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18 DE JULIO DE 1972 -  EL ANIMANAZO

 
 
* EL CORRENTINAZO * EL PRIMER ROSARIAZO * EL SALTEÑAZO * EL PRIMER TUCUMANAZO * EL SEGUNDO TUCUMANAZO
* EL CORDOBAZO * EL GRITO DE ALCORTA * EL ROCAZO * EL ANIMANAZO * NAZARENO: LUCHÓ Y LE GANÓ AL PODER
* EL MADRYNAZO * EL SEGUNDO ROSARIAZO * EL TRELEWAZO * EL TAMPIERAZO * EL CATAMARQUEÑAZO
* EL SANTIAGUEÑAZO * EL SEGUNDO CORDOBAZO O "VIBORAZO" * EL OCAMPAZO * EL JUJEÑAZO * EL DEVOTAZO
 

ANIMANAZO: A 50 AÑOS DE UNA LUCHA QUE HIZO HISTORIA
Celebraciones y remembranzas en los Valles Calchaquíes
El reclamo viñatero en los albores de los años ‘70 fue parte de un engranaje que empujaba el cambio social.
Y la localidad de Animaná se convertirá en ícono de estas luchas.
Hoy, a 50 años de aquella gesta, la organización y la memoria continúan vigentes.

La noche del 18 de julio de 1972 no sería una noche más para el pueblo de Animaná. Los trabajadores de la bodega homónima llevaban seis meses sin cobrar sus salarios. Y todo el pueblo, directa o indirectamente, dependía de su funcionamiento.

El Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (SOEVA) llamó a una asamblea urgente, la cual terminó convirtiéndose en un reunión del pueblo entero. A los trabajadores de las fincas y la bodega, se le sumarían comerciantes y otros damnificados por el cese del pago de los salarios.

La asamblea soberana decidió aquella noche, tomar las instalaciones de la bodega en reclamo de la expropiación de la misma como forma de resguardo, al tiempo que otro grupo se encolumnó hacia la municipalidad, que fue ocupada a los pocos minutos. Por otra parte, una gran olla popular se organizaba ya entrada la madrugada. El pueblo estaba de pie.

Horas más, entrado el 19 de julio, Inocencio Ramírez, delegado del SOEVA de Animaná, será designado por la asamblea popular, como nuevo intendente. Los relatos hablan de una sola medida en su rauda gestión: establecer un impuesto de paso a cada vehículo que atravesara el pueblo, medida tomada a fin de conformar un fondo de lucha para comprar alimentos y sostener la olla popular.

La elección de un intendente en asamblea, el bloqueo de caminos y el cobro de un “peaje” como forma de solventar el alimento, y con ello paliar el atraso de seis meses en los salarios, hicieron de aquellas medidas una experiencia singular. El Animanazo, era un hecho.

Las luchas del pasado, las luchas del presente

Es posible evocar las luchas del pasado desde una mirada netamente histórica, sin embargo, al conversar con Nelsón Lopez, actual secretario general del SOEVA Cafayate, pueden tenderse puentes que vinculan la memoria y revitalizan las luchas de los trabajadores vitivinícolas en la actualidad.

“Soy originario de Cafayate y pienso morir en Cafayate”, comenta López como carta de presentación, quien lleva más de 10 años al frente del sindicato vallisto. “Nosotros estamos para defender los derechos del trabajador, y a mi siempre me interesó la gestión gremial, valorar los derechos del trabajador ante las dificultades que plantea la patronal. Siempre tuve ese pensamiento”.
Ahora tengo 52 años, así que cuando sucedió el Animanazo era muy chico. Sin embargo, fueron llegando los comentarios y uno se fue enterando de todo aquello que sucedió”, remarca el secretario general.

“En ese tiempo eran pocas fincas viñateras que habían acá, contadas con los dedos, y una de las principales fue Animaná. Hacía seis meses que no se le pagaban los salarios, que además eran muy bajos, salarios que realmente hacían padecer hambre a los compañeros trabajadores. Todas cosas que nos fuimos enterando por los comentarios que hemos recopilado”, remarca López en relación a la transmisión oral de los sucesos del año 1972, que se fueron regando por todos y cada uno de los pueblos cercanos, y familias de la zona.

Un espacio para recordar las luchas

Sin embargo, aquella memoria no quedaría solo en relatos, ya que desde el agrupamiento obrero comenzaron un arduo trabajo de investigación y puesta en valor alrededor de las luchas libradas en la región. “Una gente conocida, profesoras jubiladas de la UNSa (Universidad Nacional de Salta), se acercaron e hicieron un trabajo de recopilación de esos tiempos. Nos dimos con una historia, una memoria, que marca un hecho que ha perdurado en todo el país, un hecho que no fue ni más ni menos que el reclamo por un justo salario”.

Toda esa indagación entre trabajadores vitivinícolas y docentes universitarios, decantó en la idea de hacer un espacio/museo dentro del SOEVA de Cafayate. López comenta que “En el museo se ven las historias de lo que realmente pasó en esos tiempos. Todo esto está dicho por los protagonistas de ese tiempo. Es muy interesante ver qué es lo que dicen, qué es lo que pasó, lo que fueron las ollas populares, las protestas, como se organizaron”.

“A nosotros nos importa que todos los que estén interesados en este tema, vengan y sepan que es lo que realmente pasó en este tiempo. Es una forma de hacer memoria, es muy importante que se mantenga”, agrega Nelson López en relación al espacio especial que la memoria del Animanazo ocupa dentro de la casa obrera cafayateña.

A 50 años, memoria y presente

A las puertas de cumplirse medio siglo de la pueblada en Animaná, serán diversas las formas de celebrar y conmemorar el hecho histórico. “Vamos a tener distintas actividades. Habrá un gran locro gratuito para todos los que se acerquen, van a hacerse murales, e inclusive actores van a recrear el hecho haciendo una interpretación en plena Ruta 40 donde ha sido la manifestación. También tendremos conjuntos folclóricos que van a interpretar, entre otras, la canción de César Isella ‘Fuego de Animaná’”, comenta López.

El tema musical al que hace referencia, es el primer gran homenaje que se le realizó a la pueblada vallista. El salteño Cesar Isella, junto a su colega mendocino Armando Tejada Gómez, ambos integrantes del “Nuevo Cancionero”, un movimiento musical y literario que dejó una marca en la cultura latinoamericana con una mirada popular y de renovación, compusieron “Fuego en Animaná”, un himno a los pueblos libres.
Así versa uno de sus pasajes censurados por la dictadura militar:

“Ayer nomás ardió el pueblo
por la tierra y por el pan,
y la fogata en el valle
no estaba por solo estar”

Comentando las remembranzas referidas a la conmemoración, el secretario general del SOEVA agrega, “Queremos que sean protagonistas de estos actos por los 50 años, todos los obreros que hoy están trabajandoVamos también a entregar placas a los cinco protagonistas de ese tiempo que están vivos. Son personas grandes, y nosotros estamos muy orgullosos de esa gente. No queremos exigirlas, ni emocionarlas tanto, pero vamos a remarcar su lucha para que lo vean todos los trabajadores de las nuevas generaciones”.

Nelson López sabe que tendrá a su cargo ni mas ni menos que el 50 aniversario de un evento de gran repercusión en la historia de nuestro país. Es por esto que se toma un tiempo y reflexiona: “Hoy soy gremialista transitoriamente. Somos transitorios, porque estamos de turno nada más, pero quiero perdurar en la memoria de todos los trabajadores que hoy en día están trabajando, valorando los hechos que pasaron en otro tiempo. Hay que decir que también hubo tortura a los trabajadores en la dictadura, y eso ya no tiene que existir en nuestro país. Hoy hay muchas cosas que padecemos y que se emparentan con esos tiempos, y esto no puede ser, se tiene que valorar a los trabajadores, porque de los trabajadores nace realmente la riqueza de todo el país”.

En pocas horas Animaná volverá a encender la llama. Los actores recrearán, la fogata para la gran olla popular volverá a arder y los recuerdos brotarán sobre el asfalto de la ruta 40. La memoria estará presente, la lucha tendrá su lugar y el recuerdo, será una constante hacia el presente. (Facundo Sinatra Soukoyan, Página 12, 17/7/2022)

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1972 - EL ROCAZO

El Rocazo fue una insurrección popular realizada en la ciudad de General Roca, en la provincia de Río Negro que se inició el 4 de julio de 1972, sin una fecha clara de finalización. El estallido fue originado por la decisión del gobernante militar de facto de la provincia, general Roberto Requeijo, de crear un juzgado en la ciudad de Cipolletti, reduciendo así el departamento judicial de Roca. La decisión produjo una gran preocupación en todas las fuerzas vivas de la ciudad y el intendente Fermín Oreja convocó a una asamblea para tratar el tema, que se realizó el 3 de julio. Atemorizado por la cantidad de gente que asistió, el grado de malestar y una propuesta de realizar una huelga general, Oreja dio por terminada la asamblea y renunció. El hecho indignó a los asistentes, entre quienes se encontraban los profesionales, empresarios y políticos más influyentes de la ciudad. La Cámara de Agricultura Industria y Comercio (CAIC-GR) y el Colegio de Abogados de General Roca convocó entonces a una asamblea popular en el distinguido Club el Progreso, a la que asistió una enorme multitud representativa de todas las organizaciones políticas, profesionales, sindicales, estudiantiles y barriales de la ciudad. La asamblea decidió tomar la municipalidad vacante, hecho que logró luego de enfrentar a la policía. Una vez dentro de la municipalidad la asamblea designó una Comisión Provisoria integrada por un miembro de cada una de las organizaciones y partidos políticos y emitió el Decreto Nº 1, declarando que el pueblo de General Roca había “retomando su soberanía” y convocaba a la población a luchar por la destitución del gobernador militar Requeijo.

Las fuerzas militares rodearon la ciudad y pactaron con la Comisión Provisoria la entrega del edificio municipal, procediendo en los días siguientes a detener a los miembros de la Comisión Provisoria y los militantes que estaban organizando la pueblada. Fueron enviados más de 2.000 agentes de seguridad para controlar una ciudad de 30.000 habitantes. Pese a ello, la Comisión Provisoria siguió actuando en la clandestinidad y difundiendo sus instrucciones por una radio clandestina nombrada Roca Libre. La población respondió indignada ante las detenciones y la participación del interventor Requeijo, atacando a las fuerzas militares y policiales y construyendo barricadas. 

La escalada en los actos de violencia, obligó a los funcionarios nacionales de la dictadura a intervenir y negociar la libertad de todos los detenidos. El 9 de julio, Día de la Independencia Nacional, coordinada por la Comisión Provisoria, la población concurrió a los actos oficiales para dar -literalmente- la espalda al paso del desfile militar. Terminado el acto oficial la Comisión Provisoria realizó un acto alternativo, al que concurrieron más de 10.000 personas, virtualmente toda la población en condiciones de movilizarse de la ciudad, que finalizó en la plaza central arriando la bandera nacional que habían izado los militares, para volverla a izar, esta vez en nombre del pueblo.

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1912 -  "EL GRITO DE ALCORTA"

Durante una asamblea de pequeños y medianos arrendatarios rurales realizada en la Sociedad Italiana de Alcorta, unos 300 Agricultores encabezados por Francisco Bulzani comienzan una rebelión agraria que se extendió por toda la región pampeana.

El llamado Grito de Alcorta reclamaba la rebaja general de los arrendamientos y aparcerías, la entrega en las aparcerías del producto en parva o troje, como salga y contratos por un plazo mínimo de 3 años.

En la asamblea, el abogado Francisco Netri enfatizó que los chacareros debían "constituir su organización gremial autónoma", proceso que culminó el 15 de agosto, cuando en la Sociedad Italiana de Rosario se fundó las Federación Agraria Argentina.

Más de dos mil agricultores de Alcorta, Bigand, Bombal, Carreras, Firmat y San Urbano (Melincué) asistieron a la asamblea en el local de la Sociedad Italia de Socorro Mutuo e Instrucción el 25 de junio de 1912. Además de los colonos presentes, las delegaciones de las localidades vecinas acercaron petitorios firmados por dos mil colonos más.

"El aspecto era imponente, pues aquella gran masa de hombres acostumbrados a empuñar el arado, convertida en asamblea deliberante, causaba una impresión casi exótica y semejante en algo a la que producen en el ánimo del observador los grandes concursos populares en que se debaten cuestiones ideológicas, de índole política o doctrinaria, en pro del resurgimiento de las colectividades concientes de sus derechos" 
“La Capital”, 26 de junio de 1912.

Se inicia la asamblea en el edificio de la Sociedad Italia de Socorro Mutuo e Instrucción bajo la presidencia de Francisco Bulzani. Toma la palabra el joven de Bigand, Luis Fontana, y a continuación el Dr. Francisco Netri. Se discute el modelo de contrato que él había confeccionado: 

* Se pagará por arrendamiento el 25% del bruto de la cosecha, en parva y troja.

* Los señores propietarios cederán gratuitamente 6% de la tierra arrendada con destino a potrero o pastoreo.

* El colono pasará aviso a los señores propietarios cinco días antes de trillar o desgranar, quienes tendrán ocho días de plazo para retirar la parte que les corresponde por arrendamiento. Pasados los ocho días, el colono podrá disponer de la parte que le corresponda.

* El colono se obliga a destruir malezas y conservar en buen estado los edificios con alambrado, etc., de que se haga entrega, salvo el deterioro por el uso. En caso de ser invadida por la langosta, se compromete a combatirla.

* La falta de cumplimiento de cualquiera de estas cláusulas por una de las partes, autoriza a la otra a pedir su rescisión, haciéndola responsable de los daños y perjuicios.

* La duración de los contratos no podrá ser menor de tres años.

Este modelo de contrato se aprueba por unanimidad y además se aprueba la declaración de huelga general propuesta por Francisco Bulzani: 

“No hemos podido pagar nuestras deudas y el comercio, salvo algunas honrosas excepciones, nos niega la libreta. Seguimos ilusionados con una buena cosecha y ella ha llegado, pero continuamos en la miseria. Apenas si nos alcanza el dinero para pagarle al almacenero que nos viene surtiendo todo el año. Esto no puede continuar así. Debemos ponerle fin a tan triste como temeraria situación, caso contrario se producirá el éxodo campesino que debemos evitar a cualquier precio. Los propietarios se encuentran reacios a considerar nuestras reclamaciones y demandas. (…) Pero si hoy sonríen por nuestra protesta, puede que mañana se pongan serios cuando comprendan que la huelga es una realidad…”

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1969 - "EL CORDOBAZO"
("El mayo cordobés" que jaqueó la dictadura de Onganía)

Agustín Tosco, Atilio López y Elpidio Torres son los nombres de los dirigentes sindicales de la izquierda clasista y el peronismo que encabezaron la protesta obrero-estudiantil en la capital cordobesa y que devino en un estallido social que jaqueó a la dictadura cívico-militar de Onganía.

En mayo de 1969, el descontento popular contra el régimen militar, instaurado hacía tres años, cuando derrocó al presidente constitucional Arturo Illia, comenzó a manifestarse con huelgas y marchas en las ciudades más importantes del país.

Buenos Aires, Rosario, Tucumán y Corrientes eran los escenarios de movilizaciones obreras y estudiantiles que se suceden contra un gobierno que, además de conculcar las libertades públicas y ejercer una férrea censura, imponía una política de congelamiento de salarios de la mano de Adalbert Krieger Vasena, un ministro de Economía ligado a las corporaciones.

En respuesta al pedido de las cámaras empresariales, que se quejaban de "los altos costos laborales", Krieger Vasena resuelve derogar la Ley del "sábado inglés", una medida que establecía que cada hora trabajada después de las 13 de ese día debía pagarse doble.
El gobierno de Onganía tildó ese benefició de "inconstitucional" y lo suprimió.

En Córdoba, que por esos años era el centro de la industria automotriz y metalmecánica, el rechazó a la medida fue generalizado entre los 150 mil trabajadores sindicalizados.
Desde 1967, la CGT se encontraba dividida en dos: la Azopardo, liderada por el metalúrgico Augusto Vandor, de una tendencia dialogista, y la de los Argentinos, conducida por el gráfico Raimundo Ongaro, opuesta abiertamente al régimen.

No obstante, en Córdoba, donde también persistía la división del movimiento obrero, se alcanzó rápidamente un acuerdo entre las dos centrales frente a la necesidad de oponerse a la eliminación del "sábado inglés".

De esta forma, Agustín Tosco -dirigente de Luz y Fuerza enrolado en la izquierda clasista y referente de la CGT de los Argentinos- acordó junto con Elpidio Torres (Smata) y Atilio López (UTA) -ambos de extracción peronista- la realización de un plan de lucha.

El viernes 16 de mayo, los trabajadores realizaron un paro por 24 horas con alto acatamiento, y la respuesta del gobernador de facto, Carlos Caballero, consistió en decretar un aumento para la Policía.

Mientras tanto, en el barrio cordobés de Clínicas, donde residían buena parte de los estudiantes que cursaban en la Universidad Nacional de Córdoba, se realizaban asambleas y manifestaciones en respaldo a las reivindicaciones obreras.

En un plenario, celebrado el miércoles 21, los dirigentes gremiales redoblaron la apuesta y convocaron a un paro activo de 37 horas que se iniciaría a las 11 del jueves 29.
La idea era desafiar al gobierno con una gran demostración de fuerza; una manifestación numerosa que surgiera desde el cordón industrial y llegara al centro de la capital cordobesa.

Esa mañana de jueves, Córdoba capital amaneció sitiada por la Policía, que se apostó sobre los puentes ubicados sobre el Río Suquía con la intención de evitar que la movilización llegara al corazón administrativo y político de la provincia.
A las 11, la ciudad estaba llena de manifestantes que llegaban desde los barrios de Santa Isabel, Villa Revol, Ferreyra, La Calera, Alta Córdoba y Alberdi, en tanto que, desde Clínicas, marchaban los estudiantes.

Los primeros choques se dieron en torno a los puentes sobre la cañada del Suquía, y, cerca de las 13, la policía no pudo contener a los movilizados, que a pesar de los gases lacrimógenos y las ráfagas de FAL, rebasaron los bloqueos.

La Policía quedó desbordada, sin municiones, se replegó en medio de una ciudad que quedaba literalmente en manos de una movilización obrera que comenzaba a ejercer un espontáneo control popular con barricadas y piquetes sobre las principales calles.

El gobernador, desesperado, llamó a Buenos Aires para pedir ayuda y Onganía le ordenó al Tercer Cuerpo de Ejército retomar el control de una capital mediterránea que era sobrevolada por aviones de la Fuerza Aérea.

"Soldado, no tirés contra el pueblo", podía leerse en algunos carteles armados de forma improvisada ante el avance de los efectivos militares que se desplegaban en el atardecer.

Si bien el Ejército evitó el combate nocturno, retomó barrio por barrio el control de Córdoba en las primeras horas de la mañana del 30, mientras dispersaba a los últimos grupos de manifestantes.

Tosco fue detenido en la sede de Luz y Fuerza y se lo sometió a un Consejo de Guerra que lo condenó a 8 años de prisión, al igual que Torres, López y otros dirigentes.
Sin embargo, tras 17 meses de prisión, todos los dirigentes detenidos recuperaron la libertad y volvieron a Córdoba para retomar la actividad sindical.
El líder de Luz y Fuerza, en cambio, retornaría a la cárcel dos años después como consecuencia de `El Vivorazo`, otra multitudinaria protesta obrera que conmovió a la provincia.

Aunque nunca se supo con certeza, se estima que el "Cordobazo" dejó más de 30 muertos y varios centenares de heridos.
En términos políticos, la consecuencia inmediata significó la pérdida de legitimidad de Onganía, que se manifestó con la renuncia de Krieger Vasena el 4 de junio.

Un año después del "Cordobazo", la organización Montoneros secuestraba y ejecutaba al ex dictador Pedro Eugenio Aramburu, quien en 1956 había ordenado los fusilamientos de los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, y el asesinato de militantes peronistas en José León Suárez.

Ese hecho desencadenó, en junio de 1970, la caída de Onganía en el contexto de un golpe propiciado por el entonces jefe del Ejército, Alejandro Lanusse, que designaba como presidente al general Roberto Levingston.

"El Cordobazo" constituyó el comienzo de una etapa de movilización popular que se prolongó hasta mediados de la década de los `70, y que determinó que muchos jóvenes abrazaran la causa de la revolución, en un tiempo en el que parecía que el cielo podía tomarse por asalto.

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1969 - EL PRIMER TUCUMANAZO

Se conoce como Tucumanazo a cada una de las tres puebladas insurreccionales ocurridas en la ciudad de San Miguel de Tucumán, capital de la Provincia de Tucumán en la región noroeste (NOA) de Argentina, entre 1969 y 1972. Los tres tucumanazos formaron parte de otras puebladas que sucedieron durante la dictadura militar conocidas como Revolución Argentina: rosariazo, cordobazo, mendozazo, etc.
En Tucumán, la industria azucarera había sido duramente golpeada por una serie de decisiones económicas que favorecieron la concentración en grandes empresas en detrimento de los pequeños productores y los obreros.

En mayo de 1969 paralelo al Cordobazo, tuvo lugar la primera revuelta, solidarizándose con la lucha nacional. El 19 de marzo de 1969 se produjo una gran manifestación en defensa de un ingenio azucarero en Villa Quinteros, sin resultado; el 14 de mayo, obreros de otro ingenio que estaba siendo desmantelado sin pagar sueldos adeudados ocuparon la fábrica, y en los días siguientes se produjeron disturbios en San Miguel de Tucumán, en lo que se conoció como el primer Tucumanazo.

Este primer tucumanazo es el de las luchas llevadas a cabo durante el año 1969, culminando esa primera etapa con los enfrentamientos urbanos y rurales que coinciden, cronológicamente con el Cordobazo, en Mayo de 1969

En Tucumán cada uno de los momentos de la lucha, estuvo signado por una profundización de las diferencias de clase y quienes participaron en los enfrentamientos eran sectores proletarios, estudiantes de clases medias y medias bajas, y si bien parte de la población de la capital provinciana acompañó cada protesta callejera, nunca se involucró más allá del apoyo. De hecho los estudiantes y obreros enfrentaron como en un campo de batalla a las fuerzas del régimen con los elementos que tenían a mano.

En Tucumán, desconocer la crisis provocada por el cierre de los ingenios azucareros es desconocer cuáles fueron los reales motivos de alzamiento de los trabajadores tucumanos. El movimiento que fue cobrando conciencia, contribuyó en parte también a la solidaridad de clases en las manifestaciones estudiantiles. Los testimonios de la época hablan de una “alianza” obrero estudiantil, que aunque tuviera matices, sirvió para fortalecer uno y otro movimiento. Falta, desde ya, una profundización en el estudio del periodo en cuestión, pero lo que sí queda claro, es que el papel jugado por los trabajadores de los ingenios cerrados fue clave a la hora de definir la lucha de calles en los 70 en Tucumán. Villa Quinteros es solo un ejemplo de lo que los historiadores locales deberíamos emprender como tarea antes que se diluyan las fuentes en el olvido y antes que perdamos la posibilidad de registrar el testimonio de aquellos que dejaron parte de su vida en las puebladas. Lo que la última dictadura militar junto a la larga transición vigilada, intentaron ocultar o tergiversar, en cuanto a la narración del pasado, contrasta cuando uno transita hoy las calles de localidades como Villa Quinteros. Es posible observar en alguno de estos pueblos, el esqueleto de un ingenio derruido por el paso del tiempo y ver a hombres de entre 55 y 65 años en estado de ebriedad, apostados a la vera de las vías del extinto ferrocarril y presumir que la vida se ha desdibujado desde el cierre de la fábrica. Como historiadores comprometidos con el cambio social estas imágenes deben hacernos tomar conciencia que la historia escrita con sangre hace más de 40 años, nos reclama su registro para poder comprender el presente de crisis estructural permanente y poder contribuir verdaderamente con el cambio proclamado.

Historiadores (académicos o no) y otros intelectuales que niegan esta historia no solo no contribuyen al debate de lo que fue Tucumán en los 60 / 70, sino que desvían el foco de atención a una agenda que debería estar centrada en las luchas obreras de aquellos años. Una historia de la destrucción de la provincia que deja afuera al movimiento obrero será siempre una historia a medias pues no se pueden comprender una cantidad de cuestiones si no se aborda con seriedad el complejo proceso de desarticulación social sufrido durante los años del onganiato y la respuesta que se dio la propia sociedad afectada.

Este trabajo es apenas un aporte pequeño a la comprensión de aquel proceso iniciado con la dictadura de Onganía en junio de 1966 y que tuvo, entre sus principales “víctimas” a los pueblos de los ingenios azucareros de Tucumán. La respuesta de los trabajadores y de los pobladores en general merece ser considerada de otro modo a cómo lo sugiere la historiografía porteño – céntrica, pero además, requiere de un estudio serio que incluya las voces de la clase trabajadora como principal afectada y como principal protagonista de una historia de luchas.

(Párrafos de esta crónica pertenecen a una extensa nota del historiador tucumano rubén Kotler, publicada en el portal de la Agencia de Noticias de la CTA autónoma el día 30 de mayo de 2015)

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EL DEVOTAZO
Nombre con el que se conoce la manifestación que se realizó en Buenos Aires,  el 25 de mayo de 1973, día en que asumió la presidencia Héctor J. Cámpora pidiendo la liberación de los presos políticos encarcelados durante el régimen de Onganía.

En las elecciones del 11 de marzo de 1973 Cámpora había resultado ganador como candidato del Frente Justicialista de Liberación Nacional, un frente liderado por el Partido Justicialista, con casi el 50 % de los votos emitidos y una de sus propuestas, era la aprobación de una amnistía amplia para los delitos cometidos por "móviles políticos, sociales, gremiales o estudiantiles". La cuestión de los presos políticos había sido uno de los ejes de campaña del presidente electo, tal así que en su primer discurso presidencial anuncia el proyecto de ley para otorgar el indulto a los presos políticos.

El día de la asunción, militantes de las organizaciones guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias, Fuerzas Armadas Peronistas, Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros concurrieron masivamente al acto de la Plaza de Mayo y luego se desplazaron hacia la cárcel de Villa Devoto, a la que rodearon y comenzaron a presionar sobre las puertas.

La idea del gobierno era remitir un proyecto de ley de amnistía para su tratamiento inmediato por el Congreso Nacional, para no exponer tanto al recientemente ungido presidente (el indulto es facultativo del Presidente de la Nación, en tanto que la amnistía es facultativa del Congreso). La situación se tornó caótica por la presión popular y una virtual toma de las instalaciones por simpatizantes del ERP, FAP, Montoneros etc. Esteban Righi, que había asumido ese día como Ministro del Interior se negaba a reprimir a los manifestantes, por lo que alrededor de las 9 de la noche se ordenó la liberación inmediata de los presos políticos que allí se encontraban, realizando apresuradamente una lista de los que consideraban iban a ser beneficiados por la amnistía proyectada. No obstante ello, luego de la salida de los presos un grupo de manifestantes de izquierda persistió en permanecer en el lugar aduciendo que todavía quedaban presos sin liberar, hasta que la policía trató de expulsarlos con gases lacrimógenos. En esas circunstancias se produjo un tiroteo de resultas del cual murieron Carlos Miguel Sfeir y Oscar Horacio Lysak.

Entre los fugados ilegalmente estaba François Chiappe, mafioso nacido en Córcega, que salió por la puerta de Devoto con los militantes revolucionarios liberados sin que nadie se lo impida. No figuraba en la lista de liberados elaborada por el Ministerio del Interior, pero sí aparecía en la preparada por el Servicio Penitenciario Federal. (Wiki)

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1969 - “EL SALTEÑAZO”

En mayo de 1969, se desarrollaron en Salta una de las semanas menos conocidas y más intensas de su historia de enfrentamientos sociales. Sin entrar a relatar la larga historia de lucha de la clase obrera salteña (jalonada por las resonantes huelgas de 1949, 1959, o 1965), detengámonos en los primeros meses del 1969, cuando diferentes gremios comienzan a denunciar la política salarial del gobierno: la Asociación de Empleados y Obreros de la Administración Pública, inicia el año con la “Marcha de Hambre”, una de las primeras manifestaciones contra el gobierno de Onganía en el país. Meses después, se manifestaban los obreros metalúrgicos en rechazo a la aplicación de las “quitas zonales” (significaba salarios inferiores en las industrias metalúrgicas del interior). En abril, todos se sumaban a las movilizaciones en repudio por el asesinato de los estudiantes - obreros Juan José Cabral, Adolfo Bello y Norberto Blanco, participantes de las manifestaciones en Rosario y Corrientes.

Ese caldo de represión y reivindicaciones desatendidas hizo estallar a la ciudad de Salta el 21 de mayo. El enfrentamiento, iniciado por una “huelga estudiantil”, abarcó todo el centro de la ciudad, convertido en esos días, según la prensa de la época, en un “campo de batalla”.

A primera hora del 21 de mayo, luego de clausurar con poxipol las entradas del Colegio Nacional para hacer efectiva la adhesión a la huelga, los estudiantes iniciaron una marcha por Av. Belgrano. Mientras, la Escuela Normal era tomada por sus estudiantes y otros salían por las ventanas para participar de las movilizaciones. Cientos de manifestantes provenientes del Nacional, la Plaza 9 de Julio y la Normal, marcharon para encontrarse, previa provisión de proyectiles en forma de naranjas de los árboles de la Plaza Güemes. Ya unidas las columnas, recorrieron todo el centro, escuela por escuela, reagrupando estudiantes y sorteando a la infantería, los camiones de asalto, los lanzagases y las armas largas. Al mediodía, lograron llegar a la Casa de Gobierno, donde reclamaron la renuncia del gobierno interventor de Rovaletti.

Desde las tres de la tarde, los manifestantes volvieron a concentrarse en distintas esquinas céntricas, pero esta vez, se vieron envueltos en una verdadera batalla que enfrentaron con tal organización que lograron encerrar a grupos policiales listos para reprimir pero sin más salida que huir en autos particulares o corriendo. Las barricadas se multiplicaban acá y allá, las bombas lacrimógenas se acabaron y las esquinas de la plaza central eran controladas por los manifestantes: el centro quedó en sus manos.

Más tarde, una misa en la Iglesia San Francisco por los estudiantes correntinos y rosarinos asesinados, marcó una breve tregua. Pero a su término, ya al anochecer, una marcha de antorchas de mil quinientos manifestantes avanzaba de nuevo por la ciudad. Entre la policía rearmada, el humo, los autos y bancos de la plaza volcados como barricadas, el gas, el fuego de las antorchas y varios manifestantes heridos, la ciudad apareció como un campo de batalla. Casi al finalizar la jornada, dos grupos de manifestantes decidieron encolumnarse hacia el Club 20 de Febrero, símbolo del poder en Salta, donde se encontraba reunido el gobernador. Por poco fue tomado, y el espanto de los asistentes a la recepción sólo se aplacó con la irrupción de la policía federal. 

Luego de tres días de tensión, los enfrentamientos finalizaron, el domingo 25, con un acto obrero-estudiantil bajo la consigna: “Universidad y gobierno para el pueblo”. Cuatro días después estallaba el Cordobazo en repudio a la supresión del “sábado inglés”, a las quitas zonales y al asesinato de los estudiantes y obreros.

Tanto los hechos de Salta como los de Córdoba representaron insurrecciones resultado de una  acumulación de luchas, y de la solidaridad y organización de las clases explotadas. Marcaron la apertura de un ciclo histórico donde comienza a experimentarse su acción independiente respecto del peronismo, partido que ha funcionado históricamente como institucionalizador de los conflictos, como movimiento nacionalista burgués que es. Este ciclo comenzó a cerrarse en 1973, cuando Perón volvió al poder, e inició el descabezamiento y represión de las organizaciones de izquierda, de esa generación de luchadores que había surgido en 1969 concientes de que el problema era Quién debía gobernar: conscientes del problema del poder.

El planteo no fue exclusivo de los que protagonizaron estas insurrecciones, sino que correspondió a una situación internacional. Ese mismo año tenía lugar el “verano caliente” italiano, un año antes había estallado el “Mayo Francés”, y en EE.UU. las manifestaciones en contra de la guerra de Vietnam tomaban forma violenta. En México, el ejército asesinaba en la plaza Tlatelolco a cientos de estudiantes y docentes que protestaban contra el recorte de la autonomía universitaria. En Praga, la “primavera”, y en Bolivia, la guerrilla del Che. Para el reconocido historiador inglés Eric Hobsbawm, fue el período histórico, junto a la “primavera de los pueblos” de 1848, durante el que más cerca estuvimos de la Revolución Mundial.

Y Salta no estuvo ausente.

Lic. Alejandra Soler y Esp. Carlos Abrahan

Docentes e Investigadores Independientes

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1969 - “EL  PRIMER ROSARIAZO”

El 16 de mayo, a causa de la inquietud producida por el repudio a los sucesos de Corrientes en la Facultad de Medicina, el rector de la Universidad Nacional de Rosario decidió la suspensión de las actividades durante tres días. Los estudiantes se congregaron en el Comedor Universitario, desde donde marcharon por el centro de la ciudad. Mientras tanto, desde la Capital Federal se anunció que se habían despachado refuerzos policiales a Corrientes y que la Gendarmería Nacional de Formosa estaba acuartelada en previsión de acontecimientos similares.

Al día siguiente, un grupo de unos 400 estudiantes se reunió nuevamente frente al Comedor Universitario, lanzando volantes y haciendo estallar artefactos de estruendo. La policía reprimió la manifestación que coreaba "Acción, acción, acción para la liberación". Un periodista describió así los eventos:

“Un grupo de estudiantes, perseguidos por la policía, corre por la calle Corrientes hacia el sur y dobla por Córdoba, desde Entre Ríos aparecen más policías disparando sus armas. Los estudiantes y decenas de sorprendidos transeúntes quedan encerrados... Algunos estudiantes junto a una docena de paseantes —incluidos varios niños— ingresan a la Galería Melipal. El lugar tiene una sola boca de entrada y salida, por lo que otra vez quedan atrapados a merced de los guardias.

Los agentes ingresan al edificio y reanudan la golpiza. Entre los policías se encuentra el oficial inspector Juan Agustín Lezcano, un ex empleado de la boite Franz y Fritz. La gente trata de evitar como puede la lluvia de golpes: se escuchan súplicas, llantos y alaridos. En medio de la confusión suena un disparo. Cuando la policía se repliega queda en el suelo, junto a la escalera que lleva a los pisos superiores, el cuerpo de Adolfo Bello con la cara ensangrentada.”

El estudiante Adolfo Bello murió pocas horas más tarde. El ministro del Interior, Guillermo Borda, atribuyó la responsabilidad de los hechos a la actividad política y gremial de la izquierda. La Confederación General del Trabajo de los Argentinos decretó el estado de alerta y citó a un plenario para el 20; mientras tanto, organizaba una olla popular para suplir el comedor, que había sido cerrado por orden de la autoridad. Las manifestaciones cobrarían cada vez más intensidad en los días siguientes.

El 20 de mayo, los estudiantes rosarinos anunciaron un paro nacional. Medidas similares tuvieron lugar en otras provincias: en Córdoba se realizó una marcha del silencio, en Corrientes, los docentes pidieron la destitución de las autoridades universitarias y en Mendoza se dispuso un paro de actividades y una marcha del silencio.

El 21 de mayo, las agrupaciones estudiantiles universitarias y de enseñanzas secundarias de Rosario y la CGTA convocaron a una nueva marcha de protesta, que partiría desde la olla popular instalada frente al local de la CGTA. Raimundo Ongaro fue uno de los oradores en la asamblea previa. Las fuerzas de seguridad, mientras tanto, acordonaron la zona con fuerzas de infantería, caballería y vehículos blindados, instando a los manifestantes a disolver la concentración. Pese al operativo de seguridad se congregaron más de 4.000 personas. Cuando iniciaron la movilización fueron reprimidos con gases lacrimógenos y fuerza física por la policía. El enfrentamiento devino campal, montándose barricadas en las calles y encendiéndose hogueras. Durante horas la policía intentó contener a los manifestantes, pero finalmente debió retirarse. Los manifestantes intentaron brevemente tomar la Jefatura de Policía, pero renunciaron a la idea y ocuparon el rectorado de la Universidad y la sede de transmisión de LT8 Radio Rosario en la cual participó el "trucha" Vanrell. Un balazo policial abatió al obrero y estudiante Luis Norberto Blanco, de 15 años. Las fuerzas de seguridad atacaron también al médico que lo asistía y el joven murió pocos minutos más tarde.

Desde la madrugada del 22, Rosario fue declarada zona de emergencia bajo jurisdicción militar. El general Roberto Fonseca quedó al frente del gobierno. Entre patrullas de gendarmería, 89 personas fueron detenidas como consecuencia de la marcha. El 23, un grupo de 38 sindicatos dispuso la realización de un masivo paro industrial. Junto con una declaración de los sectores de la Iglesia más afines a los grupos obreros, la huelga fue un duro revés para el gobierno. Más de 7.000 personas acompañaron al féretro de Blanco en su procesión hacia el cementerio y los obreros de la Unión Ferroviaria, que había adherido al paro, se manifestaron contra la suspensión de los delegados que tomaron la medida. El conflicto en los ferrocarriles sería agudo y desembocaría directamente en el Segundo Rosariazo pocos meses más tarde. Mientras tanto, la oposición al gobierno se materializaba en la negativa de numerosos eclesiásticos a celebrar el Te Deum del 25 de mayo y pocos días más tarde en la insurrección del Cordobazo, seguido de un paro nacional. Cuando el 20 de junio el general Onganía visitó el rosarino Monumento a la Bandera, la CGT lo declaró persona non grata.

Para reproducir citar la fuente Pensamiento Discepoleano

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1969 -  “EL CORRENTINAZO”

El Correntinazo fue un movimiento de protesta, que incluyó manifestaciones y huelgas realizadas en la ciudad de Corrientes, Argentina. Se produjo en un clima de tensión generalizada contra el gobierno militar de facto liderado por Juan Carlos Onganía.

En la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) el interventor ordenó la disolución de los centros de estudiantes y anunció un aumento del 500% en los precios del comedor universitario. Inmediatamente los estudiantes universitarios protestaron.

A comienzos de 1969 la Federación Universitaria del Nordeste (FUNE), perteneciente a la Federación Universitaria Argentina, con el apoyo de todas la agrupaciones estudiantiles declaró la huelga universitaria para reclamar contra el cierre del comedor universitario, impidiendo el inicio de las clases.

La reacción popular hizo que el gobernador y el jefe de policía huyeran de la Casa de Gobierno y de la Jefatura de Policía. Los efectivos policiales ya no querían salir a reprimir, porque los vecinos les tiraban de los techos, piedras, agua caliente y todo lo que tenían a mano.

En poco tiempo las protestas estudiantiles contaron con el apoyo del movimiento sindical encabezado por la CGT, los docentes, los estudiantes secundarios, la Iglesia Católica a través del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y en general por la población tanto de Corrientes como de Resistencia, capital de la provincia del Chaco ubicada del otro lado del río Paraná.

Corrientes era un hervidero. Los estudiantes manifestaban todos los días en defensa del comedor universitario.
La población se solidarizaba con los universitarios abriendo las puertas de sus casas para que eludieran la represión policial. A instancia de los sindicatos de SMATA, Gráficos, Panaderos, dirigidos por "Patita" Ramírez Barrios la CGT de la calle Yrigoyen abrió sus puertas para que funcionara el comedor popular que daba de comer a centenares de estudiantes y carenciados de los barrios más pobres.

El día 15 de mayo de 1969 la FUNE, organizada como Coordinadora Estudiantil de Lucha, convocó a una marcha al rectorado. La marcha contra el rector Carlos Walker fue violentamente reprimida. Luego del mediodía, un grupo se reagrupó en la Plaza Sargento Cabral donde fueron interceptados por un automóvil de la policía que abrió fuego directamente contra los estudiantes, resultando muerto Juan José Cabral y varios heridos.

Esta lucha estudiantil logró que no se privatice el comedor de la UNNE y dos años después, en 1971, se consiguió derogar el ingreso eliminatorio en la Facultad de Medicina.
Luego, una semana después, los estudiantes rosarinos protestaron contra esas medidas, durante el denominado Rosariazo llevando a que el gobierno militar declarara la zona en emergencia y ordenara la imposición de la jurisdicción militar. Más tarde estos hechos desembocarían en el denominado Cordobazo del 29 de mayo de 1969.

Cielito cielo que sí
cielo del sesenta y nueve
con el arriba nervioso
y el abajo que se mueve

Párrafo de “Cielo del 69” de Mario Benedetti

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LAS PUEBLADAS EN ARGENTINA: 1971 - EL JUJEÑAZO, UNA OLVIDADA REBELIÓN OBRERA Y POPULAR

Las puebladas en Argentina entre 1969 y 1972 fueron una serie de insurrecciones populares sucedidas en ese lapso en varias ciudades del llamado "interior" argentino, todas ellas conocidas con denominaciones terminadas con el sufijo aumentativo azo, razón por la cual se las conoce también como "el ciclo de azos". Argentina estaba por entonces bajo una dictadura autodenominada Revolución Argentina, promovida por Estados Unidos bajo la influencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional, en el marco de la Guerra Fría. Una de las primeras medidas de la Revolución Argentina fue abolir los partidos políticos con el fin de instalar un régimen autoritario permanente, hecho que eliminó la actividad política y desencadenó una multiplicidad de acciones insurreccionales, entre ellos las puebladas que caracterizaron el período.

Las principales puebladas insurreccionales sucedidas entre 1969 y 1972 fueron: el Ocampazo (enero-abril de 1969), el Correntinazo (mayo de 1969), el primer Rosariazo (mayo de 1969), el Salteñazo (mayo de 1969), el primer Cordobazo (mayo de 1969), el primer Tucumanazo (mayo de 1969), el segundo Rosariazo (septiembre de 1969), el Cipoletazo (septiembre-octubre de 1969), el Choconazo (febrero-marzo 1970), el segundo tucumanazo (noviembre de 1970), el Catamarqueñazo (noviembre de 1970), el segundo Cordobazo o Viborazo (marzo de 1971), el Casildazo (marzo de 1971), el Jujeñazo (abril de 1971), el Rawsonazo (marzo de 1972), el Mendozazo (abril de 1972), el Quintazo (junio de 1972), el Rocazo (julio de 1972), el Animanazo (julio de 1972) y el Trelewazo (octubre de 1972).​

El portal La Historia en disputa, relata así los acontecimientos.
Todo comenzó el 19 de Marzo de 1971, cuando se realizó una concentración en Plaza Belgrano de la llamada Comisión Coordinadora de Resistencia a la Carestía de la Vida que, a pesar de no estar autorizada por el gobierno provincial, se llevó adelante y terminó siendo disuelta por la policía

Dicha Comisión había sido conformada por la dirigencia de AJEOP (Asociación Jujeña de Empleados y Obreros Provinciales) y centros vecinales
La crisis económica provincial con sus aumentos irrefrenables de precios en productos de primera necesidad hizo que el entonces Gobernador de la Provincia (Julio César Aranguren), viajara a Buenos Aires a solicitar auxilio financiero y regresara con la orden de establecer un control de precios. Esto no fue posible debido a que la empresa de colectivos COTAJ (Cooperativa de Transporte Automotor Jujuy-única en la ciudad), dispusiera una suba desmedida en el precio del pasaje en el transporte público, autorizada por el intendente capitalino Dr. Bernis, y que despertó las iras de la Comisión. Las intervenciones, tanto del gobierno provincial como del municipio, posibilitaron que la empresa redujera el aumento pero la situación no mejoró.

Ante la falta de soluciones por parte del Gobierno Provincial y el agravamiento de los padecimientos económicos de los trabajadores, las dirigencias de AJEOP y ADEP (Asociación de Educadores Provinciales- que había declarado un paro), junto con la Comisión, deciden la realización de una nueva concentración el día 21 de abril en Plaza Belgrano, que había sido prohibido por el Gobernador Aranguren. De todos modos, se realiza, y es entonces que la Policía Provincial carga contra ella con inusitada violencia.

Se produjeron enfrentamientos entre las fuerzas policiales y los manifestantes que tuvieron como epicentro las principales calles céntricas de la ciudad: Lavalle, Necochea, Otero, Puente Lavalle, en choques en donde los contendientes se alternaban en el retroceso y avance durante las refriegas. Las columnas de la Comisión retrocedieron y se hicieron fuertes en la Terminal de Omnibus pero no pudieron contener el embate policial y se trasladaron a las alturas del Barrio Mariano Moreno en donde serían finalmente dispersados y arrestados sus principales dirigentes.

Así terminaría una de las jornadas de protesta popular más violentas de la la historia jujeña del siglo XX, producto no sólo de un movimiento espontáneo y circunstancial contra la crisis económica sino también la confluencia de reivindicaciones sociales y políticas que hicieron eclosión en aquella jornada, con más de cien detenidos y dos muertos. Al respecto, es interesante destacar que entre los participantes del jujeñazo se encontraban no sólo trabajadores sino también militantes de izquierda, estudiantes de colegios secundarios nocturnos y gente común. Entre los dirigentes sindicales que encabezaron el “jujeñazo”, es preciso mencionar a Avelino Bazan y Máximo Tell quienes serían desaparecidos, años más tarde, durante el golpe militar de 1976. En éste punto, vale recordar que el padre de quien escribe estas líneas, y que ya no se encuentra entre nosotros, el señor Teolindo Valdez, un humilde dirigente de AJEOP relataba, con una mezcla de entusiasmo y orgullo, a su pequeño hijo, las distintas peripecias por las que atravesó en la refriega: corridas por el Puente Lavalle; el transporte de bolsas, desde los talleres de la Dirección de Arquitectura, conteniendo bolillones de acero que eran desparramados en la calle para evitar las cargas de la Policía Montada; otras corridas por la playa del Río Chico en busca de piedras; la solidaridad de los vecinos del Barrio Mariano Moreno que hasta llegaron a ocultar a algunos de ellos para salvarlos de la detención…en fin, anécdotas que quedaron en la memoria y que hoy, junto con los hechos documentados, deben ser expuestos a la luz como un ejemplo de lucha popular.

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Estudiantes en plena protesta en San Salvador de Jujuy. abril-mayo de 1971

 

1969 - “EL OCAMPAZO” 

El “Ocampazo” fue una importante revuelta social sucedida en el año 1969 en la ciudad de Villa Ocampo, Santa Fe. Se trató de una huelga obrera que derivó en una pueblada en defensa de la histórica y principal fuente de trabajo de la ciudad, el Ingenio Arno, el cual, afectado por las medidas económicas de la dictadura de Juan Carlos Onganía, anunciaba su cierre definitivo. Es considerado como el primero de todos los movimientos insurreccionales del año 1969 en contra de Onganía, entre los que cabe mencionar a otros de los más importantes como como el Correntinazo (15 de mayo de 1969), el 1º Rosariazo (21 de mayo de 1969), el Cordobazo (29 de mayo de 1969) y el 2º Rosariazo (16 de setiembre de 1969).

La situación de Villa Ocampo

Ya en abril de 1968, la crisis de la industria del azúcar afectó directamente a la cuenca cañera del norte de Santa Fe. Luego de período el incertidumbre, el ingenio de Tacuarendí cerró definitivamente sus puertas. A finales de 1968, la Compañía Industrial del Norte de Santa Fe, propietaria del Ingenio Arno de Villa Ocampo, arrastraba un déficit de 1200 millones de pesos, se debían tres meses de sueldo a los obreros y aproximadamente 16 millones de pesos a los productores cañeros. Luego de solicitar infructuosamente un crédito al gobernador, la Compañía había resuelto vender el paquete accionario a cooperativas y entidades cañeras de la zona. El 10 de diciembre de 1968, en una asamblea realizada en la ciudad de Santa Fe, los empresarios titulares de la firma prometieron cancelar antes del 22 de diciembre el total de la deuda, pero el plazo no se cumplió.

El rotundo apoyo de la Iglesia: Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo

Apoyados en la encíclica “El Progreso de los Pueblos” dictada por el Papa Pablo VI en 1968, 18 sacerdotes liderados por el padre brasileño Hélder Pessoa Câmara, formaron el “Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo” (MSTM), elaborando una proclama en la cual consideraban que la situación de pobreza de los pueblos del tercer mundo se debía a la explotación de las corporaciones multinacionales apoyadas por los gobiernos de los países industrializados. Al poco tiempo, 260 sacerdotes enviaron su carta de adhesión logrando un amplio compromiso de la Iglesia en muchos países de América Latina, África y Asia. Tiempo después ya sumaban 500 religiosos. El 1º y 2 de mayo de 1968 el MSTM realiza un encuentro nacional en Córdoba asistiendo representantes de 13 diócesis, entre ellos el sacerdote ocampense Rafael Yacuzzi, líder del movimiento en Villa Ocampo y la zona. El Padre Eligio Giacomozzi, de Las Toscas, con una postura más conciliadora, pero en defensa del pueblo y de las fuentes de trabajo de la zona, se transformaría en el principal interlocutor con el gobierno provincial de facto.

El desenlace de la protesta

El 4 de enero de 1969 se creó la Comisión Coordinadora de la Acción de Lucha para conducir y encauzar la movilización en Villa Ocampo. Obreros y estudiantes iniciaron una huelga de hambre en el templo para exigir el pago de la deuda a los trabajadores. Al mismo tiempo, la Comisión Coordinadora iba tejiendo unidad y sumando voluntades entre los pueblos, campos y montes de los alrededores. Los obreros instalan una olla popular en Plaza San Martín, frente al entonces Club Social (Jockey Club).

El semanario “Ocampense” del 5 de enero de 1969, relataba con indignación el clima de esos días: “Una ola incalculable de clamor de justicia, de fuentes de trabajo, pan y tranquilidad, se oye en el norte. Villa Ocampo dio su grito de alerta y hoy se debate entre la vida y la muerte su suerte definitiva. Sin embargo sus hombres y sus mujeres no se resignan a ser un pueblo fantasma más. Los pueblos que no luchan, merecen ser esclavos”.

El 10 de enero, en un acto en la plaza Belgrano de Villa Ocampo, se convocó a más de 5.000 personas. Entre los oradores estaban el Padre Ángel Tibaldo y Luis Spontón, en esos años a cargo de la parroquia de Florencia, además de dirigentes sindicales y estudiantiles. La huelga del hambre (primera fase de la protesta) terminó el domingo 12 de enero al anunciarse que el gobierno provincial dispuso de 40 millones de pesos para el pago de los sueldos atrasados.
El lunes 13 continuaba la olla popular en la espera de más novedades. Luego de tres meses, ante el drama de la desocupación que se agravaba día a día, diversos sectores comienzan a deliberar un plan de lucha para enfrentar a la dictadura y sus políticas económicas. En abril, surgió la idea de iniciar hacer una marcha a pie hasta Santa Fe, por la Ruta 11 para instalar una olla popular frente a la gobernación. Uno de los bastiones de la organización fue el cura Rafael Yacuzzi. La idea recibió el apoyo de Raimundo Ongaro, líder de la CGT de los Argentinos quien encabezaría la movilización junto con el sacerdote.

El viernes 11 de abril, las campanas de la iglesia comenzaron a sonar convocando al pueblo. Las puertas de los hogares se abrieron, los maestros y alumnos dejaron las aulas y el pueblo entero colmó las calles de Villa Ocampo. A las siete de la mañana, los chamamé de una radio correntina eran amplificados por los parlantes animando a la gente. Luego de entonar el Himno Nacional y portando al bandera argentina llegaban los obreros azucareros al grito de “¡Muera la dictadura!”. Encabezados por el cura Yacuzzi empujaban contra el cerco de los agentes, quienes se retiraban. La “Marcha del Hambre” como fue bautizada, avanzaba. El gobernador santafesino de facto, Contralmirante Eladio Vázquez, ordenó la renuncia del comandante Palacios, intendente de la ciudad y en su lugar asumió Alcibíades Sambrana, quien también tuvo que renunciar por pedido del pueblo, pero se comprometió a apoyar la lucha.

Con ollas, carpas, abrigos y medicamentos, el pueblo recorrió las calles de la Villa Ocampo hasta la ruta 11. En el camino se sumaron unos cuantos tractores que pasaron a apoyar la cabecera. “Patria sí, colonia no”, gritaban los manifestantes. En la ruta esperaban los represores con palos, granadas, lanzagases y fals. Cuando los primeros hombres pisaron la ruta comenzaron a llover estelas de gases. Luego llegaron los sablazos, bastonazos y finalmente tiros de armas de fuego. La dictadura reprimía con plomo. De inmediato, el pueblo respondió con piedras y cascotes. Pasado el mediodía, llegaron más fuerzas policiales desde Santa Fe; y la represión se tornó indiscriminada y se expandió por todo el pueblo.

La policía ordenó la detención de 14 personas, incluidos Ongaro, el padre Rafael Yacuzzi y dos menores ocampenses, José Luis y Stella Maris Cracogna de 15 y 16 años respectivamente. Ongaro y Yacuzzi pudieron escapar siendo perseguidos por la policía y los detenidos que fueron llevados a la cárcel de Santa Felicia (Vera), fueron liberados al día siguiente.

La lucha fue larga, pero fructífera. Los ocampenses lograron conservar su fábrica con un plan de expropiación y funcionamiento del gobierno provincial 

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EL SEGUNDO CORDOBAZO O “VIBORAZO” – 12 Y 13 DE MARZO DE 1971

El Viborazo, también conocido como segundo Cordobazo, fue una pueblada masiva obrero-estudiantil derivada de una huelga general convocada por la CGT, ocurrida el 15 de marzo de 1971 en la ciudad de Córdoba, Argentina, durante la dictadura autodenominada Revolución Argentina. La huelga fue declarada en el marco de un plan de lucha de los gremios de la provincia, como rechazo al nuevo gobernador interventor José Camilo Uriburu y como repudio al asesinato del joven obrero Adolfo Cepeda en el llamado «Ferreyrazo», del 12 de marzo de ese mismo año. A diferencia del Cordobazo de 1969, el Viborazo contó con la participación protagónica de los sindicatos clasistas Sitrac-Sitram y mostró una actuación pública de las organizaciones armadas marxistas y peronistas. Córdoba fue declarada como zona de emergencia bajo mando militar, pero esto no pudo evitar la caída, pocos días después, tanto del interventor Uriburu como del presidente de facto Roberto Marcelo Levingston, abriendo camino a la retirada de la dictadura y la salida electoral que se concretaría en marzo de 1973. Fue parte de una serie de puebladas insurreccionales que se multiplicaron entre 1969 y 1972.

El término viborazo, de connotaciones cómicas, es producto del célebre humorismo popular cordobés.​ Hace alusión a las palabras del interventor de facto de la provincia de Córdoba, José Camilo Uriburu, el 7 de marzo de 1971 en la Fiesta Nacional del Trigo en la ciudad de Leones. Allí, haciendo referencia al poderoso movimiento sindical y estudiantil cordobés, sostuvo que la ciudad era el epicentro de una "conjura revolucionaria" a la que se comprometía a poner fin:
“Nadie ignora que la siniestra organización antiargentina que dirige a los que quieren dirigir la contrarrevolución, ha elegido a Córdoba, epicentro nacional, para su cobarde y traicionera maniobra. Por ello es que en estas circunstancias no puedo limitarme a una académica o lírica enunciación de principios o de números. Declaro sí que confundidas entre la múltiple masa de valores morales que es Córdoba, por definición, se anida una venenosa serpiente cuya cabeza quizá Dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo.” (José Camilo Uriburu, interventor de facto de Córdoba, 7 de marzo de 1971)

El 2 de marzo de 1971 el dictador Roberto Marcelo Levingston designó como nuevo interventor de la provincia de Córdoba al dirigente conservador José Camilo Uriburu, miembro de la tradicional élite cordobesa y sobrino del ex-dictador José Félix Uriburu, quien iniciara en 1930 la serie de golpes de Estado en Argentina que impidieron que se consolidara la democracia en el país hasta finales del siglo XX.

En el marco de la reactivación de las discusiones paritarias en todo el país, los gremios de Córdoba habían resuelto un paro activo para el 3 de marzo en apoyo a los sectores en conflicto: los obreros de Forja de IKA-Renault, SITRAC-SITRAM, el Sindicato de Empleados Públicos (SEP), judiciales y no docentes de la UNC. Desde la renuncia de Elpidio Torres (SMATA) como Secretario General de la CGT Córdoba en septiembre de 1970, la central obrera provincial se hallaba acéfala y en crisis. Por entonces, el movimiento obrero cordobés se hallaba integrado por cuatro sectores:

  • el sindicalismo peronista legalista, que tenía su base en el sindicato de transporte colectivo (UTA) liderado por Atilio López y en el sindicato mecánico (SMATA) liderado por Elpidio Torres, aunque este último estaba en crisis tras la derrota de las tomas y la huelga larga de junio-julio de 1970, y el 5 de marzo de 1971 (días antes del Viborazo) renunciaría a su cargo en el SMATA, siendo reemplazado por Mario Bagué;
  • el sindicalismo peronista ortodoxo, que tenía su base en el sindicato metalúrgico (UOM) liderado por Alejo Simó y el sindicato de taxistas encabezado por Mauricio Labat;
  • los sindicatos independientes, encabezados por Agustín Tosco de Luz y Fuerza, una coalición heterogénea con miembros ligados a distintas vertientes de la izquierda (comunistas, socialistas, anarquistas), el radicalismo, la democracia cristiana y otras fuerzas;
  • la nueva corriente del llamado sindicalismo clasista, que tenía su base en los sindicatos de dos plantas automotrices de la empresa Fiat, el Sitrac de Concord y el Sitram de Materfer, cuyos secretarios generales eran respectivamente Carlos Masera y Florencio Díaz, en donde predominaban militantes de las nuevas organizaciones de la izquierda revolucionaria marxista y peronista. El 14 de enero de 1971, el SITRAC había protagonizado una resonante ocupación fabril contra el despido de siete de sus dirigentes, cuyo contundente triunfo proyectó nacionalmente al clasismo.

El 3 de marzo de 1971, al día siguiente de la asunción de Uriburu, el movimiento obrero cordobés realizó un fuerte paro activo, con un acto en la Plaza Vélez Sársfield, tras el cual una nutrida columna marchó a la Cárcel de Encausados en relamo de la libertad de los presos políticos. El 5 de marzo, los gremios de la CGT Córdoba resolvieron continuar con las medidas, conformando a propuesta de Agustín Tosco una Comisión de Lucha. El 7 de marzo, echando más leña al fuego, Uriburu pronunció el ya citado discurso sobre cortar de un solo tajo la víbora cordobesa.

La huelga con tomas del 12 de marzo y el Ferreyrazo

El viernes 12 de marzo se realizó la huelga general con ocupaciones convocada por la CGT Córdoba. Más de un centenar de establecimientos (fábricas, reparticiones públicas, comercios, diarios y hospitales) fueron tomadas pacífica y ordenadamente por los trabajadores. En el ingreso de una fábrica, un cartel explicaba las razones de la huelga:
"Fábrica tomada por los obreros. Paritarias sin topes. Salarios justos. No me pisen la vívora. Qué se vaya."

A las 2 de la tarde, tal cual lo previsto, las ocupaciones cesaron y la Comisión de Lucha de la CGT Córdoba festejó la gran adhesión a la medida.
Mientras tanto, en los barrios de Ferreyra y Nicolás Avellaneda, colindantes con las plantas de Fiat al sudeste de la ciudad, se realizó el acto convocado por SITRAC-SITRAM.​ Mientras hablaban los oradores, llegó la noticia de que había sido detenido el cura de la parroquia de Ferreyra, el Padre Ángel Giacaglia, ante lo cual los manifestantes decidieron dirigirse al barrio Avellaneda y montar barricadas. Poco después el Padre fue liberado, pero con la llegada de la infantería de policía, dirigida por el Jefe Julio San Martino, comenzó la represión a los trabajadores y estudiantes reunidos. En el curso de los enfrentamientos, fue asesinado Adolfo Ángel Cepeda, un obrero de 18 años de la firma Póster Cemento que vivía en el barrio.​ Ante los hechos, la totalidad de los obreros de Fiat abandonaron las plantas y se sumaron a los combates, y la Comisión de Lucha de la CGT Córdoba resolvió continuar la huelga el resto del día, lo que se conoció como el «Ferreyrazo».

Al día siguiente, un plenario de gremios de la CGT Córdoba repudió la represión, rindió homenaje a Cepeda y resolvió la convocatoria a un nuevo paro activo el 15 de marzo, con movilización y concentración en Plaza Vélez Sarsfield. El día 14, una imponente multitud de más de 6.000 personas acompañó el cortejo fúnebre de Cepeda hasta el Cementerio San Vicente. A pesar de no ser miembro de la organización, el ataúd del joven obrero fue cubierto con la bandera del Ejército Revolucionario del Pueblo en señal de respeto. 

Huelga general y pueblada del 15 de marzo: el Viborazo

El 15 de marzo, la huelga obrera fue contundente, y desde todos los puntos de Córdoba los trabajadores marcharon hacia el centro montando barricadas a su paso. En medio de su trayecto, la columna proveniente de Fiat se encontró con que el sindicato de Luz y Fuerza encabezado por Tosco había tomado la central de EPEC y el barrio de Villa Revol, lo que cuestionaron como una ruptura de los acuerdos del plenario de gremios. 
Hacia el mediodía ya eran más de 12.000 las personas congregadas en la Plaza Vélez Sarsfield, destacándose las columnas de Fiat, IKA-Renault, SEP, IME, Luz y Fuerza y Ferroviarios. Si un equipo de sonido y con la mayoría de los miembros de la Comisión de Lucha de la CGT ausentes, los dirigentes de SITRAC-SITRAM Carlos Masera y Florencio Díaz tomaron la dirección del acto, repudiando a la Dictadura y pronunciándose por el socialismo.  En medio de los discursos, se desató una guerra de consignas y cánticos, y la concentración terminó disgregándose. La mayoría marchó entonces a tomar distintas zonas de la ciudad y los barrios circundantes. Miles de personas a su paso fueron destruyendo postes, negocios, automóviles, carteles, empalizadas y todo lo que fuera útil para montar barricadas, y el área de combate se extendió por 600 manzanas, especialmente en los barrios Clínicas, Villa Revol, Colón, Güemes, Santa Ana, Alto y Bajo Alberdi, Ferreyra, Observatorio y Bella Vista. La destrucción alcanzó negocios, empresas y edificios gubernamentales, y varios supermercados fueron saqueados repartiendo la mercadería entre los vecinos. A diferencia del Cordobazo de 1969, fue visible la presencia y actuación de organizaciones armadas como el Ejército Revolucionario del Pueblo y las Fuerzas Armadas Peronistas.
La represión policial, coordinada por el jefe de Estado Mayor del Ejército, general Alcides López Aufranc, se complementó con la actuación de un grupo de élite de la Policía Federal traído de Buenos Aires, la Brigada Antiguerrillera al mando del comisario Alberto Villar. Los saldos de la jornada fueron más de 300 detenidos, una veintena de heridos y un nuevo muerto: Pablo Javier Basualdo, ordenanza del colegio “Manuel Belgrano”.

Por la noche, Uriburu felicitó a los efectivos de la Policía Federal por su eficiencia en la tarea de «desalojar a la víbora del barrio Clínicas», clásica área de residencia estudiantil y uno de los epicentros de las luchas del período: “Uriburu consideraba que la cabeza de esa víbora maldita estaba entre los estudiantes en el barrio Clínicas, pero advertía también que su ‘peligrosa cola’ se paseaba por la zona industrial de Ferreyra, donde era creciente el activismo de Sitrac-Sitram”.​ Pocas horas después, el dictador Levingston le pidió la renuncia, y en su reemplazo fue designado el Contraalmirante Helvio Guozden. Al día siguiente, La Voz del Interior publicó el irónico dibujo de Cognigni que mostraba a la víbora comiéndose al interventor.​ El Gobierno puso a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, dictó orden de captura para los miembros de la Comisión de Lucha de la CGT e intervino varios sindicatos, entre ellos SITRAC-SITRAM y el Sindicato de Empleados Públicos (Luz y Fuerza ya estaba intervenido). El 18 de marzo, ante un nuevo paro convocado por los gremios de Córdoba, se dispuso la declaración de la ciudad como Zona de Emergencia bajo mando militar, profundizando la represión y persecución.

Caída del dictador Levingston y salida electoral

Una semana después también fue desplazado el dictador Levingston, a causa de un golpe de Estado interno. Tras su renuncia, el 26 de marzo de 1971 asumió el general Alejandro Agustín Lanusse, quien tomó el mando en un clima político de rechazo generalizado a la dictadura, lo que lo obligó a dar comienzo a un proceso de salida electoral sobre la base del llamado Gran Acuerdo Nacional (GAN), la cual que se concretaría recién dos años después, en marzo de 1973.
En abril de 1971, finalmente se logró la normalización de la CGT Córdoba, al mando de la cual fueron electos Atilio López como Secretario General y Agustín Tosco como Secretario Adjunto, sellando la alianza entre los sectores legalista e independiente del sindicalismo cordobés.​ SITRAC-SITRAM, que tras el Viborazo sufrió la prisión de uno de sus principales líderes, Gregorio Flores, rechazó integrarse al nuevo Secretariado con el fin de preservar su autonomía.
El comisario Julio San Martino, comandante de la policía cordobesa responsable de la represión durante el Ferreyrazo y el asesinato de Adolfo Cepeda, fue ejecutado cuatro meses después en un operativo conjunto de las FAR, las FAP y Montoneros.
Luego del «Viborazo», continuaron las puebladas insurreccionales y la actividad guerrillera, en medio de un fuerte descontento popular. En ese marco, y desde el exilio, Juan Domingo Perón fue sumando adeptos y aliados, hasta conformar un amplio frente, el FREJULI, que encabezado por la fórmula Cámpora-Solano Lima logró la victoria en los comicios que restablecieron por un tiempo el régimen constitucional en la Argentina.

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1993 – EL SANTIAGUEÑAZO O SANTIAGAZO

Santiagueñazo o Santiagazo fue un movimiento de protesta ocurrido entre los días 16 y 17 de diciembre de 1993, en la ciudad de Santiago del Estero.

Se la considera el segundo antecedente [el primero ocurrió en Animaná, un pequeño pueblo cercano a la Cordillera de los Andes] de un método de lucha que continuó con los levantamientos de Cutral-Có, en la Patagonia Argentina. Y que culminarían con la gran insurrección popular que iba a derribar al presidente de la República, Fernando de la Rúa (UCR) en 2001.

En diciembre de 1993, en Santiago del Estero un levantamiento terminó con el gobierno de Carlos Mujica, un burócrata surgido de las filas de la Corriente Renovadora peronista, cuyo líder máximo era César Iturre y había gobernado durante el período anterior.

Durante dos días, miles de ciudadanos de todos los sectores sociales tomaron las calles de la ciudad de Santiago del Estero y La Banda, en repudio a la gran corrupción política imperante.

Se rebelaban asimismo contra la falta de pago de los salarios adeudados a los empleados públicos, docentes, trabajadores de la sanidad y municipales.

Luego de haber tomado la ciudad prácticamente durante toda una mañana muy caliente -en Santiago del Estero es la temporada más calurosa del año, donde llegan a hacer 45º de temperatura en las calles-, grandes columnas marcharon hacia la Casa de Gobierno.

En tal circunstancia el pueblo tomó la Casa de Gobierno, haciendo lo mismo luego con el edificio del Poder Judicial, la Legislatura provincial y el Archivo Provincial.

Numerosas columnas partieron hacia las casas de los exgobernadores Juárez e Iturre, las que quemaron. Así como la de algunos diputados, señalados como particularmente corruptos. Durante un día entero, la provincia estuvo pues en manos de grupos de ciudadanos sin color partidario. La manifestación fue particularmente violenta, con saqueos a supermercados e incendio de edificios públicos.

Hubo muertos y una centena de heridos, en los hechos más graves ocurridos en el país desde los saqueos de 1989 que pusieron fin a la gestión de Raúl Alfonsín.

El 17 de diciembre, desde Roma, "el presidente Carlos Menem ordenaba la intervención federal a Santiago del Estero, designando a Juan Schiaretti". Finalmente la Gendarmería Nacional ocupó la provincia, disolviendo las manifestaciones.

Se lo considera al Santiagueñazo como "uno de los antecedentes del "Argentinazo" de diciembre de 2001, al igual que los piquetes, cortes de ruta y movilizaciones de Tartagal, General Mosconi, Cutral Có, Corrientes y Provincia de Buenos Aires, pero con la particularidad de haber sido el único en el que se logró la renuncia del gobernador y la huida de todos los representantes del poder".

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(1970) EL CATAMARQUEÑAZO

El Catamarqueñazo fue una pueblada realizada en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, capital de la provincia el 17 de noviembre de 1970. El conflicto social se había incrementado en las semanas anterior y en ocasión de la huelga general nacional de 36 horas decretada por la CGT para los días 12 y 13 de noviembre, los principales dirigentes sindicales de la provincia habían sido detenidos desencadenando una violenta protesta popular hasta que los detenidos fueron puestos en libertad, ese mismo día. El Catamarqueñazo se inició el día 17 de noviembre, a raíz de una huelga iniciada ese día por la policía provincial. Las fuerzas sindicales, juveniles y políticas se solidarizaron con los policías en huelga y una gran manifestación popular se dirigió a tomar la casa de gobierno, protegida por la Policía Federal y la Gendarmería que dispararon sobre la multitud asesinando a la joven María Ester Pacheco de 19 años y al niño Mario Agüero de 14 años.

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1970 - LA PUEBLADA DEL SEGUNDO TUCUMANAZO 

En el caso del 2° Tucumanazo sucedido en 1970, debe recordarse que, desde su intervención federal en 1966, la provincia de Tucumán registró una fuerte presión del 'Onganiato', comenzando por el cierre de 11 ingenios y la intervención en la Universidad Nacional de Tucumán.
 
En definitiva, fue una de las provincias con mayor número de movilizaciones y alzamientos tanto urbanas como rurales, en una combinación de sectores que podría caracterizarse como una alianza obrero/estudiantil.
 
En la 2da. mitad del año 1970, la situación sociopolítica estuvo muy tensa. Durante los últimos días de octubre y el inicio de noviembre, los estudiantes participaron de diferentes actos de protestas, por ejemplo las que ocurrieron en una de las sedes del comedor universitario, en calle Muñecas al 200, centro de San Miguel de Tucumán.
 
Las 'ollas populares' y los 'actos relámpago', eran casi cotidianos. Lo que le fuerza al movimiento contestatario tucumano fue que no sólo los estudiantes protestaban, también se sumaron docentes, graduados, obreros y vecinos.
 
Imbaud autorizó la realización de 2 actos en conmemoración del 17/10/1970. Uno de ellos se realizó en la plaza Irigoyen, organizado por distintas agrupaciones peronistas en conjunto con la CGT de los Argentinos. Raimundo Ongaro cerró la concentración. La manifestación fue dispersada por la policía cuando intentaba llegar a la Plaza Independencia.
 
Una muestra significativa del grado de conflictividad en toda la provincia fue el 29/10/1970. Ese día ocurrieron 3 conflictos en simultáneo: 2 en el interior de la provincia -en los ingenios San Pablo y en Santa Lucía-, y el otro en la capital en la órbita de la universidad por problemas con el comedor universitario.

Tucumán, la pueblada
 
Con el correr de los días la situación empeoró. Centenares de estudiantes decidieron comer en la calle como forma de protesta uniendo sus reclamos por aumento de presupuesto para el comedor, pero también en apoyo al paro de los no docentes.
 
El 08/11/1970 los universitarios resolvieron realizar un paro activo con concentración en cada facultad para coordinar las acciones hasta tanto se resuelvan los problemas del comedor universitario y el escalafón de FATUN.
 
También decidieron apoyar el paro de los días 12 y 13, aclarando que el apoyo iba "...dirigido a las bases del movimiento obrero y de ninguna manera a sus direcciones y formar "piquetes" que garanticen el paro como así también una comisión para establecer contactos con todos los sectores en lucha."
 
Sin embargo, el grado de conflictividad social en la provincia de Tucumán era de una magnitud tal que el movimiento social se adelantó a la medida de fuerza y estalló el conflicto 2 días antes dando lugar al Tucumanazo.
 
Si bien el martes 10/11/1970 todo comenzó con el movimiento estudiantil que reclamaba la reapertura del mencionado comedor, a los 1.000 estudiantes en la calle se les sumaron varios cientos de obreros que reclamaban la reapertura de ingenios azucareros, motor de la economía tucumana, y la continuidad de sus empleos.
 
Una asamblea estudiantil decidió almorzar en la calle con ollas populares, frente a las instalaciones del comedor universitario. Durante todo el día se sucedieron los cruces verbales entres los dirigentes estudiantiles y la policía que exigía el desalojo de la vía pública. Al mismo tiempo comenzaron a levantarse las primeras barricadas y, por consiguiente, las escaramuzas iniciales.
 
La policia reprimió y los estudiantes resistieron con la colaboración del movimiento sindical. Más tarde también recibieron la colaboración de otros sectores de la población, manteniendo la ciudad 'tomada'.
 
Cuando la policía no pudo controlar la situación, solicitó la intervención del Ejército, a cargo del joven oficial Jorge Rafael Videla.
 
San Miguel de Tucumán fue tomada por un período de 4 días. Cada día aumentaba aún más la intensidad de los cruces, y los contestarios lograron controlar 90 manzanas de la ciudad, debilitando enormemente a la Administración Onganía.
 
La pueblada tucumana empalmó con el paro de la CGT y la CGT de los Argentinos, cuyo reclamo estaba directamente relacionada con la problemática de la provincia, ya que exigían directamente la "...expropiación de los monopolios para que se reabran las fuentes de trabajo, los ingenios cerrados y para que las fábricas sean de los trabajadores."
 
Los sucesos ocurridos durante el Tucumanazo pueden ser divididos en 2 momentos, en relación al paro de la CGT:
 
> entre el 10/11/1970 y 11/11/1970 cuyo epicentro estuvo en el comedor universitario -ubicado en pleno centro de la ciudad-, con una composición mayoritariamente estudiantil, con el apoyo y participación activa de dirigentes del movimiento obrero y la solidaridad de los vecinos del microcentro; y
 
> entre el 12/11/1970 y 13/11/1970, coincidente con el paro de 36 horas decretado por la CGT, en donde el movimiento estudiantil empalmó con el conjunto del movimiento obrero. El epicentro estuvo en la zona de la FOTIA, y en la Plazoleta Dorrego. Además los manifestantes avanzaron hacia barrios del sureste de la ciudad, como en Villa Amalia y San Cayetano.
 
En paralelo al Tucumanazo, en la provincia de Salta se vivieron 2 días de intensos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes donde fue asesinado Juan Roberto Díaz, de 27 años. También hubo varios heridos graves y entre 160 y 200 detenidos. (Fuente: Urgente24)

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1972 – SE PRODUCE UNA PUEBLADA CONOCIDA COMO “EL TRELEWAZO 

El Trelewazo fue una serie de protestas sociales y huelgas masivas ocurridas el 11 de octubre de 1972 en la ciudad de Trelew, provincia del Chubut, durante la dictadura militar gobernante entonces, conocida como Revolución Argentina. Los principales objetivos de esta protesta fueron liberar a los detenidos en el penal de Villa Devoto por la "Operación Vigilante", justicia por las víctimas de la Masacre de Trelew y liberar a Mario Abel Amaya. Formó parte de puebladas similares sucedidas durante la dictadura militar como el rosariazo, cordobazo, mendozazo, tucumanazo, etc.

En 2010, el Concejo Deliberante de Trelew, declaró el 11 de octubre como el "Día de la Asamblea del Pueblo". Cuarenta años después de los hechos, en 2012, se proyectó en el Espacio INCAA km 1460 el Documental «Prohibido Dormir», realizado por los trelewenses Paula Bassi y Diego Paulí y se colocó una placa conmemorativa en frente del Teatro Español.

Los Sucesos

Hacia octubre de 1972, dos meses después de los fusilamientos del 22 de agosto, la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse puso en marcha la "Operación Vigilante" (que fue organizada y llevada a cabo por el Ejército y la Marina) en Chubut para castigar a quienes habían sido solidarios con los presos políticos de Rawson.  Para ello, se realizaron allanamientos ilegales y varias personas fueron detenidas sin una acusación formal.

El operativo comenzó a las 4 a. m., cuando militares bloquearon las rutas de acceso a la ciudad (tanto de Trelew, como también de Rawson y Puerto Madryn) y ocuparon las calles. La indignación de la gente aumentó cuando las autoridades militares difundieron comunicados en los que afirmaban que el operativo contaba con la colaboración y la aprobación de la gente.

Luego de este y otros sucesos similares, el 11 de octubre y durante cinco días, alrededor de seis mil vecinos de la ciudad y otras del valle inferior del río Chubut marcharon. El epicentro de las manifestaciones fue el Teatro Español. En la tarde del día 11 se realizó una reunión en el teatro (rebautizado como "Casa del Pueblo") donde se resolvió tomar el sitio y "designar una Comisión Ejecutiva para dialogar". También, varios abogados se juntaron en un estudio jurídico para ayudar a los detenidos, hubo huelgas y los comercios cerraron. Entre los manifestantes, había comerciantes, docentes, obreros, estudiantes, desocupados, etc.

Como consecuencia, el gobernador militar Jorge Alfredo Costa debió viajar a Buenos Aires, donde se entrevistó con las autoridades, regresando a la provincia cuando fueron liberados los primeros detenidos. Finalmente, se logró liberar a los 16 chubutenses detenidos en Villa Devoto (el último de ellos, el día 18 de noviembre)

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1969 – EL SEGUNDO ROSARIAZO

Los eventos del primer Rosariazo y el Cordobazo llevaron a que el gobierno militar interviniera la Unión Ferroviaria (UF). Los convenios de trabajo fueron modificados unilateralmente, los dirigentes gremiales fueron encarcelados y se aplicó una reducción universal de sueldos. La tensión iría in crescendo y no tardaría en volver a detonar.

El 7 de septiembre, los estudiantes de Rosario volvieron a las calles para conmemorar la muerte de los caídos en el conflicto con las fuerzas represivas. Al día siguiente, los delegados de la sección Rosario de la UF comenzaron una huelga en protesta por la suspensión del delegado administrativo Mario J. Horat, que había sido penalizado por promover la adhesión a los paros efectuados contra el gobierno. Más de 4.000 trabajadores se sumaron a la medida y esa misma noche se decidió prolongarla por 72 horas.

Otras seccionales y agrupaciones se adhirieron a la medida.

Ante el gran seguimiento del paro en Rosario, Arroyo Seco, Cañada de Gómez, Casilda, Empalme, San Nicolás y Villa Constitución, la empresa anunció medidas de suspensión, a lo que los delegados ferroviarios respondieron declarando la huelga por tiempo indeterminado. La adhesión a la misma se extendió por todo el país.

El gobierno nacional, mediante el decreto 5324/69, ordenó la aplicación de la Ley 14.467, de Defensa Civil, disponiendo la movilización de todo el personal ferroviario bajo el Código de Justicia Militar y criminalizando por lo tanto la medida de fuerza. A partir del 16, la CGT en pleno se sumó a la protesta, así como las asociaciones estudiantiles y políticas. Mientras tanto, las medidas de fuerza se extendían por el país, con la ocupación de varias fábricas en Córdoba y un levantamiento masivo en Cipolletti (provincia de Río Negro).

El 16 de septiembre, a partir de las 10 de la mañana, comenzó la convergencia de columnas de trabajadores, estudiantes y otros manifestantes en dirección al local de la CGT. Una columna de más de 7.000 obreros ferroviarios se dirigió a los molinos harineros Minetti desde el local de La Fraternidad. Se le sumaron otras compuestas por obreros textiles, vidrieros, albañiles, eléctricos, frigoríficos y metalúrgicos. Además de los sindicatos del ferrocarril, la Asociación Bancaria, la Asociación de Trabajadores del Estado, la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones, la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina, la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación, el Sindicato del Seguro, el Sindicato de Obreros Jaboneros, el Sindicato de la Carne, el Sindicato Unidos Petroleros de Estado, el Sindicato Luz y Fuerza, el Sindicato de Trabajadores Químicos y Petroquímicos, el Sindicato de Obreros y Empleados Papeleros, el Sindicato Obrero de la Industria del Vidrio y Afines, el Sindicato de Obreros Panaderos, la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina y la Unión Obrera Metalúrgica se adhirieron a la medida. Los tranviarios y transportistas fueron las más importantes de las asociaciones que se negaron a acatarla, lo que se reflejó en la quema de transportes.

Ante la resistencia policial, los manifestantes volvieron a erigir barricadas y a enfrentarse abiertamente a las fuerzas de seguridad. Los vehículos policiales y de transporte público fueron incendiados y la manifestación logró avanzar, haciendo retroceder a la policía hacia unas pocas plazas fuertes formadas por las sedes institucionales, en particular la del Comando del II Cuerpo de Ejército y la Jefatura de Policía.
El conflicto se extendió a los barrios, de donde se repelió a la policía. Un total de unos 250.000 manifestantes lograron mantener el control de la situación durante todo el día. No fue hasta el 17 cuando el Ejército reemplazó a las fuerzas de seguridad, informando un comunicado del general Herberto Robinson, que abrió fuego contra cualquier grupo que se le opuso. Se conformaron tribunales militares ad hoc. El entonces coronel Leopoldo Fortunato Galtieri comandaba las fuerzas del arma de artillería que llevaron a cabo la acción a partir de las 21:00. La resistencia en algunos barrios continuó aún otro día más, hasta que los militares tomaron control de toda la ciudad.

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1984 - PUEBLADA EN PUERTO MADRYN
El día que el pueblo de Madryn echó a EE.UU.

El 10 de septiembre de 1984 los habitantes de Puerto Madryn realizaron la pueblada para impedir que los buques norteamericanos que se encontraban en las aguas del Golfo Nuevo se reaprovisionaran en nuestro puerto, en repudio al apoyo que el gobierno de los Estados Unidos había brindado al gobierno del Reino Unido durante el conflicto bélico por las Islas Malvinas.

El proceso de desmalvinización que se dio en la Argentina sumado a la desvalorización que se les dio a nuestros héroes de Malvinas hizo que este hecho protagonizado por el pueblo Madrynense cobre una importancia que no debe ser olvidada y está en nosotros mantenerla viva aunque no se la encuentre -todavía- en los libros de historia o no esté incluida en la curricula escolar.

La gigantesca movilización, conocida como el Madrynazo, hoy apenas es reivindicada por pocos y completamente olvidada por gobiernos y medios de difusión masivos.

La pueblada histórica

Transcurría el año 1984 y en septiembre, la flota norteamericana estaba finalizando el operativo “UNITAS”, y necesitaba reabastecerse, contando con la autorización del gobierno nacional, para hacerlo en el muelle de la ciudad de Puerto Madryn.

Tan sólo dos años habían pasado del retorno de los soldados argentinos de la Guerra de Malvinas, y esas imágenes y sentimientos de dolor seguían vivos en la memoria y el corazón de los madrynenses. Las heridas abiertas de la guerra, convocaron a hombres, mujeres y niños que, sin más armas que banderas argentinas y pancartas, e impulsados por una unión sincera, lograron que las naves “yankees” huyeran del muelle.

Ante el arribo de los “yankees”, el pueblo madrynense, que aún conservaba las heridas de una guerra que en la Patagonia había calado hondo, se movilizó espontáneamente, salió de sus casas para congregarse en la Plaza San Martín y desde allí, entonando el Himno Nacional Argentino peregrinó por las calles de la ciudad hacia el Muelle Storni. Los manifestantes, envalentados con pancartas que rezaban: “yankees go home” y banderas argentinas, marcharon por miles cantando “pueblo, coraje, al yankee dale raje” con una única misión, repudiar a las naves estadounidenses y echarlas del muelle.

Cuentan los protagonistas que, en las vísperas de la llegada a la costa madrynense de la flota norteamericana, el 8 de septiembre, se conformó una Comisión Multisectorial, para impedir que las naves atracaran en el muelle Almirante Storni, esta comisión fue avalada por el concejo Deliberante, que declaró personas no gratas a los tripulantes de la flota norteamericana.

Daniel Arripe, que en ese momento era Jefe de Informativo de LU 17 y reportero de DIARIO EL CHUBUT, recuerda: "el Madrynazo comenzó a gestarse a raíz de las informaciones que aparecieron en los medios diez o quince días antes, en las cuales se expresaba que naves de la flota estadounidense, se encontraban en la zona y habían solicitado autorización para ingresar a Puerto Madryn a reabastecerse de combustible". Arripe relata que ese fue el puntapié inicial para organizar la movilización, "empezaron a celebrarse reuniones en el Gimnasio Municipal, en las que convergían entidades intermedias y vecinos, algunos de los cuales tenían militancia política, y ya se comenzaban a ver los primeros carteles que decían Fuera a los yankees".

"En poco tiempo, una gran cantidad de personas del pueblo -que en ese momento apenas superaba los 20 mil habitantes-, se organizaron para mandar a los yankees de "regreso a casa". En lo que fue quizás un coletazo de la Guerra de Malvinas -describe Arripe-, cuando estaba confirmada la autorización para el ingreso de la flota, se organizó el repudio y el día que la nave entraba por el Golfo, en horas de la tarde, toda la comunidad comenzó a reunirse en la Plaza San Martín con pancartas y carteles, para luego transitar por las calles Mitre, Mosconi y Domecq García hasta el puerto", relata el periodista. Cuando los manifestantes llegaron a la entrada del Muelle Storni, Prefectura había apostado a sus efectivos en un cordón humano para impedir el ingreso de la gente, pero la muchedumbre, que posiblemente alcanzaba las 1.500 personas sobrepasó la cantidad de efectivos y pudo ingresar al Muelle".

Una vez allí, la gente corrió hasta el sitio sur, donde quitaron las amarras del buque de guerra más cercano y con aerosoles pintaron "Yankees go home", empezaron a entonar el Himno Nacional Argentino y hasta algunos pretendieron abordar el barco. Cuando los norteamericanos vieron que la marea humana era incontenible, a toda máquina iniciaron la marcha hacia popa y en un segundo estaban a más de 200 metros del muelle.

Después de huir, recalaron en la zona de Bahía Cracker donde fondearon la nave. Para quienes vivieron la pueblada histórica, el "Madrynazo" tuvo varios significados, todos relacionados con Malvinas e incentivados por el recuerdo de una guerra que aún latía con fuerza en el sentir madrynense, donde se acompañó intensamente a los soldados que lucharon por defender la soberanía de un territorio que nos pertenece desde siempre. El 10 de septiembre de 1984, el pueblo de Madryn repudió a Estados Unidos, por haber ayudado a Inglaterra en la Guerra de Malvinas, quizás en los corazones de aquellos que participaron de la pueblada, la huida de la flota yankee del Muelle Almirante Storni, representó al menos una pequeña victoria, aquella que no pudo ser en las Islas.

A la expresión popular no faltaron los cipayos de turno, que permitieron finalmente a las naves imperialistas reaprovisionarse en Puerto Pirámides (a pocos kilómetros de Península Valdés) con la mayor de las reservas para evitar otra pueblada. Los gobernantes de turno y los Altos Mandos navales no comprenden ni comprendieron en ese entonces, el sentir del pueblo, que hacía tan solo dos años había vivido una guerra contra el pirata invasor. (elmalvinense.com/snacional 2014)

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NAZARENO: UN PUEBLO QUE LUCHÓ Y LE GANÓ AL PODER
Se cumplieron 10 años del referéndum

El 8 de agosto de 2010 los vecinos le dijeron NO al intento del gobierno provincial de inaugurar una Hostería de Alta Montaña en esa localidad. Crónica del triunfo de las comunidades sobre el aparato político.

Quizás muchos no lo recuerden y otros ni siquiera lo sepan, pero el voto electrónico debutó en Salta con una sorpresiva derrota para el entonces gobernador Juan Manuel Urtubey. Ocurrió el 8 de agosto de 2010 en Nazareno, una remota localidad de menos de 3 mil habitantes ubicada a más de 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar. A 10 años de esa historia, que marcó un antes y un después en la vida de Nazareno, sus protagonistas recuerdan el día en que el pueblo transformó una hostería en un albergue estudiantil.

El emprendimiento turístico se remonta a 2007, cuando el gobierno de Juan Carlos Romero obtuvo el financiamiento a través del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la construcción de dos hosterías de alta montaña. Una de ellas estaría emplazada en el Campo de la Cruz, en la parte de alta del bello pueblo de Nazareno, al que se llega recorriendo durante más de dos horas y media un camino de cornisa que sale de la localidad jujeña de La Quiaca.

La Hostería de Nazareno tendría 20 habitaciones con vestidor y baño, salón comedor, salón de fiestas, de exposiciones y venta de artesanías en un edificio de más de 1.500 metros cuadrados cubiertos, con una inversión de 4 millones de dólares. Según anunciaba el gobierno, el emprendimiento “promoverá el desarrollo turístico del lugar y mejorará la calidad de vida de sus habitantes, ya que en la hostería trabajarán 35 personas de Nazareno”. Con esa impronta, la administración de Romero buscó sellar un acuerdo con el entonces intendente de la localidad, Manuel Chauque, para avanzar en su construcción.

“La idea nuestra en su momento era hacer una intervención en Santa Victoria (Oeste) y en Nazareno, con dos hosterías que generen un efecto parecido al que se había producido en Iruya, donde la posibilidad de dar alojamiento turístico generara un impacto económico multiplicador en Nazareno”, recuerda Bernardo Racedo Aragón, secretario de Turismo durante el romerismo. Racedo Aragón reconoce que hubo intensas discusiones con las comunidades originarias, pero asegura que las diferencias se zanjaron cuando llegaron a un preacuerdo de que la Hostería sería manejada por los propios lugareños, quienes serían capacitados para tal fin.

En el mismo sentido, Chauque asegura que nunca se llegó a firmar un convenio, pero sostiene que se acordó que "esa hostería tendría que ser manejada por nosotros, ya sea través de una organización, una cooperativa o el mismo municipio”. Sin embargo, “cuando llegó el gobierno de Urtubey (en diciembre de 2007), se siguió planteando el proyecto con más profundidad, pero ellos ya no aceptaron, y la Hostería se siguió construyendo”, rememora el ex jefe comunal, que con el cambio de gobierno pasó a ocupar el cargo de diputado provincial, dejando la intendencia de Nazareno en manos de Julián Quiquinte.

Y para colmo, las comunidades encontraron indicios de que la Hostería no sería manejada ni siquiera por el gobierno provincial, sino por una empresa privada.

Temores

Los pobladores de Nazareno tenían motivos de sobra para oponerse al proyecto de la Hostería o, por lo menos, al modelo de turismo que se proponía a través de ella. De hecho, la Organización de Comunidades Aborígenes de Nazareno (OCAN) había presentado una propuesta para que el dinero de la inversión fuera utilizado para capacitación y para obras de infraestructura más pequeñas que pudieran prepararlos para ser prestadores de turismo comunitario.

Habiendo visto las consecuencias del crecimiento exponencial del turismo en los pueblos de la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, y en la localidad salteña de Iruya, las comunidades originarias temían que algo similar ocurriera en su pueblo.

Los espantaba, por ejemplo, la posibilidad de que aumentara el costo de vida porque los productos iban a estar a “precio turista”. Veían la afluencia de visitantes como una amenaza a la calma, la seguridad y la cultura del pueblo. También rondaba el fantasma de la extranjerización de la tierra. Para Adela Torres, integrante de la OCAN, eso los exponía a la posibilidad de que los turistas comenzaran a comprar inmuebles en el pueblo, despojando a los lugareños.

Pero además, consideraban que si la Hostería significaba pagar ese precio, al menos debía ser administrada por la comunidad y generar puestos de trabajo entre los nazarenenses. "¿Cómo, nosotros, pueblos originarios que vivimos aquí, que hemos nacido aquí y que hemos crecido aquí, vamos a permitir que la ganancia no quede en el municipio y que se vaya todo para la Provincia?", recuerda indignada Nora Domínguez, en ese entonces concejala del Frente Grande.

Inauguración fallida

Los testimonios no coinciden sobre si Urtubey era consciente de la resistencia que provocaba la Hostería en gran parte de los nazarenenses. De cualquier manera, el 4 de mayo de 2010 el gobernador intentaría inaugurarla. El motivo oficial de la visita era la puesta en marcha de una obra eléctrica, pero los miembros de la OCAN no demoraron en darse cuenta de que el primer mandatario tenía otras intenciones.

"El diputado Manuel Chauque se había enterado que Urtubey iba a ir a inaugurar una obra, pero no se sabía qué obra”, recuerda Nora. “Así que esa noche nos reunimos con los que estábamos más atentos. Muchas comunidades ya se habían preparado y habían ido a Nazareno. Nos habíamos preparado por las dudas, para ver qué pasaba”, rememora la concejala.

Así que cuando llegó la comitiva oficial, un grupo de integrantes de la comunidad, sobre todo mujeres, tomaron la Hostería. Mientras los concejales, el diputado Chauque y los delegados de las comunidades le planteaban sus objeciones a Urtubey y al entonces secretario del Interior, Gonzalo Quilodrán, la Policía arrojaba gases lacrimógenos en el interior del edificio para desalojar a los manifestantes.

Urtubey en campaña

"Si ustedes intentan inaugurar esto sin el consentimiento de la gente, nosotros vamos a impedirlo", cuenta Domínguez que le dijo al gobernador. Quilodrán recuerda el diálogo con los delegados de la OCAN y asegura que Urtubey desconfiaba de que expresaran la posición de la mayoría: “yo no sé cuán representantivos son ustedes de la comunidad”, les dijo el gobernador.

"Cuando salimos, ya estaba lista la cinta para cortar y nosotras nos pusimos en la puerta todas las mujeres a la par de la cinta, agarrándonos las manos y no los dejamos cortar –sigue reconstruyendo Domínguez-. Cuando el gobernador quiso agarrar la cinta a la fuerza, se la quitamos de las manos y ahí se armó el despelote".

En medio de insultos y enfrentamientos entre las mujeres y los militantes del intendente Quiquinte, al gobernador no le quedó otra opción que anunciar que el asunto se dirimiría a través del referendum, un mecanismo muy pocas veces utilizado que está contemplado en el artículo 60 de la Constitución salteña.

“¿Ustedes estaban convencidos de que ganaba el SI?”, le pregunta este medio a Quilodrán. “Sí, claro” (se ríe).

La cancha inclinada

Entre el 4 de mayo, en que se anunció el referendum, y el 8 de agosto, en que se llevó a cabo, se vivieron momentos de mucha tensión. “Las familias estaban muy divididas. Incluso dentro de las mismas familias, porque muchos de los que militaban el SÍ eran personas a las que le habían prometido trabajo en la Hostería, otros eran militantes del intendente”, rememora Nora. “Era angustiante andar y ver a tu familia que no te saludaba porque uno estaba de parte del SÍ y nosotros del NO”, agrega Adela, mientras evoca situaciones en las que se enfrentaron a las piñas representantes de ambos sectores.

Sin embargo, no fue una pelea en igualdad de condiciones. El gobierno aprovechó su poder para inclinar la cancha a su favor, en lo que se asemejó a una tradicional campaña política.

Según Domínguez, Quiquinte regalaba celulares, colchones, materiales para la construcción y dinero para convencer a los ciudadanos de que votaran en favor de la Hostería. Torres narra que “sacaban a los chicos de la escuela, los llevaban a la Hostería y comían pizza y tomaban Coca-Cola. Todo para que los niños le digan a sus papás que es lindo”. El propio Quilodrán reconoce el despliegue de recursos por parte del gobierno provincial: “la presencia de funcionarios era una presencia que no era habitual en Nazareno. Tenías un par de tipos del Gobierno de la Provincia viviendo en Nazareno, yo entre ellos”.

Y cuando las dádivas o los argumentos no funcionaban, aparecían los inventos en forma de amenaza. El más frecuente era que si ganaba el NO el pueblo entero tendría que devolver el crédito del BID, para lo que se tendrían que descontar los sueldos de los empleados públicos y las pensiones de los ancianos.

Pero sobre todo, lo que más ponía en desventaja a los militantes del NO era el sistema de votación: el voto electrónico iba a hacer su debut en uno de los rincones de Salta con menor acceso a las nuevas tecnologías. “Pensaban que la gente no iba a poder manejarlas (a las máquinas) y que iba a ser favorable a ellos (por el gobierno)”, se queja Chauque.

Las comunidades originarias temían que el gobierno hiciera trampa a través del sistema de votación electrónica y que ellos no fueran capaces de controlarlo. Así que, para garantizar cierto grado de transparencia, fue fundamental la participación del presidente del Frente Grande salteño, Diego Saravia, un ingeniero especializado en informática y docente de la Universidad Nacional de Salta que llevó a su equipo para hacer capacitaciones y colaborar con la fiscalización de la elección.

Los dirigentes de la OCAN hicieron campaña sin recursos, yendo comunidad por comunidad y casa por casa, convenciendo a los nazarenenses sobre los peligros del modelo de turismo que estaba en juego. Las reuniones se hacían en casas de familias, recuerda Adela Torres, porque la Policía tenía órdenes de cerrar los salones comunitarios para evitar encuentros masivos.

Para colmo, y pese a haberla solicitado con dos semanas de anticipación, les habían negado el acceso a las máquinas mediante las que se iba a sufragar, mientras en la Municipalidad “estaban meta practicar”. “Un día antes de la votación, la tuvimos ahí en la organización así que esa tarde-noche, toda la noche a practicar hasta el otro día a la hora de la votación en la escuela”, recapitula Torres.

Un despliegue inusitado

Nazareno es un pueblo pequeño que tiene una sola calle que la atraviesa. Ese 8 de agosto de 2010, como nunca en la historia, esa arteria principal estuvo ocupada por vehículos del Ministerio de Turismo desde un extremo al otro.

“Nazareno era un pueblo relativamente chico así que llamó la atención el movimiento de gente”, recuerda Diego Saravia. “Traían en ómnibus a personas de Salta Capital que seguramente estaban empadronadas allá para que les voten a favor de su proyecto”, relata.

“Los dirigentes nos repartimos a las diferentes comunidades donde iba a ser la votación”, repasa Domínguez lo que fue la dinámica del día del sufragio: “juntarnos a cocinar en una casa de familia, hacerles practicar en la máquina, buscarlas, acompañarlas a la escuela, estar mirando que no obligaran a votar por SÍ a los abuelos o a la gente que no sabe leer, porque los llevaban de la manito y le decían 'apretá este botón'".

“Yo ya había ido preparada”, narra Adela: “me había puesto mi sombrero de oveja, mi mantita de llama, me había preparado afiches, lapiceras, fibrones y termo con café, con mi pancitos, cosa de no tener que salir para ningún lado porque yo tenía que tener cuatro ojos”.

Y así fueron cuidando cada uno de los votos, hasta que llegó el momento de contarlos. Saravia recuerda que el proceso fue bastante largo, porque muchas urnas debían llegar a mula desde los parajes más remotos.

Emocionada, Nora dice que conocer los resultados “fue lo más lindo”. De a poquito fueron llegando los datos: primero Nazareno y Poscaya, después Molinos y Cuesta Azul. Solo faltaban los resultados de San Francisco. “Llegó el último resultado y se le ha caído la cara a Gonzalo Quilodrán”, se ríe Domínguez.

La comunidad espera para emitir su voto

“Mi gran incógnita era cómo se iban a enfrentar a la máquina, porque no había ni cajero automático en Nazareno, pero la gente tenía claramente decidido su voto”, confiesa el entonces secretario del Interior, y ensaya una hipótesis: “si hubiese sido al revés el resultado, hubiese quedado un pueblo muy dividido. La decisión de que ganara finalmente el NO fue una decisión que descomprimió toda la tensión”.

Fueron 573 votos negativos contra 519 positivos. La entonces concejala lo recuerda casi como si fuera hoy: “sentí un alivio total. Salimos a festejar, fuimos a avisarles a todos que había ganado el NO, fue convocarse, agradecer a todos”, y agrega que “al otro día fue como una calma total, porque la gente salía sin miedo, sin temor, con la frente bien alta porque la gente había respondido bien, había pensado, la gente no es tonta, la gente sabe decidir”.

“La gente bailaba y saltaba de alegría, y yo lloraba, porque yo en esos tres meses había adelgazado bastante, no sé si por miedo o por qué”, se emociona Adela.

Una lección política

Rafaela García, Nora Domínguez, Yolanda Landivisnay, Benancia y Andrea Cabana, Eleusteria y Primitiva Chauque, Eulogia Flores, Verónica Giménez, Adela Torres. Ellas fueron las mujeres que impidieron la inauguración de la Hostería, primero, y que después se pusieron al hombro la campaña hacia el referendum.

“El NO ganó más en las mesas de mujeres y el SÍ en las de hombres”, relata Adela, y ensaya una explicación: “(los hombres) tenían miedo porque les iban a descontar el sueldo... Y otra porque son unos cagones! La mujer más piensa en el futuro de sus hijos y nietos”. Y fue pensando en ese futuro que decidieron darle el destino de albergue estudiantil al edificio que había sido pensado originalmente como hostería, permitiendo que se alojaran allí los jóvenes que iban de parajes lejanos a estudiar a Nazareno.

Analizando los acontecimientos una década después, Nora Domínguez considera que "tiene mucho significado que la gente haya entendido que nadie nos puede obligar a hacer algo que no sabemos bien el tema". “Se puso en juego el modelo de turismo en Salta, así que fue un golpe muy duro”, reflexiona por su parte Diego Saravia.

Quilodrán, quien es hoy director del ENACOM, dice que le quedaron grandes amigos de la OCAN de esa época, con quienes sigue trabajando. “Me llevo como lección que hay que tomar decisiones desde los gobiernos centrales con fuerte nivel de consenso”, piensa, y agrega que “fue un error del gobierno de Urtubey” avanzar sin ese acuerdo.

Siempre tuvieron razón respecto de la falta de sensibilidad con ellos de explicarle cuál era el proyecto. Nunca fueron consultadas las comunidades locales de qué es lo que se estaba haciendo, verdaderamente. Uno en perspectiva ve el valor que tiene la gestión participativa de cada una de las políticas que se vayan a implementa”, concluye. (Martín Van Dam, Página 12, 8/8/2020)

Para reproducir citar la fuente Pensamiento Discepoleano

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1973 - EL TAMPIERAZO EN SAN FRANCISCO (Cba.)

Conflicto salarial y lucha obrera

El “Tampierazo” refleja como una huelga de tinte salarial donde obreros de una fábrica fideera reclamaban por sueldos adeudados se convierte en una revuelta social, con intervención provincial, represión policial, muerte y saqueos; fiel a una década conflictiva en el país: los ´70.

29 de julio de 1973, las tapas de los diferentes diarios seguían hablando del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina luego de un interminable exilio. Las noticias informaban también sobre la lucha obrera contra la clase oligárquica nacional, la bipolarización mundial entre capitalistas y comunistas. Pero sobre todas las cosas, el arribo del general alimentaba otra vez los aires de justicia y provocaba que las banderas del sindicalismo flameen con más fuerza después de casi 20 años de proscripción peronista.

Al amanecer se abren las puertas de las diferentes fábricas de la ciudad que reciben el arribo de sus obreros. San Francisco no escapaba a lo que era por ese entonces el contexto nacional. Una sociedad muy politizada y una ciudad administrada por Mariano Juan Planells, del partido Peronista.

“Era un pueblo obrero, industrial, no sé si tan floreciente. Desde el punto de vista histórico hay más de mito que de realidad de ese San Francisco tan próspero, tan industrial como se consideraba. Existían muchas fábricas y obreros, pero se asemejaban más a lo que hoy llamaríamos pymes o microemprendimientos. De todas maneras Tampieri tenía una envergadura de gran empresa”, explica Jacqueline Gómez, profesora de Historia e investigadora del hecho.

La firma Tampieri tiene sus comienzos a fines del siglo XIX y principios del XX. La imagen de esta familia se debate hasta el día de hoy entre la teoría del ángel o el demonio. Así lo deja entrever la entrevistada: “Hasta el momento están los que odian a Tampieri y los que los aman. Están los que te hablan cosas terribles como que Ricardo Tampieri les pegaba a los obreros o aquellos que le agradecen haber podido construir su casa y que nunca aceptaron los reclamos, la huelga ni las características que tomó esta”.

Lo cierto es que Tampieri adeudaba a sus empleados cuatro quincenas de trabajo, aguinaldos y aportes a la caja de jubilaciones. Cuestiones que se convirtieron en las principales causas de una huelga que en un principio se presentaba como pacífica.

El reclamo

Los obreros de la fábrica fideera Tampieri habían organizado una huelga para el día 30 con el objetivo de reclamar el cobro de lo adeudado. La fábrica se encontraba tomada mediante asambleas desde hacía una semana. Sus trabajadores habían programado turnos organizados de ocho horas rotativas y el día 29 se decide el paro activo.

Si bien se esperaba una jornada con total normalidad, el dato curioso viene de la mano de una solicitada firmada por el Centro Comercial de la Propiedad y publicada en el diario local “La Voz de San Justo”. En ella se pedía a la policía que garantice la paz social en ese día anterior a la huelga, lo que vislumbraba que esta no iba a ser pacífica como se esperaba.

Gómez manifiesta sentirse sorprendida con la solicitada: “Había un rumor de que las cosas no iban a ser como se pensaban y allí surge la teoría de que ese día hubo infiltrados”, comenta, a lo que agrega: “Estos habrían formado parte de organizaciones de izquierda y tenían como objetivo que la huelga se convirtiera en un punto importante; gente que estuvo allí comentó que observó individuos que no conocían y que portaban banderas del Partido Comunista”. 

Varios gremios acompañaron la protesta además de los fideeros, apoyaron también los molineros, transportistas y el comercio.

Los hechos

La huelga comienza a las 10 de la mañana con una concentración en frente de la CGT para luego movilizarse hacia la fábrica donde los oradores, Gustavo Gallardo y  Oscar Liwacki (Sec. General de la CGT y de Empleados de Comercio) dirigirían su discurso a los obreros.

La calle 9 de julio se puebla de trabajadores que en caravana se dirigen a un mismo punto. Testigos del acontecimiento, sostienen que desde calle Irigoyen hasta Pellegrini estaba repleto de gente. Los manifestantes, estimados en unos mil, marcharon hasta la fábrica que estaba tomada por el personal, pasando frente a las dos propiedades de miembros de la familia Tampieri y luego del Palacio Municipal (a su vez antigua morada de don Ricardo Tampieri, fundador de la empresa).

Una vez concentrados en la calle, desde los balcones de la planta fabril que tenía tres pisos, distintos dirigentes gremiales hablaron ante la concurrencia para explicar el conflicto y cargar culpas a la patronal. Arturo Bienedell, presidente del Archivo Gráfico y Museo Histórico (AGM) y testigo del hecho, explica que entre los discursos más fuertes estuvo el de Liwacki, quien figura entre los desaparecidos del régimen que imperó desde 1976, tras su secuestro ese año.

“Tras los discursos instaron a volver a la sede cegetista. Al acceder a esto, los manifestantes volvieron a pasar frente a los chalés de los hermanos Tampieri (nietos del fundador) los que fueron fieramente agredidos. En uno de ellos, activistas ingresaron a la casa -mientras sus ocupantes se ponían a salvo pasando a casas de vecinos- y sacaron a la calle un automóvil que volcaron e incendiaron, causando daños en la propiedad”, cuenta Bienedell, agregando que “seguidamente gran parte de los manifestantes marchó resueltamente hacia la casa y estudio del Dr. Joaquín Gregorio Martínez, director del diario La Voz de San Justo y quien había sido en otra época abogado de Tampieri. Una vez allí, ingresaron a la propiedad donde provocaron desmanes cuantiosos, sacando a la calle mobiliario, máquinas y obras de arte, destrozándolas contra el empedrado”.

Los hechos promueven la participación y posterior represión policial ordenada por el gobierno provincial. La guardia de infantería de Córdoba comienza a tirar gases lacrimógenos y reprime con balas de fuego. El caos se hace sentir con las corridas de los obreros por las calles de la ciudad.

La represión deja como saldo un muerto, Oscar Molina, de 17 años y varios heridos. Según dicen, el joven fallecido habría participado como mero espectador de los hechos, por lo que no pertenecía a la fábrica. Esta situación agudiza aun más el accionar de los manifestantes que se dirigen hacia el centro de la ciudad, rompen vidrieras y saquean la armería Curtino.

“A la muerte de Molina la intentan usar políticamente, todo muerto en toda protesta se convierte en un mártir político y se termina utilizando como bandera y símbolo de la represión”, sostiene la historiadora, añadiendo: “En el momento del velorio intentan colocarse algunas banderas de la Unión de Estudiantes Secundarios, Montoneros; se armó toda una movida. Al respecto, los padres deciden sepultarlo al amanecer en el cementerio de Plaza San Francisco porque ellos se negaban a que se le diera ese tinte político a la muerte, ya que el chico sólo estaba como espectador”. 

El caos sucedido con la represión policial, la muerte de Molina, los saqueos y las corridas generan la inmediata venida de Atilio López a la ciudad, vicegobernador de la provincia. El gobernador, Ricardo Obregón Cano no se hace presente debido a que se encontraba en Buenos Aires para reunirse con Perón. Luego de varias idas y vueltas el funcionario entabla diálogo con Gallardo y Liwaqui. Los manifestantes buscan una salida al conflicto y encaran al funcionario por la cruenta represión.

Sobre el feroz accionar policial Gómez explica: “Hay que tener en cuenta que la policía de Córdoba con el tiempo y a través del “Navarrazo” derroca a Obregón Cano; era una policía que no comulgaba con el gobierno provincial. Es el único caso mundial de que un policía deponga a un gobernador. Por su parte, el policía que dispara y mata a Molina desaparece inmediatamente a la tarde de nuestra ciudad, nunca salió a la luz quien lo mató y nunca el hecho fue resuelto en la justicia”.

Negocian

El día 30 se cierra con la liberación de los presos ordenada por López y con una reunión entre una comisión de la asamblea y el vicegobernador para resolver el pago atrasado de los obreros y acordar una futura reunión en la ciudad de Córdoba con el fin de regularizar la situación. La CGT decide que el paro se prolongue 24 horas más sin manifestación alguna. La idea era dejar pasar un tiempo para que los trabajadores retomen sus actividades diarias. 

De las reuniones no participa ningún miembro del gobierno municipal. ¿A qué se debe? Preguntó este medio a Jacqueline Gómez: “Es lo que no logro evidenciar -contesta la historiadora- es una figura nula. No se lo ve nunca, no aparece en el momento de los acontecimientos, tampoco cuando llega el gobierno de la provincia, menos en las negociaciones. Cuando empiezo a investigar me encuentro con algunos sindicalistas que me dicen que no tiene porque aparecer porque el conflicto era entre el sindicato y la patronal. Pero están aquellos que me dicen que no aparece porque el gobierno municipal respondía a la línea de Vercobic Rodríguez y de la Patria Metalúrgica y Atilio López y Obregón Cano pertenecían al otro Peronismo, el no verticalista”. ¿Pase de factura?

Resultado

“A corto plazo la huelga es exitosa. El gobierno llega a una mesa de conciliación, los obreros a los 15 días cobran lo que se le adeudaba. Pero a largo plazo la fábrica quiebra, termina desmembrada y cierra. Concluye como tantas fábricas después de los ´70, con la gente en la calle”, manifiesta Gómez.

Declaraciones efectuadas por el mismo Tampieri en el libro “Historia de un inmigrante bolognés”, éste aduce la situación de crisis y trata de sacarse el lazo de una mala gestión explicando que el conflicto sobrevino de una gran sequía del momento y la falta de apoyo de créditos. Sobre esto Gómez expresa: “En realidad en ese momento hay otras personas, mismos obreros que trabajaron en esa época, que hablan de una mala gestión y administración por parte de Tampieri y uno de sus hijos”.

Quien pide la quiebra de la fábrica el día 30 de mayo de 1975 es el gobierno provincial, importante acreedor de la firma que había adelantado el dinero para que se abonen los sueldos. La fideera se vende en una subasta pública en marzo de 1977 y la adquiere un industrial de la localidad santafecina de Rafaela. 
“La empresa no consiguió recuperarse y en 1974 cerró definitivamente. A partir de allí tuvo nuevos propietarios que se fueron sucediendo hasta llegar a uno definitivo, pero nunca volvió a ser el emporio industrial que fue desde comienzo del siglo XX hasta los años 60”, sostiene Bienedell. (“El Periódico” de San Francisco)

Para reproducir citar la fuente Pensamiento Discepoleano

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