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LAS NOTAS DE NORBERTO GALASSO

 
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LA MASACRE DE TRELEW - EL ODIO OLIGÁRQUICO

 
 
* Sobre Belgrano y la Bandera Nacional * Sobre la necesidad de revisar la historia * El amor y la política * Izquierda y cuestión nacional
* Defender la Revolución Bolivariana * El hombre de Mayo y la redistribución del ingreso * E.S.Discépolo, el "sociólogo" de la Década Infame que celebró la llegada de Perón * El legado de coraje de John William Cooke
* Homero Manzi, el poeta que no fue ni oficialista ni opositor, sino un revolucionario * Los hermanos Discépolo, luces y sombras * El aporte de Mayo a nuestro pensamiento político (T.A. 25-5-2013) * La reivindicación del doctor Ramón Carrillo (Miradas al Sur, agosto 2014)
* 1° de Julio: Historia y Política (Pensamiento Discepoleano, 1/7/2020) * Quién fue José de San Martín * El General San Martín y la cultura popular * Homenaje a John William Cooke (T.Argentino, septiembre 2012)
* El legado federal de "El Chacho" (T. Argentino, noviembre 2012) * Similitudes y diferencias entre Sarmiento y Scalabrini Ortiz (T. Arg. 14/02/2013 ) * Que a Mauricio no le vengan con historias (T.A. 22/6/2013) * El "Che" y el peronismo.
* John William Cooke (El Bebe) (1919-1968) * Juan José Castelli, "El orador de la revolución" * Los "misterios" de la Patria Grande * Día del Pensamiento Nacional
* Un "maldito" en el Archivo General de la Nación * Cómo Mitre desfiguró a San Martín * ¿Por qué se ocultan las ideas del verdadero Mariano Moreno? * ¿Qué te pasa, Beatriz (Sarlo)?
* Scalabrini Ortiz: El patriota que denunció la dominación inglesa * El día que Perón y Scalabrini Ortiz se conocieron y estrecharon sus manos * Homero Manzi (N. Galasso recuerda a Manzi a 70 años de su muerte) * La Revolución de Mayo . Entrevista a Galasso en Telam (25/5/2020)
* Deuda con el FMI: ¿Hay que pagar? ¿Quién debe pagar? N.Galasso - F.Mettler * ¿La Patria tiene dos cumpleaños? * Francisco Silva, el historiador maldito * Cooke, el hombre que le discutía a Perón
* San Martín, hijo de la revolución democrática popular * La cima de los Andes no escaló (T.A. 17/1/14) * El pueblo siempre vuelve Una nota sobre el día de la restauración de la Democracia -25/10/2021) * Ricardo Carpani, fundador del grupo Espartaco
* Sobre el pensamiento nacional * Epílogo de "Un largo viaje hacia el Socialismo Nacional y la Unión Latinoamericana * A 200 años del Combate de San Lorenzo * Fermín Chávez: La vida de un intelectual honesto y comprometido
* Una mirada sobre John William Cooke * A 40 años de la muerte de Hernández Arregui - "El Pensador de Perón" * A propósito de la deuda externa

* A 103 años del nacimiento de Evita: "Las razones de su vida"

* Rev. de Mayo: de 1810 a la Independencia - El verdadero origen del 25 de Mayo * Rev. de Mayo: de 1810 a la Independencia - El comienzo del ciclo independentista * Revolución de Mayo: de 1810 a la Independencia - "Los olvidados del 25 de Mayo" * Revolución de Mayo: de 1810 a la Independencia - El Programa de la Revolución
* Luis Horacio Velazquez: Uno de los tantos escritores "olvidados"

* La Otra Historia: Güemes, de la Revolución Nacional a la Revolución Social

* La Otra Historia: Manuel Belgrano, De España a la Revolución Latinoamericana
* La Otra Historia: Manuel Belgrano, el hombre que pensó una Nación
* Los pioneros, Mosconi y los primeros paso de la petrolera de bandera * 9 de Julio: La construcción de la Patria * Eduardo Wilde: un defensor de "Los Descamisados" * Eva Perón: "Un Arco Iris de Paz" en Europa
* Eva Perón: Al final del Arco Iris, el pueblo encontró su tesoro * José de San Martín: "El tape de Yapeyú" (Primera Parte) * José de San Martín: "El tape de Yapeyú" (Segunda Parte) * La "Masacre de Trelew" (El odio oligárquico)
 

EL ODIO OLIGÁRQUICO
La Masacre de Trelew fue una de las expresiones más sanguinarias de la dictadura en toda su historia.
Esos jóvenes asesinados se jugaron la vida por una Argentina mejor y fueron parte de los hechos populares que crearon las condiciones para que el General Lanusse se viera obligado a llamar a elecciones. 

Repasar hechos históricos implica revisar el contexto en el que se dieron. Y la Masacre de Trelew, hace 50 años, fue una de las peores páginas de nuestra historia. Se vivía una época compleja, luego que la dictadura que había derrocado al gobierno de Arturo Umberto Illia en 1966. De a poco comenzó el enfrentamiento con los militares, con el gobierno de facto, y empieza a hacerse más que evidentemente con el “Cordobazo” en 1969, ese gran movimiento donde prácticamente un día y medio el pueblo fue dueño de la ciudad de Córdoba. “Rosariazos”, “Cordobazos”, “Mendozazos”...  Se vivía el ingreso de la política armada de sectores juveniles, que constituían un permanente peligro para los militares, aunque con un poco de anarquismo, en cuanto a la concepción de creer que el atentado individual puede dar resultados políticos.

Recuerdo al viejo Arturo Jauretche, decía que “en la punta del fusil tiene que estar la política”, porque la política tiene que prevalecer. Pero bueno, los enfrentamientos continuaban y en ese marco se produjo una represión muy fuerte, que da lugar a que sean detenidos en la cárcel de Rawson una cantidad importante de muchachos que se habían lanzado a la guerrilla contra el gobierno militar. Corría el año 1972.

El 15 de agosto arman una fuga, en principio, muy bien planificada. Pero un fallo en el plan hizo fracasar el escape masivo ya que nunca se presentaron en el lugar los camiones que debían trasladar a los que lograsen fugarse. En total, fueron 25 los que lograron dejar el penal, entre ellos estaban seis figuras que eran los dirigentes principales de los movimientos guerrilleros, que en ese momento habían llegado a un acuerdo entre los que venían de la izquierda y los que venían del peronismo. Lograron huir Mario Roberto Santucho, Enrique Gorríaran Merlo y Domingo Mena del Ejército Revolucionario del Pueblo; Fernando Vaca Narvaja con el nombre de Montoneros y Marcos Osatinsky y Roberto Quieto que eran de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Esos seis son los que más rápido pudieron huir del penal y llegaron a pasar a Chile, tras tomar un avión en el aeropuerto de Trelew. Los otros 19 llegaron cuando la aeronave ya había partido, por lo que decidieron controlar el aeropuerto esperando su oportunidad. Finalmente, son cercados por el ejército y, ya sin opciones, tienen que entregarse. Son llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew, y allí son detenidos.

Es en este punto en que se despliega el odio oligárquico, el odio que todavía a veces reaparece con guillotinas en la Plaza de Mayo. Les aplican la ley de fuga y una noche los sacan de la cárcel y prácticamente los fusilan. De los 19 detenidos, 16 caen bajo las balas represoras oligarcas. Sería bueno mencionarlos, aunque sea rápidamente, para recordarlo porque, equivocados o no, esquivados en la metodología, forman parte de una lucha del pueblo: Carlos Astudillo, Rubén Pedro Bonnet, Eduardo Capello, Mario Emilio Delfino, Alfredo Kohon, Susana Lesgart, José Ricardo Mena, Clarisa Lea Place, Miguel Ángel Polti, Mariano Pujadas, Carlos Alberto del Rey, María Angélica Sabelli, Humberto Suárez, Humberto Toschi, Alejandro Ulla y Ana María Villarreal de Santucho.

Los otros tres se zambullen dentro de sus celdas y allí son baleados, por lo que resultan heridos de mucha gravedad, pero no mueren, evitan el fusilamiento. Son: María Antonia Berger, Carlos Alberto Camps y Ricardo René Haidar.

Esto pasa a la historia como la “Masacre de Trelew”, y fue una de las más sanguinarias expresiones de la dictadura de toda su historia.

Recuerdo que la reacción del movimiento popular fue hacer una especie de velatorio en Avenida La Plata, cerca de Rivadavia, donde estaba la sede del Partido Justicialista. Llevaron allí tres féretros para hacer un velatorio en recuerdo de estos compañeros, pero la Infantería de Marina y la Policía Federal atacaron imprevistamente y se llevaron los féretros. Y un detalle que me viene a la memoria: Agustín Tosco estaba en la prisión de Rawson cuando se produjeron los hechos. Se le planteó el sumarse a la fuga, pero dijo que no, que no era conveniente y desistió del intento.

Lo que quedó es la memoria de estos 16 fusilados en Trelew, como una expresión de la mayor barbarie de nuestra historia en momentos en que ya el pueblo, a través de movimientos populares que se daban en las principales ciudades, estaba creando las condiciones para que el General Lanusse se viera obligado a llegar a un acuerdo con Juan Domingo Perón y aceptar las elecciones el 11 de marzo de 1973.

Es por ello que al repasar las victorias de las causas populares, esta fecha debe recordarse siempre como un gran triunfo, más allá de las condiciones especiales en que se dio con respecto a la situación de la democracia popular previa a la llegada de Héctor Cámpora.

Después, la muerte de Perón en 1974 significó un duro golpe para el movimiento popular, con sucesos que producen una declinación del peronismo que todavía tiene sus expresiones en buena parte de su dirigencia, ya que confunde a veces, o confundió, macrismo con peronismo.

Pero queda esa historia de estos jóvenes que se jugaron la vida por una Argentina mejor. (NORBERTO GALASSO, Telam, 20-08-2022)

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JOSÉ DE SAN MARTÍN: “EL TAPE DE YAPEYÚ” (1RA. PARTE)
Sus orígenes, que algunas versiones mencionan como fruto de una relación extramatrimonial de Diego de Alvear con una india guaraní, marcarán su vida. Su viaje y vida en España desde pequeño marcarían su temple hispanoamericano.

Repasar la vida de José de San Martín no es una tarea sencilla. Podríamos decir, como para abarcar su figura, que le ganó la batalla militar a los godos -así llamaba a los españoles “de derecha” en vida- y que, en cierto modo, San Martín, ya muerto y profundamente investigado, también le gana la batalla a la historia mitrista. Toda la información que disponemos nos obliga a tener una visión de San Martín que es distinta de la de Bartolomé Mitre, quien en sus primeras páginas de la biografía del libertador dice que la Revolución de Mayo se hizo por odio a España. San Martín no cabe en esta concepción, porque toda su vida estuvo impregnada del tiempo que vivió en España.

Respecto a sus orígenes, sobre San Martín hay escasa información con respecto a su nacimiento. Se refiere al 25 de febrero de 1777 -y no de 1778- él mismo cuando habla de su nacimiento y señala su edad. Es difícil precisar al respecto porque no se sabe, porque no hay fe de bautismo, se perdió. En aquel tiempo no había partida de nacimiento, sino que era la Iglesia la que daba el reconocimiento al nacimiento.

Esa documentación no existe, y es curioso cuando no existe porque es como pasa con la documentación del nacimiento de Juan Domingo Perón o, del nacimiento de Evita -que merece una profunda investigación-, por eso ha surgido esa idea sostenida por algunos que San Martín, en realidad, era hijo adoptivo de Gregoria Matorras y Juan de San Martín, y que fue hijo extramatrimonial de Diego de Alvear.

La familia San Martín tenía cuatro hijos. La versión señala que Alvear tuvo relación con una india guaraní, Rosa Guarú, con quien tuvo un hijo, y como no podía volver a Buenos Aires con la criatura después de haber estado en la zona misionera, se lo entregó a la familia de San Martín para que lo cuidaran. Así José se convertiría en el quinto hijo de la familia. Esto es lo que algunos sostienen con mucho fervor.

Más allá de la verosimilitud o no respecto a su orígen, lo que sí sabemos es que San Martín pasa sus primeros años de vida en una zona guaranítica. Durante su infancia, por la región en que fue criado, es inevitable imaginar que si salía a cazar pajaritos o a pescar en el río -por mencionar algunas de las actividades típicas de la niñez en aquellas épocas- con algunos indiecitos amigos, tenía que hablar en guaraní Y efectivamente algo de eso se pudo verificar ya que quedó registrado en la historia.

Durante la batalla de San Lorenzo, en la que se produce la muerte del sargento Cabral, San Martín entabla una última conversación con Cabral previa al fatal desenlace. Según lo menciona un sacerdote que hizo la investigación sobre ese hecho en el convento de San Lorenzo, la información inicial San Martín la da en guaraní.

Entonces, para resumir, San Martín era hijo de españoles, y no partirá hacia nuevos destinos con su familia sino después de pasar cuatro años en la zona de las misiones guaraníticas. Por ello, San Martín era, por sobre todo, un hispanoamericano, es decir, hijo de españoles que hablaba español en su casa y se supone que al salir a la calle, en los primeros años, era bilingüe y conocía el guaraní.

Tras pasar dos años en Buenos Aires, dónde no llega a ir al colegio, a los seis años lo llevan a España. No va al Seminario de Nobles de Madrid, porque el padre no era noble. Los historiadores españoles han publicado un libro con aportes de 10 españoles siguiendo la historia de San Martín en España, y se sabe que San Martín estudió en una escuela común. “Cayó”, como diría Mauricio Macri, en una escuela estatal de Málaga.

Allí le enseñaron la historia española, la geografía desde el punto de vista español, se instruyó en literatura española y estuvo, desde los 6 años hasta los 33, bajo esa influencia.

Entonces, la historia mitrista no puede explicar por qué un hombre que tiene esas influencias decisivas en su formación, que se acompaña con sus exitosas batallas en el ejército español, que le valieron el ascenso a teniente coronel de caballería, de repente se viene al Río de la Plata a luchar contra los españoles. En este último hecho, y sólo en él, se  basa Mitre para asegurar que era anti español.

Lo cierto es que San Martín nunca habla mal de los españoles, habla siempre críticamente de los godos, de los “maturrangos”, de los “bantuches”, los “bantuchos”.

María Rosa Oliver, en sus recuerdos narrados en su libro “Mundo mi casa”, dice que la abuela de ella -que conocía a San Martín como “el tío Pepe”, no como a un gran prócer-, qué el tío Pepe era un gallego y hablaba como gallego, y que tenía costumbres ordinarias. La abuela de María Rosa lo decía porque acostumbraba a ir a comer a la cocina con los sirvientes de la casa de los Oliver, o porque prefería identificarse con el personal de servicio y no con los hombres de la oligarquía, como eran los Oliver.

Lo cierto es que la única explicación se va dando a través de que sí se sabe, que junto con San Martín vinieron a Buenos Aires 18 oficiales españoles. Vino Martiniano Chilavert, que era español; Alvear, que estaba muy influenciado también por lo hispánico. Entonces, la única explicación es que San Martín, como también Manuel Belgrano y otros próceres, fuertemente influido por las ideas de la Revolución Francesa, integra la Logia de los Caballeros de Cádiz y viene al Río de la Plata a proseguir la lucha por la democracia, por la libertad, por los principios fundamentales de la Revolución Francesa. Porque España estaba viviendo la revolución que se había iniciado en 1808 que el mitrismo, a la hora de contar su versión de la historia, no la toma en cuenta para nada.

Esto explica que San Martín haya tenido claramente la necesidad de liberar todas las tierras americanas, que haya sido figura principal de un ejército que cruzó los Andes con una bandera que no era Argentina, era la bandera del ejército de los Andes: porque gran parte del Ejército de los Andes eran chilenos que habían sido derrotados en la batalla de Rancagua y habían sido reclutados en Cuyo por San Martín. Después se convirtió en el Protector del Perú. A algunos les llama la atención cómo un argentino va a ser Protector del Perú. La respuesta es que San Martín era, ante todo, un hispanoamericano. (Norberto Galasso, Telam, 17/8/2022)

Ver otras notas de Galasso sobre San Martín:

* JOSÉ DE SAN MARTÍN: "EL TAPE DE YAPEYÚ" (Segunda Parte)

* QUIEN FUE JOSÉ DE SAN MARTÍN

* EL GENERAL SAN MARTÍN Y LA CULTURA POPULAR

* COMO MITRE DESFIGURÓ A SAN MARTÍN

* SAN MARTÍN, HIJO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA POPULAR

Ver también la biografía de San Martín en: http://www.pensamientodiscepoleano.com.ar/1810%20HOMBRES.html#sanmartin

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JOSÉ DE SAN MARTÍN: “EL TAPE DE YAPEYÚ” (Segunda Parte)
La liberación americana, su relación con Simón Bolívar y la tirante relación con Buenos Aires.
La reivindicación de su figura está ligada a la soberanía, a la unión latinoamericana.

San Martín era un hispanoamericano fundamentalmente, y él mismo lo dice: “La revolución en las tierras americanas es de la misma naturaleza que la revolución española de 1808”, que fue una revolución que liquidó a la Inquisición y empezó a distribuir tierras. Era cumplir de una u otra manera los principios fundamentales de la Revolución Francesa, que después fue derrotada. Esto también nos obliga a poner en discusión la concepción sobre la Revolución de Mayo, que fue una Revolución democrática. Es decir, se reemplazó al Virrey por una junta popular, pero sin haber declarado la independencia.

San Martín no combate en San Lorenzo con bandera argentina porque la Argentina no existía. Lo consulté al Instituto Sanmartiniano, y no sabían que decirme. “Pero la bandera es necesaria porque en medio de una batalla es el punto donde se nuclean las fuerzas de uno de un lado para estar en contra del otro y no confundirlas a los propios enemigos con los amigos”. Bueno, “no se sabe muy bien”, me dijeron.

Tampoco me querían reconocer que el sargento Cabral había sido esclavo, y que fue liberado por su dueño para que pasara al ejército de San Martín.

Más allá de estos pequeños pero significativos detalles, la coyuntura justifica que la Asamblea del año 13 no haya declarado la Independencia, y explica además que San Martín no se haya convertido en ese entonces en un decidido adalid de la Independencia a partir del momento en que la revolución española cae derrotada y se repone la Inquisición. Se repone la derecha en España, la monarquía que persigue a los liberales -a los buenos liberales de aquel tiempo, no los liberales de ahora de acá en Argentina-, y entonces San Martín por eso también apoya la idea de Manuel Belgrano de la monarquía incaica. Es decir, si hay que establecer una monarquía de “rey que reina, pero no gobierna como un primer ministro”, no se puede recurrir a Europa sino a los pueblos originarios.

Entonces uno se encuentra con que Juan Butista Alberdi dice “cuando lo conocí a San Martin me sorprendió porque yo lo consideraba indio, de tez morena, cabellos negros y lacios, corpulento y sabía que le decían ‘el tape de Yapeyu’”. Lo consideraban mestizo, ligado a su nacimiento en las zonas guaraníticas, y la poca información que existía sobre él hizo que cuando llegase al Río de la Plata desconfiaran de él, porque él hablaba en un tono castizo y con refranes españoles.

Esto explica además porque no combate en el Perú. Porque él tiene diálogos con el jefe de las fuerzas que había mandado España, que envió dos flotas para recuperar las tierras americanas después que es derrotada la revolución española, no antes. Por eso, la bandera española flamea en el Fuerte de Buenos Aires hasta 1814: porque no se ha declarado la independencia. Las habituales confusiones de los chicos entre el 25 de Mayo y el 9 de Julio están ligadas a esto.

San Martín aparece como una figura realmente hispanoamericana, que no podía de ninguna manera tener rencor alguno ni animadversión por Simón Bolívar como nos enseñaron en la escuela. Incluso en Venezuela también, porque esa es la formación de una cultura que propende a que no tengamos una concepción latinoamericana.

Hurgando en la investigación se encuentra que San Martín, en el exilio, tenía tres retratos de Bolívar. Uno de ellos lo tenía en su propio dormitorio, delante de su cama. Es decir, que cuando se despertaba a la mañana al primero que veía era Bolívar, y cuando se acostaba a la noche, al último que veía era Bolívar. Solamente un masoquista se podría autoinfligir ese sufrimiento con quien, suponiendo lo que dice la versión de la historia de Bartolomé Mitre, le habría robado la gloria de terminar la campaña de liberación latinoamericana. Incluso se cartea con Bolívar después del encuentro de Guayaquil.

Lo cierto es que San Martín no podía negociar de otra manera que como negoció con Bolívar, porque no tenía ningún apoyo de parte de Bernardino Rivadavia desde Buenos Aires. Tenía que entregarle su ejército a Bolívar y hacer que los últimos granaderos participaran en las últimas batallas de liberación.

Esto explica la animadversión tremenda de San Martín por Rivadavia. Bernardo O´Higgins le dice en una carta: “Rivadavia es el más innoble que ha nacido en estas tierras”, y San Martín le responde: “Sí, me puso espías cuando yo estaba en Mendoza, es un malvado”. Los diarios rivadavianos, obviamente, lo atacan a San Martín.

Dentro de esta recomposición de San Martín está también su concepción, cuando ya es decididamente independentista, de que la Batalla de Obligado es muy importante. Mantiene un intercambio de 10 cartas con Juan Manuel Rosas, que no aparecen en la historia de la biografía escrita por Mitre, quien nos explica cómo San Martín se ha vuelto monárquico en 1819. Omite el diálogo entre San Martín y Rosas, y omite también una entrevista entre San Martín y Domingo Faustino Sarmiento, donde Sarmiento habla mal de Rosas y San Martin le dice que “no debe ser tan malo si está en el poder”.

Una historia que nos enseñaron en el colegio es cuando una de las nietas de San Martín se pone a llorar y él le da una medallita, que le habían dado en la batalla de Bailén por su comportamiento valiente y arrojado. Estando Sarmiento presente, San Martín dice “esto es una demostración del reconocimiento para los que están dispuestos a defender las tierras americanas”. Fue un “alfilerazo” a Sarmiento frente a su posición de apoyo a la Comisión Argentina que jugó con el general Juan Lavalle, quien se hizo transportar por barcos franceses para acabar con Rosas. Vale aclarar aquí que Rosas que tenía sus limitaciones, como un gran estanciero que tampoco es una figura que uno puede adscribir totalmente, porque con la distribución de tierras que se hizo en la época de Rosas se consolidó la oligarquía terrateniente que después profundizó Mitre y finalmente se convirtió en lo que es hoy.

Creo que a San Martín hay que considerarlo fundamentalmente como un hispanoamericano, dentro de una concepción histórica que tiene que ser latinoamericana. Porque de otro modo, pensando en el presente, no podemos entender que, con la que espero sea seguramente una victoria de Lula en Brasil, estamos ante un cambio en América Latina, con México, con Colombia -insólitamente con un gobierno popular después de tantos desastres y muertes-, con Chile y todas sus contradicciones que puedan tener, y con lo que uno espera que pueda enderezarse el gobierno argentino en algunas cosas. Aunque sería sustancial agregar que salvarle la vida a Evo Morales, como hizo Alberto Fernández incluso antes de asumir, lo justifica totalmente desde esta perspectiva latinoamericana.

En ese sentido, creo que la reivindicación de San Martín está ligada a la soberanía, está ligada a la unión latinoamericana y está ligada a esas actitudes que tomaba él con un cocinero negro, por ejemplo, que otros hombres de su generación hubieran discriminado, y con su concepción inicialmente ligada al principio fundamental en la Revolución francesa, aunque estos hayan sido después desvirtuados por la burguesía y el desarrollo del capitalismo galo perdiendo los valores fundamentales de libertad, igualdad y fraternidad que hay que promover y profundizar en estos momentos de grave crisis de nuestro país. (Norberto Galasso, Telam, 17/8/2022)

Ver otras notas de Galasso sobre San Martín:

* JOSÉ DE SAN MARTÍN: "EL TAPE DE YAPEYÚ" (Primera Parte)

* QUIEN FUE JOSÉ DE SAN MARTÍN

* EL GENERAL SAN MARTÍN Y LA CULTURA POPULAR

* COMO MITRE DESFIGURÓ A SAN MARTÍN

* SAN MARTÍN, HIJO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA POPULAR

Ver también la biografía de San Martín en: http://www.pensamientodiscepoleano.com.ar/1810%20HOMBRES.html#sanmartin

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EVA PERÓN: “UN ARCO IRIS DE PAZ” EN EUROPA
Cuál fue el objetivo político que trazó Perón para la gira por Europa y su estrategia ante la invitación de Franco.
La sorpresa del efecto Evita y el fusilamiento que logró evitar. Las chicanas de la Iglesia.

El viaje de Eva Perón a Europa, en 1947, tuvo suma importancia. En realidad, su origen se produjo cuando Juan Domingo Perón asume el 4 de junio de 1946 y empieza a desarrollar una política exterior independiente de acuerdo con su concepción de la denominada “Tercera Posición”, es decir, de no estar atado al capitalismo ni al comunismo.

Esta idea de Perón fue bastante difícil de manejar porque, para colmo, a los pocos meses le llegó una invitación de Francisco Franco, el caudillo fascista que permanece como dueño y señor de España, para que fuera a recorrer el país de donde procedían muchas familias argentinas.

Para Perón fue todo un problema porque una cosa era mantenerse independiente de Estados Unidos y Gran Bretaña y otra, aparecer junto a un fascista que venía de una guerra civil con cientos de miles de muertos.

La situación también era complicada para la Argentina, porque el país mantuvo la neutralidad durante casi toda la Segunda Guerra Mundial y recién definió su posición cuando el conflicto estaba por terminar. En aquel contexto, se planteaba que los aliados iban a hacer pagar muy caro a España y a la Argentina por su falta de apoyo durante la guerra.

Por eso, tampoco resultaba conveniente rechazar la propuesta de Franco, más allá de su ideología y su historia negra.

Entonces, Perón llamó al padre Hernán Benítez, que era su asesor en muchas cosas, y le dijo que viajara a España para proponer que la persona que iba a representar a la Argentina iba a ser Eva Perón, la esposa del presidente argentino.

La importancia de esta decisión quizás hoy no sea valorada en su real dimensión. Eva era una muchacha de 28 años que no conocía nada de cancillerías ni protocolos diplomáticos. No olvidemos que poco tiempo antes, ella estaba buscando trabajo en compañías de teatro tras haber salido de Junín con sólo 15 años.

Pero evidentemente, Perón había captado que Eva tenía el carácter y la capacidad suficientes para representar a la Argentina en aquel viaje.

Otra de las instrucciones que llevó el padre Benítez fue combinar la visita a España con otros destinos europeos. “Vaya a Francia, a Italia, al Vaticano”, para que el viaje no aparezca como una adhesión al fascismo español, fue la indicación de Perón.

Según me contó el propio padre Benítez, los preparativos de lo que ya se había convertido en una gira comenzaron durante los primeros meses de 1947. Lilian Lagomarsino de Guardo, que la acompañó, recordó que Evita sentía cierto temor ante el inminente viaje a Europa. En aquellos años sólo los ricos se permitían viajar en avión, a lo que se sumaba el hecho que ella era una joven mujer que iba acompañada únicamente por la esposa del diputado Ricardo Guardo.

Finalmente, Eva partió de Argentina el 7 de junio de 1947. Antes de ascender al avión, le escribió una carta a Perón en la que le ratificó su amor y la decisión de dar todo para cumplir su misión en Europa. También aprovechó la misma nota para comentarle que su secretario privado, Rodolfo Freude, era una mala persona ya que había mandado gente a Junín para investigar su pasado.

Ya en España, el 9 de junio la condecoraron con la Cruz de Isabel la Católica en una concentración que reunió a 300 mil personas. Para entender la presencia de esta multitud es importante recordar que España atravesaba una crisis tremenda y la Argentina le estaba enviando alimentos en medio de una política de Perón de intentar consolidar su gobierno en el campo internacional.

Además, aquella impresionante cantidad de gente se encontró con una muchacha que tenía a su favor haber sido actriz y tener cierto conocimiento de cómo expresarse en público. Como si fuera poco, Eva levantaba la bandera de la justicia social y, si bien sus palabras eran para todos los trabajadores, se dirigía especialmente a las mujeres y a las obreras de España.

“Mujeres españolas, no he venido a formar ejes sino a tender un arco iris de paz con todos los pueblos, como corresponde al espíritu de la mujer. Unamos nuestros esfuerzos”, afirmó Eva en un discurso que tuvo una gran resonancia en toda Europa, porque expresaba la posición de Argentina, de un gobierno nuevo sobre el que muchos dudaban después que Perón fuera calificado de fascista por parte de la oposición.

Más allá de cualquier consideración política, Eva se mantuvo al margen de todo protocolo desde el comienzo de su viaje. Así, si visitaba Madrid tenía que ir a los suburbios de la ciudad porque quería estar en contacto directo con los trabajadores. De esta manera, la llevaron a una corrida de toros y no tuvo reparos en decir que le parecía algo inhumano.

En una de esas concentraciones populares se le acercó un pibe y le entregó una carta que decía: “Señora Eva Perón, me han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar a mi madre. Necesito que me ayude. Se llama Juana Doña, está en la cárcel de mujeres y Franco la quiere matar”. Conmovida, Eva planteó a Franco la situación de aquella militante comunista, por lo que se vieron obligados a levantar la sanción.

Durante el paso de Eva por España hubo varias manifestaciones populares que contaron con la presencia de Franco, quien por momentos evidenció un excesivo silencio y cierto desagrado por las cosas que decía ella. “Usted cuando quiera juntar gente, llámeme”, le sugirió Eva.

Naturalmente, durante su estadía en España la llevaron a recorrer los lugares más tradicionales, entre ellos el palacio de El Escorial. Allí, después de admirar la estructura monumental de la construcción, no pudo evitar decir: “Qué hermoso hospital se podría hacer aquí para el pueblo” (extraído de las Memorias de Lilian de Guardo).

Antes de partir el 26 de julio, provocó toda una serie de complicaciones. El padre Benítez fue el autor de unos de sus primeros discursos, que resultaron bastante fuertes incluso para el peronismo de la época. En virtud de ello, la cúpula de la Iglesia le llamó la atención al sacerdote y le ordenó que debía apartarse y no seguir acompañándola.

- “Padre, la clase rica está sacando a los chicos”, le dijeron en un llamado desde Buenos Aires.

- “Bueno, están sacando los chicos a la calle, me parece muy bien así aprenden un poco lo que es la calle”, fue el comentario del padre Benítez.

- “No, no, los están sacando de los colegios y es muy grave porque significa una pérdida de dinero muy grande para la Iglesia”, le contestaron.

Más allá de la clara distinción entre lo que era la religión y el negocio de la educación, terminaron sancionando al Padre Benítez para que no apareciera más junto a Evita.

Pero fue tarde. El sacerdote ya había realizado todas las gestiones para que el viaje de Eva se extendiera a Italia y Francia. (NORBERTO GALASSO, Telam, 25-07-2022)

VER TAMBIÉN: Eva Perón: Al final del arco iris, el pueblo encontró su tesoro

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EVA PERÓN: AL FINAL DEL ARCO IRIS, EL PUEBLO ENCONTRÓ SU TESORO
A medida que avanzaba el viaje, Evita comenzó a mostrar señales de su paulatina transformación en la que sería recordada como la Abanderada de los Humildes.
Su providencial encuentro con quien luego sería el Papa Juan XXIII.

El viaje de Eva a España se extendió hasta el 26 de julio de 1947, fecha en la que dio un discurso de despedida bastante fuerte:

“Este homenaje de colosales proporciones, sería exagerado e inexplicable si hubiera sido tributado a una mujer. Pero no; no ha sido rendido tan sólo a una persona, ni siquiera a un país. Esta apoteosis entraña un sentido más recóndito y abismal. Vuestro aplauso saluda al mundo nuevo, promisor de justicia y de paz, que nace de los escombros del antigüo, carcomido por los atropellos sociales.

Quienes en Europa y en América no alcanzan a comprender la profunda revolución de esta hora, atribuirán a un fenómeno de psicología multitudinaria o a una sugestión colectiva el homenaje delirante del pueblo español, señorial como ninguno, a una sencilla mujer argentina, nacida en el seno de las clases trabajadoras, y alzada por ellas a la suprema cima espiritual de la República.

Recojo vuestro aplauso porque revela a las claras el hambre de justicia social arraigado en el pueblo hispánico y el ansia incontenida de sostener el nuevo mundo de pan y de paz, por cuyo afianzamiento luchamos los españoles y los argentinos.

No habéis vitoreado algo intrascendente, sino un amanecer de esperanzas y de luminosidad que se alza rutilante como un sol en el horizonte de la hispanidad.

Recojo vuestro clamoreo apoteósico porque en mí no se ha glorificado a una mujer, sino a la mujer popular, hasta ahora siempre sojuzgada, siempre excluida y siempre censurada. Os habéis exaltado a vosotras mismas, trabajadoras españolas, quienes reclamáis con todo derecho que no vuelva jamás a implantarse la vieja sociedad en la que unos seres, por el mérito de haber nacido en la opulencia, gozaban de todas las inmunidades; y otros seres, por el pecado de haber nacido en la pobreza, habían de padecer todas las obligaciones. El oscuro linaje y la pobreza no opondrán ya jamás barreras a nadie para que pueda lograr el desarrollo de sus aspiraciones y el triunfo de sus ideales.”

Cuando concluyó el discurso de despedida, y según evocó un periodista allí presente, Eva se permitió un guiño de picardía con Franco: “Oiga, cuando quiera volver a juntar tanta gente, mándeme a llamar”, le dijo con un leve toque de su codo en el brazo.

Otro periodista recordó un diálogo que mantuvo con una modista madrileña, muy modesta, que también había escuchado las palabras de Evita: “Ella hablaba y nos decía a las mujeres que debíamos liberarnos. Franco le tiraba de la falda, quería que se sentara, que no siguiera hablando. Franco estaba nervioso y reconocible. Era en 1947, ¿usted sabe lo que era España en 1947? Yo veía a esa virgen rubia hablando como los dioses predicando libertad en la España de 1947. Sentí un escalofrío que me paralizó todo el cuerpo. Cerré los ojos y comencé a rezar. ¿Qué pensé en esos momentos? lo único que podía pensar: que Franco la iba a fusilar.”

Después de España, Eva llegó a Italia y pasó por el Vaticano. En Italia se encontró con manifestaciones, lo que hoy serían escraches, realizados por un Partido Comunista que se había informado a partir de la mirada del dirigente Victorio Codovilla y su consideración del peronismo como un fascismo que engañaba a la gente.

El próximo destino fue el Vaticano, donde en aquellos años no era muy común conseguir una audiencia con el Papa. Eva se informó que el encuentro iba a ser bastante breve y acompañada por Alberto Dodero, un empresario del transporte que era amigo de Perón, dio la siguiente instrucción: “A nosotros no nos va a joder el Papa. Usted lleve dos cheques, si cuando salgo yo le digo ´excelente´, le da el cheque de mayor importe; si cuando salgo de la reunión con el Papa yo le digo ´bien´, usted le da el mínimo que corresponde”.
La audiencia estuvo rodeada de todas las cuestiones típicas de la jerarquía eclesiástica.

- “¿Es cierto que está casada con Perón? ¿Es un matrimonio legal o es un concubinato?”, preguntó el secretario del Papa a un miembro de la comitiva de Evita.

- “Pero, ¿usted no tiene un nuncio en Buenos Aires? ¿No le informó que pocos días después del 17 de octubre Perón y Eva se casaron por Iglesia?”, intervino el padre Benítez.

- “Bueno, está bien, ¿pero ella es hija extramatrimonial?”, insistió el secretario papal.

Benítez estuvo a punto de explotar, pero les dijo que Evita era una santa y reivindicó su papel en la defensa de las mujeres y los trabajadores.

Después, la comitiva pasó brevemente por Portugal y luego se dirigió a Francia, donde tuvo un encuentro especial con un sacerdote de expresión casi campesina. Se trataba del obispo de París Ángelo Roncalli, quien luego se convertiría en el Papa Juan XXIII y provocaría grandes cambios en la Iglesia respecto a las teorías de la liberación, los curas del Tercer Mundo y los sacerdotes obreros.

Lo concreto fue que Roncalli sabía de las acciones populares que impulsaba Evita, por lo que se le acercó y le dijo: “Usted ha elegido el camino de luchar junto a los pobres como Jesucristo. Siga por ese camino, pero ese camino es duro, es un camino que lleva a la cruz.”

Es decir, todas las infamias que se hicieron con Evita hasta el secuestro de su cadáver, en cierto sentido estuvieron previstas en aquellas palabras de Juan XXIII, sin dudas la expresión más importante que tuvo la Iglesia hasta el actual Papa Francisco.

Continuando con la gira, la comitiva no fue a Londres porque no quería saber nada con los ingleses. Luego, pasó brevemente por Suiza e inició el regreso a través de Brasil y Montevideo. Y el 23 de agosto de 1947 llegó a la Argentina. “He recorrido los viejos países de Europa, algunos devastados por la guerra. Allí, en contacto directo con el pueblo, he aprendido una lección más en la vida. La lección de la mujer abnegada y de trabajo, que lucha junto al hombre por la recuperación y la paz. Mujeres que forjaron armas para sus hermanos”, señaló en su regreso.

La gira de Eva cumplió un rol destacado en los intentos de Perón de desengancharse de las políticas de subordinación a Inglaterra y luego a Estados Unidos, que caracterizaron a los gobiernos conservadores de aquella época.

Es interesante recordar que Evita era la Primera Dama de la Argentina y, durante la primera época, solía lucir vestidos ostentosos que provocaban las críticas de las señoras de la oligarquía.

Pero cuando volvió del viaje, al poco tiempo creó la Fundación Eva Perón en la que el padre Benítez fue un asesor importante. No sólo eso, sino que también impulsó la Ley 13010 de Sufragio Femenino, conocida como Ley Evita; y profundizó las ideas que tenía sobre la clase trabajadora como elemento sustancial y puente con el general Perón, un vínculo que se va a sentir en su real dimensión después de su deceso.

Después del viaje, cambió hasta sus costumbres. Y se convirtió en la Evita que vestía trajes sastre, en la Evita que usaba un rodete en el cabello y en la Evita que se parecía cada vez más a las trabajadoras. Dejó atrás aquello que había sido como una especie de venganza por su niñez desamparada, contra aquellas señoras de vestidos suntuosos confeccionados en Europa.

Es decir, hubo una profundización de Evita como una figura representativa del protagonismo obrero con respecto a un líder de un frente nacional, que tenía tanto el apoyo del Ejército como de los sectores populares.

Evita se convirtió en una figura muy importante de este movimiento nacional y popular, por lo que su reivindicación se mantuvo durante el tiempo y su figura sigue provocando la simpatía de todos aquellos que allí, entre los trabajadores, se levanta la columna sustancial del frente nacional. (NORBERTO GALASSO, Telam, 25-07-2022)

VER PRIMERA PARTE: Eva Perón: “Un arco iris de paz” en Europa

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EDUARDO WILDE: UN DEFENSOR DE "LOS DESCAMISADOS"
Eduardo Wilde falleció, en Bruselas, el 5 de septiembre de 1913.
Había pertenecido a la Generación del '80 y en su vida había transitado por diversos caminos: médico, escritor, político, ministro, diplomático, ensayista y periodista. Demasiado protagonismo tuvo –en gran parte compendiado en sus Obras Completas de 19 volúmenes– como para que la Historia Oficial, montada por el mitrismo, pudiera ignorarlo.

Lo ingresaron, entonces –tomando alguna ironía suya fuera de contexto– como un hombre frívolo, aristocratizante, escéptico, ajeno a las vicisitudes del pueblo y lo colocaron en el mundo literario, como autor de cuentos, alguno de los cuales –como "Tini"– podía incorporarse a las antologías y recibir el elogio de alguna profesora de literatura. Es decir, una figura intrascendente 'del mundo de la política oligárquica' que, para colmo de horrores, había sido ministro del presidente Roca (quien, como nadie ignora, era el principal enemigo de Mitre en el '80), de modo tal que si Wilde tuviera estatua, también habría que derrumbarla, junto con la del general como propone alguna gente.

En un diccionario biográfico de Vicente Cutolo, sin embargo, se admite que "pocos hombres públicos argentinos suscitaron más odios y fueron, como Wilde, combatidos con más saña y encarnizamiento". Y eso nos da una pista de la tergiversación operada sobre su figura.

Wilde fue, por sobre todo, un político antimitrista y allí empieza a descorrerse el velo de la maniobra descalificadora. Escribió: "Un mitrista no almorzaba antes de leer La Nación, como los curas que no almuerzan antes de decir misa. Una vez leída La Nación ya estaban listos para todo, briosos y contentos. El sastre les podía tomar medidas para hacerles ropa, podían hacerse cortar el pelo, pasar por la casa de sus novias y se hallaban ya en actitud de emprender las más grandes conquistas... ¿Ha leído usted La Nación, se preguntaban unos a otros en la calle. Una mirada terrible era la sola contestación, una mirada que quería decir: ¿Acaso no soy hombre? El hecho es que en aquella época el partido mitrista era una religión y cada mitrista, un devoto fanático... Creer en Mitre era creer en dios... No eran los suscriptores quienes sostenían a La Nación, era la fe, la creencia en un Mitre supremo creador y orador de todas las cosas, aunque todas le salieran mal" (Fígaro, 28/10/1885).
"Su presidencia fue guerra a las provincias, la horca, 'la pacificación' de las tumbas, la soledad de la muerte... El terror, en la lanza de sus procónsules, el exterminio llevado a un pueblo hermano" (ídem).
Respecto al mitrismo, agrega: "Representa a la aristocracia, no digo la de estirpe o familia, porque no la hay entre nosotros, pero sí la del dinero, del capital, de la finanza, del comercio y la gran propiedad territorial... ¿Y acaso el capital tiene Patria? La Patria es la Bolsa, de donde saca las mejores ganancias. Por eso mismo, allí está el peligro de la República" (Vida y obra de Eduardo Wilde, de Norberto Acerbi, pp. 54 y 55).

En tanto antimitrista, Wilde reivindicaba al pueblo: "La prensa mitrista llama Descamisados a todos los que no son partidarios de su ídolo... Pero, ¿quién les habrá robado la camisa? ¿Por qué, siendo argentinos, se encuentran desheredados en su propia Patria? Los que ahora nos insultan llamándonos Descamisados, quizás viven en suntuosos palacios o en casas regaladas que se compran con el dinero que se cercenó a nuestros salarios. Quizás los que después de habernos desnudado se ríen de nuestra desnudez, se visten lujosamente con el dinero que la Nación había destinado para que fuéramos bien alimentados... Los Descamisados no son mitristas. Los mitristas tienen camisa, casa, alimento y dinero... Nuestros descamisados expondrán hoy sus pechos descubiertos a las balas de los revólveres lujosos y a los filos de los puñales con que la plutocracia de Buenos Aires ha armado a sus afiliados… Son ellos, los descamisados, los miserables a quienes queda como única fortuna su conciencia, los que forman el pueblo, la mayoría que arrastra una vida precaria en las ciudades, siendo siempre la primera en los sacrificios y en los gloriosos combates. Recogemos el nombre o el apodo con que se pretende injuriar a los partidarios de nuestras ideas y nos lo apropiamos con orgullo. Somos los Descamisados, no traficamos con nuestra conciencia, pero el sol que lucirá hoy no se ocultará en el horizonte sin presenciar nuestra victoria democrática" (La República, 12/4/1874).

Además, Wilde era partidario del proteccionismo, impugnando al liberalismo económico antinacional ("Industrias Argentinas", El diario, 10/6/1882) y fue el principal impulsor de la Ley 1420 de enseñanza laica, gratuita y obligatoria, batiéndose, en dura pelea con el clero: "Ha dicho el obispo que es más fácil extinguir el sol que destruir a la Iglesia de Cristo. ¡Barbaridad! La historia nos enseña que hombres y pueblos, ciudades y monumentos pasan, se reducen a polvo, se pierden en el olvido. El sol, en cambio permanece imperturbable desde el día de la creación, alumbrando a este mundo de tontos y pillos" (1884).

Fue también sanitarista y se jugó ejerciendo su profesión, en las epidemias de cólera y fiebre amarilla, aunque se lo quiere hacer pasar por escéptico. Y tal era su claridad frente al poder del mitrismo que cuando el Partido Autonomista Nacional comienza a claudicar, Wilde critica "su mitrificación", aunque su escrito aparece luego publicado usando la palabra "mitificación" (Norberto Acerbi, ídem, p. 170).

Todo eso fue Wilde. Ah, es cierto, también fue el autor de "Tini" y otros relatos que recibieron el elogio de Jorge Luis Borges –cuando era nacional e yrigoyenista– en su libro El idioma de los argentinos, de 1928. (N. GALASSO en "Tiempo Argentino", 5/9/2013)

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9 DE JULIO: LA CONSTRUCCIÓN DE LA PATRIA
La importancia de la Declaración de Independencia en el Congreso de Tucumán y las confusiones escolares con la Revolución del 25 de Mayo.
El rol clave de Belgrano, San Martín y Güemes, frente a la mirada porteña que le daba la espalda a América Latina.

Para comprender la historia del 9 de julio de 1816 y la Declaración de Independencia es preciso recordar que la Revolución del 25 de Mayo representó un cambio de gobierno en el que se reemplazó la figura del virrey por una junta popular. Insisto, no hubo ninguna declaración de independencia e, incluso, se mantuvo la bandera española en el frente de la Casa de Gobierno.

En una carta decisiva del 18 de julio de 1814, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio Posadas, escribió a José de San Martín: “Napoleón ha sido derrotado y nos ha dejado en los cuernos del toro”, le explicó, precisando que Fernando VII había vuelto al trono de España pero con un giro a la derecha. En la nota le informó que habían empezado a perseguir a los liberales, encarcelado a miles de personas y restablecido la Inquisición. También le dijo que había anulado la Constitución liberal progresista de 1812 y vuelto al absolutismo monárquico, de tal modo que había decidido enviar dos flotas para recuperar estas tierras de América, que él ya no consideraba que eran provincias, como creía la Junta Central de Sevilla, sino colonias de España. Frente a esa situación, Posadas consideró que era necesario tomar una decisión y propuso en la carta a San Martín: “Tendremos que cambiar todos nuestros criterios como consecuencia de este hecho”.

A partir de ese momento, San Martín comenzó a presionar para que se convoque a un Congreso en el que se declare la independencia de España y se organicen estas tierras con un gobierno propio y una Constitución.

Este proceso se profundizó en los próximos dos años, hasta que los congresales finalmente se reunieron el 9 de julio de 1816 y declararon la Independencia.

Una vez explicado esto, es importante señalar que la historia escolar ha simplificado mucho todo este proceso, porque pareciera que lo que se declaró fue la Independencia de Argentina, cuando en realidad fue la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica.

Otro aspecto considerado erróneamente, que a veces se repite en los colegios, es que al Congreso de Tucumán asistieron representantes de todas las provincias, cuando no fue así.

Del sur no podía ir nadie porque estaban habitados por los pueblos originarios.

De la zona del litoral tampoco fueron. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y el territorio de Misiones habían participado en el Congreso organizado por José Gervasio Artigas en 1815, donde declararon la independencia un tiempo antes.

En cambio, al Congreso de Tucumán concurrieron los pueblos altos peruanos, es decir, Charcas, La Plata - Cochabamba y otros pueblos que hoy pertenecen a Bolivia. Es decir, que tuvo características distintas a las que se difundieron en la historia de Ibáñez, Astolfi y los otros discípulos de Bartolomé Mitre.

Los congresales fueron los representantes de las provincias del centro y norte de lo que es hoy la Argentina y de pueblos que hoy son parte de Bolivia. Eso explica que la Declaración de la Independencia fuera publicada en quechua y en varios idiomas correspondientes a las etnias que intervinieron, evidenciando el sentido latinoamericano de la Constitución de ese Congreso. Fue algo muy distinto de lo que a veces se presume como un Congreso exclusivamente de la Argentina.

Al declararse la independencia, entre los congresales surgió la necesidad de explicarle al mundo los motivos de esa trascendente determinación. Entonces, el Congreso de Tucumán aprobó un manifiesto que ha sido borrado de la historia de Mitre y que si bien fue rescatado por algunos historiadores revisionistas, no tuvo demasiada difusión.

En ese documento, el Congreso de Tucumán se dirigió al rey Fernando VII planteándole: “Nosotros que fuimos leales en 1810 a las vicisitudes que usted el rey sufría y lo acompañamos jurando prácticamente en casi toda la América del Sur en nombre del rey Fernando VII, nos encontramos con que repuesto en el trono en 1814 después de la derrota de Napoleón, usted lo que hace es perseguirnos y pretender actuar bélicamente contra nosotros, que dejaríamos de ser provincia para ser otra vez lo que fuimos antes colonias”.

También se hizo un relato de los años en que hubo saqueos y explotación por parte del absolutismo monárquico español, lo que no significó hablar en contra de España sino referirse a la España negra, muy distinta a la que había hecho la Constitución de 1812, de las Cortes de Cádiz, que luego fue anulada por Fernando VII. Planteada esta situación, fue necesario organizar el nuevo país que se había declarado independiente. Y ahí fue donde Manuel Belgrano, que había estado en Europa, llegó con la noticia que se habían repuesto todos los reyes y que la única forma de ser reconocidos independientes era impulsar una monarquía constitucional.

Esto fue lo que llevó a Bartolomé Mitre a sostener que Belgrano y San Martín habían declinado en sus posiciones republicanas, lo que no fue cierto porque lo que realmente planteaban era acomodarse a la situación del momento, que impedía la declaración de un país libre independiente de acuerdo con la concepción de la Revolución Francesa, que había sido derrotada después de todos estos años.

Entonces, apareció Belgrano con su idea de impulsar una monarquía incaica, lo que permitiría no recurrir a una dinastía europea, sino a los hombres de los pueblos originarios. Así, se habló de un hermano de Túpac Amaru y de Dionisio Inca Yupanqui, un militar que había representado a América en las Cortes de Cádiz.

Con el apoyo de Miguel Martín de Güemes desde el norte y San Martín que lo consideraba muy interesante, Belgrano finalmente lo anunció en un encuentro con caciques de los pueblos originarios. Por supuesto, ellos estuvieron muy contentos con esta nueva característica que tomaría la organización del país, ligada a toda la historia anterior.

A medida que avanzaba el proyecto que establecería la capital en el Cuzco, intervino un representante de Buenos Aires para buscar frenar lo que se consideró una política antiporteña, y ese personaje fue nada menos que Tomás de Anchorena: “Qué es lo que se pretende al poner de rey a un pata sucias que habría que ir a buscarlo borracho en alguna chichería del Alto Perú, un hombre de la raza color chocolate”, preguntó.

El desprecio de los porteños, que todavía se observa en algunos casos con respecto a las provincias del país y al resto de América Latina, se evidenció en esta ofensiva de Anchorena para trabajar el proyecto de la monarquía incaica.

Así fue como el Congreso de Tucumán declaró la independencia pero no dictó la Constitución ni impulsó ninguna organización de las autoridades.

Tiempo después, el Congreso trasladó sus sesiones a Buenos Aires y en 1819 intentó coronar al Príncipe de Luca, lo que iba a significar entregar todo a una dinastía europea. Esta jugada fue frustrada por la acción de los caudillos, lo que se confirmó en 1820 con la presencia viva de Francisco “Pancho” Ramírez, Estanislao López y otros líderes provinciales, que confirmaron que ya no era posible aquella actitud de sumisión frente a los europeos.

De esta manera, el Congreso de Tucumán declaró exclusivamente la independencia, con ese documento poco conocido en el que se explica la diferencia entre la Revolución del 25 de Mayo de 1810 y la Declaración de la Independencia que se postergó como consecuencia de la frustración de la revolución española. Allí jugaron un rol importantísimo Belgrano, San Martín y Güemes. Y, como siempre, los diputados de Buenos Aires evidenciaron la concepción de la patria chica, del puerto y de la Aduana, con un lamentable desconocimiento a los pueblos del resto de América Latina.
(Fuente: Nota de Norberto Galasso para Telam, 8/7/2022)

Leer también ¿La Patria tiene dos cumpleaños, el 9 de julio y el 25 de mayo?

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“¿LA PATRIA TIENE DOS CUMPLEAÑOS; EL 9 DE JULIO Y EL 25 DE MAYO?”

Hace “una temeridad de años” –como solía decir Atahualpa Yupanqui refiriéndose a su niñez– asistí en mi escuela primaria a una pregunta inquietante realizada por un compañero a la maestra: “Señorita, ¿la Patria nació dos veces? ¿Tiene dos cumpleaños: el 25 de mayo y el 9 de julio?” Recuerdo también el azoramiento de la docente que rápidamente pasó a otros temas menos complejos. Sin embargo, ante la llegada de un nuevo 9 de julio, todavía aquella pregunta carece de respuesta para gran parte de los argentinos, especialmente, en los institutos de enseñanza.

Según la historia tradicional mitrista, nos independizamos el  25 de mayo de 1810, cuando fue derrocado el virrey. Para la misma historia – que todavía se sobrevive increíblemente– se declaró la independencia en Tucumán el 9 de julio de 1816.  Este absurdo tiene todavía vigencia y de allí que “una historia boba” provoque el bostezo de los alumnos: habríamos vivido seis años, siendo independientes, pero ocultándolo bajo “la máscara de Fernando VII”, en base a la cual la Primera Junta juró obediencia a dicho señor, y más aún –ahora lo sabemos por testimonios de aquella época– la bandera española flameó en el Fuerte de Buenos Aires hasta 1814. En relación con esto, el profesor J. C. Chiaramonte sostuvo, hace unos años, que nadie o casi nadie tenía intenciones independentistas entre los hombres de Mayo y que suponía que “la fábula” de “la máscara de Fernando VII” no se enseñaba ya en ningún colegio. Sin embargo, casi contemporáneamente, los fascículos coleccionables de Historia Argentina publicados por el Colegio Nacional  Buenos Aires, bajo la dirección de Aurora Ravina, persistían en darle validez a ese supuesto ocultamiento, con lo cual se insistía en festejar el cumpleaños patriótico el 25 de mayo y después, hacer nacer a la Patria –por segunda vez– el 9 de julio.

Esta incoherencia –que se correspondía con el carácter de semicolonia inglesa que el país mantuvo hasta 1945 y la dominación oligárquica sobre la superestructura cultural, así como con la subordinación posterior al ’55 respecto del FMI (en buen romance, imperialismo yanqui)– fue destruida, sin embargo, por varios historiadores “malditos”, de esos que no tienen sillones en la Academia de la Historia, tales como Alberdi, Ugarte, Molinari, León Suárez, Narvaja, Rivera, Ramos, pero todavía no ha alcanzado la debida difusión que aclare ese interrogante peligroso de mi compañero de banco.

Ahora sabemos –los que quieren oír, pues no sólo el virrey Cisneros era sordo– que Mayo no fue una revolución antiespañola porque la mayor parte de los protagonistas eran españoles o hijos de españoles, que no fue por el comercio libre para atarnos a Inglaterra porque ya lo había sancionado Cisneros en 1809. Ahora sabemos que una Junta elegida por el pueblo, por tanto democrática, desplazó al virrey pero juró lealtad a Fernando VII, al igual que lo hicieron las demás insurrecciones en Hispanoamérica, así como también las juntas españolas a partir del 2 de mayo de 1808, levantadas contra el invasor francés, confiando en que el detenido Fernando VII sería capaz de modernizar a España, las mismas juntas que sancionaron la Constitución Democrática de 1812 y que, por su naturaleza liberal-revolucionaria declararon que las tierras de América cesaban de ser colonias para ser provincias con los mismos derechos que las provincias españolas (22/1/1809). Ahora sabemos también que la Junta de Cádiz aconsejó a los americanos derrocar a los virreyes (28/2/1810) y que los americanos fueron invitados a la Convención Constituyente de Cádiz como provincias españolas. Ahora comprendemos por qué había españoles en la Primera Junta (Larrea y Matheu), en el Triunvirato (Álvarez Jonte, que era español al igual que  el compositor de la música del himno Blas Parera), así como también  en el Ejército (Arenales y un gran hombre que, en tono castizo, empleaba refranes españoles pues había vivido entre los seis y los 33 años en España y combatido bajo la bandera española durante 30 batallas –el tío Pepe, para la familia–, que era el glorioso general de la emancipación y la confederación hispanoamericana junto con Bolívar, un tal José de San Martín).

 Alberdi lo había dicho en tres líneas: “La Revolución de Mayo es un momento de la revolución hispanoamericana, ésta es un momento de la revolución española de 1808 y ésta lo es de la revolución francesa.” Es decir, es la expansión de gobiernos populares, democráticos, sin inicial intención independentista. Pero el Alberdi de Grandes y pequeños hombres del Plata también fue un maldito por oponerse a la barbarie genocida de Mitre en la Guerra contra el Paraguay, de modo que sus palabras también fueron silenciadas. Ahora puede concluirse que la historia escolar fue una fábula inventada por  Mitre –para beneficio de sus amigos los ingleses– y para hacernos nacer antiespañoles y probritánicos (para incorporarnos al Primer Mundo, como decía el “innombrable”).

Esa revolución democrática de mayo se tornó independentista a partir de 1814 cuando retornó la monarquía absolutista a España, pues de otro modo, si seguía atada a España, perdería su condición democrática para volver al absolutismo. La carta de Gervasio Posadas a San Martín, en 1814, comentando la derrota de la revolución española, es el punto de partida, ahora sí, de la vocación independentista que se concreta el 9 de julio en Tucumán. El Congreso allí reunido emite por ello un documento, donde explica la traición de Fernando al regresar al trono, y la razón, en ese momento, de declararse independientes; pero lo hace como “Provincias Unidas en Sudamérica”, proyecto que Bolívar intentará concretar diez años después, en 1826, como la Patria Grande o Gran Confederación, y que hoy estamos reconstruyendo a través de la Unasur, la CELAC, el ALBA y otros organismos semejantes que están poniendo muy nerviosos a los hombres del Imperio.

En resumen: festejemos la independencia sancionada en 1816, festejemos también el Congreso de Oriente por el cual Artigas declaró la libertad y la independencia el 29 de junio de 1815 (curiosamente un 29 de junio, pero de 1935, nació FORJA). Y festejemos asimismo el 25 de Mayo como expresión del protagonismo popular que enlaza con lo anterior, porque sólo él puede hacer patria latinoamericana libre y verdaderamente democrática. Y terminemos con la bobería del “libre comercio”, de "la gente decente” en el Cabildo Abierto (Martínez de Hoz, Quintana y el grupo de Álzaga votaron a favor del virrey y nosotros ganamos la votación con el cartero French, el empleado Beruti, el tipógrafo Donado, el cura Aparicio, el “gigante” Arzac, el desocupado Horma y tantos otros que el virrey, en su informe, considera “la chusma”). Y por supuesto, Moreno, Castelli y Belgrano, y muchos otros anónimos. Pues condición para ganar el futuro es saber cómo fue el pasado y quiénes somos hoy. « (Tiempo Argentino 9/7/2012)

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LOS PIONEROS, MOSCONI Y LOS PRIMEROS PASOS DE LA PETROLERA DE BANDERA
El 3 de junio de 1922 nació Yacimientos Petrolíferos Fiscales.
Pero la historia comenzó a escribirse tiempo antes.
La apuesta de Hipólito Yrigoyen por la soberanía.
Enrique Mosconi y su visión del desarrollo. 
“Para él -afirma el historiador Norberto Galasso-, el petróleo no solo debía ser nacionalizado sino también estatizado”.

Petróleo para la pujante industria automotriz. Petróleo para la industria. Petróleo para el desarrollo nacional. Petróleo para los pueblos, para el trabajo, para que naciera lo que se insinuaba. Petróleo para la paz y para la guerra. Petróleo. El oro negro que a comienzos del siglo XX brota de las entrañas de la Argentina despierta sueños propios y ajenos. 

Los antecedentes de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) hay que buscarlos en la primera década del siglo XX y en el hallazgo de petróleo en las inmediaciones de la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia.

Esto atrajo a las primeras compañías extranjeras que buscaban el petróleo que les permitiera abastecer de combustible al mercado del automotor, cuya expansión estaba en pleno auge. El mundo salía de la Gran Guerra y se preparaba, aún sin saberlo, para la Segunda Guerra Mundial.

El petróleo era considerado un bien estratégico para las naciones. Así se creó la Dirección General de Explotación del Petróleo. El objetivo de este primer ente estatal nacional era precisamente regular la actividad de las empresas multinacionales que poco a poco se establecían en el país.

Pero será al 3 de junio de 1922, con Hipólito Yrigoyen todavía en la Presidencia de la Nación, que se creará por decreto la Dirección General de Yacimiento Petrolíferos Fiscales, el primer paso de la petrolera de bandera.

El 19 de octubre del mismo año, a pocos días de llegar a la Casa Rosada Marcelo Torcuato de Alvear, Enrique Mosconi será designado director general de YPF. Militar e ingeniero, Mosconi estuvo al frente de la empresa durante ocho años para convertirla en la primera petrolera estatal integrada verticalmente en el mundo.

Radical irigoyenista, Mosconi consideraba “inexplicable” conceder al capital extranjero la exploración y explotación petrolera en lugar de reservar “tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino”. “Entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”, enfatizaba.


Una petrolera, un país

Desde sus inicios YPF realizará todas las actividades necesarias para la explotación de petróleo, relegando a un segundo plano a poderosas empresas extranjeras como Shell y Esso.

Además, la labor de la compañía reportaría recursos al Estado nacional para el desarrollo del país y entregaría a la Nación una carta fundamental para ejercer su soberanía.

Junto con la explotación estatal de petróleo nacieron y crecieron pueblos en todo el país. Comodoro Rivadavia, Las Heras, Cañadón Seco, Caleta Olivia y Plaza Huincul son sólo algunos de ellos.

El 22 de febrero de 1923 YPF inauguró en Buenos Aires el primer surtidor a querosén. Tres meses más tarde estos sumaban siete. El 20 de junio del mismo año se construyó el primer surtidor de nafta para vehículos.

Sin embargo, el primer ciclo de la empresa llegaría a su fin con el Golpe de Estado de 1930, donde los militares encabezados por José Félix Uriburu y Agustín P. Justo inaugurarían la Década Infame, justo antes de que el Congreso de la Nación aprobara la nacionalización del petróleo impulsada por el yrigoyenismo.

Yrigoyen sería confinado en la Isla Martín García y Mosconi detenido, previa entrega de las instalaciones de YPF. Entre las razones del golpe que inauguraría las interrupciones del orden constitucional que padeció la Argentina durante buena parte del siglo XX se hallaba la política petrolera.

Es que el gobierno radical estaba a punto de firmar un acuerdo con la entonces Unión Soviética en el que la actividad petrolera impulsada por YPF tenía un papel protagónico. Sin dicho convenio, se despejaba el camino para el capital americano e inglés. 

El camino hacia la petrolera argentina

• Los antecedentes de YPF hay que buscarlos en un decreto del 14 de diciembre de 1907, día siguiente de la primera perforación que se realizó en las inmediaciones de Comodoro Rivadavia y que produjo petróleo argentino en un caudal de diez metros cúbicos.

• El decreto firmado por el presidente José Figueroa Alcorta sentó las bases de una política petrolera nacional, consciente de la importancia que tendría el petróleo y que excluía la explotación privada.

• Entre 1908 y 1910 se perforaron cinco pozos, que produjeron gas y petróleo. En este último año se dictó la primera ley de reserva de unas 5000 hectáreas en Comodoro Rivadavia.

• Roque Sáenz Peña rechazó una propuesta de David Rockefeller, quien ofrecía el 75 % de la producción. Se crea la Dirección Nacional para la Explotación de Petróleo de Comodoro Rivadavia.

• En 1914 se construye el primer buque cisterna para el transporte a de petróleo a Buenos Aires y se contrata la construcción del muelle de Comodoro Rivadavia. Comienza a formarse la flota de buques cisterna que atenderá las necesidades del consumo.

• En 1916 el Congreso aprueba un proyecto del presidente Victorino de La Plaza de un crédito de 16 millones de pesos para adaptar infraestructura y alcanzar una producción de 400.000 metros cúbicos.
• En 1920 los pozos perforados suman 128 en todo el país.

• El 3 de junio de 1922 se crea la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, actual YPF, dependiente del Ministerio de Agricultura.

• El 17 de octubre de 1922 se designa a Enrique Mosconi como director general del flamante organismo. (DANIEL GIARONE, telam, 02-06-2022)

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GÜEMES: DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL A LA REVOLUCIÓN SOCIAL
El caudillo salteño no sólo fue una de las figuras clave de la lucha por la liberación, sino también un líder popular que defendió como pocos los derechos de los postergados.
Fue “el padre de los pobres”, como lo bautizó un historiador, una calificación que hoy adquiere un significado especial, al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento.

El gaucho Miguel Martín de Güemes es un ejemplo de caudillo popular y social de nuestra historia patria. Nacido en Salta, a los 14 años ingresa a las Fuerzas Armadas y luego, durante las invasiones inglesas comete un acto realmente insólito, como fue el abordaje de un barco inglés que había encallado. Sin dudarlo, él y su gente hacen el abordaje y toman prisioneros a los tripulantes de la nave invasora.

Vuelve al norte en la Batalla de Suipacha y después desarrolla la mayor parte de su lucha en su provincia natal. En Salta alcanza un predicamento notable entre las masas populares, convirtiéndose en su gran defensor. Sostiene que debían luchar por nuestra liberación frente a los nueve intentos de invasión por el norte del ejército de José De la Serna. Güemes los rechaza y se convierte en el líder de los gauchos.

Entonces dice algo que a muchos les llama la atención: “Estos gauchos que dan su vida por defender a la patria y cuyas familias pagan arrendamientos por sus pequeñas chacras, no deben pagarlos más. Deben estar libres de todo compromiso de pago porque, en realidad, están cumpliendo el papel que deberían cumplir todos los salteños. Mientras, hay una minoría de salteños que recibe los beneficios de la libertad, pero permanecen en sus casas”.

Por eso se habla del “fuero gaucho”. “No deben pagar más arriendos” dice Güemes y se convierte, de a poco, en un caudillo adorado por su pueblo y denigrado, por supuesto, por la minoría salteña.

En Salta se había conformado una élite acaudalada y reaccionaria que jugaba a favor de la invasión, cuyos nombres conviene recordar porque son apellidos que - por su dedicación al comercio, a lo financieros y no a jugar el pellejo - han permitido que sus generaciones siguieran portando el apellido. Por ejemplo, hay un Cornejo que se lo oye hablar de vez en cuando; los Uriburu que después van a intervenir con un presidente de la Nación por fraude y otro presidente por un golpe de Estado; los Zubiría que van a jugar en la parte parlamentaria; hay un Sarabia que es el abogado de Mauricio Macri si no me equivoco; y también está la familia Tezanos Pinto que ha tenido presencia en la política argentina.

Aunque hubo otros cuyo carácter reaccionario fue aún más grave, porque fueron los que delataron a Güemes, revelando el lugar donde estaba en su lucha y permitiendo que una patrulla del enemigo lo localizara, lo baleara y provocara su muerte. Es el caso de Pedro Antonio Arias y Mariano Benítez que tenían el apoyo del ejército que dirigía Pedro Antonio De Olañeta, un personaje que no era español de nacimiento sino americano, pero traidor como desgraciadamente ha ocurrido con otros nombres de nuestra historia. Güemes tenía muy en claro lo que era esta gente.

A esta situación se sumaba una alarmante escasez de recursos procedentes de Buenos Aires, porque si bien era parte de la lucha por la liberación, al mismo tiempo era considerado un personaje peligroso por su apoyo en las masas.

Fue por ello que él hace un llamamiento a las minorías acaudaladas de Salta. Al respecto, es interesante recordar una carta que le escribe a Manuel Belgrano, en la que le dice: “Yo creí que asustando un poco a esos caballeros se ablandarían y me socorrerían, pero me engañé. Hice correr la voz de que los llevaría en la vanguardia de nuestra lucha. Pensé que para quedarse darían alguna cosa, por lo menos para ayudar a los que tomaban ese trabajo. Pero no he conseguido otra cosa que calentarme la cabeza. El vecindario, entre ellos el alcalde de primer voto, apenas han dado cuatro porquerías con que han pretendido auxiliar, o decir que auxiliaban a treinta gauchos. A uno le han dado una camisa, a otro un poncho de picote y a otro un pedazo de jerga vieja. ¿Caballos? Unos cuantos, acaso los peores que han podido hallar de suerte, que con dificultad podrían llegar a Jujuy. A vista de eso no es de alabar la conducta y la virtud de los gauchos, pero ellos sí trabajaron personalmente y no se exceptuaron ni con un solo caballo de los que tenían, cuando los que reportan las ventajas de la revolución no piensan en otra cosa que engrosar sus caudales”.

Es decir, a lo largo de la historia estamos hablando de una especie de impuesto a los ricos, ¿no es cierto? Y el rechazo que provoca en esta gente.

Entonces, Miguel Martín de Güemes entiende que no se puede pensar en batallas comunes por las características de la geografía del noroeste y lo desigual del terreno. Así pone en marcha lo que llama “guerra de partidas”, que posteriormente pasaría a llamarse “guerra de guerrillas”. Es decir, la idea era golpear, debilitar al enemigo inesperadamente y desaparecer.

Ahí entre sus hombres está el francés Jorge Enrique Vidt, un hombre que vino a América con la experiencia de haber aprendido la guerra de guerrillas en España, en las zonas montañosas, durante la revolución española.

Güemes se convierte en el “padre de los pobres”, como dice el historiador conservador Bernardo Frías, que escribe varios tomos sobre la vida del caudillo. Y lo llama de esta manera porque enseñó a los gauchos a gozar de una libertad individual nunca vista ni consentida. “Alentó sus sentimientos de dignidad - señala Frías - los protegió y se puso a su lado en la balanza en que jugaban a la muerte con la gente decente”. “Amigo de la libertad y de la ociosidad”, siempre según Frías, la ociosidad era poner el pellejo para hacer la guerra de partidas. “El mulataje altanero y atrevido se sentía totalmente al lado de Güemes y sentía resquemor y odio hacia la raza blanca de las minorías salteñas”. Esta situación también la reconoce el general José María Paz, un hombre que en sus memorias hace referencia a la guerra social que implicaba la lucha de Güemes.

Martín Miguel de Güemes hablaba a su gente, a sus gauchos, con palabras fuertes que conviene recordar: “Esos que ustedes ven vestidos de frac son vuestros enemigos y por consiguiente los míos; mientras os conserváis unidos a vuestro general os aseguro que vivirán ustedes garantidos y serán vuestros derechos y vuestra libertad respetados. A despecho de esos miserables que nos odian a mí porque les tomo unos 4 reales para sostener la lucha, mientras vosotros defendéis su propia libertad luchando y dando la vida por la Patria. Vosotros que ahora están dispuestos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos”.

“Todos - agrega - somos libres y todos tenemos iguales derechos porque todos somos hijos de la misma patria, las hemos arrancado de la servidumbre en que estaba viviendo con su esfuerzo dominada por el yugo español. Soldados de la patria ha llegado el tiempo de que seáis hombres libres y que caigan para siempre vuestros opresores europeos”.

Entonces, Güemes no sólo se caracteriza por su espíritu patriótico, sino también por su política social. Establece que “quien preste servicios a la Patria como miliciano, no pagará arrendamiento de las tierras que alquilan”. En otra parte dice, que “quienes estén enrolados en el Ejército no pueden ser ejecutados ni compelidos al pago de cualquier cosa que adeudaran, pues si esta gente sin un sueldo ni recompensa alguna presta sus servicios a la Patria, así con sus escasos intereses como con su propia vida, justo es que el acreedor, que no presta servicios militares contribuya de este modo a la causa pública no cobrándoles las rentas por sus propiedades”.

El historiador Bernardo Frías señala que “Güemes instaló un sistema infernal en defensa de los pobres”, porque “no fusiló, ni azotó, ni confiscó; aplicó fuertes multas, eso sí, y sanciones humillantes, lo que habla también del odio hacia la clase alta”.
“Güemes - continúa el historiador-  comenzó a infundirle a los gauchos la noción de sus derechos. Se abrió con ellos, le habló a sus sentimientos, protegió y se puso poco a poco a su lado en la balanza en que jugaban la suerte con la gente decente, con lo que fue el mulataje. Se puso de su lado y lo consideró siempre su jefe”.

Un dato curioso es que Martín Miguel de Güemes fue designado general por José de San Martín. Ahora bien, ¿en qué medida San Martín podía hacer algo semejante, si él no tenía un gobierno? Lo que ocurría es que consideraba que su ejército era efectivamente suyo, porque él lo había creado. Y confiaba en Güemes como el baluarte para detener las invasiones desde el norte. Luego mantuvo una profunda correspondencia con Manuel Belgrano, cuando era el jefe del Ejército del Norte, mientras Güemes se quejaba de que Buenos Aires no le daba el apoyo suficiente para la lucha.

Es en medio de esa lucha, cuando intenta volver a su casa de Salta y los personajes mencionados anteriormente lo delatan. Producto de esa traición, una partida lo balea y por una herida que no coagula por sus insuficiencias orgánicas, Güemes muere.

“Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique menos”, informa desde Buenos Aires la gente de Bernardino Rivadavia, los operadores del empréstito de la Baring Brothers. Y efectivamente, tuvimos una derrota muy grave en el noroeste por la falta de este caudillo realmente extraordinario, que quedó en la memoria del pueblo como el líder de la lucha del gauchaje que permitió a San Martín avanzar hacia Chile.

De ahí que lo recordemos como una de las grandes figuras de nuestra lucha por la liberación, el exponente de un profundo sentido latinoamericano que lo lleva a apoyar la monarquía incaica propiciada por Belgrano y San Martín, un tema que analizaremos en algún momento para aclarar toda la confusión que hay a su alrededor. (POR NORBERTO GALASSO, Telam, 16-06-2022)

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MANUEL BELGRANO: DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN LATINOAMERICANA
Primera parte de la biografía de uno de los nombres clave del proceso independentista.
De su formación en España y la influencia de la Revolución Francesa a su mirada proteccionista de la economía y su vínculo con Mariano Moreno y San Martín.
¿Quién mandaba en el Ejército del Norte?

Manuel Joaquín Corazón de Jesús Belgrano nació en junio de 1770 y su vida fue un verdadero ejemplo de entrega, honestidad y generosidad. Es preciso destacar que su acción militar en Tucumán Salta lo convirtió, junto a José de San Martín, en uno de los generales que llevó adelante el proceso revolucionario.

Respecto a su historia personal, es preciso recordar que el padre lo envía a España, por lo que desde chico recibe, al igual que San Martin, la influencia de la Revolución Francesa que se produce mientras era un muchachito.

En ese contexto, Belgrano estudia en la Universidad de Salamanca y en la Universidad de Valladolid, y a los 18 años regresa con ese mérito, o medalla digamos, que siempre se consideró en el Río de la Plata para todo lo que venía de Europa. Entonces, le reconocen un lugar y lo nombran Secretario del Consulado.

De esta manera, Belgrano llega con la inspiración de profundas transformaciones y de cosas nuevas que había escuchado. Hasta que, por fin, un día le preguntan sobre su función específica en el Consulado. Y él les contesta que eran comerciantes totalmente incapaces, gente que lo único que sabía - cómo pasa en todas las épocas - era comprar por cuatro y vender por ocho. Todo lo demás no les interesaba.

Entonces, Belgrano hace en el Consulado una serie de propuestas, algunas muy avanzadas como la dedicación de presupuesto para la educación de las mujeres, a quienes en aquel tiempo se las consideraba seres inferiores, además de otras iniciativas sobre minería y fomento de la agricultura.

Como consecuencia de eso, empieza a hacer periodismo en “El Telégrafo Mercantil”, el “Semanario de Agricultura” y “El Correo de Comercio”. Y luego entra en el movimiento que busca declarar nuestra independencia de España. Al respecto, en determinado momento pasa por el grupo identificado como “carlotista”, lo que prueba el carácter especial de la Revolución de Mayo: no era anti-hispánica, sino que buscaba impulsar las transformaciones y medidas ocurridas en Francia en 1789.

Así interviene en la revolución y, según alguna versión que podría ser inventada o no, es el hombre que en determinado momento está dando indicaciones con un pañuelo en la mano, levantándolo en el preciso momento de reaccionar por la violencia en el Cabildo Abierto del 22 de mayo.

Era la economía

Una cosa muy interesante es que Belgrano aprende economía en España, bajo la influencia del momento en que el liberalismo económico está tomando impulso y en el que sus seguidores tienen un criterio desarrollista progresista.

Pero Belgrano resulta ser proteccionista cuando tiene que pensar para su Patria. En el Consulado dice que las leyes que tenemos que adoptar son normas que defiendan la posibilidad de explotar por nosotros mismos nuestros recursos, porque eso iba a dar trabajo a nuestra gente. Es más, afirma que si exportábamos materias primas e importábamos artículos manufacturados, eso quería decir que estábamos favoreciendo a los trabajadores europeos, en perjuicio de nuestros trabajadores. Este concepto, dicho a principios del siglo 19 era verdaderamente revolucionario.

Luego, es reconocida su actuación como vocal de la Junta, donde estrecha una amistad con Mariano Moreno. Esto significa que cuando Moreno, como secretario de Guerra, le expresa la posibilidad de pasar de abogado a militar, en coincidencia con una expedición para ampliar al litoral la Revolución de Mayo, se intercambian unas cartas interesantes en las que Belgrano le escribe: “yo lo sigo totalmente y quisiera tener las luces que usted tiene”.

Es decir, Belgrano es un hombre que entra al proceso revolucionario pero entiende que Moreno es la clave. Por eso, también se dice que antes de aquella expedición al litoral, Belgrano colabora en el Plan de Operaciones de Moreno. Se trata de una explicación que siempre fue negada por los historiadores liberales.

Otra prueba de esta concepción morenista de Belgrano es su “Reglamento para los Pueblos de las 30 Misiones”, donde formula una serie de principios y objetivos totalmente transformadores con respecto a la libertad, a la educación y a la propiedad de la tierra.

Es un hombre que está dispuesto a servir a la patria en todo, a pesar de que lo militar no era lo suyo. Así lleva a cabo la Campaña del Paraguay, que si bien no arroja triunfos militares deja las huellas para que, poco tiempo después, los paraguayos decidan seguir el ejemplo de la Revolución de Mayo.

Morenista

Cuando se produce el Movimiento del 5 y 6 de abril de 1811, resulta que no es un movimiento tan popular como lo considera el revisionismo rosista y especialmente el historiador José María Rosa. Porque esa revolución significa el destierro de Domingo French, Antonio Luis Beruti, Miguel de Azcuénaga y Nicolás Rodríguez Peña. ¿Qué es lo que está pasando?, reclama Belgrano desde el litoral, con la esperanza que no se abandone el curso inicial de la revolución.

Cuando le dicen que le van a mandar a un jefe militar para secundarlo, lo único que pide es que no sea Martín Rodríguez, un reconocido hombre vinculado a Cornelio Saavedra. Belgrano rechaza esa posición y se reivindica morenista.

Tiempo después, Belgrano es designado como Jefe del Ejército del Norte y se encuentra con enormes dificultades en Jujuy porque no tiene recursos, ni hombres, ni armas suficientes para enfrentar a las fuerzas invasoras. No obstante, lleva a cabo una gesta épica que es conocida como “El éxodo jujeño” y que consiste en retirarse del lugar, dejando tierra arrasada a los invasores. Le pide al pueblo que rompa todo a su paso y se lleve a los animales. Los invasores sólo debían encontrar un Jujuy desértico.

Las presiones

La política del Primer Triunvirato es seguir retrocediendo por falta de recursos, aunque a veces también es falta de espíritu militante y patriótico. A Belgrano le dicen que llegue a Tucumán y que haga lo mismo, con lo cual prácticamente le abren el camino al enemigo para que la gente del Virrey Abascal de Perú llegue a Buenos Aires.

Belgrano encuentra en Tucumán un gran apoyo e interés para proseguir la lucha, por lo que enfrenta a los enemigos y los derrota. Eso lo lleva a entusiasmarse y avanzar hacia Salta, donde también triunfa en 1812. Después, sin embargo, es derrotado en las batallas de Vilcapugio Ayohuma por circunstancias un tanto extrañas. Se habla  del clima adverso, de una invasión de langostas y de toda una serie de cosas que les son adversas. Pero otra vez, los que siguen sentados en mullidos sillones dicen que Belgrano debería ser enjuiciado.

Finalmente, prima el criterio de designar a San Martín en el Ejército del Norte, con quien Belgrano establece un vínculo muy estrecho, al punto de iniciar una amistad. San Martín no lo recibe como jefe, sino como un colaborador. Pero Belgrano cree que sigue siendo el jefe. Para colmo, desde Buenos Aires intiman a San Martín y le dicen que Belgrano debía ser separado del cargo y él debía asumir en su reemplazo.

“Los conocimientos que tiene Belgrano son fundamentales y yo creo que de los generales de que disponemos es el mejor. Por eso, de ningún modo hay que desplazarlo o ponerlo en un lugar secundario”, es la respuesta de San Martín.

La gente de Buenos Aires entiende esto de una manera relativa porque, claro, ya se habían fortalecido los sectores conciliadores, el Director Supremo y otros que tenían posiciones no suficientemente patrióticas. Eso explicaba todo. (Norberto Galasso, Telam, 19/6/2022)

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MANUEL BELGRANO, EL HOMBRE QUE PENSÓ UNA NACIÓN
Al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento, poner en valor su férrea defensa de los pueblos originarios de América lo confirma como una figura fundamental del proceso revolucionario. Historia final de un patriota que terminó sus días enfermo, solo y endeudado.

Entre los distintos acontecimientos para destacar de la vida de Manuel Belgrano, es importante detenerse en la misión que le encomiendan en España, junto a Bernardino Rivadavia, para gestionar algún arreglo con el rey. Al respecto, es preciso aclarar que el verdadero responsable es Rivadavia y Belgrano es como una especie de “segundón” en la gestión, según se encarga de aclarar luego en un escrito.

Pero que le permite su estadía en Europa es ver que se ha derrotado a Napoleón y que la misma Revolución Francesa experimenta un giro a la derecha. Encuentra que los monarcas vuelven a sus puestos de privilegio, por lo que de ahí nace su idea de una monarquía incaica.

En este contexto, Bartolomé Mitre formula duras críticas y llega a decir que José de San Martín y Manuel Belgrano han claudicado de su posición democrática. Lo que no es cierto. Lo que Belgrano le dice a San Martín por carta es que los pueblos originarios de todo el Alto Perú ven con mucho interés la idea de una monarquía incaica, que sería algo así como “un rey que reina, pero no gobierna”, algo que hoy todavía tenemos en Gran Bretaña o España.

San Martín apoya totalmente la idea de Belgrano, quien da un discurso dirigido a los pueblos originarios que tiene un gran eco. No hay ninguna claudicación. Y en el Congreso de Tucumán se encuentran con la oposición, con Manuel de Anchorena que dice: “Ustedes lo que proponen con ese Rey Inca es ir a buscar a alguien sucio y medio borracho para ponerlo en el lugar de dirigir estos países. Yo me pongo totalmente”.

La posición de Anchorena es muy fuerte y se expresa en que el Congreso de Tucumán declara la Independencia, pero después no dicta ninguna Constitución ni designa autoridades, como había sido su objetivo principal.

Entonces, Belgrano queda con el apoyo de San Martín y de Martín Miguel de Güemes, que están de acuerdo con entroncar, como lo había hecho Juan José Castelli, el proceso de las transformaciones que había nacido al calor de la Revolución Francesa con los intereses de los pueblos originarios.

Cuando se produce ese rechazo a su propuesta en 1816, Belgrano ya no está bien físicamente. Su enfermedad avanza y está tres años con enormes dificultades como jefe del Ejército del Norte en Tucumán. En esa época tiene un intercambio de unas cincuenta o sesenta cartas con Güemes, con quien comparte ideas acerca de lo que pasaba con la gente de Buenos Aires a la que no le daban recursos suficientes.

Por una cuestión de disciplina, Belgrano sigue en el cargo aunque considera que es el gobierno de Buenos Aires el que manda.
Entonces, se agrava aún más su estado de salud y finalmente decide dejar el mando del Ejército del Norte cuando observa que algunos oficiales están en contra de Buenos Aires y que Francisco Fernández de la Cruz lo puede reemplazar. Estos van a ser los antecedentes del Motín de Arequito, que para Mitre es la anarquía cuando en realidad no lo es. Lo que ocurre es que hombres como Paz, Heredia y otros se convierten en caudillos de distintas provincias y Belgrano se retira a Buenos Aires.

Belgrano se retira pobre y enfermo. Incluso, tiene que pedir dinero a algunos amigos para pagar sus gastos de alojamiento en distintos lugares, hasta llegar a Buenos Aires, donde se aloja en la vieja casona familiar. Allí, su estado de salud decrece y no tiene ningún apoyo. A su médico le regala un reloj, como forma de pagarle los honorarios; y a su amigo Celedonio Balbín le manda una carta diciéndole: “Sé que estoy cerca de la muerte y no tengo con qué cancelarle los préstamos que usted me hizo, pero el gobierno va a tener que asumirlo como propios porque ellos me deben sueldos atrasados”.

Es decir, Belgrano seguía siendo general en jefe del Ejército del Norte, pero no le llegaban los sueldos. Insiste en que le envíen el premio que le habían dado por las Batallas de Tucumán y Salta, un dinero que luego se utiliza para cuatro escuelas. Como todos saben la educación era fundamental para él.

Otro de sus pedidos fue una precisa indicación al hermano para que sea protector de su hija extramatrimonial Manuela Mónica del Sagrado Corazón, que había tenido con Dolores Helguera. En Buenos Aires había tenido un romance con María José Ezcurra, la hermana de Encarnación Ezcurra, con quien tuvo un hijo al que llamó Pedro Pablo. A él Juan Manuel de Rosas lo toma como adoptivo y pasa a la historia como Pedro Pablo Rosas y Belgrano. Es un dato curioso porque Belgrano no tenía nada que ver con Rosas y, como todos saben, murió el 20 de junio de 1820, cuando la figura de Rosas empieza a tener cierto ascendiente para luego convertirse en el jefe de la Confederación.

En todas estas historias lo que predomina es la solidaridad de Belgrano. Cuando San Martín le insiste en que él pase a ser el jefe, acepta esta cuestión por una cuestión de obediencia y generosidad. Celebra el triunfo de San Martín en Maipú y, especialmente, su designación en Perú, lo cual lo revela como un hombre de una abnegación notable, como una figura de una profunda honestidad y una gran capacidad de servir a la patria en cualquier terreno que correspondiese.

Así lo hizo hasta que se lo permitió la enfermedad. Finalmente murió a los 50 años, dejando el imborrable recuerdo de sus triunfos en Tucumán y Salta, que coincidieron con los de San Martín en San Lorenzo. Ambos jefes militares se convirtieron ese año en los más importantes líderes de la revolución. Luego, las dificultades que tuvo y la falta de reconocimiento, hicieron que muriera pobre, solo y endeudado, aunque dejando el ejemplo de un verdadero patriota.

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LUIS HORACIO VELAZQUEZ: UNO DE LOS TANTOS ESCRITORES "OLVIDADOS"
Escribo "olvidados" entre comillas recordando aquella vieja enseñanza de José Hernández, tan repetida y tan practicada en la Argentina:
"olvidarse también es tener memoria".

El motivo del artículo se encuentra en una contratapa de un matutino progresista, donde un profesor –acaso también progresista– escribió: “Pobres habrá siempre es el título, por demás fatalista de una novela cuyo  autor  se me ha perdido en el tiempo”. En principio, resultaba sorprendente que el intelectual que firmaba la nota –el profesor Noé Jitrik, docente universitario y especialista en crítica literaria– olvidase el nombre del autor y peor aún, calificase erróneamente el contenido de la obra. Pero, recordando luego de qué modo funciona la superestructura cultural en la Argentina y los numerosos autores silenciados –"malditos", los llamaba Arturo Jauretche– se comprende la omisión.

En una obra también "“olvidada" –Efemérides literarias argentinas– el amigo Carlos Paz, lamentablemente fallecido en su plenitud intelectual, recuerda que el 27 de noviembre de 1958 se estrenó Pobres habrá siempre, "versión cinematográfica de la novela homónima de Luis Horacio Velázquez, realizada por Carlos Borcosque".

Pero, ¿quién es Luis Horacio Velázquez? En el volumen I de Los Malditos, editado por Madres de  Plaza de Mayo, informamos que nació en La Plata, el 25 de agosto de 1912 y que desde muy joven trabajó como obrero de un frigorífico, aunque manifestaba ya inclinaciones literarias. A los 23 años, testimonió acerca de su experiencia laboral en un folleto de fuerte contenido social titulado "Carne de fábrica", valiente alegato –según un crítico– en defensa de los trabajadores. En 1942 dio a conocer un extenso poema "Canto de fervoroso optimismo", referido a América Latina, a la cual considera el continente de la esperanza. En 1943 participó en un concurso literario organizado por el diario Noticias Gráficas y entre 55 participantes, obtuvo el tercer premio, por unanimidad del jurado, por su obra Pobres habrá siempre, novela de las fábricas. Allí describe la lucha obrera desarrollada en un frigorífico extranjero, los inicios de la acción sindical y las inhumanas condiciones de trabajo, culminando la historia con la toma de la empresa por los trabajadores quienes enarbolan la bandera argentina en lo alto del edificio. Esta novela recibe también un premio del gobierno de la provincia de Buenos Aires. En diciembre de  1944 –cuando los trabajadores se disponen a ingresar al escenario político pocos meses después– la editorial Claridad publica esa novela, que luego pasará al cine.

En 1947, Velázquez escribe Territorio de infancia, luego en 1949, Los años conmovidos y en 1950, un segundo libro de poemas épicos bajo el nombre Salmos del siglo XX. En 1953 publica una biografía Hudson vuelve y en 1953, Ámbito del hombre. Luego, en 1944, da a conocer El juramento, una historia de dos amigos donde, al correr del relato, recrea la militancia de uno de ellos en FORJA, así como el 17 de octubre de 1945 y las valiosas conquistas laborales de aquella época. En ese rescate de la figura y obra de Velázquez, concluí afirmando que se carecía de datos sobre él, "a partir del derrocamiento de Perón desaparece del mundo de la literatura argentina y sus libros quedan olvidados".

Hoy, a pesar de las transformaciones importantes producidas en los últimos años, parece que la superestructura cultural montada por la vieja oligarquía, continúa funcionando en el campo de la literatura donde los escritores son homenajeados aún cuando escriban libros sobre asuntos exóticos o complejísimas cuestiones psicológicas o sexuales siempre que en ellos no aludan a las fábricas y la explotación social como lo hacía, no con fatalismo sino con espíritu de lucha, ese "olvidado" que se llamó Luis Horacio Velázquez. (Norberto Galasso, Tiempo Argentino, 27/12/13)

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LAS VERDADES SOSTENIDAS POR UN CORONEL
El día que Perón y Scalabrini Ortiz se conocieron y estrecharon sus manos

Se trata de un coronel que apenas sobrepasa los 50 años, llegado a la Universidad de la Plata para dar una conferencia sobre Defensa Nacional. Se dice que es uno de los más capacitados de su promoción pero se supone que lo será solamente en cuanto a ejercicios militares y disciplina de los comandos. Sin embargo, a poco de iniciada la exposición afirma: "Indudablemente, la Nación se ha engrandecido, pero existe el problema del cosmopolitismo, con el agravante de que se mantienen dentro de la Nación, núcleos poco o nada asimilados." Entre los oyentes, Raúl Scalabrini Ortiz se sorprende y piensa: "¿Acaso este coronel ha leído algo sobre colonización pedagógica, sobre europeización cultural?" Pero el coronel aborda ahora el tema social: "Todos los años, un elevado porcentaje de ciudadanos, al presentarse a cumplir con su obligación de aprender a defender a su Patria, deben ser rechazados por no reunir las condiciones físicas indispensables, la mayoría de los casos originados en una niñez falta de abrigo y alimentación suficiente. Y en los  textos de geografía del mundo entero, se lee que somos el país de la carne y del trigo, de la lana y del cuero. Es indudable que una gran obra social debe ser realizada en el país..."

Scalabrini se sorprende aún más de que este militar se preocupe por el bienestar de sus compatriotas. Si bien no cae en el antimilitarismo abstracto –pues ha conocido militares irigoyenistas que se han jugado la vida pocos años atrás para recuperar la soberanía popular–, le suenan insólitas estas ideas en la cátedra de Defensa Nacional que se inaugura ese día. Pero el coronel va más allá aún: "Durante mucho tiempo, nuestra producción y riqueza han sido de carácter exclusivamente agropecuario", es decir, critica aquello que Scalabrini, en sus libros, ha denominado "primitivismo agropecuario".

Asombrado, continúa escuchando: "El capital  argentino, invertido así en forma segura pero poco brillante, se mostraba reacio a buscar colocación en las actividades industriales, consideradas durante mucho tiempo como una aventura descabellada y, aunque parezca risible, no propia de buen señorío. El capital extranjero se dedicó especialmente a las actividades comerciales, donde todo lucro, por rápido y descomedido que fuese, era siempre permitido y lícito, o buscó también seguridad en el establecimiento de servicios públicos o industrias madres, muchas veces con una ganancia mínima respaldada por el Estado. La economía del país reposaba casi exclusivamente en los productos de la tierra, pero en su estado más innoble de elaboración que luego, transformados en el extranjero con evidentes beneficios para sus economías, adquiríamos de nuevo ya manufacturados. El capital extranjero demostró poco interés en establecerse en el país para elaborar nuestras riquezas naturales, lo que significaría beneficiar nuestra economía y desarrollo, en perjuicio de los suyos y entrar en competencia con los productos que se seguirían allí elaborando. Esta acción recuperadora debió ser emprendida evidentemente por los capitales argentinos o por lo menos que el Estado los incitase, precediéndolos y mostrándoles el camino a seguir (...) La guerra del '14 al '18, con la carencia de productos manufacturados extranjeros, impulsó a los capitales más osados a lanzarse a la aventura y se establecieron una gran diversidad de industrias, demostrando nuestras reales posibilidades. Terminada la contienda, muchas de estas industrias desaparecieron por artificiales unas y por falta de ayuda oficial otras (...) El Estado no supo poseer esa videncia que debió guiarlas y tutelarlas (...) Hemos gastado en la adquisición de material de guerra, pagándolo a siete veces su valor (...) Una política inteligente nos hubiera permitido montar las fábricas para hacerlas en el país (...) Y eso se puede hacer extensivo a las maquinarias agrícolas, al material de transporte, fluvial y marítimo, etc. (...) La Defensa Nacional exige una poderosa industria propia y no cualquiera, sino una industria pesada." La sorpresa de Scalabrini alcanza al límite porque eso lo han venido diciendo él y sus compañeros desde el sótano de FORJA desde hace una década, sin que ningún diario ni radio lo reprodujera.

Pero lo más notable es que el coronel propone soluciones: "Es indudablemente necesaria una acción oficial del Estado que solucione los problemas y que proteja a nuestras industrias (...) Las escuelas industriales, de oficios y de química, industrias electrotécnicas, etc. deben multiplicarse (...) Y como condición óptima, la necesidad de disponer de una numerosa flota mercante propia (...) Y lo manifestado para el comercio marítimo, debe extenderse a las comunicaciones terrestres y fluviales (...) cuidadosamente orientadas por una sabia política."

Luego, agrega: "Los países siempre tratan de someter, a las economías probables adversarias, a cierto vasallaje (...) y por eso, habrá que realizar una guerra implacable a las finanzas de las naciones adversarias (...) Eso es la Defensa Nacional."

Concluida la conferencia Scalabrini participa de un banquete al que concurre el coronel. Entonces, en el menú del restaurant le escribe: "Coronel, le vamos a pedir los trencitos", lo firma y se lo hace llegar por un jovencito forjista. El coronel es ahora quien se sorprende: "¡Cómo, el autor de la Historia de los ferrocarriles está aquí! Pero, caramba, preséntemelo, pues." Así estrechan sus manos por primera vez el coronel y Raúl Scalabrini Ortiz. Sólo cambian algunas frases, pero, al despedirse, el coronel le dice sugestivamente: "En cuanto a su pedido, confíe en que los tendrá, Scalabrini. Después, en el reverso de la tarjeta escribe: ¡Para la filial universitaria de FORJA, de La Plata. Muy afectuosamente!
Juan Domingo Perón."
(Norberto Galasso, en Tiempo Argentino, 09/06/2013)

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REVOLUCIÓN DE MAYO: DE 1810 A LA INDEPENDENCIA (1ra. parte)
EL VERDADERO ORIGEN DEL 25 DE MAYO
Cómo se gestó la revolución y cuál fue la influencia de la Junta de Sevilla en el Río de la Plata.
La diferencia entre el 25 de Mayo y el 9 de Julio. Las mentiras de la historia liberal.

Es necesario aclarar que hay una confusión con el 25 de Mayo que vamos a festejar en estos días, que a veces da lugar a que los alumnos más perspicaces le pregunten a la maestra o al profesor si la patria nació dos veces. Porque se suele decir que la patria nació tanto el 25 de mayo como el 9 de julio de 1816. En realidad, esta confusión se debe a una interpretación que creo es errónea de la historia mitrista.

Lo que se produce el 25 de mayo es una revolución democrática, en la que se reemplaza al virrey por una Junta Popular.

Lo que se produce el 9 de julio de 1816 ya es una declaración separatista.

Entonces, no podría decirse que la patria nació el 25 de mayo, sino que esa fecha constituye el gran antecedente de lo que va a ocurrir después.

Aclarado este punto, ¿qué ocurrió el 25 de mayo?

Lo que pasó no podemos interpretarlo sin referirnos a lo que estaba ocurriendo en España. Hay que recordar que después de la Revolución Francesa aparecen los derechos del hombre, la división de poderes y la democracia. Cuando Francia invadió España, el 2 de mayo de 1808 se produjo un levantamiento popular que inicialmente fue contra la invasión, pero después se dirigió inmediatamente a cuestionar el sistema reaccionario, monárquico, feudal y antipopular que regía en España. Y entonces aparecieron las Juntas.

A veces hemos creído, nos han enseñado, que las Juntas fueron un invento de la Primera Junta del Río de la Plata. Pero surgieron en España. Fueron un movimiento revolucionario, democrático y liberal en el buen sentido, no en el que hoy le damos a la palabra liberal cuando aparecen figuras como Javier Milei.

Es liberal y los hombres de la revolución española entienden - especialmente Flores Estrada, uno de sus principales teóricos - que como liberales no pueden oprimir a otros pueblos.

Por eso, en enero de 1809 la Junta Central de Sevilla emite un comunicado dirigido a las tierras de América diciendo que no eran más colonias y pasaban a ser provincias de España, con los mismos derechos y atributos que tenían Aragón, Galicia, Castilla, o cualquiera de los departamentos en que se dividía la nación española.

La Junta de Cádiz también envía un comunicado planteando que las tierras de América deberían reemplazar a los virreyes por gobiernos populares.

¿Y entonces qué ocurre?

Cuando el 20 de mayo de 1810 llega en un barco la noticia de que la Junta Central de Sevilla ha sido disuelta y reemplazada por el Consejo de Regencia, los revolucionarios de aquí comprenden que los están colocando en una situación bastante difícil, porque parecía diluirse el empuje de transformaciones importantes que venía de España.

Entonces, el día 21 empiezan a producirse manifestaciones en las que aparecen, como siempre, hombres que en medio de la crisis se transforman en figuras importantes y caudillos populares. Hoy les diríamos piqueteros, en aquel tiempo les decían manolos, la Legión de los Infernales. Ahí aparece un tipo como Domingo French, que era un cartero y se convierte en un hombre que acaudilla los sectores populares, reclamando nada menos que un Cabildo Abierto.

El Cabildo “normal” estaba integrado por 12 personas, que eran las más acaudaladas y de mayor prestigio de la sociedad. El Cabildo Abierto, en cambio, tenía una participación mucho más amplia, pero no totalmente popular.

Ante la furia que estaban tomando los acontecimientos, el virrey es aconsejado por el síndico Leiva y acepta hacer un Cabildo Abierto el 22 de mayo, para el cual se hacen invitaciones.

Donado, uno de los hombres de la revolución, es un trabajador gráfico que está a cargo de la imprenta de los Niños Expósitos y se encarga de emitir las invitaciones. Son más invitaciones de las que corresponden, por lo cual al Cabildo Abierto entran gentes ignotas, chusma, como  dice el virrey en un comunicado. Esa gente, que según las autoridades no tenía nada que hacer, es el pueblo.

Entonces, ese día se produce una discusión sobre lo que estaba pasando en España, en qué situación estaban en el Río de La Plata y, sobre todo, qué actitud debían tomar.

Allí aparece el discurso de Juan José Castelli, diciendo que la soberanía recae en el pueblo. Aparece la actitud de Manuel Belgrano, que desde un costado del Cabildo está esperando una señal para profundizar el movimiento y llevar a la gente a una actitud más decisiva contra el virrey y el pasado.

Finalmente se vota: 156 votos a favor de que el virrey se vaya y 69 votos, que son la derecha, de que el virrey se quede.
En esa acción están los activistas French, Beruti, Donado, Arzak, y otros que han sido ignorados por la historia oficial. Entre estos nombres invisibilizados está el hermano de Beruti, que se encarga de hacer un diario de todo lo que pasaba, un registro que estuvo desconocido e ignorado durante mucho tiempo, y que después se revisó detenidamente y del cual surgieron novedades con respecto a lo que pasaba.

En España, la Junta Central de Sevilla había tomado el poder en nombre de la revolución, pero también en nombre de Fernando VII, quien era el hijo de Carlos IV, que había sido detenido por Napoleón.

Fernando VII había evolucionado hacia posiciones democráticas, casi revolucionarias. Esto es algo coyuntural, porque después volverá a ser el mismo, pero que se expresa, por ejemplo, en el Motín de Aranjuez que lleva a cabo contra su propio padre.

Entonces, los revolucionarios tienen a Fernando VII como una figura muy importante, al punto que French y Beruti repartían estampas con su efigie en la Plaza de Mayo, lo cual hace descartar que el movimiento fuera contra España. ¿Qué es lo que cuenta al respecto la historia de Mitre? Que el movimiento era anti hispánico y pro británico y por el comercio libre. Es el comienzo de toda la historia falsa que nos enseñaron.

El día 23 se decide que el virrey debe renunciar. El síndico Leiva hace unas trampitas y conforma una nueva Junta de cinco miembros: dos del sector patriótico digamos, dos de la derecha y un quinto que desempataría las discusiones. Vuelven a nombrar al virrey y esta Junta falsa y tramposa llega a ser jurada el día 24. Pero en cuanto se conoce que se ha trampeado la voluntad popular, vuelven a producirse manifestaciones y se profundizan las exigencias de los sectores populares. Hasta que esa noche, Castelli y Saavedra, que eran los dos representantes del sector popular, deben renunciar frente a las protestas por el engaño.

La definición del 22 de mayo fue decisiva a favor de un cambio rotundo en el poder. (NORBERTO GALASSO, TELAM, 21-05-2022)

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-- EL COMIENZO DEL CICLO INDEPENDENTISTA

-- "LOS OLVIDADOS DEL 25 DE MAYO"

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REVOLUCIÓN DE MAYO: DE 1810 A LA INDEPENDENCIA (2da. parte)
EL COMIENZO DEL CICLO INDEPENDENTISTA
Los nombres de la Primera Junta y los motivos por los que juraron lealtad a Fernando VII.
La urgente necesidad de apurar el Congreso de Tucumán y el protagonismo popular frente a dos modelos de país que aún se expresan.

Una vez que el pueblo se entera de lo que ha pasado el 25 de mayo, recrudecen las manifestaciones y aparecen figuras como Pancho Planes, el sobrino de Vicente López y Planes, un morenista acérrimo; curas populares como Grela, a quien llamaban “El Padre granizo” por sus tormentosas explicaciones en la Iglesia a favor de los cambios; y nombres como el de Manuel Alberti, que después va a ser vocal. Todos ellos con arengas y discursos a favor de que los cambios sean rotundos.

Un buen ejemplo es Antonio Beruti y el resto de los activistas de la revolución, que ya en el mediodía del 25 entran al Cabildo no a dialogar con el virrey ni a buscar algún tipo de consenso, sino a imponer con puñales y trabucos que el virrey tenía que irse definitivamente.

Entonces, el virrey recurre desesperado al apoyo de los sectores militares y allí es el momento en el que tienen un papel importante Martín Rodríguez, que después va a jugar más por derecha; y Florencio Terrada y otros militares jóvenes que presionan a Saavedra para decir que de ninguna manera iban a reprimir la acción popular.

En esas condiciones aparecen French y Beruti con una lista de la nueva Junta en la cual reconocen a Cornelio Saavedra, quien entra a la revolución a los empujones, pero termina siendo reconocido como presidente.

Esa lista designa a Mariano Moreno como secretario de Guerra y Político, es decir, le da dos lugares importantísimos en la Junta. Manuel Belgrano es vocal. En la Primera Junta surgen cosas que hoy sorprenden a los chicos, porque aparecen españoles liberales revolucionarios como Domingo Matheu y Juan Larrea. En realidad, españoles eran todos. Porque en ese momento, nosotros formábamos parte de España.

Una cuestión de lealtad

Hay un equívoco intencionado en el relato que siempre se hizo de la revolución, lo que explica algunas cosas raras que se cuentan en los colegios e, incluso, en las universidades: es preciso recordar que la nueva Junta jura por lealtad a Fernando VII. Más aún, la bandera española sigue flameando en el fuerte del gobierno y lo seguirá haciendo hasta 1813.

Porque hasta 1813, el objetivo de los revolucionarios es un cambio de una vida sin nada a una vida democrática, donde se ejerzan los derechos del hombre y se gocen de las libertades públicas. Pero no hay un antiespañolismo, como pretende Bartolomé Mitre, que llega a decir en la biografía de San Martín que había un odio a España de parte de los revolucionarios. No podía serlo porque, salvo Manuel Belgrano, eran casi todos hijos de españoles o españoles de nacimiento.

La música del Himno Nacional la escribe Blas Parera, un catalán. Álvarez Jonte, que es español de nacimiento, forma parte del Segundo Triunvirato.

En realidad lo que ocurre es que la guerra civil se da entre los que quieren el cambio y los que pretenden mantener las viejas injusticias.

¿Qué pasa entonces? Hasta 1813 la revolución es democrática, pero ese año Napoleón es derrotado y es obligado a liberar a Fernando VII y a reponerlo como rey de España. Pero Fernando VII da una voltereta y se juega por la derecha, restableciendo la monarquía más reaccionaria y recuperando la vigencia de la Inquisición que había sido liquidada por la Junta Central de Sevilla. Recién en ese momento España decide mandar dos flotas para reprimir a los rebeldes de América.

Los insurrectos de América se habían levantado por la libertad y la democracia en las revoluciones que empezaron en 1810. No fue una estratagema que los hombres de Mayo juraran por Fernando VII, porque ocurre lo mismo en abril de ese año cuando se produce el primer movimiento en Caracas. Después, también se jura por Fernando VII en la revolución que se produce en Bogotá en agosto; en la que ocurre más tarde en México con el cura Hidalgo; y la que se desencadena también en Chile en septiembre del mismo año.

Los movimientos se dan en América Latina casi en simultáneo y con un objetivo común: establecer los principios de la democracia que han surgido a partir de la Revolución Francesa, en 1789.

Ello explica que el Combate de San Lorenzo o las luchas que se producen en el Alto Perú, tuvieran como objetivo enfrentar a los sectores reaccionarios de América, como el virrey José Fernándo de Abascal, que seguía siendo partidario del viejo régimen virreinal que representaba.

Esta situación se daba hasta tal punto que, por ejemplo, las fuerzas españolas se encuentran en ambos lados durante el Combate de San Lorenzo. San Martín no tiene bandera de independencia, porque la independencia aún no se ha declarado y la Argentina no existe todavía. Esto da lugar a que después de terminar la batalla, tenga un prolongado desayuno con Zabala que era el jefe del batallón enemigo y después terminaría incorporándose al Ejército de los Andes de San Martín.

Esto tiene su importancia porque evita todas las confusiones.

Porque a partir de 1813 se produce un cambio fundamental. Ahí sí Fernando VII, convertido en un hombre de derecha, envía dos flotas a América para recuperar esas tierras que él considera coloniales.

Y allí sí se produce una lucha. Por eso San Martín se apura para la declaración de la independencia.

“Estamos perdidos”

Hay una carta interesante de Gervasio Posadas, el director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a José de San Martín en la que le dice: “Napoleón ha caído derrotado en España, ha vuelto a la Inquisición y a los sectores conservadores. Estamos perdidos, tenemos que cambiar el criterio que seguimos hasta este momento”. La respuesta de San Martín y Manuel Belgrano es impulsar el Congreso de Tucumán en 1816.

A Belgrano primero se le ocurre que conviene enraizar la declaración de la independencia con los pueblos originarios, es decir, la monarquía incaica que Bartolomé Mitre critica porque dice que es una declinación de la fe democrática de parte de San Martín y Belgrano. Pero no es así, es todo lo contrario, porque se trata de darles participación a los pueblos, especialmente a los pueblos originarios del Alto Perú. 

Esto queda claro cuando el proyecto es frustrado por un Anchorena, el representante de Buenos Aires, bajo el argumento que querían hacer una monarquía incaica, querían llevar a un pata sucia, a algún indio bruto, para ponerlo al frente del país. Entonces no se decide la forma de gobierno. Solamente se declara la independencia y después, en 1819, el Congreso de Tucumán declina cuando pretende hacer jefe de estas tierras a un príncipe europeo.

Dos modelos de país

En 1820 se produce una anarquía que se va a ir definiendo a través de luchas y guerras civiles que giran alrededor de la prepotencia de la gente de Buenos Aires por el control del puerto y de la Aduana. Esta situación llevará a algunos partícipes de la revolución a decir que, en realidad, existen dos países: el de los porteños, de la Aduana y el puerto, y de los estancieros de los alrededores de Buenos Aires; y por otro lado, el país del Interior.

Se trata de una situación que aún hoy tiene vigencia cuando se habla de un falso federalismo, porque no se cumplen claramente con los postulados del federalismo. Es decir, lo viejo sigue presente en muchas de las discusiones y planteos que nos hacemos en estos momentos.

Más allá de eso, lo interesante es reconocer el protagonismo popular que se produce el 25 de mayo y que se da en un grupo de tres intelectuales que plantean las nuevas formas de vida: Mariano Moreno, especialmente con su plan de operaciones, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Y después, por supuesto, el pueblo mismo al frente de la legión de Los Infernales, que hoy llamaríamos los activistas de la revolución y que tendríamos que verlos con mayor detenimiento porque, como toda participación popular, a veces queda injustamente relegada a un segundo plano. (Norberto Galasso, Telam, 22/05/2022)

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-- EL VERDADERO ORIGEN DEL 25 DE MAYO

-- "LOS OLVIDADOS DEL 25 DE MAYO"

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REVOLUCIÓN DE MAYO: DE 1810 A LA INDEPENDENCIA (3RA. PARTE)
"LOS OLVIDADOS DEL 25 DE MAYO"
Más allá de French y Beruti, muchos revolucionarios del campo popular fueron tapados por el silencio de la historia liberal.
Los nombres de la “Legión de los Ignorados”.

La nueva interpretación que se ha podido hacer de la Revolución de Mayo está ligada a la publicación de la Biblioteca de Mayo, que fue una investigación que mandó hacer el Senado de la Nación en el año 1960, con motivo del sesquicentenario. Allí se recurrió a materiales inéditos, especialmente el diario del hermano de Antonio Beruti, que cuenta todos los acontecimientos a través de un relato muy minucioso.

Ahí aparecen figuras que no fueron tenidas en cuenta en su momento, salvo French y Beruti, de quienes se decía que repartían cintas celestes y blancas, cosa que sólo existió solo en la imaginación de Bartolomé Mitre. Porque lo que se dice en esos documentos es que las cintas eran rojas y blancas, y que el día 25 se convirtieron simplemente en cintas rojas como amenaza de sangre si el virrey no se iba.

El hombre clave entre los miembros de la Legión de los Infernales fue Domingo French, quien era un cartero que por dos reales se caminaba la ciudad de Buenos Aires. Se convierte en una figura muy importante de la historia porque interviene en la Revolución de Mayo y después es “dorreguista”. Además, es el hombre en el que Mariano Moreno confía para terminar con la contrarrevolución que se estaba gestando en Córdoba en 1810.

Es interesante cómo French está pintado con fuertes pinceladas bárbaras, propias de los epítetos que utiliza la reacción cuando habla de sus enemigos. Tal como lo hizo Uriburu, salteño y conservador, al plantear lo siguiente: “French era uno de los manolos, ingrato por excelencia, cobarde, sin compasión, inepto, inmoral, hombre de todos los partidos y consecuente con ninguno”.

French, olvidándose de sus compromisos y halagando las pasiones de Moreno, al cual llamaba el “sabiecito del Sur” se verá coronel luego del Regimiento de América. Como que convenía llevar adelante las ideas de Moreno. En estas circunstancias es que había arrastrado a la multitud.

También aparecen otras figuras como Antonio Beruti, que era un empleado del Estado en la Caja de Tesorería, que también acompaña en los momentos decisivos a French. Es uno de los firmantes del documento en el cual se le presenta al virrey los componentes de la Primera Junta.

Otra figura importante es Agustín Donado, un trabajador gráfico, que es el que multiplica las invitaciones al Cabildo Abierto del 22 de mayo, favoreciendo la presencia del sector popular.

Otro es Dupuy, que fue una figura importante que después participó en el ejército de San Martín.

Felipe Cardoso, que después va a trabajar junto con José Gervasio Artigas.

Pancho Planes, una figura notable que ingresa al Cabildo armado y el síndico Leiva lo para y le dice: “no usted no entre porque usted es un delirante, un exagerado, y acá tenemos que arreglar las cosas”. Con los años, Planes va ser juez y va a dictar sentencia en un juicio con Braulio Costa, que era uno de los hombres más ricos de esta tierra, cuyos hijos luego fueron ministros de Bartolomé Mitre. Pancho Planes es borrado de la historia oficial, ni se lo menciona.

Pero evidentemente French Beruti son los más conocidos y los que expresan ese protagonismo popular que se verificó el día 21, exigiendo el Cabildo Abierto, en contraposición a expresiones como las del Obispo Benito Lué, que llegó a decir que mientras hubiera un español en América debía ser el jefe de los americanos, porque los americanos eran, según su criterio, tipos inferiores.
Como decíamos, ese protagonismo popular se verifica el mismo 25 de Mayo, como en toda la revolución, por la fuerza y la presencia de esta avanzada constituida por French, Beruti, Planes, el cura Grela, Felipe Cardoso, es decir, lo que hoy quizás llamaríamos piqueteros.

Así como recordamos a los revolucionarios, también sería conveniente hacerlo con los godos, la minoría de los acaudalados que solían tener más de diez esclavos en sus casas. Son los apellidos que recorren toda la historia de la Argentina: los Martínez de Hoz, Quintana, Pinedo, Beláustegui, Ezcurra, Santa Coloma, entre otros.

En su momento conformaron una oligarquía ganadera, con extensiones como todavía tienen los Martínez de Hoz en la zona de Chapadmalal, una zona que hoy se recorre durante minutos y se va bordeando la tremenda estancia que mantiene la familia.

Como siempre, en la Revolución de Mayo aparecen el sector revolucionario y el sector contrarrevolucionario. En este caso, muchos revolucionarios fueron olvidados, ignorados, tapados en el silencio. Los otros conformaron una oligarquía que se expresó en el poder, o detrás de él, durante la mayor parte de nuestra historia, participando en los acontecimientos decisivos para defender sus intereses y los intereses entrelazados con los sectores imperiales, en un tiempo Gran Bretaña y después Estados Unidos. (Norberto Galasso, Telam, 23/05/2022)

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REVOLUCIÓN DE MAYO: DE 1810 A LA INDEPENDENCIA (4TA. PARTE)
EL PROGRAMA DE LA REVOLUCIÓN
El rol de M. Moreno en el trazado de los lineamientos del nuevo gobierno y la influencia clave de M. Belgrano y J. J. Castelli. Los enemigos internos y externos de la revolución.

El propósito de la Revolución, o su programa diríamos, está en el Plan de Operaciones con el que la Junta otorgó a Mariano Moreno la tarea de registrar qué es lo que había que hacer una vez llegados al poder. Se trata de medidas que han provocado grandes discusiones porque, en muchos aspectos, su actualidad hace que algunos sectores se sientan molestos, recurriendo a la idea que el plan es falso o apócrifo, y publicando libros críticos como el de Rodolfo Puiggrós.

¿Cuál era el pensamiento de Moreno? “Las fortunas agigantadas en pocas manos son perjudiciales para los países porque son como el agua estancada que se pudre. El agua debe recorrer toda la tierra, por todos lados, y dar vida a todo el país”, decía.

Este concepto de Moreno se expresaba a favor de realizar las confiscaciones que fueran necesarias, especialmente a los mineros del Alto Perú, para obtener los recursos que el Estado no obtenía en ese momento. Su intención era convertir al Estado en un administrador de esa riqueza para poner en marcha distintas fábricas.

Esto prueba la veracidad del plan. Después de los seis o siete meses que estuvo en la Junta, Moreno debió renunciar y, luego, fue envenenado.

Moreno puso en marcha una fábrica de pólvora en Córdoba, una de puñales y otra de fusiles en Tucumán. Es decir, hubo cosas concretas. Esas fábricas, que tenían entre 80 y 90 obreros, subsistieron a la muerte de Moreno. Fue un un antecedente de lo que después va a hacer San Martín, cuando establece una fábrica de producción de armas cuando levanta su ejército en Cuyo.

Moreno siempre tomó una actitud diferente. Fue el más drástico de todos. Frente a la contrarrevolución que levanta Santiago de Liniers en Córdoba, envía tropas y les da la directiva de fusilar a los contrarrevolucionarios. Pero no lo hacen. Las fuerzas que detienen a Liniers se comunican con Buenos Aires para decir que lo van a mandar para que lo sometan a un juicio.

Liniers era una figura que tenía a favor su participación en las invasiones inglesas. Pero, bueno, Moreno tomó esa decisión y no fue cumplida. Entonces le manda una carta muy violenta a Domingo French, donde dice textualmente: “si los mismos compañeros nuestros se han cagado en las órdenes que les da la Junta, adónde vamos a parar”. Así es que recurre a Castelli y a French para que se hagan cargo de los prisioneros, y decide el fusilamiento de Liniers.

Moreno además plantea la necesidad de tener un periódico como “La Gaceta”, que dirige él mismo, para dar comunicaciones y establecer un vínculo con la población.

En todo momento sostiene una posición. Durante los pocos meses que está al frente de la Secretaría de Guerra, y como ministro de Interior, se enfrenta a las innumerables presiones que venían de Río de Janeiro, como cuando le mandaron a un funcionario para decirle que era preciso dialogar y llegar un acuerdo. En respuesta, Moreno lo cita y, sin dirigirle la palabra, le extiende un papel en el que le da un plazo de 24 horas para irse del país. Caso contrario, sería fusilado.

En esos términos se manejaba Moreno. Por eso es execrado por los moderados que sueñan, o dicen que sueñan, con un país distinto, pero no están dispuestos a tomar ninguna medida que realmente signifique cambios para las transformaciones que son necesarias.

En ese Plan de Operaciones también aparece Manuel Belgrano, un abogado que pasa a desempeñarse como militar. Es prácticamente el mejor militar que tenemos, diría luego San Martín.

Entre sus diferentes medidas, Belgrano realiza una confiscación de estancias en el Litoral y es autor de un manifiesto dirigido al pueblo en general, que impulsa profundos cambios en materia social, entre ellos la educación de las mujeres, su reivindicación y la posibilidad que pudieran tener funciones. En aquella época, la mujer era despreciada y sometida nada más que a tareas domésticas. En ese sentido, Belgrano viene a jugar un papel muy importante al lado de Moreno.

Luego se convierte en el amigo de San Martín y se desempeña como Jefe del Ejército del Norte. A pesar de las dificultades que tiene por su enfermedad, logra mantener un acuerdo permanente con Martín Miguel Güemes, que irá consolidando una muralla capaz de frenar la intervención que podría venir del Perú.

El que cierra el terceto es Juan José Castelli, un hombre que arenga el 22 de mayo a favor de una revolución democrática, que defienda los derechos del pueblo para ejercer la soberanía, en momentos en que el virrey ya ha renunciado.

Es el mismo que luego comanda la expedición al Alto Perú, interviniendo en numerosas luchas y llegando a una gran reunión con pueblos originarios a los que reconoce como hermanos. Prueba de ello es el histórico momento en que un cacique se le acerca e hinca la rodilla en tierra, poniéndose a sus pies. Castelli lo alza, lo pone a su misma altura y le dice “somos todos iguales”, la posición que los reaccionarios criticaban tanto a French como a Moreno. Ellos creían que eran superiores porque tenían dinero y eran los representantes del colonialismo en América.

Después, Castelli sufre un cáncer de lengua mientras es encarcelado, imputado por supuestos desaires a la iglesia y a sectores religiosos. Pasa muy poco tiempo y fallece. Pero de cualquier modo es, junto con Belgrano y Moreno, una de las figuras que tenía más clara la necesidad de poner en marcha profundas transformaciones que impulsaran el desarrollo y el crecimiento económico.

Moreno, por ejemplo, plantea una empresa de seguros que tardaría un siglo en concretarse. También propone diferentes formas de uso de los recursos del país para distribuir la riqueza y que no fuera una exclusividad de una minoría acaudalada.

Son las tres figuras más importantes de esta época, que murieron jóvenes y mal. Moreno, envenenado a los 33 años. Castelli, poco después víctima de un cáncer. Y Belgrano, por una enfermedad, cuando regresa del Alto Perú.

Más allá de sus precoces muertes, son tres incuestionables figuras que, junto con los protagonistas populares sobre los que hicimos referencia con anterioridad, signan un derrotero y marcan un camino a seguir desde el principio de nuestra historia. Una línea que después es recogida por otras figuras que han hecho mucho por estos cambios y transformaciones.

Obturados por aquellos que hacen prevalecer sus intereses minoritarios y egoísmos, olvidándose de la solidaridad y el carácter latinoamericano de la Revolución, aquella convocatoria de Castelli a los pueblos originarios constituye hoy una valiosa enseñanza que muchos argentinos, lamentablemente, no han tomado en cuenta.

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LAS RAZONES DE SU VIDA - POR NORBERTO GALASSO
En el 103 aniversario del nacimiento de Evita, el historiador derriba mitos y revela aspectos poco conocidos de sus primeros años en Los Toldos y Junín.


Trasladémonos a lo que era la Estancia La Unión, a pocos kilómetros de Los Toldos, a principios del siglo. Allí, un hombre dedicado a actividades agropecuarias, que tenía estancia y un matrimonio legal en Chivilcoy, instala en una rudimentaria casa, que era prácticamente un ambiente, a una concubina que era Doña Juana Ibarguren.

En visitas periódicas que él hace a partir de 1908, con excusas relacionadas con la marcha de un campo que él estaba arreglando en la zona, con Juana Ibarguren va teniendo varias hijas. En 1908 nace la primera, Blanca. Después nacen otras mujeres y un solo varón, que es Juan.

Juana Ibarguren sobrevive allí con bastantes dificultades, con algunos dineros que le acerca su concubino cuando escapa de su mujer de Chivilcoy en viajes periódicos, y además le compra una máquina de coser, de las viejas Singer, con la que ella hace costuras y mantiene una familia en medio de la pobreza, en La Pampa.

Allí, el 7 de mayo de 1919 nace su quinta hija. Ella le pone por nombre Eva María. Después, con el tiempo y como consecuencia de las luchas políticas, habrá alguna biógrafa que dirá que era muy osado por parte de Juana ponerle primero el nombre de Eva, que pasaría por ser la primera pecadora de la historia del mundo, y recién después el nombre de la Virgen María. Lo cierto es que ella es la quinta hija de este concubinato entre Doña Juana Ibarguren y Don Juan Duarte.

Curiosamente, Duarte reconoce la paternidad sobre los primeros cuatro hijos, pero no hay constancia de que haya reconocido como hija a la que después sería Evita. Si uno piensa que en el medio de la Pampa, en una especia de ranchito con escasos recursos, estaba una mujer sola que tenía que mantener a cinco chicos, diríamos que Eva nace con una triple carga en su vida: es hija extramatrimonial, es mujer y es pobre. Las tres son condiciones lógicamente despreciables y humillantes en una sociedad que se está convirtiendo en el granero del mundo. Esto evidentemente va a ser una marca porque, después, ella será la gran defensora de los pobres, recordando más de una vez esa pobreza, esa desigualdad social que predomina en Argentina.

Evita también defenderá la legitimidad de los hijos extramatrimoniales y los derechos de la mujer, en una época en la que eran simplemente usadas para las tareas domésticas, la cocina y la reproducción.

Nació en lo que sería un recodo de la estancia La Unión, a unos cuatro kilómetros de Los Toldos, en el partido de General Viamonte, hecho que después se elimina cuando Eva se convierte en una gran figura nacional. Porque hay una partida de bautismo donde dice que nació Eva María, hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren, pero en el Registro Civil está arrancada la página. Después, se inventará una historia de que nació en 1922, evitando estos aspectos que eran sumamente despreciables para aquella época. Y lo siguen siendo, porque sigue habiendo discriminación por matrimonio, por ser mujer y por ser pobre.

Eva iba a una escuela primaria cercana. Los primeros años concurre especialmente sus hermanos Juan y Erminda. Cátulo Castillo le dedicó una cantata donde le dice:
“Tres hermanitas la cuidan/ su ángel la acuna feliz/ María Eva, Eva María/ sonría usted que un jazmín/ ya ha crecido y no hay espinas. / Dios quiere verla dormida. / Tú no sabes todavía/ que las calles hacen mal. / María Eva, Eva María, / cuando crezcas, lo sabrás.”

Allí permanece esos primeros años, hasta que una de las hermanas mayores, Elisa, que trabajaba en el Correo de Los Toldos, es trasladada a Junín. De allí viene que la familia se traslade a Junín, que era una ciudad más importante, un nodo ferroviario donde había una actividad importante de los anarquistas en el gremio ferroviario.

A los 12 años, esta pequeña, delgada, de cabello oscuro, que le gusta recitar y leer revistas de espectáculos toma contacto en Junín con un jovencito, cuyo nombre fue muy difícil ubicar pero sobre el que, finalmente, hubo un consenso de que se llamaba Damián Gómez. Era un militante anarquista del cual, seguramente, Eva escuchó las primeras referencias a lo que era la explotación social, la miseria y el mundo injusto del capitalismo. Se supone que así conoció a Bakunin, o a Marx, o a algunos de los grandes teóricos del anarquismo y el socialismo.

En un momento, la relación se va convirtiendo en un noviazgo, pero el joven anarquista es detenido y trasladado a Buenos Aires. Allí ocurre la siguiente cuestión: generalmente se aduce que Evita se traslada a los 15 años desde Junín a Buenos Aires buscando un destino artístico. Pero hay otra versión que dice que lo hace precisamente porque este muchachito va detenido a una cárcel de Buenos Aires. Más aún, según esta versión -que surge de recuerdos de los vecinos o del mundo que tuvo contacto con ella en Buenos Aires y en Junín-, este muchacho muere apretado por la policía bárbara de la Década Infame.

Así fue como esta chiquilina de 15 años, que tiene una rebeldía estrictamente ligada a la triple humillación sufrida desde su nacimiento, intenta buscar en el mundo artístico un camino y se convierte en una actriz de cierta importancia. Hasta que los acontecimientos en los años 40 le permiten el encuentro con Perón y, después, la convierten en una figura de la historia.

Podríamos resumir lo que es público y notorio para quienes tienen sensibilidad social, con algunas palabras de su confesor, el padre Hernán Benítez. “¡Qué mujer! -decía el padre Benítez- Estaba entregada totalmente a los desposeídos, a los tuberculosos, a todos aquellos enfermos, aquellos que pasaban hambre. Yo estaba al lado de ella y yo, pastor de Cristo, me asombraba de esta actitud de entrega de ella, que era total. Ella lo hacía, no como la aristocracia a que veces entregaba una limosna que era una humillación para la gente pobre, sino que lo hacía de igual a igual, como una hermana. Cuando hacíamos recorridas por barrios pobres, volvía llena de piojos y liendres. Era tremenda su adhesión a los pobres. Era bárbara. Nunca vi nada igual”.

También decía el padre Benítez: “Yo accedí al verdadero cristianismo al lado de Eva Perón. Yo la vi derrochar amor a los necesitados, el amor que redime a la limosna de la carga de injusticia que lleva implícita. Si sus aciertos fueron más o menos que sus errores, habría que discutirlo, pero es evidente que no por sus errores, sino por sus aciertos, el pueblo la amó apasionadamente. Y por esos mismos aciertos, y no por sus errores, la odió la oligarquía, el anti-pueblo.
Ella no comprendía que pudiera apellidarse cristiana una civilización que cada año condena a morir de hambre a ochenta millones de personas, en la que dos tercios padecen desnutrición y el 15 por ciento goza de bienestar frente al resto de la miseria. Incomprensible estado de injusticia social luego de tantos años de predicación del Evangelio. Los Derechos Humanos no eran para Eva Perón un rosario de bonitos apotegmas ni de quiméricos ensueños. La defensa de esos derechos, cuando va de veras, importa un compromiso existencial. Importa una toma de posición. Importa una lucha cotidiana por un orden más justo.
Ella no comprendía cómo podían defender los derechos humanos aquellos oligarcas que usufructuaban los privilegios de la sociedad individualista liberal. La defensa de la vida y los derechos humanos desde una vida fastuosa y  regalada, era completamente inconsistente y no era lo que quería y ansiaba Evita. Su indisimulada enemistad con las castas privilegiadas -  oligarcas, jefes militares y altos prelados - fue constante en ella hasta sus últimos escritos y declaraciones. Esto la marcó y me marcó a mí decididamente a favor de una sociedad mejor, de una sociedad igualitaria.”

Volviendo al curso de la vida de Evita, nos encontramos con Evita a los 15 años llegando sin recursos a la gran ciudad, intentando abrirse camino de algún modo u otro en el mundo del espectáculo.

Otro día quizás podamos continuar su historia hasta convertirse en Eva Perón y ser una figura mundialmente reconocida. (Norberto Galasso, Telam, 6/5/2022)

A quienes les interese pueden leer "MI MENSAJE” (el testamento político de Evita) o “LA RAZÓN DE MI VIDA” haciendo un clic sobre cada título.

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HOMERO MANZI
Texto de Norberto Galasso a 70 años de la muerte de Manzi, en una primicia exclusiva para Pensamiento Discepoleano

Le tocó vivir un tiempo  difícil  de vasallaje y miseria popular,  de artes exóticas y gobiernos  reaccionarios, de banderas enfangadas y ‘próceres’ traidores. Pero  él supo encontrar las respuestas y  erguirse junto a su pueblo para empujar ‘de prepo’ a esa historia nuestra, a veces remisa y reculadora.

Vino de su  Añatuya callada y  desvalida y se metió con su espíritu poblado de  versos en una Nueva Pompeya derramada en cafetines, lustrabotas  y mendigos y en ese Boedo y Chiclana tantas veces  amenazado por la inundación. Con su  familia Manzione se acomodó en la calle Garay al 3200, a pocos metros del pasaje Danel y cursó “la primaria” en una escuelita pública de la calle Humberto Primero.

Después, con sus siete hermanos,  incursionó en travesuras, picardías de purrete, y  ‘picados’ futboleros, rebeldías inocentes de los nueve años hasta que Don Luis, su padre, decidió que él y un hermano ingresaran como pupilos al colegio de Abraham Luppi, un industrial  de la curtiembre  con vocación  docente. Pero entre las travesuras se mezclaron sucesos dramáticos: la muerte de uno de sus hermanos y las visitas a la cárcel donde estaba recluido un tío suyo que  se había “disgraciado”  en una pelea de cuchillo. El recordaría siempre esos pasillos sombríos, las rejas que impedían contactarse con su pariente y la congoja de su  madre en esas  visitas de los domingos:

Por entonces, “El peludo” Hipólito Yrigoyen, liderando un frente de la clase media inmigratoria del litoral y los federales y autonomistas del interior, asumió la presidencia desplazando a la oligarquía: “El 12 de octubre  de 1916, mis ojos de niño lo vieron de pie sobre su  coche, emergiendo desde el fondo de la multitud”. Fue, desde entonces, “que pude besar el rostro de  ese tío encarcelado…Se derrumbó el muro del locutorio y mi tío me dijo - Esto lo ordenó Hipólito Yrigoyen porque es un hombre humano”. Así nació su devoción por el radicalismo.

Entre Pompeya y Boedo se fue haciendo hombre y poeta, pues borroneó los primeros versos que ganarían las calles del barrio a través de los muchachos de la  murga “Los presidiarios”. Después llegó “el secundario” y luego  ingresó a ese edificio de perfiles góticos que se llamaba  Facultad de Derecho,  donde compartió  la rebeldía de “cien muchachos locos….que hacen la -simbiosis pampeanamente rara- de Yrigoyen y Marx”, una izquierda nacional “en orsai”, como la calificara su amigo Cátulo Castillo.

Con este talentoso hijo del anarquista José González Castillo- que como  Homero andaba buscando rumbo en la cultura y la política-, con un atorrante magnífico como Amleto Enrico Vergiati (después Julián Centeya) y  con  “el loco Papa”, caminoteó atardeceres, alternó boliches y enarboló  sueños. A ellos, les sumó luego a Arturo  Jauretche que venía de la militancia conservadora para incorporarse a la caravana popular. “Manzi – diría luego Jauretche-     fue quien  me explicó la importancia del caudillo”. Y juntos se sumaron a la Reforma universitaria del 18, agitando ideas y  trompis contra los cajetilllos de la agrupación “El  círculo”. Ya por entonces, 1926, Homero se destacaba con los versos de “Viejo ciego”, al que le puso música  Cátulo Castillo.

Pero el 6 de setiembre de  1930 fue derrocado  Yrigoyen y el  Gral. Uriburu implantó una siniestra dictadura. Manzi perdió sus cátedras de literatura en el secundario y  fue expulsado de la Facultad. Luego, lanzado a la resistencia, fue detenido  en  febrero de  1931, permaneciendo “a la sombra” durante dos  meses. A la salida, acentuó su vocación política  A  Jauretche le confió su decisión ante el dilema shakespeareno que vivía: “¿Ser hombre de letras o hacer letras para los hombres?.  Optó por lo  último. Allá estaba la  Academia y el galardón literario, el premio municipal y la cátedra momificada. Aquí,  la fidelidad al barrio de las Ranas, a las pibas de Alsina,  a Pompeya con “su farol balanceando en la barrera y el codillo llenando el almacén”, al Boedo  donde se mezclaban el caudillo radical Bidegain y aquel  Eufemio Pizarro que “con vaivén de carro, cruzaba los ocasos del barrio  pobretón”. Y Homero Nicolás Manzione  optó por el mundo de las chatas entrando al corralón, chapaleando barro bajo el cielo de Pompeya, herido de lonjas rojas con sus gorriones y  fabriqueras, con el eco de un bandoneón –‘mariposa de alas negras’- brotándole el  último organito de una ciudad entristecida. Aquel que miraba  sus callecitas porteñas con calidez y hasta nostalgia  se transformó en el  orador esquinero que arengaba a la militancia. Aquel que  calificaría la piel de una muchacha como “magnolia que mojó la luna” se convirtió en orador de combate: “Nos quieren hacer creer que hay una cosa intocable en la economía: el  gran capital….Y que el ferrocarril apenas da ganancias…Hay que crear la mentalidad opuesta y nacional que, frente a esa lamentación, diga sencillamente “que se vayan a la puta que los parió esos accionistas”. Aquel profesor que en sus clases exaltaba la poesía, venía a reclamar porque “somos una Argentina colonial y  queremos ser una Argentina libre” y rescataba a su Añatuya natal porque  era ‘Aña-mía’, sosteniendo que Santiago del Estero no era provincia pobre sino ‘una provincia empobrecida por el imperialismo’.

Al  mismo tiempo, en esos primeros años de los treinta produjo  varias milongas que recibieron una buena acogida popular, entre otras, Milonga sentimental, Milonga del 900 y Milonga triste. E integró “la resistencia”- esa que  olvidan los dirigentes radicales de hoy- bregando por la  elección directa de las autoridades y la consolidación de un programa antiimperialista. De allí salió  FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), el 29 de junio de 1935. Homero fue uno de los primeros cinco integrantes de la nueva corriente junto a Arturo  Jauretche,  Manuel  Ortiz Pereira, Félix Ramírez García y  Juan Fleitas. Se trataba de recuperar la posición popular y  revolucionaria del recientemente fallecido Hipólito, impidiendo que Alvear condujera al Partido a integrarse en ‘el  régimen’. 

Militó unos años en FORJA pero en 1938 renunció al Partido, perdida ya toda esperanza,  dada la  degradación provocada por el Alvearismo. Al principio de los 40  incursionó en las milongas candombe, estrechando el vínculo criollo con los compases negros, para recibir  el elogio de  poetas cubanos; Pena Mulata, Negra María, Ropa blanca, Papa Baltasar y otros. Y empezó  a tentar suerte en el periodismo y  especialmente en la cinematografía (La guerra gaucha, El último payador, Pobre mi madre querida, El viejo  Hucha y otras) donde aportó un aliento nacional.

Pero cuando  en FORJA se produce la escisión (su amigo Luis Dellepiane rompe con la línea de  Jauretche)  Homero  se desorienta y   participa  luego en la campaña electoral de 1946 de la Unión Democrática. Más tarde, rectifica su  error  “Quienes nos tildan de opositores se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas también. No somos oficialistas ni opositores sino revolucionarios. Perón es el  reconstructor de la obra inconclusa de  Hipólito Yrigoyen”

En la segunda mitad de los 40 compone tangos inolvidables entre otros: Barrio de tango, Ninguna, Betinotti,  Malena, El ultimo organito,  SUR y Discepolín (“Te duele como propia/la cicatriz ajena”)

Ya enfermo, compone dos milongas elogiosas a Perón y a Evita. Poco después, varias intervenciones quirúrgicas no pueden impedir que la muerte le punguee  el corazón. Y se despide - a los 43 años- “lleno de voces y de colores …que integran mi cortejo  final de despedida”, Sin embargo, aun hoy,  cuando en la radio de un  tallercito  del suburbio  florecen otra vez sus  versos “con un perfume de yuyos y de alfalfa que nos llena de nuevo el corazón”, parece como si el Homero indoblegable  se  pasease todavía con su  cara redonda y su ‘frente triste de pensar la  vida, tirando madrugadas por los ojos”  (Cátulo) para mantener  viva la canción y  encendernos de nuevo la esperanza.

Norberto  Galasso - 2021

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HOMERO MANZI, EL POETA QUE NO FUE NI OFICIALISTA NI OPOSITOR, SINO UN REVOLUCIONARIO
El autor de letras de tangos que se convirtieron en verdaderos himnos porteños, fue también un orador de barricada que se pronunció siempre a favor de los más humildes.
En el arte y en la vida caminó por la vereda de lo popular.

Nota en Tiempo Argentino 3/5/2013 por Norberto Galasso
Le tocó vivir un tiempo difícil de vasallaje y miseria popular, de artes exóticas y gobiernos reaccionarios, de banderas enfangadas y "próceres" traidores. Pero él supo encontrar las respuestas y erguirse junto a su pueblo para empujar, "de prepo", a esa historia nuestra, a veces remisa y reculadora.

Vino de su Añatuya callada y desvalida y se metió con su espíritu poblado de versos en un Boedo mistongo que se derramaba en cafetines, lustrabotas y mendigos hacia esa Chiclana amenazada siempre por la inundación. Allí caminoteó atardeceres con Cátulo Castillo, Julián Centeya y el "loco" Papa y allí resolvió en largas conversaciones con Jauretche su dilema shakesperiano trasladado al suburbio: "¿Ser hombre de letras o hacer letras para los hombres?". Allá estaba la Academia y el galardón literario, el premio municipal en la solapa y la cátedra momificada. Aquí, la fidelidad al Barrio de las Ranas, a las pibas de Alsina, a Pompeya con su farol "balanceado en la barrera" y "el codillo llenando el almacén", al Boedo legendario donde se mezclaban el caudillo radical Pedro Bidegain y aquel Eufemio Pizarro que "con vaivén de carro…/ cruzaba los ocasos / del barrio pobretón". Y Homero Nicolás Mancione desdeñó la fama oligárquica para grabar su perfil como Homero Manzi optando por el mundo de "las chatas entrando al corralón", chapaleando barro bajo el cielo de Pompeya herido de lonjas rojas, con sus gorriones y fabriqueras, con el eco de un bandoneón –"mariposa de alas negras"- brotando del último organito de una ciudad entristecida.

En ese camino, sus "versos para los hombres" acunaron a la Negra María, consolaron a la mulata abandonada, invocaron al Papá Baltasar en nombre de los chicos pobres, eternizaron al viejo ciego del violín y a aquella Malena "con voz de sombra", en el paisaje indeleble de un "Sur paredón y después". De este modo, estampó una radiografía carreguiana de personas y aconteceres de la realidad, tan humildes y por eso, precisamente, tan importantes.

Asimismo, en el terreno político, Homero también eligió la vereda popular, despreciando las canonjías que el ofrecía el radicalismo alvearizado, para lanzarse a la aventura de FORJA, aquel 29 de junio de 1935, porque sabía que "éramos una Argentina colonial" y ansiaba una "Argentina libre". La soberanía popular, la nacionalización de las empresas extranjeras y la reivindicación de los derechos de los trabajadores se hicieron punta, una y otra vez, en su vozarrón lanzado al viento en la tribuna esquinera –modesta tarima de cajoncitos de cerveza- donde chisporrotearon luminosas verdades en la sombría noche de la "Década infame".

Aquel que calificaba a la piel de una muchacha como "magnolia que mojó la luna", se transmutó entonces en orador de combate: "Nos quieren hacer creer que hay una cosa intocable en la economía: el gran capital… Nos quieren convencer que el ferrocarril apenas da ganancias a sus accionistas… Hay que crear mentalidades  opuestas y nacionales que frente a esa lamentación digan sencillamente esto: ¡¡¡QUE SE VAYAN A LA PUTA QUE LOS PARIÓ ESOS ACCIONISTAS!!!".

Así batalla en la catacumba forjista, en esa época en que la tisis roe los pulmones de las mujeres que pedalean en la "Singer", cuando los rufianes controlan la calle Corrientes y las adolescentes desaparecen del conventillo atraídas por "las luces del centro". Y así se consustancia cada vez más con su pueblo. Por esa razón, en 1947, reencendiendo su vieja fe del auténtico irigoyenismo, brinda su apoyo a la caravana popular desde su perspectiva de "revolucionario", amigo del Pueblo, al que expresa en sus versos y a quien acompaña ahora en su nuevo camino jubiloso: "Quienes nos tildan de opositores se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas también. Nos somos oficialistas ni opositores. Somos revolucionarios… Perón es el reconstructor de la obra inconclusa de Hipólito Yrigoyen".

Poco después, la muerte le punguea el corazón en el sanatorio Costa Boero y se despide "lleno de luces y dolores… que integran mi cortejo final de despedida". Sin embargo, aún hoy, cuando en la radio en un tallercito del suburbio o en la disquería noctámbula de la calle Corrientes, florecen otra vez sus versos "con un perfume de yuyos y de alfalfa/ que nos llena de nuevo el corazón", parece como si el Homero indoblegable se pasease todavía con su cara redonda y sus ojos limpísimos de niño –esos por donde "su frente triste de pensar la vida, tiraba madrugadas por los ojos", como diría Cátulo Castillo- para mantener viva la canción y encendernos, de nuevo, la esperanza. «

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LOS HERMANOS DISCÉPOLO: LUCES Y SOMBRAS

Por esas picardías en las que se complace la Historia se cumplen en marzo, con diferencia de días,  dos  aniversarios: el 14 de marzo de 1923 se estrenó en Buenos Aires la obra teatral “Mateo” y el día 27 de marzo de 1901 nació el poeta Enrique Santos Discépolo. Quizás el lector me advierta que la obra “Mateo” pertenece a Armando Discépolo y no a su hermano Enrique, pero justamente allí reside la explicación  del título de este artículo.

Armando nació el 18 de agosto de 1887 y las “luces” que alumbran su historia provienen de que desde muy joven compuso obras teatrales –sainetes- que alcanzaron éxito y que deben ser valorizadas por su testimonio costumbrista –en la línea que profundizó Alberto Vacarezza- y también se destacó  como director de teatro y radio en las últimas tres décadas de su vida (1935-1971). No pretendemos oscurecer esas “luces” pero sí poner de relieve algunos equívocos -o “sombras”- que se registran en su   trayectoria.
Enrique Santos nació  el 27 de marzo de 1901 y se constituyó en el gran testigo de un extenso período de nuestra historia, desde 1923 hasta su muerte, en 1951, en razón de que vivió intensamente las vicisitudes de nuestro pueblo: la frustración y la angustia del inmigrante de los años veinte, la miseria, el hambre, el desempleo y la desilusión del argentino de la “Década Infame” y también el júbilo y la esperanza de los sectores populares con posterioridad a octubre de  1945.

Me voy explicando: en las historias oficiales del teatro argentino se afirma que el sainete dio paso al “grotesco”, en 1923, con la obra “Mateo”, en la cual las formas cómicas se transformaban en dramática frustración cuando el conductor de coches de plaza –Don Miguel- empieza a ser desplazado por el automóvil hundiéndose en la miseria que lo conduce a complicarse -él y su caballo Mateo- en un robo: “rifar el alma, vender el corazón”, como diría después Enrique en uno de sus tangos (también:“a la moral la venden al contado y a la honradez la dan por moneditas”). Tal fue el éxito de la obra que aún hoy alguna pareja de recién casados pasea y se retrata en un “Mateo” (coche de plaza) por los alrededores de Palermo.

“Mateo” (1923) es “grotesco” y no sainete. Puede tener momentos cómicos pero su fondo es trágico. Lo mismo ocurre con “Stéfano” (1928) en la cual el viejo músico frustrado se lamenta: “¿Qué hice con la música? La puse a un cacho e’ pan y me la comí” (Cátulo Castillo me dijo, años atrás: -Póngase en la puerta de la Sociedad de Autores y Compositores –SADAIC- y pregúntele a los que entran y salen si eso lo pudo haber escrito Armando o es propio de Enrique. No le quedará duda alguna). Armando fue un gran sainetero, cuando Enrique era un pibe y fue luego excelente director de teatro después de 1935 cuando rompe relaciones con su hermano y no escribe una sola obra de teatro aunque muere en 1971 (36 años después). Es decir, Armando “firma” algunos grotescos cuando Enrique vivía con él y tenía ya  20 años, pero  deja de escribir cuando se enoja con su hermano. En ese breve período de una década (1923-1935) se destacan los grotescos: “El organito” que firman en conjunto y Enrique escribe otro -“Mascaritas”- que no llega a estrenarse y más tarde, lleva el grotesco al tango, como en “Chorra” o “Justo el 31”, testimoniando la infamia de la Década del 30.

Por esta razón existe una “sombra” en la vida de Armando cuando firma y se adjudica los “grotescos”. Y esto no es nuevo porque inclusive otros saineteros como Folco  le discutió su paternidad sobre algunas obras que él se atribuía y lo obligó a reconocerlo por escrito, documento que guardaba la hija de Folco, como prueba de la inclinación de Armando por apoderarse de obras ajenas.

Pero la verdad circuló en aquella época entre los críticos de teatro, como Francisco Bolla, o entre escritores como Cátulo Castillo o Raúl González Tuñón, y también ya muerto Enrique la sostuvieron Tania y otros familiares. Enrique –para quien Armando, con un fuerte carácter,  era “su padre padrone” que cubría su orfandad desde la infancia y le llevaba 14 años- no lo reveló plenamente Pero lo dejó entrever : “Todas las obras que he escrito se han estrenado, aunque no siempre con mi nombre” (Reportaje en Treinta vidas de artistas argentinos, de Andrés Muñoz, 8/5/1940); “En Corrientes y Callao arrancamos la primera página de  ‘Mateo’” (La Nación, 13/7/1931).

Resultó así que en la historia oficial del teatro argentino, Armando es el creador del “grotesco” pero resulta que el supuesto creador del grotesco lo definía mal: “El grotesco me parece el arte de llegar a lo cómico a través de lo dramático, “mientras Sierra y Ferrer en su libro Discepolín ponen en boca de Enrique la definición correcta: “Grotescas son aquellas obras de forma cómica, pero de fondo serio”.

En la Argentina se polemiza poco y sobre este asunto son muchos los que susurran en voz baja lo que no dicen públicamente y otros, que prefieren silenciar las verdades y no entablar el debate, como ocurrió con aquellos libros donde fueron expuestos estos argumentos, entre otros: Discépolo y su época (4 ediciones) y Fratelanza, en colaboración con el psicoanalista Jorge Dimov.

Por supuesto, en esta investigación, tuve mis dudas hasta que Julio De Caro, allá por el año 1965, me invitó a su casa y me presentó a Armando, ya octogenario, a quien le confió que yo estaba preparando una biografía de Enrique. Fue un diálogo frío, indiferente, donde Armando menospreció a Enrique, hasta que se produjo este diálogo: “Me interesa conversar con usted para hablar sobre las obras de teatro”, dije ingenuamente, en referencia a “El Organito” y  “Mascaritas”. La reacción hizo luz sobre las sombras: -¡NO!, gritó. Con las obras de teatro no se meta. Las obras son mías, son mías, ¿entiende? Enrique no tiene nada que ver... Enrique no tiene importancia alguna, ¿para qué una biografía?

Después, la superestructura cultural montada por la clase dominante hizo el resto porque –no por casualidad- Enrique se comprometió públicamente en favor del peronismo en  1951 mientras Armando se jactaba de su antiperonismo. De allí resultó que mientras el primero solo fue reconocido por sus  tangos,  el segundo es todavía considerado como el creador del grotesco. Así ocurre habitualmente en la cultura oficial donde “luces y sombras” se distribuyen según la conveniencia de la clase dominante.

VER NOTA "ENRIQUE S. DISCÉPOLO, EL SOCIÓLOGO DE LA DÉCADA INFAME QUE CELEBRÓ LA LLEGADA DE PERÓN"

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ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO, EL "SOCIÓLOGO" DE LA DÉCADA INFAME QUE CELEBRÓ LA LLEGADA DE PERÓN

Arturo Jauretche enseñó que "lo  nacional es lo universal visto por nosotros", es decir, que los interrogantes del ser humano (universales) generan diversas respuestas según la época y el lugar (nacionales). Una de las mayores pruebas de esta afirmación reside en la vida y obra de Enrique Santos Discépolo.

Ante la frustración, la cuestión moral, el amor, el suicidio, la injusticia social y tantas otras cosas, Discépolo fue dando respuestas "nacionales" –a través del teatro, las canciones y el compromiso político– a esos temas sobre los cuales poco o nada aportaron los intelectuales de la Argentina semicolonial, europeizados y ajenos.

Enrique nació el 27 de marzo de 1901 y quedó huérfano a los nueve años. Su hermano mayor, Armando Discépolo, pasó a dirigir la familia, con su temperamento severo, verdadero "padre padrone", ya por entonces, autor teatral. Armando ha incursionado, primero, en obras dramáticas, para pasar luego al sainete que recoge el "crisol de razas" que es el conventillo porteño, desde una perspectiva reidera, junto con Folco, De Rosa y principalmente,  Vacarezza, entre otros.
Desde niño, Enrique siente atracción por el mundo del teatro en que se mueve su hermano mayor y a los 17 años, estrena, en coautoría con Mario Folco, la obra Los duendes, de la cual un comentarista de La Prensa sostiene que "si bien es una farsa con algunas situaciones cómicas, ellas confinan con lo 'grotesco'", y poco después, también con Folco, la obra Páselo cabo, en el ámbito de la Semana Trágica, la cual provoca el comentario del crítico Pujol: "El contraste entre el escándalo familiar y el drama de la represión obrera dibuja un cierto efecto 'grotesco'". Estas referencias al 'grotesco' no son casuales: el grotesco es el salto del sainete desde lo simplemente reidero, a lo dramático, y aparece ya más netamente expresado en el estreno, en 1923, de Mateo, obra que relata la frustración del inmigrante que carece de trabajo con su coche de caballos ante la preponderancia del automóvil. La obra alcanza notable éxito a tal punto que ese tipo de carruaje es llamado "mateo" hasta hoy, donde sobreviven algunos en Palermo para una vuelta, con fotografía,  de recién casados.

En Mateo ya no predomina la risa, sino el drama, el dolor, al estilo de Pirandello. Enrique lo ha escrito, a los 22 años –según lo aseguran familiares y amigos– pero quien aparece como autor es su hermano mayor –Armando, que le lleva 14 años– y con esa obra  pasa a la historia del teatro como creador del "grotesco". Diversos testimonios (publicados en un libro por Jorge Dimov y quien escribe estas líneas) prueban que la obra es de Enrique y que ella anticipa la crítica social de sus futuros tangos: "Es muy difícil ser honesto y pasarla bien. Hay que entrar, amigo. Sería lindo tener plata y caminar con la frente alta y tener la familia gorda, pero la vida es triste y hay que 'entrar' o reventar." Al año siguiente, Enrique registra la obra Mascaritas, que no llega a estrenarse y de la cual señala el crítico Sergio Pujol que con ella "el grotesco empezaba a envolver a Enrique".
Poco más tarde, año 1925, se estrena El organito, firmada por los dos hermanos, también "grotesco" –y no sainete– donde pululan ex hombres con sus ilusiones marchitas y sus sueños destrozados, hundidos en la miseria del suburbio, drama social sobre el cual un crítico se anima a señalar que "quizás haya sido obra exclusiva de Enrique". Tiempo después, en 1928, se pone en escena un nuevo grotesco titulado Stéfano, el mejor de nuestra producción teatral, con la firma de Armando. Es la historia de un músico que sueña con crear una obra famosa pero que arrinconado por la miseria queda sometido a un modesto lugar en la orquesta municipal, frustración que resume así: "¿Qué hice con la música?... La puse a un 'cacho' de pan y me la comí." Cátulo Castillo me dijo una vez, respecto a esta frase: "Póngase en la puerta de SADAIC (Sociedad de autores y compositores) y pregúntele a los que entran quién puede haberla dicho. La inmensa mayoría le dirá: Enrique Santos Discépolo."

Sin embargo, con el correr de los años, se dirá que Enrique fue un autor de tangos –a lo más, "un filósofo de la porteñidad"– y que Armando es el creador del grotesco. Lo curioso es que, Armando, el presunto autor del grotesco, lo define erróneamente: "Es el arte de llegar a lo cómico a través de lo dramático", mientras Enrique lo define correctamente: "Grotescas son aquellas obras de forma cómica pero de fondo serio." Asimismo es sorprendente que Armando produzca sólo sainetes hasta que Enrique alcanza la mayoría de edad, luego 'escriba' grotescos entre 1922 y 1928 y después, no escriba ninguna obra de teatro más desde el momento en que dejan de vivir juntos pues se enoja con Enrique a causa de su relación con Tania, no obstante que muere en 1971, casi 40 años más tarde.

Enrique, por el contrario, transfiere el dolor y la frustración del grotesco a sus tangos, primero con Qué Vachaché, Chorra y Esta noche me emborracho y a partir de 1930 se convierte  en el gran poeta testimonial de la Década Infame: Yira, Yira (1930: la desocupación, la miseria, los zapatos rotos, la ropa que van a usar  los hijos del difunto, 'buscando un pecho fraterno para morir abrazao'), ¿Que sapa, señor? (1931: 'los chicos ya nacen por correspondencia/ y asoman del sobre sabiendo afanar'), Tres esperanzas (1933), Quien más quien menos (1934: "pa' malcomer, somos la mueca de lo que soñamos ser"), Cambalache (1935: la caída de todos los valores, 'todo es igual, nada es mejor').

En el caso de Tres esperanzas, la sensibilidad social de Enrique causa asombro, estrenado en 1933, termina así: "Cachá el bufoso y  chau/ vamo' a dormir", justamente el año en que las estadísticas revelan el punto máximo de suicidios en la Capital Federal: ¡dos por día!

De este modo, Enrique se transforma en el "sociólogo", que radiografía la siniestra Década Infame con sus fraudes, sus negociados, su entrega económica, su humillación como país, mientras Armando pasa a desempeñarse como director de teatro, donde se destaca pero ni prosigue el grotesco, ni denuncia el drama social.

Convertido en juglar de la calle, en la segunda mitad de la década del '30, Enrique continúa abordando los grandes temas: interroga a Dios en Tormenta, aborda la desesperanza en Uno, la ruptura sentimental en Sin Palabras, la soledad en Martirio, es decir, expresa lo universal a través de la cultura nacional, los grandes interrogantes en versos de tango.

Pero es tanta su sensibilidad social que cuando cambia el país, a partir de 1945, Enrique ya no escribe más tangos tristes. Se dedica a la cinematografía (El Hincha), al teatro (Blum), al gremialismo (en SADAIC). Y se compromete políticamente apoyando la reelección de Perón en 1951 con sus charlas de "Pienso y digo lo que pienso", donde  inventa su personaje "Mordisquito" para confrontar la década peronista con la Década Infame que la había precedido. ("No, Mordisquito, no, a mí no me la vas a contar").

El odio de clase lo cerca entonces y su corazón deja de latir un 23 de diciembre de 1951. Tenía sólo 50 años,  que había vivido intensamente, expresando a su pueblo en las malas y en las buenas. Desde el grotesco del teatro hasta sus versos implacables y sus charlas radiales había expresado las grandes cuestiones universales tal como se daban nacionalmente.

Por eso este flaco –"hueso y sólo hueso", como diría Julián Centeya– es una de las columnas fundamentales de la cultura nacional. (N.Galasso, T.Argentino, 27/3/2013)

VER NOTA "LOS HERMANOS DISCÉPOLO: LUCES Y SOMBRAS"

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A PROPÓSITO DE LA DEUDA EXTERNA

“A lo largo de la Historia Oficial –divulgada por la mayor parte de los medios educativos y los de comunicación- en pocas oportunidades aparece un personaje decisivo y dominante. Detrás del escenario de las batallas, las contiendas electorales y los golpes de Estado, la sombra poderosa y siniestra de ese personaje mueve los hilos de los principales acontecimientos y marca nuestro destino: se trata de la deuda externa. La mayoría de los historiadores, ensayistas y biógrafos soslayan su presencia y se detienen en las apariencias de los acontecimientos –batallas, personalidades-, pero nuestro acontecer solo resulta comprensible poniendo al desnudo la estrecha vinculación de los poderosos intereses nativos con el gran poder financiero externo.”
Primer párrafo de la Introducción del último libro de Norberto Galasso, “TRIUNFO BUITRE”

UNA HISTORIA DE ESTAFAS A NUESTRO PAÍS (11-8-17)
A lo largo de esta (nuestra) historia de estafas, pueden mencionarse las diversas maneras utilizadas, memoria que conviene refrescar hoy, cuando la Argentina ha caído nuevamente en las fauces de la deuda externa:

  1. Déficits casi permanente de nuestra balanza de pagos, pues si bien la balanza comercial se presenta generalmente positiva, se torna negativa habitualmente por los egresos originados en la salida por intereses, giros de utilidades de empresas extranjeras a sus casas matrices, refinanciaciones de la misma deuda, fletes, seguros y otras erogaciones de origen diverso.
  2. Intercambio desigual –para algunos, deterioro de los términos de intercambio- con la tendencia a la baja de los precios de las exportaciones de materia prima y la tendencia alcista de los productos manufacturados que importamos.
  3. Operaciones de autopréstamos: empresarios de la Argentina que habían fugado dinero negro de nuestro país, lo reenviaban a la Argentina, con la complicidad de los bancos, como si fueran préstamos, que tomaban así el carácter de deuda externa.
  4. Falsas declaraciones en los montos de operaciones de exportación e importación –subfacturaciones y sobrefacturaciones- de modo de dejar un excedente en el exterior convertido en deuda externa.
  5. Falsos gastos, en cifras desmesuradas, tanto por turismo como por compra de armamentos, que dejaban saldos impagos fuera del país, convertidos en deuda externa. (Rivadavia por ejemplo, dejó una diferencia de aproximadamente 17.000 libras esterlinas, en su viaje previo al empréstito Baring Brothers, que luego fue descontado como deuda al liquidarse el importe de las libras a enviar a la Argentina).
  6. Estatización de deudas externas privadas, tomadas a cargo por el Estado Argentino a través de seguros de cambio, como ocurrió en 1982/3, por cifras que oscilaron entre 17.000 y 20.000 millones de dólares debido al esfuerzo empeñoso y diligente de Domingo Felipe Cavallo y Julio González del Solar, desde el Banco Central. Con este mecanismo, empréstitos tomados en el exterior por grupos empresario de la Argentina se convirtieron en Deuda Externa del Estado Argentino.
  7. Aumento arbitrario y unilateral de las tasas de interés aplicables mundialmente, por parte de los Estados Unidos. En 1973, 74 y 75, dada la enorme liquidez financiera como consecuencia del alza del precio del petróleo y las ganancias exorbitantes depositadas por los jeques árabes en los Bancos yanquis, se “impusieron” préstamos a varios países con tasas de interés cercanas al 3%, en carácter de tasa flotante, que se elevaron en 1982 varias veces (al 20 ó 21%) generando enormes acreencias en perjuicio de los países endeudados.
  8. Empréstitos impuestos a países donde se propiciaron golpes de Estado, de manera que no tuvieron la debida autorización que establece la Constitución, dado que el Poder Legislativo no funcionaba.
  9. Renegociaciones donde los representantes del país deudor respondían a los intereses de los países prestamistas, sellándose el acuerdo por los mismos negociadores a ambos lados del mostrador, como ocurrió con el Blindaje y el Megacanje, tal el caso de lo sucedido en la época de la presidencia de De la Rúa, que significaron un acrecentamiento notable de la deuda externa.
  10. La acción de las calificadoras de riesgo manejadas por técnicos de las finanzas internacionales fue otro factor que incidió en el crecimiento de la deuda externa. Al solicitar crédito, nos encontramos con una calificación muy baja como país incumplidor de sus obligaciones financieras (en 1824, quita del 30% por ser ‘país de indios’ lo que motivó que en los primeros empréstitos los títulos de valor nominal 100 nos los consideraran solo a 85 y a veces 70 con lo cual un empréstito que nos permitiría, en principio, recibir 700.000 libras significaba un endeudamiento de un millón de libras). Del mismo modo, en el siglo veinte, la calificación de “alto riesgo país” implicó que créditos que otros países concertaban al 5 ó 6% de interés anual, a nosotros nos aplicasen 12 o 14% engrosando así el endeudamiento. (N.Galasso, de su libro "TRIUNFO BUITRE", páginas 11/12)

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“EL PENSADOR DE PERÓN”
A 40 AÑOS DE LA MUERTE DE HERNÁNDEZ ARREGUI
Una nota del Profesor Norberto Galasso en Tiempo Argentino el día 23 de septiembre de 2014

Cuando se repasan aquellos años terribles de predominio neoliberal en la Argentina, aquellos en los cuales la mayor parte de la dirigencia del peronismo acompañó la claudicación de Menem, resulta incuestionable su poder destructivo respecto de todo lo que había construido el General Perón desde 1945 en adelante.
Era aquella una obra tan importante desde el punto de vista de la Liberación Nacional y Social que durante 18 años los enemigos no pudieron quebrantarla y que como dijo alguien: "Sólo el peronismo era capaz de destruir la obra del peronismo." Hoy podríamos  completar esta afirmación sosteniendo que sólo un movimiento de origen peronista –aunque con sus rasgos propios– sería capaz de recuperar las conquistas que en el orden económico, social y político habían sido destruidas, que es lo que está sucediendo hoy, por lo cual los mismos enemigos de antaño se levantan para obstruir la profundización de esa política: las grandes corporaciones mediáticas, ahora Clarín en lugar de La Prensa, el imperialismo norteamericano ahora bajo las formas del capitalismo financiero de los buitres, las grandes corporaciones agropecuarias y financieras, así como los antiguos y resecos partidos políticos incapaces de parir nada nuevo, tanto de la derecha como de la mayor parte de la izquierda abstracta.

Pero a veces no se otorga la debida importancia a la otra acción deletérea cumplida por el menemismo: apagar las grandes voces orientadoras que tuvo el movimiento. Esto no lo lograron totalmente pero es necesario recordar que si Scalabrini Ortiz, Cooke y Juan José Hernández Arregui no aparecieron en la pantalla televisiva, en aquellos viejos años, por lo menos circulaban entre la militancia con mayor intensidad que ahora. 

En el caso especial de Hernández Arregui –del cual ayer se cumplieron 40 años de su  muerte– es quizás el más significativo. Sólo en algunos ateneos  o centros de base se difunden sus enseñanzas. Sin embargo, es bueno recordar que el General escribió lo siguiente: "Ningún argentino debería dejar de leer sus libros y toda la juventud de nuestro país debería tenerlo en la cabecera y estudiarlo profundamente… Tanto la Formación de la conciencia nacional como  Nacionalismo y liberación (aún Juan José no había escrito Peronismo y socialismo) son dos fuentes de inspiración doctrinaria para la juventud de América Latina, tan necesitada en las circunstancias actuales de una palabra rectora como la suya." En esa misma carta Perón le señalaba su optimismo sobre la victoria popular: "Tengo fe en la juventud argentina y en los trabajadores que saben lo que quieren y parecen estar dispuestos a luchar por imponerlo. Todos estos problemas de lo que más necesitan es del tiempo y creo que, en nuestra  Patria, el tiempo no transcurre en vano." 

Razón tenía el General con respecto a las ganas de transformar a la Argentina –que agita hoy profundamente las venas de los adolescentes de los sectores populares– pero no pudo prevenir que tanto del lado del nacionalismo de derecha como del liberalismo conservador se lograría confundir a muchos militantes. No pudo quizás alertar que desde las filas de Alsogaray y desde los círculos del más descarado oportunismo circularían argumentos dirigidos a treparse al carro del movimiento nacional inficionándolo pues traían consigo sus vínculos con la reacción.

Pero esto ha ido sucediendo, sólo Jauretche, quizás por sus polémicas, ha mantenido vigencia, aunque alguien opine que para entender y transformar la realidad ya no basta con Jauretche y se pregunte si es necesario traicionarlo. Menos aun Scalabrini, Cooke o Puiggrós y quizás menos que nadie Hernández Arregui, a pesar de esa opinión contundente del General.  

El autor de Imperialismo y Cultura se preocupó para que no nos equivocáramos y supiésemos distinguir entre "nacionalismo" y "nacional", entre "panamericanismo" y "Patria Grande", entre izquierda no nacional e izquierda nacional, entre cultura enciclopédica y cultura nacional, entre fuerzas armadas coloniales y fuerzas armadas sanmartinianas, entre  peronismo conciliador y peronismo revolucionario. Demasiado, ¿no es cierto? No sólo para TN y Canal Trece, sino también para los kirchneristas tibios que predican hacer la plancha con lo ya logrado y no profundizar en aguas procelosas, cuando el mundo se bambolea sin encontrar rumbo.

Falta de audacia quizás, demasiada amabilidad para los grandes medios conservadores, temor más bien a erguir la cabeza y mirar hacia la Patria Grande que reclama avanzar en las transformaciones, negativa a mirar lejos porque como él enseñó "sólo el hombre es capaz de mirar lejos, sólo el hombre es capaz de lograr lo grandioso".

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JOHN WILLIAM COOKE
Nuestro compañero y referente, el profesor Norberto Galasso, hace un análisis profundo de la personalidad de quien fue uno de los dirigentes más lúcidos del peronismo.

Pocos personajes de nuestra historia ofrecen facetas tan singulares como la de este gran pensador y luchador argentino. Se llamó John William cuando seguramente él hubiera querido que lo denominasen Juan Guillermo. Se consideraba peronista pero también marxista.  Como integrante del peronismo fue –casi seguramente– el único que discutió con el general Perón de igual a igual, sin inhibiciones ni reservas mentales: "Usted procede en forma muy diferente a la que yo preconizo y a veces, en forma totalmente antitética" (enero 1966). El único que se animó a decirle que algún día iba a morir (3/3/1962). Fue intelectual profundo, pero al mismo tiempo hombre clave de la resistencia y se lanzó con "una pistola 45" y tres cargadores de balas a parar a los marinos en junio de 1955. Tenía cierta renguera y un cuerpo voluminoso pero le encantaba bailar el tango. Fue  invitado a un congreso en la Cuba presidida por Fidel y lo retuvieron en el aeropuerto porque el Partido Comunista de la Argentina dio malos informes sobre él ("¿Qué tal, Cooke? ¿Está en cana?", le dijo sonriendo El Che y aclaró la situación).

Una anécdota resume su independencia de criterio y su singularidad en sus opiniones. Ante las diferencias que mantiene con Jorge Antonio, Perón intenta limar asperezas y para calmarlo le dice: "Pero, Bebe, Jorgito es millonario, pero es un millonario peronista." Y él le responde: "Mi General, disculpe, pero yo no hago esos distingos. Para mí, no hay millonarios peronistas y millonarios antiperonistas, los millonarios son millonarios, nada más."

Pero quizá lo que otorga a Cooke una característica aun más propia y definida está dada por su permanente transformación, a través de la acción política, al mismo ritmo que se modificaban y profundizaban las posiciones de las grandes masas. Él provenía de una familia de irlandeses en cuyo hogar se hablaba en idioma inglés y en lo político, seguían la tradición radical. Su padre, Juan Isaac era dirigente importante de la UCR y como tal estaba alineado, en la segunda guerra, en el campo aliadófilo, donde también se situaba  John en su juventud, celebrando los triunfos de Inglaterra. Pero al crecer el movimiento obrero y alcanzar el protagonismo del 17 de octubre, John ya integra el movimiento nacional e ingresa al Congreso de la Nación como diputado. Ha comprendido que soplan vientos de revolución y que el peronismo viene a cubrir el vacío dejado por los viejos partidos perimidos. Entonces afirma: "En 1945... el peronismo fue el movimiento que surgió y triunfó contra todos los partidos, que hizo saltar el esquema de los partidos repartiéndose el poder político. No es que la izquierda hacía crisis; es que era una parte de la superestructura política del imperialismo y saltó junto con los demás pedazos de esa superestructura... El movimiento popular que atacó a la oligarquía y al imperialismo pasó a ser la izquierda por cuanto representaba las fuerzas del progreso nacional y de la independencia del extranjero. Fue una situación revolucionaria, donde los esquemas teóricos no servían. Faltaba una Izquierda Nacional y ese papel pasó a ocuparlo peronismo, aunque sin definirse como tal."

En su gestión parlamentaria, siendo el diputado más joven –"El Bebe", lo llamaron– fue el más sólido y brillante. A él recurrió Perón después del tremendo bombardeo del 16/6/55 para reorganizar el partido en la Capital Federal, pero ya era muy tarde y el gobierno fue derrocado en septiembre. Una tremenda noche de terror y silenciamiento cayó sobre el peronismo en esos años, resumida en la delirante mordaza del Decreto 4161 y los fusilamientos del '56. Cooke, mientras tanto,  intentaba armar "la resistencia" y era paseado por todas las cárceles del país, hasta "el infierno blanco" de Ushuaia e inclusive sufre simulacro de fusilamiento. Producido el triunfo de Frondizi en 1958, cuando los obreros se levantan contra la primera privatización impuesta por el FMI, Cooke avanza aun más en su posición e intenta convertir esa lucha en paro general, en un momento en que era delegado personal de Perón y más aun, el único a quien Perón alguna vez designa su sucesor para el caso de su muerte. Pero la burocracia política del peronismo le boicotea su acción y después de denunciarlos ante Perón, viaja a Cuba, donde adhiere fervorosamente a la Revolución. Tiempo más tarde es miliciano, al igual que su mujer Alicia Eguren, y participan en la lucha cuando el imperialismo invade Bahía de los Cochinos.

Reside unos pocos años en la isla y allí les explica a muchos cubanos mal informados los progresos alcanzados por las mayorías populares dela Argentina durante los dos gobiernos de Perón. Luego se desempeña como representante de Fidel y El Che ante Perón –en España– sugiriéndole se traslade para residir en Cuba, a lo cual el General le responde: "Dígale a Fidel que él hizo el asalto al Moncada llevando consigo el rosario y la cruz y yo todavía tengo que seguir llevándolos."

En esa época es un socialista convencido, pero al mismo tiempo se sigue considerando peronista y por ambas banderas milita sin cesar. Parte de esa lucha queda registrada en una rica correspondencia mantenida con el General durante una década (1956-1966).

Allí analiza la correlación de fuerzas, la imposibilidad, por ahora, de la revolución armada, como asimismo la importancia que tendría abandonar la conducción pendular de un movimiento policlasista para acentuar sus rasgos revolucionarios. Comprende que "el peronismo es el hecho maldito del país burgués", pero también que "es un gigante invertebrado y miope" si no se dan los cuadros necesarios y no se desplaza a los burócratas políticos y sindicales. En esas cartas, Perón le explica que hay que ser como el Papa "que benedice a tutti", que la unidad es lo principal dado el poderío del enemigo. Cooke no está de acuerdo y se atreve a refutarlo: "¿Para qué nos sirve el número, para votar en las elecciones que no se han de realizar?"

También afirma: "Peronismo y antiperonismo son, en esta etapa, la forma en que se da políticamente la lucha de clases..." ¿Unidad para qué, entonces? Su opinión es que obispos, generales y empresarios están de más en el peronismo. Perón le contesta, desde su condición de líder nacional, que si los echamos, engrosaremos las fuerzas del enemigo. Otras veces el General no le responde por un tiempo.

A veces, le señala: "Querido Bebe: ... muchas gracias por su interesante y valiosa información..."Los “leales” y los desleales cuentan sólo para construir y debemos manejarlos a todos porque si no llegaríamos al final con muy poquitos. Por otra parte, hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar, usando a los primeros sin reservas y utilizando a los segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga defeccionar. Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos."

En otras cartas, también se observa que intenta persuadirlo: "Usted tiene razón, Bebe, lo felicito…" Pero al final de la carta le reitera la política de "bendecir a todos", como única manera de aislar a la oligarquía y al imperialismo. Pero Cooke insiste: "Cuando usted ya no esté, ¿qué significará ser peronista?"

A finales de 1963, Cooke regresa a la Argentina y crea Acción Revolucionaria Peronista, es decir, intenta formar una izquierda orgánica, dentro del movimiento, para estar en condiciones de incidir mejor. Ideológicamente su influencia se difunde, pero –y él no tiene duda alguna– la clase trabajadora, en su abrumadora mayoría, está con el General y no ve la necesidad de construir el partido revolucionario que él preconiza.

En sus últimos años, concurre a varios congresos en Cuba y reafirma allí su posición revolucionaria e inclusive adhiere a la lucha armada que se intenta en otros países. Sin embargo, aún en sus últimos escritos, sostiene: "Perón no sólo es el artífice de la única época en que el obrero fue feliz –década que el tiempo y el drama de hoy embellecen aun más en la nostalgia– sino algo más importante es el recuerdo, el símbolo de la primavera revolucionaria del proletariado argentino, del momento cenital de las grandes conquistas sociales y las reivindicaciones nacionales. Por eso, su mito se alimenta tanto de la adhesión de los obreros como del odio que le profesa la oligarquía, no atenuado por los años porque es el reverso del amor de los humildes… En el laberinto de la política a ras del suelo a que nos tiene acostumbrados nuestros burócratas Perón parecería estar bloqueando vaya a saber qué caminos. Desde las alturas de las formas superiores de la lucha revolucionaria, no obstruye nada. El pueblo se resiste a abandonar sus ídolos acreditados en el milagro por otros no probados… El prestigio de la conducción revolucionaria de esta nueva generación se cargará con el magnetismo de su antiguo prestigio."

Por entonces, lo toma el cáncer. A los pocos meses, el 19 de septiembre de 1968, muere, pero su última voluntad –hecho todavía insólito en la Argentina de 1968– es que sus órganos vitales sean usados para quien los necesite, como si quisiera que sus ojos siguieran viendo, desde otro cuerpo, los cambios de su querida América Latina, en busca de su destino igualitario. «

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LA VIDA DE UN INTELECTUAL HONESTO Y COMPROMETIDO
Casi en soledad, durante largos años, avanzó por caminos poco transitados detrás de la verdad.
NORBERTO GALASSO, en Tiempo Argentino, recuerda a FERMÍN CHAVEZ, un historiador poco reconocido (Nota del 12/7/2013)

En la labor historiográfica de Fermín Chávez se expresa la complejidad que afronta un intelectual honestísimo y comprometido para alcanzar una recreación correcta de nuestras agitadas contiendas de los siglos XIX y XX. Investigador profundo, recolector de datos y libros difícilmente hallables, dedicó gran parte de su vida a indagar sobre nuestro pasado, al tiempo que tomaba partido decididamente en las luchas políticas de su tiempo. Si queremos simplificar su posición historiográfica podría sostenerse que compartió con José María Rosa la corriente rosista-peronista, aunque colocándose a su izquierda. Pero esta simplificación –que resulta útil en el cuadro de las corrientes historiográficas argentinas– no aprecia en su riqueza los aportes –e incluso las contradicciones– con que Fermín, casi en soledad durante largos años, avanzó por caminos poco transitados detrás de la verdad.

En los 40 libros de su autoría y en los cientos o miles de su frondosa biblioteca se encierra el drama de la investigación de este criollazo profundo que nació el 13 de julio de 1924 en el departamento Nogoyá de Entre Ríos, pero que más específicamente –y no podía ser de otro modo– en una localidad llamada El Pueblito. Era "su pueblito" que correría siempre por su sangre y por su rostro aindiado y su planta de quebracho. Provenía de antepasados jordanistas y su padre era irigoyenista fervoroso y en sus anhelos y luchas también El Pueblito había estado siempre presente.

Sin embargo, Fermín no era Fermín en su Entre Ríos natal cuando cumplió los 22 años sino Fray Benito según lo recuerda Enrique Manson en Fermín Chávez y su tiempo. Sólo entonces, en 1946 se alejó del proyecto religioso y pasó a ser Fermín, un Fermín peronista, probablemente por el irigoyenismo paterno y por "El Pueblito", un Fermín antimitrista, probablemente por sus antepasados jordanistas. El dirá: "Siempre me llamó la atención el contacto que existía entre Yrigoyen y todo ese criollaje que no conocía diarios ni radio. ¿Por qué esa relación de los criollos viejos con el caudillo? Quizás pensaban que Yrigoyen era la reivindicación de los caudillos", según lo recuerda Javier Azzali en Los Malditos (tomo III). De su adhesión al peronismo no cabe duda alguna pues no sólo biografió a Perón y a Evita, sino que compartió con ella las veladas de la Peña Eva Perón en el Hogar de la Empleada, y además participó en la resistencia. Tampoco quedan dudas de su importante obra cultural no sólo como poeta, sino como autor de cuentos, de una pieza teatral, de canciones, antologías y ensayos. En cambio, da para la polémica su encuadramiento en la historiografía.
En determinadas ocasiones se lo ha mostrado como un historiador rosista en posición semejante a la de José María Rosa, pero lo más importante de su obra lleva a otra conclusión.

Su primer libro Civilización y barbarie –cuya fecha de edición (1956) lo integra a "la resistencia"– se abre con dos definiciones de Alberdi dirigidas contra el centralismo porteño y en su contenido los reivindicados son hombres del federalismo provinciano: el Alberdi viejo, José Hernández, Alejo Peyret y Francisco Fernández. En su segundo libro Vida y muerte de López Jordán (1957) recupera del silenciamiento al caudillo entrerriano que acompañó a Urquiza en Caseros hasta que este traicionó a la causa federal en Pavón y en la guerra de la Triple Alianza a favor del mitrismo. En esta obra aparece ya el investigador profundo, que trabaja con archivos ocultados, reivindicando el federalismo no porteño, fuertemente antimitrista pero ajeno al rosismo. Luego, en 1959, publica José Hernández, periodista, político y poeta, obra en la cual, retomando la línea de Enrique Rivera en José Hernández y la guerra del Paraguay, Fermín ratifica al Hernández político antimitrista, generalmente sepultado por quienes sólo lo reconocen en su carácter de autor del Martín Fierro. En 1961, Fermín publica Alberdi y el mitrismo recopilando textos del Alberdi viejo contra la oligarquía mitrista y más tarde, en 1966, reivindica a otras figuras del federalismo del interior (Felipe Varela y la Unión Americana, Juan Saá y otra vez, López Jordán) en El revisionismo y las montoneras. En esos años, no vacila en publicar en la revista Nacionalismo marxista, columnas de Liberación Nacional, dirigida por Eduardo Astesano.

A su vez, el interés por Rosas aparece sólo en La cultura en la época de Rosas (1973) y en Iconografía de Rosas y de la Federación (1970) mientras que en Historia del país de los argentinos reivindica, por supuesto, la batalla de Obligado pero no omite críticas a la política interna del Restaurador. Después, en 1976 volverá a insistir con otros federales antirrosistas como Andrade, Rafael Hernández, Guido y Spano, Clodomiro Cordero, Evaristo Carriego, abuelo del poeta González del Solar, Miguel Navarro Viola y otros al rescatar a La confederación (urquicista), un proyecto nacional olvidado. Manson sostiene que "como una concesión (probablemente derivada de su amistad con 'Pepe' Rosa) aceptó formar parte de la conducción del Instituto Juan Manuel de Rosas, que llegaría a presidir en su vejez" (p.158) pero en otra parte, afirma que fue vocal entre 1958 y 1960, cuando lo presidía J. M. Rosa y que se retiró en 1969 cuando pasó a presidirlo Manuel de Anchorena (p.161). Pero este curioso y talentoso Fermín también anduvo por otros caminos nada simpáticos para el nacionalismo rosista.

En 1993 publicó Aquí me pongo a cantar, poetas y trovadores del Plata donde insólitamente reproduce “El Canto a Fidel”, de Ernesto Guevara y en sus últimos años, El Che, Perón y León Felipe, cuyo primer capítulo se titula: "Guevara y Perón, ¿un solo corazón?" Y culmina, en el apéndice con el poema "Che comandante" escrito por Nicolás Guillén. En resumen, Fermín no tiene nada que ver con la derecha del nacionalismo oligárquico, ni siquiera con el peronismo ortodoxo antimarxista.

Amplio, generoso, incansable trabajador en el periodismo, criollo en plenitud. No quiero cerrar el artículo sin recordar este hecho poco común: lo llamo por teléfono y le digo que ando buscando un texto para un libro que estoy preparando. Me dice que lo tiene. Le contesto: –Mañana paso por tu casa, le hago una fotocopia en la esquina y te lo devuelvo. –No, hombre, salgo ya mismo, yo hago la fotocopia y te la envío por correo. Mañana ya la tenés en tu casa. Ese era Fermín Chávez, el nacido en El Pueblito, de Nogoyá. Y pocos he encontrado como él en la vida de las investigaciones y de la cultura, donde abundan los "pavos reales", las envidias, la ocupación de espacios y recolección de becas. ¡Qué ejemplo hermoso, aún cuando sabía que no pensábamos igual en muchas cosas, estábamos en el campo nacional y no había prejuicios ni rivalidad alguna. Porque a esto iba esta nota: a rescatar al historiador, pero especialmente al ser humano, al amigo, al compañero.

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A 200 AÑOS DEL COMBATE DE SAN LORENZO
Cosas de la historia, cosas del mitrismo y la discriminación, algunas viejas fábulas se están cayendo a pedazos. (Nota de febrero de 2013)

En estos días, recordamos los doscientos años del triunfo logrado por las fuerzas de San Martín sobre los realistas, en San Lorenzo, aquel  3 de febrero de  1813. La ocasión es propicia para revisar algunas cuestiones "mal aprendidas" y acercarnos a la verdad histórica.

En principio, ¿quiénes y cuántos son esos granaderos? Eran alrededor de 120 que, según la historia mitrista provenían, en su mayor parte de "familias espectables de Buenos Aires", información que parece dudosa por varias razones. La primera, que San Martín  solicitó "300 jóvenes naturales (guaraníes) de talla y robustez que se traigan de las Misiones"; segundo, porque el parte de batalla, al finalizar el combate, indica que sobre 165 muertos, tres: son puntanos, dos: riojanos, dos: cordobeses, uno: francés, uno: santiagueño, dos: correntinos, uno: porteño, uno: bonaerense y como anticipo del carácter hispanoamericano de su campaña: dos son orientales y uno: chileno.(Ver: combate de San Lorenzo, de Fray Herminio Gaitán).

Este comentario puede ser tachado de baladí. Sin embargo, importa, no sólo para demostrar los débiles cimientos de la Historia Oficial, sino también para que se lo recuerde en las escuelas, especialmente  en aquellas adonde concurren niños pertenecientes a la clase media macrista que escuchan habitualmente en sus familias, los peores epítetos sobre "los negros", "los correntinos", "los  paraguas", etcétera.  Entonces, aprenderán que es muy común en nuestra historia que esos "negros" –que hablaban seguramente guaraní y se asemejan más a los paraguayos y a los bolivianos que a la gente blanca de Buenos Aires-– son los que se jugaron la vida, junto a San Martín,  para que algún día tuviésemos patria.

Otro hecho interesante es la participación en el combate de los milicianos santafesinos al mando de  Escalada (cerca de 80), quienes iniciaron el cañoneo desde el convento sobre los invasores y luego se replegaron,  provocando así el avance de los éstos, quienes quedaron encerrados por las dos columnas de granaderos que salieron sorpresivamente desde ambos lados del mencionado convento. San Martín los olvida en el primer parte al gobierno, pero luego, en otro posterior, reconoce "la actividad y celo de los jefes milicianos". También resulta interesante consignar que el asistente de San Martín era el puntano Pedro Gatica "leal y temible en el campo de batalla" –según testimonia Olazábal– tan temible como fuera seguramente  su descendiente, muchos años después, en el ring del Luna Park, a quien dedicó hermosos versos el poeta Alfredo Carlino.

Pero más importante  resulta señalar que se cae en grueso error cuando, para homenajear este triunfo militar, cantamos que la bandera argentina "un día en la batalla tremoló triunfal, y llena de orgullo y bizarría a San Lorenzo se dirigió inmortal". No tremoló, evidentemente... porque no existía, pues el país no había declarado su independencia y lo que  estaba en juego en el combate era la reivindicación de los Derechos del Hombre, por nuestro lado y el Absolutismo, por el lado invasor. Por eso nadie  grita, en el combate, ¡Viva la Argentina! sino otra palabrita que irrita a mucha gente, según este testimonio: “El comandante Escalada, con sus milicianos, ocupó el centro de las fuerzas, mandadas por San Martín. Y, al grito de ¡Viva el Rey!, dado por el jefe  de las fuerzas realistas, contestó con el "¡Viva la Revolución!"

Esto último va ligado a otro suceso importante que comentó, años atrás, el Dr. René Favaloro, citando a  Juan Turrens: "San Martín no tomó rehenes ni exigió rescates, no tomó venganzas y aconsejó no tomarlas, humanizó la lucha […]. Su acción se singularizó por su deseo de encontrar la paz y hacer cesar todo posible  derramamiento de sangre." Efectivamente, José Pacífico Otero relata que  Zabala, el jefe enemigo, se presentó, al finalizar el combate, reclamando víveres frescos para sus soldados heridos, ante lo cual San Martín cumplimentó el pedido y además, "lo invitó a un suculento desayuno, por el cual Zabala quedó profundamente reconocido". Favaloro, sin embargo, erró al considerar que esa actitud provenía de la hidalguía de San Martín pues –sin descontar que la tuviera– fue una actitud política. ¿Cómo podía él ensañarse con un ex camarada, integrante del mismo ejército al cual había pertenecido durante 22 años y del cual se había separado hacía apenas un año y medio? Es mucho más probable que quisiera demostrarle a Zabala que quienes hablaban en nombre de "Libertad, Igualdad y  Fraternidad", procedían fraternalmente, para convencerlo y ganarlo para su causa. Y esto se verifica pues el mismo Otero señala que Zabala se presentó, un año después, a San Martín, en Mendoza, para ofrecerle sus servicios, sumándose así a la campaña liberadora por una América democrática y popular.

También puede ser útil indagar en quién era Juan Bautista Cabral. Por lo que se sabe era esclavo liberto y negro y es poco razonable suponer que  herido de bala y con el pecho atravesado por un espadón, dijese  "Muero contento, hemos batido al enemigo". Más bien cabe pensar que se haya referido en términos poco amables a la mamá del soldado absolutista que lo atravesó de parte a parte, referencia legítimamente prioritaria respecto al resultado de la batalla, por más patriota que fuese. Por su parte, Fray Gaitán argumenta que Cabral –que, por otra parte, nunca fue sargento, ni siquiera postmortem– convocó a sus compañeros a seguir luchando y que, sólo más tarde, ya agonizando en el convento, pronunció la célebre frase, delante de San Martín, seguramente en guaraní, su idioma natural –especialmente en trance de muerte– y que San Martín, la tradujo al castellano... porque San Martín sabía guaraní, ya que había vivido sus primeros cuatro años en Yapeyú. Claro que Mitre no podía admitir que San Martín dominase el idioma guaraní pues ello lo  descalificaría, según su entender –y hoy todavía el de mucha gente– como para ser Padre de la Patria. ¡Qué tipo poco  "civilizado" sería este Padre de la Patria si además de saber guaraní, decía "odio todo lo que es lujo y aristocracia" y después, quiso batirse a duelo con Rivadavia a quien consideraba una "innoble persona", coincidiendo además con O’Higgins en que "don Bernardino era  un enemigo feroz de los patriotas...y el hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino” (Carta de O’Higgins a San Martín, del 16/8/1828) . Cosas de la historia, cosas del mitrismo  y de la discriminación, viejas fábulas que se están cayendo a pedazos. (Norberto Galasso, Tiempo Argentino, febrero de 2013)

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“UN LARGO VIAJE HACIA EL SOCIALISMO NACIONAL Y LA UNIÓN LATINOAMERICANA”

Hace 3 años (diciembre de 2018) Norberto Galasso publicó un libro titulado “Un largo viaje hacia el Socialismo Nacional y la Unión Latinoamericana”. En este texto Norberto resume su largo viaje militante que plasmó en los numerosos libros (unos 80) siempre con una sola mirada para comprender la realidad argentina, la mirada de la defensa de los intereses de los trabajadores.
Este libro es mucho más que un libro de memoria personal, es un libro de memoria de nuestra historia y de los personajes que habitaron esa historia. Como todo libro tiene un epílogo y ese epílogo es el que transcribimos porque para nosotros, admiradores de quien es, sin dudas, el último de los malditos, nos parece una síntesis perfecta, resumiendo en dos carillas lo más relevante en su vida. Finaliza con un genial poema de Don Ata que redondea su vida pero también la vida de todos y todas quienes de alguna u otra forma hemos recorrido y recorremos el camino de la militancia popular en procura de hacer realidad los sueños de un mundo mejor y la unión latinoamericana en la Patria Grande.

* * * * * * * * * * * *

EPÍLOGO

En estos mis altos años –ya en los 80- creo poder afirmar, sin vanidad alguna, que he puesto un pequeño granito de arena en los grandes cambios que hoy conmueven a nuestra América Latina.

Si me obligan a resumir mi vida, diría que en un país donde mucha gente no “aguanta archivos” –por los virajes y peripecias políticas que ha hecho- estoy entre los que si aguantamos archivos.

Si me preguntan lo que no he hecho, bueno, no he ocupado cargos públicos salvo los pocos meses en que me desempeñé como síndico, en Eudeba. Eso sí, con cierto orgullo, les diré que nunca estuve en un programa televisivo de Grondona, de Neustadt, de Morales Solá, de Nelson Castro, de Longobardi, de Mirtha Legrand, de Majul, de Eduardo Feinmann, ni en otros de Canal 13, TN y su extensa red. Tampoco recibí invitaciones de los programas culturosos tipo “Los Siete Locos”, de Cristina Mucci. Clarín, en su buena época, hace muchos años comentó apenas alguno de mis libros. Después, fui borrado. Respecto a La Nación solo lo hizo con dos libros: el de Manuel Ugarte, para señalar que le asombraba que Eudeba publicase libros plenos de injurias como ese y el de Discépolo, al cual reconoció algunos méritos, pero los invalidó por ser políticamente tendencioso. Tampoco, por supuesto, en Correo de la Tarde, de Manrique, ni en Ámbito Financiero, ni en Perfil ni en tantos otros medios gráficos, radiales y televisivos al servicio de la reacción.

Si me preguntan si me he candidateado a cargos, solo una vez lo hice, por pedido del amigo Abel Alexis Latenford en 1999, participé en una lista, en segundo término, para legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y resultó un desastre. Puede decirse, entonces, que seguí el consejo de un juglar de la calle: “Vuele bajo, vuele bajo, porque abajo está la verdad”. Así, tengo en las paredes de mi casa modestos diplomas recordatorios de gran cantidad de ateneos, sociedad de fomento, centros culturales, escuelas, etc., casi en su totalidad pertenecientes a zonas del Gran Buenos Aires y lugares del interior del país.

Sin embargo, no olvido que recibí un premio de la SADE, en un momento muy curioso en que era presidente de la misma, el amigo Carlos Paz, de profundas convicciones nacionales. También, por esas rarezas del destino, me dieron un diploma de “Personalidad distinguida” de la ciudad de Buenos Aires, que suplía al más importante de “Ciudadano ilustre” que habían propuesto algunos amigos, y también fui designado “Embajador de la Cultura Popular”.

He tenido también la suerte de contar con la amistad a lo largo de este viaje con Faustino Tejedor, Julio López Sansón, “El Negro” Antonio Coria, “Tito” Albavi, Agustín Lamas, Rubén Zilber, Carlos Berman, Gustavo Batisttoni, Jorge Orosco, Horacio Chitarroni, los compañeros del Discépolo y muchos otros, donde despuntaban ya los rasgos del “Hombre Nuevo” por el cual luchaba Ernesto Guevara y la colaboración permanente de Silvia Tearoti.

He sentido sí el afecto popular en muchos actos y reuniones y si se trata de figuras importantes me puedo considerar satisfecho de haber sido tratado como amigo por Arturo Jauretche, Ricardo Carpani, Juan José Hernández Arregui, Jorge Enea Spilimbergo, el padre Hernán Benitez, Adolfo Perelman, Rodolfo Puiggrós, Eduardo Astesiano e inclusive Jorge Abelardo Ramos, a pesar de nuestros cortocircuitos. Si el lector quiere ir un escalón más arriba he recibido una carta de Perón, le he estrechado la mano a Fidel Castro, he conversado varias veces con el comandante Hugo Chávez Frías, al igual que con Néstor Kirchner –quienes han elogiado mis libros- y he compartido la inauguración del Salón Mujeres Argentinas del Bicentenario y del Museo del Bicentenario con la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner.

No voy a negar que estas últimas referencias son recuerdos imborrables, pero quizás –cuando llegue el momento de la partida- aquello que más profundamente valoraré es haber caminado junto al pueblo latinoamericano desde los tiempos en que todo era dependencia, saqueo y balcanización, hasta estos últimos años en que, a pesar de todo, se afirmará la liberación, la justicia social y la reunificación latinoamericana, cuando de nuevo, a pesar de marchas y contramarchas, las nuevas generaciones pueden mirar hacia el horizonte avizorando el socialismo.

Arrogándome –quizás con exceso- algún pequeño papel entre los precursores del nuevo mundo que vendrá indefectiblemente, me despido del lector con un poema de Atahualpa Yupanqui, ligeramente retocado porque fuimos muchos los que aportamos al nuevo camino.

La huella

De tanto dir y venir
abrimos huella en el campo.
Para el que después anduvo
ya fue camino liviano.

En infinitos andares
fuimos gramilla pisando.
Raspado el poncho en los talas
sufriendo pinchos de cardo.

 Las huellas no se hacen solas
ni con solo el dir pisando.
Hay que rondar madrugadas
maduras en sueño y llanto.

Vientos de injustas arenas
fueron la huella tapando
lo que antes fue clara senda
se llenó de espina y barro.

Parece que no hubo nada
si se mira sin mirarlo.
Todo es malezal confuso
pero la huella está abajo.

Desparejo es el camino
con muchos senderos ásperos.
Se ve la espina que hiere…
pero la huella está abajo.

Tal vez un día la encuentren
los que sueñan caminando.
Les daremos desde lejos
corazones de regalo.

Norberto Galasso, diciembre de 2018

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SOBRE EL PENSAMIENTO NACIONAL
“Pensar la propia realidad es imprescindible para reemplazar las concepciones de la opresión externa.”

Si se realizase una encuesta en los tres niveles de la enseñanza en nuestro país acerca de si existe un pensamiento nacional, resultaría muy probable que docentes y estudiantes se extrañasen por el interrogante, y luego dirían que las ideas no tienen nacionalidad. En principio, esto es cierto: las ideas, los pensamientos, las concepciones son producto de la acumulación  lograda por el hombre a través de toda su historia, en distintos momentos y diversas épocas. Más aun, no faltaría quien se burlase y contestase: ¿acaso deberíamos hablar en guaraní, quechua o mapuche porque, entre otros, ellos fueron los pueblos originarios del lugar que ahora habitamos? ¿Acaso deberíamos rechazar la numeración arábiga o la romana porque no ha surgido en estas tierras? Y quizás algún otro señalaría  que "pensar en nacional" significaría pretender la elaboración de un pensamiento nuevo a desarrollar por nosotros sobre una página en blanco, negando el pasado de la humanidad ajeno a nosotros.

Sin embargo, esta cuestión preocupó hondamente a pensadores importantes en distintos países, entre los cuales podríamos mencionar a Franz Fannon en Argelia, a Mao Tse Tung en China, a José Martí en Cuba, al Haya de la Torre de sus mejores años en el Perú, así como en la Argentina a Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, John William Cooke y muchos más. Ello se origina en que en los países coloniales y especialmente en los semicoloniales, la opresión externa –política y económica– va acompañada de un sometimiento cultural que legitima esa dominación, es decir, anula la posibilidad de pensar sobre la propia realidad y la remplaza por aquel conjunto de ideas y concepciones propias del dominador. El pensamiento propio, surgido de la experiencia y de la realidad del oprimido –es decir, nacional–, apenas puede expresarse por los resquicios de la cultura oficial impuesta, que es pensamiento nacional para el dominador pero antinacional para el oprimido.

Con esta reflexión no pretendemos decir algo nuevo, pues la historia argentina –como la de tantos otros países sometidos durante largos períodos– se halla recorrida por el choque entre el pensamiento dominante (expresado en los colegios, la nomenclatura de calles, plazas y ciudades, los medios de comunicación, "la pedagogía de las estatuas", como lo llamaba Ricardo Rojas en su juventud, etcétera) y el pensamiento surgido de la propia realidad –nacional–, que pugna dificultosamente por expresarse pues ha sido amordazado por la superestructura cultural montada para legitimar el sometimiento.

Bastaría recorrer la calle Santa Fe de esta ciudad Capital para encontrar negocios con nombres y anuncios en inglés, u observar atentamente los nombres de la mayoría de nuestros cines y teatros, para advertir sus nombres exóticos que, de tanto verlos, forman el escenario natural de nuestro paisaje. A pesar de haberse nacionalizado bastante en las últimas décadas, aún subsisten en el fútbol, por ejemplo, los relatores –e incluso los simples simpatizantes– que usan palabras como corner, hand o referee, como resabio de otros tiempos, cuando debieran decir "rincón", "mano" y "árbitro", o se da el caso común de canciones bailadas con letras no comprendidas. Asimismo, todavía escuchamos hablar de "la puntualidad británica", "del gentleman", o una veterana artista sostiene: "Soy rubia por fuera pero también por dentro", abominando de su origen mestizo, en la misma línea descalificatoria de quien habla de "negros" al referirse a aquellos que supone genéticamente condenados a ser inferiores y, por tanto, esclavos.

En algunos casos, esa extranjerización llegó a límites increíbles como el de Victoria Ocampo, quien sostuvo que al percibir una emoción, la expresaba en el papel en un poema en francés y luego se traducía ella misma al castellano, no obstante que su fortuna estaba ligada profundamente al humus de esta tierra que no sentía como propia.
Jauretche trabajó intensamente sobre este tema y se cansó de predicar que "hay que ver el mundo desde aquí" y no al revés y que "lo nacional es lo internacional visto por nosotros". Recién ahora entendemos que nosotros –el 12 de octubre– no descubrimos América porque éramos América, y que hablar de descubrimiento es ver ese suceso con ojos europeos. Mucho habría para decir en un país donde hasta una supuesta izquierda se ha manifestado como "prochina" o ha pensado nuestra realidad como si lo hiciera desde Moscú.

Pero, en esta ocasión, bastará con reproducir unas pocas líneas escritas por Cooke para abordar el tema: "Las ideas no son exóticas ni aborígenes, ni extrañas, ni vernáculas. Prácticamente todas las ideas son exóticas si nos atenemos a que no surgieron en nuestro ámbito geográfico. Si bien se mira, las ideas son exóticas en todas partes, desde que el desarrollo de la cultura es un proceso acumulativo de la humanidad a través de los siglos y de los pueblos. ¿Qué ideas 'nacionales' se oponen a las 'exóticas' de la revolución auténtica? La 'economía de mercado' de Alsogaray es una creación alemana, el librecambio, un principio de la economía clásica europea, especialmente inglesa, el corporativismo, una modernización de las relaciones feudales. Y el cristianismo, del que trata de valerse el orden constituido, ni siquiera es occidental: lo difundió un judío de Medio Oriente, extremista por añadidura... Las ideologías son síntesis no de verdades abstractas sino de fuerzas sociales y en toda la historia existe competencia entre ideas cristalizadas del ordenamiento vigente y las ideas que lo niegan y expresan fuerzas contradictorias. Una concepción nacional es aquella capaz de plantear originalmente la revolución sin trasladar mecánicamente conclusiones que fueron válidas en otro cuadro histórico-social... Lo que hace que una ideología sea foránea, extraña, exótica, antinacional, no es su origen sino su correspondencia con la realidad nacional y sus necesidades. El liberalismo económico era antinacional no porque lo inventaron los ingleses, sino porque nos ponía en manos de ellos. El fascismo es malo no porque ha sido implantado en Alemania o Italia, sino porque es retrógrado en cualquier parte y doblemente desastroso en un país dependiente. Pero las ideas que sirven para el avance del país y la libertad del pueblo son nacionales." (T Argentino – 13/11/2013)

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RICARDO CARPANI, FUNDADOR DEL GRUPO ESPARTACO,
cuyo compromiso político lo acercó a los sindicatos combativos de los '70.

Nacido en el Tigre, a pocos meses del golpe que derrocaría a Yrigoyen e iniciaría la "Década Infame", Ricardo Carpani pudo ser uno más entre los artistas famosos y premiados de la Argentina semicolonia inglesa. Pudo ser el integrante de esa pléyade de artistas retratistas o vanguardistas o inclusive exponentes del "realismo socialista" que esa Argentina vasalla necesitaba para que los sectores llamados cultos se desconectaran de los problemas socioeconómicos que sufríamos y vivieran embobaliconados ante el arte exótico, no figurativo, exquisito, en fin, por sobre todo evasivo y lejano. Pudo ser un Soldi de damiselas evanescentes o recibir el elogio de un Romero Brest y cotizar muy alto sus obras en las galerías de la calle Florida. Pero Ricardo resultó, desde pibe, un contestatario, un peleador de tremenda vitalidad desbordada en "picados futboleros" y en trompeaduras a la salida del colegio, un protestón que despreciaba las glorias efímeras y que se consideraba, por sobre todo, integrante de un pueblo avasallado, con el cual compartía  penurias y falta de horizontes. Y tomó el camino de la verdad, del testimonio, de la lucha, comprometido políticamente y entregado, con alma y  vida, a una estética capaz de expresar las vicisitudes  del pueblo del que formaba parte. Por eso no es casualidad que después de estudiar con  Pettoruti, admirara a Spilimbergo, a Facio Hebecquer y a los muralistas mejicanos; y que sus primeras obras aparezcan en 1956, en plena ‘resistencia peronista’, bajo la dictadura fusiladora que hoy todavía añora el diario La Nación, según hemos leído días atrás. 

Tampoco es casualidad que el Manifiesto del grupo "Espartaco" –redactado por él como orientador de ese colectivo de plásticos– aparezca en 1959, apenas tres años más tarde de los fusilamientos de  junio de 1956 y denuncie rotundamente que la clase dominante "quiere el coloniaje cultural, el plagio sistematizado, la repetición, para crear una mentalidad extranjerizante, despreciativa de todo lo nacional y popular".

No dibujaba para el pueblo, mirándolo piadosamente, ni con el pueblo haciendo del arte solo militancia, sino desde el pueblo, creando sus personajes con los rasgos del hombre común, ese que había hecho el 17 de octubre del 1945: seres humanos musculosos, de pómulos salientes y ojos aindiados, con ojos amenazantes y puños de piedra.

Son "los negros", "la chusma", "los cabecitas", "los chinos", "los proletas", "los laburantes", a los que se creyó injuriar con esos nombres y que los asumieron, en cambio, con orgullo, porque eran los hombres que protagonizaron, protagonizan y protagonizarán las luchas en la patria latinoamericana.

Pero no los llevó al lienzo o al mural intentando retratarlos, sino recreándolos con el empleo de las técnicas más vanguardistas, ya sea el cubismo o el expresionismo. Sus hombres no reproducen minuciosamente los rasgos externos de un trabajador argentino como lo haría el cinematógrafo, la televisión o la fotografía. Los recrea tal cual los siente, tal cual es el rol que han cumplido y cumplirán en nuestra historia, ampliando sus dimensiones, acentuando su  combatividad, deformando sus figuras con formas estéticas nuevas, imbuyendo al dibujo de un sentido colectivo y amenazante.

Su amigo Juan José Hernández Arregui, con quien compartieron tantos vinos y tantos anhelos de revolución, ayuda a descifrarlo cuando cita a Leonardo: "El arte no debe copiar a las cosas como un espejo, sino revelar la esencia de las  cosas". Y agrega Arregui: "Sólo un arte figurativo, que desforme cuantas veces sea necesaria la percepción sensible de los objetos, sustituyéndola por formas símbolos de la vida de los pueblos en plena marea revolucionaria, es realismo y, al mismo tiempo, vida colectiva aprisionada en el lenguaje gigantesco, profético y por eso, simbólico del arte. El obrero de Carpani no es "un obrero". Es "la clase obrera". Sus figuras monumentales miran "no adelante" sino "al porvenir de la humanidad". Sus  fábricas, chimeneas y engranajes no son la fábrica SIAM, sino la cultura tecnificada y deshumanizada del capitalismo. Y la obra en su conjunto, una convocatoria a la revolución".

Por eso, estuvo condenado al ostracismo, fuera de los grandes museos y las  galerías de arte y de las escuelas de Bellas Artes. Y su arte apareció en murales de sindicatos, en afiches apoyando huelgas, como aquellos famosos “¡Basta! ¡Libertad a Tosco y a Ongaro! ¡Cámpora al gobierno, Perón al poder!" Y en los  centauros  gauchos  de su Martín Fierro, recuperando asimismo a  todos aquellos que lucharon junto al pueblo desde San Martín, El Chacho y Felipe Varela hasta Perón, Evita y Cooke, desde Roberto Arlt hasta Atahualpa Yupanqui. Al mismo tiempo se ubicaba políticamente en lo que se llamó genéricamente  Izquierda Nacional. Y se metía en las manifestaciones y concentraciones populares.  Cuando el golpe del 76 estaba, de casualidad, en gira por Europa y salvó su vida. Volvió abordando el hombre y el tango, el desocupado que está solo y espera. Y asumió el color. Pero siempre en la misma senda. “Van a venir nuevas luchas... Un mundo sin esperanza sería un mundo de cadáveres... Mi  grito es seguir, putear contra la opresión y la injusticia  y seguir rebelándome... Llevar el arte del caballete al mural… Y seguir peleando. No perder la esperanza y seguir peleando... La  vida no es light. La vida ‘es’ cuando se lucha, se pelea, cuando se ama con intensidad, eso es la vida...” ¿Quién que vio una obra suya puede olvidarla? ¿Quién que lo conoció puede olvidar con qué fervor apretaba la mano entregando todo su afecto y su anhelo del ‘hombre nuevo’? (N.Galasso, Tiempo Argentino, 09.09.2013)

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EL PUEBLO SIEMPRE VUELVE

Hace 32 años, los argentinos concurrimos a las urnas dejando atrás una negra noche de terror y  sangre. El Pueblo venía de esos años de plomo con hondas heridas que sabía difíciles de cicatrizar: miles de hogares enlutados, sueños y utopías destrozados, dirigencias políticas sin rumbo. La ausencia de un líder capaz de contener y conducir abría un futuro de desconcierto y el horizonte ofrecía sólo incertidumbre. La dependencia se había consolidado y una minoría de grandes corporaciones económicas, financieras y mediáticas emergía poderosa, ávida de expoliar a su propio pueblo.

A partir de aquel momento hubo, sí, intentos de  recuperar la senda extraviada, pero bien pronto  se diluyeron para demostrar que la democracia formal no era suficiente para curar las heridas, que sólo con democracia no se come, ni se educa, ni se cura. Otra vez, el pueblo fue a las urnas esta vez con esperanza pero el gran poder económico interno y externo se burló de las ilusiones. Al poco tiempo, pudo decirse, como Antonio Machado decía de su querida España: "... de carnaval vestida/ nos la dejaron pobre y escuálida y beoda/ para que no acertara la mano con la herida."

Las mayorías populares, sin embargo, apostaron de nuevo a las urnas pero la decepción llegó    y debieron ocupar las calles con un lema contundente dirigido a los políticos: "Que se vayan todos/ que no queda ni uno solo." Y el poder del pueblo arrasó con un gobierno de manifiesta incapacidad e impotencia. La crisis fue entonces profunda y alcanzó todas las áreas del Estado. Varios presidentes se sucedieron en tan sólo una semana. La Argentina era un barco a la deriva donde sólo las grandes fuerzas económicas bregaban por salvar y consolidar sus intereses con la pesificación asimétrica. El neoliberalismo lo había destrozado todo y ninguna fuerza o personalidad aparecía para dar un rumbo de recuperación y poder avanzar por nuevos caminos. Los jóvenes dormían junto a las embajadas para ser los primeros en recibir atención para buscar en otros países aquello que su país natal les negaba pues aquí no había horizonte posible. Quizás muchos no percibimos que esta tremenda derrota implicaba el final de una época , el término de un período de injusticia y dolor para las masas populares, que se había iniciado un 16 de septiembre del año '55 y se había profundizado con la frustración del heroico proceso del '73 y la muerte del general Perón.

Han transcurrido sólo muy poco más de una década y hoy podemos decir que las mayorías han comprendido muchas cosas y se han replanteado otras, como si los 30 mil desaparecidos de la dictadura y los treinta que cayeron en los sucesos de 2001 nos hubieran dado una lección a costa de sus vidas para enseñarnos que la democracia no es simplemente el funcionamiento regular de las instituciones, sino que requiere estar nutrida de una presencia popular protagónica y esto es lo que parece haberse entendido en las nuevas generaciones. 

Hay que defender las instituciones, por supuesto, para evitar nuevas dictaduras sangrientas, pero esas instituciones requieren una participación popular permanente, una organización real de comunas, una presencia en las calles cuando sea necesario para evitar toda tergiversación o adulteración de los verdaderos contenidos que hacen a la democracia, que no sólo significa votar cada dos años sino imbuirse de una concepción social de justicia, de una soberanía permanente en las relaciones internacionales, de una independencia económica que evite el saqueo por parte de los imperios. Es preciso que la democracia se la entienda como el instrumento del cambio, los mecanismos que permiten al pueblo avanzar en la solución de sus problemas y más aun, crear las condiciones para que se vaya forjando una sociedad igualitaria, donde los valores fundamentales no sean el mercado ni el dinero sino la solidaridad y el afecto entre seres iguales en sus posibilidades. 

Es preciso celebrar con entusiasmo que los argentinos hayamos llegado a estas décadas con dirigentes elegidos por el pueblo democráticamente en las urnas. Pero también es hora de advertir que no hay plena democracia cuando los medios de comunicación están monopolizados u oligopolizados y son capaces de alienar las mentes de los ciudadanos, que tampoco hay verdadera democracia cuando determinadas áreas de la producción se encuentran en manos de una o dos empresas que imponen sus precios en el mercado y retiran sus productos de la circulación cuando se le pretende imponer 'precios cuidados' o -horror- precios máximos, que tampoco sirve a la democracia arrodillarse ante los grandes grupos financieros externos que acechan como buitres a nuestros países. De otro modo, la democracia se convierte en un mecanismo de exclusivo goce de los privilegiados que tienen seguridad propia, viven más en el exterior que en el país y en muchos casos, son mentalmente agentes de potencias extranjeras. 

No se trata de ser aguafiestas, pero se trata sí de advertir que para que la democracia funcione como debe ser en favor de las mayorías, no basta con ganar las elecciones sino que es preciso mantener una permanente atención sobre todos los problemas, una continua participación en todas las disputas, una acción infatigable para que las transformaciones -más allá de muchas que se han hecho- se profundicen aun más. Esto implica asimismo un permanente estudio de todos los problemas -no en los libros colonizados- sino en las reflexiones de tantos patriotas silenciados que han soñado y luchado por una Argentina mejor. En esas condiciones, enalteceremos a la democracia y ello sólo será posible si, como se ha dicho tantas veces, el Pueblo siempre vuelve. (Norberto Galasso,Tiempo Argentino, 25/10/15)

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LA CIMA DE LOS ANDES NO ESCALÓ
La falacia que tejió el mitrismo sobre los colores de la enseña con que el Libertador inició el histórico cruce, el 17 de enero de 1817. San Martín y la bandera argentina.

Tantas veces cantamos en la escuela que la bandera argentina "la cima de los Andes escaló", que muchos lectores se sorprenderán del título de esta nota. Sin embargo, es así: la bandera que cruzó los Andes fue la del Ejército de los Andes, que no era exclusivamente argentino sino argentino-chileno o, más bien, el inicio de un ejército hispanoamericano cuyo objetivo era la liberación y la unificación de la Patria Grande.

Pero la historia mitrista cuenta esta falacia: en el banquete por los festejos de la Nochebuena de 1816, que compartía San Martín con sus oficiales y sus respectivas esposas, el General –gran estratega y veterano de 30 batallas en Europa– recordó de repente que su ejército no tenía bandera y faltaba poco para el 17 de enero de 1817, cuando iniciaría el cruce de la gran cadena montañosa que tanto le preocupaba. ¿Olvidadizo el General? ¿Nada planificador el estratega? Lo cierto es que allí mismo urgió a las señoras presentes, incluida la suya propia, a que le proveyeran una bandera, indispensable como punto de reunión para sus hombres en medio de las batallas por venir. Ellas, para cumplir el encargo, buscaron tela celeste y blanca pues, el 16 de agosto de 1816, el Congreso de Tucumán había decidido que esos eran los colores de la bandera de las Provincias Unidas, pero buscaron y buscaron y no encontraron en toda Mendoza la tela necesaria. Entonces, con osadía femenina, en vez de una bandera celeste-blanca-celeste, fabricaron una bandera de dos paños: uno azul oscuro y otro blanco, y ya envalentonadas, tomaron la iniciativa de no colocarlos horizontales sino verticales y, aún más, agregarle un escudo cruzando la que luego se conocería como la bandera del Ejército de los Andes. Y el General, que suponíamos enérgico y, para la época, duramente "machista", aceptó y la enarboló en el cruce famoso.

Para Billiken y los chicos de jardín puede pasar, y así ocurrió que la canción retomara esta historia aparentemente infantil pero, en lo profundo, porteña y antilatinoamericana. Porque de allí se concluía en lo que Mitre llamó "la revolución argentina americanizada", que quería independizar países de sur a norte, ajena a la otra campaña, que venía del norte al sur, que era colombiana y quería, con "el ambicioso Bolívar" a la cabeza, dominar toda América.

Esta mentirita de la bandera tiene un fuerte contenido político, inadmisible hoy en la época de Unasur y la CELAC. La verdad es otra, por supuesto. San Martín construyó su ejército en Cuyo con nativos de esa zona y con chilenos fugados de su país tras la derrota de Rancagua. El ejército era argentino-chileno, como lo afirman Olazábal y Guido en su correspondencia, y el segundo jefe era el chileno O’Higgins. El cruce de los Andes se hace en varias columnas, dos de ellas capitaneadas por oficiales chilenos: O’Higgins y el coronel Ramón Freire. San Martín no podía entrar a Chile con bandera argentina, como un invasor, sino con la bandera de un libertador de la Patria Grande.

Hasta Ricardo Levene lo sugirió cuando, en épocas del peronismo, sostuvo que aquél ejército era "de soberanía flotante", y lo corrobora al relatar que San Martín renuncia a su cargo, en Rancagua, y se hace elegir jefe nuevamente por sus oficiales para dar autonomía a su ejército respecto a todo gobierno. 

No hubo, pues, tal imprevisión de un veterano de guerra en aquella cena de Nochebuena, sino la expresa indicación de cómo debía ser la bandera, y las mujeres cumplieron con el encargo. Más aun, la comisión de mujeres la presidía Dolores Prats de Huasi. Si el lector no sabe de su existencia, pregunte a un camionero de los que circulan por la Autopista del Oeste, que conoce la colectora "Dolores Prats" y, por eso, supone que algo importante debió haber hecho. Efectivamente, presidía el núcleo de mujeres que hicieron la bandera de los Andes, era chilena y no hubiera aceptado una bandera argentina para liberar a su patria chica, donde –como nos lo enseñó no Mitre sino Violeta Parra– Manuel Rodríguez, con sus guerrillas, ya había insubordinado dos provincias cuando San Martín triunfaba en Chacabuco.

San Martín tampoco va al Perú con bandera argentina. Dado que la escuadra que transportó al ejército la financió O’Higgins con impuestos a la oligarquía chilena, San Martín dijo, sin darle importancia: vamos con la bandera chilena, manteniendo para la fuerza militar la del ejército de los Andes, para luego incorporar guerrilleros peruanos antiabsolutistas. Así se convirtió –este misionero a quien la oligarquía chilena pretendía despreciar llamándolo "paraguayo" por su origen guaranítico– en el Protector del Perú.

En esta verdadera historia se encuentra la Patria Grande como objetivo común, y allí empalman Tupac Amaru, O’Higgins y San Martín con Kirchner, Lula y Chávez repudiando el ALCA en 2005 y mandando el proyecto "al carajo", como dijo Chávez, o a las profundidades del océano, como señaló Fidel Castro.

De modo que esa mentirita –inserta "inocentemente" en las mentes infantiles para tapar la verdadera naturaleza de la revolución y crear argentinos europeizados o "azonzados", como decía Jauretche– debe desecharse, porque nos conduciría a votar a políticos como Macri o Massa, desertando del verdadero camino sanmartiniano y bolivariano al cual nos convoca hoy la Historia de la Patria Grande. (N.Galasso, Tiempo Argentino, 17/1/2014)

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ARCHIVO: BANDERA DE LOS ANDES, MENDOZA.

 

HIJO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICO-POPULAR

Esta semana, el jueves 17, se cumplen 167 años (ACLARACIÓN: La nota fue escrita el 13/8/2017) de la muerte del general José de San Martín. A propósito, Bartolomé Mitre, expresión de la oligarquía porteña, se apropió de la imagen del general, para tergiversarla. 

Así nos dio un general argentino, odiador de todo lo español, de rostro “tostado por el sol” apto para ser insertado en los panteones de los héroes liberales junto a un Moreno probritánico y representante de los ganaderos y a un Rivadavia que quería hacer Europa en América, medio filósofo pues no quería matar una mosca pues el mundo “era demasiado grande para los dos”. Al mismo tiempo, medio simpatizante de los unitarios y capaz de regalarles las medallas de sus batallas a sus nietas para que dejen de llorar.
Es decir, el padre de la patria… pero de la patria oligárquica, probritánica que aspiraba a convertir a la Argentina en semicolonia, ajena al resto de Latinoamérica y un buen padre de familia que dejó máximas para su hija.

Para ello fabricó varias fábulas y ocultó muchos hechos verídicos.

Sin embargo, la mentira se desmorona paso a paso por las verdades que han ido surgiendo al repensar los argentinos su propia Historia. San Martín vivió en Yapeyú dos años y cuatro en Buenos Aires pero a los 6 lo llevaron a España, donde creció y se hizo hombre hasta que regresó al Río de la Plata tres décadas después. No estudió en el Seminario de nobles de Madrid sino en una escuela común de Málaga. Aprendió a escribir, a leer y a sumar y restar en España, donde se informó de la Geografía y la Historia españolas, y se hizo soldado español a los 11 años. Participó luego en 30 batallas defendiendo la bandera española, hasta que ya teniente de caballería regresó al Río de la Plata convencido de los valores del “Evangelio de los Derechos del Hombre”, según él designaba a los principios de la Revolución Francesa de 1789 y de la revolución de 1808 en España. Luego ya en América se lanzó a la campaña por la libertad y la unificación de la Patria Grande, hasta que entendiendo que era hostigado en su país de nacimiento, volvió a Europa en 1824 para intentar solo una vez el regreso –frustrado por el fusilamiento de Dorrego– y se fue para no volver aunque permaneciendo allá lejos siempre preocupado por la suerte de Hispanoamérica.

¿Cómo hizo Don Bartolo tamaña proeza de deformación?

En realidad ocultó el odio de San Martín a Rivadavia (“una innoble persona, que puso un espía en mi casa” y a quien quiso retar a duelo en Londres). Ocultó la correspondencia de O’Higgins a San Martín donde le decía que Rivadavia “era el más grande criminal nacido en Sudamérica”; por supuesto, no por razones personales sino por proyectos antagónicos. Ocultó la correspondencia con Rosas y su ofrecimiento para venir a pelear contra la invasión extranjera. Ocultó la dura discusión con Sarmiento en Europa. Hizo creer que cruzó la Cordillera con la bandera argentina (“la cima de los Andes escaló”) cuando se trataba de bandera argentino-chilena que era propia de un ejército argentino-chileno.

San Martín era proteccionista en lo económico, como lo reveló en Mendoza y en Perú en funciones oficiales. Era amigo de los pueblos originarios: “Andaremos en pelota como nuestros hermanos los indios”, así como su confianza en los indios pehuenches. Quizás su rostro moreno se deba a que era hijo de india, la india Rosa Guarú, hipótesis que no ha sido probada, pero es factible… Y muchas cosas más.

Por eso de Mitre en adelante los gobiernos tardaron 30 años en traer a Buenos Aires sus restos mortales, mientras difundía falsamente que tenía rencor por Bolívar porque este le había robado la gloria de terminar la campaña. 

Los tres retratos de Bolívar que San Martín tenía en Europa, uno frente a su cama, en su dormitorio, indican lo contrario.

La verdadera Historia lo debe entender como un hijo de la revolución democrático-popular cuyos esfuerzos fueron todos para liberar y unificar América Latina. (Norberto Galasso, Tiempo Argentino, 13/8/2017)

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COOKE: EL HOMBRE QUE LE DISCUTÍA A PERÓN
Nota de Norberto Galasso 19-9-14

Se cumplen hoy 46 años del fallecimiento de John William Cooke (1968), una de las principales figuras del movimiento nacional en el siglo XX. Mucho podría hablarse sobre él, sobre su espíritu revolucionario, su coraje a prueba de balas, su crítica a la burocracia, su amistad con el "El Che", su singular condición de intelectual capaz de meterse, armas en la mano, en los conflictos de junio del 55 y en el de playa Girón en la Cuba, de 1961, de su militancia permanente y de su alto valor intelectual a veces no reconocido. Mucho también de su concepción acerca de la vida y la muerte que lo llevó –hace medio siglo– a donar sus órganos, hecho inusual en aquellos años. Así también acerca de su porfiado proyecto de construir una izquierda nacional dentro del gran movimiento nacional y prever el armado de una dirección revolucionaria que remplazase al General cuando este abandonase este mundo. 

Pero más allá de todo esto, Cooke tuvo una peculiaridad que no cultivaron los hombres más calificados del peronismo de aquel tiempo (sólo quizás Arturo Jauretche), que consistió en discutirle, mano a mano, al jefe del movimiento, en puntualizar sus disidencias y marcarle los peligros de ignorar el futuro. En este sentido, sus cartas con Perón constituyen una cantera riquísima de enseñanzas. En ellas, Cooke se adelantó a plantear problemas que aún hoy acosan a la militancia peronista, a disipar incertidumbres, a evitar malentendidos y equívocos. Hoy, cuando en los corrillos y mesas de café se discute qué tiene Massa de peronista, cuál es el peronismo que se arrogan algunos punteros de Macri, hasta dónde llega el peronismo de Scioli o peor aún, cómo pudo Menem aplicar el Consenso de Washington, en nombre del peronismo, para destruir todo aquello que había concretado Perón, está presente "El Bebe", "El Gordo" Cooke.

Desde allá lejos –desde medio siglo atrás–, resuenan sus palabras al conductor: "Somos peronistas porque está Perón. Cuando Perón no esté, ¿que significará ser peronista? Cada uno dará su respuesta propia y esas respuestas no nos unirán, sino que nos separarán. Tal vez nos encontremos en los homenajes recordatorios, pero entre un partidario de las 'conciliaciones' que propugnan los obispos y un revolucionario, no hay campo de entendimiento: estamos en diferentes barricadas y como la lucha es muy aguda, no nos saludaremos como caballeros medievales sino que nos degollaremos, como corresponde a enemigos irreconciliables." Sólo Cooke se atrevió a advertirle a Perón que era mortal y que era necesario definir posiciones claramente para evitar que enmascarándose en las banderas peronistas, apareciesen los liberales retrógrados porque: "Si usted no ha hecho un pacto con el Diablo y como me temo, sigue siendo mortal, cuando usted desaparezca también desaparecerá el movimiento peronista, porque no se ha dado ni la estructura ni la ideología capaces de cumplir las tareas en la nueva era que ya estamos viviendo. No soy pesimista en exceso. Veo ese proceso como fatal pero no como inevitable. Fatal si seguimos con un jefe revolucionario y una masa revolucionaria, pero con direcciones conservadoras y apegadas –aunque declaren lo contrario– a los valores y procedimientos de la vieja política."

Sólo Cooke –peleando con los Matera, los Tecera del Franco, los Cafiero– se atrevió a advertirle al Jefe, que había que depurar al movimiento de los oportunistas, de los tránsfugas, de los obsecuentes. Frente al enorme potencial del movimiento, sostuvo  vigorosamente que el "peronismo es el hecho maldito del país burgués", que "no es un partido de la burguesía ni una alienación de la clase trabajadora tal como la concibe un izquierdismo pueril. Fue el más alto nivel de conciencia a que llegó la clase trabajadora argentina. “Hemos sido formidables en la rebeldía, la resistencia, la protesta, pero no hemos conseguido ir más allá porque, como alguna vez lo definimos –con gran indignación de los adoradores de mitos y de fetiches– seguimos siendo, como Movimiento, un gigante invertebrado y miope." Estas definiciones se incorporarán luego al lenguaje común de la política argentina, pues ellas definen las dos caras del movimiento: "El peronismo es el hecho maldito de la política del país burgués… El Peronismo es, como movimiento, un gigante invertebrado y miope."

"Concuerdo –le dirá Perón más de una vez– con sus excelentes juicios… Todo es consecuencia de los desmesurados apetitos de los que anhelan vender la liebre antes de cazarla." Pero "El Bebe" no dejará de contestarle: "…Mis argumentos, desgraciadamente, no tienen efecto; usted procede en forma muy diferente a la que yo preconizo y a veces, en forma totalmente antitética."

“Pero, si echamos de nuestras filas a los obispos, a los generales, a los empresarios –le responderá Perón– ellos se fortalecerán en la derecha y nosotros seremos muy pocos para combatirlos.” Y ahí reside la polémica que todavía nos debemos, aquello que en las cartas cruzadas entre Perón y Cooke quedó sin definir porque "El Bebe" se murió muy joven y porque el viejo General intentó reeditar el 45 cuando, merced a su táctica inteligente, logró regresar, pero ya muy enfermo y en una Argentina distinta a la de aquella del 17 de octubre. 

Esa discusión está todavía pendiente, especialmente cuando hay tanto liberal conservador que esconde su viejo pelaje gorila, pero hay que saldarla porque se trata de la Argentina que queremos y cómo llegar a construirla, aquello que en última instancia ambicionaban tanto Perón como Cooke. (N.Galasso, T.Argentino, 19/9/2014)

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FRANCISCO SILVA, EL HISTORIADOR MALDITO

En esta época en que proliferan historiadores y los argentinos estamos dejando atrás las fábulas mitristas de la revista Billiken, resulta interesante demostrar hasta dónde ha llegado el silenciamiento sobre algunos pensadores nacionales que mantuvieron vivo el fuego de la verdad, mientras los grandes matutinos y tanto historiador improvisado y audaz enhebraba leyendas para trepar a la Academia de las mendacidades. Hoy precisamente que el presidente de la Sociedad Rural se enfervoriza denunciando "mienten... mienten... mienten...". Puede ser útil recordarle que ha sido la clase dominante la que desde Mitre en adelante mintió, ocultó, silenció, tergiversó, en todas las áreas del conocimiento, en este caso especial de aquello que hoy se desmorona, cómo sepultó bajo una pesada lápida la obra y el nombre de un historiador importante: Francisco V. Silva.

No aparece en los diccionarios, ni en las enciclopedias, ni en los manuales  escolares, ni en los cuadros de los colegios, ni en la santologías, ni siquiera en las bibliografías universitarias. Le apuesto al lector que lo compruebe. Lleve este tema a los estrados universitarios donde se supone que enseñan los historiadores más sabihondos e incluso en los institutos privados dedicados a la Historia. El silencio será la única respuesta.

No se sabe exactamente cuándo nació –parece que en 1890– y se tiene la sospecha de que murió en 1965. Pero, ¿qué hizo este tozudo cordobés para quedar al margen de las bibliotecas y del interés de los intelectuales del sistema?

Le vamos a decir lo poco que sabemos, que fue suficiente para hundirlo en el olvido. En 1916 publicó El libertador Bolívar y el Deán Funes en la política argentina. Revisión de la historia argentina. Allí "revisaba" la historia –que algunos creen que es una moda de estos años– y reseñaba las gestiones de Bolívar, a través del Deán Funes, para llegar a un arreglo con Dorrego como punto de partida de la Unión Americana. Hace un siglo casi y hoy lo estamos cumpliendo con la Unasur y la Celac y lo hacía basándose en el mejor Alberdi de sus altos años, en David Peña el reivindicador de Facundo, en Juan Álvarez que explicaba la historia argentina por el enfrentamiento de las clases a pesar de ser conservador. Pero lo más importante del libro es la reivindicación de Bolívar en una Argentina donde el mitrismo había instalado la versión de que Bolívar le había robado a San Martín la gloria de terminar la campaña libertadora. Silva sostenía, además, que Artigas –denigrado por Mitre y por V. F. López– "era el ilustre caudillo de la Banda Oriental que fue digno de que Córdoba del Tucumán le ofreciera una espada con esta dedicatoria: Al protector de los pueblos Libres". Poco después, en 1916, Silva publica La nacionalización de la historia argentina del siglo XIX, al tiempo que acorde con estas ideas, milita en el irigoyenismo. En otra oportunidad afirma: "Desde 1810 se escribe la historia argentina con un solo criterio: el del puerto de Buenos Aires", acusa a los hombres de la oligarquía porteña de haber 'desargentinizado la nación' y sostiene que es preciso crear "un patriotismo argentino frente a las influencias que pretenden yanquizarnos..." A través de su obra, Silva condena la antipatriótica guerra al Paraguay, llama ilustres a Gaspar Rodríguez de Francia y a Francisco Solano López, "grande" a Facundo, "infeliz" a Mitre y "adulador afeminado" a Sarmiento.

En 1928 con motivo de la reelección de Yrigoyen publica Semblanzas de Yrigoyen, recogiendo en 400 páginas diversas opiniones sobre el caudillo radical de los tiempos en los que "radical" significaba pueblo y alpargatas.

Como se comprenderá, estos tremendos pecados se pagan y Silva cayó bajo la más severa maldición. De los radicales porque dejaron de ser irigoyenistas, de los liberales, de izquierda y de derecha, porque estaban sometidos a la historia mitrista. Sin embargo, hoy rescatamos su lucidez y su valentía para enfrentar a la superestructura cultural con que la clase dominante inserta un pensamiento colonial que hoy tartamudea gente como Macri, Massa, Michetti, Carrió y tantos otros que pasean por las pantallas televisivas. Para estas personas Silva se corresponde solamente con la tercera persona del verbo silbar.

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DEUDA CON EL F.M.I.: ¿HAY QUE PAGAR? ¿QUIÉN DEBE PAGAR?
El análisis en una nota de NORBERTO GALASSO y FABIÁN METTLER para Pensamiento Discepoleano

El Gobierno argentino se encuentra negociando, por estos días, la postergación del pago del capital y la rebaja de los intereses (con sobretasa) del crédito “stand by” otorgado por el F.M.I. a la Argentina, por 44.490 millones de dólares. La deuda, contraída por Macri en junio de 2018, tiene una estructura de vencimientos tan apretada que resulta imposible su repago en las condiciones acordadas originalmente. No quedará otra alternativa que reestructurar o defaultear. Ante esta grave disyuntiva, se presenta otra aún más grave y urgente: determinar quién pagará el crédito. ¿Pagará el Estado argentino, que obró como un simple pasamano de los dólares? ¿O pagará la minoría que desvió esos recursos por la canaleta de la fuga?

Para la derecha, gobernar es endeudar

Desde el empréstito de la Baring Brother, concedido a Rivadavia en 1824, el endeudamiento externo funcionó en la Argentina como un ancla al crecimiento y como un torniquete a la soberanía económica del país. Paradójicamente, el crédito público que debiera servir para apalancar el desarrollo productivo, en la Argentina solo sirvió para generar miseria y dependencia. Ocurre que los préstamos, con la complicidad de los prestamistas, nunca se han utilizado para reforzar reservas o potenciar el comercio exterior, sino para financiar el desplazamiento de capitales de la élite local hacia jurisdicciones con nulos controles e insignificante tributación. El ciclo se ha repetido históricamente sin fallas: los gobiernos conservadores –Videla, Menem, Macri-, endeudan. Los gobiernos populares –Yrigoyen, Perón, Kirchner-, desendeudan.

Esa ruinosa obsesión

Durante el decenio 2015-2025, Argentina no debería afrontar ningún vencimiento importante en divisas. El kirchnerismo, con gran acierto, dejó saneadas las cuentas externas. Sin embargo, Macri se apuró a emitir un torrente de bonos en dólares, algunos a cien años (AC17D), y cuando eso fue insuficiente y se produjo la reversión de los flujos externos, pegó el manotazo de ahogado al F.M.I. Macri, endeudó al país –entre F.M.I. y deuda en bonos- en más de 130.000 millones de dólares. Un sobreendeudamiento irresponsable, fraudulento e inconducente desde lo productivo que condiciona el futuro de la Patria y pone en jaque a la democracia. ¿Por qué esta ruinosa obsesión por endeudar al país? La clave, en esta etapa, está en la cultura de atesoramiento de los sectores medios y altos de la Argentina, demandantes compulsivos de dólares para el colchón y la fuga en Paraísos Fiscales, y limitados desde el 2011 por la imposición del “cepo” cambiario.

La culpa fue del chancho y del que le dio de comer

La obsesión de Trump con Venezuela y la necesidad de fortalecer a la derecha en la región, llevó al board del F.M.I. a conceder el préstamo más grande de su historia: 57.100 millones de dólares. Préstamo que Macri solicitó desesperadamente a Trump, tras la pérdida de confianza del mercado internacional en su gestión. El contubernio -así cabe estrictamente llamarse- fue celebrado por ambas partes en abierta violación a sus propios regímenes jurídicos. En el caso del F.M.I., se pasó por alto la prohibición del Art. 6 de su Convenio Constitutivo, además de contradecirse criterios técnicos y los propios objetivos del Organismo.

Del lado argentino, lo que hizo el gobierno de Macri fue aún peor. Porque a la estrategia de “desplazamiento total del sistema jurídico”, le sumó la persecución y el apriete a dirigentes opositores, a través de pinzas judiciales y mediáticas (lawfare y fake news), con la finalidad de silenciar la crítica a su administración. En ese clima enrarecido, el Poder Ejecutivo celebró un empréstito ruinoso con un organismo internacional sin tener un solo informe técnico que lo avalara, omitiendo la opinión, previa y obligatoria, del Banco Central sobre el impacto en la balanza de pagos (art 61 Ley 24.156, de Administración Financiera), desplazando olímpicamente la intervención mandatoria del Congreso Nacional (Constitución Nacional art. 75, inc. 4, 7 y 22) y sin tener facultades delegadas para ello. Todo esto se hizo, además, violando de punta a punta el procedimiento administrativo de formación de la voluntad estatal (Ley 19.549, de Procedimiento Administrativo, art. 7 y 14, y Decreto delegado 1.023/01, por aplicación analógica).

Dentro de la ley, nada; fuera de la ley, todo

Lo pactado por el Gobierno argentino con el F.M.I., en forma tan groseramente irregular, deviene entonces jurídicamente discutible, no tiene ningún valor y es inoponible al Estado y Pueblo argentino. “Las operaciones de crédito público –dice el art. 66 de la ley 24.156- realizadas en contravención a las normas dispuestas en la presente ley son nulas y sin efecto, sin perjuicio de la responsabilidad personal de quienes las realicen. Las obligaciones que se derivan de las mismas no serán oponibles a la administración central (…)”. Desde la perspectiva del derecho argentino, el acuerdo celebrado con el Fondo es inconstitucional, y como acto administrativo de contratación es nulo de nulidad absoluta e insanable. Cabría esperar –el lector sabrá disculpar la ingenuidad de los autores- que la justicia argentina lo declare rápidamente con ese alcance.

El Fondo Monetario y la “Triple A”

Incluso, en un mundo azotado por el Covid 19, la visión de un Fondo Monetario renovado, contemporizador, más amigable con los deudores, resulta ingenua a esta altura del partido. Los múltiples desaguisados cometidos en todo el planeta, le habrán hecho perder el pelo al Fondo, pero no las mañas. Mal que le pese a la Argentina, el F.M.I. es el mismo que echó Néstor Kirchner, desentendiéndose de sus imposiciones, en el 2006. ¿Qué va a pedir el Fondo en esta nueva etapa? Lo que pidió siempre: Ajuste, Ajuste y más Ajuste. En el sistema jubilatorio, en el mercado laboral, en las cuentas del estado. Con las archisabidas consecuencias que le siguen a estas políticas. Argentina, en ese caso, podría ser empujada a firmar un verdadero Tratado de Versalles con el F.M.I., y ¡sin haber perdido una guerra! Las condiciones que tratará de imponer el Fondo serán tan duras, leoninas y restrictivas que afectarían gravemente la soberanía y la calidad de vida de los argentinos, durante dos o tres generaciones.

Investigar, investigar, investigar

Es necesario acelerar y profundizar la instrucción que dio el presidente Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa para que “se inicie una querella criminal en la que se identifique quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y mayor malversación de caudales que nuestra memoria recuerda”. Además de investigar penalmente a los responsables, se debería reconstruir en forma urgente la trazabilidad del circuito de divisas giradas por el F.M.I. a la Argentina, determinando en qué proporción fueron utilizadas esas divisas para fines útiles y legítimos, y en qué proporción fueron destinadas para atesorar, especular y fugar a gran escala. Hay que avanzar sin pérdida de tiempo en esa tarea investigativa que es técnica y jurídicamente posible, aunque compleja por el carácter fungible del dinero, por los secretos bancarios y fiscales existentes y por eliminación de controles efectuados por el gobierno anterior. El informe del Banco Central de marzo de 2020 (“Mercado de cambio, Deuda y Formación de Activos Externos 2015-2019”) avala todas estas circunstancias y da argumentos suficientes para discutir activamente las nuevas condiciones y no ceder en ninguna de las condicionalidades que suele imponer el Fondo Monetario.

Paralelamente, sería útil crear para el futuro, dentro del Ministerio Público Fiscal, una Fiscalía Especializada en Deuda Externa, que intervenga en la investigación y determinación de la responsabilidad criminal de los funcionarios públicos que contraten empréstitos fraudulentos. O en su defecto, repotenciar la Procuraduría de Defensa de la Constitución, creada por ley 27.148 y actualmente con pocas funciones. Todo ello, sin perjuicio de continuar con las causas penales en curso. Es necesario involucrar activamente al pueblo en la negociación, porque de este modo se daría mayor fuerza a los negociadores argentinos en sus tratativas con el Fondo, reforzando la comunicación de todas las iniquidades cometidas en este asunto. Ni el Estado, ni el Pueblo argentino, deben pagar las consecuencias del despojo llevado a cabo por la banda macrista que ha significado un engrosamiento notable de las cuentas en el exterior de un puñado de argentinos, y la profunda crisis económica y social en que nos encontramos inmersos.

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ENTREVISTA A NORBERTO GALASSO
“La Revolución de Mayo en la Argentina de hoy es el protagonismo popular”

- Todos sabemos qué se celebra el 25 de Mayo, pero no siempre hay coincidencias sobre qué pasó realmente en mayo de 1810…
- Hay dos interpretaciones principales. La historia mitrista, que es la que se enseña en los colegios, dice que fue un movimiento anitespañol para separar a estas tierras de España y ser independientes. La otra interpretación es la de Juan Bautista Alberdi: el reemplazo del virrey Cisneros por una Junta Popular manteniendo la obediencia a Fernando VII, que en ese momento era el hijo del rey pero que había pasado a posiciones progresistas, influido por la Revolución Francesa. Tanto fue así que la bandera española siguió flameando en el Fuerte y la independencia se declaró recién en 1816. Esto provoca que los chicos le pregunten a sus maestros si la Argentina nació dos veces, en 1810 y 1816.

- ¿Y usted qué respondería a esa pregunta?
- En 1816 se declara la Independencia, 1810 fue un momento de la revolución hispanoamericana, donde en distintas capitales sudamericanas se mantiene una unidad con la revolución española. Después, cuando se cae esta, a partir de 1813-1814, sí se plantea la separación y la independencia de España.

- ¿Quiénes fueron los verdaderos protagonistas de la Revolución de Mayo?
- La revolución la hace un sector de la pequeña burguesía a partir de las ideas de la Revolución Francesa de 1789, que son fundamentalmente Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli, y en la Plaza de Mayo los sectores populares compuestos por intelectuales, políticos y por agitadores como French, Beruti y Donado, que eran los chisperos de la revolución, quienes promovían la presencia del pueblo en la Plaza y la presión a Cisneros para que renuncie. Ellos son los que entran precipitadamente junto a otros revolucionarios, pistola y cuchillo en mano, al primer piso del Cabildo, y le exigen al Virrey la renuncia. Entonces se forma una junta popular que encabeza Saavedra como representante de las Fuerzas Armadas y Moreno como Secretario de Guerra y Secretario de Gobierno, dos tareas fundamentales porque de Moreno nace el Plan de Operaciones, que es el plan de la revolución.

- ¿Qué influencia tienen estos hechos en la lucha por la independencia y la etapa post colonial?
- A partir de 1810 las fuerzas revolucionarias se ven enfrentadas a aquellos que prefieren al Consejo de Regencia de España, que era un giro a la derecha de la revolución española. Montevideo y el Virrey Abascal de Perú luchan contra la revolución. Recién en 1813, cuando vuelve al trono de España Fernando VII y se transforma de nuevo en un absolutista, España envía dos flotas. A su vez, los sectores del puerto de Buenos Aires y dominantes sobre la Aduana se apropian de la revolución en perjuicio de los pueblos interiores, lo que terminará generando una guerra civil. En el Litoral, Artigas aparece como el gran líder con un sentido más social: quiere redistribuir la tierra, otorgar derechos a los esclavos... Junto con Entre Ríos, Santa Fe, la Banda Oriental y lo que hoy es Misiones y Corrientes, en el Congreso de Oriente declaran la independencia en 1815. De hecho estas provincias no participan del Congreso de Tucumán de 1816. Este enfrentamiento va desembocar en las guerras civiles que se dan casi ininterrumpidamente entre 1810 y 1880.

- El General San Martín fue una figura clave en las luchas por la independencia ¿De qué manera impactaron sobre él los hechos de mayo?
- San Martín es un hombre que se ha formado en la España de las Juntas, en la España revolucionaria que nace del movimiento del 2 de mayo de 1808. Participa de logias revolucionarias tratando de llevar a España los ideales de la Revolución Francesa pero a su vez enfrentando a Napoleón, que ha invadido la península. Cuando la España revolucionaria está casi derrotada él comprende que en América se están reproduciendo lo que fueron las Juntas Populares que llevaron a la Junta Central de Sevilla y decide proseguir la lucha acá. Es la revolución hispanoamericana en la que él creía. La Revolución de Mayo coincide con la revolución de agosto en Chile, de septiembre en Bogotá, de 1811 en México y también en la Banda Oriental. Alberdi dice que la Revolución de Mayo es un momento de la revolución hispanoamericana, está un momento de la Revolución Española y esta, a su vez, un momento de la Revolución Francesa.

- ¿Cómo se resignifica el 25 de mayo en la Argentina de hoy?
- Hoy lo central de la Revolución de Mayo en la Argentina es el protagonismo popular. Esto se demuestra cuando la mayor parte de la población se siente expresada en el presidente Alberto Fernández, como sucede por ejemplo con la política de cuarentena. La cantidad de muertos en la Argentina con respecto a Chile y Brasil, y ni que hablar con respecto a los Estados Unidos, evidencia que se hizo una política correcta. Esto solo se logra cuando el pueblo está de acuerdo en seguir las políticas que fija el gobierno.

- ¿Cómo se interpreta la argentinidad en este contexto?
- Creo que somos un país, la Patria chica, integrando a la Patria grande, que es Latinoamérica. De ahí que algunos de nosotros tengamos alto interés con relación a lo que sucede en Cuba o en Venezuela, y como propios a San Martín, a Hugo Chávez. Latinoamérica sufrió mucha opresión, golpes de Estado, injerencia externa. En algún momento tiene que retornar a una política independiente, como la que pretendemos que tenga este gobierno, con las limitaciones que da el desastre económico que ha recibido al asumir.

- La pandemia parece reforzar los cuestionamientos a la globalización ¿Hay un regreso al protagonismo de los estados nacionales?
- Creo que sí. La pandemia obliga a replantearse muchas cosas. El camino independiente que ha tomado la Argentina, algo que han hecho pocos países en general, ha dado sus frutos. La experiencia durante el coronavirus demuestra que el Estado debe ocupar un lugar importante, no solo en la salud pública sino también en la orientación económica. Este debate se va a producir abiertamente cuando termine la pandemia.

- De la Revolución de Mayo de inicios del siglo XIX a la pandemia del siglo XXI, ¿qué país y qué mundo imagina en el futuro?
- Yo creo que va a haber transformaciones muy importantes, semejantes a las que hubo con la Segunda Guerra Mundial, donde Inglaterra, por ejemplo, socializaba medicina. Los pueblos que han visto morir a seres queridos, perder sus costumbres habituales y estar sometidos al encierro, reclaman soluciones. Sucede ahora con las villas, por ejemplo, que siempre se habló de erradicarlas y nunca se hizo. Entonces el presidente pone en marcha un plan de viviendas. Esto es un indicio de lo que puede suceder después, la necesidad de un Estado distinto, donde va a haber también reclamos diferentes, más profundos. A nivel internacional también va a haber cambios, con Estados Unidos perdiendo protagonismo. Cuando los pueblos sufren una experiencia de este tipo no lo hacen para que vuelva a ocurrir. Nosotros perdimos hasta el Ministerio de Salud por la política neoliberal del macrismo. Y lo mismo con la ciencia. Todo esto se va a tomar en cuenta en lo que viene. (Daniel Giarone, Telam, 25/5/2020)

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SCALABRINI ORTIZ: EL PATRIOTA QUE DENUNCIÓ LA DOMINACIÓN INGLESA

Parece oportuno, en vez de recurrir a un artículo biográfico, dejarlo hablar a Raúl Scalabrini para que sus enseñanzas de ayer, sigan iluminando las luchas populares de hoy: 

- “Para dominar a un país ya no hace falta someterlo militarmente: bastan oportunos empréstitos.” (En Política británica en el Río de la Plata.)

- “La evolución del hombre reconoce un pasado gorila y un futuro industrial.” (Revista Qué, 4/6/1957.)

- “Ellos sueñan con liberar la economía argentina de la intromisión de los argentinos.”(Revista Qué, 29/1/1957)

- “Basta consultar a Federico Pinedo, para saber lo que no debe hacerse.”(Revista Qué, 8/1/1957.)

- “Yrigoyen y Perón: identidad de una línea histórica de reivindicaciones populares.”(En Mercedes, 3/7/1948.)

- “El periodismo es quizás la más eficaz de las armas modernas que las naciones poderosas utilizan para dominar pacíficamente a los países más débiles. Es un arma insidiosa que penetra hasta la intimidad del cuerpo nacional... Opera, no a través de sus opiniones, sino mediante el diestro empleo de la información pues sólo transfiere aquella parte de la realidad que conviene a los intereses que representa.” (Revista Qué, 8/10/1957.)

- “En un país empobrecido los grandes diarios son órganos de dominación colonialista.” (Revista  Qué, 8/10/1957.)

- “Quieren mantenernos en la rutina sin salida del primitivismo agrario.” (En Historia de los ferrocarriles argentinos, 1940.)

- “Hay muchos actos y no de los menos trascendentales por cierto de la política interna y externa del General Perón que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política, esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias... No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que  nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el General Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país.” (En La Plata, noviembre  1947)

- "Jorge Canning escribía en  1824: 'La América española es libre y si nosotros, los ingleses, manejamos nuestros negocios con habilidad, ella será inglesa...' Bajo sus inspiraciones e instituciones, la diplomacia inglesa nos segregó la Banda Oriental y el Alto Perú. Los financistas ingleses Baring Brothers nos endeudaron sin arriesgar capitales. Los comerciantes ingleses se apoderaron del  manejo de la moneda, de la tierra y del comercio exterior. Cien años después, la obra de dominación ha quedado completa y perfeccionada: ingleses son los medios de comunicación y transportes, inglesas las empresas monopolizadoras del comercio, inglesas en su mayor parte, las empresas de servicios públicos, inglesas las más grandes estancias de la República, inglesas todas las grandes tiendas, inglesas todas las empresas que rinden dinero y están protegidas por el gobierno argentino, inglesas son las voluntades que manejan la moneda y el crédito desde el Banco central, inglesas son las directivas a que obedece nuestra política exterior e interior, inglesas son las Islas Malvinas y las Orcadas. Los designios de Canning se han cumplido. Los negocios ingleses se han conducido y se conducen con habilidad. ¡Por eso Canning tiene una estatua en Buenos Aires." (Diciembre 1937, con motivo de la inauguración del monumento a Canning).  

(Nota de N. Galasso en Tiempo Argentino 14/2/2012)

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¿QUÉ TE PASA, BEATRIZ (SARLO)?

Me hacés acordar a Borges, Beatriz, cuando dijo que el 17 de Octubre fue todo una farsa armada desde el gobierno. Peor todavía, a Mirtha Legrand cuando dudó que el cadáver estuviese adentro del féretro, o a Carrió cuando sostuvo que el llanto de los jóvenes lo organizó Fuerza Bruta.

He leído tu  artículo en La Nación del lunes 24 de octubre. Y en verdad, Beatriz, estoy  sorprendido, demasiado sorprendido. Casi una página de Beatriz Sarlo en el diario de los Mitre para sostener que si bien hay algunos “motivos económicos”, la causa del  triunfo electoral de Cristina tiene su explicación profunda en que se trató  de la “autoinvención” de una viuda. La lectura de ese artículo me dejó perplejo. Sólo se me ocurre preguntarte: ¿Qué te pasa,  Beatriz?

Vos quizás no recuerdes que nos conocimos en 1966, en la editorial Jorge Álvarez que funcionaba en la calle Talcahuano y donde circulaban jóvenes  escritores  progresistas (te supuse marxista).
Después, te visité  en un  departamento de la calle Coronel Díaz para entregarte unas páginas sobre la Década Infame para la editorial de Carlos Pérez –lamentablemente desaparecido– (te supuse posadista).
Más tarde, tuviste la gentileza de  registrar algunos de mis libros como “recibidos” en tu revista Punto de vista (te supuse “prochina”)  y en una ocasión, bajo la dictadura, nos encontramos en una manifestación obrera de la cual nos corrieron las fuerzas represivas con gases lacrimógenos (te supuse peronista de izquierda).
Ya bajo el gobierno de Alfonsín, nos cruzamos, si mal no recuerdo, en el Teatro San Martín, pero no advertiste mi presencia, quizás porque moviéndote siempre en la crítica vanguardista no habías registrado en tu memoria esos encuentros casuales con alguien dela Izquierda Nacional, encuentros que no llegaron a convertirse en amistad, pero sí en esa complicidad recóndita entre quienes aspiramos a una sociedad distinta (aunque ya te  supuse socialdemócrata).
Por eso, cuando alguien me decía: Beatriz ha sido peronista, trabajó cerca del posadismo, fue prochina, pro alfonsinista y socialdemócrata yo intentaba justificar esos cambios como producto de una búsqueda, una auténtica y trabajosa búsqueda en un país complicado donde las palabras se vacían de contenido y hay que realizar  grandes esfuerzos para saber lo que ocurre y dónde ubicarse. Siempre te consideré inteligente y sin ningún interés subalterno, fuese prestigio o dinero.

Sé que no te importa demasiado saber que defendía tus giros políticos, como tampoco que siempre te he leído con respeto y te he valorado como  intelectual. Quizás tampoco te importe ahora que te pregunte –siguiendo el ejemplo de Kirchner con Clarín– “¿Qué te pasa, Beatriz?”. Y formulé la pregunta porque ese artículo es indigno de vos y ahora debo suponer que te hiciste “mitrista”. Claro, para mí eso ya es más grave porque nunca he escrito ni voy a escribir jamás en La  Nación  hasta que –suceso imposible– ese matutino denuncie que Mitre fue un genocida que arrasó con el  Paraguay según lo denunció Alberdi y lo cantó Guido Spano con aquel: “Ya no existe el  Paraguay / donde nací como tú.”

Por eso siento la necesidad de reprocharte este último salto mortal que diste. Porque ya eran suficientes tus colaboraciones en Clarín para venir a recalar, desde hace un tiempo, en La Nación, que es, como se sabe,  todo lo contrario de la nación. Siento la necesidad de decírtelo y no vas a poder contestarme “conmigo, no” porque vos no tenés “coronita” ni tampoco me podés imputar alguna actitud o conducta dudosa, ni concesiones de ningún tipo que hayan ido en perjuicio de las mayorías populares.

Y vamos al artículo, donde  reducís un gran triunfo electoral, por márgenes poco habituales del 54% de Cristina al 17% para la segunda fuerza (con la que casualmente vos simpatizás).

Lo titulaste “Victoriosa autoinvención”. Y a poco de empezar reproducís, como si la compartieses, la declaración de la pitonisa derrotada, que espero que ya no salga más en las pantallas televisivas después del  l%  de los votos, es decir, de ser repudiada por el 99% de la sociedad argentina: “De lo que pase ahora, nosotros no somos responsables, sino los millones que la votaron.” Es decir, implícitamente, más de 11 millones de imbéciles,  tontos,  engañados o boludos, según el calificativo que quieras emplear.

Pocas líneas después, te referís a un cántico: “Néstor no se murió / Néstor vive en el pueblo”. Y nada más. No, Beatriz, no, debiste decirlo completo: “Néstor no se murió / Néstor no se murió / Néstor vive en el Pueblo / la puta madre que los parió.” Así se expresa la juventud que proclama su dolor y  su bronca por la muerte de un presidente militante,  y también  alude a  sus opositores. Así, completito.  ¿O es que en la Tribuna de doctrina no se puede putear? ¿Se puede mentir, difamar, distorsionar la historia, pero se trata de un órgano tan delicado y  de tan elevada cultura que no se puede putear?

Pero esto es anecdótico. Lo fundamental de tu artículo constituye una interpretación pobrísima de un acontecimiento riquísimo. Este último es el cambio operado en la Argentina en los últimos ocho años,  que  vos lo reducís a una cosmética fúnebre, a un montaje cinematográfico, a una “puesta en escena”, según lo subtitulás. Y esto no se  puede permitir en una intelectual que hace años que piensa, elabora tesis, critica, argumenta con tan alto nivel que ha dado clases en la Facultad de Filosofía y Letras (¡ah! y también en Cambridge,  supuesto templo de la sabiduría universal).

Entonces decís –cuando tu pueblo se moviliza y le otorga a Cristina 40 puntos de diferencia respecto al segundo-, vos decís,  -y no quisiera recordártelo– decís: “La Presidenta Viuda  fue la protagonista de la obra y la directora de la obra, una creación suya y de un grupo muy chico de publicitarios e ideólogos que la dejó hacer y perfeccionó lo perfeccionable. En lo esencial, una autoinvención” (La Nación, 24/10/2011). Luego, seguís de este modo: “Después del entierro de Néstor, Cristina Kirchner dispuso casi de inmediato todos los elementos de la puesta en escena y vestuario: su luto, su palidez (atenuada con el transcurso de los meses), su figura erguida, su voz potente, que podía quebrarse por la emoción que ella misma se provocaba al mencionar al marido ausente.” ¿Cómo no nos dimos cuenta, Beatriz? Quizás se ponía cebolla cortada en el escote para provocarse lágrimas... y nosotros, tan boludos, ¡nos creíamos que era dolor, que era tristeza!

Pero decís más todavía: “La Presidenta hizo una actuación de alta escuela, mezcla de vigor y emoción, se colocó a sí misma al borde del llanto y se rescató por un ejercicio público de la voluntad. Es la gran actriz de carácter sobre un escenario diseñado meticulosamente por ella misma.” Y más aún: “A veces, un flash la asimila a buena actriz de la televisión representando a una gran mujer política, el mismo empaque de señora que ha bajado a las cosas pero que conserva sus aires, la misma ropa con brillos, un poco de sobreactuación, un poco de distancia y mucho de afectividad.”

Me hacés acordar a Borges, Beatriz, cuando dijo que el 17 de octubre fue todo una farsa armada desde el gobierno. Peor todavía, a Mirtha Legrand cuando dudó que el cadáver estuviese adentro del féretro o a Carrió cuando sostuvo que el llanto de los jóvenes lo organizó Fuerza Bruta. Y vuelvo a preguntarte: ¿Qué te pasa, Beatriz?

No puedo creer que pienses que todo ha sido un invento, todo ficción. ¿En estos últimos años no hubo disminución de la desocupación, ni de la pobreza, ni de la indigencia, no hubo hundimiento del ALCA en Mar del Plata ni constitución de la Unasur, no hubo lucha contrala Sociedad Rural y las grandes corporaciones mediáticas, ni Asignación Universal por Hijo, ni Asignación Prenatal, ni matrimonio igualitario, ni Ley de Medios, ni hubo captación parcial de la renta agraria diferencial a través de las retenciones, ni estatización de las AFJP para  recuperar los aportes previsionales de los trabajadores, ni aumento de jubilados y para jubilados? ¿Sólo hubo un escenario bien montado, una mujer pálida por el cosmético y una leyenda para incautos?

Para peor, agregás que, por cierto, hubo “inversiones en cultura..., necesarias para montar el espectáculo” y contar con los artistas, aunque “habrá que examinar su transparencia porque hay mucho dinero en juego flotando por áreas grises”, es decir, “pan y circo”, o lo que es lo mismo “choripán y Coca Cola” para 11 millones de argentinos a quienes se les compraron los votos. No eran entonces boludos, eran corruptos. Y de  esas inversiones  en la farándula, con algo –reconocés– de “subsidios, miniturismo, bolsas de shoppings o plasmas”, se montó la gran mentira  que provocó el 54% de los votos.

Finalmente agregás que la gran “novedad en la historia electoral argentina no está dada por el triunfo por 40 puntos de diferencia sino en  el lejano segundo lugar obtenido por Binner”. Eso sí es genuino e importante, ¿no es cierto? Esos tres millones de votos fueron concientes, de gente culta, progresista, que seguramente leyó alguna vez las sesudas elucubraciones de “Norteamérico Ghioldi”. Aunque, te digo, no es tan novedoso: esa palidez del candidato, ese empaque y seriedad que hacen recordar demasiado a los socialistas del treinta, tan poco graciosos que a su candidato Nicolás Repetto lo llamaban el “candidato del cianuro”, algo así como el aburrimiento de Dela Rúa, quiero suponer sin Banelco. Pero con un gran don de la oportunidad este Binner se abraza con otro “socialista”, el ex presidente uruguayo Tabaré (Marx los perdone desde la eternidad por llamarse socialistas), a quien supongo te referís cuando hablás del  “inspirador uruguayo” que apoyó a Binner, que “supo esperar desde años atrás”, que vetó la ley del  aborto y luego fue a decirle a Bush que le diera armas para hacerle la guerra a nuestra patria. Mejor referente, imposible.

Por eso te pregunto, ¿qué te pasa, Beatriz? Y no te enojés y me digas “conmigo, no”, ubicándote en una supuesta altura de ética, progresismo y cultura elevada para terminar  descalificando la alegría de tu pueblo en las calles;  desvalorizando un gran triunfo popular como hace muchos años no se había visto con tanta contundencia.

¿Acaso vale la pena rodar por la pendiente de esta manera para escribir en el diario que el genocida de la Guerra del Paraguay se dejó de guardaespaldas, como bien decía Homero Manzi? En serio, ¿te pasa algo, Beatriz?
NORBERTO GALASSO en Tiempo Argentino, 31 de octubre de 2011
Reproducido por APU Agencia Paco Urondo

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¿POR QUÉ SE OCULTAN LAS IDEAS DEL VERDADERO MARIANO MORENO?

Redescubrir la figura del revolucionario es clave para responder a no pocas preguntas del presente.
En los países que hasta ayer fueron llamados "del Tercer Mundo" y hoy son denominados "emergentes" o "en camino del desarrollo" se polemiza habitualmente sobre varias cuestiones fundamentales: ¿Existe una burguesía nacional? Si ella existe, ¿es capaz de desarrollar un capitalismo autónomo? Si ella no existe, ¿quién asumirá la tarea del crecimiento económico y la integración nacional? Y también otros, como: si surge un movimiento nacional, ¿debe priorizar las inversiones o el mayor consumo de los sectores sociales postergados? ¿Pero si los gobiernos conservadores le dijeron al pueblo que "se apretase el cinturón", esa burguesía –o ese gobierno que pretende representarla– debería permitirle un mayor consumo y, por tanto, no usar el excedente económico para la inversión? ¿O por el contrario, aumentar la inversión y decirle que ahora también deberá "ajustarse el cinturón"? Y otros más: ¿Aquellos sectores privilegiados por la naturaleza –sean mineros o agropecuarios– o por el latrocinio deberían restringir sus consumos para emprender las inversiones de base? ¿O tienen derecho a usar esa riqueza para derrocharla y vivir parasitariamente? Asimismo, se discute: ¿El capital extranjero puede cubrir la falta o debilidad de esa burguesía para provocar el desarrollo? O por el contrario, ¿por cada peso que invierte se lleva tres, deformando las economías y acentuando la miseria? ¿Los dueños del petróleo o de las vacas tienen pleno derecho exclusivo a gozar de sus rentas o, en cambio, son propiedades robadas a los pueblos originarios y pertenecen a la nación?

Cabe también la pregunta: ¿estas polémicas obedecen a meras disidencias teóricas, y en ese caso resultaría absurdo que subsistieran desde 1810, o se trata de intereses económicos contrapuestos y de ahí proviene su permanencia?

La historia de Mariano Moreno –un revolucionario cuya muerte se produjo un 4 de marzo– puede darnos las pistas sobre la verdad de estas cuestiones.
Moreno fue el hombre fuerte de la revolución entre mayo y diciembre de 1810 y se planteó la necesidad del crecimiento económico, de la soberanía, de la distribución de la riqueza, y dio respuestas aunque, por supuesto, con categorías diversas a las que utilizamos actualmente. Esas respuestas tienen validez todavía y por ello la Historia mitrista e inclusive el Revisionismo rosista se han preocupado por silenciarlas. Y hoy continuamos discutiendo.

Era imprescindible, en aquel entonces, crear fábricas, especialmente de armas, para luchar contra las fuerzas extranjeras: en octubre, una para fabricar fusiles, en Buenos Aires –calles Lavalle y Libertad– a cargo de Juan Francisco Tarragona (que alcanzó más tarde, en 1813, a ocupar a 67 operarios); otra, para fabricar pólvora, inaugurada el 1º de noviembre de 1810 en Córdoba, a cargo de José Arroyo, y otra de fusiles en Tucumán, el 5 de noviembre de 1810, a cargo de Clemente Zabaleta.
Asimismo, mandó explotar salitre en Santiago del Estero, maderas en Santa Fe y Tucumán, cal en Córdoba y yeso en Santa Fe. Y Belgrano aplaudía al secretario de la Junta (carta de Belgrano a Moreno del 13/10/1810).

No existiendo el empresariado capaz de tales empresas, Moreno sostenía: "Se pondrá la máquina del Estado en un orden de industrias... para desarrollar fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos, como así en agricultura y navegación." ¿Y con qué capitales, se preguntará el lector? Él contestaba: "Hay que apropiarse de cerca de 500 o 600 millones de pesos pertenecientes a los mineros del Alto Perú. Esto descontentará a cinco o seis mil individuos pero las ventajas habrán de recaer sobre ochenta o cien mil... ¿qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el Estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aun cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos... aparecen después las ventajas públicas con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos a favor del Estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos."

Y de dónde, uno se pregunta, resultaban estas conclusiones. Él mismo lo explica: "Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan pero que si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las partes de una a otra, no habría un solo individuo que no las disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsistencia política, sin menoscabo y perjuicio."
Y agrega: "Las medidas enunciadas producirán un continente laborioso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan."

Estas ideas morenistas motivan que tanto la historiografía mitrista, como el revisionismo rosista y "la historia social" de Halperín Donghi oculten el Plan de Operaciones donde Moreno las desarrolla. Explican también por qué French lo apodaba "el sabiecito del Sur" y explican también la muerte de Moreno, en alta mar –con claros indicios de haber sido envenenado– aquel nefasto 4 de marzo de 1811. (Tiempo Argentino, 2/3/2014)

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NOTA DE N. GALASSO, EN TIEMPO ARGENTINO EN FEBRERO DE 2012, SOBRE BELGRANO Y LA BANDERA NACIONAL

Un 27 de febrero, a orillas del paraná...
¿Y cómo Belgrano contesta arrepentido y sometiéndose al Triunvirato: ‘La bandera la he recogido y la desharé para que no haya ni memoria de ella...?’

Se cumplirán, dentro de pocos días, los 200 años de aquel 27 de febrero de 1812, en que Manuel Belgrano hizo jurar la bandera celeste y blanca en las barrancas del Paraná. Acertadamente, el Poder Ejecutivo ha declarado feriado el día del aniversario, con el buen criterio de estimular el patriotismo de los argentinos. La medida adoptada es muy valiosa y quizás pueda ser enriquecida si reflexionamos acerca de los interrogantes que pueden plantearles los alumnos a los docentes con motivo de este suceso.

Dada la bibliografía, los alumnos ingresan al tema pero algunos –seguramente los más inteligentes o más díscolos– lanzan sobre el docente varios interrogantes: ¿Por qué los soldados no juran por “la bandera argentina” sino que juran por “vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del Sud será el templo de la Independencia, la Unión y la Libertad”? ¿Cuál es la causa por la que el gobierno lo desautoriza a Belgrano? ¿Por qué Belgrano vuelve a jurar la misma bandera, en Jujuy, el 25 de Mayo de 1812, afirmando que “no es obra de los hombres sino del Dios omnipotente, que permitió a los Americanos que se nos presentase la ocasión para entrar en el goce de nuestros derechos”, y no hace referencia a los argentinos? ¿Por qué el gobierno le llama nuevamente la atención pues por segunda vez ha cometido “tamaño desorden” y le previene que “será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos de su autoridad”? ¿Y cómo Belgrano contesta arrepentido y sometiéndose al Triunvirato: “La bandera la he recogido y la desharé para que no haya ni memoria de ella y se harán las banderas del regimiento número 6 sin necesidad de que aquella se note por persona alguna?”

El lector se imaginará en qué situación molesta queda el docente si es que aún continúa confiando en la historia mitrista. Apenas balbucea que había que “disimular” nuestro intento independentista por lo cual se usaba “la máscara de Fernando VII”, y que enfrentábamos a los ejércitos españoles pero... bueno... “seguíamos siendo españoles... y, por tanto, no podíamos usar la bandera celeste y blanca, todo lo cual es muy complicado y ya ustedes cuando lleguen a la Universidad podrán entenderlo”, aunque para sí mismo piensa que el profesor universitario, si es mitrista, también la pasará muy mal ante los estudiantes preguntones.

Si el docente, en cambio, como sucede ahora con gran parte de los docentes jóvenes, ha tenido la inquietud de revisar la historia, desde una perspectiva más profunda, les dirá: Lo que ocurre es que la historia fabricada por Mitre llevaba por propósito amigarnos con los ingleses y odiar a los españoles. Entonces, cuando entre 1809 y 1811 estallaron revoluciones democráticas –semejantes según Alberdi a la que estaba ocurriendo en España desde 1808– Mitre las mostró como “independentistas”, es decir, antiespañolas (y por debajo, pro inglesas en tanto amaban el libre comercio). Para ello mintió y dijo que cuando esas revoluciones, en toda Hispanoamérica, juraban mantenerse unidas a España, estaban engañando al pueblo y al mundo entero usando “una máscara”. No explicó que la revolución era contra los virreyes, contra el absolutismo, contra los godos monárquicos, de derecha, semejante a la que impulsaban los revolucionarios españoles en España, quienes, además, declararon que las tierras de América dejaban de ser colonias, para ser provincias con los mismos derechos que las otras  provincias de la metrópoli. Ocultó entonces que los revolucionarios de América eran casi todos españoles o hijos de españoles y que inicialmente la participación de los pueblos originarios fue escasa y todos consideraban normal que French, al partir hacia al norte, hiciera jurar a los soldados con la bandera española o que la bandera española flamease en el Fuerte hasta 1814. Como se comprende –agregará el maestro– Belgrano, ya dispuesto a ir al combate, considera que no puede enarbolar la misma bandera de los partidarios del virrey y viendo la necesidad de otra, recurre a los colores de la escarapela o según otras versiones, a los colores de los Borbones, también celeste y blanco. Pero su actitud contradecía la opinión preponderante, pues si bien ya había quienes pensaban en la independencia, la mayoría –tal cual se vio en la Asamblea del año XIII– se negaba a declarar la ruptura con  España.

Seguramente, algún alumno preguntará entonces: ¿por qué cambian luego, y en 1816 declaran la independencia? El maestro –que ha leído a Manuel Ugarte, por ejemplo– le contesta: hay dos aspectos: primero, los revolucionarios españoles son derrotados y vuelve la derecha al poder en España, con Fernando VII a la cabeza, quien traiciona sus compromisos democráticos anteriores, reinstala la monarquía absoluta y la Inquisición y reprime a los democráticos, como asimismo envía dos flotas para recuperar lo que ahora considera son sus colonias americanas. De ahí la necesidad de la ruptura: para preservar la revolución democrática del año diez, hay que ser independientes, hay que ser libres y urge el Congreso de Tucumán. El otro aspecto reside en que los ahora independentistas lo formulan como independencia de Hispanoamérica en su conjunto, es decir, de la patria Grande, como ocurre con Artigas, Bolívar, San Martín, Monteagudo y así pensaba también Belgrano. Por esta razón, llegamos a 1816 con el Congreso de Tucumán que declara : “Nos, los representantes de las  Provincias Unidas en Sud América... declaramos solemnemente que es voluntad de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España... e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente.” Poco después, el 20 de julio, declara que la bandera es celeste, blanca y celeste, tomando como antecedente aquella que osadamente había enarbolado Belgrano el 27 de febrero de 1812. 

De ahí que podamos, simplificando las cosas –concluye el maestro– adjudicarle a Belgrano la creación de la bandera, aunque en su momento debió ocultarla y arrepentirse de su audacia. Estas reflexiones, sin embargo, no son gratuitas, porque además de hablar de Independencia nos llevan, como usted ya se habrá dado cuenta, a comprender que al festejar el 27 de febrero de 1812 conmemoramos un episodio de la gran revolución de la Patria Grande en busca de su unidad, su liberación y su transformación. ¿Unasur?, ¿CELAC?, ¿Eso dice usted, querido lector? Sí. Tiene razón. Por ahí andábamos ya. Por ahí vamos hoy. Ahora, sí, seguramente.  

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LO QUE NO CUENTA LA HISTORIA OFICIAL: CÓMO MITRE DESFIGURÓ A SAN MARTÍN
Una nota que revela datos poco conocidos sobre el Libertador para contribuir a "acabar con las fábulas" que se tejieron en torno a su figura para ocultar verdades y construir una historia dictada por la conveniencia política.

Bartolomé Mitre construyó las columnas de la Historia Oficial con dos libros. Con la biografía de Belgrano inventó una revolución de Mayo independentista, separatista, antiespañola, por el comercio libre y por tanto probritánica, protegida por Lord Strangford y cuya independencia reconoció George Canning. Con la biografía de San Martín creó un Padre de la Patria que vino a salvar a esa revolución y que debía suponérselo blanco, porteño, por tanto también antiespañol y europeísta, que bregó por crear una Hispanoamérica libre pero dividida y a quien Bolívar le robó la gloria de consumar la campaña libertadora. La fuerza dominante (el Imperio Británico y la oligarquía nativa) y un gran medio de comunicación (el diario La Nación) le permitieron instalar las dos fábulas. Quienes dieron otra interpretación, como Alberdi, Ugarte, Rivera, Barcia Trelles y muchos otros, fueron silenciados. Después, los historiadores de derecha culminaron la tergiversación de San Martín mostrándolo monarquista y tradicionalista, sin impugnar por ello la versión mitrista. Además, no faltaron historiadores que explicaron su vida militar como producto de haber tenido una supuesta madre india, ni tampoco quien adujo su regreso al Río dela Plata para ascender en el escalafón profesional.
De esas fábulas, algunos sacaron la conclusión de que había sido un agente inglés (pues no se explica que un alto jefe del ejército español venga en 1812 a pelear aquí contra los españoles) y otros argumentaron que la causa reside en que su madre era india, de manera tal que si hubiese sido española, él no hubiese sido  Libertador.
Hoy que buena parte de América Latina está gobernada por movimientos populares y que son palabras comunes UNASUR, CELAC, ALBA y otras semejantes es hora de acabar con las fábulas. Esta nota se propone ofrecerle al lector algunos datos poco conocidos para colaborarle en esa tarea:

1) La Revolución de 1810 no fue inicialmente separatista, ni independentista, ni antiespañola. La hicieron hijos de españoles e inclusive españoles (Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Blas Parera, Arenales, etc), para reemplazar al virrey por una Junta Popular, por lo cual las Juntas –aquí como en toda Hispanoamérica, entre 1809 y 1811- juraron por el rey Fernando, cautivo de los franceses, al igual que las Juntas revolucionarias  nacidas en España a partir de 1808, todas en la línea democrática de "Libertad, igualdad, fraternidad" de la  Francia de  1789.

2) Por esa razón, flameó la bandera española en el fuerte hasta 1814 y recién el 9 de julio de 1816 se declaró la independencia.

3) El comercio libre lo instauró el virrey Cisneros en 1809 y el programa de la Revolución no fue el liberalismo económico sino el Plan de Operaciones, proteccionista, democrático y expropiatorio de las grandes riquezas.
4) San Martín vivió hasta los 4 años en Yapeyú, de los 4 a los 6 años en Buenos Aires y luego  26 años en  España donde, en 23 años, participó en 30 batallas hasta ser teniente coronel de caballería. Allí se definió antiabsolutista, democrático, a "favor del evangelio de los derechos del hombre" (según su propias palabras) y regresó en 1812 para proseguir aquí la lucha que consideraba perdida en España casi dominada por Napoleón.

5) Aquí, se sumó a la revolución democrática y se sintió hispanoamericano. La  bandera argentina "la cima de los Andes NO escaló" sino que San Martin cruzó con un ejército integrado por argentinos y chilenos y con una bandera del "Ejército Unido Argentino (de los Andes)–Chileno" y el chileno O’Higgins como segundo jefe.

6) A partir de la derrota de la revolución española (1813/1814) y el restablecimiento de la monarquía, luchó en Chile por la Independencia de América Latina, y en el  Perú, donde gobernó como Protector. (Idéntica denominación a la de Artigas, para los Pueblos libres del litoral). Mientras, Bolívar liberaba lo que es hoy Venezuela, Panamá, Colombia y Ecuador. Por su parte, Morazán construía la Confederación de las Provincias Unidas de Centro América, también en camino hacia la Patria Grande.

7) San Martín, "que hablaba como un gallego”, bregó igual que Bolívar, por una Patria Grande Latinoamericana a partir del momento en que se restableció la monarquía en España (1814) y presionó desde entonces para que el Congreso de Tucumán declarase, ahora sí, la Independencia.

8) Se trata evidentemente de un argentino que fue jefe de un ejército hispanoamericano y que conservaba tanto afecto por Bolívar que mantuvo, hasta su muerte, su  retrato en su dormitorio, delante de su cama, como el compañero Libertador que intentó unificar la  Patria Grande, en 1826, en el Congreso Anfictiónico de Panamá,  objetivo perseguido hoy, desde el rechazo del ALCA en adelante, por los principales gobiernos latinoamericanos.
Logrado este objetivo –camino que estamos transitando- se consolidará la verdad histórica y la fábula mitrista pasará al olvido.« (N.Galasso, T.Argentino, 17/08/2013)

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LA BÚSQUEDA DE UN “MALDITO” EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN

Hoy le propongo que me acompañe al Archivo General de la Nación, aquí nomás, en la calle Leandro Alem. Supóngase que ya llegamos y empezamos a revisar un abultado legajo correspondiente a un argentino silenciado en vida y escasamente conocido después de su muerte. Trate de adivinar quién es. Mire, primero encontramos cartas amistosas que le enviaron Rubén Darío, Amado Nervo, José Ingenieros, Ricardo Rojas, Gabriela Mistral y otros del mundo literario de la época. 

Ahora, en otra carpeta, encontramos cartas de líderes políticos: el nicaragüense Augusto César Sandino, el peruano Víctor Haya de la Torre, el presidente mexicano Venustiano Carranza, el presidente venezolano Rómulo Betancourt, notas de la cancillería argentina y tantas otras del mundo político latinoamericano. 

Veamos ahora otra carpeta: allí existen recortes periodísticos donde este argentino aparece en el comité de redacción de la revista Monde, junto al científico Alberto Einstein, al gran escritor norteamericano Upton Sinclair, al ruso Máximo Gorki, al famoso Henry Barbursse, autor de novelas sobre la guerra que recorrieron el mundo, y al escritor español Miguel de Unamuno. 

Si queremos juntar otros antecedentes podemos verificar que una calle lleva su nombre en la ciudad de México; que aparece en un mural, en la Universidad de Guayaquil, junto a los grandes revolucionarios de América Latina, entre Bolívar, San Martín y los jefes de la Revolución Mexicana; como así también que fue Legión de Honor en Francia y que, en 1927, el gobierno de la Unión Soviética lo invitó a los festejos del décimo aniversario de la Revolución Rusa. 

También podemos verificar que publicó casi cuarenta libros y que, sin embargo, los gobiernos conservadores de la Argentina le negaron el Premio Nacional de Literatura, le negaron una cátedra y le escamotearon por largo tiempo una jubilación de periodista a quien había publicado en los principales periódicos de América Latina, España y Francia.

Sus ideas fundamentales las expresó en sus libros, que hoy son inencontrables: Las ideas del siglo (1904); El porvenir de la América Española (1910); La Patria Grande (1922); Mi campaña hispanoamericana (1922); El destino de un continente (1923) y La reconstrucción de Hispanoamérica. Y en el diario La Patria (1916), que pudo publicar durante tres meses y cerró por falta de recursos. 
Sólo en los últimos años de su vida le llegó un reconocimiento: el presidente Perón lo designó embajador en México, Nicaragua y Cuba (1946-1950).
Seguramente, usted ya sabe quién es. Sí, se trata de Manuel Ugarte, nacido en la Argentina, el 27 de febrero de 1875 y muerto en Niza, el 2 de diciembre de 1951, a raíz de emanaciones de gas que hacen suponer su suicidio.

¿Pero, cómo, me dirá usted, cómo es posible que en un país donde tanto charlatán, tanto abogado de intereses extranjeros, tanto figurón que nada aportó al país, tiene su estatua y es nombrado en los colegios y en los medios, cómo es posible que una maldición tan tremenda haya caído sobre Manuel Ugarte para silenciarlo? Y seguramente, preguntará por qué, cuál fue la causa, cuál el gran pecado de este argentino insobornable cuya herencia consistió sólo en varios baúles de cartas, artículos periodísticos y libros de su autoría, porque hasta su biblioteca debió vender en sus últimos años, para subsistir. Veamos entonces la causa.

La explicación se encuentra también en el Archivo General de la Nación. Allí están los periódicos que constatan una gira de Manuel Ugarte, entre 1910 y 1912, por todas las capitales de América Latina convocando a la unión de nuestros países en la Patria Grande y alertando sobre el peligro del expansionismo norteamericano. En grandes titulares, los diarios latinoamericanos anuncian las conferencias de este compatriota y comentan, luego, que miles y miles de oyentes apoyaron enfervorizados los planteos del orador.
Ugarte señalaba, en 1901, hace cien años, que los países latinoamericanos debían cumplir el sueño unificador de San Martín y Bolívar y constituir la Patria Grande. Señalaba, asimismo, que si no lo hacían resultarían vasallos, sometidos por la expansión de Estados Unidos y de Inglaterra.  

Pero allí mismo, en el archivo, si usted tiene paciencia para seguirme, encontraremos que también Ugarte predicaba la necesidad de una cultura nacional latinoamericana, para enfrentar tanto europeísmo y tanta yanquización.

Y más aun, encontraremos una conferencia dada en El Salvador, en 1912 –¡hace 100 años!– donde Ugarte, de convicciones socialistas, sostiene: "El socialismo en nuestra América Latina tiene que ser nacional." Por esta posición, contraria al internacionalismo del Partido Socialista, lo expulsaron en 1913 y lo volvieron a expulsar en 1935.
Unión Latinoamericana, Socialismo Nacional, rechazo del predominio norteamericano. Tres banderas entrelazadas constituyendo un verdadero cóctel explosivo.

¿Se da cuenta ahora cuál es la razón por la cual Manuel Ugarte ha sido silenciado durante décadas en la Argentina? (N.Galasso, T.Arg. 2/12/2013)

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13 DE NOVIEMBRE - DÍA DEL PENSAMIENTO NACIONAL
Pensar la propia realidad es imprescindible para reemplazar las concepciones de la opresión externa.

Si se realizase una encuesta en los tres niveles de la enseñanza en nuestro país acerca de si existe un pensamiento nacional, resultaría muy probable que docentes y estudiantes se extrañasen por el interrogante, y luego dirían que las ideas no tienen nacionalidad. En principio, esto es cierto: las ideas, los pensamientos, las concepciones son producto de la acumulación  lograda por el hombre a través de toda su historia, en distintos momentos y diversas épocas. Más aun, no faltaría quien se burlase y contestase: ¿acaso deberíamos hablar en guaraní, quechua o mapuche porque, entre otros, ellos fueron los pueblos originarios del lugar que ahora habitamos? ¿Acaso deberíamos rechazar la numeración arábiga o la romana porque no ha surgido en estas tierras? Y quizás algún otro señalaría  que "pensar en nacional" significaría pretender la elaboración de un pensamiento nuevo a desarrollar por nosotros sobre una página en blanco, negando el pasado de la humanidad ajeno a nosotros.

Sin embargo, esta cuestión preocupó hondamente a pensadores importantes en distintos países, entre los cuales podríamos mencionar a Franz Fannon en Argelia, a Mao Tse Tung en China, a José Martí en Cuba, al Haya de la Torre de sus mejores años en el Perú, así como en la Argentina a Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, John William Cooke y muchos más. Ello se origina en que en los países coloniales y especialmente en los semicoloniales, la opresión externa –política y económica– va acompañada de un sometimiento cultural que legitima esa dominación, es decir, anula la posibilidad de pensar sobre la propia realidad y la remplaza por aquel conjunto de ideas y concepciones propias del dominador. El pensamiento propio, surgido de la experiencia y de la realidad del oprimido –es decir, nacional–, apenas puede expresarse por los resquicios de la cultura oficial impuesta, que es pensamiento nacional para el dominador pero antinacional para el oprimido.

Con esta reflexión no pretendemos decir algo nuevo, pues la historia argentina –como la de tantos otros países sometidos durante largos períodos– se halla recorrida por el choque entre el pensamiento dominante (expresado en los colegios, la nomenclatura de calles, plazas y ciudades, los medios de comunicación, "la pedagogía de las estatuas", como lo llamaba Ricardo Rojas en su juventud, etcétera) y el pensamiento surgido de la propia realidad –nacional–, que pugna dificultosamente por expresarse pues ha sido amordazado por la superestructura cultural montada para legitimar el sometimiento.

Bastaría recorrer la calle Santa Fe de esta ciudad Capital para encontrar negocios con nombres y anuncios en inglés, u observar atentamente los nombres de la mayoría de nuestros cines y teatros, para advertir sus nombres exóticos que, de tanto verlos, forman el escenario natural de nuestro paisaje. A pesar de haberse nacionalizado bastante en las últimas décadas, aún subsisten en el fútbol, por ejemplo, los relatores –e incluso los simples simpatizantes– que usan palabras como corner, hand o referee, como resabio de otros tiempos, cuando debieran decir "rincón", "mano" y "árbitro", o se da el caso común de canciones bailadas con letras no comprendidas. Asimismo, todavía escuchamos hablar de "la puntualidad británica", "del gentleman", o una veterana artista sostiene: "Soy rubia por fuera pero también por dentro", abominando de su origen mestizo, en la misma línea descalificatoria de quien habla de "negros" al referirse a aquellos que supone genéticamente condenados a ser inferiores y, por tanto, esclavos.

En algunos casos, esa extranjerización llegó a límites increíbles como el de Victoria Ocampo, quien sostuvo que al percibir una emoción, la expresaba en el papel en un poema en francés y luego se traducía ella misma al castellano, no obstante que su fortuna estaba ligada profundamente al humus de esta tierra que no sentía como propia.

Jauretche trabajó intensamente sobre este tema y se cansó de predicar que "hay que ver el mundo desde aquí" y no al revés y que "lo nacional es lo internacional visto por nosotros". Recién ahora entendemos que nosotros –el 12 de octubre– no descubrimos América porque éramos América, y que hablar de descubrimiento es ver ese suceso con ojos europeos. Mucho habría para decir en un país donde hasta una supuesta izquierda se ha manifestado como "prochina" o ha pensado nuestra realidad como si lo hiciera desde Moscú.

Pero, en esta ocasión, bastará con reproducir unas pocas líneas escritas por Cooke para abordar el tema: "Las ideas no son exóticas ni aborígenes, ni extrañas, ni vernáculas.

Prácticamente todas las ideas son exóticas si nos atenemos a que no surgieron en nuestro ámbito geográfico. Si bien se mira, las ideas son exóticas en todas partes, desde que el desarrollo de la cultura es un proceso acumulativo de la humanidad a través de los siglos y de los pueblos. ¿Qué ideas 'nacionales' se oponen a las 'exóticas' de la revolución auténtica? La 'economía de mercado' de Alsogaray es una creación alemana, el librecambio, un principio de la economía clásica europea, especialmente inglesa, el corporativismo, una modernización de las relaciones feudales. Y el cristianismo, del que trata de valerse el orden constituido, ni siquiera es occidental: lo difundió un judío de Medio Oriente, extremista por añadidura... Las ideologías son síntesis no de verdades abstractas sino de fuerzas sociales y en toda la historia existe competencia entre ideas cristalizadas del ordenamiento vigente y las ideas que lo niegan y expresan fuerzas contradictorias. Una concepción nacional es aquella capaz de plantear originalmente la revolución sin trasladar mecánicamente conclusiones que fueron válidas en otro cuadro histórico-social... Lo que hace que una ideología sea foránea, extraña, exótica, antinacional, no es su origen sino su correspondencia con la realidad nacional y sus necesidades. El liberalismo económico era antinacional no porque lo inventaron los ingleses, sino porque nos ponía en manos de ellos. El fascismo es malo no porque ha sido implantado en Alemania o Italia, sino porque es retrógrado en cualquier parte y doblemente desastroso en un país dependiente. Pero las ideas que sirven para el avance del país y la libertad del pueblo son nacionales." (N.Galasso, T.Argentino, 13/11/13)

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LOS “MISTERIOS” DE LA PATRIA GRANDE - EL ENCUENTRO DE GUAYAQUIL

La historiografía mitrista –y a ella se han allanado otras corrientes– enseña que existió “un misterio” en la reunión entre San Martín y Bolívar (el 26 y 27 de julio de 1822), en Guayaquil. Aunque ella misma, sin embargo, ha dado “su respuesta” sosteniendo, en base a un tendencioso análisis psicológico, que allí se encontraron dos hombres muy distintos: uno, el gran capitán argentino, marido y padre ejemplar, generoso, “el santo de la espada” y el otro, un venezolano ambicioso, sinuoso, mujeriego, sin valores éticos.

Y lo que resultó fue que el segundo se impuso sobre el primero obligándolo a renunciar y le robó la gloria de dar término a la campaña hispanoamericana. De allí, se deduce que San Martín le guardó rencor, de por vida, a ese Bolívar pícaro que obtuvo la fama y se la negó a él. Los hechos refutan esta fábula. Después de libertar Chile y tomar Lima, San Martín debe liberar el interior del Perú donde estima que existe un ejército realista de 19.000 hombres. Para ello sólo cuenta con 8.000 soldados… Va a Guayaquil para que Bolívar le devuelva 1.200 hombres que le ha prestado y le aporte más soldados para poder dar la última batalla. Bolívar le devuelve los 1.200 y le ofrece 1.800 más, con lo cuales San Martín llegaría a 11.000 hombres, que considera insuficientes para dar batalla. Bolívar lamenta no poder darle más y a su vez, cree que los absolutistas no son 19.000 sino 15.000. San Martín comprende que hay que unir los ejércitos, pero como no puede haber dos jefes, propone que Bolívar comande y él ser su segundo jefe.

Bolívar no lo acepta y tiene gran parte de razón: el Protector de Perú no podía regresar al Perú como segundo del jefe de la Gran Colombia (inclusive los peruanos recelaban de Bolívar por su control sobre Ecuador, al que ellos consideraban territorio peruano). ¿Qué hace, entonces, San Martín? Se encuentra sin escuadra, porque se la robó Lord Cochrane y la llevó a Chile, con su ejército diezmado por enfermedades e indisciplina (Las Heras y Lavalle se le van a Buenos Aires), y sin apoyo del gobierno rivadaviano pues don Bernardino lo odia (según correspondencia y el hecho de que estén a punto de batirse a duelo en Londres, en 1825). Además, en Perú existe gran división y en esos días lo obligan a renunciar a su ministro Monteagudo. En cambio, Bolívar tiene todavía el apoyo de la Gran Colombia. Por todo esto, San Martín juzga que el venezolano es el que está en mejores condiciones para concluir la campaña. Entonces decide dejarle su ejército, para que se unifique bajo el mando de Bolívar, y retirarse a Chile, donde permanece a la espera de la entrada de Bolívar en el Perú. Actitud generosa, por cierto, pero no motivada por la supuesta picardía o ambición de Bolívar sino porque la situación política y militar indican que es lo mejor que puede hacerse por la liberación hispanoamericana.

EL ENCUENTRO

El 26 de julio, a las dos de la tarde, San Martín y Bolívar se encuentran en Guayaquil. Después de los saludos de práctica, conversan a solas durante una hora y media. Al día siguiente, vuelven a reunirse, sin testigos, e intercambian ideas entre la una y las cinco de la tarde. En una sola oportunidad interrumpen el diálogo secreto, cuando Bolívar abre la puerta para solicitar una documentación a su edecán, a fin de mostrársela a San Martín. Concluida las dos entrevistas, la misma noche del día 27 San Martín asiste a una fiesta organizada por el ayuntamiento desde las nueve hasta la una del día 28, en que se retira. Bolívar lo acompaña hasta la costa y le regala un retrato suyo como recuerdo. San Martín ha estado apenas cuarenta horas en Guayaquil. El diálogo entre ambos libertadores no ha pasado de cinco horas y media. En ese reducido lapso se encierra el llamado “misterio de Guayaquil”. Pero no hay misterio en Guayaquil. Ambos Libertadores expresan, con sus contradicciones y limitaciones, el fervor de los pueblos que desean liberarse y los han gestado, llevándolos inevitablemente a esa reunión de Guayaquil. Ambos actúan de la mejor manera para expresar esas ansias, esos reclamos, esos anhelos. Sólo mentalidades microscópicas pueden buscar la explicación de su conducta en factores subalternos. “Yo no soy de ningún partido –dirá después San Martín–. No, me equivoco. Yo soy del partido americano”. En diciembre de 1824, el triunfo de Ayacucho asegura la libertad de Hispanoamérica. La hostilidad de Rivadavia le ha obligado a San Martín a residir en Europa. Allí, hasta su muerte, en 1850, ¿acaso lo domina el rencor hacia Bolívar? Todo lo contrario. Durante esos largos años, mantiene en su casa tres retratos de Bolívar: un cuadrito pequeño que le regaló Bolívar al despedirse en Guayaquil, un óleo que San Martín le hace pintar a su propia hija y una litografía con el rostro de Bolívar que resulta definitoria pues la coloca en su dormitorio, enfrente de su cama. Es decir, cuando se despierta, al primero que ve es a Bolívar y lo mismo, a la noche, es el último, cuando se acuesta. ¿Puede sostenerse entonces que San Martín fue trampeado por Bolívar o que le tenía rencor? Salvo que se tratase de un caso extremo de masoquismo… Parece difícil, ¿no es cierto? (N.Galasso, Suplemento especial de P12, "La actualidad de San Martín)

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SOBRE EL PENSAMIENTO DE JUAN JOSÉ CASTELLI, EL “ORADOR DE LA REVOLUCIÓN”
Una de las cabezas del “grupo morenista”, muere en buenos aires un 12 de octubre de 1812, justamente el mismo día en que se cumplía un año más del comienzo de la invasión europea a estas tierras

“se entregó a perseguir a la aristocracia y fueron aristócratas para él –comenta malignamente un historiador reaccionario- todos aquellos que significaban algo por su ilustración, su abolengo, su fortuna… Y así se malquistó con los hombres de mayor influencia en esa zona”.

El rechazo de los grandes mineros y en general de la clase propietaria altoperuana (…) está estrechamente ligado al programa público sustentado por los patriotas (liberación del indio, reconocimiento de los Derechos del Hombre, repartición de tierras), e incluso el programa secreto, que puede haberse filtrado en sus propuestas más drásticas (confiscación de bienes para echar las bases del Estado empresario). El general Paz  sostiene que “Castelli la ofendió (a la aristocracia) provocando los furores de la democracia”, que es tanto como decir que los desharrapados de París no debieron cometer ‘extralimitaciones’ durante la Revolución Francesa para evitar que los nobles se disgustaran. “Esa furiosa democracia” era el estallido inevitable de varios siglos de absolutismo. (…) Cuando Castelli  llega a una comunidad y el jefe indio, no obstante considerarlo amigo, lo saluda arrodillándose a sus pies, rindiendo homenaje a la piel blanca del emisario de la Junta. ¿Debía Castelli legitimar esa sumisión para no disgustar a los grandes señorones? ¿O, como lo hizo, levantar al jefe indio y ponerlo a su nivel, como un igual, aunque a eso lo llamasen ‘furiosa democracia’?

Desde esa perspectiva revolucionaria, Castelli brinda a los indios su mensaje igualitario, apenas llegado a la ciudad de Charcas: “Me intereso en vuestra felicidad no sólo por carácter, sino también por sistema, por nacimiento y por reflexión”. Luego, agrega, criticando al Virrey Abascal… “¿De cuándo acá os considera dignos de tanta elevación? ¿No es verdad que siempre habéis sido mirados como esclavos y tratados con el mayor ultraje, sin más derecho que la fuerza, ni más crimen que habitar en vuestra patria? ¿Habéis gozado alguna vez esos empleos y honores que os ofrecen y lo que es más, aquellos mismos bienes que vuestro propio suelo os concede y la naturaleza os dispensa con absoluto dominio?... Bien sabéis que su lenguaje jamás ha sido el de la verdad y que sus labios nunca van de acuerdo con su corazón. Hoy lisonjean con promesas ventajosas y mañana desolarán vuestros hogares, consternarán vuestras familias y aumentarán los eslabones de las cadenas que arrastráis” “La Junta, en cambio, os mirará siempre como hermanos y os considerará como a iguales: este es todo su Plan y jamás discrepará de él mi conducta”. Poco más tarde, Castelli proclama que “el indio es igual a cualquier otro nacional y que es acreedor a cualquier destino o empleo” (N. Galasso, M. Moreno, “el sabiecito del sur”, páginas 78 y 79, Ediciones del Pensamiento Nacional)

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JOHN WILLIAM COOKE (EL “BEBE”) - (1919 – 1968)

Ignoramos cuantas unidades básicas llevan hoy su nombre. No sabemos tampoco, cuantos dirigentes peronistas recomiendan hoy sus libros. En los últimos años sólo tenemos el recuerdo de un acto en su homenaje, en el Teatro Municipal General San Martín, ámbito no demasiado acorde con su reivindicación. Incluso, podríamos decir que es ya casi un “maldito” dentro del Movimiento Nacional, así como tantos otros luchadores populares y antiimperialistas fueron y son “malditos” para el aparato de la cultura oligárquica. Y sin embargo, no hay posibilidad de enraizar con la tradición combativa y revolucionaria del peronismo sin toparse con este gordo increíble, tan paradojal que siendo un argentino entero tenía nombres cipayos, y figurando siempre entre los más “duros” llevaba un apelativo tierno de criatura (“el Bebe”).
Ahí está, con voz vibrante en 1947, negando su voto a las Actas de Chapultepec, enseñando él –un muchacho de 26 años- que la lealtad a la Revolución se nutre, a veces, en la disidencia coyuntural con las normas dadas por el líder del movimiento. Ahí está, luego, en los nefastos días del 55, parapetado tras la estatua de Juan de Garay, “bala y meta bala” contra los piquetes de la Infantería de Marina, avanzada de la contrarrevolución. Ahí está después, en “la resistencia”, nucleando gente, organizando, perfilando una estrategia, bajo la pérfida represión oligárquica, en esa lucha de dimensiones épicas que la amabilidad burguesa de tantos dirigentes peronistas pretende sumir en el olvido. Siempre apasionado, con la certeza de quien sabe que va por el buen camino de la historia, cultor tesonero del coraje de las ideas y de la idea del coraje… (Y después, Gordo, disfrazado de mujer, escapándote de las manos de la oligarquía, cruzando el helado sur, llevando en tu mochila la designación del delegado único otorgada por el General desde el destierro).

Inquebrantable en la lucha, intentó dotar al Movimiento de una organización que le permitiese retomar el poder. Así juzgaba imprescindible la formación de un estado mayor revolucionario en el propio teatro de operaciones, como asimismo las definiciones ideológicas precisas que impidieran oportunismos y equívocos tramposos. Supo, asimismo, acomodarse a las necesidades tácticas y por eso, él, que descreía de las posibilidades antiimperialistas de la burguesía industrial, firmó el pacto con Frigerio siguiendo las instrucciones de Perón. Con más ganas en cambio, porque era lo suyo, volvió poco después a la pelea, en la huelga general insurreccional de enero del 59, cuando el barrio “Los Perales” estalló de bronca, y Sebastián Borro conmovió a la oligarquía acaudillando la toma del Frigorífico “Lisandro de la Torre”. Ahí está entero el gordo Cooke, en el ímpetu revolucionario y en la desesperación ante la impotencia del “gigante miope” para quebrar a la reacción.

Por esa misma época, la Revolución Cubana lo conmueve profundamente y allí se va, por un tiempo, a ponerle el hombro a Fidel Castro y al Che, en la construcción del “hombre nuevo”, y no como otros, a ejercitar el turismo revolucionario, ni a buscar cargos ni becas de los hermanos que habían hecho la Revolución. Fue a explicar el peronismo, a estrechar vínculos entre aquella revolución triunfante y la nuestra, inconclusa; a predicar la unión en la Patria Grande como única manera de ser libres, a poner su experiencia al servicio de las masas populares de la América Morena. Además, al poco tiempo, este incorregible luchador se encontraba, metralleta en mano, sirviéndole confites a los “gusanos” que invadían la isla pertrechados por el imperialismo. Y lo hizo con el mismo apasionamiento y la misma convicción de siempre porque sabía, como había dicho su querido Jauretche, que “cuando es grande la ocasión / lo de menos es la vida”.

Pero Cooke sabía también que si es útil apoyar gestas como la cubana, con la idea y el brazo en la propia isla, más útil aún es apoyarlas llevando a cabo, cada uno, en el propio escenario de las patrias chicas, los procesos antiimperialistas y socialistas que debilitan al sistema en su conjunto. Por eso volvió al Plata y cuando vio a cierta dirigencia trenzando con diversos factores de poder, preocupados sobre todo por resguardar sus canonjías burocráticas, fustigó severamente a ese peronismo “de mesa servida”, a esos dirigentes “de la buena letra”.

En esa difícil lucha contra esa burocracia sindical y política que se negaba a una estrategia revolucionaria, gastó Cooke los últimos años de su vida. Ya se acercaban los estallidos populares del 69 y la irrupción tumultuosa de una juventud y vida de cambios, pero el cáncer le impidió asistir a esos momentos cruciales donde seguramente hubiese jugado un rol importantísimo.

Ya cercano el inevitable desenlace, donó sus ojos y su piel al banco de transplantes del Hospital de Clínicas. Tenía cuarenta y ocho años y faltaban dos días para que floreciera la primavera de 1968. Un periodista acotó, después: “no sólo sus ideas andan por la calle, sino también su visión y su sensibilidad”. Había sido consecuente hasta el final: su cuerpo y su espíritu volvían, irremisiblemente, al pueblo para proseguir la lucha. Porque John William Cooke pertenecía a la misma raza de aquel Valentín de la Sierra que el pueblo mexicano ha inmortalizado en un corrido:
“Valentín, como era hombre,
de nada les dio razón:
-Yo soy de los meros hombres
que han inventado la Revolución”.

(2004)

VER: BIOGRAFÍA DE COOKE

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EL CHE Y EL PERONISMO

(Nota escrita en el año 2013 por N. Galasso)

La imagen del Che fue reducida a la del guerrillero que menospreciaba a los movimientos nacionales y populares.

Hoy se cumplen 46 años del asesinato de Ernesto "Che" Guevara en Bolivia. Resulta entonces oportuno disipar algunos equívocos acerca de su posición respecto del peronismo, pues agrupaciones de la vieja izquierda se preocuparon durante muchos años por ofrecer la imagen de un "Che" antiperonista. O para ser aun más preciso: algunas, lo caracterizaron como "un loquito", un aventurero que por casualidad participó en una revolución triunfante en Cuba. Otras, intentaron apropiárselo mostrándolo como lo más opuesto a las luchas de los trabajadores peronistas. Varias eran las facetas que podían rescatarse en la lucha de Ernesto Guevara: su humanismo revolucionario, el planteo del "hombre nuevo" que vino a oxigenar a un socialismo tergiversado por el stalinismo, su concepción latinoamericanista, su antiimperialismo, su posición antiburocrática y su participación en la lucha armada que llegó a la victoria en Cuba. Pero de todas ellas, sólo se tomó la última y el poster del Che, metralleta en mano, se multiplicó en las habitaciones de los adolescentes de la clase media. Hubo, es cierto, quienes lo emparentaron, como ejemplo revolucionario, con Evita, pero a condición de considerar a Perón como un militar fascista.

La inoperancia y la impotencia de las izquierdas tradicionales –el reformismo de los socialdemócratas conformes con sancionar leyes sociales que no se aplicaban y el sometimiento de los comunistas a las orientaciones de la III Internacional rusificada por Stalin bajo la concepción del socialismo en un solo país, así como el trotskismo tergiversado– favorecieron la reducción de la figura del Che a la del guerrillero que menospreciaba o descalificaba a los movimientos nacionales y populares por su escasa vocación revolucionaria que sólo era posible cuando la política se sometía al dictado de las armas. En el caso argentino, se llegó a oponerlo lisa y llanamente a movimientos como el peronismo del '45.

Pero sucedió que un día el padre del Che publicó el libro Aquí va un soldado de América donde reprodujo cartas de Ernesto a sus familiares que refutaban la fábula de la pseudoizquierda. Ese libro circuló escasamente por los ámbitos de la izquierda tradicional pero, con el correr de los años, no han podido lograr silenciarlo.

De allí resulta que el Che no hizo política en la Argentina ni se fue a recorrer América Latina porque le resultase insoportable el peronismo de la Argentina. Apenas si concurrió a algún acto antiperonista, siendo adolescente, llevado por su padre. En sus dos viajes por América Latina puede decirse que el Che se buscaba a sí mismo, quería encontrar algo donde poner sus fuerzas que fuera humana y éticamente valorable, ya fuese atender leprosos corriendo el peligro del contagio, o sumergirse en las tradiciones de los pueblos originarios para recuperar los orígenes perdidos o simplemente, conocer en profundidad los diversos lugares del mundo de esa época que le había tocado vivir. En esas andanzas encontró latinoamericanos que le hablaban bien de Perón y Evita y a medida que comprendió la necesidad de la lucha antiimperialista comenzó a valorar lo realizado en la en Argentina a partir de 1945. Y de ahí provienen las cartas que su padre dio a conocer, provocando el escándalo del mexicano Jorge Castañeda: "El padre del Che intenta reescribir la historia al sostener que su hijo no era un combatiente antiperonista" (p. 55 de La vida en rojo). Indignación sin sentido, por supuesto. El padre sólo reproducía cartas de su hijo hasta ese momento desconocidas.

En ellas, el Che es contundente. Respecto al bombardeo del 16 de junio de 1955 afirma: "...no hay escapatoria posible ante la historia para los mierdas de los aviadores que después de asesinar gente a mansalva se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios". Con respecto al derrocamiento de Perón sostiene, en otra carta: "Te confieso con toda sinceridad que la caída de Perón me amargó profundamente..." Critica en otras cartas a la mal llamada Revolución Libertadora y se burla del proyanquismo de su padre y del antiperonismo de su madre y de su tía, definiéndose muy críticamente respecto de Aramburu y su gente. No es casualidad tampoco que ya triunfante la Revolución en Cuba, denomine "Descamisados" a su escuadrón, ni que sostenga "que en Cuba los únicos privilegiados deben ser los niños", repitiendo literalmente la frase de Perón. Tampoco es casual su amistad con John W. Cooke y su propuesta de que Perón pase a residir en Cuba. En este sentido, hay quienes perjuran que llegó a visitarlo a Perón en España y que le dio apoyo financiero para su regreso a la Argentina. También le envía a sus padres "un abrazo del tamaño del monumento al descamisado, no es el que iban a hacer sino el que está en el corazón del pueblo argentino junto a la imagen de nuestra querida pareja presidencial".

Picardías de las izquierdas que desvían los impulsos de adolescentes bien intencionados en querer cambiar el mundo. Tan graves como lo fueron también las picardías de la derecha peronista que ocultó mucho tiempo esta declaración de Perón al producirse el asesinato del Che: "Era uno de los nuestros... quizás el mejor." Hoy que Latinoamérica va hacia la reconstrucción de la Patria Grande, conviene empezar a eliminar estos malentendidos como el del supuesto rencor entre San Martín y Bolívar para colocar en un mismo camino a aquellos que –con matices o tácticas distintas– jugaron un rol fundamental por lograr su liberación, su unificación y el hombre nuevo. (N.Galasso, T.Argentino, 9/10/2013)

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QUE A MAURICIO NO LE VENGAN CON HISTORIAS
¿Cómo no va a estar preocupado Mauricio si él, con mucho esfuerzo, estudió la historia liberal oligárquica?

Últimamente se ha abierto la discusión sobre la verdadera Historia Argentina y Mauricio Macri está muy preocupado, sumamente preocupado.
En poco tiempo, se ha televisado Las huellas del secretario, una excelente serie con elementos ficcionales y detectivescos, que nos demuestra desde la veracidad del Plan de Operaciones hasta el intento desesperado del mitrismo por "perderlo", ocultarlo o destruirlo, desde el envenenamiento de Moreno hasta el permiso otorgado por Mitre al Brasil, durante la Guerra de la Triple Infamia, para arrojar a los muertos por cólera al Paraná, pues si se contagiaban los litoraleños carecía de importancia pues son "opuestos" a su proyecto agroexportador. Y Macri está preocupado. Al mismo tiempo, la cinematografía nos aportó Moreno, vida, pensamiento y crimen político, arte puesto al servicio de la revolución, donde se ratifica el plan, así como la desaparición del secretario de la Junta a manos de los enemigos de Mayo. A su vez, canal 7 organizó dos mesas redondas, una sobre el genocidio cometido por el mitrismo, "los colorados orientales" y el Brasil sobre el pueblo paraguayo y otro debate sobre Ángel Vicente Peñaloza, "El Chacho", como líder popular y enemigo del centralismo porteño, que también se pasaron como series televisivas. Y Mauricio no duerme, está amargado y triste. Asimismo, Canal Encuentro aporta también lo suyo y Mauricio incrementa su consternación. A su vez, Eduardo Anguita, con su programa Historia en debate, multiplica nuevas controversias respecto a aquello que Mauricio aprendió leyendo la revista Billiken y en las aulas aristocráticas del colegio Cardenal Newman. Y sufre, entonces, la crisis profunda en que languidece la Historia Oficial que adormeció a varias generaciones de argentinos.

Claro que cuando se critica a los titulados "próceres" y se recupera a los "malditos" tanto tiempo silenciados, estos procesos no son prolijos ni totalmente coherentes. Aparecen improvisadores, "trepadores" que se prenden a la oleada cuestionadora. Abundan los médicos y psicólogos que simplifican las luchas sociales apelando a patologías personales y que no trepidan en exaltar a Mitre junto a los caudillos federales. Surgen "panqueques" que ayer mismo aplaudían a las diversas versiones del liberalismo oligárquico confiando en que no tenemos memoria. Curiosamente, algunos son "rosistas" y "chachistas" al mismo tiempo, lo que hubiera escandalizado a Rosas y al Chacho, este último tres veces exilado bajo el gobierno del Restaurador. Otros simplifican confundiendo a Sarmiento con Mitre, sin reparar en sus profundas disidencias como lo prueba el archivo de La Nación entre 1868 y 1874. Hay quienes, a su vez, exaltan a un "refugiado" en California, desde hace más de medio siglo, como el mayor historiador argentino, lo cual resulta útil para conservar espacios de gloria barata dentro del sistema. Otros redoblan esfuerzos, hora tras hora, con empecinamiento desmesurado, para derrumbar a una estatua, reduciendo a una persona la polémica histórica e ignorando, por supuesto, los sucesos del 80, con 3000 muertos. También han aparecido los que, por fin, han descubierto a los pueblos originarios, por los cuales claman con justicia, pero despreocupándose de los gauchos y especialmente del "aluvión zoológico", según llaman al 45, pues este está más cerca y es más peligroso para el orden constituido. Hasta nos encontramos ahora con quienes inventan un saavedrismo popular recogiendo las enseñanzas de Hugo Wast para quien, en su libro Año X, Moreno ya era marxista... siete años de que Carlos Marx llegara a este mundo (1817) y de allí reivindican una Revolución de Mayo tradicionalista y antisocialista, cualquier cosa "menos plebeya". ¿Cómo entonces no va a estar preocupado Mauricio si él, con mucho esfuerzo, estudió la historia liberal oligárquica y todavía lee con gusto los artículos cada vez más reaccionarios de Luis Alberto Romero, hijo del historiador José Luis Romero? ¿Cómo no va a padecer insomnios si la mayoría de estos historiadores no le dan una visión general de la historia, desde los pueblos originarios hasta nuestros días, sino que le aportan fragmentos que, como no pueden unirse, por contradictorios, llevarán a los estudiantes a cualquier conclusión transgresora, como por ejemplo, justificar las confiscaciones y el proteccionismo que aconsejaban Moreno y San Martín?

Podría suponerse que Macri optaría por aumentar las clases de historia argentina para debatir en profundidad y seriamente sus diversos procesos y personajes. Pero de ello resultaría una batalla perdida para su conservadorismo. Mauricio intuye que las conclusiones serían sepultar a la historia mitrista y remplazarla por una historia donde el protagonista principal es el pueblo argentino. Y de aquí considera que lo mejor es que no sepan nada de historia, de la vieja que está en desgracia, ni de la nueva que, a pesar de sus contradicciones, está emergiendo y puede ser peligrosa.

Por otra parte, no vaya a resultar que a los chicos se les ocurra investigar toda la historia pasada y presente e inclusive la historia de los Macri y del mismo Mauricio. Ello sería "un escándalo" como decía Pino antes de cometer el escándalo mayúsculo de encariñarse con Carrió. Un estudio profundo de la verdadera historia podría sacar a luz el contrabando de autopartes cuando Mauricio era director de Sevel o la estatización de la deuda externa privada que benefició a Socma (Macri) en 27 millones de dólares. Nada de historia, pues. Pero, además, sería bueno reducir también las horas de estudio de Economía y asimismo de Derecho, pues alguien podría concluir que su DNU de días atrás está en la mejor tradición del mitrismo cuando quiso transformar la provincia de Buenos Aires en la República del Río de la Plata, renegando del resto del país.

Pero, Mauricio, se torna optimista después de juguetear con Antonia y dice: para qué estudiar el pasado, miremos al futuro. Sin embargo, ignora que Antonia vivirá un mundo distinto donde se estudiarán esas materias en profundidad y seriamente. Se lo anticipamos: el futuro no existe para los Macris, ni para la gente de su clase, ni para el colegio Cardenal Newman. Vienen otras épocas, Mauricio. No hay que cerrar las escuelas sino abrirlas cada vez más ampliamente a todas las polémicas. No corra el riesgo de que aquí a unos pocos años –como ya ocurrió con muchos hijos de "gorilas", años atrás– Antonia le diga: –Viejo, me ocultaste la historia, me enseñaste todo al revés, y ahora tengo que desaprenderlo todo para encontrar la verdad. . (T.Argentino, 22/6/2013)

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LAS SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ENTRE DOMINGO F. SARMIENTO Y RAÚL SCALABRINI ORTIZ

Norberto Galasso coteja los legados del autor de Facundo o Civilización y Barbarie y el pensador nacional de FORJA, ambos nacidos un 14 de febrero, acaso una "picardía de la Historia"

El 14 de febrero resulta una fecha interesante con distintos significados. Si estuviésemos en período lectivo, seguramente docentes y alumnos la festejarían como el  14 de febrero de  1811, fecha del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento, mientras la militancia del campo nacional la remitiría al 14 de febrero de 1898, día en que llegó  a este mundo Raúl Scalabrini  Ortiz (aunque en algunas biografías se ha cometido la errata de darlo por nacido el  14 de abril).

Esta  coincidencia parece una picardía de la Historia porque en el aspecto ideológico el antagonismo entre ambos es notable e  incluso muestran divergencias en  sus caracteres picológicos, aunque también es cierto que los simplificadores de la historia argentina han agravado las distancias entre ellos, acentuando divergencias y ocultando algunas coincidencias. 

Sarmiento irrumpió en nuestra historia a gritos, a empujones, a trompazos, proclamando furiosamente que era “Yo”, el “don Yo” que había destruido a  “la barbarie federal” y el “don Yo” que se anticipaba al futuro, en medio de un ámbito político mediocre. Y estuvo en todas, con su vozarrón, insultando, bramando sus tremendos juicios antipopulares en  frases agraviantes y belicosas. Fue hombre del mitrismo en los años  cincuenta y después, al llegar a la presidencia, gobernó teniendo al mitrismo como principal antagonista y lo reprimió con las armas en 1874 para imponer su sucesor, Avellaneda. Fue también legislador y  ministro y pretendía una segunda presidencia.

Promovió la inmigración pero luego la vituperó en La condición del extranjero en América juzgándola inferior al nativo, libro que la Historia Oficial ha escamoteado. Fue elitista, pero defendió con ardor la igualitaria Ley 1420 de enseñanza laica. Octavio Amadeo lo dibujó en pocos trazos: “Era ejecutivo y feroz frente a la anarquía... No participó en la ejecución del Chacho pero lo hubiera hecho con  placer... Era jactancioso y provocativo, sacaba la lengua  y se golpeaba la boca, Lanzaba su mala palabra y se ponía su penacho de piel roja, con cascabeles y plumas, carnavalesco y sublime... Contribuía a cimentar la fama de su desequilibrio su popular vanidad” (“Por fin entre nosotros, le dijeron en el manicomio cuando lo visitó como presidente"). “Tenía una vanidad proverbial y candorosa... Su aspecto es plutónico, parece que hubiera brotado de alguna rajadura de la tierra... No es difícil imaginarlo  desprendiéndose de los árboles para cometer violencias en la selva... Habla con desenfado, con los botones desprendidos, sin pedir excusas... Su audacia es frenética; su esperanza, obcecada... Allí va el viejo loco, de grandes orejas y labios gruesos, gesticulando”...

Fue indiscutiblemente un gran prosista pero también un gran imaginativo, por no decir mentiroso,  que llenó su Facundo -según él mismo lo confesó en carta a  Paz- “con  mentiras puestas a designio” y no tuvo sensatez en  sus debates, donde combinó bastonazos y puteadas. Quiso crear una Patria -ello explica, después de 1868, su enfrentamiento con el mitrismo- como si su corazón albergara una pasión nacional, pero su cerebro respondía a una concepción colonial. Por eso, por su prédica de “civilización o barbarie”, ensalzando al opresor y denostando al nativo, su retrato ocupó hasta los últimos rincones de todas las escuelas del país convertido en semicolonia inglesa. 

Scalabrini llegó después, 87 años más tarde. Y nunca pretendió ser “don Yo” sino “uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”. Fue poeta, boxeador, agrimensor, periodista, hombre de la noche porteña que indagaba en la filosofía de El hombre que está solo y espera, hasta que la crisis económica del 30 le permitió descubrir el  vasallaje que sufría la Argentina. Él, que seguramente había recibido en los colegios la leyenda mitrista sustentada en la opción que había predicado Sarmiento, rompió lanzas con aquella enseñanza: “Todo lo que nos rodea es falso e irreal, falsa la historia que nos enseñaron, falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron, falsas las perspectivas mundiales que nos presentan, falsas las disyuntivas políticas que nos ofrecen, irreales las libertades que los textos aseguran”. Y dijo más: “Hay que volver a la realidad y para ello exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos”. Así impugnó a la superestructura cultural montada por la oligarquía a la cual el sanjuanino -más de una vez peleado con los estancieros- había aportado su “civilización y barbarie”.

Pero ya en los años treinta era imposible hacerse oír a gritos, como en la época de Sarmiento. Había que investigar, descubrir “la tela de araña metálica (los ferrocarriles) que aprisionaba a  la república” y decirlo modesta, pero enérgicamente, en un sótano de  Lavalle  1725 donde funcionaba FORJA. No era posible transgredir la ideología oficial desde los grandes diarios  donde el mismo Scalabrini había ejercido como periodista, sino sólo hacerlo en un semanario de escaso tiraje: Señales, en cuadernos y volantes entregados en mano y de vez en cuando, desde la tribuna esquinera, montada sobre cajoncitos de cerveza. 

Con la nueva concepción nacional no era posible llegar a   legislador, ministro o presidente, como el sanjuanino, ni meterse en el barullo  de la política llevándose todo por delante. Había  que trabajar pacientemente, pero rechazando  los cantos de sirena del sistema, comprometerse con la verdad recién revelada aún sabiendo que ello significaba suicidarse para las condecoraciones municipales, los premios de cultura, los sillones de las Academias, las redacciones de los grandes diarios “Y me suicidé... Para vivir, era indispensable matar todo lo que constituye para los hombres normales una manifestación de vida: la lucha de posiciones, el éxito, la pequeña vanidad, la pequeña codicia, el pequeño engreimiento... Matar todo eso es como suicidarse... y quedé convertido en puro espíritu (en “maldito” para el sistema semicolonial)... Las demoníacas potencias del imperialismo británico serían ya inermes para mí... Pero no hay derrota que pueda desalentarme”. Así aceptó el ostracismo, el silenciamiento, las urgencias económicas, para poder dar su verdad en la conferencia barrial, en el diario de escasa circulación, en la conversación de la mesa de café. 

Como alguien enseñó alguna vez, quizá Scalabrini Ortiz estaba seguro de la “inevitable irradiación de las ideas necesarias” y por eso sintió como propio del  17 de octubre de  1945: “Era el subsuelo de la Patria sublevado... Lo que  yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”. 

Pero no le interesaba personajear, ni trepar a los cargos, ni obtener aplausos ni prebendas, ni inflar su yo. Por eso no aceptó cargos al triunfar el peronismo. Prefirió aportar desde el llano, desde donde pudiera, como un místico de la política, como un argentino auténtico. Por eso, también mantuvo su espíritu crítico. 

Entendió que el peronismo erraba algunas veces pero lo expresó en el círculo íntimo. La crítica pública favorecería a la derecha que quería volver al viejo país. Él no se dejó envolver en abstracciones como Sarmiento, sino que entendió que a veces no se puede avanzar tanto como se desea porque enfrente está el enemigo que quiere volver: “Hay muchos actos y no de los menos trascendentales por cierto, de la política interna y externa del General Perón, que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política,  estas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias”. Y reforzó la argumentación sosteniendo: “No debemos olvidar  en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación- que las opciones que ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de  optar entre el general Perón y el Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y  Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”.

Los dos murieron pobres. No hubo sucesión en el caso de Scalabrini y la casa que alquilaba  para él y su familia, después declarada monumento histórico, está hoy en manos de la usurpación legitimada por la dictadura genocida. Tampoco puede decirse que Sarmiento se hizo estanciero o tuvo un diario de larga vida, como en el caso de  Mitre, pero sí que la clase dominante usó su pensamiento colonial para, como dice Jauretche, “azonzarnos” y fue justamente Scalabrini, aquel “que pertenecía “a los de nadie y sin nada”, que había nacido  también un 14 de febrero, quien luchó indoblegablemente  para destruir  esa superestructura ideológica, es decir, la maquinaria de  azonzamiento, lucha que continuamos hoy  porque  todavía hay sarmientudos que son, por supuesto, los continuadores de lo peor de Sarmiento y negadores de sus aciertos.

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EL LEGADO FEDERAL DE "EL CHACHO"
El 12 de noviembre de 1863 moría asesinado el general Ángel Vicente Peñaloza luchando contra el centralismo porteño del entonces presidente Bartolomé Mitre.
Norberto Galasso recuerda la figura del gran caudillo riojano. 

Nacido en Guaja, caserío de la Costa alta de los Llanos en La Rioja, en 1798, El Chacho fue uno de los más consecuentes luchadores contra el centralismo porteño, a la cabeza de sus gauchos montoneros.

Se levantó como hombre de Facundo Quiroga contra la política rivadaviana que pretendía dominar a las provincias, se insubordinó luego tres veces ante la política rosista de mantener el control de la Aduana para Buenos Aires por lo cual debió exilarse en Chile y, especialmente, se jugó la vida contra el mitrismo que después de Pavón quería organizar la semicolonia en connubio con los capitales británicos. 

En estas diversas ocasiones, la Provincia Metrópoli, como la llamó Alberdi, pretendía mantener el control del puerto único, las rentas aduaneras, el crédito y la política económica para crear un país hacia afuera, dependiente del capital extranjero, dando la espalda a las provincias interiores.

Aquella región que mantenía la mayor parte de su población y de su actividad económica y cultural, en 1810, desde Córdoba hacia el norte, habría de retorcerse sobre sí misma por obra de la oligarquía mitrista para crear la semicolonia de cabeza enorme sobre el litoral y el resto convertido en provincias raquíticas.

El Chacho fue uno de los que más luchó contra ese proyecto oligárquico y semicolonial.

Su derrota fue la derrota de la Argentina latinoamericana, hacia adentro, popular, integrante de la Patria Grande que soñaron San Martín y Bolívar, de esa Unión Americana por la que peleó su amigo y sucesor, Felipe Varela.

Pero para no caer en simplificaciones y hacer verdadera historia, en serio, mejor dejemos hablar a los protagonistas:

Después de Pavón –cuando Urquiza se retira del campo, al tranco, entregándole el triunfo a Mitre–, Sarmiento le escribe a este: "No trate de economizar sangre de gauchos. Es lo único que tienen de humano. Este es un abono que es preciso hacer útil al país." (20/9/1861). Tiempo después, El Chacho arenga a sus paisanos: "Al abrir esta campaña no olvidéis que vais en busca de hermanos... No, la sangre argentina debe economizarse ..." (26/3/63).

Mitre, por su parte, decide arrasar con todo el oeste y noroeste opositor y ordena: "Mi idea se resume en dos palabras: quiero hacer en La Rioja una guerra de policía. La Rioja es una cueva de ladrones, que amenaza a los vecinos y donde no hay gobierno que haga nada... Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de considerarlos como partidarios políticos, ni elevar sus depredaciones al rango de reacción, lo que hay que hacer es muy sencillo." (Mitre a Sarmiento 29/3/1863) De Mitre hablamos, aunque parece Videla.

Sarmiento comprende: "Entonces, es permitido quitarles la vida donde se los encuentre." Y ya le ha dicho a Mitre: "Son animales bípedos de tal perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor." (Sarmiento a Mitre, 24/3/1863)

Mitre, a su vez, estaba convencido: "Mejor que entenderse con el animal de Peñaloza es voltearlo... Aprovechemos la oportunidad de los caudillos que quieren suicidarse para ayudarlos a bien morir... Al Chacho es preciso que se lo lleve el diablo barranca abajo." (Mitre a Marcos Paz, 10/1/1862)
Pero El Chacho resiste con su pueblo y confía en que Urquiza se levantará contra Buenos Aires: "Me he puesto a la cabeza del movimiento de libertad, igual al que usted hizo el 1 de mayo en esa heroica provincia contra la tiranía de Rosas. Si usted estuviese en estos pueblos vería cuánto han sufrido y cuánto los han asesinado y vería que este movimiento es contra otra tiranía peor que la de Rosas. Nada nos falta sino que usted monte a caballo... y mande todo el armamento que pueda" (El Chacho a Urquiza, 7/6/1863 y 14/6/1863). Pero Urquiza sólo quiere hacer negocios y El Chacho es derrotado en Lomas Blancas, Las Playas y Caucete. El 12 de noviembre se rinde en Olta. Los mitristas lo matan y lo degüellan. Su cabeza es colgada en una pica de una plaza de Olta. 
Sarmiento: "He aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses." (Sarmiento a Mitre, 18/11/1863).
"El Chacho, pobre y desnudo de recursos, arrastraba a la mitad de la República... Su adversario, a la cabeza del gobierno de San Juan... temblaba de miedo ante la popularidad del Chacho y de miedo, lo hizo matar alevosamente... La vida real del Chacho no contiene un solo hecho de barbarie igual al asesinato del que él fue víctima." (Alberdi en Grandes y pequeños hombres del Plata, p. 319 y 334).

"Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generoso y valiente que ha tenido la República Argentina. El Partido Federal tiene un nuevo mártir. El partido Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El General Peñaloza ha sido degollado... Acaba de ser cosido a puñaladas, en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento. El partido que invoca la ilustración, la decencia, acaba con sus enemigos, cosiéndolos a puñaladas. El partido Unitario es lógico con sus antecedentes de sangre. Mata por su índole perversa, mata porque una sed de sangre lo mortifica, lo sofoca, lo embrutece... ¡Maldito sea! ¡Maldito, mil veces, maldito sea! el partido envenenado con crímenes que hace de la República el teatro de sus sangrientos horrores." (José Hernández, en Vida del Chacho).

El "chacho" en canal encuentro

El canal educativo Encuentro estrenó el sábado pasado una docu-ficción titulada Rebelión en los Llanos. Vida, resistencia y muerte del Chacho Peñaloza, filmada en los escenarios naturales de La Rioja, que recrea la historia, la figura y los últimos años de lucha del caudillo. El primer capítulo, titulado "El héroe de Guaja" (que se repetirá el miércoles a las 15), está referido a los orígenes del Chacho en Guaja, su pertenencia a Los Llanos, sus primeras armas junto a Facundo, su oposición al régimen rosista y su época de esplendor como hombre fundamental en el proyecto de la Confederación. El ciclo incluye poemas y canciones de Jorge Cafrune. (N. Galasso, Tiempo Argentino, 12/11/2012)

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HOMENAJE A QUIEN FUE UNA PIEZA CLAVE DE LA RESISTENCIA PERONISTA

Trató a Juan Domingo Perón de igual a igual, se consideró marxista y también peronista, fue un intelectual y también un hombre de acción. Viajó a Cuba y junto a su mujer de transformó en miliciano y participó de la Revolución.

Pocos personajes de nuestra historia ofrecen facetas tan singulares como la de este gran pensador y luchador argentino. Se llamó John William cuando seguramente él hubiera querido que lo denominasen Juan Guillermo. Se consideraba peronista pero también marxista.  Como integrante del peronismo fue –casi seguramente– el único que discutió con el general Perón de igual a igual, sin inhibiciones ni reservas mentales: "Usted procede en forma muy diferente a la que yo preconizo y a veces, en forma totalmente antitética" (enero 1966). El único que se animó a decirle que algún día iba a morir (3/3/1962). Fue intelectual profundo, pero al mismo tiempo hombre clave de la resistencia y se lanzó con "una pistola 45" y tres cargadores de balas a parar a los marinos en junio de 1955. Tenía cierta renguera y un cuerpo voluminoso pero le encantaba bailar el tango. Fue  invitado a un congreso en la Cuba presidida por Fidel y lo retuvieron en el aeropuerto porque el Partido Comunista de la Argentina dio malos informes sobre él ("¿Qué tal, Cooke? ¿Está en cana?", le dijo sonriendo El Che y aclaró la situación). Una anécdota resume su independencia de criterio y su singularidad en sus opiniones. Ante las diferencias que mantiene con Jorge Antonio, Perón intenta limar asperezas y para calmarlo le dice: "Pero, Bebe, Jorgito es millonario, pero es un millonario peronista." Y él le responde: "Mi General, disculpe, pero yo no hago esos distingos. Para mí, no hay millonarios peronistas y millonarios antiperonistas, los millonarios son millonarios, nada más."

Pero quizá lo que otorga a Cooke una característica aun más propia y definida está dada por su permanente transformación, a través de la acción política, al mismo ritmo que se modificaban y profundizaban las posiciones de las grandes masas. Él provenía de una familia de irlandeses en cuyo hogar se hablaba en idioma inglés y en lo político, seguían la tradición radical. Su padre, Juan Isaac era dirigente importante de la UCR y como tal estaba alineado, en la segunda guerra, en el campo aliadófilo, donde también se situaba  John en su juventud, celebrando los triunfos de Inglaterra. Pero al crecer el movimiento obrero y alcanzar el protagonismo del 17 de octubre, John ya integra el movimiento nacional e ingresa al Congreso de la Nación como diputado. Ha comprendido que soplan vientos de revolución y que el peronismo viene a cubrir el vacío dejado por los viejos partidos perimidos. Entonces afirma: "En 1945... el peronismo fue el movimiento que surgió y triunfó contra todos los partidos, que hizo saltar el esquema de los partidos repartiéndose el poder político. No es que la izquierda hacía crisis; es que era una parte de la superestructura política del imperialismo y saltó junto con los demás pedazos de esa superestructura... El movimiento popular que atacó a la oligarquía y al imperialismo pasó a ser la izquierda por cuanto representaba las fuerzas del progreso nacional y de la independencia del extranjero. Fue una situación revolucionaria, donde los esquemas teóricos no servían. Faltaba una Izquierda Nacional y ese papel pasó a ocuparlo peronismo, aunque sin definirse como tal."

En su gestión parlamentaria, siendo el diputado más joven –"El Bebe", lo llamaron– fue el más sólido y brillante. A él recurrió Perón después del tremendo bombardeo del 16/6/55 para reorganizar el partido en la Capital Federal, pero ya era muy tarde y el gobierno fue derrocado en septiembre. Una tremenda noche de terror y silenciamiento cayó sobre el peronismo en esos años, resumida en la delirante mordaza del Decreto 4161 y los fusilamientos del '56. Cooke, mientras tanto,  intentaba armar "la resistencia" y era paseado por todas las cárceles del país, hasta "el infierno blanco" de Ushuaia e inclusive sufre simulacro de fusilamiento. Producido el triunfo de Frondizi en 1958, cuando los obreros se levantan contra la primera privatización impuesta por el FMI, Cooke avanza aun más en su posición e intenta convertir esa lucha en paro general, en un momento en que era delegado personal de Perón y más aun, el único a quien Perón alguna vez designa su sucesor para el caso de su muerte. Pero la burocracia política del peronismo le boicotea su acción y después de denunciarlos ante Perón, viaja a Cuba, donde adhiere fervorosamente a la Revolución. Tiempo más tarde es miliciano, al igual que su mujer Alicia Eguren, y participan en la lucha cuando el imperialismo invade Bahía de los Cochinos.

Reside unos pocos años en la isla y allí les explica a muchos cubanos mal informados los progresos alcanzados por las mayorías populares dela Argentina durante los dos gobiernos de Perón. Luego se desempeña como representante de Fidel y El Che ante Perón –en España– sugiriéndole se traslade para residir en Cuba, a lo cual el General le responde: "Dígale a Fidel que él hizo el asalto al Moncada llevando consigo el rosario y la cruz y yo todavía tengo que seguir llevándolos."

En esa época es un socialista convencido, pero al mismo tiempo se sigue considerando peronista y por ambas banderas milita sin cesar. Parte de esa lucha queda registrada en una rica correspondencia mantenida con el General durante una década (1956-1966). Allí analiza la correlación de fuerzas, la imposibilidad, por ahora, de la revolución armada, como asimismo la importancia que tendría abandonar la conducción pendular de un movimiento policlasista para acentuar sus rasgos revolucionarios. Comprende que "el peronismo es el hecho maldito del país burgués", pero también que "es un gigante invertebrado y miope" si no se dan los cuadros necesarios y no se desplaza a los burócratas políticos y sindicales. En esas cartas, Perón le explica que hay que ser como el Papa "que benedice a tutti", que la unidad es lo principal dado el poderío del enemigo. Cooke no está de acuerdo y se atreve a refutarlo: "¿Para qué nos sirve el número, para votar en las elecciones que no se han de realizar?" También afirma: "Peronismo y antiperonismo son, en esta etapa, la forma en que se da políticamente la lucha de clases..." ¿Unidad para qué, entonces? Su opinión es que obispos, generales y empresarios están de más en el peronismo. Perón le contesta, desde su condición de líder nacional, que si los echamos, engrosaremos las fuerzas del enemigo. Otras veces el General no le responde por un tiempo. A veces, le señala: "Querido Bebe: ... muchas gracias por su interesante y valiosa información..."Los “leales” y los desleales cuentan sólo para construir y debemos manejarlos a todos porque si no llegaríamos al final con muy poquitos. Por otra parte, hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar, usando a los primeros sin reservas y utilizando a los segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga defeccionar. Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos." En otras cartas, también se observa que intenta persuadirlo: "Usted tiene razón, Bebe, lo felicito…" Pero al final de la carta le reitera la política de "bendecir a todos", como única manera de aislar a la oligarquía y al imperialismo. Pero Cooke insiste: "Cuando usted ya no esté, ¿qué significará ser peronista?"

A finales de 1963, Cooke regresa a la Argentina y crea Acción Revolucionaria Peronista, es decir, intenta formar una izquierda orgánica, dentro del movimiento, para estar en condiciones de incidir mejor. Ideológicamente su influencia se difunde, pero –y él no tiene duda alguna– la clase trabajadora, en su abrumadora mayoría, está con el General y no ve la necesidad de construir el partido revolucionario que él preconiza.

En sus últimos años, concurre a varios congresos en Cuba y reafirma allí su posición revolucionaria e inclusive adhiere a la lucha armada que se intenta en otros países. Sin embargo, aún en sus últimos escritos, sostiene: "Perón no sólo es el artífice de la única época en que el obrero fue feliz –década que el tiempo y el drama de hoy embellecen aun más en la nostalgia– sino algo más importante es el recuerdo, el símbolo de la primavera revolucionaria del proletariado argentino, del momento cenital de las grandes conquistas sociales y las reivindicaciones nacionales. Por eso, su mito se alimenta tanto de la adhesión de los obreros como del odio que le profesa la oligarquía, no atenuado por los años porque es el reverso del amor de los humildes… En el laberinto de la política a ras del suelo a que nos tiene acostumbrados nuestros burócratas Perón parecería estar bloqueando vaya a saber qué caminos. Desde las alturas de las formas superiores de la lucha revolucionaria, no obstruye nada. El pueblo se resiste a abandonar sus ídolos acreditados en el milagro por otros no probados… El prestigio de la conducción revolucionaria de esta nueva generación se cargará con el magnetismo de su antiguo prestigio."

Por entonces, lo toma el cáncer. A los pocos meses, el 19 de septiembre de 1968, muere, pero su última voluntad –hecho todavía insólito en la Argentina de 1968– es que sus órganos vitales sean usados para quien los necesite, como si quisiera que sus ojos siguieran viendo, desde otro cuerpo, los cambios de su querida América Latina, en busca de su destino igualitario. (N.Galasso, T. Argentino, septiembre 2012)

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EL GENERAL SAN MARTÍN Y LA CULTURA POPULAR

Ha transcurrido un nuevo aniversario del fallecimiento del General San Martín y varios han sido los actos y artículos en su homenaje. Pero lo popular de San Martín no ha despertado el interés de la mayor parte de sus panegiristas. Conviene, pues, una vez más, volver sobre este aspecto: el San Martín popular.

A poco de regresar a Buenos Aires –en 1812– la aristocrática familia Escalada lo invitó a cenar y él llevó a su edecán. Mandaron a este a la cocina y cuando San Martín supo eso, se levantó, fue también a la cocina y se sentó al lado de su edecán, con los sirvientes. En vano, intentaron hacerlo levantar. Él les dijo: "Donde come mi edecán, como yo." Esto le valió el apoyo de "El Plebeyo", que le impusieron peyorativamente los hermanos de Remedios. Una descendiente de los Escalada lo recordaba diciendo: "Era un ordinario, un grosero… Para el casamiento (los padres) le encargaron a tía Remedios un ajuar de Europa, vestidos paquetísimos, lencería de puntillas, escarpines de  raso… Él lo devolvió todo diciendo que "la mujer de un soldado no puede andar calzada de seda". (El compañero Agustín Rossi, que entiende lo popular, podría poner un recuadro con esta anécdota, a la entrada del Colegio, digo, nada más, pues sería una forma de robustecer la tradición sanmartiniana del Ejército).

Del mismo modo, a lo largo de sus luchas, los enemigos, como forma de intentar denigrarlo, lo apodaron "indio misionero", "tape de Yapeyú", "cholo de Misiones", así como la oligarquía chilena, a modo de vituperio, lo llamaba "El Paraguayo". No sería de extrañar que algún vecino "culto" y de tez blanca de la Recoleta o Belgrano lo preciara hoy como "negro" o "cabecita negra" o, más elegantemente, "hombre oscuramente pigmentado". Así procedió, por ejemplo, el jefe absolutista de Chile, Marcó del Pont, al entregarle una nota a un oficial del Ejército Unido, argentino (de los Andes)–chileno, diciéndole con desdén: "Yo firmo con mano blanca, no como San Martín, que la suya es negra."

Interesa recordar, asimismo, una anécdota referida por el propio General. Cuenta que muchos años  después, en Francia, "llegó a verme un papeluchista que traía documentos que me atribuían antepasados nobles… Harto fastidiado por el papeluchista, observando que nadie nos oyera y alzando los ojos al cielo, al pedir interiormente perdón a mi  honrada madre… grité, zamarreando al falsificador de noblezas: 'Mire, señor, yo no soy el tal conde de San Martín porque soy hijo de una gran re…cluta,  que hacía la guardia con mi padre en Misiones'."

"San Martín no tenía nada que ver con los intereses de los terratenientes", señala el historiador Joaquín Pérez al referirse a las evasivas de aquella oligarquía ante su reclamo de apoyo para avanzar en la campaña hacia el Perú. De ahí también su controversia con el aristócrata europeizado don Bernardino Rivadavia –disidencia de proyectos  políticos y hasta de costumbres– con quien estuvo a punto de batirse a duelo, en Londres, en 1825, por las persecuciones de que había sido objeto durante su gobierno.

Tiempo después, le escribe a su amigo Tomás Guido: "Usted más que nadie, que  ha estado cinco años a mi lado, debe haber conocido mi odio  a todo lo que es lujo y distinción, en fin, a todo los que es aristocracia."

En estos momentos que vive la Patria, cuando el imperialismo financiero lanza sus buitres –en connubio con los buitres que habitan nuestro suelo para arrasar con nuestra soberanía y nuestros recursos– creo que es conveniente recuperar a ese San Martín popular, aquel que vinculaba la libertad nacional con lo popular, en aquella proclama de 1819: "Si no tenemos dinero, carne y tabaco no nos han de faltar; cuando se acaban los vestuarios nos vestiremos con esas bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota, como nuestros hermanos los indios. ¡Seamos libres y lo demás no importa nada!". (Norberto Galasso, Tiempo Argentino 23/8/14)

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QUIÉN FUE JOSÉ DE SAN MARTÍN Y QUÉ CONTÓ DE ÉL LA HISTORIA OFICIAL
Generación tras generación se ha contado una historia tergiversada basada en los conceptos del mitrismo que eligió presentarlo a la posteridad como un héroe digno de estar al lado de Rivadavia y de otros próceres unitarios.

La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona– que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España. Mitre poco nos dijo sobre su estadía allí, salvo que a los once años ingresó al ejército español como cadete en Murcia, y menos aun nos relató datos fundamentales para conocerlo: dónde y qué estudió, si bailó y tuvo novia, si corrió peligros en muchas batallas, si lo deslumbró la Revolución Francesa de 1789 o la insurrección popular en la península ante la invasión napoleónica, en mayo de 1808. Nos recordó en cambio que sobresalió en las luchas de Arjonilla y Bailén y de repente, siendo teniente coronel de caballería de ese ejército en el que ya había peleado más de 20 años, nos dijo que decidió, de repente, regresar al Río de la Plata para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810. ¡Qué hombre extraño!, ¿no es cierto?

Habiendo aprendido a leer, a sumar y restar, a conocer de la geografía y la historia españolas, impregnado de esa cultura, habiendo combatido largamente bajo la bandera española, acostumbrado a repetir refranes o giros lingüísticos hispanos, ¡venir a dar su vida peleándole al ejército del cual había formado parte tantos años! Pero lo hizo tan bien, enseñó Mitre, que merecía colocárselo junto a grandes patriotas como Rivadavia y otros próceres unitarios y colmarlo de halagos en las fiestas escolares. Él quería, según Mitre, liberar a los países de América del "yugo español" –al cual había defendido 22 años– y que cada uno se declarara país independiente, aunque no explica por qué razón se fue a pelear a Chile –en vez de defender a Buenos Aires acosada por los montoneros artiguistas– y después se hizo protector del Perú, como si fuera un apátrida, un aventurero o peor aun, un mercenario, pero sí nos señaló que hubiera hecho más proezas si no se hubiese cruzado en su camino un tal Bolívar que le quitó la gloria de dar el golpe final al ejército español en el Perú, maniobra de la cual fue víctima, dada su generosidad, que debe llevarlo a la condición de "Santo de la Espada" (según Ricardo Rojas) y no de ambicioso expansionista que quería unir a Hispanoamérica como aquel venezolano "pícaro y mujeriego".

Esta leyenda sobre San Martín fue repetida generación tras generación, puesto que Mitre había sido consagrado Padre de la Historia por la clase dominante y después lo sucedieron aquellos a los que todo "le vene" bien, con tal de estar en la Academia y tener espacios en los medios de comunicación (y a quien le acomode el sayo, que se lo ponga, sea liberal o revisionista "a la violeta").
Pero en 1997, Juan Bautista Sejean aterrizó en el tema sorpresivamente y publicó San Martín y la tercera invasión inglesa, sosteniendo que la única explicación de que un veterano del ejército español viniese al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola y, por tanto, a combatir al ejército al cual había pertenecido hasta pocos días antes, sólo puede residir en que fue sobornado por los ingleses, al pasar por Londres en 1811. Y lo sostuvo contundentemente: "Parece muy difícil afirmar que San Martín no fue un agente inglés" (pág. 129). Lo cual significa: el Padre de la Patria de los argentinos fue un agente inglés. ¡Qué osadía! ¿No es cierto? Pero no hubo refutación alguna por parte de academias, universidades y otras instituciones llamadas "de bien público", a tal punto que el mismo Sejean, al año siguiente publicó Prohibido discutir sobre San Martín, donde afirmó que había supuesto "que se iba a desatar un intenso y apasionante debate... pero no fue así. En forma unánime optaron por el silencio" (pág. 13 y 15). Para la misma época, alguien sostuvo que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras sino de la guaraní Rosa Guarú y don Diego de Alvear, es decir: no sólo hijo extramatrimonial sino, además, hijo de india... Y esto provocó diversas refutaciones porque para buena parte de la gente "léida" de la Argentina es denigrante ser hijo de india, pero no lo es ser agente inglés. En verdad, quienes así piensan merecen tener un Padre de la Patria de nacionalidad inglesa y por supuesto es razonable que voten en las elecciones a los candidatos que promociona Clarín o concluyan en que las Malvinas son inglesas.

Sin embargo, tanto Mitre como Sejean –así como sus seguidores y asimismo, los revisionistas rosistas– habían caído en la maniobra mitrista, de tipo colonial. Formado en España, en lo cultural, como hombre y como político, y fuertemente influido por lo que él llamaba "El Evangelio de los Derechos del Hombre", es decir, la Revolución Francesa, San Martín era americano por nacimiento, pero muy hispano (por batallas, amores, estudios, en fin, sentimiento y pensamiento), un indohispano diríamos, un liberal revolucionario como los de las Juntas Populares de 1808 en España, como eran también los de las juntas populares liberales de América surgidas entre 1809 y  1811 (que ahora se sabe que no eran antiespañolas ni separatistas como pretendía Mitre, sino, como sostuvo Alberdi, constituían un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico). San Martín regresó, pues, en 1812, no por soborno alguno (fue enemigo a muerte de Rivadavia que era la expresión de los ingleses), tampoco por "un llamado de las fuerzas telúricas" como se ha sostenido ingenuamente, ni tampoco en el caso de haber sido hijo de Rosa Guarú (pues junto con él asumieron las banderas democráticas de Mayo muchos españoles de nacimiento, como Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Arenales, Blas Parera y tantos otros), así como hubo americanos de nacimiento que sirvieron a los ejércitos contrarrevolucionarios del absolutismo (como Pío Tristán, Goyeneche, Michelena, Olañeta y tantos otros). Pero Mitre quiso, por sobre todo, mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, por el comercio libre (y por tanto pro inglesa) y de ahí sus discípulos sacaron que San Martín (siendo como Moreno defensor del indio, expropiador, revolucionario) fuera el antecedente de Rivadavia, proclamado por Mitre "el más grande hombre civil de los argentinos" (por ser elitista, pro británico y antilatinoamericano). Y entonces los alumnos se confunden: no entienden a San Martín (quien admiraba a Bolívar y tenía en Europa tres retratos suyos, uno delante de su propia cama) metido en una revolución para remplazar un virrey por una Junta Popular, permaneciendo la región adherida a España hasta 1814 en que se hunde la revolución democrática española y entonces sí resulta necesaria la independencia de 1816, por la que San Martín bregó para no someterse a la monarquía (ahora se sabe que hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires). La Biblioteca de Mayo, del año 1960, explica todas estas cosas, pero muestra la falsedad del mitrismo. ¿Y quién le pone el cascabel al gato, es decir al diario La Nación? Se ha repetido muchas veces lo que decía Homero Manzi: "Mitre se dejó un diario de guardaespaldas." Y Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Augusto Barcia Trelles, Julio V. González y tantos otros que dijeron la verdad en distintos épocas, fueron lapidados por el mitrismo, amordazados. Sumidos en el más profundo de los silencios, convertidos en "Malditos".

Pero en esta época en que queremos ser nosotros mismos, no sumisos a la reina de Inglaterra ni al FMI de los yanquis, es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolívar, no sólo el Padre de nuestra Patria sino un Libertador que quería la América Latina que estamos gestando hoy con la Unasur, la CELAC, etc., y por eso, hay que decir bien alto que la OEA se ha muerto, enterrada en la misma fosa del mitrismo y de todos aquellos historiadores –sean liberales, "modernos" o revisionistas– que no se atreven a decir quién es el verdadero San Martín: nacional, en tanto le legó su espada a Rosas por defender la soberanía y fue enemigo de Rivadavia expresión del imperio inglés; latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolívar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba "nuestros paisanos, los indios"; popular en tanto escribió "odio todo lo que es lujo y aristocracia"; intervencionista en economía (como lo demostró en Perú) y hasta expropiador (como lo demostró en Cuyo).

Con un Padre de la Patria con estas virtudes, ¿cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América Latina libre, unida e igualitaria?  (Nota en T.A, 16/8/2015)

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1° DE JULIO: HISTORIA Y POLÍTICA

Este 1ro. de julio se cumplen  cuarenta y  seis años del fallecimiento de Juan Domingo Perón. 
A partir de ese día, los argentinos hemos vivido diversas experiencias políticas, algunas con ciertas formas democráticas, otras bajo formas dictatoriales. Pero cualquiera que ya haya participado de ese casi medio siglo no puede ignorar las enormes dificultades presentadas para concretar objetivos que influyen positivamente  en la vida de nuestro pueblo.

Paso a reseñar algunos: alcanzar deuda externa  “cero”, lograr una redistribución del ingreso del 56% para el sector trabajo, nacionalizar el comercio exterior y los depósitos bancarios, otorgar un importantísimo lugar en el escenario político,  a los trabajadores, elevar la condición de las mujeres, desde el  derecho a votar hasta administrar sus bienes y desempeñar cargos públicos, mantener una política exterior independiente, bregar por la unidad latinoamericana,  brindar la gratuidad en la enseñanza universitaria, proteger la  salud pública a través de la medicina preventiva erradicando enfermedades endémicas como el paludismo, planificar la economía con cierto  grado de inflación  necesaria para el desarrollo industrial y controlarla hasta el  4% anual cuando es necesaria la estabilización, modernizar la Constitución asegurando los derechos del niño,  la mujer y el anciano, los derechos del trabajador rural y preservar las riquezas naturales ante la codicia de las multinacionales, fundar y/o desarrollar empresas de gas, teléfonos, transporte aéreo y controlar el transporte ferroviario con orientación nacional, disminuir la desocupación, bajar la mortalidad infantil y el analfabetismo y prolongar el promedio de vida de los argentinos, en fin, concretar una política de soberanía política, independencia económica y justicia social.

En ese casi medio siglo, la historia nos convenció que resulta difícil alcanzar esos objetivos –con algunos errores o vacilaciones inevitables- porque poderosos intereses internos y externos oponen enormes obstáculos, sea con campañas electorales financiadas para impedir las transformaciones como así también medios de comunicación oligopólicos que desinforman o tergiversan los hechos. Pero esos avances los logró la Argentina con un gran frente nacional, entre  1945 y 1955, bajo, el liderazgo de Juan Domingo Perón. Por esta razón, las mayorías populares consideran que el primero de julio es un día de congoja. Más aún, si entre los cultores del tango  dicen  que “Gardel cada día canta mejor”, cuanto más tiempo  transcurre, podríamos afirmar, que “Perón cada día gobierna mejor”.

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LA REIVINDICACIÓN DEL DOCTOR RAMÓN CARRILLO

Nota del Profesor Norberto Galasso

Sin duda, Ramón Carrillo fue el mejor ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina a lo largo de su historia. Pero la circunstancia de haberlo sido bajo el gobierno de Perón provocó que la clase dominante lo convirtiese en un “maldito”, persiguiéndolo y silenciándolo, aún después de su muerte.
La aparición en Miradas al Sur de un recordatorio sobre la importancia de Carrillo me lleva a rememorar la lucha permanente desarrollada en su defensa por Rodolfo Áyax Alzugaray, compañero y amigo, con quien milité en el Partido Socialista de Izquierda Nacional, orientado por Jorge Abelardo Ramos, allá por los años ’60 y ’70, y del cual nos apartamos ambos: yo, a través de una renuncia; Rodolfo, expulsado por un tribunal partidario.

Rodolfo había nacido en Tucumán, el 30 de marzo de 1930, y desde muy joven manifestó interés por la medicina social, que por entonces implementaba Carrillo desde el ministerio. Así fue administrador de hospitales en Córdoba, pero por su militancia política fue exonerado por el gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía hacia 1967. Se traslada entonces a la Capital y además de prodigar esfuerzos en la lucha por el socialismo nacional, se interioriza de la gestión realizada por Carrillo y de sus ideas expuestas en Teoría del Hospital. Su admiración por el neurocirujano santiagueño se consolida y, aún más, se convierte en compromiso de vida al observar de qué modo fueron silenciadas su obra y su nombre.

Integrante de esa marea social que deviene de “la resistencia”, desarrolla su labor como administrador en varios hospitales y, en 1973, producido el triunfo popular del 11 de marzo, es designado administrador del Hospital de Neurocirugía de Haedo, donde vuelca todas sus fuerzas, sin medir horarios ni cansancio físico, con tal entusiasmo que puede decirse que “vive para el hospital”. Yo mismo lo vi –en ocasión de la internación de mi padre– concurrir los domingos al mediodía y a la noche para asegurarse de que los enfermos recibían los alimentos y los medicamentos indicados. A esta tarea inagotable, sumaba su conducta ética. Sometido a toda clase de presiones y propuestas sospechosas, mantiene su conducta intachable cumpliendo con todos los requisitos exigidos en materia de licitaciones, cumplimientos de pliegos, etc. Merced a su esfuerzo, un grupo de muchachas que cumplían tareas de limpieza en el hospital se organiza como Cooperativa de Trabajo “17 de Octubre”, liberándose de la explotación de los bajos salarios y malas condiciones de trabajo a que eran sometidas por los titulares de la concesión. (Bajo la dictadura, las chicas se vieron obligadas a convertirla luego en “Cooperativa 12 de octubre”).

Esa era su manera de ser leal a su admirado Carrillo, hasta que al producirse la instauración de la dictadura genocida, fue desplazado de sus funciones, sin reconocimiento de servicios ni resarcimiento alguno. A partir de allí se mantiene como puede, con la ayuda de Norma, su compañera, empleada en el hospital Posadas, dedicándose a hacer trámites de habilitación de farmacias y a partir de allí inicia el estudio de la vida y obra de su admirado Carrillo.

Así, Alzugaray fue el primero en romper el boicot de silencio que se había armado contra el gran sanitarista: juntó documentación, testimonios, recortes periodísticos de la vieja época, hasta que concluyó su libro Ramón Carrillo, el fundador del sanitarismo nacional, que fue publicado, en dos tomos, en 1988 por el Centro Editor de América Latina en la colección Biblioteca Política Argentina, dirigida por el amigo Oscar Troncoso, con prólogo de ese argentino, ejemplo de investigación histórica y de conducta moral que fue el ex compañero y amigo Fermín Chávez.

En esa obra, Alzugaray recorre la vida de Carrillo y recupera sus principales aportes ideológicos: “Los médicos debemos pensar socialmente… La medicina asistencial tiende a resolver el problema individual cuando se ha planteado, es pasiva; la sanitaria es defensiva, pues trata de proteger; la social es activa, dinámica y necesariamente preventiva… El principal promotor de la enfermedad no es el virus, son las malas condiciones de trabajo, la escasa nutrición…”, así hablaba Carrillo.

También analiza su Plan analítico de Salud Pública y su Teoría del Hospital, donde resume su concepción moderna acerca de la función social del médico y deja atrás el viejo concepto de la medicina. Por eso, Carrillo le dice a Evita: “Me parece muy bien el proyecto de los campeonatos infantiles de fútbol, pero la condición es que a cada chico que quiera jugar se le haga un examen clínico y cure sus dolencias antes de ingresar al campeonato”. Por eso se preocupa por la distribución del ingreso y la mejor alimentación del pueblo, que permitirá bajar la mortalidad infantil del 90 por mil en 1940, al 56 por mil en 1955. Por eso, junto con el doctor Carlos Alberto Alvarado inicia una campaña contra el paludismo en el norte del país. Las cifras hablan de su tarea: de 122.000 casos en 1946, sólo se registran 240 casos en 1955. Por eso también la construcción de policlínicos y la duplicación de camas.

Pero Alzugaray estudia también los roces y choques de Carrillo con sectores de la burocracia peronista y su renuncia en 1954, viajando a los Estados Unidos para tratar sus cefaleas permanentes y su hipertensión aguda. Estando allá se entera del golpe militar que derroca a Perón y sus amigos le hacen saber que allanaron su casa, buscando excusas para inculparlo de algún negociado y que confiscaron sus dos propiedades, así como sus cuadros y libros, imputándole ilicitudes que luego resultan inexistentes. Alzugaray publica cartas donde Carrillo defiende su integridad ética, rechaza todos los cargos e intenta, a través de un amigo que se desnude la verdad de los cargos infundados. En una de esas cartas, señala: “Vivo en la mayor pobreza, mayor de la que nadie puede imaginar… No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, pero en todo caso, si desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre ese gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida”.

En los Estados Unidos, cuando mejora levemente, se contrata con una empresa minera que va a trabajar a Brasil, cerca de la ciudad brasileña de Belem do Pará. Pero poco dura el contrato, la empresa levanta sus instalaciones y él queda varado, sin recurso alguno. Se dirige entonces al modesto hospital local para trabajar como médico, pero la verdad es que no hacen designaciones ni tienen presupuesto para otro médico, por lo cual acepta trabajar de modo honorario. Y sus colegas brasileños se sorprenden notablemente cuando lo ven operar, en un nivel varias veces superior al común en esa época y lugar. Piden informes a Río de Janeiro y desde allí les comunican que fue ministro de Salud Pública y neurocirujano con medalla de oro en Buenos Aires. Ello provoca reconocimiento pero no se traduce en mejora económica. “Mi obra debe ser reconocida –señala en otra carta– y no puedo pasar a la posteridad como ladrón de nafta, se me cerraron todas las puertas y no pasa un día en que no reciba un golpe… Te pido que, llegado el caso, te hagas cargo de mi defensa y mi reivindicación moral”.

Poco después, sufre una hemorragia cerebral y fallece el 20 de diciembre de 1956. ¿Así termina su calvario? No. El gobierno de la dictadura aramburista prohíbe a sus familiares el retorno de los restos de Carrillo para ser enterrado en la Argentina.

Hasta muerto continúa siendo un maldito, un fantasma acusador de las tropelías oligárquicas, un maestro que difunde ideas para defender la salud del pueblo. Esta actitud bárbara sólo se explica en el odio desenfrenado de los gorilas. Pero no es siquiera una medida transitoria. Recién diez años más tarde –señala Alzugaray– los restos de Carrillo regresan a su patria.

Contra ese odio, contra ese silenciamiento, Alzugaray bregó permanentemente con su Centro Cultural Ramón Carrillo y con su libro. Se hicieron actos, con la participación de dos médicos de primera línea que reivindicaron a Carrillo: Floreal Ferrara y José Carlos Escudero, todo ello impulsado por Alzugaray.

No obstante la escasa publicidad por falta de medios y luego por la quiebra del Centro Editor de América Latina, el libro sobre la historia de Carrillo se fue agotando, como esas ideas que decía Scalabrini Ortiz corren como el agua entre las piedras y las alcantarillas y nadie puede observar, pero que resurgen un día indetenibles. Alzugaray comenzó a trabajar sobre el libro para enriquecerlo con nuevos datos, pero la muerte lo sorprendió el 23 de julio de 2004.

En 2005, Daniel Chiarenza, publicó El olvidado de Belem, vida y obra de Ramón Carrillo, y en 2008, los familiares de Alzugaray interesaron a la editorial Colihue para la segunda edición de Ramón Carrillo, el fundador del sanitarismo nacional, libro que apareció en abril de ese año, con algunos agregados a la primera edición.

Ya vivíamos otra época y era posible que los estudiantes supieran que la prioridad es la salud del pueblo, que son aplicables los genéricos, que se deben respetar las condiciones de trabajo para evitar enfermedades. Carrillo empezó entonces a ser reconocido. Alzugaray quedó en el olvido. Pero otra gran figura del sanitarismo nacional, José Carlos Escudero, supo hacer justicia: “La actuación pública y la dignidad de Alzugaray eran contundentes. Experto en la vida y obra de Ramón Carrillo y pese a pasar apuros económicos, nunca sucumbió a la tentación de alquilar su sapiencia a la cáfila de pequeños anticarrillos que hacían lo contrario de éste, pero usaban a Carrillo como biombo para esconder su neoliberalismo y sus transas. Tampoco, siendo Alzugaray un sanitarista cuya palabra era escuchada, accedió a prestar su nombre a las sucesivas propuestas bancomundialistas en el área. En los últimos tiempos, inclusive, se había radicalizado, diciendo que se requería nada menos que un sistema nacional de salud, estatal y gratuito, para enfrentar nuestros problemas”.

Silenciado siempre –sólo un diario publicó unas pocas líneas sobre su fallecimiento–, su lucha continúa sin embargo y sus ideas –las suyas, las de Carrillo– mantienen toda su plenitud.

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EL APORTE DE "MAYO" A NUESTRO PENSAMIENTO POLÍTICO

LOS NOMBRES QUE APORTARON CERTIDUMBRES A LA CONCIENCIA NACIONAL Y QUE LA HISTORIA OFICIAL SUELE OLVIDAR

De Homero Manzi a Evita, Jauretche, Scalabrini Ortiz y Yupanqui

Al hablar de los importantes momentos de nuestra historia, resulta común referirse a "los hombres de Mayo" o "los sucesos de Mayo" como orígenes de nuestro pensamiento democrático y nacional. Así, "hombres de Mayo" significa: Moreno, Belgrano y Castelli como los orientadores y French y Beruti como los agitadores callejeros. Pero en este Mayo podríamos agregar aquellos relacionados de una u otra manera con aquel y que nos aportaron grandes certidumbres a nuestra conciencia nacional en sus diversas facetas.

Recordaríamos entonces que Homero Manzi murió un 3 de mayo de 1951, que Evita nació un 7 de mayo de 1919, que el "olvidado" Manuel Ortiz Pereyra murió el 22 de mayo de 1941, que Atahualpa Yupanqui murió un 23 de mayo de 1992, que don Arturo Jauretche se nos fue un 25 de mayo de 1974 y que su compañero de lucha, Raúl Scalabrini Ortiz nos dejó un 30 de mayo de 1959. Todas ellas, figuras entrañables que dieron la vida por una Patria libre e igualitaria en medio del rencor y aún del odio, de los privilegiados.

Don Ata nos dejó "El canto de la patria profunda". Fue, como él gustaba calificarse, "un simple cantor de artes olvidadas" para quien la América Latina debía reunificarse porque "era un solo poncho" desde los orígenes y luego se fue fragmentando cuando "la Pachamama se fue ensombreciendo" ahogada por el colonialismo cultural. Raúl Scalabrini nos descubrió los mecanismos de la dominación imperialista británica que nos convirtió en una semicolonia productora de alimentos baratos, con una oligarquía fastuosa y el resto del país "de pata al suelo". Nos sacó –como lo reconoció Jauretche– del antiimperialismo abstracto que aún hoy circula por los pasillos de algunas universidades, para llevarnos al antiimperialismo concreto armado por los ferrocarriles, los puertos, los bancos, las compañías de seguros, la falta de flota propia y el endeudamiento externo, que conducía a la enorme desigualdad social, esa que Atahualpa nos sintetizaba en dos versos inolvidables: "Las penas son de nosotros/ las vaquitas son ajenas."

Scalabrini nos enseñó asimismo que, de Moreno a Perón, nuestra historia la había construido el protagonismo popular, que "hay que sumergir la vida de uno en una obra más grande que uno mismo, aprendiendo a ser "uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera". Porque todos ellos pelearon siempre desde las catacumbas, ajenos a la figuración y las condecoraciones del régimen, para mejorar "la suerte de mis paisanos", como decía Jauretche. Don Ata cargaba las pilas uno o dos meses al año en Cerro Colorado y se volvía a Europa porque algunos peronistas no querían perdonarle su militancia juvenil en el Partido Comunista y a su vez, los stalinistas no le perdonaban que hubiera roto con ellos porque "un payador no puede aceptar que los comisarios políticos le impongan rigores en sus cantos". Antes de marcharse, bajo un gobierno militar, remataba así su cancionero: "Amalaya cuando vuelva/ te encuentre mejor que 'agora'". A Scalabrini le negaron las columnas de los periódicos, la pantalla televisiva, las academias y las cátedras y tuvo que editarse él mismo sus libros en medio de la estepa de la Década Infame. Por ella andaba Ortiz Pereyra, uno de los fundadores de FORJA, predicando sus "aforismos sin sentido" –antecedentes de "las zonceras" de Jauretche–: "El Estado es mal administrador" y publicando S.O.S. de mi Pueblo. También Homero Manzi venía del "Sur, paredón y después", para refugiarse en el mundo de la noche rechazando convertirse en "hombre de letras", para poder hacer "letras para los hombres". Y a su lado Jauretche iniciaba la larga y demoledora tarea, en pleno silenciamiento, de "desaprender las malas enseñanzas" para empezar a ver con ojos argentinos el rostro de la patria.

No menos dura fue la lucha de Evita a favor de sus descamisados, odiada e injuriada por los "dueños de las vaquitas" de que hablaba Yupanqui, entregando sus últimas esfuerzos de la madrugada para contestar la última carta de un compatriota del último rincón de la República a quien nunca nadie le había contestado sus reclamos, con esa sensibilidad popular increíble que Manzi dibujó en una cuarteta al referirse a Discépolo: "La gente se te arrima / con su montón de penas / y tu las acaricias / casi con un temblor / Te duele como propia la cicatriz ajena / aquel no tuvo suerte, ésta no tuvo amor", enseñanza que viene desde lo más hondo reclamando por un mundo igualitario.

Como esa otra enseñanza de Scalabrini: "Puedo disentir en algunas cosas pero aquí no se trata de optar entre Perón y el arcángel San Miguel sino entre Perón y Pinedo" y "todo lo que debilite a Perón, refuerza a Pinedo" (Ayer y hoy, en esta Patria nuestra tan insólita).

En este mayo de hoy, vale la recordación porque Yupanqui, desde su Cerro Colorado, al pie de un algarrobo, continúa diciéndonos: "Dicen que hay gente que muere / para volver a nacer / Y al que tenga alguna duda / que se lo pregunte al Che."

Porque las ideas de Scalabrini prevalecen en esta América Latina que se está reconstruyendo como Patria Grande dando razón a Jauretche cuando lo despidió con aquellas palabras: "Somos vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos han tomado de lo argentino. Por eso hemos venido, más que a despedirte, a decirte: Gracias, Hermano." Porque Evita levanta su gesto y su brazo arengando hoy en pleno centro de la ciudad y Manzi, que va del irigoyenismo a componer las milongas a Eva y a Perón, señala el rumbo a los revolucionarios, por encima de las frustraciones y miserias de la lucha política convertida en politiquería de ambiciones, de escándalos mediáticos, de la pretensión absurda y cruel de tantos que quieren mover hacia atrás las agujas del reloj de la historia...

Mayo, siempre Mayo, el del 25, que "viene asomando"...

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EL LEGADO DE CORAJE DE JOHN WILLIAM COOKE
El único a quien el General Perón designó no sólo delegado personal sino su sucesor para el caso de muerte

Publicado en Tiempo Argentino el 18.09.2013 un día antes de cumplirse 45 años de su muerte
Se llamaba John William, pero debió llamarse Juan Guillermo. Vivió su infancia en una familia irlandesa, pero fue, por sobre todo, un argentino latinoamericano. Estudió las instituciones jurídicas del país, pero finalmente se parapetó detrás de una estatua y apeló a su revólver para vaciar los cargadores de balas enfrentando a quienes masacraban al pueblo un 16 de junio. Fue el único a quien el General Perón designó no sólo delegado personal sino su sucesor para el caso de muerte y sin embargo, fue el único que se atrevió a discutirle al líder de igual a igual. Comprendió que el peronismo era “el hecho maldito del país burgués” pero también –por su inorganicidad– lo calificó como “gigante invertebrado y miope”. Se formó en el radicalismo, pero al calor del 17 de Octubre se convirtió al peronismo y supo luego enfrentar al imperialismo yanqui, con las armas en la mano, en defensa de la Revolución Cubana. Murió joven, a los 47 años, pero vivió una vida de lucha incesante, consustanciado plenamente con las vicisitudes por las que transitaba su pueblo.

Nace a la política cuando los trabajadores irrumpen en el escenario de nuestra historia en el glorioso 17 de Octubre y los representa como diputado, el más joven del bloque, lo que le vale el apodo de “el Bebe”. Allí en la Cámara de Diputados se convierte en la principal figura de la bancada peronista acompañando el proceso de Liberación Nacional que lidera el General Perón, pero su voz vibrante se levanta en 1947 rechazando el proyecto del Poder Ejecutivo de convalidación de las Actas de Chapultepec que impulsa Estados Unidos, él –un muchachito de 27 años que ya sabía que la lealtad a la Revolución se nutre, a veces, en la disidencia coyuntural con las normas dadas por el líder del movimiento y no en obsecuencia ni en el aplauso ciego de quienes se escondieron debajo de la cama cuando el enemigo intentó la contrarrevolución, a la cual él respondió con “meta bala, meta bala”– siempre en la vereda del pueblo trabajador.

Después fue interventor del Partido Justicialista de la Capital Federal (1955) e intentó depurar el movimiento de la burocracia, empezando por eliminar la estupidez de la afiliación obligatoria a los empleados públicos e incitando a tomar las calles, el lugar donde la fuerza popular se redobla y se afirma. El golpe de septiembre del 55 no le dió tiempo para esa depuración, en la que coincidía con el presidente y producida la derrota, pasó a la clandestinidad para constituir el Comando Nacional de la Resistencia. Lo detuvieron y lo pasearon por varias cárceles, aunque igualmente fue el primero en contactarse con el líder desterrado, sufriendo entonces desde simulacros de fusilamiento hasta el frío letal de la prisión de Ushuaia y los vientos de Río Gallegos. De allí logró escapar a Chile, es cierto que merced al poder económico de Jorge Antonio que sobornó a un carcelero pero no por ello él le tomó afecto. El General le aconsejó: “Pero, Bebe, Jorge es millonario pero es peronista”. Y Cooke fue tajante: “Para mí, los millonarios no son gente como la otra. Para mí, no hay millonarios peronistas y millonarios antiperonistas, hay millonarios.”

Vuelto a la Argentina, aunque clandestino, intentó convertir el conflicto por la primera privatización impuesta por el FMI en tiempos de Frondizi (del Frigorífico Municipal Lisandro de la Torre) en huelga general y falló en su intento, lo que fue aprovechado por los dirigentes peronistas “sensatos y perfumados” para desplazarlo de la función de delegado. Entonces se fue a Cuba, se hizo amigo del Che y peleó en Bahía de los Cochinos contra los servidores del imperialismo. Después, hacia 1962 inició su intercambio epistolar con Perón. Sin cortapisas, sin guardarse nada, marcando lo que a su juicio eran errores e impedían retomar el poder: “Usted eligió las direcciones que actúan en la Argentina, pero como peronista que vive angustiosamente esta hora histórica, le insisto en mi pedido: si eligió ciegos, sus razones habrá tenido que no puedo adivinar, pero, por favor, deles un bastón blanco a cada uno para que no se los lleve por delante el tráfico de la historia, porque seremos todos los que quedaremos con los huesos rotos. Defina al movimiento como lo que es, como lo único que puede ser, un movimiento de liberación nacional, de extrema izquierda en cuanto se propone sustituir el régimen capitalista por formas sociales, de acuerdo a las características de nuestro país.” Rica correspondencia donde Cooke le aconseja sacar del movimiento a los obispos, los empresarios, los burócratas, los generales.

Y el General le contesta: “Pero, Bebe, entonces se van a ir con nuestros enemigos.” Cooke le insiste: “Vaya a residir a Cuba”. Y el General le dice: “Fidel triunfó llevando un escapulario colgado en su pecho y después hizo lo que hizo. Yo todavía tengo que andar con el escapulario.” Cooke fundó entonces Acción Revolucionaria Peronista, dentro del movimiento, para organizar, para fortalecer, no para aplaudir ciegamente. Pero eso era muy difícil y en ese momento le tomó el cáncer, que lo arrastró a la muerte poco después.

Pero en su último mensaje a su compañera Alicia Eguren, pedido insólito para 1968: “donación de mis ojos, de mi piel y restantes órganos y si es posible todo el resto de mi cuerpo. Yo viviré, como recuerdo, durante el tiempo que me tengan en su memoria las personas que de veras me han querido y en la medida en que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de los que continúen con la militancia –así que no quiero que queden ni vestigios de lo que fue, por breve intervalo de tiempo, un complejo fisiológicamente organizado como ser viviente”. Este era John William Cooke, fallecido aquel nefasto 19 de setiembre de 1968. Mañana se cumplirán 45 años.

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EL HOMBRE DE MAYO Y LA REDISTRIBUCIÓN DEL INGRESO (Diario T. Argentino, 3-3-2013)

En los países que hoy se denominan "emergentes" –o en otro lenguaje, "tercermundistas" o "semicoloniales"– hay todavía dos temas de inevitable polémica:
1) dónde y cómo obtener los recursos para la inversión que promueva el crecimiento económico y
2) cómo corresponde redistribuir el ingreso.

Sobre ambos existen diversas respuestas pero a menudo queda en el olvido que en los orígenes de Mayo se planteó ya la cuestión y que Mariano Moreno dio su opinión al respecto, de una u otra manera avalado por Belgrano cuando reconocía en él "las luces que yo quisiera tener" (carta del 27/9/1810), por San Martín en la construcción del ejército de los Andes en Cuyo (entre 1815 y 1817) y por la política de los López en el Paraguay previo a la Guerra de la Triple Alianza. La respuesta morenista fue derrotada y probablemente residan allí los problemas que todavía afrontamos.

Con respecto a la redistribución del ingreso, Moreno era contundente: "Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas, que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan pero que, si corriendo rápidamente su curso bañasen en todas las partes de una a otra, no habría un solo individuo que no las disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsistencia política, sin menoscabo y perjuicio" (Plan de Operaciones). Hace 202 años que Moreno afirmaba esto que los saavedristas –de ayer y de hoy– consideran propias de "una furiosa democracia"... que pretende "distribuir los bienes de los más ricos ciudadanos", como lo sostenía la proclama del golpe antimorenista del 5 y 6 de abril de 1811.

Con respecto a la otra cuestión, los hombres de Mayo se encuentran en la necesidad de promover el crecimiento, dar trabajo y en especial, instalar fábricas de pólvora y fusiles, no existiendo, por entonces, un sector social capaz de asumir esas tareas. Moreno plantea entonces: "Se pondrá la máquina del Estado en un orden de industrias, lo que facilitará la subsistencia de miles de individuos." Agrega que 200 o 300 millones de pesos "serán empleados poniéndolos en el centro mismo del Estado" para desarrollar fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos como así en agricultura, navegación, etcétera. Pero, ¿dónde obtener esos recursos? La solución morenista consiste en "apropiarse de 500 o 600 millones de pesos" pertenecientes a los mineros del Alto Perú, lo cual –explica– "descontentará a cinco o seis mil individuos pero las ventajas habrán de recaer sobre ochenta mil o cien mil". Y se pregunta: "¿Qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el Estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aun cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos, por la extorsión que pueda causarse a cinco o seis mil mineros, aparecen después las ventajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos en favor del Estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos?". Para atemperar el rigor de las medidas, afirma que "después de conseguidos los fines, se les recompensará a aquellos a quienes se gradúe agraviados, con algunas gracias o prerrogativas". Estas medidas se acompañarán con "prohibición absoluta a los particulares para trabajar minas de plata y oro, quedando el arbitrio de beneficiarlas y sacar sus tesoros por cuenta de la Nación" y "quien tal intentase, robará a todos los miembros del Estado por cuanto queda reservado este ramo para adelantamientos de los fondos públicos y bienes de la sociedad". Asimismo, "el Estado debe tratar de la creación de casas de ingenios, creando todas las oficinas que sean necesarias como laboratorios, casas de moneda y demás"... Y concluye: "Las medidas enunciadas producirán un continente laborioso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan."

Belgrano, quien probablemente habría colaborado en el plan morenista, sostenía a su vez: "El modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra, es ponerlas antes en obra, es decir, manufacturarlas. La importación de mercancías que impiden el progreso de sus manufacturas y de su cultivo, lleva tras de sí necesariamente la ruina de la Nación. La importación de mercaderías extranjeras de puro lujo, en cambio de dinero... es una verdadera pérdida para el Estado."

Delirios, dicen todavía hoy los economistas liberales en los grandes matutinos y canales televisivos. Sin embargo, cabe recordar: en octubre de 1810 inicia su actividad una fábrica de fusiles, en Lavalle y Libertad, a cargo de Juan Francisco Tarragona, que en 1813 tenía 67 operarios; el 5 de noviembre se instaló otra fábrica de fusiles en Tucumán a cargo de Clemente Zabaleta y en la misma semana se pone en marcha una fábrica de pólvora, en Córdoba, a cargo de José Arroyo. (Luego, con el mismo criterio, San Martín funda su fábrica militar, a cargo de Fray Luis Beltrán, que llegó a contar con 700 obreros, en Cuyo, y los López, la fundición de Ibicuy, en el Paraguay).

En lo relativo al plan y las obras iniciadas, en sus escasos siete meses en el gobierno, quizás expliquen que en Buenos Aires, al conocerse que Moreno falleció al ingerir un medicamento "equivocado" que le dio el capitán de la fragata inglesa en que viajaba a Europa, haya cundido la versión de que había sido envenenado.

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DEFENDER LA REVOLUCION BOLIVARIANA

En la vieja Argentina –semicolonia inglesa hasta 1945– nos enseñaron a ignorar a Venezuela, más aún, a rivalizar con ella: nosotros, mirando hacia el Atlántico, Venezuela ambicionando expandirse hacia la América Latina profunda. 

Esto comenzó con Mitre cuando, en las primeras páginas de su biografía sobre San Martín, inventa dos proyectos antagónicos: el argentino, liberar países para tornarlos independientes, el venezolano-colombiano, para unificarlos bajo su égida como Patria Grande. Y de ahí, la conclusión: siendo Bolívar un ambicioso, astuto e intrigante, y siendo San Martín "el santo de la espada", el venezolano le habría "robado" la gloria de concluir la campaña libertadora y esta usurpación habría provocado su exilio, quedando el general argentino en Europa con rencor irredimible hacia Bolívar. Por tanto, como diría Mitre y su ministro Elizalde, "Argentina está más cerca de Europa que de cualquier país latinoamericano", y diría luego el presidente Alvear cuando Sandino defendía la soberanía nicaragüense: "Nicaragua está demasiado lejos para que los argentinos nos preocupemos por su destino".

Pero la verdad por fin se está imponiendo. Ahora sabemos que no hubo misterio en Guayaquil: que San Martín, boicoteado desde Buenos Aires por Rivadavia, traicionado por el Lord Cochrane y con graves disidencias en el Perú, comprendió que Bolívar estaba en mejores condiciones de dar el último golpe a los realistas, por lo cual prefirió dar un paso atrás –evitando una doble jefatura que acrecentaría la indisciplina– y se ofreció como segundo jefe de Bolívar, propuesta que el venezolano no aceptó con buen criterio, pues no podía entrar a Perú llevando por subjefe justamente al Protector del Perú. 
Ahora sabemos también –porque lo testimonia la autoridad del historiador Ernesto Quesada– que San Martín admiraba a Bolívar y tenía, en su exilio europeo, tres retratos de Bolívar: un óleo que su hija pintó por encargo del propio Don José, un cuadro pequeño de Bolívar, enmarcado con diamantes, que este le regaló en Guayaquil y –lo cual es definitorio– una litografía de Bolívar, en la pared de su dormitorio, delante de su cama. Es decir, lo primero que veía al levantarse era el rostro de Bolívar, frente a él mudaba de ropa y al acostarse, lo último que veía era también el retrato del venezolano. Salvo que se quiera suponer el disparate de que sufría un grado extremo de masoquismo, los hechos demuestran que admiraba a quien había sido su compañero en el proyecto de la liberación y de la unificación de la Patria Grande, lamentablemente frustrado en el Congreso de Panamá, en 1826.

Por eso, en la vieja época, estigmatizado Bolívar, no podíamos conocer de modo alguno quién había sido el caudillo Ezequiel Zamora, ni tampoco admirar las canciones de Alí Primera. Ahora, la historia mitrista está derrotada –y no por el rosismo ganadero y bonaerense– sino por una concepción latinoamericana expresada ya en organismos como el Unasur y el CELAC, en el Mercosur y el Banco del Sur. Ahora sabemos que la lucha por la Revolución Bolivariana, que es también sanmartiniana, es una sola. Por ello se están alzando voces condenando los intentos desestabilizadores provenientes de la derecha venezolana asociada al imperialismo norteamericano. Pero es necesario insistir: no se trata simplemente de la solidaridad de los argentinos con la causa iniciada en Venezuela por ese extraordinario caudillo popular que fue el comandante Hugo Chávez Frías. No. Es algo más que el apoyo a una causa justa de un país hermano. Es la consustanciación total con el gobierno presidido por Nicolás Maduro, porque ya somos una Patria Grande en reconstrucción y su lucha es nuestra lucha y su enemigo es nuestro enemigo.

Desde esta óptica latinoamericana –la de los grandes libertadores y también la de Martí, la de Artigas, la de Ugarte y tantos otros– salimos a denunciar y condenar el intento golpista de que somos objeto los pueblos de América Latina en estos días, perpetrado por los vendepatrias alimentados por los dólares yanquis. Desde aquí, como integrantes de una misma Nación agredida, y ante el ¿Quién vive? del agresor, contestamos con las palabras de Manuel Ugarte, en 1913: "Respondámosles unánimes, con toda la fuerza de nuestros pulmones: ¡La América Latina!... A la intromisión en nuestros asuntos domésticos, opongamos la acrisolada honradez de gobernantes y gobernados. Digámosles a los yanquis: ¡No queremos tutores! ¡No deseamos padrastros! ¡Dejadnos vivir tranquilos en esta porción de nuevo continente: ¡La América Latina para los latinoamericanos! No consintamos más que ellos continúen. Pero si los angloamericanos persisten en sus ideas absorbentes, luchemos con el valor legendario de nuestra raza y que salgan de sus tumbas los manes de nuestros Libertadores y en forma de serpientes, estrangulen al enemigo maldito: ¡Viva la América Latina!"

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FUENTE: N. Galasso http://tiempo.infonews.com/2014/02/18/editorial-118950-defender-la-revolucion-bolivariana.php

 

 

IZQUIERDA Y CUESTIÓN NACIONAL (Publicado en Tesis, julio-agosto 2002 )

Ha transcurrido ya más de siglo y medio de la aparición del Manifiesto Comunista, así como de la intensa lucha de los socialistas por un mundo igualitario. En ese largo período, uno de los problemas más complejos que se presentó fue la relación entre socialismo y cuestión nacional: la liberación de los trabajadores respecto a la expoliación del sistema capitalista; la liberación de los países coloniales y semicoloniales respecto a la opresión imperialista. Hoy, en nuestra sufrida América Latina resulta conveniente reflexionar sobre este problema. 

En la Europa de 1848, países como Inglaterra y Francia habían consumado su revolución burguesa. Eran países soberanos, donde el Estado Nacional, ya en manos de la burguesía, había liquidado los vestigios feudales reemplazando las diversas monedas, los diversos ejércitos y las diversas justicias, por una sola moneda, un solo Ejército y una sola Justicia, liquidando, asimismo, las aduanas interiores, lo que le había permitido unificar el mercado interno a nivel nacional, relacionado a través de fluidas comunicaciones ya no obstaculizadas por el particularismo de los feudos. Francia era una Nación entendida como una comunidad estable de hombres y mujeres, que viven en una misma extensión territorial, hablan el mismo idioma, mantienen vínculos económicos regulares y se encuentran ligados por comunes lazos históricos y culturales. Al existir instituciones con plena vigencia en ese territorio –desde el Poder Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, así como las Fuerzas Armadas, estructura educacional, de correos, etc.– no podía dudarse de la existencia del Estado Nacional y de que la organización de la infraestructura económica capitalista era el orden constituido, el statu quo, al cual todos los ciudadanos debían someterse. Así, a nadie podía escapársele que Burguesía, Nación y Estado Nacional implicaban Sistema Capitalista, de modo tal que cualquier prédica en favor de la Nación, significaba la defensa del orden capitalista vigente. A su vez, si Francia entraba en guerra por mercados con países rivales, su clase dominante, al enarbolar el patriotismo o la nacionalidad, ocultaban la defensa de sus míseros inter-eses capitalistas. Por esto, resultaba claro que siendo la burguesía la clase opresora del proletariado, éste debía oponerse tanto fuera a ese sistema económico, propio de la nación, como a las guerras que bajo la bandera patriótica enmascaraban la defensa de la propiedad privada. De ahí la clara posición internacionalista del Manifiesto Comunista, convocando a los obreros del mundo a unirse para combatir contra la burguesía y su sistema expoliador. De aquí, también, que toda conciliación con la burguesía o con sus banderas patrioteras constituyera una claudicación para un socialista. 

Sin embargo, Marx, en el propio Manifiesto –al tratar el caso alemán, donde la revolución burguesa aún no se había concretado– advirtió que los socialistas no podían actuar con la misma táctica que en Francia o Inglaterra, sino que allí era necesario luchar de acuerdo con la burguesía tantas veces como la burguesía se revuelva revolucionariamente contra la monarquía absoluta, la propiedad territorial feudal y la pequeña burguesía, y en consecuencia, era posible también coincidir, desde la propia perspectiva proletaria, con la lucha por las tareas democráticas y nacionales aún pendientes. Más aún, Marx les advertía a los socialistas alemanes que no podían copiar mecánicamente la táctica empleada por sus compañeros ingleses o franceses, dado que las condiciones económico-sociales y políticas de Alemania eran muy distintas. 

Hoy es fácil comprender que Marx les anticipaba que cuando la burguesía enfrentaba a la nobleza, si los socialistas utilizaban todo su poder ideológico y político contra la burguesía, estarían haciéndole el juego a los nobles, es decir, operarían como ala izquierda del sistema feudal dominante. Su posición antiburguesa no favorecería, entonces, al nuevo mundo socialista sino al mantenimiento del viejo orden feudal. En el caso concreto de una agrupación llamada Socialismo verdadero, Marx denunciaba su posición contrarrevolucionaria, según puede leerse en el Manifiesto. 

Asimismo, señala cómo los socialistas deben mantener su lucha frontal contra el ene-migo principal -el Gobierno absoluto feudal- coincidiendo incluso con la lucha de la burguesía, pero llevándola a cabo siempre desde su propio perfil obrero, pues la revolución burguesa alemana, dado su atraso histórico, seguramente podrá ser transformada en revolución socialista: ... la revolución burguesa alemana no podrá ser sino el preludio de una revolución inmediata. (Antecedente de lo que Trotsky denominará revolución permanente). En suma, los comunistas apoyan, en los diferentes países, todo movimiento revolucionario contra el estado de cosas social y político existente. 

En estas pocas líneas, alerta acerca de un peligro gravísimo que se presentaría luego a los socialistas de los países coloniales y semicoloniales: si se oponen frontalmente a los movimientos nacionales de Liberación -tanto sea liderados por la burguesía, como por sacerdotes como Khomeini en Irán, o por militares como Lázaro Cárdenas en Méjico, Velazco Alvarado en el Perú, Torres en Bolivia o Perón en la Argentina- ocurre que agitando consignas ultrarrevolucionarias se colocan en la misma vereda de las viejas clases dominantes, oligarquías agropecuarias o mineras y que incluso las mismas los reciban cariñosamente porque la ayudan -por izquierda- a combatir al movimiento antiimperialista. 

Esos movimientos populares de los países sometidos levantan banderas nacionales, pero esa nación que reivindican es la nación sometida, esclavizada, saqueada por el imperialismo. Por tanto, no constituye la defensa del orden constituido de la semicolonia o colonia, sino, por el contrario, la subversión del orden. En ese caso, el socialista no debe sumergirse en el movimiento nacional de liberación cuyo proyecto, a veces, no va más allá de liquidar la influencia imperialista y que incluso puede proponerse como objetivo el desarrollo de un capitalismo nacional. Pero sí debe encontrarse en su misma vereda, claramente enfrentado a los opresores -el enemigo principal: la alianza oligárquico-imperialista– con la condición de mantener su independencia organizativa, ideológica y política. Participará así de estos procesos de Liberación Nacional, intentando jugar un rol importante en los mismos o liderarlos, si es posible. Si triunfa un movimiento nacional no socialista, los socialistas participarán, sin embargo, en esa derrota del imperialismo y continuarán luchando por el socialismo. Si, por el contrario, el movimiento nacional dirigido por sectores burgueses o bonapartistas claudica, la izquierda tendrá el derecho -como único aliado consecuente- a liderar el frente antiimperialista para realizar la liberación nacional y profundizarla hacia el socialismo. 

Por el contrario, si se coloca a un costado de esa lucha o peor aún, si enfrenta al movimiento nacional, haciéndole el juego al imperialismo, se desencuentra con las masas populares y éstas, probablemente, recuerden, por mucho tiempo, que no fue su amigo en los momentos más importantes de su lucha. 

Por eso, cuando en l905, Lenin se encuentra ante el problema de diseñar una táctica respecto a los partidos antizaristas, pero burgueses, levanta una consigna clara: golpear juntos, pero marchar separados. Años después, cuando desarrolla su tesis sobre el imperialismo, sostiene que hay países dominadores y países dominados y que en estos últimos, la bandera patriótica es históricamente progresiva. Luego, poco antes de morir, junto con Trotsky, formulan una tesis para el Congreso de la III Internacional donde precisan la diferente táctica a emplear en los países capitalistas desarrollados y en las colonias y semicolonias. En los primeros, corresponde el frente único proletario, es decir, de izquierda, uniendo a todos los partidos anticapitalistas pues allí las tareas nacionales y democráticas se hallan cumplidas y debe lucharse contra la burguesía, por el socialismo. En cambio, en los países coloniales y semicoloniales, debe aplicarse la táctica del frente único antiimperialista, en el cual es necesario participar con las banderas propias e intentar acaudillarlo. 

Por eso, Trotsky apoya, años más tarde, al General Lázaro Cárdenas cuando expropia a las compañías imperialistas de petróleo: ―El Méjico semicolonial lucha por su independencia nacional, política y económica. La expropiación del petróleo no es socialismo ni comunismo: es una medida profundamente progresiva de autodefensa nacional. Marx no consideraba en modo alguno a Abraham Lincoln como comunista. Esto no le impidió, sin embargo, manifestar su profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigía... La lucha alrededor del petróleo mejicano es una de las escaramuzas de vanguardia de los combates futuros entre oprimidos y opresores. 

Hoy –cuando amplios sectores sociales de la Argentina se ponen en movimiento, tomándole el gusto a las calles y las plazas de la participación- resulta muy importante reflexionar sobre esta cuestión, especialmente porque no queda duda del agotamiento de los que fueron, en otra época, importantes movimientos nacionales. 

Todo indica que en los próximos años, los socialistas no sólo deberán bregar por consolidar una fuerza política con perfil propio, sino también ayudar a la construcción de un Frente nacional de Liberación y pelear por su dirección. De allí la polémica necesaria sobre estos temas, la elaboración de tácticas correctas, en el mismo momento de la lucha concreta, en la búsqueda de un nuevo canal por donde puedan transitar los sectores populares hacia ese mundo del hombre nuevo del que hablaba el Che. 

Buenos Aires, julio de 2002

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EL AMOR Y LA POLÍTICA (nota escrita primeros días de 2011)

En la historia de nuestro pueblo latinoamericano, se reiteran los casos de importantes figuras políticas unidas por una fuerte relación sentimental y al mismo tiempo, por un mismo ideal de redención social o nacional.

Pero, como la Historia no sólo la escriben los que ganan sino especialmente “los hombres que ganan” y no las mujeres, resulta que muchas admirables luchadoras han quedado en el olvido o son apenas reconocidas sin otorgársele la debida importancia.

Una de estas mujeres fue Manuela Sáenz, quien luchó junto a Simón Bolívar. Como se sabe, Bolívar fue traicionado por su vicepresidente, Francisco de Paula Santander -indignidad que suele ocurrir en nuestra América Morena- y precisamente a Santander se lo acusó por el golpe comando del 25 de septiembre de 1828 en el cual intentaron asesinar a Bolívar, ocasión en la cual Manuela impidió el crimen, enfrentando a los conjurados y dando así tiempo a la fuga del Libertador.

Manuela salvó así a su hombre y al mismo tiempo a su líder político, a quien acompañó en una lucha que le había valido, años atrás, una condecoración del General San Martín. Otro caso semejante es el de Elisa Lynch, en la cual encontró su gran compañera el mariscal Francisco Solano López, en su trágica epopeya de la Triple Alianza.

Aunque escocesa de nacimiento, Elisa unió su destino al de la Patria Grande Latinoamericana martirizada por aquel infame genocidio y cuando quince años después de la tragedia -luego de sufrir toda clase de humillaciones por parte de las damas aristocráticas- arribó al puerto de Buenos Aires, la abucheó un grupo de mitristas hasta que le abrió paso a bastonazos el poeta Carlos Guido Spano para rescatarla y protegerla. En estas historias se puede ir más lejos, como cuando las guerrillas altoperuanas impidieron una y otra vez el avance de las fuerzas realistas. Allí combatió también una pareja, consolidando su amor en la lucha por la libertad: Juana Azurduy y Manuel Ascencio Padilla.

Una y otra vez enfrentaron a la reacción, pero en 1816, en la acción de Villar, Padilla fue muerto y degollado, siendo clavada su cabeza en lo alto de una pica en el pueblo de la Laguna. La Juana no pudo soportar semejante ignominia y tiempo después, al frente de sus amazonas, ocupó la Laguna y recuperó la cabeza de su esposo. Luego, acompañó la lucha de las guerrillas de Güemes en el Norte, ya con el título de Teniente Coronel que le otorgó el General Belgrano.

También se puede ir más cerca y recordar la entrega total de Evita junto a Juan Domingo Perón, donde la pasión por el compañero de lucha, se consolidaba en el común proyecto político de emancipación social. Y por supuesto, se reitera en el matrimonio Kirchner, en estos días: más allá de la maledicencia de los diversos opositores, algunos para quienes no gobernaba él entre 2003 y 2007 sino que era ella la que dirigía; otros, para los cuales no era ella la verdadera presidenta entre 2007 y 2010 sino él quien gobernaba desde las sombras, míseras chicanas de quienes personificaban en el matrimonio su rechazo al avance popular, cuando resultaba evidente la complementariedad de ambos en la acción política.

También en este caso, las circunstancias produjeron la muerte de uno de ellos y la soledad del otro, soledad que sólo puede superarse con la presencia popular en las calles. Néstor, a pesar del alerta de los médicos, no puso límite alguno a su militancia llevado hacia la muerte por su consecuencia porque, como él decía, no había llegado a la presidencia para abandonar sus convicciones sino para empujar en el camino de los cambios necesarios.

Esta vez no fue, como en el 52, que el hombre quedó solo prosiguiendo la lucha sino que, en cambio, Cristina vive su lucha por superar su dolor mientras redobla esfuerzos para continuar el camino que había comenzado con Néstor en las luchas estudiantiles del pasado.

En sus palabras de estos días, Cristina ratificó la clave de esa identidad en la lucha: “Él nos diría seguramente: seguir adelante, para eso vinimos, a cambiar la Argentina”.

En todos estos casos, se ensamblan los afectos personales profundos con la identidad en el proyecto político de liberación. Quizás todavía haya muchos que no lo entiendan porque se lo impide su cerrado sentido de clase que abomina de todo progreso popular y de los líderes que lo representan, y que, además, en su formación enciclopedista, conocen seguramente los entretelones de alcoba de las corruptas dinastías europeas, pero no comprenden estas historias de la propia patria, donde el amor no se expresa en predominio alguno entre dos seres que se complementan en la lucha política, sino que se sublima en una sola palabra: Compañeros.

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LA NECESIDAD DE REVISAR LA HISTORIA (N. G. explica el por qué no se sumó al Instituto Dorrego presidido por Pacho O'Donnel)

La creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego” continúa promoviendo polémicas que provocan gran confusión, no sólo en el lector común sino incluso en la militancia del campo popular. Justamente en estos momentos de profundos cambios, cuando necesitamos mayor claridad y transparencia, nos encontramos con declaraciones contradictorias, posiciones vagas, calificativos insólitos, etcétera. Y esto debe aclararse porque, en el fondo, no estamos discutiendo cuestiones historiográficas sino políticas ya que, como sabemos, “la historia es la política pasada y la política es la historia presente”.
Tanto personalmente como al mismo tiempo en mi carácter de integrante de la Corriente Política Enrique Santos Discépolo, considero que la “Historia Social” no impugna a la vieja Historia Oficial –cuyos “héroes” predominan aún en los institutos de enseñanza, las estatuas, los nombres de las plazas, etc.– sino, como reconoce Halperin Donghi, “trata de ilustrar y enriquecer, pero no poner en crisis, con sus aportes, a la línea tradicional”, pues “el país debe enriquecer, pero también reivindicar la tradición política-ideológica legada por el siglo XIX”, es decir, el liberalismo conservador sustentado por el mitrismo. Asimismo, después de largos años de rendir culto al supuesto “rigor científico”, el mismo profesor ha confesado últimamente que no hay historia neutra al referirse a su obra: “Lo que no hice, y eso evidentemente, es muy objetable, pero es inevitable, es justificar la selección. Mi selección está hecha con mi criterio, es decir, lo que me parece importante. Ahora tengo una especie de adversario, el historiador nacionalista Norberto Galasso, que explica que para hacer historia hay una etapa en que se junta todo y otra en la que, desde una perspectiva militante, se explica la versión que a uno le gusta. Es una manera un poco tosca de decir lo que todos hacemos”. Y agrega: “Cuando hago una reconstrucción histórica de alguna manera, lo que es un poco desleal, es que eso lo tengo adentro, pero no lo muestro” (La Nación, 13/9/2008). Después de explicarle que no soy nacionalista sino que adhiero a la Izquierda Nacional, le contesté que celebraba su confesión porque, hasta ahora, “ellos, los historiadores profesionales”, eran “científicos” y nosotros, “curanderos”, y de allí en adelante resulta que inevitablemente todos somos “curanderos”, es decir tendenciosos (también le agregué que su referencia a mi estilo “tosco” se entiende porque en la militancia sólo se puede ser “tosco”, y si Agustín, mejor). Pero La Nación, rindiendo culto a “su” libertad de prensa, no publicó mi respuesta.

Dejo, pues, en claro que apoyamos la preocupación del gobierno por recuperar la conciencia nacional, por superar la interpretación liberal–conservadora de la Historia Oficial y la saludamos como una nueva expresión de la política que se viene realizando en distintos ámbitos, como el científico tecnológico, la unión latinoamericana, etcétera.
Esta aclaración resulta necesaria pues amigos y compañeros me han preguntado últimamente cuál es la razón por la cual no nos incorporamos al Instituto de Revisionismo Histórico “Manuel Dorrego”, atacado por los llamados “historiadores profesionales”, académicos y grandes grupos mediáticos. La causa reside en que desde el Centro Cultural Discépolo venimos trabajando desde hace muchos años en defensa de “La Otra Historia” (sobre la cual publicamos 30 cuadernillos allá por 1997 y 10 DVDs, últimamente, en coproducción con el Incaa) y hemos venido sosteniendo charlas-debate, polémicas y ciclos (como en el ND Ateneo, con 600 concurrentes) y que últimamente ha llevado a nuestro grupo a hacer capacitación en la Cancillería por invitación de ese excelente historiador que es Carlos Piñeiro Iñíguez, en agrupaciones militantes del campo nacional, en organizaciones sindicales, congresos docentes, etcétera. Asimismo hemos publicado cuatro tomos titulados Los Malditos, a partir de 2005, gracias al apoyo de Hebe de Bonafini, en su editorial de Madres de Plaza de Mayo (y probablemente pronto lancemos un quinto tomo), donde recuperamos aproximadamente 500 argentinos silenciados por la clase dominante. El mismo grupo lleva ya tres años dando seminarios de Historia Argentina en el ámbito universitario y ha publicado, por encargo del director de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, profesor Mario Oporto, El Cronista del Bicentenario, que va por el número 6, destinado a las escuelas bonaerenses. De toda esta labor surgió, desde hace ya mucho tiempo, el proyecto de constituirnos en Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales “Felipe Varela”, en una línea de interpretación histórica que calificamos de federal-provinciana, latinoamericana o socialista nacional. Este Centro de Estudios se fue demorando, pero últimamente avanzamos en su concreción y se lanzará el próximo viernes 16 de diciembre, en Rivarola 154, a las 19.30.

Resulta obvio que después de trabajar en equipo durante más de una década, carecía de sentido disolvernos para incorporarnos al nuevo Instituto, en el cual se advierte un espectro de posiciones muy amplio. Con él no tenemos problemas en trabajar conjuntamente, aun cuando algunos de sus miembros colaboren en La Nación y Clarín, lo cual no resulta de nuestro agrado, pero en la tolerancia propia de la vida democrática no impediría acciones en común, siempre y cuando quede en claro que el propósito no es conciliar con la historia mitrista, ni con la Historia Social, sino polemizar profundamente, con las ventanas abiertas para que ingresen los vientos populares, pues tanto la historia como la política no sólo se hacen con documentos y declaraciones sino con la vida misma a través de la militancia (nosotros salimos tres o cuatro veces por semana a dar charlas en el conurbano, donde estimamos hay más receptividad para nuestras ideas que, sin ánimo de molestar a nadie, en una universidad privada de ciencias o en las academias. Sólo de ese modo, llegando al pueblo, la historia cumple la función, como la poesía, de “ser un arma cargada de futuro”).
Por esta razón preferimos continuar trabajando con el mismo criterio con que lo venimos haciendo desde el “Felipe Varela”, que funcionará como una colateral de la Corriente Política Enrique Discépolo, cuyo apoyo al gobierno nacional –desde una perspectiva independiente– es público a través de nuestro mensuario Señales Populares.
De modo tal, resumiendo, que los campos están claramente delimitados. El mitrismo y sus descendientes, la Historia Social, los autodenominados “historiadores profesionales”, entre los cuales hay algunos valiosos, pero que en general no se caracterizan por importantes investigaciones, están en la vereda de enfrente a la nuestra. El nuevo Instituto Dorrego, en la medida en que integra la Secretaría de Cultura de un gobierno nacional y popular como el que preside Cristina Fernández de Kirchner, se colocará, a través de sus publicaciones y actos, en la misma vereda nuestra, aunque en muchas cuestiones tendremos interpretaciones no coincidentes (por ejemplo: Moreno-Saavedra; Rosas-el Chacho y Felipe Varela, etcétera).
Si no fuera porque algunos son temerosos todavía de recurrir a ciertas figuras peligrosas diríamos que lo deseable y esperable es que ambos institutos “golpeemos juntos, pero marchando separados” para poner fin a las fábulas que todavía hoy confunden a los estudiantes, ya sea las provenientes del nacionalismo clerical, del pretendido neutralismo científico o de la “izquierda abstracta”. Ello ayudaría seguramente a la profundización del modelo en los próximos años.

Norberto Galasso, Página 12, 10/12/2011 Todos los derechos reservados.
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