasladar a la cárcel de mujeres de Capital, en Humberto 1º. De ahí fui rescatada en un gran operativo de las FAP con el apoyo de otras organizaciones, el 26 de junio de 1971, junto con otras tres compañeras”.

La espectacular fuga de la cárcel de 1971, permiten a “la Negra” –como se la conoce en la militancia- a retomar su militancia en las FAP, pero sin sus compañeros de Taco Ralo, quienes continuaban presos. Ahora, queda a cargo de organizar zona sur de Buenos Aires y parte de Capital, transformándose en uno de los principales cuadros políticos de la organización.

Transcurre 1972 y el retorno de Perón comenzaba a ser una opción no tan lejana como años atrás. Un ascenso social de masas –quizá como nunca en nuestra historia- hace retroceder a la dictadura y atemoriza a nuestras clases dominantes.

Las organizaciones armadas –excepto el ERP y llamativamente las FAP, apoyan la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, logrando el 11 de marzo de 1973 un triunfo rotundo sobre los candidatos del status quo. Este posicionamiento de la “P” –diminutivo que designaba a la organización- hace que Amanda entre en fuertes discusiones con la conducción de la organización: “Me chupo los debates con lo que después sería la FAP nacional, con otros compañeros organizamos la resistencia contra el sectarismo que reinaba, reclamábamos una definición ante las elecciones que se venían, queríamos que se diera el apoyo a la candidatura de Cámpora y por eso éramos acusados de ‘movimientistas’”. Los planteos de Amanda llevan a que “se rompa pero no se doble” y decide –junto a un grupo de compañeros- crear una nueva organización: “Esta lucha culminó a fines del ’72 o principios del ’73 cuando rompemos con la FAP nacional y formamos las FAP 17”. Al igual que el grupo de Envar El Kadri, ella sostiene la necesidad de dejar las armas por haberse alcanzado el retorno de Perón a través de elecciones libres sin proscripciones; es el momento para volver a reconstruir aquel movimiento nacional que entre 1946 y 1955 desarrolló un proceso de liberación con el apoyo abrumador de los trabajadores.

Sin embargo, al poco tiempo Amanda ya no tiene demasiadas expectativas con el devenir del proceso político. Luego de la muerte de Perón el panorama no es alentador.

Ante la situación asfixiante de persecución y represión desatada primero por la Triple A y luego por la dictadura genocida, decide partir a Brasil en septiembre de 1976 junto a su compañero –ya no sólo de militancia- Néstor Verdinelli.

Un año después continúan su exilio en Suecia, desde allí ayuda en las actividades desarrolladas por los organismos de derechos humanos en París, junto a Envar El Kadri.

El resto de su vida transcurre en el país sueco, brindando clases en distintos niveles de enseñanza y complementando su vastísima formación en la universidad de dicho país: allí se doctoró en Historia de las Ideas Políticas en la Universidad de Gotemburgo, desempeñándose luego como docente hasta su jubilación.

En sus viajes a Buenos Aires transmite su rica experiencia a las nuevas generaciones sobre la Resistencia peronista y el surgimiento de las primeras organizaciones armadas.

En una entrevista realizada ya durante la democracia hace un análisis crítico sobre el accionar de éstas: “Hay una visión acrítica de los procesos de guerra. Se hace una asimilación de lo ineludible con lo legítimo. No podemos plantearnos erradicar la guerra a través de fomentar las guerras. En 1973 esta confusión era muy grande porque allí la violencia no era necesaria. Sucede que la concepción foquista se formó con dos componentes: el nacionalista –con todos sus valores patrióticos, los héroes, el sacrificio- y la concepción marxista de la lucha de clases como el motor de la historia. Eso dio un cóctel explosivo. Tendíamos a ver la violencia como heroísmo y como valor proletario y socialista. Ahí estaba la idea: cuántos más milicos limpiemos, más cerca estaremos del socialismo. El problema es cuando descubrís que no podés hacer una guerra sin militarizarte, sin volverte un militar”.

Días antes de su fallecimiento, con motivo del 50º aniversario de la Revolución Cubana, publica a doble página en el periódico “Göteborgs Posten” una nota en homenaje.
Fallece en Suecia un 2 de enero de 2009, a los 69 años de edad quien fuera una de las tantas mujeres que entregó su vida a la militancia desde el compromiso con su tiempo y pueblo. (F. Cersósimo y C. Ferroni, Los Malditos, vol. IV, pág. 330, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI – (1912-1974)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Pergamino, el 29 de octubre de 1912. En su adolescencia, adscribe al Radicalismo, militando en la Intransigencia Nacional de Córdoba, provincia donde reside durante varios años. Desde muy joven, manifiesta vocación por la literatura y el periodismo. A los 23 años, publica su primer libro; “Siete notas extrañas”, conjunto de cuentos que provoca un juicio elogioso del poeta Nicolás Olivari. Por entonces, estudia Filosofía y Letras, en la universidad cordobesa, acercándose al marxismo a través de su profesor, Rodolfo Mondolfo. Por otro lado, su militancia en el “sabatinismo”, refuerza sus convicciones nacionales, fundamentadas bajo la influencia de los Cuadernos de FORJA que recibe desde Buenos Aires, nutriendo su antiimperialismo en los planteos de Raúl Scalabrini Ortiz. Publica sus primeros artículos ideológicos en “Nueva Generación”, “Intransigencia”, “Debate” y otras revistas lanzadas en Córdoba. En 1944, alcanza el título de Doctor en Filosofía, con la más alta distinción: Premio Universidad, medalla de oro y diploma de honor.

A fines de 1945, junto a la mayor parte de la juventud de la Intransifencia Nacional cordobesa, se define en contra de la Unidad Democrática. Sobre esta cuestión, polemiza con Emilio Ravignani, en la Convención Nacional del Radicalismo reunida el 29 de diciembre de 1945. En las elecciones del 24 de febrero de 1946, mantiene su voto a favor del candidato radical a gobernador –Amadeo Sabattini- pero vota a Perón para presidente. Poco después, el 10 de febrero de 1947, renuncia al Partido Radical entendiendo que ya no enarbola las banderas de Yrigoyen y se define a favor del peronismo. En esa época, pasa a residir, con su esposa, en Buenos Aires.

Durante el gobierno del General Perón, desempeña diversas funciones, como docente en La Plata o en tareas administrativas en el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, aunque es víctima del maccarthysmo dado que su adhesión al peronismo, según él mismo lo define, se produce en razón de su marxismo. En esos años, crece notablemente en la esfera intelectual, nutriéndose de libros europeos y nacionales, especialmente de filosofía, literatura e historia, alcanzando una formación muy sólida, del más alto nivel para su época.

En 1951, desde Radio del Estado, desarrolla un programa de charlas sobre literatura y filosofía, en las cuales formula hondas críticas a los intelectuales del sistema oligárquico, entre otros a Borges y Victoria Ocampo.

Producido el golpe militar el 16 de setiembre de 1955, le quitan sus cátedras, como así también el programa radial. Sin trabajo, sufre con dignidad esos avatares políticos solventándose los gastos familiares con el único ingreso que subsiste: el módico sueldo de maestra de su esposa, Odilia Giraudo. Él se suma a “la resistencia peronista” y cae detenido en varias oportunidades.

Su adhesión al peronismo, le provoca, a partir de esa época, las mayores dificultades para expresarse. La maquinaria de difusión del sistema oligárquico lo discrimino, cerrándose para él no sólo la Universidad y la Academia, sino también las revistas y los periódicos, como así también los medios radiales y televisivos. Ocurre, entonces, que este intelectual –una de la mayores expresiones, o quizás, la mayor, de la inteligencia argentina del siglo XX- se encuentra marginado y aislado, en el más tremendo de los silenciamientos, convertido en “maldito”. A tal punto llega este amordazamiento que se verá obligado a costear él mismo las ediciones de sus libros, en los próximos años. Sus amigos afirman, asimismo, que Hernández Arregui jamás apareció, hasta su muerte en 1974, en la pantalla televisiva.

Desde esa marginación, sin embargo, lanza sus obras, que constituyen críticas implacables a la cultura y la ideología dominantes. En octubre de 1957, aparece “Imperialismo y cultura”, una obra clave en la historia de las ideas en la Argentina. Allí analiza con rigor el pensamiento predominante en el mundo y su influjo sobre la intelectualidad argentina en distintas épocas. En el caso de Borges, su crítica es brillante, dejando al margen las ideas políticas del escritor y ciñéndose, en cambio, a una rigurosa vivisección desde la óptica de la cultura.

“Ese libro –señala Hernández Arregui- me creó odios definitivos y me cerró todos los caminos”. El círculo de silenciamiento que se teje alrededor suyo se verifica cuando, poco después, interviene en una mesa redonda en la Facultad de Derecho, pues el escándalo de la concurrencia conservadora impide oír sus argumentos.

A pesar del silencio que cae sobre el libro, en el campo de la militancia popular es devorado con entusiasmo, considerándolo con certeza como una de las críticas más profundas a la intelectualidad dominante. Por entonces, Hernández Arregui se define como un militante de la Izquierda Nacional interna el peronismo o como acostumbra a señalar, “soy peronista porque soy marxista”. Esta conjunción de la teoría revolucionaria con las masas trabajadoras de la Argentina identificadas con el peronismo, lo torna un intelectual para el orden conservador.

Poco después, en 1960, publica “La formación de la conciencia nacional”, con el propósito de “contribuir, desde la izquierda nacional –en oposición a la izquierda sin raíces en el país- al esclarecimiento de la cuestión nacional”. En esta obra analiza el pensamiento de la clase dominante, “la izquierda antinacional y el nacionalismo sin pueblo”, así como la importancia ideológica de FORJA, el peronismo y la Izquierda Nacional. En esa época, colabora en la revista “El Popular” y en el semanario “Política”, desde donde propone “crear centros de Izquierda Nacional en todo el país”.

En 1962, su prédica tenaz y contundente, lo conduce a sufrir quince días de prisión. Poco después, aparece un nuevo libro suyo “¿Qué es el ser nacional?”, donde aborda la cuestión nacional desde una óptica latinoamericana. También, por entonces, prologa un libro de Ricardo Carpani, a quien conceptúa como uno de los mejores artistas plásticos de la Patria Grande.

En 1964, junto con Alberto Belloni, Ricardo Carpani, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo L. Duhalde, Rubén Bornitk, Rubén Borrelo y Oscar Balestieri, constituye el grupo CONDOR, cuyo manifiesto redacta él mismo. Allí, desde el marxismo plantea la necesidad de una Revolución Nacional dirigida por la clase obrera, formulando además la necesidad de una crítica profunda a la cultura colonial, así como la urgencia de la unión latinoamericana.

Siempre discriminado por los medios de comunicación, publica, cuando encuentra un resquicio, en algún periódico de vida azarosa, como “La Montonera” o diserta en algunos sindicatos combativos, al mismo tiempo que prepara nuevos libros. Asimismo, desarrolla una osada táctica de catequización sobre hombres del Ejército, consiguiendo influenciar a alrededor de 30 oficiales, a quienes convence de la necesidad de retomar los principios sanmartinianos de tal manera que el Ejército deje de ser instrumento de opresión del pueblo para incorporarse, como un ala más, al frente de Liberación Nacional. En esa época -1969- el General Perón, desde el exilio, sostiene que “ningún argentino debe dejar de leer los libros de Hernández Arregui”.

Por entonces, publica un nuevo libro titulado “Nacionalismo y Liberación”, insistiendo en la lucha para quebrar la dependencia, doblemente progresiva pues permite el crecimiento del país sometido, al tiempo que debilita al imperialismo dominante. Por otra parte, caracteriza a los movimientos de liberación nacional como “prosocialistas”.

En 1971, lanza su último libro –“Peronismo y Socialismo”- donde plantea la necesidad de que el Peronismo se desembarace de sus elementos retardatarios –tanto la burocracia gremial, como los políticos conciliadores- para “transformarse en un partido revolucionario, ideológicamente radicalizado, con una vanguardia aguerrida, íntimamente ligado a sus sindicatos combativos, levantando banderas antiimperialistas y socialistas”. Este libro corre la misma suerte que los anteriores: leído con avidez por cuadros y militantes antiimperialistas, peronistas y de izquierda nacional, no recibe comentarios de la prensa, ni de los medios radiales ni televisivos. Lo “olvidan” por aquello de que “olvidarse también es tener memoria”. Creen que aislándolo, silenciándolo, podrán apagar su pensamiento.

Sin embargo, algunos enemigos consideran que debe irse más allá, que es necesario acallar su voz y el 14 de noviembre de 1972, dos kilogramos de gelinita estallan en su departamento de la calle Guise 2064. Hernández Arregui salva su vida por encontrarse en ese momento en una habitación interior, pero su esposa es internada con esquirlas en todo el cuerpo.

Producido el triunfo popular del 11 de marzo de 1973, el interventor en la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós le otorga el único reconocimiento que recibe después de aquel premio que le otorgó la Universidad de Córdoba al egresar: ahora lo designan, el 17 de julio de 1973, profesor emérito.

Poco más tarde, en medio de la conflictiva situación política de un peronismo en gravísima crisis, publica la revista: “Peronismo y socialismo”, manteniendo inalterable su posición de Izquierda Nacional dentro del Justicialismo. En esa época se reeditan algunos de sus libros.

Producida la muerte de Perón –el 1º de julio de 1974- aparece el segundo número de la revista, en agosto, bajo el nombre “Peronismo y Liberación”. En su editorial, Hernández Arregui preconiza la unión del campo antiimperialista para evitar el golpe reaccionario que significaría “una brutal dictadura”, profecía que habría de cumplirse lamentablemente a partir del 24 de marzo de 1976.

Desatada la represión de las Tres A contra el campo popular, recibe amenazas de muerte. Su nombre aparece en una lista de condenados, en cuarto lugar, detrás de Atilio López, Julio Troxler y Rubén Sosa. El 16 de setiembre es asesinado López, el 20 del mismo mes es secuestrado y acribillado Troxler. Entonces, Hernández Arregui decide viajar a Mar del Plata para poner sobre aviso al tercero de la lista: Rubén Sosa. Pero, encontrándose en esa ciudad, el 22 de setiembre, sufre un síncope que lo aniquila en instantes. Así desaparece uno de los pensadores más profundos que tuvo la Argentina en el siglo XX. Limitada la difusión de su pensamiento durante su vida, los medios oligárquicos cierran ahora un círculo de silencio sobre su obra y su trayectoria intelectual. Convertido en “maldito”, sus ideas siguen corriendo todavía en esas napas subterráneas donde abreva el pueblo, siempre explicando, desmitificando, abriendo camino hacia una argentina mejor. (N. Galasso, Los Malditos, Tomo II, Pág. 295, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JOHN WILLIAM COOKE – (1919-1968)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en La Plata, el 14 de noviembre de 1919, en una familia irlandesa, lo cual explica su “John William”. Cursa estudios de Derecho, recibiéndose de abogado, en la Universidad de La Plata. Su padre –Juan I. Cooke- es importante dirigente del radicalismo, del cual se aparta, para colaborar con el gobierno del General Farrell, desempeñándose como Ministros de Relaciones Exteriores y Culto, en 1945. Como secretario de su padre, John realiza sus primeras experiencias políticas. Por entonces, traba relación con el oficial César Marcos, quien lo acerca a posiciones nacionales y a la historia revisionista.

En las elecciones de 1946, resulta elegido diputado, siendo el más joven del bloque peronista, por lo cual recibe el apodo de “El Bebe”. Ejerce el cargo durante cuatro años, destacándose como uno de los legisladores más capaces, tanto en sus informes, como en las polémicas con la bancada opositora. En 1952, vuelve al llano, dedicándose a sus labores profesionales y a la docencia en la Universidad. En 1954, lanza la revista “De Frente”, con una clara posición nacional aunque mantiene independencia respecto al gobierno, al cual apoya sin acallar sus diferencias de opinión.

Cuando se produce el levantamiento del 16 de junio de 1955, no vacila en concurrir a la plaza de Mayo, bombardeada por los aviones navales y allí, parapetándose detrás de una estatua, hace fuego contra los marinos que pretenden avanzar hacia la Casa de Gobierno.

Esta actitud revela una de las condiciones peculiares de Cooke; hombre de ideas, docente y gran polemista es, al mismo tiempo, hombre de acción.
Días después, el General Perón lo designa Interventor en el Partido Justicialista de la Capital Federal, para que proceda a la reorganización y movilización de sus partidarios. Poco después, cuando el Presidente llama a la conciliación y otorga las radios a los opositores. Cooke es designado para contestar el discurso del demoprogresista Luciano Molinas, refutación que concreta el 26 de agosto de 1955.

Producido el golpe del 16 de setiembre, es uno de los primeros dirigentes que se contacta, por carta, con Perón, por entonces exilado en Paraguay. Al mismo tiempo, constituye, con el apoyo de Marcos y Lagomarsino, el Comando Nacional de la Resistencia. Pero, a mediados de octubre de 1955, cae detenido y lo conducen a la Penitenciaría de la calle Las Heras.

Inicia así un largo periplo por diversas cárceles del país, desde las cuales se las ingenia para mantener contacto con el Líder y con sus compañeros del Comando Nacional. A principios de enero de 1956 lo llevan a Ushuaia, de donde lo traen en mayo de 1956  para recluirlo en Caseros. Allí, al producirse el levantamiento de Valle, lo hacen objeto de simulacro de fusilamiento.  En agosto, nuevamente se encuentra en Ushuaia, hasta el mes de octubre, en que lo destinan nuevamente a Las Heras. En noviembre, reside brevemente en la cárcel de Caseros y luego, lo envían a la de Río Galleros, donde permanece desde noviembre de 1956 hasta marzo 1957. El 17 de ese mes, Cooke, junto con Jorge Antonio, Cámpora, Kelly y otros compañeros, logra fugar a Chile.

En esa época, ya Perón lo ha designado su Delegado y más aún, es la única oportunidad en que el Líder informa a sus bases que, en el caso de su muerte, este Delegado debe ocupar su lugar en la conducción del movimiento.

Permanece en Chile varios meses. Desde allí, intensifica su labor de vínculos y articulación de diversos grupos de “la resistencia” así como también recibe a representantes de Arturo Frondizi que le proponen una alianza para las próximas elecciones. En diciembre de 1957, viaja a Caracas donde, de acuerdo con las indicaciones de Perón, mantiene varias conversaciones con Rogelio Frigerio, representante de Frondizi, para establecer las condiciones del pacto Perón-Frondizi, que se firma poco después.

En enero de 1958, Cooke se instala en Montevideo, para vivir desde cerca el proceso electoral que culmina el 23 de febrero con el triunfo de la fórmula del Frente Nacional y Popular: Frondizi-Gómez. Dado que pesa sobre él un juicio de extradición por su fuga del penal de Río Gallegos, ingresa esporádicamente, de manera clandestina, a Buenos Aires, para contactarse con dirigentes de la rama política y sindical del peronismo. E inclusive con Frondizi, ya en el gobierno, reclamándole el cumplimiento del pacto.

En enero de 1959, apoya el movimiento de los trabajadores del Frigorífico Municipal “Lisandro de la Torre”, liderado por Sebastián Borro, en contra de la privatización e intenta convertirlo en huelga general revolucionaria para tomar el poder, pero fracasa en ese objetivo. Por entonces, entra en conflicto con algunos dirigentes peronistas del Consejo Superior que desautorizan su apoyo a la huelga del frigorífico.

En los primeros meses de 1959, Perón gira su táctica, hacia una posición negociadora, abandonando, por ahora, el planteo insurreccional que Cooke viene sosteniendo desde “la resistencia”, lo cual provoca el gradual desplazamiento del “Bebe”, como delegado.

En ese mismo año, Cooke intenta abrir el juego del peronismo hacia la izquierda tradicional y pacta con el Partido Comunista, el lanzamiento del periódico “Soluciones”, experiencia que dura unos meses, sin mayor éxito. Por entonces, publica el libro “La lucha por la Liberación Nacional” y una “Carta abierta al presidente Eisenhower”.

En abril de 1960, viaja a Cuba, con motivo de una reunión latinoamericana. Descolocado, por entonces, respecto a la táctica del General y enfrentado con aquellos a quienes califica de “burócratas” políticos y sindicales, decide quedarse en Cuba, con su compañera Alicia Eguren, consustanciados ambos con el proceso revolucionario que se desarrolla en la isla, bajo el liderazgo de Fidel Castro. En esa época, John entabla una profunda amistad con el Che. Poco más tarde, en 1961, ya en calidad de milicianos, Alicia y El Bebe participan en la lucha de Bahía de Los Cochinos, oponiéndose a la invasión gestada por el imperialismo yanqui. Poco más tarde, le sugiere a Perón la residencia en Cuba, por invitación de Fidel Castro, pero el General considera que ello sería prematuro y complicaría su juego pendular para mantener la cohesión del movimiento.

En diciembre de 1963, Cooke regresa a la Argentina. En agosto de 1964, con motivo del operativo “retorno de Perón”, restablece una correspondencia normal con el Líder, que se había tornado muy esporádica en los últimos tiempos. Fracasado el operativo “retorno”, Cooke da una conferencia en Córdoba analizando causas y efectos. Se manifiesta cada vez más crítico a la dirigencia local del peronismo.

En 1965, publica “Apuntes para la militancia”, incursionando en la historia para dar orientación a las bases juveniles del movimiento. En la misma época, lanza el folleto “Situación nacional y acción revolucionaria de masas”, desgravación de una conferencia dada en Bahía Blanca. Hacia fines de 1965, en su correspondencia con el General, manifiesta desacuerdo con la táctica de “bendecir a todos”, pues entiende que ello amplía al movimiento pero a costa de su combatividad revolucionaria. En opinión de Cooke, el peronismo debe desembarazarse de sus sectores burgueses, eclesiásticos y militares pues nada aportan y convertirse en partido obrero, con un claro programa revolucionario. Perón, en cambio, sustenta una táctica dirigida a aislar a la oligarquía aliada al imperialismo, para lo cual cree necesario constituir un frente muy amplio evitando que burguesía, Ejército e Iglesia se sumen al frente oligárquico-imperialista. En esta correspondencia, el Bebe manifiesta no sólo lucidez en la argumentación sino también un gran coraje para confrontar con el líder del movimiento y esto provoca rupturas temporarias del diálogo, que se retoma tiempo después.

Entre las reflexiones importantes de Cooke, pueden reproducirse los siguientes: “Usted eligió las direcciones que actúan en la Argentina. Pero como peronista que vive angustiosamente esta hora histórica dramática, le insisto en mi pedido: si eligió ciegos, sus razones habrá tenido que no puedo adivinar, pero, por favor, deles un bastón blanco a cada uno para que no se los lleve por delante el tráfico de la historia, porque seremos todos los que quedaremos con los huesos rotos”; “¿Qué significará ser peronista, después de muerto Perón?... Cuando Perón no esté… cada cual dará una respuesta propia y esas respuestas no nos unirán sino que nos separarán… Cuando usted falte, las piezas se desarmarán por completo… El movimiento se irá deshaciendo, se desarmará… Vendrá la diáspora… Ellos están sustituyendo al peronismo tal cual es y tal cual está, como vigencia, por otra cosa que no tiene más que el fetichismo del líder: estamos cambiando a Perón como significado, definición y fuerza concreta, por Perón simple conjuro emotivo, simple valor sentimental”, “Tal vez los peronistas nos encontremos en los homenajes recordatorios pero entre un partidario de las conciliaciones que propugnan los obispos y un revolucionario, no hay otro campo de entendimiento; estaremos en diferentes barricadas y como la lucha es muy aguda, no nos saludaremos como caballeros medievales sino que nos degollaremos como corresponde a enemigos irreconciliables”; “El peronismo es el hecho maldito del país burgués. Peronismo y antiperonismo son, en esta etapa (1964), la forma en que se da políticamente la lucha de clases…; “Reducido el peronismo a ser gigante invertebrado y miope, ¿para qué nos sirve el número? ¿Para votar en las elecciones que no se han de realizar?”

En 1966, con motivo del golpe militar que derroca a Illia, Cooke escribe su “Informe a las Bases” (setiembre de 1966), uno de sus documentos políticos más importantes. En sus últimos años viaja periódicamente a La Habana, participando en la reunión Tricontinental y luego en la OLAS. Al igual que El Che, sostiene, por entonces, que la violencia es un elemento natural en los procesos revolucionarios y que la lucha armada es inevitable cuando las minorías reaccionarias cierran el camino electoral. Sin embargo, siempre cuida de formular críticas al voluntarismo y al vanguardismo que puede llevar a la derrota.

A fines de 1967, publica “La revolución y el peronismo”. Allí sostiene respecto a Perón: “En cuanto a Perón… hay que recordar el papel positivo que ha cumplido en todo este período como centro de cohesión de una multitud inmensa… Perón es el máximo valor de la política democrático-burguesa en la Argentina, un promarxista que por inteligencia y por conocimiento generales sigue la evolución que toma la historia y simpatiza con las fuerzas que representan el futuro… Perón no es y no será un obstáculo, por cuanto existe una clara y necesaria continuidad histórica entre el proceso del 45 y sus banderas y el proceso revolucionario que hoy comienza a desarrollarse bajo otras formas de lucha pero manteniendo e integrando, en un proceso superador, las banderas iniciales”.

Cuando escribe este libro, ya ha sido tomado por un cáncer, que lo conduce a la muerte el 19 de setiembre de 1968. Los reaccionarios ni lo mencionan porque su solo nombre les espanta, los burócratas sindicales y políticos del peronismo “olvidan” citarlo pues de él han recibido las críticas más feroces y la izquierda tradicional se guarda de asumirlo en tanto él sostiene una clara posición nacional. De ahí el silenciamiento sobre su persona y sus ideas. (N. Galasso, Los malditos, T II, pág. 263, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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JOSÉ F. PENELÓN (1890-1954)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
Dirigente sindical, periodista y escritor. Es una de las personalidades más importantes de la historia política de la clase obrera argentina. Trabajador gráfico desde muy joven –linotipista- se involucró siempre en las luchas de los obreros por sus derechos y reivindicaciones.

Fundó, en la sede de la Federación Gráfica Bonaerense, el Comité de Propaganda Gremial desde donde dirigió la memorable huelga de los trabajadores gráficos, en 1919, que luego de seis meses de lucha obtuvo un resonante triunfo al lograr las 44 horas semanales y un aumento del 50%.

Miembro de la conducción de la Federación Gráfica desde 1911, fue el redactor de su primer estatuto.
Cumplió un destacado papel en defensa de los trabajadores durante la Semana Trágica de 1919, donde casi es asesinado por las fuerzas de la represión.

Su reconocida militancia obrera le valió ser nombrado por Lenin, coronel honorario del Ejército Rojo. Había conocido personalmente al líder bolchevique en noviembre de 1922 cuando viajó a Moscú a la reunión de la Tercera Internacional. Fue el primer secretario de esta organización para Sudamérica. Fue también el director de su órgano, La Correspondencia Sudamericana, entre 1926 y 1930.

Junto a su amigo Luis Emilio Recabarren, a Julio Antonio Mella y a José Carlos Mariátegui se ubica en la tradición de aquellos marxistas que postulaban la necesidad de situarse en América.

Estaba convencido que el verdadero marxismo debía ser creador, que no se podían ni calcar ni copiar esquemas europeos para trasladarlos mecánicamente a nuestro continente.

Esta postura lo llevó, a diferencia de otros socialistas de la época, a valorar las tareas de liberación nacional no escindidas de las tareas socialistas: “La lucha por una mejor y más profunda democracia asume así carácter de urgente necesidad popular. Es la lucha por la defensa de los intereses vitales del país todo. Es la lucha en el terreno económico, político, social y cultural por la defensa de la República contra los asaltos de la reacción retrógrada y sus aliados extranjeros. Es la lucha por la liberación nacional, la conquista del paso indispensable para abrir cauce al progreso social argentino. Es la lucha liberadora del país contra la invasión extranjera y sus aliados argentinos, la que existe entre una verdadera democracia popular y la reacción fascista conservadora”.

Comenzó su militancia en el Partido Socialista en 1908. Fundó los centros socialistas de las circunscripciones 12º y 13º de la Capital. Colaboró, asimismo, en 1913, en la fundación del Centro de Estudios Sociales Carlos Marx. Su compromiso militante lo llevó, en 1916, a formar parte del Comité Ejecutivo del Partido y a una candidatura a diputado nacional.

No tardaría mucho en enfrentarse a la conducción reformista del Dr. Juan B. Justo por su posición aliadófila en la primera guerra mundial. En Abril de 1917, en el Congreso de La Verdi, en la Boca, sostuvo la tesis de que la conflagración mundial era sólo un conflicto inter imperialista por mercados y colonias en el que la Argentina debía mantenerse neutral. Este hecho desencadenó la ruptura.

Sus posturas se expresaban en el periódico del ala izquierda del partido, La Internacional, fundado el 5 de agosto de 1917. Formó parte también del Comité Federal de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA).

Contribuyó, en 1918, a la fundación del Partido Socialista Internacional, a través del cual fue elegido concejal de la Ciudad de Bs.As. en 1920 y reelecto en 1926. Este partido a fines de 1919 había tomado el nombre de Partido Comunista.

En total desacuerdo con el “sovietismo” de la conducción de Victorio Codovilla, Penelón se alejó del partido –acusado de trotskista- en 1927, denunciando las desviaciones burocráticas del proceso político en la U.R.S.S.

Creó en 1928 el Partido Comunista de la Región Argentina. Un año después, la palabra ‘región’ es suplantada por la de ‘república’ y después de 1931, el sector tomará el nombre de Concentración Obrera.

Fundó el periódico Adelante –entre 1927 y 1930- desde donde realizó notables análisis políticos. Por ejemplo, se opuso a caracterizar de fascista al segundo gobierno de Yrigoyen, término predilecto de Codovilla para definir al caudillo radical.

Más adelante, en 1945, desde los folletos de Concentración Obrera y desde el periódico “Frente Democrático”, si bien no apoyó a Perón hizo críticas muy duras a la postura de socialistas y comunistas de apoyar a la Unión Democrática, al considerarla una nueva posibilidad de restauración oligárquica.

En el plano institucional debemos resaltar su trabajo como concejal, entre 1931 y 1935, de la Ciudad de Bs. As. con su banca al Servicio del proletariado, y contra los monopolios extranjeros: “En nombre del pueblo de Buenos Aires, declaro que estoy dispuesto, como representante de la Concentración Obrera a defender los fueros del Concejo, a impedir el monopolio tranviario, a intentar que el pueblo boicotee el convenio, como se ha hecho en Colombia, a fin de evitar que se consume este monopolio privado de capitales ingleses, que ha de dar lugar a que la Ciudad de Buenos Aires tenga sobre sus espaldas, por 60 años un muerto de esa importancia”.

Esa fue su lucha. Enfrentó a los grandes consorcios de la electricidad y luchó por la municipalización del gas. Denunció los negociados de estas empresas y su connivencia con los gobiernos de la Década Infame que les permitían obtener pingües ganancias vía exenciones impositivas y corrupción.

Su nieta, Aurora Tumanischwili Penelón cuenta: “Sólo recordemos que cuando en 1923 la empresa ANGLO trató de sobornar al concejal J. F. Penelón, llevando –un personero de la misma- a su humilde casa alquilada de dos ambientes, un cheque sin cifra, de los directivos de dicha empresa, Penelón denunció el asunto al Concejo Deliberante, haciendo fracasar el aumento de boleto que propiciaba la Anglo Argentino (…) el voto del concejal Penelón hubiera sido decisivo para el aumento del boleto tranviario. Esta actitud contribuyó a que ese aumento de casi 300 millones de pesos fuertes, anuales, que hubiera recaído en beneficio del capital extranjero por año –siendo las pretensiones de la empresa de transporte inglesa percibir ese aumento tarifario durante 11 años de 1923 a 1933 inclusive-, se cayera irremediablemente”.

“En otra oportunidad, en 1934, en un debate en el Concejo Deliberante, se presenta como un enemigo jurado de los representantes de la derecha cuando se discute, nada menos que la reincorporación de los trabajadores municipales, entre ellos, los de la casa, que habían quedado cesantes, por imperio de un decretazo del gobierno de facto de la dictadura uriburista”.

“Entonces, uno de sus esbirros, le espeta: ¡Usted es un aguafiestas!”, toda una definición acertada. Sí, mi abuelo, es un aguafiestas del sistema, todavía imperante. Por ello, antiimperialista hasta los tuétanos, atacó a los monopolios, que se adueñan de la ciudad, como del país, como sucede en la actualidad”.

Los historiadores académicos simulan no conocerlo, la historiografía oficial del Partido Socialista nunca le perdonó su “herejía” de 1917, el Partido Comunista ha tendido un sospechoso manto de silencio sobre su memoria.

Sólo el dogmatismo y el sectarismo de estas corrientes políticas permiten explicar que un hombre de su trayectoria, una verdadera figura del socialismo argentino y latinoamericano haya sido convertido en un “maldito”. (M. A. Molocznik, Los Malditos, Vol III, pág 375, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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ENRIQUE RIVERA – (1922-1995)

La única posibilidad que tiene América Latina para entrar con confianza en el futuro es su unidad en una Confederación. Separados como Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, etc., no vamos a ninguna parte.

La idea de la necesidad de unión de nuestro continente, que hoy es un hecho incontrastable, no tuvo dentro del pensamiento socialista de principios del siglo 20 muchos defensores apasionados. Sin embargo, principalmente Manuel Ugarte, pero también Alfredo Palacios y José Ingenieros intentaron aunar la justicia social con la unidad de la Patria Grande.

Dentro de esta corriente que intentó articular socialismo y la unidad de la América Latina sobresale, sin duda, Enrique Rivera, un socialista latinoamericanista completamente olvidado.

Nacido en 1922, Enrique Rivera perteneció a aquel grupo de jóvenes revolucionarios que realizó el análisis más agudo de la Argentina que tuvo su origen en octubre de 1945. Con escalpelo marxista, Rivera, Hugo Sylvester, Adolfo Perelman, Carlos Díaz bajo la batuta de uno de los pensadores socialistas más importantes que tuvo el país, Aurelio Narvaja, realizaron un análisis absolutamente correcto sobre las fuerzas y la dinámica de las clases sociales de la Argentina de post-guerra.

Fue el grupo Frente Obrero el que comprendió la naturaleza del peronismo de entonces. Entendió que el movimiento naciente representaba a una nueva argentina ante la muerte de la semicolonia inglesa, que el entonces Coronel Perón era la necesaria expresión del “subsuelo de la patria sublevada” como afirmaba Raúl Scalabrini Ortiz.

En 1953, Enrique Rivera junto a sus compañeros de brega se suman al Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), agrupación que intentaba combinar dos banderas esenciales, la de la liberación nacional y la de la búsqueda de una sociedad sin clases. El proyecto no llegó a cuajar, pero es un antecedente importante para cualquier proyecto emancipador.

Autor de varios libros, como “Peronismo y Frondizismo”, “León Trotsky y la revolución nacional Latinoamericana”, tiene en su obra “José Hernández y la guerra del Paraguay”, su escrito mayor. A más de cincuenta años de haberse publicado sigue teniendo absoluta vigencia.

En este libro se trazan las líneas maestras del revisionismo científico: la unidad de América latina, el carácter de la revolución de mayo, el papel de la aduana de Buenos Aires en el desarrollo nacional, el rosismo, la federalización de la ciudad puerto, etc., y como epítome de las mejores tradiciones políticas nacionales el pensamiento y la vida del inmortal autor del “Martin Fierro”.
En un día aciago de mil novecientos noventa y cinco “se nos fue” este compañero lúcido y consecuente como pocos.(G. Battistoni, Los Malditos, V. IV, pág. 336, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ARTURO JAURETCHE – (1901-1974)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Arturo Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901, en la localidad de Lincoln, a 350 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.
Desde su infancia hasta su adolescencia estuvo vincula al Partido Conservador, por influencia del padre que era dirigente local de ese partido.

En su juventud, salió hacia Buenos Aires con la ambición de seguir la carrera de abogacía y, según él mismo confesará años después, ya tenía un marcado y profundo sentido de su vocación política y social, y una atracción muy fuerte hacia la literatura.

Su vida de estudiante fue muy agita: “Actué en la Reforma Universitaria, pero no de intelectual, sino de combatiente. Por eso fui suspendido dos años como estudiante secundario, y dos como universitario…”. A pesar de ello, llegó a recibirse de abogado, años más tarde.

Entre 1925 y 1926, en medio de la agitación pro Sacco y Vanzetti, las conversaciones con gente del APRA peruano, y el encuentro con Homero Manzi, Jauretche ingresó al radicalismo. Según Ernesto Sábato, “Jauretche había pasado del fogón a la mesita de mármol en que Homero Manzi soñaría sus elegías porteñas. Y así como Enrique Santos Discépolo elaboró, en esa misma mesa, su existencialismo, Jauretche fue construyendo de a poco su filosofía de la historia entre dichos y sucedidos, conservando la ironía socarrona del paisano, pero ya con el andar medio de costado del compadre porteño, vaya a saber si con un cuchillito en la cintura…”

De su relación con Manzi dirá Don Arturo, años después: “Nos hemos dado muchas cosas recíprocamente… pero a pesar de ser mayor, puedo decir que casi nunca tuve que orientarlo. Al contrario, muchas veces he recibido de él, tal vez las explicaciones más orgánicas acerca del caudillo. Él es uno de los que más contribuyó a consolidar mi irigoyenismo”.

De esta manera, Jauretche se fue divorciando para siempre de aquel conservadurismo pueblerino y comenzó a reinterpretar la realidad del país. Así nació su compromiso con esa misma realidad, que le costó, en varias oportunidades, su libertad y puso en peligro hasta su propia vida.

El comienzo de lo que se llamó la “Década infame” (iniciada por la revolución del 6 de setiembre de 1930) fue fundamental para la vida de Jauretche, porque en ese momento se encontraba en Mendoza, donde salió a defender al gobierno caído de Yrigoyen y, en medio de la agitación, fue agredido, y, como él mismo reconoció, “respondí a balazos”. Fue detenido, arrestado y milagrosamente perdonada su vida, porque lo usual, en aquellos casos, eran los fusilamientos, sin más, dado que regía la ley marcial.

La dictadura uriburista provocó “la resistencia radical”, expresada en diversos movimientos cívico-militares que se produjeron entre 1931 y 1934. El ala más intransigente, fiel a Yrigoyen, integró el “Movimiento de continuidad jurídica” y ahí estuvo Jauretche.

En los últimos días de diciembre de 1933, y en varios puntos del país, se produjeron levantamientos contra el gobierno fraudulento del General Justo: entre los radicales civiles detenidos, después de sofocado el golpe, en Paso de los Libres, aparece Jauretche, a quien la experiencia insurreccional le costará cuatro meses de prisión en Corrientes.

De este acontecimiento surgirá su primera publicación “El Paso de los Libres”. En ella narra las andanzas de Julián Barrientos, en verso, al estilo del Martín Fierro. La primera edición apareció prologada por Borges, quien reconoció su valor literario, y luego, cuando se distanció de Manzi y de Jauretche, reconoció otra vez el mérito de Jauretche “a pesar de haberse hecho peronista…”. Sin embargo, a pesar de este reconocimiento, cuando publica un libro con todos sus prólogos, Borges omite el prólogo al libro de Jauretche.

Mientras tanto, el gobierno nacional, cada vez más identificado con los intereses de la oligarquía, es decir, con los intereses ingleses, hacía negociados sin ningún tipo de pudor. En 1934, una vez en Buenos Aires, la línea dura del radicalismo se lanzó con el “Manifiesto de los Radicales Fuertes”, antecedente de FORJA, en total oposición a los alvearistas y a la oligarquía.

Para este momento, Jauretche ya está muy influenciado por el pensamiento de un amigo extra partidario, Raúl Scalabrini Ortiz, quien lo lleva a la Revista Señales, desde donde lanzaron su ofensiva antiimperialista.

En la misma época, el 29 de junio de 1935, en un local de Corrientes 1778 nació FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) sigla inspirada en las que fueron palabras de Hipólito Yrigoyen “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba…”. La consigna fue “Somos una Argentina colonial: queremos ser una Argentina libre”. La declaración constitutiva, redactada por Arturo Jauretche, denunciaba “la lucha permanente del pueblo en procura de su soberanía (…) contra las oligarquías como agente de los imperialismos” (…) y convocaba a “la nueva emancipación, que solo puede realizarse por la acción de los pueblos (…) y el instrumento de esa tarea fue la UCR, obra truncada por la desaparición de Yrigoyen (…) Dentro de estos conceptos y tales fines, FORJA abrió sus puertas “a todos los radicales que aspiraron a intervenir en la construcción de la Argentina grande y libre…”.

FORJA comenzó así su lucha por la liberación nacional, denunciando todas las entregas del patrimonio argentino y el trato por demás benévolo con las empresas inglesas, en especial con lo que se refería a los servicios públicos. Esto será denunciado como “el Estatuto Legal del Coloniaje”.

La lucha no fue fácil: la falta de recursos hizo que la propaganda fuera escasa, y obligó, a los pocos meses de haberse fundado FORJA, a mudarse al económico sótano de la calle Lavalle 1725. Cuando no había papel, se usaban las paredes, y si faltaban tizas, se escribía con carbón. A costa del esfuerzo que significaba la difusión de ideas por medio de folletos o volantes, los miembros de FORJA se hicieron grandes oradores: comenzaron arengando grupos reducidos, que luego se fueron ampliando, porque entendían el lenguaje directo en el que se les hablaba. En este menester, Jauretche adquirió una gran capacidad para transmitir ideas en forma sencilla, con ejemplos o paralelos de la vida cotidiana, fáciles de entender.

La actividad de FORJA no tuvo descanso, y siempre fue apoyada por Scalabrini Ortiz, a pesar de que éste no era radical.
Los medios de comunicación de la época no reflejaron el accionar forjista. Jauretche, años más tarde, dirá que de las cuatro mil conferencias que FORJA  dio en sus diez años de vida, ni cien tuvieron el favor de la información periodística.

Con el advenimiento de la segunda guerra mundial, FORJA se inclinó por la neutralidad, porque entendía que ésa era, en realidad, una lucha interimperialista. Gráficamente repetía “No se trata de cambiar de collar sino de dejar de ser perro”.

De todos modos, esta disputa trajo problemas, y algunos forjistas, con tendencia hacia los aliados, se separaron, tales los casos de Luis Dellepiane y Gabriel Del Mazo.
FORJA jugó un papel muy importante en la concientización del país, pero no creció como movimiento en la medida en que sus fundadores lo desearon: “La gente nos comprende y nos apoya, pero no nos sigue. Hemos sembrado para quienes sepan inspirar fe y la confianza que nosotros no logramos. No importa, con tal que la labor se cumpla…”.

Así llegó el golpe militar del 4 de junio de 1943, y los militares, en política exterior, reafirmaron con valentía la neutralidad, intervinieron el monopolio inglés del transporte urbano y expropiaron varias compañías inglesas y norteamericanas que disfrutaban concesiones de servicios públicos.

Los forjistas ven probable un acercamiento, que recién se hará posible en setiembre de 1943 cuando comience a funcionar la Secretaría de Trabajo y Previsión. (Ya en agosto había existido una reunión entre Perón, Jauretche y Manzi).

Producido el 17 de octubre de 1945, FORJA se disolvió (el 15 de diciembre) por entender que la mayoría de sus miembros coincidían en pensamiento y acción con el gobierno popular en marcha.

La relación Perón – Jauretche estuvo llena de marchas y contramarchas, pero Don Arturo siempre hizo prevalecer el interés nacional por encima de cualquier interés particular.

Al comenzar el gobierno peronista los hombres de FORJA se dispersaron y ya no volverán a reunirse. El gobierno de Domingo A. Mercante asignó a Jauretche la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que siguió los lineamientos de la política económica de Miguel Miranda: y en 1950, renunció a su cargo dejando a la institución con superávit.

Para esta época, Jauretche, lo mismo que Scalabrini Ortiz, ya no están totalmente de acuerdo con el giro que ha tomado el peronismo. Don Arturo pasará tres años, de 1952 a 1955, en un prudente repliegue político, aplaudiendo los aciertos y reservándose sus críticas, ante el temor de ser usado por el antiperonismo.

Pero más allá de sus diferencias con el peronismo, volvió a la lucha inmediatamente después del golpe del 16 de setiembre de 1955. Publica, entonces, en “El líder” y lanza “El 45”, clausurados, luego, por el gobierno de Aramburu. Asimismo, lanza su libro “El Plan Prebisch, retorno al coloniaje”, fuerte crítica a los planteos del asesor económico del gobierno militar.

Los trabajadores peronistas se lanzan a “la resistencia” y el gobierno de Aramburu inicia una dura represión. Los diarios del campo nacional son clausurados. Aconsejado por sus amigos, Jauretche pasa a Montevideo permaneciendo exilado durante un tiempo.

En 1957, apareció su libro “Los profetas del odio”, donde refuta a Martínez Estrada, Borges, Irazusta y Santander, por sus erróneas caracterizaciones del peronismo. A los dos meses de su aparición, se lanza la segunda edición alcanzando un total de 25.000 ejemplares (incorporándose la segunda parte, “La yapa o la colonización pedagógica”, en 1967).

En 1957, regresa al país. Ante la política reaccionaria del gobierno de Aramburu y su posible consecución a través del Radicalismo del Pueblo, orientado por Balbín, Jauretche considera conveniente apoyar a Arturo Frondizi, quien ha roto últimamente con el Radicalismo constituyendo la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). Con este criterio, considera inconveniente la política voto-blanquista preconizada por Perón para las elecciones de convencionales constituyentes del 28/7/57, propiciando, en cambio, el voto por la UCRI. De la misma manera, desde la revista “Qué”, cuyo director es Rogelio Frigerio, aboga por el voto a Frondizi en las elecciones del 23 de febrero de 1958, táctica en la que coincide con las directivas frentistas de Perón, desde el exilio.

Triunfante en las elecciones, Frondizi negocia con los altos mandos y para asegurarse la entrega del poder, reemplaza su programa electoral por otro de tipo conciliador, en el cual el crecimiento depende de la inversión extranjera. Jauretche se aparta entonces de esa política.

Prefiere, trabajar en la lucha ideológica, comenzando sus aportes a través de los libros. En 1958 publicó “Ejército y Política”, en 1959 escribió “Política Nacional y Revisionismo Histórico”, donde planteó: “hay que volver a recorrer el pasado por medio del cuestionamiento de los hechos y de los personajes claves de nuestra historia, esta es la única forma de crecer como país, y aspirar a una verdadera política nacional…”. En 1960 lanzó “Prosa de hacha y tiza”.

En 1964, publica “Filo, contrafilo y punta”, y en 1966, el libro por el cual logró el reconocimiento que merecía: “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”. En este último texto, desenmascaró los mitos, preconceptos y tabúes de la sociedad argentina, por medio del estudio de la evolución de los grupos que la integran, utilizando siempre la ironía y el humor en sus explicaciones. Jauretche, sin ser historiador, sociólogo o antropólogo, logró, en este libro, identificar claramente el esquema socio – económico – cultural del país. El éxito que tuvo se debió también a la forma clara y sencilla de ver las cosas, haciendo que cualquier lector, sin ser necesariamente un estudioso, pudiera entender qué era lo que se le quería decir. Entre fines de 1966 y julio de 1967 aparecieron nueve ediciones de “El medio pelo…”.

Para 1968, publicó “Manual de Zonceras Argentinas”, donde cuestionó ácidamente fábulas y mitos que la intelectualidad argentina había logrado imponer. “Mano a Mano entre Nosotros”, de 1969 fue una selección de artículos ya publicados, tal como habían sido “Prosa de Hacha…” y “Filo, contrafilo…”.

En 1972, escribió su único libro autobiográfico, “De Memoria, Pantalones Cortos”, donde relata anécdotas de su vida pueblerina, utilizando un estilo mucho más distendido, el cual le permite incluir algunos de sus poemas. Este libro iba a completarse con un segundo que se llamaría “Los años mozos”, que no llegó a redactar.

En 1973, con el gobierno de Cámpora, y Rodolfo Puiggrós como rector de la Universidad de Buenos Aires, Jauretche fue nombrado Director de Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y posteriormente, vocal del Fondo Nacional de las Artes. Varios institutos universitarios del país lo nombraron Profesor Emérito.

En esa época, depositó su esperanza en que la juventud peronista lograse renovar las estructuras internas del peronismo, para darle la fuerza necesaria para las grandes transformaciones que urgen. Sin embargo, disintió con la juventud en su militarización de la política y bregó, lo que estuvo a su alcance, para que el gran frente nacional se mantuviese cohesionado y pudiese avanzar, a pesar de los obstáculos externos e internos. En mayo de 1974, viajó a dar dos conferencias en Bahía Blanca. A su vuelta, en Buenos Aires, el día 24, cenó frugalmente y se recostó temprano. Pero en la madrugada del día 25 sufrió un infarto que le provocó la muerte.

Al día siguiente, se produjo su entierro. Las palabras sentidas de su sepelio estuvieron a cargo de sus más allegados, y uno de ellos Juan Carlos Neyra habló en nombre de sus amigos, pues no pudo hacerlo Darío Alessandro, y dijo “Mientras haya un solo argentino dispuesto a dar la vida por la liberación nacional, Jauretche estará presente”. (Cristina Piantanida – Los Malditos - tomo II – página 301, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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CARLOS ETKIN
(1916-1982)

Biografía de G. Battistoni, en Los Malditos, V. IV, pág. 309, Ed. M. de Plaza de Mayo
"Afirma el “Martín Fierro” que “olvidarse de algo es también tener memoria”; el olvido, el “ninguneo” de aquellos hombres que tanto han aportado al acervo de los argentinos, es una de las injusticias más usuales.

Fue Carlos Etkin uno de los primeros militantes que intentaron articular la teoría socialista con el movimiento obrero nacido al fragor de la segunda guerra mundial. Nacido en Río Cuarto en la década del 20 del siglo pasado, aparece en los treinta ligado al grupo de trotskistas cordobeses orientados por Esteban Rey

En este grupo entrará en contacto con el que fue uno de los grandes intelectuales de la Izquierda Nacional, el notable historiador Alfredo Terzaga. De profesión abogado, será el representante de Natalia Sedova en su querella contra una editorial argentina acusada de editar un libro apócrifo de León Trotsky.

Funda con otros militantes de la época el Partido Obrero de la Revolución Socialista (PORS), agrupación que tendrá como simpatizante a un joven físico, que luego devendrá en notable escritor, de nombre Ernesto Sábato. Esta organización tiene una vida efímera, pero será la base para la izquierda que se agrupará en torno al periódico “Frente Obrero” (segunda época), este sector realizará una caracterización correcta de los acontecimientos de octubre de 1945.

A diferencia de la mayoría de los marxistas de aquel tiempo, “Frente Obrero” comprende la naturaleza de defensa del interés nacional del gobierno militar y de su principal figura, el Coronel Perón. Carlos Etkin, por entonces es asesor, junto a otro hombre de “Frente Obrero”, Hugo Sylvester, de la recientemente creada Unión Obrera Metalúrgica, donde pone todo su esfuerzo en darle un sentido plebeyo y revolucionario a la nueva organización, que será una de las columnas vertebrales del sindicalismo moderno de nuestra patria.

En 1954 publica en la editorial “Indoamérica” su importante trabajo sobre Abraham León, socialista revolucionario muerto en un campo de concentración nazi, que intentó comprender la opresión del pueblo judío desde la concepción materialista de la historia. Etkin teorizó además sobre la aplicación de los principios del maestro a nuestra realidad continental: “Tesis sobre el pueblo judío en la revolución nacional latinoamericana”.

El grupo al que pertenecía Carlos Etkin funda en 1953 el Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), que entendía que había que darle un cauce socialista al proceso de revolución nacional iniciado en 1945. Esta organización sucumbió producto de la heterogeneidad de tendencias que la integraban, las que nunca terminaron de cuajar debidamente.

Falleció en Buenos Aires a fines del siglo pasado. El recuerdo de su figura es homenajear a aquellos que dieron lo mejor de sí por una América Latina justa y soberana."

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SUSANA CRISTINA VALLE
 (1936-2006)

OTRA “MALDITA” EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL
Biografía de Osvaldo Jara, en Los Malditos, T IV, pág. 346, Ed. Madres de Plaza de Mayo

Hija del General Juan José Valle y Dora Cristina Prieto nace en Avellaneda en 1936. Su vida fue forjada al calor de la historia argentina. Fue luchadora de la causa popular y militante de la resistencia peronista hasta los últimos días de su vida.

Vivió su infancia entremezclada entre distintas influencias ideológicas. Los abuelos por parte de su madre provenían de sectores conservadores y mantenían permanentes contactos con la clase política dominante porteña. Sin embargo, sería su padre quien la forme ética y políticamente. Su actividad política comienza desde muy joven, a causa de los acontecimientos que afectaron no sólo a la vida del país sino también a su propia vida personal. La presencia de su padre resulta trascendental para comprender el derrotero de una mujer que se fue templando en persecuciones y torturas, propias y ajenas.

El General Juan José Valle demostró desde siempre su notable capacidad intelectual y humana. Con tan sólo 22 años ya había logrado ser ingeniero militar. Desde 1952 era profesor en la Escuela Superior de Guerra. También fue integrante de la Junta de Calificaciones del Ejército debido a su alta puntuación y a ser el primero de su camada. Es, precisamente, Valle quien le da la posibilidad de ascenso  a Pedro Eugenio Aramburu. El General Perón le advirtió en ese entonces que éste le pagaría muy mal.

El 16 de septiembre de 1955 el golpe militar que interrumpió el gobierno peronista estuvo encabezado por Eduardo Lonardi. Una de las disposiciones de la dictadura fue el arresto domiciliario del padre de Susana, quien se va a vivir con él y su mamá a la casa de su abuela materna. Sin embargo, el General no estaba dispuesto a contemplar pasivamente el devenir de los acontecimientos. Burlando la vigilancia impuesta logró escapar con su familia. “Nos escapamos todos –contaba después Susana-. Mamá y yo por delante, porque no estábamos detenidas, y mientras hacemos esto papá escapa por la puerta de atrás, y se declara prófugo”.

A partir de entonces los tres deambularán de lugar en lugar, se sumergen en la clandestinidad, siendo las villas miserias los sitios en donde encontrarían mayor solidaridad y cobijo. Valle se internará subrepticiamente en el ambiente militar buscando camaradas leales; también manteniendo contactos con sectores políticos y gremiales para intentar recuperar la constitucionalidad.

Ya bajo la conducción de Aramburu y Rojas la dictadura se tornó más radical. Mediante el decreto 4161 se prohibió la utilización y mención de todos los símbolos peronistas. El levantamiento estaba latente. El 9 de junio de 1956 se producen movimientos en La Plata, Lanús, José León Suárez, la Escuela de Mecánica de la Armada y la Penitenciaría Nacional. Pero el gobierno de facto tenía conocimiento de dicha sublevación. La deja estallar con el objeto de sembrar el terror. La represión termina con veintisiete ejecuciones (18 militares y 9 civiles). Por orden de Aramburu el Gral. Valle fue sentenciado al fusilamiento. Susana lo visitó por última vez en el patio gris de la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras.

A partir de ese momento se convertirá en militante activa de la resistencia peronista. Fue mensajera de Perón durante su exilio en Caracas y en Madrid. Durante los últimos años de la década del ’60 formó parte en la organización de distintos movimientos armados: Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y Montoneros. Durante 1974 fue parte del brazo político de éste último, integrando el Partido Auténtico.

Después de 1976, Susana escapó a la represión y se fue a refugiar a Córdoba. Pero dos años más tarde el general Menéndez la encontró y la llevó a prisión. Allí fue duramente torturada. “Fue esposada a una cama de mármol en la morgue de un hospital, embarazada, y sometida a picana eléctrica, se le provocó el parto prematuro de mellizos: uno de ellos nació muerto y fue colocado sobre su pecho y el otro, que nació vivo, fue colocado lejos de su alcance pero a su vista, hasta que Susana lo vio fallecer”.

En 1979 nacería su hija Soledad, quien le dará ocho nietos. A la vuelta de la democracia quedaron todos los años vividos, todas las luchas envueltas en heridas que no podían cicatrizar. Y si el rédito fue para quienes capitalizaron su silencio de antaño, el olvido fue para quienes militaron sin pedir nada en la resistencia. Susana fue una de ellas.

Descontenta con el papel del Partido Justicialista decide en 1985 apartarse y formar parte del Frente del Pueblo, agrupación integrada por peronistas disconformes con la conducción del partido y algunos grupos de izquierda. Jamás aceptó un cargo político. Cuando en el 2001 Luis Farinello intentó convencerla para que formara parte del Polo Social desechó la propuesta a que, aseguró Susana, no tenía nada para aportar.

En abril de 2004 encabezó el Frente de Agrupaciones Peronistas, con el objetivo de romper el aislamiento entre diferentes sectores y formar un agrupamiento en torno del proyecto político de Néstor Kirchner.

Nadie reconoció a la militante que jamás supo de traiciones ni dobleces. Durante los últimos años de su vida vivió en la pobreza. Sin casa propia, sin obra social, sin pensión de ningún tipo. En 1999, amparándose en la Ley 24.043, solicitó reparaciones económicas en razón del tiempo que estuvo detenida. Pero dicha demanda fue rechazada; se adujo que no había manera de comprobar el lapso que duró dicha privación de libertad. Un año más tarde hizo otro pedido en relación con la muerte de su padre (Ley 25.192), beneficio que tampoco le fue concedido, ya que se argumentó que faltaba una declaración judicial que determinara que era heredera del General fusilado. Daniel Brión, compañero de militancia de Susana, lo definió como “una vergüenza nacional”.“Un tiempo antes de su muerte asistió a una serie de actos en merecido homenaje a su padre. En junio se bautizó la Escuela de Ingenieros del Ejército Argentino con el nombre de teniente general Juan José Valle. En agosto de ese año también se inauguró con el mismo nombre una escuela en la provincia de Salta. Pero fueron tan sólo pequeñas reivindicaciones para una mujer sumida en el olvido más absoluto.”

“El 3 de septiembre de 2006, tras estar dos días internada en el Hospital de San Isidro, falleció como consecuencia de una infección hepática y pulmonar. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Olivos, en la misma bóveda en donde descansan su padre y sus hijos mellizos asesinados por la dictadura. Al momento de su muerte, su hija Soledad continuaba reclamando las justas compensaciones reconocidas por la Ley pero desoídas por las autoridades.”

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AUGUSTO CONTE – (¿?-1992)

Escribe Judith Lestingi, Los Malditos, Tomo III, página 332 -Ediciones Madres de Plaza de Mayo

Abogado de profesión iniciaría su actividad política en 1974 como Secretario de Medio Ambiente cargo al que había llegado como extrapartidario. Su más destacada labor la desarrolló enfrentando a la última dictadura militar. Padre de un hijo desaparecido integró el Centro de Estudios Legales y Sociales –CELS-, una de las primeras organizaciones de derechos humanos que denunciaron los crímenes cometidos por el terrorismo de estado. Patrocinó cientos de pedidos de habeas corpus a favor de los detenidos desaparecidos por esa cruel dictadura.

Su profundo compromiso con los derechos humanos generó una importante adhesión a su candidatura en las elecciones de 1983. Ya recuperada la democracia, encabezó la lista de la Democracia Cristiana por la Capital Federal accediendo a una banca como diputado. Su labor parlamentaria se distinguió durante los debates sobre la deuda externa y sobre la política de derechos humanos. Fue el único legislador de la Democracia Cristiana que votó a favor de la promulgación de la ley de divorcio vincular. En abril de 1987 renunció a su banca de diputado aduciendo “razones de salud y agotamiento físico”.

En 1989 regresaría a la política apoyando la candidatura de Carlos Menem. Durante la asonada militar de diciembre de 1990 se presentó en la sede del Estado Mayor General que se encontraba tomada por un sector de Ejército, para dialogar con los amotinados –a pedido del presidente dijo-. Los indultos firmados por Menem provocaron su alejamiento definitivo de la actividad pública, retomando su actividad como abogado; ahora litigando en defensa de los derechos de las comunidades indígenas.

Escribió un libro llamado (Hoja de Ruta: Para un Nuevo Proyecto Nacional y Popular) de la colección Perspectivas, una de las más tempranas voces que se levantaron para denunciar el “pragmatismo” del que se enorgullecía una clase política que ya comenzaba ser fuertemente cuestionada por amplios sectores de la sociedad. En él desarrollaba sus ideas, señalando la continuidad histórica de la dictadura y de los gobiernos democráticos posteriores a ella, respecto a la profundización de políticas de ajuste, alineamiento absoluto a Estados Unidos, y la degradación de los lazos sociales que el modelo neoliberal producía.

Al dolor por la desaparición y muerte de su hijo se sumó el clima de banalidad reinante durante el menemismo. En medio de esa fiesta, el miércoles 5 de febrero de 1992 en su departamento de la calle Callao al 1600, este luchador de los derechos humanos se suicidaba con un arma calibre 32. Trasladado al Hospital Fernández primero y luego al Hospital Británico, falleció horas después.

Su muerte adquiere un enorme significado, porque más allá de los éxitos electorales cosechados por el menemismo, también muchos veían en ese gobierno la derrota de quienes habían luchado por un mundo mejor; y no adhirieron a las políticas de mercado, el desempleo y la exclusión. Su recuerdo nos alerta sobre las heridas que un modelo de país para pocos puede ocasionar y nos compromete a crear alternativas superadoras.

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ABRAHAM GUILLÉN – (1913-1993)

Dice Norberto Galasso (Los Malditos, Tomo III, páG. 353, Ed. Madres de Plaza de Mayo)
“Nacido en Guadalajara (España), desde muy joven mantuvo un fuerte compromiso con la Revolución, ya fuese en su calidad de anarquista, de trotskista con posiciones cercanas al POUM en España, de combatiente guerrillero o desde posiciones de Izquierda Nacional. Participó intensamente en la guerra civil española (1936-39) combatiendo infatigablemente al franquismo. Condenado a 20 años de prisión, logró fugarse en 1942. A partir de 1948, puso sus energías al servicio de la revolución latinoamericana. Residió en Buenos Aires y se desempeñó como periodista en los diarios peronistas El Laborista y Democracia, durante el gobierno de Perón, para colaborar luego en la revista “De Frente”, dirigida por J.W. Cooke.”

“Producida la caída de Perón, Guillén centró su lucha en destrozar los argumentos de los economistas liberales partidarios del gobierno de Aramburu. Por entonces, publica “La oligarquía en la crisis de la economía argentina”, “Monopolios y latifundios contra la economía argentina”, “La conspiración de la oligarquía: Radiografía del Plan Prebisch” y un trabajo de mayor aliento, en dos tomos, titulado “La agonía del imperialismo”, todos ellos en 1956. En esa época, Guillén se dedica a polemizar con sectores de izquierda y a formar cuadros políticos. Sobrevive con dificultades merced a las clases dadas en un instituto de Periodismo armado por Jorge A. Ramos, Rodolfo Puiggrós y otros para la doble tarea de formación y subsistencia de los militantes.”

“En 1961, Guillén publica en la editorial “Coyoacán”, “La historia de la revolución española”. En 1962, lanza un extenso ensayo titulado “El imperialismo del dólar: América Latina, revolución o alineación”. En 1965, analiza el tema de la lucha guerrillera en “La Teoría de la violencia”. En este aspecto, se lo considera a Guillén como uno de los primeros en establecer la necesidad de la lucha urbana en aquellos países cuya estructura social era distinta de la de Cuba, por lo cual resultaría erróneo generalizar aquella experiencia de guerrilla rural propia de los Barbudos del 59.”

“Entre 1973 y 1974, Guillén incursionaba habitualmente en el periodismo especialmente en La Opinión de Buenos Aires. Muerto el dictador Franco, regresó a España y continuó colaborando en la prensa de izquierda. Se estima que llegó a publicar más de 40 obras sobre cuestiones políticas, económicas e históricas, con una óptica de izquierda singular que algunos asocian al anarquismo y otros a la corriente nacional del trotskismo.”

“Falleció en Madrid el 1º de agosto de 1993 y sobre su figura y sus obras ha caído el mayor silenciamiento, por estimar, su conducta y sus ideas, peligrosas para el orden constituido.”

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RAÚL SCALABRINI ORTIZ - (1898 - 1959)

Nació en la Prov. de Corrientes, el 14 de febrero de 1898. (…)
Después de haber recibido la educación tradicional, Scalabrini comenzó a frecuentar el arrabal y la noche de Bs. As., donde creció en él un marcado interés por entender a “una sociedad, en medio de la Gran Guerra, donde convivían los porteños con los tanos y los gallegos, en una mezcla muy difícil de definir, pero por demás atrayente...”
(…)

La revolución rusa de octubre de 1917 hizo que tomara conciencia de la opresión que padecía el pueblo ruso y esto lo acercó a la izquierda. Comenzó a leer a autores fundamentales como Marx y Engels, a Lenin y Plejanov, y participó políticamente en la formación de un grupo universitario “Insurrexit”, en 1919. (…) Años más tarde dirá: “Esa práctica del comunismo dejó en mí una huella tan honda que mi espíritu parece un par de brazos fraternales (…) El conocimiento de los autores de izquierda dejó grabada en mí la importancia que los sucesos económicos tienen en los procesos históricos…”
(…)

1924 fue una fecha clave para Scalabrini porque logró su tan anhelado viaje a Europa: “El tan soñado viaje a París fue la muerte de una ilusión (…) Yo llevaba una estima reverente. Conjeturaba que los europeos eran, con relación a sus obras, lo mismo que nosotros en relación a las nuestras: infinitamente superiores a sus realizaciones. Me equivoqué. Di con técnicos. Técnicos de saborear, técnicos de la escritura, técnicos del querer (…) El labriego es el mejor labriego (…) Pero no sentí en ellos ese afán de determinar inhallables solicitudes que había sentido palpitar en la entraña joven de mi tierra (…) En Europa, se produjo el mágico trueque de escalafones; comprendí que nosotros éramos más fértiles y posibles, porque estábamos más cerca de lo elemental…” Fue así como Scalabrini rompió con la alienación en lo europeo que sufrían casi todos los intelectuales de la época.
(…)

Sus viajes, dentro y fuera del país, más su cercanía al “marginal” Macedonio Fernández, lo hacen recapacitar acerca de ese mundillo de celebridades fabricado por los grandes poderes dominantes. Su pensamiento se tornaba cada vez más “peligroso” en tanto descubría con tristeza que los intelectuales, a los que alguna vez admiró, no tenían luz propia, sino que brillaban alumbrados sólo por el aplauso o la condecoración oficial, como si fuera un soborno. En 1927 escribía: “Nuestra mayor tristeza proviene de no saber quienes somos. Hablamos en castellano, pensamos en inglés, gustamos en francés, amamos en ruso, nos apasionamos en italiano (…) vivimos de prestado abrumados por los preceptos de estéticas y éticas lejanas. Recién hemos dado en saber que la primavera nos llega en septiembre y no en abril…”.
(…)

En 1930, había alcanzado el más alto rango al que podía acceder con su pluma, el de redactor de “La Nación”, cargo al que renunció para dedicarse de lleno a defender los intereses generales del pueblo. En plena Década Infame, escribía artículos desde “Noticias Gráficas”, y preparaba su ensayo sobre los porteños, que aparece como “El hombre que está solo y espera”, en 1931. (…) El libro obtuvo un merecido reconocimiento, pero esto no impidió a Scalabrini, en ese terrible año, observar el triste panorama social: “…el puerto con sus tugurios de lata y cartón, cafishios en la calle Corrientes, milonguitas buscando clientes en la noche porteña, malandrines, cafés con rostros sombríos, colas de desocupados en las fábricas, ollas populares, mendigos suicidios… en el hasta ayer Granero del mundo…”.
En sus desvelos, se planteaba: ¿Cuál es la causa de semejante desastre? ¿Qué ocurrió en nuestro país para llegar a este punto? Y allí encontró la respuesta: Lo que había ocurrido, no había pasado, lamentablemente, en nuestro país: Era necesario comprender que éramos una semi-colonia, y que dependíamos, tristemente, de los capitales ingleses. La condición de subordinado, de humillado no lo dejará descansar; y se abocará, sin reparar en fatiga, a la tarea de comprender cómo había sido en realidad nuestra historia político-económica.

Pronto se convenció de que el pensamiento de la Argentina oficial constituía una mentira descomunal cuyo objeto era adormecer toda rebeldía posible, se convenció de que todo lo que lo rodeaba era falso e irreal: Falsa la historia que le enseñaron, falsas las creencias económicas, falsas las perspectivas mundiales que se vendían, y sobre todo, falsa la libertad que se preconizaba, en todos los sentidos. Para 1933, después de haber investigado en cuanto archivo lo dejaron indagar, llegó a la triste conclusión: “Verifiqué con asombro inenarrable que todos los órdenes de la economía argentina obedecían a directivas extranjeras, sobre todo inglesas (…) Ferrocarriles, tranvías, teléfonos, y por lo menos el 50 por ciento de capital de los establecimientos industriales y comerciales era de propiedad extranjera, en su mayor parte, inglesa (…) Esto explicaba por qué en un pueblo exportador de materias primas podías haber hambre: al nacer el trigo y el ternero, ya no eran de quien lo sembró o lo crió, sino del acreedor hipotecario, del prestamista que adelantó los fondos del banquero que dio un Empréstito al Estado… de cualquiera, menos de él”. El panorama que se le presentaba era aterrador: sabía perfectamente que si quería seguir adelante en su cruzada, tendría a todos en contra; al periodismo, a la oligarquía con los distintos resortes que la sostenían, al ámbito universitario…Pero optó por el sacrificio, sabiendo que debía renunciar a todo lo que el imperialismo inglés podría corromper.
(…)

En 1933, desde el periódico “Ultima Hora”, Scalabrini denunció el Tratado Roca-Runciman, la creación del Banco Central Mixto y la Coordinación de Transportes…
(…) dejó la lucha desde las letras y participó activamente en la conspiración que estaban armando los militares Bosh y Pomar, que se imponían impedir la entrega descarada del país que estaba legitimando el presidente Justo. (…) Los levantamientos fueron sofocados (…)
El 23 de enero de 1934, Scalabrini esposado, acompañado por un oficial, celebró su matrimonio (…) Pocos días después, se embarcó rumbo al exilio…
Recién a fines de 1934, el gobierno de Justo permitió el regreso de los exiliados. (…)
Por entonces, conoce a Arturo Jauretche, y se vincula también con otros luchadores que compartieron sus ideales nacionales, entre ellos, Manuel Ortiz Pereyra, Amable Gutiérrez Diez y José Gabriel.

(…) “…fuimos nazis, anarquistas, comunistas, agentes del oro yanqui, del oro alemán, del oro ruso, y hasta del oro inglés. Después nos cubrieron con el silencio y creyeron que esa era una mortaja suficiente y definitiva (…) Colaboré anónimamente con todos los parlamentarios que me quisieron escuchar y utilizar mis conocimientos (…) preferí hacer eso, a no hacer, pero seguir siendo fiel (…) proporcioné informes a varios legisladores opositores, y hasta escribí más de un alegato…”.
“A veces creí estar viviendo una horrenda pesadilla. El país se hundía en el fango y no había luz alguna en el horizonte”. Jauretche recordará: “Yo he visto a Scalabrini más débil que el Quijote, (…) pero las verdades que surgían de aquella vigilia lo robustecían…”
(…)…fue testigo de aquel 17 de octubre de 1945: “…aquel día yo vi el rostro de la historia en toda su esplendorosa plenitud…”
El 13 de febrero de 1947, vio realizado su sueño cuando se firmó el acuerdo por la nacionalización de los ferrocarriles. En marzo de 1948 cuando el Estado tomó posesión, estuvo en la ceremonia en Retiro: “estábamos allí (…) éramos tres gotas de agua en el mar de un millón de ciudadanos…”.
Scalabrini no aceptó ningún cargo público, porque sabía que era, en cierta manera, poner precio a su libertad de pensamiento.
Después del golpe del ’55 que derrocó a Perón, combatió desde “El Líder”, junto a Jauretche, el regreso de la oligarquía. El 31 de diciembre este diario fue clausurado. (…) Para enero de 1956 decía: “…me quedé sin tener un solo lugar donde escribir. Ya no se oyen voces disonantes. La paz de los sepulcros reina sobre la Argentina…”
Proscripto el peronismo, vencido el intento del general Valle, Scalabrini no veía ninguna salida. Por consejo de su amigo Jauretche, aceptó participar en la revista “Qué, sucedió en siete días”, apoyando a Frondizi. Allí se desempeñó primero como colaborador y luego como director. Pero la desilusión lo invadió cuando Frigerio y Frondizi no cumplieron sus expectativas.

Cuando renunció ya estaba enfermo. Para 1959 su enfermedad no dejó de acosarlo; sabía que padecía cáncer, y tras una metástasis en su cerebro, luego de una lenta agonía, falleció el 30 de mayo de 1959 (…)
Desde Europa, Jauretche escribía: “Estoy desolado…Raúl es un capítulo de la historia argentina y yo tengo mucho que agradecerle…Se va a ir triste porque los triunfadores lo eclipsaron sin respetarlo en lo que valía como hombre y como símbolo, pero ya está en la historia del país, una historia secreta casi…pero que significará mucho con el transcurso del tiempo…”. (C. PIANTANIDA – LOS MALDITOS – Vol. II - Pág. 354 - Ed. Madres Plaza de Mayo)

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JORGE EDUARDO CARCAGNO – (1922-1983)

Nacido en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, el 28 de octubre de 1922, se inició como cadete en el arma de Infantería, en 1939. Demostró condiciones favorables para ascender en el escalafón militar, con importantes calificaciones. En 1966, se desempeñó como interventor en la provincia de Catamarca. Dos años después, intervino en los sucesos del 29 de mayo, conocidos como “El Cordobazo”, siendo Comandante de la IV Brigada Aerotransportada. De esta época provienen versiones contradictorias desde quienes lo ubican en posición “lanusista” (corriente del Gral. Alejandro Agustín Lanusse), hasta quienes lo identifican como en posiciones nacionalistas, hasta aquellos que le imputan excesos en la represión de esa jornada violenta producida en Córdoba. En 1971, durante breve plazo estuvo a cargo de Y.P.F. En 1972 ascendió a general de división y se le nombró titular del V Cuerpo de Ejército.

Producido el triunfo del justicialismo en las elecciones del 11 de marzo de 1973, el Presidente Cámpora llevó a cabo una remoción en los mandos militares que permitió al Gral. Carcagno asumir como Comandante en Jefe del Ejército.

En ese carácter, participó en la conferencia de Comandantes de Ejércitos Americanos, producida en Caracas, en setiembre de 1973, donde expuso la estrategia necesaria a las Fuerzas Armadas en América Latina, con contundentes definiciones nacionales y populares: “La imagen de los ejércitos como guardias pretorianas de un orden político económico y social injusto es en extremo perniciosa para la salud de los pueblos, para el logro de sus aspiraciones, para la conformación del ser nacional y su proyección continental… No puede ser que las naciones menos favorecidas deban ayudar a las otras a mejor sobrellevar su opulencia. La afirmación de su soberanía constituye la piedra angular de la política exterior argentina. Los ejércitos no deben ahorrar esfuerzos en apoyo de los pueblos y los gobiernos que se niegan a ser víctimas de un nuevo modelo de división internacional del trabajo diseñado para la opulencia de unos pocos y la pauperización de la mayoría… Varios y diversos son los factores que se conjugan para que haya en el mundo hombres y naciones de primera clase y hombres y naciones de categoría inferior, con el agravante de que estas diferencias tienden a aumentar. Contra esa situación se rebela mi país y dentro de él, su Ejército. El deterioro de los términos del intercambio, la evolución y estructura de la deuda externa, el ahondamiento de la brecha tecnológica, el manipuleo de los medios masivos de difusión, el avasallamiento de las autonomías nacionales y la exportación de cultura y modos de vida, la explotación de vulnerabilidades y contradicciones y formulaciones caprichosas referidas a límites de crecimiento, llevan a que se conforme una estructura de dependencia”.

De esta concepción, en un todo de acuerdo con el gobierno de esa época, se nutre la conducción del arma desarrollada por el Gral. Carcagno. Una de sus expresiones es el Operativo Dorrego, a través del cual la Juventud Peronista realiza tareas en común con el Ejército en la Provincia de Buenos Aires dirigidas a resolver problemas de la comunidad: instalación de puentes, recanalización de arroyos, construcción de caminos y escuelas, etc. De este operativo surge una estrecha relación entre el Gral. Carcagno y algunos dirigentes de Jotapé-Montoneros que resulta mal vista tanto desde el Ejército como desde el Partido Justicialista. Esto habría llevado a cierta desconfianza por parte del Presidente Perón que estalla en diciembre de 1973, cuando el Congreso le rechaza al Comandante en Jefe los ascensos que propone para varios coroneles, entre ellos, Jaime Cesio, considerado de tendencia “izquierdista”. El episodio culmina en la renuncia de Carcagno a la comandancia en Jefe, perdiendo así el frente nacional a uno de los pocos militares que compartían el proyecto de liberación que se intentaba desarrollar.
Retirado de la vida pública, Carcagno fallece en enero de 1983.

Norberto Galasso, Los Malditos, Tomo III, página 321
Ediciones Madres de Plaza de Mayo

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NICOLÁS CASULLO - (1944 – 2008)

Escritor, ensayista e investigador, nacido en Buenos Aires, en 1944. Incursionó desde joven en la novela, publicando en 1969 “Para hacer el amor en los parques” (reeditada en 2007). Luego, en 1984, lanza “El frutero de los ojos radiantes” y más tarde “La cátedra”.
Pero la investigación y el ensayo absorben cada vez más su interés, especialmente en el terreno de la cultura, la estética y la historia del arte, materias sobre la cual se desempeña como docente. Al mismo tiempo, asume un fuerte compromiso político que lo lleva a militar en el campo nacional donde aporta una reflexión profunda y crítica en el más alto nivel, en los años setenta. Integrante de esa juventud contestataria, no sólo aporta ideas sino que pone el cuerpo, lo cual queda atestiguado con un fuerte palazo en la cabeza que recibe en el ’73.
Su compromiso con los sectores ideológicamente más avanzados del peronismo lo conduce al exilio, al producirse el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Durante esa época de la dictadura genocida reside en Cuba, Venezuela y luego, recala en Méjico, en cuya Universidad Nacional Autónoma dicta clases, siendo también consultor de la Universidad de París. Tanto en la enseñanza como en revistas especializadas, Casullo va ganando un lugar importante como intelectual profundo, especialmente, por la originalidad de sus ensayos. Son numerosos sus aportes centrados en recuperar la memoria, historia y trayectoria de la lógica social, ideología y política, con una mirada fuertemente crítica hacia la globalización y desde una perspectiva dirigida hacia la liberación de nuestros países de América Latina.
A su regreso al país, se desempeña como Profesor titular e investigador en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Quilmes en las cátedras de “Historia de las ideas modernas” e “Historia del arte”. En esta época, su labor intelectual se torna más profunda y prolífica: en 1984 publica “La comunicación, la democracia difícil”, “El debate modernidad posmodernidad” (1988), “Viena del 900: la remoción de lo moderno” (1990) “Itinerarios de la modernidad” (1994) y “París 68: las escrituras y el olvido” (1998).
Por entonces se desempeña como Director de la Maestría de Comunicación y Cultura de la Universidad de Buenos Aires y es miembro de la Comisión de doctorado de la Facultad de Ciencias Sociales, al tiempo que dirige la revista “Pensamiento de los confines” (desde 1995). Su espíritu crítico, su independencia, así como la singularidad de sus reflexiones acerca de las cuestiones sociales y políticas lo colocan como uno de los intelectuales más importantes de su generación, pero la maquinaria que otorga prestigio y fama le es esquiva precisamente por su compromiso irrenunciable con la verdad y su militancia en la causa popular. En los medios académicos alcanza, no obstante reconocimiento, pero no así en el campo mediático. En 2004 publica “Pensar entre épocas y sobre la marcha”. Luego, en el 2007 “Las cuestiones” y en el 2008 “Peronismo. Militancia y crítica, 1973-2008”.
En esos años de búsqueda de la sociedad argentina, su opinión es requerida por revistas y periódicos y últimamente se había constituido en uno de los principales baluartes del grupo “Carta Abierta”, aportando sus análisis a nuevos fenómenos como el kirchnerismo al cual da su apoyo crítico, constituyéndose en una de las voces más importantes de este nucleamiento de intelectuales del campo nacional.
Lamentablemente, cuando más resultaba necesario su aporte al debate intelectual sobre las principales cuestiones de la Argentina, fue víctima de un cáncer de pulmón, a los 64 años, cuando era mucho todavía lo que tenía por darnos a sus compatriotas.
Falleció el jueves 9 de octubre del 2008.

NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN IV – PÁGINA 297
Ediciones Madres de Plaza de Mayo - Publicado en: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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NORA LAGOS – (1925-1975)

 

Nace en Buenos Aires, el 14 de febrero de 1925, en una familia de gran poder económico. Su padre, Carlos Lagos, director del diario “La Capital”, de Rosario (entre 1916 y 1940), era nieto de Ovidio Lagos, el fundador de ese importante periódico santafesino. Su madre, la francesa María Teresa Chauvin, se destacaba, según una lengua maldicente, por “perder fortunas en el casino de Mar del Plata”. En ese mundo de relaciones familiares aristocráticas, Nora cumplió inicialmente el destino de las muchachas de clase alta: “estudios secundarios, matrimonio con alguien del círculo social frecuentado y una rutina hogareña sin sobresaltos”. Pero hacia los veinte años de edad se fue apartando de las frivolidades y comenzó a cultivar un espíritu rebelde. En 1947, contrae matrimonio con Hugo Mascías, guionista cinematográfico conocido en el mundo del espectáculo como Hugo Mac Dougall, a través del cual Nora entabla amistad con figuras del cine y la radiofonía, como Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Amelia Bence, Zully Moreno y otros artistas.

El diario “La Capital” había apoyado abiertamente a la Unidad Democrática en 1946, siendo sus directivos de filiación conservadores. Pero en setiembre de 1953, Nora llega a la dirección de “La Capital” y cambia la posición política del diario. Su sobrino segundo, Ovidio Lagos, en el libro “Argentinos de raza” refiere que Nora “fue infectada por el virus del peronismo”, escandalizando a su familia y agrega: “Su sola mención, en mi familia, equivalía a evocar una Gorgona o a una Erinia”. “La Capital” apoya, desde entonces, la política del gobierno peronista. Su esposo –Mac Dougall- dirigía el suplemento cultural y ella no vacilaba en elogiar los actos del gobierno. En agosto de 1954, estrecha su acercamiento al poder cuando viaja en la comitiva que encabeza Perón, en un viaje al Paraguay destinado a devolver los trofeos de la Guerra de la Triple alianza.

En setiembre del 55, “cayó el gobierno de Perón –recuerda su pariente- y los primos de Nora recuperaron el diario. Al día siguiente, ella fue encarcelada por el gobierno de la Revolución Libertadora”.
Al poco tiempo, recuperó su libertad y allí comenzó su lucha, sumándose a “La resistencia”, a través de la publicación de un periódico semiclandestino llamado “La Argentina (justa, libre y soberana), que se repartía a través de la militancia. Fue detenida en varias oportunidades: “Salía un número a la calle, se lo cerraban y la metían presa”, señala el historiador Eduardo Zanella, pero no abandonó su lucha. A fines de diciembre de 1955, la revista “De Frente” denuncia con grandes titulares: “Nora Lagos ha desaparecido”. Ella había sido enviada al penal de Ushuaia, pero la bajan en Mar del Plata, donde permanece detenida un tiempo y luego va a una cárcel de la ciudad de Buenos Aires. Allí “fueron siete meses de soledad”, señala su sobrino. “Esa mujer de delantal gris, prácticamente incomunicada en una celda diminuta y a la que se le prohibía hasta leer, estuvo confinada por el mero hecho de ser peronista… Nora soportó todo, sin desfallecer, sin escándalos. Cuesta creer, a la luz de las décadas transcurridas, que un gobierno hubiera implementado semejante persecución… Fueron siete meses de soledad”.

Recuperada su libertad, Nora se separa de Mac Dougall y forma pareja con René Bertelli, militante del peronismo combativo. Al poco tiempo, logra publicar el diario “Soberanía” convertido en uno de los más importantes de esa época, en Rosario. En esa experiencia, obtiene el apoyo del dirigente Luis Sobrino Aranda, que luego giraría hacia el peronismo de derecha. La publicación de “Soberanía” le provoca una nueva detención, ahora en una cárcel clandestina de San Justo. Allí, hallándose embarazada, escuchaba los gritos de los torturados y pensaba obsesivamente en huir de esa ratonera. Lo logró sobornando a un guardia. Después va en busca de las dos hijas del primer matrimonio e intenta fugar del país, por la zona del litoral, a través de la selva. En esa travesía, se frustra su embarazo. Llegan por fin al Paraguay, donde permanece seis meses. A fines de 1957, regresa a la Argentina clandestinamente. Pero no amaina su espíritu rebelde y enfrenta no sólo a los enemigos del peronismo, sino también a los burócratas del movimiento. Tiene una posición votoblanquista “dura” y no la convencen de la necesidad de votar a Arturo Frondizi en las elecciones de febrero de 1958. Poco después, se separa de Bertelli, quien ingresa a las FAP. Ella, por su parte, es nuevamente detenida en 1962.

Recupera la libertad, Nora se convierte en una de las principales promotoras de una gran marcha que se organizó desde el Monumento, en Rosario, hasta el Cristo Redentor, para rendir homenaje a los fusilados de junio de 1956.
Su sobrino segundo sostiene que poco a poco fue abandonando la militancia y que hacia 1970, había instalado un pequeño negocito de artículos regionales en una galería rosarina. Algunos compañeros recuerdan, sin embargo, que el 20 de junio de 1973 Nora se vino sola desde Rosario para estar en la autopista y asistir al regreso de Perón. “Su hija –recuerda el pariente- todavía conserva un objeto de su madre, el único que sobrevivió a cárceles, fugas, exilios, pensiones y a las inevitables ventas para sobrevivir; un escudo peronista, bordeado de pequeños brillantes, que lo usaba como prendedor. Del resto, nada queda. Solo el recuerdo de la locura”. De esa “locura” que familiares y conocidos de la clase alta no habrían de justificar jamás. Así, cuando “La Capital” cumple los cien años de su fundación se exponen las fotografías de los diversos directores que ha tenido el diario, menos una: la de Nora, convertida en “maldita”.
Falleció el 23 de noviembre de 1975. Y el olvido cayó sobre ella.

N. Galasso y E. Langhi, Los Malditos, Tomo III, Pág. 355 
Ed. Madres de Plaza de Mayo - Publicado en: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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oscarbidegain

BIDEGAIN, OSCAR RAÚL (1905 - 1994)

 

Nació un 3 de setiembre de 1905, en Azul, provincia de Buenos Aires. Se graduó de Doctor en Medicina en 1927, especializándose en cirugía y clínica quirúrgica.
Luego del derrocamiento del gobierno popular de Hipólito Yrigoyen, se transforma en un férreo opositor a la política de entrega económica de la restauración conservadora. Participa políticamente aliado a diferentes sectores del nacionalismo popular. Con estos antecedentes podemos comprender su apoyo a la revolución del 4 de Junio de 1943.
En 1945 se incorpora al Partido Laborista acompañando fervorosamente la formula Perón-Quijano, que enfrentaría victoriosamente a la muy antinacional Unión Democrática.
En 1946, ingresa al Partido único de la Revolución, mas tarde denominado Partido Peronista. Funda en ese mismo año el Partido Peronista de Azul.
El 7 de marzo de 1948, es elegido Diputado Nacional por la provincia de Buenos Aires, para ocupar una banca durante el período 1948-1952.
Su labor legislativa fue prolífica en la tarea de la defensa de la soberanía nacional destacándose su lucha por la afirmación de la soberanía sobre el mar, la plataforma submarina hasta 200 millas y las Islas Malvinas y sus adyacencias. Desde la cámara baja, fue una clara voz defensora delo gobierno del Gral. Perón.

Amante del deporte, se consagró, en 1949, campeón mundial por equipos en la categoría revólver. También había sido campeón argentino de tiro en pistola libre y campeón de conjunto y recordación de maestros en Santiago de Chile.
En 1952, es reelecto como diputado nacional para cumplir el período 1952-1959. Durante el ataque antinacional del 16 de junio de 1955, se presentó –arma en mano- para colaborar con la defensa del gobierno popular de Perón.
Luego del golpe gorila del 16 de setiembre de 1955, Bidegain será encarcelado hasta el 26 de noviembre de 1957. En este período desarrollará una intensa labor militante en la Resistencia Peronista, el General Perón lo designa integrante del comando táctico nacional peronista.
Durante el período de la Resistencia Peronista sufrió varios atentados que no lo amedrentaron sino que fortalecieron su espíritu y compromiso de lucha junto a sus compañeros.
Desde fines de la década del 60 se volcó decididamente a la reorganización del peronismo en su ciudad natal.

El 11 de marzo de 1973 fue electo como gobernador de la provincia de Buenos Aires, siendo los ejes de su gestión la salud pública y la educación. Acosado por la derecha burocrática del Partido Justicialista y por las irracionales acciones armadas del ERP, debe renunciar a su cargo el 24 de enero de 1974. Tras la muerte del general Perón la Triple A lo condena a muerte.
Es uno de los principales animadores del Partido Peronista Auténtico en 1975 –que llega a tener 80.000 afiliados- desempeñándose como presidente del congreso nacional del partido. Tras la prohibición por decreto del P.E.N del Partido Peronista Auténtico es expulsado del Partido Justicialista.
Amenazado y perseguido por la dictadura militar debe exilarse para poder salvar su vida.
Desde este exilio fue una clara voz de denuncia contra los crímenes de la sangrienta dictadura militar. Sin embargo, durante la Guerra de Malvinas, se ofrece como combatiente, como médico o instructor de tiro. La dictadura ignora su pedido.

Luego de la recuperación de la democracia en nuestro país regresa, aunque brevemente, ya que al continuar las persecuciones debe marcharse nuevamente. Pesaba en su contra una orden de detención dictada el 21 de diciembre de 1983, por el juez procesista Siro de Martini. En 1989, luego de recibir el indulto presidencial, se radica definitivamente en su ciudad natal. En 1994, es declarado ciudadano ilustre de la provincia de Buenos Aires por decreto Nº 2632 del P.E.N. El 15 de diciembre de ese año, a los 89 años, fallece este notable militante, ejemplo de honestidad y coherencia al servicio de su patria y de su gente.

MARCO ROSELLI – LOS MALDITOS – VOLUMEN IV – PÁGINA 290 Ediciones Madres de Plaza de Mayo

Publicado en: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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aniballeal

ANÍBAL LEAL (1921-1997)

 

Nacido el 30 de octubre de 1921, fue un militante político de amplísima formación cultural, producto del autodidactismo. Conocedor de varios idiomas, sobrevivió él y su familia por sus trabajos de traducción, en la que era considerado entre los mejores.

Pero su gran vocación fue la política. En su juventud militó en el Partido Comunista, de donde fue expulsado por “desviaciones trotkistas”. A partir de allí tomó contacto con diversas agrupaciones trotkistas. En 1945, participó con Jorge Abelardo Ramos, Mercedes Bacal y Mauricio Prelooker en la revista “Octubre”, con fuertes críticas a la Unión Democrática pero sin alcanzar una correcta caracterización del peronismo.

Derrocado el gobierno de Perón, Leal publica “El Descamisado”, alcanzando notable receptividad en el sector obrero. Clausurado ese periódico, un oficial de inteligencia de la policía les propone la reapertura del mismo, pero con otro nombre. Leal, contaba con mucha gracia, que para dejar en descubierto el falso democratismo del policía, le propuso darle el nombre de “El Proletario” y que éste aprobó la propuesta. Poco después, se publicó en Avellaneda y Lanús “El Proletario”, nombre ajeno a la tradición de los trabajadores peronistas y resultó un fracaso total. Aníbal comprendió entonces la importancia, para un revolucionario, de conocer el nivel de conciencia y la tradición de lucha de los trabajadores, pues si Descamisado significaba mucho en el Gran Buenos Aires, Proletario no significaba nada.

Cáustico, inteligente, de sólida formación marxista, Leal se acercó en los últimos años a posiciones de Izquierda Nacional. Primero creó “FORJA OBRERA” y más tarde, la agrupación “El 45”, a la cual los militantes peronistas identificaban como el “El grupo del viejo Aníbal”, expresión de una izquierda nacional interna al movimiento popular.

Falleció en Buenos Aires, el 18 de julio de 1997. Su última humorada consistió –para vengarse del silenciamiento de que lo habían hecho víctima- en que los lectores de los más prestigiosos diarios y revistas se deleitaban elogiándose sus traducciones sin sospechar siquiera que provenía de un socialista revolucionario que se enorgullecía de ser discípulo de Trotsky. (N. Galasso, Los Malditos, Tomo III, pág. 360 - Ed. Madres de Plaza de Mayo)

Publicado en:pensamiento discepoleano

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