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TRES PENSAMIENTOS GUEVARIANOS: SOBRE LA LUCHA, SOBRE EL HOMBRE NUEVO, SOBRE EL APRENDER CON EL PUEBLO

 
* Sobre las cualidades del dirigente * Cartas varias * Cartas de amor a su esposa Aleida * Sobre el aprender con el pueblo
* A propósito de candidatos moderados * Sobre los intelectuales y artistas * Monopolios: a favor o en contra * Sobre el "enseñar" menos y "aprender" más
* Cuando Ernesto Guevara fue enfermero en la Marina Mercante * Sobre Perón y el comunismo * "La Piedra" - Un impactante relato testimonial * Discurso inaugural de un curso de adiestramiento
* Juan Martín Guevara, hermano del Che, ex preso político * Primeros objetivos de la Revolución * Entretelones del encuentro del Che y un funcionario de Kennedy, hace 60 años * Sobre la lucha, sobre el Hombre Nuevo, sobre el aprender con el pueblo
 
 

FRASES DE ERNESTO "CHE" GUEVARA

SOBRE LA LUCHA

Luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación...

SOBRE EL HOMBRE NUEVO

“El hombre debe transformarse al mismo tiempo que la producción progresa; no realizaríamos una tarea adecuada si fuéramos tan sólo productores de artículos, de materias primas y no fuéramos al mismo tiempo productores de hombres.”

SOBRE EL APRENDER DEL PUEBLO

"Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos generales, los conceptos sociales y filosóficos, sino también, a veces, los conceptos médicos, y veremos que no siempre las enfermedades, se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad; veremos entonces, cómo el médico tiene que ser también agricultor,... un poco pedagogo... cómo tendremos que ser políticos también; cómo lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender con el pueblo".

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SOBRE LOS PRIMEROS OBJETIVOS DE LA REVOLUCIÓN

"Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad.”

 

SOBRE PERÓN Y EL COMUNISMO

“En Cuba la Revolución la hizo (el movimiento) 26 de Julio: Fidel con su puñado de locos como yo, no los ideólogos del comunismo. Y en la Argentina, las masas obreras saborearon por primera vez algo del poder gracias al loco de Perón, y en contra de los comunistas.”
Discurso a los argentinos, 25/5/62

 

SOBRE EL “ENSEÑAR” MENOS Y “APRENDER” MÁS

"Lo que nosotros tenemos que practicar hoy, es la solidaridad. No debemos acercarnos al pueblo a decir: Acá estamos, venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales. Debemos ir con afán investigativo, a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo"

Discurso en 1960

SOBRE EL APRENDER CON EL PUEBLO

"Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos generales, los conceptos sociales y filosóficos, sino también, a veces, los conceptos médicos, y veremos que no siempre las enfermedades, se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad; veremos entonces, cómo el médico tiene que ser también agricultor,... un poco pedagogo.... como tendremos que ser políticos también; como lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender con el pueblo".

 

SOBRE LAS CUALIDADES DEL DIRIGENTE

"...quien aspire a ser dirigente tiene que poder enfrentarse, o mejor dicho, exponerse al veredicto de las masas, y tener confianza de que ha sido elegido dirigente o se propone como dirigente porque es el mejor entre los buenos, por su trabajo, por su espíritu de sacrificio, su constante actitud de vanguardia en todas las luchas que el proletariado debe realizar a diario para la construcción del socialismo."

24 de marzo de 1963.

A PROPÓSITO DE CANDIDATOS “MODERADOS”

"...La moderación es otra de las palabras que les gusta usar a los agentes de la colonia.
Son moderados todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma. El pueblo no es de ninguna manera moderado."

Mensaje a las juventudes, 28 de julio de 1960.

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SOBRE LOS INTELECTUALES Y ARTISTAS

“… Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.”

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MONOPOLIOS: A FAVOR O EN CONTRA

"Todo es parte de una sola lucha y es verdad cuando el imperialismo nos llama con un denominador común, aún cuando uno se reconozca comunista, o socialista o peronista, o cualquier otra ideología política en determinado país, solamente caben dos posiciones en la historia: o se está a favor de los monopolios o se está en contra de los monopolios." "En Cuba la revolución la hizo el '26 de julio': Fidel con su puñado de locos como yo, no los ideólogos del comunismo.
Y en la Argentina, las masas obreras saborearon por primera vez algo del poder gracias al loco de Perón y en contra de los comunistas"

(Ernesto Guevara, Discurso a los argentinos, 25/5/62).

 

 

ESCRITOS DE ERNESTO "CHE" GUEVARA

EL MÉDICO REVOLUCIONARIO
Discurso en la inauguración de un curso de adiestramiento en el ministerio de salud pública.

Compañeros:
Este acto sencillo, uno más entre los centenares de actos con que el pueblo cubano festeja día a día su libertad y el avance de todas sus leyes revolucionarias, el avance por el camino de la independencia total, es, sin embargo, interesante para mí.

Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico, hace ya algunos años. Y cuando me inicié como médico, cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que hoy tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.

Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.

Después de recibido, por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Salvo Haití y Santo Domingo, todos los demás países de América han sido, en alguna manera, visitados por mí. Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte sustancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente.

Pero yo seguía siendo, como siempre lo seguimos siendo todos, hijo del medio y quería ayudar a esa gente con mi esfuerzo personal. Ya había viajado mucho –estaba, en aquellos momentos, en Guatemala, la Guatemala de Árbenz- y había empezado a hacer unas notas para normar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que se necesitaba para ser un médico revolucionario.

Sin embargo, vino la agresión, la agresión que desataran la United Fruit, el Departamento de Estado, Foster Dulles –en realidad es lo mismo-, y el títere que habían puesto, que se llamaba Castillo Armas -¡se llamaba!-. La agresión tuvo éxito, dado que aquel pueblo todavía no había alcanzado el grado de madurez que tiene hoy el pueblo cubano, y un buen día, como tantos, tomé el camino del exilio, o por lo menos tomé el camino de la fuga de Guatemala, ya que no era esa mi patria.

Entonces, me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar. Para hacer revolución se necesita esto que hay en Cuba: que todo un pueblo se movilice y que aprenda, con el uso de las armas y el ejercicio de la unidad combatiente, lo que vale un arma y lo que vale la unidad del pueblo.

Y entonces ya estamos situados, sí, en el núcleo del problema que hoy tenemos por delante. Ya entonces tenemos el derecho y hasta el deber de ser, por sobre todas las cosas, un médico revolucionario, es decir, un hombre que utiliza los conocimientos técnicos de su profesión al servicio de la Revolución y del pueblo. Y entonces se vuelven a plantear los interrogantes anteriores. ¿Cómo hacer, efectivamente, un trabajo de bienestar social, cómo hacer para compaginar el esfuerzo individual con las necesidades de la sociedad?

Y hay que hacer, nuevamente, un recuento de la vida de cada uno de nosotros, de lo que se hizo y se pensó como médico o en cualquier otra función de la salud pública, antes de la Revolución. Y hacerlo con profundo afán crítico, para llegar entonces a la conclusión de que casi todo lo que pensábamos y sentíamos, en aquella época ya pasada, debe archivarse y debe crearse un nuevo tipo humano. Y si cada uno es el arquitecto propio de ese nuevo tipo humano, mucho mas fácil será para todos el crearlo y el que sea el exponente de la nueva Cuba.

Es bueno que a ustedes, los presentes, los habitantes de La Habana, se les recalque esta idea: la de que en Cuba se está creando un nuevo tipo humano, que no se puede apreciar exactamente en la capital, pero que se ve en cada rincón del país. Los que de ustedes hayan ido el 26 de Julio a la Sierra Maestra, habrán visto dos cosas absolutamente desconocidas: un ejército con el pico y la pala, un ejército que tiene por orgullo máximo desfilar en las fiestas patrióticas en la provincia de Oriente, con su pico y su pala en ristre, mientras los compañeros milicianos desfilan con sus fusiles. Pero habrán visto también algo aún más importante, habrán visto unos niños cuya constitución física haría pensar que tienen 8 ó 9 años, y que, sin embargo, casi todos ellos cuentan con 13 ó 14 años. Son los más auténticos hijos de la Sierra Maestra, los más auténticos hijos del hambre y de la miseria en todas sus formas; son las criaturas de la desnutrición.

En esta pequeña Cuba, de cuatro o cinco canales de televisión y de centenares de canales de radio, con todos los adelantos de la ciencia moderna, cuando esos niños llegaron de noche por primera vez a la escuela y vieron los focos de la luz eléctrica, exclamaron que las estrellas estaban muy bajas esa noche. Y esos niños, que algunos de ustedes habrán visto, están aprendiendo en las escuelas colectivas, desde las primeras letras hasta un oficio, hasta la dificilísima ciencia de ser revolucionarios.

Esos son los nuevos tipos humanos que están naciendo en Cuba. Están naciendo en un lugar aislado, en puntos distantes de la Sierra Maestra, y también en las cooperativas y en los centros de trabajo. Y todo eso tiene mucho que ver con el tema de nuestra charla de hoy, con la integración del médico o de cualquier otro trabajador de la medicina, dentro del movimiento revolucionario, porque esa tarea, la tarea de educar y alimentar a los niños, la tarea de educar al ejército, la tarea de repartir las tierras de sus antiguos amos absentistas, hacia quienes sudaban todos los días, sobre esa misma tierra, sin recoger su fruto, es la más grande obra de medicina social que se ha hecho en Cuba.

El principio en que debe basarse el atacar las enfermedades, es crear un cuerpo robusto; pero no crear un cuerpo robusto con el trabajo artístico de un médico sobre un organismo débil, sino crear un cuerpo robusto con el trabajo de toda la colectividad, sobre toda esa colectividad social.

la medicina tendrá que convertirse un día, entonces, en una ciencia que sirva para prevenir las enfermedades, que sirva para orientar a todo el público hacia sus deberes médicos, y que solamente deba intervenir en casos de extrema urgencia, para realizar alguna intervención quirúrgica, o algo que escape a las características de esa nueva sociedad que estamos creando.

El trabajo que está encomendado hoy al Ministerio de Salubridad, a todos los organismos de ese tipo, es el organizar la salud pública de tal manera que sirva para dar asistencia al mayor número posible de personas, y sirva para prevenir todo lo previsible en cuanto a enfermedades, y para orientar al pueblo.

Pero para esa tarea de organización, como para todas las tareas revolucionarias, se necesita, fundamentalmente, el individuo. La Revolución no es, como pretenden algunos, una estandarizadora de la voluntad colectiva, de la iniciativa colectiva, sino todo lo contrario, es una liberadora de la capacidad individual del hombre.

Lo que sí es la Revolución, es al mismo tiempo, orientadora de esa capacidad. Y nuestra tarea de hoy es orientar la capacidad creadora de todos los profesionales de la medicina hacia las tareas de la medicina social.

Estamos en el final de una era, y no aquí en Cuba. Por más que se diga lo contrario, y que algunos esperanzados lo piensen, las formas del capitalismo que hemos conocido, y en las cuales nos hemos creado, y bajo las cuales, hemos sufrido, están siendo derrotadas en todo el mundo.

Los monopolios están en derrota; la ciencia colectiva se anota, día a día, nuevos y más importantes triunfos. Y nosotros hemos tenido, en América, el orgullo y el sacrificado deber de ser la vanguardia de un movimiento de liberación que se ha iniciado hace tiempo en los otros continentes sometidos del África y del Asia. Y ese cambio social tan profundo demanda, también, cambios muy profundos en la contextura mental de las gentes.

El individualismo como tal, como acción única de una persona colocada sola en un medio social, debe desaparecer en Cuba. El individualismo debe ser, en el día de mañana, el aprovechamiento cabal de todo el individuo en beneficio absoluto de una colectividad. Pero aun cuando esto se entienda hoy, aun cuando se comprendan estas cosas que estoy diciendo, y aun cuando todo el mundo esté dispuesto a pensar un poco en el presente, en el pasado y en lo que debe ser el futuro, para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores, y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales.

Y esos cambios exteriores se están dando en Cuba todos los días. Una forma de aprender a conocer esta Revolución, de aprender a conocer las fuerzas que tiene el pueblo guardadas en sí, que tanto tiempo han estado dormidas, es visitar toda Cuba; visitar las cooperativas y todos los centros de trabajo que se están creando.

Y una forma de llegar hasta la parte medular de la cuestión médica, es no solo conocer, no solo visitar, a las gentes que forman esas cooperativas y esos centros de trabajo sino también averiguar allí cuáles son las enfermedades que tiene, cuáles son todos sus padecimientos, cuáles han sido sus miserias durante años y, hereditariamente, durante siglos de represión y de sumisión total.

El médico, el trabajador médico, debe ir entonces al centro de su nuevo trabajo, que es el hombre dentro de la masa, el hombre dentro de la colectividad.

Siempre, pase lo que pase en el mundo, el médico, por estar tan cerca del paciente, por conocer tanto de lo más profundo de su psiquis, por ser la representación de quien se acerca al dolor y lo mitiga, tiene una labor muy importante, de mucha responsabilidad en el trato social.

Hace un tiempo, pocos meses, sucedió aquí en La Habana, que un grupo de estudiantes ya recibidos, de médicos recién recibidos, no querían ir al campo, exigían ciertas retribuciones para ir. Y desde el punto de vista del pasado es lo más lógico que así ocurra; por lo menos, me parece a mí, que lo entiendo perfectamente.
Simplemente me parece estar frente al recuerdo de lo que era y de lo que pensaba, hace unos cuantos años. Es otra vez el gladiador que se revela, el luchador solitario que quiere asegurar un mejor porvenir, unas mejores condiciones, y hace valer entonces la necesidad que se tiene de él.

¿Pero qué ocurriría si en vez de ser estos nuevos muchachos, cuyas familias, pudieron pagarles en su mayoría unos cuantos años de estudio, los que acabaran sus carreras, iniciaran ahora el ejercicio de su profesión? ¿Qué sucedería si en vez de ellos fueran doscientos o trescientos campesinos los que hubieran surgido, digamos por arte de magia, de las aulas universitarias?

Hubiera sucedido, simplemente, que esos campesinos hubieran corrido, inmediatamente, y con todo entusiasmo, a socorrer a sus hermanos; que hubieran pedido los puestos de más responsabilidad y de más trabajo, para demostrar así que los años de estudio que se les dio no fueron dados en vano. Hubiera sucedido lo que sucederá dentro de seis o siete años, cuando los nuevos estudiantes, hijos de la clase obrera y de la clase campesina, reciban sus títulos de profesional de cualquier tipo.

Pero no debemos mirar con fatalismo el futuro, y dividir al hombre en hijos de la clase obrera o campesina y contrarrevolucionarios, porque es simplista y porque no es cierto, y porque no hay nada que eduque más a un hombre honrado que el vivir dentro de una revolución.

Porque ninguno de nosotros, ninguno del grupo primero que llegó en el Granma, que se asentó en la Sierra Maestra, y que aprendió a respetar al campesino y al obrero conviviendo con él, tuvo un pasado de obrero o de campesino. Naturalmente que hubo quien tenía que trabajar, que había conocido ciertas necesidades en su infancia; pero el hambre, eso que se llama hambre de verdad, eso no lo había conocido ninguno de nosotros, y empezó a conocerlo, transitoriamente, durante los dos largos años de la Sierra Maestra. Y entonces, muchas cosas se hicieron muy claras.

Nosotros, que al principio castigábamos duramente a quien tocaba aunque fuera un huevo de algún campesino rico, o incluso de algún terrateniente, llevamos un día diez mil reses a la Sierra, y les dijimos a los campesinos, simplemente: “Come”. Y los campesinos, por primera vez en años y años, y algunos por primera vez en su vida, comieron carne de res.

Y el respeto que teníamos por la sacrosanta propiedad de esas diez mil reses, se perdió en el curso de la lucha armada, y comprendimos perfectamente que vale, pero millones de veces más, la vida de un solo ser humano, que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra. Y lo aprendimos nosotros, lo aprendimos nosotros, allí, nosotros, que no éramos hijos de la clase obrera ni de la clase campesina. ¿Y por qué nosotros vamos a decir ahora a los cuatro vientos, que éramos los privilegiados, y que el resto de las personas en Cuba no pueden aprenderlo también? Sí pueden aprenderlo, pero, además, la Revolución hoy exige que se aprenda, exige que se comprenda bien que mucho más importante que una retribución buena, es el orgullo de servir al prójimo, que mucho más definitivo, mucho más perenne que todo el oro que se pueda acumular, es la gratitud de un pueblo . Y cada médico, en el círculo de su acción, puede y debe acumular ese preciado tesoro, que es la gratitud del pueblo.

Debemos, entonces, empezar a borrar nuestros viejos conceptos, y empezar a acercarnos cada vez más, y cada vez más críticamente al pueblo. No como nos acercábamos antes, porque todos ustedes dirán: “No. Yo soy amigo del pueblo. A mí me gusta mucho conversar con los obreros y los campesinos, y voy los domingos a tal lado a ver tal cosa”. Todo el mundo lo ha hecho. Pero lo ha hecho practicando la caridad, y lo que nosotros tenemos que practicar hoy, es la solidaridad. No debemos acercarnos al pueblo a decir: “Aquí estamos. Venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales”. Debemos ir con afán investigativo, y con espíritu humilde, a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo.

Muchas veces nos daremos cuenta de lo equivocados que estábamos en conceptos que de tan sabidos, eran parte nuestra y automática de nuestros conocimientos. Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos sociales o filosóficos, sino también a veces los conceptos médicos. Y veremos que no siempre las enfermedades se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad; veremos, entonces, cómo el médico tiene que ser también agricultor, y cómo aprender a sembrar nuevos alimentos, y sembrar con su ejemplo, el afán de consumir nuevos alimentos, de diversificar esta estructura alimenticia cubana, tan pequeña, tan pobre, en uno de los países agrícolamente, potencialmente también, más ricos de la tierra. Veremos, entonces, cómo tendremos que ser, en esas circunstancias, un poco pedagogos, a veces muchos pedagogos; cómo tendremos que ser políticos también; cómo lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender con el pueblo, que vamos a realizar esa gran y bella experiencia común, que es construir una nueva Cuba.

Ya se han dado muchos pasos, y hay una distancia que no se puede medir en la forma convencional, entre aquel 1º de enero de 1959 y hoy. Hace mucho que la mayoría del pueblo entendió que aquí no solamente había caído un dictador, sino entendió también, que había caído un sistema. Viene entonces, ahora, la parte en que el pueblo debe aprender, que sobre las ruinas de un sistema desmoronado, hay que construir el nuevo sistema que haga la felicidad absoluta del pueblo.

Yo recuerdo en los primeros meses del año pasado que el compañero [Nicolás] Guillén llegaba de la Argentina. Era el mismo gran poeta que es hoy; quizás sus libros fueran traducidos a algún idioma menos, porque todos los días gana nuevos lectores en todas las lenguas del mundo, pero era el mismo de hoy. Sin embargo, era difícil para Guillén leer sus poesías, que eran la poesía del pueblo, porque aquella era la primera época, la época de los prejuicios. Y nadie se ponía a pensar nunca que durante años y años, con insobornable dedicación, el poeta Guillén había puesto al servicio del pueblo y al servicio de la causa en la que el creía, todo su extraordinario don artístico. La gente veía en él, no la gloria de Cuba, sino el representante de un partido político que era tabú. Pero todo aquello ha quedado en el olvido; ya hemos aprendido que no puede haber divisiones, por la forma de pensar en cuanto a ciertas estructuras internas de nuestro país, si nuestro enemigo es común, si nuestra meta es común. Y en lo que hay que ponerse de acuerdo es si tenemos o no un enemigo común, y si tratamos de alcanzar o no una meta común .

Si no, todos los sabemos. Hemos llegado definitivamente al convencimiento de que hay un enemigo común. Nadie mira para un costado, para ver si hay alguien que lo pueda oír, algún otro, algún escucha de Embajada que pueda transmitir su opinión antes de emitir claramente una opinión contra los monopolios, antes de decir claramente: “Nuestro enemigo, y el enemigo de América entera, es el gobierno monopolista de los Estados Unidos de América”. Si ya todo el mundo sabe que ése es el enemigo y ya empieza por saberse que quien lucha contra ese enemigo tiene algo de común con nosotros, viene entonces la segunda parte. Para aquí para Cuba, ¿cuáles son nuestras metas? ¿qué es lo que queremos? ¿Queremos o no queremos la felicidad del pueblo? ¿Luchamos o no por la liberación económica absoluta de Cuba? ¿Luchamos o no, por ser un país libre entre los libres, sin pertenecer a ningún bloque guerrero, sin tener que consultar ante ninguna Embajada de ningún grande de la tierra cualquier medida interna o externa que se vaya a tomar aquí? Si pensamos redistribuir la riqueza del que tiene demasiado para darle al que no tiene nada; si pensamos aquí hacer del trabajo creador una fuente dinámica, cotidiana, de todas nuestras alegrías, entonces ya tenemos metas a que referirnos. Y todo el que tenga esas mismas metas es nuestro amigo. Si en el medio tiene otros conceptos, si pertenece a una u otra organización, esas son discusiones menores.

En los momentos de grandes peligros, en los momentos de grandes tensiones y de grandes creaciones, lo que cuenta son los grandes enemigos y las grandes metas. Si ya estamos de acuerdo, si ya todos sabemos hacia dónde vamos, y pese a aquél a quien le va a pesar, entonces tenemos que iniciar nuestro trabajo.

Y yo les decía, que hay que empezar, para ser revolucionario, por tener revolución. Ya la tenemos. Y hay que conocer también al pueblo sobre el cual se va a trabajar. Creo que todavía no nos conocemos bien, creo que en ese camino nos falta todavía andar un rato. Y si se me preguntara cuáles son los vehículos para conocer al pueblo, además del vehículo de ir al interior, de conocer cooperativas, de vivir en las cooperativas, de trabajar en ellas – no todo el mundo lo puede hacer, y hay muchos lugares donde la presencia de un trabajador de la medicina es importantísima - en esos casos les diría yo que una de las grandes manifestaciones de la solidaridad del pueblo de Cuba son las Milicias Revolucionarias. Milicias que dan ahora al médico una nueva función y lo preparan para lo que de todas maneras hasta hace pocos días fue una triste y casi fatal realidad de Cuba, es decir, que íbamos a ser presa –o, por lo menos, si no presa, víctimas - de un ataque armado de gran envergadura.
Y debo advertir entonces que el médico, en esa función de miliciano y revolucionario, debe ser siempre un médico. No se debe cometer el error que cometimos nosotros en la Sierra. O quizás no fuera error, pero lo saben todos los compañeros médicos de aquella época: nos parecía un deshonor estar al pie de un herido o de un enfermo, y buscábamos cualquier forma posible de agarrar un fusil e ir a demostrar, en el frente de lucha, lo que uno sabía hacer.

Ahora las condiciones son diferentes, y los nuevos ejércitos que se formen para defender al país deben ser ejércitos con una técnica distinta, y el médico tendrá su importancia enorme dentro de esa técnica del nuevo ejército; debe seguir siendo médico, que es una de las tareas más bellas que hay, y más importantes en la guerra. Y no solamente el médico, sino también los enfermeros, los laboratoristas, todos los que se dediquen a esta profesión tan humana.

Pero debemos todos, aun sabiendo que el peligro está latente, y aun preparándonos para repeler la agresión, que todavía existe en el ambiente, debemos dejar de pensar en ello, porque si hacemos centro de nuestros afanes el prepararnos para la guerra, no podremos construir lo que queremos, no podremos dedicarnos al trabajo creador.
Todo trabajo, todo capital que se invierta en prepararse para una acción guerrera, es trabajo perdido, es dinero perdido. Desgraciadamente hay que hacerlo, porque hay otros que se preparan, pero es –y lo digo con toda mi honestidad y mi orgullo de soldado-, que el dinero que con más tristeza veo irse de las arcas del Banco Nacional, es el que va a pagar algún arma de destrucción.

Sin embargo, las Milicias tienen una función en la paz, las Milicias deben ser, en los centros poblados, el arma que unifique y haga conocer al pueblo. Debe practicarse, como ya me contaban los compañeros que se practica en las Milicias de los médicos, una solidaridad extrema. Se debe ir inmediatamente a solucionar los problemas de los necesitados de toda Cuba en todos los momentos de peligro; pero también es una oportunidad de conocerse, es una oportunidad de convivir, hermanados e igualados por un uniforme, con los hombres de todas las clases sociales de Cuba.

Si logramos nosotros, trabajadores de la medicina –y permítaseme que use de nuevo un título que hacía tiempo había olvidado-, si usamos todos esta nueva arma de la solidaridad, si conocemos las metas, conocemos el enemigo, y conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar, nos falta solamente conocer la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede enseñar nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los días hará, lo que recogerá en su experiencia individual y lo que dará de sí en el ejercicio de su profesión, dedicado al bienestar del pueblo.

Si ya tenemos todos los elementos para marchar hacia el futuro, recordemos aquella frase de Martí, que en este momento yo no estoy practicando pero que hay que practicar constantemente: “La mejor manera de decir es hacer”, y marchemos entonces hacia el futuro de Cuba.
Ernesto Che Guevara, 19 de agosto de 1960 en Cuba Debate

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CARTAS DEL CHE

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Querida vieja.
.....Las cosas desde acá son tan oscuras como desde allí, pero hay algunas que sí se pueden saber de acuerdo con noticias de ahora y experiencia anterior. Las manifestaciones "monstruo" de católicos es algo que no me pasa por la cabeza, recuerdo las monstruosas manifestaciones de la U.D., que después se transformaron en una minoría clara en elecciones que fueron limpias.
Otro si, digo, para quienes no hay escapatoria posible ante la historia es para los mierdas de los aviadores que después de asesinar gente a mansalva se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios; es impresionante que la gente llore porque le quemaron su iglesia dominguera , pero le parece la cosa más natural del mundo que revienten la cantidad de "negros" que reventaron. No te olvides que muchos de ellos fueron a morir por un ideal, pues eso de la compulsión no puede ser cierta sino en parte, en todo caso, y que cada "negro" tenía su familia que mantener, y que los tipos que dejan en la calle a la familia del "negro" son los mismos que se van al Uruguay a darse golpes de pecho por la hazaña de machos. Otra cosa importante es la cantidad de "gente bien" que murió fuera de los casos fortuitos, eso mismo indica el carácter de la gente que iba a derrocar a Perón y el futuro que esperaría a una Argentina gobernada por un Olivieri o por un Pastor, que para el caso es lo mismo. .....
Olivieri o Pastor, o el que fuera, tirarían o tirarán - que todavía no se aclaró todo,- contra el pueblo o la primera huelga seria y entonces no habrá chicos de Inchauspi (1) que mueran, pero matarán a cientos de "negros" por delito de defender sus conquistas sociales y La Prensa dirá muy dignamente que es ciertamente muy peligroso el que trabajadores de una sección vital del país de se declaren en huelga..La forma en que la prensa de México trató el asunto no deja lugar a dudas, fuera de que algún comentarista muy ligado a la Casa Blanca insinuaba que lo que había de disolvente en Perón (disolvente para la compactación del mundo libre) era la tendencia neutralista de éste y su propensión a comerciar con los países detrás de la cortina.

(1) Inchauspi: joven de la oligarquía que murió durante los sucesos del 16/6/55

* * * * * * *

México, septiembre 24 de 1955.

Querida vieja: Esta vez mis temores se han cumplido, al parecer, cayó tu odiado enemigo de tantos años; por aquí la reacción no se hizo esperar: todos los diarios del país y los despachos extranjeros anunciaban llenos de júbilo la caída del tenebroso dictador; los norteamericanos suspiraban aliviados por la suerte de 425 millones de dólares que ahora podrían sacar de la Argentina; el obispo de México se mostraba satisfecho de la caída de Perón, y toda la gente católica y de derecha que yo conocí en este país se mostraba también contenta; mis amigos y yo no; ......Te confieso que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, por lo que significa para toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los últimos tiempos, Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el norte. Para mí, que viví las amargas horas de Guatemala, aquello fue un calco a distancia, ..Tal vez en el primer momento no verás la violencia porque se ejercerá en un círculo alejado del tuyo.
"Quien sabe que será mientras tanto de tu hijo andariego. Tal vez haya resuelto sentar sus reales en la tierra natal (única posible) o iniciar una jornada de verdadera lucha.

Para reproducir citar la fuente pensamientodiscepoleano

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México, octubre 7 de 1955

Mi muy querida Tiíta (1) : .......Como te imaginarás, el gusto que tendrás vos frente a la caída del tirano es exactamente inverso al que siento yo, será tal vez por un innato deseo de que me tengan el bozal bien firme y me den una sobadita de lomo de vez en cuando. Yo no sé bien por qué será, pero sentí la caída de Perón un poquito. La Argentina era una ovejita gris pálido, pero se distinguía del montón: ahora ya tendrá el mismo colorcito blanco de sus 20 primorosas hermanas; se dirá misa con mucha asistencia de agradecidos fieles, la gente bien podrá poner en su lugar a la chusma; los norteamericanos invertirán grandes y beneficiosos capitales en el país, en fin, un paraíso. Yo francamente no sé porqué, añoro el color gris de la ovejita..."
(1) Se trata de su tía Beatriz.

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México, 24 de septiembre de 1955.

Querida Tita (1): ...Desde aquí no se puede decir nada en absoluto, pero el unánime júbilo de Estados Unidos y los católicos, sumado a las declaraciones de la nueva junta y el hecho de que todos eran militares, está dando una idea de lo que será esta nueva liberación . Con todo el respeto que me merece Arbenz (totalmente diferente a Perón desde el punto de vista ideológico) la caída del gobierno argentino sigue los pasos de Guatemala con una fidelidad extraña.......

(1) Tita Infante: amiga del Che residente en Buenos Aires.

Cartas del Che publicadas por Ernesto Guevara Lynch en Aquí va un soldado de América, Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1988.

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Todos los derechos reservados. Para reproducir citar la fuente Pensamiento Discepoleano

"La Habana 12/4/60

Sr. Ernesto Sábato Estimado compatriota: Pertenezco, a pesar de todo, a la tierra donde nací y aún soy capaz de sentir profundamente todas sus alegrías, todas sus esperanzas y todas sus decepciones.
Sería difícil explicarle porqué "esto" (la revolución cubana) no es "Revolución Libertadora"; quizás tendría que decirle que le vi las comillas, a las palabras que usted denuncia, en los mismos días de iniciarse y yo identifiqué aquella palabra con lo mismo que había acontecido en una Guatemala que acababa de abandonar vencido y casi decepcionado (1).....No podíamos ser "libertadora" porque no éramos parte de un ejército plutocrático sino éramos un nuevo ejército popular, levantado en armas para destruir al viejo, y no podíamos ser "libertadora" porque nuestra bandera de combate no era una vaca sino, en todo caso, un alambre de cerca latifundaria destrozado por un tractor, .No podíamos ser "libertadora" porque nuestras sirvienticas lloraron de alegría el día en que Batista se fue y entramos en La Habana y hoy continúan dando datos de todas las manifestaciones y todas las ingenuas conspiraciones de la gente Country Club que es la misma gente country Club que usted conociera allá y fueran, a veces, sus compañeros de odio contra el peronismo. ...
(1) Referencia al golpe militar de Castillo Armas, armado por los yanquis para derrocar a Jacobo Arbenz, en 1954.

En Epistolario, La Habana. Editorial Ciencias Sociales, 1993, p.4.

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CARTAS DE AMOR A SU ESPOSA ALEIDA

Ernesto Che Guevara: “Quiéreme, apasionadamente, pero comprensivamente”
Ernesto Che Guevara mantuvo una emotiva e íntima comunicación personal con su esposa Aleida March.
Desde su salida hacia El Congo, en abril de 1965, al frente de un grupo de combatientes cubanos y hasta su última guerrilla en Bolivia entre 1966 y 1967, Ernesto Che Guevara mantuvo una emotiva e íntima comunicación personal con su esposa Aleida March.

 

Primera carta enviada a Aleida March desde El Congo, 1965:
Mi única en el mundo:
(Se lo pedí prestado al viejo Hickmet)
¿Qué milagro has hecho con mi pobre y viejo caparazón, ya no me interesa el abrazo real y sueño con las concavidades en que me acomodabas y en tu olor y en tus caricias toscas y guajiras?
Esto es otra Sierra Maestra pero sin el sabor de la construcción ni, todavía al menos, la satisfacción de sentirlo mío.
Todo transcurre con un ritmo lento, como si la guerra fuera una cosa para pasado mañana. Por ahora, tu temor de que me maten es tan infundado como tus celos.
Mi trabajo se compone de la enseñanza de francés en varias clases al día, aprendizaje de swahili y medicina. Dentro de unos días comenzaré un trabajo serio, pero de entrenamiento. Una especie de Minas del Frío, de la de la guerra; no la que visitamos juntos.
Dale un beso cuidadoso a cada crío (también a Hildita).
Sácate una foto con todos ellos y mándala. No muy grande y otra chiquita. Aprende francés, más que enfermería y quiéreme.
Un largo beso, como de reencuentro.
Te quiere
Tatu

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Misiva enviada también a Aleida March desde El Congo:
No me chantajees. No puedes venir aquí ahora ni dentro de tres meses. Dentro de un año será otra cosa y veremos. Hay que ana­lizar bien eso. Lo imprescindible es que cuando vengas no seas “la señora” sino la combatiente, y para eso debes prepararte, al menos en francés…
Así ha pasado una buena parte de mi vida; teniendo que refrenar el cariño por otras consideraciones y la gente creyendo que trata con un monstruo mecánico. Ayúdame ahora, Aleida, sé fuerte y no me plantees problemas que no se pueden resol­ver. Cuando nos casamos sabías quién era yo. Cumple tu parte de deber para que el camino sea más llevadero, que es muy largo aún.
Quiéreme, apasionadamente, pero comprensivamente, mi camino está trazado, nada me detendrá sino la muerte. No sien­tas lástima de ti; embiste la vida y véncela, y algunos tramos del camino los haremos juntos. Lo que llevo por dentro no es ninguna despreocupada sed de aventuras y lo que conlleva, yo lo sé; tú debías adivinarlo […].
Educa a los niños. No los malcríes, no los mimes demasiado, sobre todo a Camilo. No pienses en abandonarlos porque no es justo. Son parte nuestra.
Te abraza con un abrazo largo y dulce, tu
Tatu

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Carta enviada a Aleida March desde Tanzania el 28 de noviembre de 1965:
Mi querida:
Alcancé la otra carta que te mandaba. Todo se precipitó en forma contraria a las esperanzas. El desenlace te lo puede contar Osmany; solo te diré que mi tropa, de la que me sentía orgulloso y seguro los primeros días, se fue diluyendo, o mejor dicho, reblandeciendo como manteca en la sartén y se me escapó de la mano. Volví, por el camino de la derrota, con un ejército de sombras. Ya todo ha pasado y viene la etapa final de mi viaje y la definitiva; solo me acompañarán ahora un puñado de elegidos con estrellas en la frente (las martianas, no las de comandante).
La separación promete ser larga, tenía la esperanza de poder verte en el tránsito de lo que parecía una guerra larga, pero no fue posible. Ahora habrá entre nosotros una cantidad de tierra hostil y hasta las noticias encarecerán. No te puedo ver antes porque hay que evitar toda posibilidad de ser detectado; en el monte me siento seguro, con mi arma en la mano, pero no es mi elemento el deambular clandestino y tengo que extremar las precauciones.
Ahora viene la etapa verdaderamente difícil para todos y hay que prepararse a soportarla; espero que sepas hacerlo. Tie­nes que soportar tu cruz con entusiasmo revolucionario. Si llego a destino, cuando lo sepan, harán todo por ahogar la cosa en germen y las medidas profilácticas de aislamiento se harán más rígidas. Siempre encontraré la manera de hacerte llegar unas líneas, pero si no se puede no pienses lo peor; en el punto de destino seré fuerte otra vez, a pesar de la diferencia de medios que tendré al principio.
Me cuesta escribir; o son los detalles técnicos que no deben interesar, o los recuerdos de toda la vida pasada que tardará en volver. Porque has de saber que soy una mezcla de aventu­rero y burgués, con una apetencia de hogar terrible pero con ansias de realizar lo soñado. Cuando estaba en mi burocrática cueva soñaba con hacer lo que empecé a hacer; y ahora, y en el resto del camino, soñaré contigo y los muchachos que van creciendo inexorablemente. Qué imagen extraña deben hacerse de mí y qué difícil será que algún día me quieran como padre y no como el monstruo lejano y venerado, porque será una obli­gación hacerlo.
Cuando arranque te dejaré unos libros y notas, guárdalos. Me he acostumbrado tanto a leer y estudiar que es una segunda naturaleza y hace más grande el contraste con mi aventure­rismo.
Como siempre, te había hecho un versito y, como siempre, lo rompí. Cada vez soy mejor crítico y no quiero que me pasen accidentes como los de la otra vez.
Ahora, que estoy encarcelado, sin enemigos en las cercanías ni entuertos a la vista, la necesidad de ti se hace virulenta y tam­bién fisiológica y no siempre pueden calmarlas Karl Marx o Vla­dimir Ilich.
Dale el beso especial a la cumpleañera; no le mando nada porque es mejor desaparecer totalmente. Te vi de poses en una tribuna, estás de lo más bien, casi como en los días felices de Santa Clara. Yo también me aproximé a ese ideal, pero ahora vuelvo a ser el insignificante Sansón Pelao.
Educa los niños. Siempre me preocupan los hombres, sobre todo, e insístele al viejo para que los visite. Dale un abrazo a los buenos viejos que tienes por allí y recibe el tuyo, no el último pero con todo el cariño y la desesperación como si lo fuera. Un beso.
Ramón

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Fragmentos de apuntes personales que el Che dejó para Aleida March en una pequeña libreta antes de partir a Praga. Fueron recogidos por ella en las oficinas de Fidel. El Che los tituló “Envío”:
Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía, pero fracasé; tengo tantas cosas ínti­mas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dul­ces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles! Quedan trizadas en el trayecto, vibracio­nes dispersas, nada más. […].
Carezco de conductor, tendría que desintegrarme para decír­telo de una vez. Utilicemos las palabras con un sentido cotidiano y fotografiemos el instante.
[…] Así te quiero, con recuerdo de café amargo en cada mañana sin nombre y con el sabor a carne limpia del hoyuelo de tu rodilla, un tabaco de ceniza equilibrista, y un refunfuño incoherente defendiendo la impoluta almohada […].
Así te quiero; mirando los niños como una escalera sin histo­ria (allí te sufro porque no me pertenecen sus avatares), con una punzada de honda en los costados, un quehacer apostrofando al ocio desde el caracol […].
Ahora será un adiós verdadero; el fango me ha envejecido cinco años; solo resta el último salto, el definitivo.
Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino.
No me llames, no te oiría; sólo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […].
Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos.
Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y dejáme vivirte para siempre en el perenne instante.

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Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía, pero fracasé; tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dulces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles! Quedan trizadas en el trayecto, vibraciones dispersas, nada más. […] Carezco de conductor, tendría que desintegrarme para decírtelo de una vez. Utilicemos las palabras con un sentido cotidiano y fotografiemos el instante.

Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino. No me llames, no te oiría; sólo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […] Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos. Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y dejáme vivirte para siempre en el perenne instante.”
(Carta de despedida de Ernesto Guevara a su esposa)

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Fragmentos de la única carta que pudo recibir Aleida March mientras el Che lideraba la guerrilla en Bolivia. Fue traída a Cuba por el peruano Juan Pablo Chang (el Chino), des­pués de su visita al Campamento de Ñancahuasú, el 2 de diciembre de 1966, antes de su incorporación definitiva a la guerrilla:
Mi única:
Aprovecho el viaje de un amigo para mandarte estas letras, claro que podían ir por correo, pero a uno le parece más íntimo el camino “paraoficial”. Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero sé que no me creerías de manera que me abstengo. Pero hay días en que la morriña avanza incon­tenible y se posesiona de mí. En navidad y Año nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a la vida en el orden personal […].
De mi vida aquí, poco interesante se puede decir, el trabajo me gusta pero es excluyente y a veces un poco cansador. Estu­dio, cuando me queda tiempo y sueño en algunos instantes; juego ajedrez, sin contrincantes de categoría y camino bastante. Voy perdiendo peso, un poco de añoranza y otro del trabajo.
Dale un beso a los pedacitos de carne, a todo el resto y recibe el beso preñado de suspiros y otras congojas de tu pobre y pelado
Marido

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ENTRETELONES DEL ENCUENTRO ENTRE EL CHE Y UN FUNCIONARIO DE KENNEDY, HACE 60 AÑOS
Flavio Tavares, periodista y exguerrillero, estuvo a cargo de esas conversaciones sigilosas
Las gestiones de Tavares en Punta del Este llegaron a buen puerto, pero el periodista no participó en la cita de Guevara y Goodwin. El norteamericano destacó la firmeza de las convicciones y el sentido del humor del argentino.

Ernesto Che Guevara y un enviado del presidente norteamericano John F. Kennedy se reunieron hace sesenta años, en agosto de 1961, luego del inicio del embargo contra Cuba y al margen de la cumbre de Punta del Este convocada por la OEA para impulsar la Alianza para el Progreso.

El encuentro, que fue mantenido en secreto durante décadas, tal vez haya sido el más importante celebrado entre un emisario del comandante Fidel Castro y un hombre de confianza de Kennedy. Fue el fruto de la voluntad de ambas partes, pero fundamentalmente de la cubana, y contó con el apoyo de un brasileño cercano al Che, Flavio Tavares, periodista y exguerrillero a cargo de quien estuvieron las conversaciones sigilosas para aproximar a dos gobiernos que acababan de romper relaciones diplomáticas.

En esta entrevista con Página/12 Tavares, autor del libro Mis 13 días con el Che Guevara , repasó la cumbre de casi dos semanas del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) auspiciada por la OEA y reveló los entretelones de la cita entre el Che y el emisario de Kennedy. 

"La conferencia de Punta del Este fue histórica, y no estoy usando la palabra histórica porque sí, fue extremadamente importante porque nos mostró la gravedad del conflicto entre Estados Unidos Cuba, y como éste influyó en toda América Latina", sostiene Tavares.

Por cierto el evento se inscribe en la historia del embargo y el bloqueo como una política de Estado que ha sido impermeable a los cambios partidarios en la Casa Blanca.

Surgida con el presidente republicano Dwight Eisenhower, la guerra económica contra la Isla se profundizó con su sucesor, el demócrata Kennedy y continuó sin interrupciones hasta la actual administración de Joe Biden, otro demócrata que dejó en pie las medidas draconianas heredadas del republicano Donald Trump.

Punta del Este

Las deliberaciones de Punta del Este comenzaron el 5 de agosto de 1961, cuatro meses después de la invasión de Playa Girón y 14 meses antes de la crisis de los misiles por la que Cuba se convertiría en el epicentro de una crisis nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

En ese contexto Cuba tuvo un papel protagónico en la asamblea del CIES, siendo el único país que rechazó la Alianza para el Progreso presentada por Kennedy en marzo de aquel 1961.

"De alguna manera la conferencia giró alrededor Cuba y del Che que tenía una personalidad electrizante, él era quien atraía las miradas de todo el mundo. Los periodistas querían entrevistarlo, los diplomáticos intentaban mantener una conversación a solas con él. El Che era una figura expansiva con una oratoria fuerte, pero al mismo tiempo era austero cuando hablaba en privado, era un hombre de ideas, un pensador", recuerda Flavio Tavares.

Frondizi y Quadros

"El 18 de agosto el Che desapareció de Punta del Este, todo el mundo comenzó a preguntarse donde estaba, y luego nos enteramos que había viajado en una avioneta a Buenos Aires, hasta el Aeropuerto de Don Torcuato, para reunirse con el presidente Arturo Frondizi en la residencia de Olivos.
Al día siguiente viajó a Brasilia donde lo recibió el presidente Janio Quadros que lo condecoró con la Gran Cruz de la Orden del Cruzeiro de Sur".
Las derechas civiles y militares de Argentina y Brasil se disgustaron con el desembarque de Guevara - la guardia de honor del Palacio del Planalto amenazó no darle el recibimiento protocolar - lo que agravó los ya inestables escenarios políticos de los dos países.

Frondizi fue derrocado a principio de 1962.
Quadros  presentó su renuncia cinco días después de fotografiarse con el ministro de Industria cubano, pero su salida no fue una consecuencia directa de ese encuentro.

Espías

La sala de sesiones del CIES, dominada por una amplia mesa con forma de herradura donde se sentaban los delgados, fue instalada en el Hotel Casino Nogaró.

Tavares cita la notoria cantidad de guardaespaldas y presuntos agentes de inteligencia, seguramente varios de la CIA, que merodeaban el hotel. Posiblemente buscaban todas las informaciones posibles del Comandante que desde hacía dos años estaba realizando visitas internacionales como representante de su gobierno y símbolo "de la esperanza que despertaba la Revolución en la izquierda mundial".

"Un día, después de que el Che hizo un discurso duro contra Estados Unidos, un cubano saltó sobre la mesa y empezó a gritar ´asesino, asesino´, e intentó ir en dirección al Che pero el guardaespaldas lo protegió abriendo la bandera cubana".

Después del incidente Guevara tomó una Coca Cola en el bar y regresó al auditorio sin ninguna muestra de preocupación.

Tavares menciona que el protocolo y la seguridad eran transgredidos a menudo por el delegado del gobierno cubano que se alojaba en un hotel modesto, a diferencia del resto de los delegados, y un día llegó a la sesión caminando por la playa a pesar del viento y el frío de agosto.

En la aristocrática Punta del Este el médico argentino cubano era el personaje estelar pero seguramente nunca tan popular como en la politizada Montevideo cuyos paredones fueron copados por pintadas dándole la bienvenida y maldiciendo a Kennedy.

"En Uruguay se sentía una tensión que era la misma que había en un continente tomado por la Guerra Fría, la represión que empezaba a aumentar", contextualiza Tavares. "Durante los largos plenarios el Che era el único que hablaba de pie y sin leer, con un apunte que miraba cada tanto para organizar su exposición".

En uno de sus discursos más extensos denunció que la reunión de la OEA había sido organizada para impedir que el ejemplo cubano fuera emulado en la región.

Sus palabras estaban formalmente dirigidas a todos los participantes pero lo cierto era que apuntaban al secretario del Tesoro norteamericano Douglas Dillon.

Playa Girón

El Che exigió que haya un trato en pie de igualdad entre La Habana y Washington y deploró la fallida invasión de Playa Girón, organizada y financiada por Estados Unidos. Aseguró que esa derrota norteamericana cambiaría el rumbo del continente.

"Plantarse frente al monstruo invencible, esperar el ataque del monstruo y derrotarlo también, esto es algo nuevo en América señores", sentenció vistiendo uniforme militar: borceguíes, camisa y pantalón verde oliva.

Mister Dillon

Douglas Dillon en su condición de jefe de la misión enviada por Washington destacó ante el CIES el impulso al "desarrollo" que llegaría a través de los abundantes créditos norteamericanos y rebatió una a una las tesis cubanas.

La contienda discursiva entre el Secretario del Tesoro y el Ministro de Industria redujo a un papel secundario a los delegados de resto del continente que oscilaban entre el apoyo sumiso a Kennedy y una neutralidad sobreactuada, como fue el caso de los representantes de Argentina y Brasil.

Lo cierto es que después de dos semanas de debates todos apoyaron la Alianza para el Progreso, aislando a La Habana que al año siguiente, en 1962, otra vez en Punta del Este, sería expulsada de la OEA.

Vinculado al Partido Republicano, el secretario Dillon era uno de los funcionarios del primer escalón del gobierno norteamericano que no pertenecía al Partido Demócrata de Kennedy.

Con sus trajes bien cortados Dillon era el funcionario más importante de la misión norteamericana en Punta del Este, situándose al margen de los cabildeos informales de los que se ocupaba otro miembro de la delegación: el joven Richard Goodwin.

Goodwin, el asesor

"El hombre de Kennedy en Punta del Este era Goodwin, Kennedy y Goodwin se conocían desde antes de la Casa Blanca, los dos venían de Boston. Godwin era el encargado de escribir los discursos del presidente", señala Tavares al explicar el peso político del asesor.

"Goodwin se movía sin custodios y era bastante conversador, nos fue relativamente fácil llegar hasta él, lo contrario de Dillon que siempre esta rodeado de asesores y custodios", describe Tavares.

El periodista brasileño trabajaba para un diario de su país y hacía colaboraciones para la agencia cubana Prensa Latina.

Luego de la cobertura de rutina de la cumbre solía frecuentar restaurantes donde confraternizaba con colegas o iba a las recepciones ofrecidas por influyentes personajes esteños como el político uruguayo Eduardo Haedo o el empresario argentino Mauricio Litman. Guevara estuvo algunas de esas veladas.

Tavares fue acercándose al Che gracias a la confianza surgida a partir de la relación que había establecido previamente con la madre de éste, Celia de la Serna, a quien conoció cuando ella realizó una visita a Brasil para divulgar las conquistas del nuevo gobierno cubano.

Una noche "el Che se reunió con su madre, doña Celia, su padre don Ernesto Guevara Lynch, sus hermanos y la tía Beatriz, muy elegante, en el Playa Hotel.

La seguridad cubana no dejaba pasar a nadie, pero doña Celia pidió que hicieran una excepción conmigo, que pude fotografiarlos. Creo que fue una de las útimas cenas que el Che compartió con toda su familia".

En uno de esos encuentros frecuentes "el Che me hizo saber que le parecía bien" conversar reservadamente con Goodwin, " con quien mi colega Hermano Alves y yo habíamos hablado durante un encuentro casual en una marisquería. Goodwin también nos manifestó su disposición para el diálogo".

Finalmente, las gestiones de Tavares llegaron a buen puerto, pero el periodista no participó en la cita de Guevara y Goodwin y "nunca hablé con el Che de lo que pasó en la reunión".

La primera versión documentada dada por uno de los protagonistas se conoció sólo en 1996, cuando fue desclasificado el cable secreto enviado por Goodwin a Washington el 22 de agosto de 1961 y del cual Tavares tiene una copia en su oficina de Porto Alegre.

En el memorando Goodwin dice que se abrió la posibilidad de un deshielo, porque sin bien Guevara no está dispuesto a reintegrar las empresas expropiadas si aceptaría indemnizar a Estados Unidos a través de compensaciones en el comercio bilateral.

El consejero de Kennedy elaboró un informe de medido optimismo en el que describió líder revolucionario como alguien firme en sus convicciones y sentido del humor.

"Tras la barba rala (Guevara) tiene facciones suaves, casi femeninas, pero el gesto es serio, reveló muchísimo sentido del humor e intercambiamos chistes", dice el mensaje de acuerdo con la traducción al español hecha por Tavares.

El informe que probablemente haya leído Kennedy, cuenta que una de las bromas de Guevara fue "agradecer" a Estados Unidos por la invasión de Playa Girón dado el rédito político que significó para Cuba.

La historiadora Doris Kearns, esposa de Goodwin fallecido en 2018, aún guarda la caja de madera de los habanos que Guevara le obsequió a su esposo en Punta del Este. (Darío Pignotti, Página 12, 31/8/2021)

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ERNESTO “CHE” GUEVARA ENFERMERO DE YPF, EN LA MARINA MERCANTE ARGENTINA
Fragmento del libro que prepara el escritor y documentalista Lois Pérez Leira sobre aspectos pocos conocidos de la vida del Che Guevara. (Publicado en Agencia Paco Urondo el 24.11.2012)

Ernesto quería conocer en profundidad toda América latina, esto lo lleva a trabajar como enfermero
de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) recorriendo parte de la costa marítima del continente.

Transcurría octubre de 1950 Ernesto había sido invitado al casamiento de su amiga Carmen González Aguilar, que se realizaba en Córdoba. En aquella fiesta nace su noviazgo con María del Carmen  Ferreyra, hija de una familia rica cordobesa. Entre “Chichina” como le decían y Ernesto comienza un noviazgo casi epistolar. A pesar de la pasión que la relación sentimental suscitó entre ellos, la distancia entre Córdoba y Buenos Aires y los sucesivos viajes de Ernesto fueron convirtiendo a este romance en un amor, que solo lo alimentaba la fantasía y la distancia. A Ernesto le gustaba mucho Chichina, aunque tenía miedo que ese amor lo atara y no le permitiera cumplir sus sueños de conocer el mundo. Es por ello que su nueva meta era embarcarse en la flota mercante argentina, con el fin de conocer una parte de América latina. Sí sacaba el carnet de enfermero y conseguía que lo contrataran, podría viajar, ahorrar algún dinero para futuros viajes y en el barco seguir estudiando las materias que le faltaban de sus estudios de medicina, esa era su meta.

Ernesto gracias a las gestiones de su padre -que recurrió a varios amigos influyentes- logró conseguir el certificado de enfermero. Su carrera avanzada en medicina lo acreditaba para ejercer la enfermería. Para Ernesto era una buena oportunidad para hacer algunas prácticas, aunque su interés más importante era conocer otros lugares de América latina. Después de una espera de varias semanas logro conseguir la anhelada matricula profesional, con fecha del 22 de diciembre de 1950. Con el carnet en la mano, dejó pasar las fiestas de fin de año  y se presentó ante la empresa estatal Flota Argentina de Navegación de Ultramar (FANU) que posteriormente se denominó (ELMA), con el objetivo de cubrir algún puesto vacante en esa categoría. Por aquellos años del gobierno peronista, la flota mercante argentina estaba en su mayor apogeo. Sus barcos surcaban los mares del mundo trasportando carmes, cueros, cereales o trayendo productos del exterior. También estaba en su mayor desarrollo la explotación petrolera de Comodoro Rivadavia. Ernesto no tardó mucho en conseguir la primera suplencia en el buque carguero Anna G. embarcándose el 9 de febrero de 1951. Confirmado para hacer su primer viaje, Ernesto recordó las novelas de Emilio Salgari en el Caribe, que tanto les gustaba. Desde niño Ernesto se convirtió en un gran lector de novelas de aventuras. Entre sus autores predilectos estaban Julio Verne y Alejandro Dumas. Aunque sentía una admiración especial por el escritor italiano Emilio Salgari. Este autor había escrito cerca de 200 novelas, muchas de ellas ambientadas en el Caribe. Algunos de los más populares personajes fueron El Corsario Negro y El Capitán Morgan, que luchaban contra la injusticia. La imaginación del joven Ernesto lo llevo en un sinfín de veces a soñar con conocer estas lejanas tierras. Por ello cuando se enteró que los buques tanques hacían escala en aquellos puertos que Salgari narraba con tanta descripción, se sintió trasladado en el tiempo, ahondando aún más sus deseos de descubrir esos lugares tan lejanos y exóticos. El Anna G era un carguero relativamente nuevo, había sido construido en el astillero de Levingston Shipbuilding (EEUU) en 1942. Estaba preparado para transportar cereales o carga general, como así también combustibles líquidos o aceites vegetales. El buque tanque tenía 101, 25 metros de eslora y 15,25 de manga, contaba con una tripulación de 37 hombres.

Según la escritora Julia Constenla, Guevara en este viaje: “Conocerá allí las costas sureñas de Comodoro Rivadavia y puertos del Brasil, Venezuela y Trinidad Tobago”. El carguero fue haciendo escalas en los puertos brasileros, navegando lentamente a 11 nudos de velocidad media. Ernesto se aburría esperando atender a algún tripulante que podía padecer algún trastorno leve.

En la mayoría de los casos se acercaban a la enfermería para solicitar algún analgésico para los dolores de cabeza, también eran comunes alguna que otra descomposturas o mareos sin mayor trascendencia. Aunque según se cuenta en alta mar realizó una  apendicetomía con un cuchillo de cocina, porque el único bisturí de abordo había sido utilizado en una pelea a cuchillo y embargado luego como prueba judicial. En las largas horas de espera, mirando siempre a un mar infinito Ernesto aprovechaba para leer sus libros de cabecera. También aprovecho aquel viaje para escribir y filosofar sobre la vida.

En las pocas oportunidades que tuvo de bajar en algún puerto de la costa del Brasil pudo comprobar la belleza de su paisaje, al mismo tiempo quedo sorprendido por la belleza de la mujer brasileira. Desde Puerto Alegre le escribe a su tía: “Querida Beatriz: Desde esta tierra de bellas y ardientes mujeres te mando un compasivo abrazo hacia Buenos Aires que cada vez me parece más aburrido…”  De Trinidad Tobago le envía otra postal: “Después de sortear mil dificultades, luchando contra los tifones, los incendios, las sirenas con sus cantos melodiosos (aquí son sirenas color café) llevo como maravilloso recuerdo de esta isla maravillosa 1500000 (un millón quinientos mil) v.i de Penicilina y el corazón saturado de “bellezas”. Para tu pobre alma burguesa te envió un abraso.”

Años después estando en Praga, preparando su entrada  secreta a Cuba para luego marcharse a Bolivia, en una charla informal con sus compañeros que compartían aquella misión, recordó su paso por el Brasil, así lo cuenta José Gómez Abad en su libro “Como el Che burlo a la CIA”: “En las sobremesas como en las conversaciones que frecuentemente sosteníamos en el resto del día, tanto el Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca), que lo conocía de años, como principalmente yo, que tenía el privilegio de escucharlo en un círculo pequeño e íntimo, disfrutábamos al charlar con él. Al escuchar sus anécdotas era como si nos adentráramos en sus secretos, expuestos con toda naturalidad, en una atmósfera distendida y amena. A veces las conversaciones eran en nuestra habitación y él se recostaba sobre una de las camas. Generalmente no hablaba de sí mismo ni acostumbraba a hacerlo en primera persona y menos aún de realzar su protagonismo. A solicitud de Pacho nos hizo diversos relatos sobre sus andanzas de joven, recorriendo primero en una bicicleta con motor media Argentina y después en una motocicleta con su amigo Alberto Granado, diversos países de América del Sur. Personalmente me agradó mucho su relato sobre el cruce del río Amazonas en la balsa a la que llamaron Mambo-Tango. Cuando años después he leído los libros donde aparecen reseñadas sus aventuras juveniles, me parece estarlo escuchando, ver sus expresiones, gestos y sonrisas. No era un moralista intransigente, pues en ningún momento mostró disgusto de que en su presencia Pachungo y yo habláramos sobre mujeres, aunque dentro de un plano no obsceno. En ocasiones hacía sus comentarios, pero era muy reservado en este aspecto, excepto la tarde en que Pachungo le insistió para que nos comentara en dónde había conocido mujeres más hermosas durante sus periplos juveniles. Fue cuando nos habló de la etapa en que se enroló como enfermero de un barco argentino y llegó hasta Brasil, donde conoció a las negras y mulatas, “las que me deslumbraron”, según su expresión. Es entonces cuando Pachungo le dice: Oiga, Ramón, usted cuando joven era tremendo jodedor, así que le gustaba quemar petróleo.” Me quedé pasmado, pues no sabía cómo él reaccionaría. Inesperadamente, al escuchar este ocurrente comentario, el Che comenzó a reírse y le dijo: “Pacho, estamos hablando en serio, y tú todo lo tiras a relajo, no te burles de mis experiencias juveniles.” Pachungo le siguió insistiendo para que nos diera detalles de esas aventuras, a lo que le respondió algo más serio pero sin estar disgustado: “A ti lo que te interesa es el chisme y a mí no me agrada hablar de mis intimidades.” Ahí cortó el tema y pasamos a hablar de asuntos políticos…”

Al retornar a Buenos Aires y luego de pasar algunos días con su familia logra una nueva suplencia esta vez en el buque Tanque Argentino General San Martin. Esta vez el barco era mucho más grande tenía 172,44 metros de eslora y de manga 21, 64 metros. El General San Martin estaba recién incorporado a la flota argentina. Había sido construido en Inglaterra en los astilleros Cammell Laird y tenía 61 tripulantes. Su misión era el traslado de crudo y derivados desde el exterior.

El enfermero Guevara, se embarcó en Buenos Aires el 9 de mayo de 1951, la  empresa YPF Yacimiento Petrolíferos Fiscales estaban en un auge gigantesco, y el combustible que se cargaba en Venezuela y Trinidad, era utilizado para la industria que se encontraba también en un destacado crecimiento. El barco estaba bajo el mando del Capitán Mario Aguiar. En las  fojas 36 del libro de rol (documento que registra la tripulación en la tarea para la que se la embarca), aparece, en el renglón correspondiente al tripulante n° 51, que bajo el rol de ENFERMERO, indica en el cuadro correspondiente al nombre: Ernesto Guevara. En el mismo se señala  como “argentino de 22 años”, domiciliado en “Araoz 2180 Capital Federal”. El buque cubría el derrotero entre Buenos Aires, San Lorenzo (Santa Fe), Trinidad y Venezuela (Puerto de Caripito). Llevaban petróleo. En el mismo libro, aparece casi en todos los viajes, el enfermero efectivo de la nave: Ismael Zabaleta, domiciliado en Villa Domínico (Partido de Avellaneda). La gran cantidad de viajes realizados por el enfermero Zabaleta, y el único donde aparece Guevara, indica claramente que “EL Che”, realizó ese viaje en carácter de “relevo”.

El enfermero relevante, aparece bajo el número de prontuario de Prefectura Nacional Marítima (Hoy Prefectura Naval Argentina) PP51-521. El 12 de mayo, tres días después de su embarco en el Petrolero General San Martín, el buque entra (a las 14,35hs) en el puerto petrolero santafesino de San Lorenzo. Zarpa de allí al día posterior (lo que indica que la carga no debía ser mucha), luego de descargar, con rumbo a Trinidad, arribando al puerto petrolero de Pointe-a-Pierre. Esta ciudad caribeña se encuentra en el Golfo de Paria y es un importante puerto para la exportación e importación de productos derivados del petróleo. El 13 de junio a las 13,25hs, vuelve a entrar en Buenos Aires procedente de Trinidad y con carga completa. El buque, realizaba un “Triángulo” entre Buenos Aires, San Lorenzo (Santa Fe) y el puerto petrolero de Point-a-Pierre, en la Isla de Trinidad. También era normal, cargar hidrocarburo en el puerto fluvial venezolano de Caripito, en el Estado Monagas.  Estos puertos abastecedores de petróleo (Point-a-Pierre y Caripito), al igual que los actuales (monoboyas) eran inhóspitos parajes, donde se instalaba un oleoducto que se internaba varios cientos de metros en el mar (o río), sitio donde existía una boya o pequeño muelle de amarre. Allí (normalmente pudiendo bajar a tierra, solo por medio de botes) permanecían los buques petroleros, unidos a la destilería o tanque por medio de una gigantesca manguera a través de la cual se bombea el hidrocarburo en caliente. Esta característica de los buques petroleros era (y es) de gran importancia. El hidrocarburo pesado (petróleo) es de hecho una viscosa y pesada pasta más parecida a la brea  que al líquido fluido que se muestra en las películas. Por esto, debe calentarse para que fluya, y debe permanecer caliente mientras se lo transporta, ya que si se enfriase, se solidificaría y sería imposible su descarga, salvo que fuese “a pala”. El puerto de Caripito en Venezuela, es un puerto de gran singularidad se ingresa por el delta del Río Orinoco, y, subiendo el serpenteante curso fluvial, se debe navegar introduciéndose en lo más profundo de la selva amazónica.

El historiador Horacio Vázquez, profesor de la Escuela de la Marina Mercante Argentina,  en relación a estos viajes marítimos de Guevara  señala: “Este singular y espectacular viaje a las profundidades de la América salvaje e indómita, tuvo –necesariamente- que reflejarse en el ánimo del joven enfermero Guevara. La vida en el mar; la disciplina y monotonía de las tareas a bordo, sincronizadas casi mágicamente dentro de la estructura vertical (aunque flexible) de un buque mercante. La naturalidad con que se acepta algo tan anti-natural como el aislamiento y la confinación en que viven los marinos mercantes. La convivencia con alimañas salvajes de las profundidades amazónicas y el salvajismo con que se extraían los incalculables frutos de la tierra, tuvo que marcar a fuego las ideas del “Che”. Centenares de kilómetros río adentro, navegando muy lentamente por el curso casi inexplorado en medio del siglo XX, en condiciones casi idénticas que en tiempos de la conquista. Llegar al medio de “la nada”. Solo un gran “tubo” que asoma de la espesura selvática. El buque, moderno y tripulado por argentinos acostumbrados a la vida de un país en claro avance y desarrollo, se topa de repente con una realidad que parece salir de una novela colonial: Barcas y canoas cargadas de indígenas nativos, desnudos como Dios los trajo al mundo, intentando subir al buque para intercambiar “chucherías” artesanales. Los tripulantes efectivos, toman el hecho como natural y cambian camisas y zapatos (de fino cuero argentino), relojes y cámaras fotográficas por conchas marinas, perlas, piedras preciosas en bruto (esmeraldas sobre todo). Los tripulantes bisoños (entre los que se cuenta el enfermero Guevara) debieron sentir que durante los 450 años que mediaron entre los relatos de Cristóbal Colon y lo que están viendo sus ojos, no cambió nada. Y eso, no era justo. Seguramente que ese viaje del buque petrolero General San Martín a las profundidades de América, forjaron el carácter de una persona, Ernesto Guevara". Durante sus travesías de cabotaje tenía el tiempo necesario para estudiar y escribir. En uno de esos viajes redacta “Angustia, eso es cierto” un cuento autobiográfico semi filosófico donde relata una historia real que le sucede durante una breve estancia en Trinidad Tobago. En su primera obra narrativa cuenta su estado de depresión durante una larga travesía. Su pelea interior por salir de aquella situación que lo hace reflexionar desde una perspectiva existencialista. En esa pelea consigo mismo logra vencer la depresión. La angustia que se apodera de Ernesto no es otra que la relación sentimental con “Chichina”. En el prólogo dice: “Caigo de rodillas, cansado de buscar una solución, una verdad, un motivo. Pensar que nací para amar, que no nací para permanecer frente a un escritorio preguntándome si el hombre es bueno puesto que si el hombre es bueno porque me codeo con él en el campo, en la fábrica, en el obraje, en el ingenio, en la ciudad. Pensar que se es físicamente sano, que se tiene espíritu de cooperación, que se es joven y rijoso como un macho cabrío, y verse excluido del panorama por años y años: eso es angustia… que sea un sacrificio estéril, que no se ayude a levantar una nueva vida: Eso es angustia”. El cuento relata una de las salidas que realiza por aquella caribeña isla de Trinidad junto  a un grupo de tripulantes.

Otro de los buques tanque de la Flota que lo tiene a Guevara como enfermero es el San José. El buque navegaba a una velocidad de 13 nudos y media 164,7 de eslora y 20,2 metros de manga. Este  buque se llamaba previamente "Buenos Aires",  fue construido para el armador griego Onassis, que residía por aquellos años en la argentina.  El barco estuvo inmovilizado durante la guerra en el puerto de Gotemburgo. En 1944 fue integrado en la flota de YPF. El ultimo buque tanque en el que viaja Ernesto es el “Presidente Perón”, que con el golpe de Estado de la mal llamada Revolución Libertadora le cambian el nombre por el de “General Las Heras.” Este barco estaba recién incorporado a la flota. El mismo tenia de Eslora: 172,50 y de manga 21,65 el mismo estaba integrado por 46  tripulantes.  Su padre Ernesto Guevara Linch en su libro “Mi hijo el Che” nos cuenta esta etapa Ernesto como enfermero: “… Sus largos viajes como enfermero de la flota mercante del estado, le impidieron asistir como alumno regular a los cursos de la Facultad. No obstante, no solo no se atrasó en sus estudios, sino que gano tiempo examinándose de materias adelantadas…”. Con relación a sus estudios durante aquel año señala: “Durante el año 1951 vuelve a rendir exámenes y aprueba cinco materias”.

Ernesto y Alberto Granados su amigo de Córdoba, llevaban varios años hablando y planificando un hipotético viaje por el continente. En todas las reuniones de amigos y familiares era el tema central. Para Ernesto había llegado el momento de cumplir su sueño. La experiencia de enfermero estaba agotada y contaba con algunos ahorros. El propio Granados nos cuenta como fueron estos acontecimientos: “Por entonces, el fue hasta el norte de Brasil y hasta la Patagonia. Yo estaba en Buenos Aires precisamente, y ahí nos encontramos. Hablamos mucho acerca de los planes para nuestro viaje. Yo pensaba que para viajar había que hacerlo acompañado y con gente que estuviera dispuesta de verdad. Después de que Ernesto hizo ese recorrido, un día me dijo: “Que razón tenías, Mial, he perdido cuatro meses de mi vida. Estuve en el norte de Brasil y lo que visite fueron prostíbulos. Nadie me podía decir nada interesante, es verdad que, definitivamente, hay que hacer ese viaje ´acompañado´. Nos miramos y nuestras carcajadas, debieron haberse escuchado en la acera de enfrente.” Pocos meses después el 29 de diciembre de 1951 parte de Córdoba con Alberto Granados en la ya mítica Poderosa II, motocicleta de 500 cc de cilindrada. A partir de allí comienza un nuevo capítulo de Ernesto Guevara.

BIBLIOGRAFIA / ARCHIVOS CONSULTADOS
SECRETARIA DE INDUSTRIA Y COMERCIO YACIMIENTOS PETROLIFEROS FISCALES SERVICIOS DE NAVEGACION Y PUERTOS ROL DE LA TRIPULACION
Anderson, Jon Lee (1997). Che Guevara. Una vida revolucionaria. Barcelona: Anagrama. 
Castañeda, Jorge G. (1997). Compañero: vida y muerte del Che Guevara. Buenos Aires: Espasa. 
Constenla, Julia (2006). Che Guevara. La vida en juego. Buenos Aires: Edhesa. 
Guevara Lynch, Ernesto (1988). Mi hijo el "Che". La Habana: Ed. Arte y Literatura.
Taibo II, Paco Ignacio (1996). Ernesto Guevara, también conocido como el Che. México: Planeta/Joaquín Mortiz.
Vázquez Horacio, Historiador, profesor Escuela de la Marina Mercante Argentina.
Guevara Linch, Ernesto. Mi Hijo el Che. Editorial Arte y Literatura, La habana 1988.
Fernández Sofía, Rosa María: El Che confía en mí; entrevista a Alberto Granado, Casa Editora Abril. La Habana 2010.

Entrevista Carlos “Calica Ferrer”
Entrevista Alfredo Gabela.

BARCOS:
Anna G
Florentino Ameghino
San José (ex Buenos Aires)
General San Martín
Presidente Perón (posteriormente General Las Heras).

Petrolero "Presidente Perón"

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JUAN MARTÍN GUEVARA, HERMANO DEL CHE, EX PRESO POLÍTICO
"Ser hermano del Che nunca fue neutral"

El hermano menor del Che estuvo ocho años preso durante la dictadura y, en su caso, la Secretaría de Derechos Humanos amplió el beneficio de la indemnización. "Dos veces tirotearon mi casa y una vez pusieron una bomba", dice el Tin Guevara.

"Ser el hermano del Che es una parte mía: en dos oportunidades tirotearon y ametrallaron mi casa, una vez pusieron una bomba. No era algo más, algo que no importaba. Ni siquiera era algo muy divertido. No era como ser el hermano de Soledad y salir a revolear el poncho", dice Juan Martín Guevara, que mantiene un riguroso perfil bajo y que será recordado como el Tin por el que preguntaba el mítico jefe guerrillero en las cartas que escribía a su madre. El hombre estuvo ocho años en diferentes cárceles del país y recibió la indemnización que le correspondía por haber sido preso político. Su caso abrió un camino, ya que no sólo fue resarcido por el tiempo que estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), sino también por el período que pasó detenido luego de ser condenado por la Justicia Federal.

La ley de indemnización de presos políticos establece que son beneficiarios quienes estuvieron a disposición del Poder Ejecutivo nacional o de tribunales militares. Guevara, que fue arrestado en marzo de 1975, fue un "preso PEN" hasta el 6 de marzo de 1979. Desde ese día, hasta que consiguió la libertad condicional, el 10 de marzo de 1983, quedó detenido por decisión de la Justicia, que lo condenó en base a la ley 20.840. Esa norma, sancionada en 1974, castigaba las "actividades subversivas en todas sus manifestaciones". Ahora, explica su abogado, Tomás Ojea Quintana, se reconoce con status de perseguidos políticos a quienes fueron juzgados en virtud de esa ley, aunque no hayan estado a disposición del PEN.

Cuando salió de la cárcel, Juan Martín, militante del Frente Antimperialista por el Socialismo, tenía 26 pesos y un pasaje Trelew-Buenos Aires-Rosario. Con el tiempo rearmó su vida y ahora tiene una tienda de habanos, vinos y exquisiteces en Las Cañitas. Allí habla con Página/12 de sus días como prisionero, de Cuba y de los recuerdos que lo unen a su hermano.

– ¿Cómo era la vida cotidiana en la cárcel? ¿Cómo se organizaban?

– Hubo etapas de mayor violencia, mayores restricciones, de más golpes, más torturas. Uno nunca sabe cómo quedó o cómo estaría si no hubiera pasado, pero la organización fue lo que hizo que pudiéramos llegar a la democracia teniendo valoraciones positivas, incluso pudiendo haber sacado enseñanzas y cosas que uno incorporó a la etapa de preso. Fue la organización la que lo logró, no la organización previa, que era imposible reflejar en la cárcel, sino una nueva organización en la que había parte de lo que traías como experiencia. La organización te permitía sobrevivir mentalmente, emocionalmente, en tu manera de pensar, de ser, tu cultura.

– ¿Puede explicarlo con algún hecho concreto?

– Nunca pudieron impedir que nos comunicáramos. Nos escribíamos entre nosotros. La cárcel de Sierra Chica tenía esta forma (extiende la palma de la mano en la mesa con los dedos separados), tenía doce pabellones. El pabellón 12 era el de castigo, que estaba absolutamente separado, aislado. Los otros tenían un patio en el medio. Durante un tiempo nos permitían salir sólo tres veces por semana. No podíamos caminar en grupos de más de tantos, no podíamos acercarnos a la ventana. Cuando algo no funcionaba como ellos querían, al pabellón 12. Hacían requisas a cualquier hora, entraban y revolvían todo, te pateaban, te echaban agua fría. En un fin de año entran a un grupo de celdas, no me acuerdo si era 24 o 31 de diciembre, del pabellón que estaba más cerca del pabellón 12 –que era de los que estábamos destinados a ser fritos en primer lugar–, y encuentran pan dulce, cosas de fin de año y se ponen locos. Esas cosas nunca las pudieron parar.

– ¿Y cómo hicieron para tener esas cosas?

– No te lo voy a decir porque a lo mejor en algún tiempo alguno va a necesitar algún pan dulce, y Sierra Chica sigue existiendo.

– ¿Cómo se enteraban de lo que pasaba afuera?

– En el ’75 teníamos radio, diario, visitas. Desde el golpe para adelante dejamos de tener visitas, diarios. Empezamos a no salir a recreo. Debo haber estado en total tres años y medio en celdas solitarias. A veces pasaba hasta seis meses en la celda de castigo. No tenías noción ninguna de lo que estaba pasando, no fuera de la cárcel, sino en el pasillo. El objetivo era rechiflarte, que te volvieras loco.

– ¿Cuándo se enteran de las desapariciones, la masividad de la represión?

– De la masividad mucho después. Sabíamos de los secuestros porque muchos de los que llegaban en el último tiempo venían secuestrados. Era evidente que había algunos que pasaban a ser presos, otros los liberaban y otros no se sabía. Más adelante, cuando desaparecen familiares directos de los que estábamos presos, ya íbamos teniendo noción de que la represión se hacía cada vez más profunda y más extensa. Y de que uno de los métodos que existía era tomar a una persona y no aparecía. En Sierra Chica hubo dos desapariciones de familiares.

– ¿Los guardias y oficiales sabían que era hermano del Che?

– Eso me jugó a favor o en contra. Nunca era neutral. A veces, como era el bicho raro, me trataban más o menos bien. Pero no muchos sabían. En Sierra Chica teníamos un número, yo era 449. Durante años fui el 449.

– ¿Y cómo jugó su apellido durante la militancia?

– Yo fui hermano del Che siempre, pero en determinadas circunstancias era cualquiera y además no se sabía de quién era hermano ni cuántos hermanos tenía. Uno de los oficiales que me interroga sí, directamente, se empieza a meter con el parentesco. Me acuerdo, creo que era un mayor, que decía "‘que lástima que agarró para el lado que agarró, porque ese tipo sí valía". Me comentaba cosas para demostrar que sabía, que había leído.

– Pero había como un respeto...

– Había un respeto a través mío a la imagen, la figura. Y los que te fajaban también. Sin duda, porque si no, no te diferenciarían.

– ¿Y cómo llevaba la diferenciación?

– Nosotros le llamábamos poner cara de candado, cara de nada. Porque no sabías qué podía pasar. Como cuando nos preguntaban "¿Leíste tal libro?" No. "¿Vos hacés gimnasia?" No. "Pero vos no hacés nada", decían. Me acuerdo de una vez en que estaba con otro preso al que le preguntaban si era montonero. "No, yo soy peronista", decía. Le insistían y él seguía con que era peronista. Entonces me preguntan a mí "¿vos sos del PRT?" "No, yo soy socialista", dije. Es que si ése era peronista, yo era socialista. Pero en todas las oportunidades en que saltaba que yo era hermano del Che, venían a ver.

– ¿Le molesta que lo identifiquen como el hermano de...?

– Desde el año ’56, ’57 paso a ser, además de Juan Martín Guevara, hermano de Ernesto Guevara y después de El Che. Es una parte mía, está incorporado. Yo tenía quince años cuando fui a Cuba. Llegué el 6 de enero del ’59, cinco días después del triunfo de la revolución. Fidel todavía no había entrado en La Habana. En el período anterior, estábamos siempre alerta de las noticias que llegaban. En cinco oportunidades a mi hermano lo publicaron como muerto en los diarios. Siempre estábamos a la espera de una esquela que dijera que no. Y llegaban. En mi casa en dos oportunidades tirotearon y ametrallaron, una vez pusieron una bomba. No era algo más, algo que no importaba. Ni siquiera era algo muy divertido. No era como ser el hermano de Soledad y salir a revolear el poncho. Era un tema. Recibíamos llamadas telefónicas.

– ¿A Cuba fue sólo de visita?

– Fui como un familiar. Hacía años que no lo veíamos. Estuve dos meses y algo. Justo en la época de verano. Se ve que ellos decidieron hacerlo en enero para que no faltara al colegio.

– ¿Qué relación tiene hoy con Cuba?

– Trabajé muchos años con libros de Cuba. Y en la Feria del Libro ponía el stand de Cuba. Viajaba bastante. Después, por razones económicas, fui acercándome al habano. Hasta que puse una distribuidora. Pero Cuba, más allá de lo que políticamente pueda tener de cercano, para mí es algo mucho más importante que eso: amigos, familia, es un segundo hogar, es un lugar familiar. Conozco Cuba de un lado al otro y la he ido viendo del ’59 a hoy.

– ¿Y cómo era Cuba el 6 de enero del ’59?

– Era algo muy impactante. Era impactante desde una cuestión personal, familiar e histórica. Había cosas sorprendentes. Yo me encontré con gente de mi edad o un año más que eran capitanes del ejército rebelde con responsabilidades. Además estaba mi hermano. En nuestra familia el trato nunca fue formal, y de pronto encontrar una persona... primero militar, con orden y mando, es decir que había que cuadrarse; segundo, con un poder de atracción sobre los demás increíble. Y a la vez seguía siendo mi hermano. Cuando estábamos juntos, seguíamos con las mismas jodas y los códigos de antes. Pero había un cambio sustancial.

– Se lo tengo que preguntar, ¿cómo es encontrar a un hermano en banderas, remeras?

– Eso ya es otra historia. Tuve experiencias con gente en la montaña que me contaba anécdotas y me doy cuenta de que vivió con él. Es distinta la emoción de ver a una persona que se pone a llorar porque tiene recuerdos muy concretos, a ver algo que puede ser muy superficial, que puede ser los Bee Gees, la lengua afuera de los Stones o El Che. Obviamente que también es una forma de estandarizarlo o banalizarlo. Vos podés hablar del guerrillero, del estadista o del médico. Se puede hablar de lo que dijo, hizo o del que dejó cargos importantes y entregó su vida. Vos podés separar, pero cuando lo juntás se te genera un problema. Si juntás todo el personaje se problematiza. Lo complejo es ver cómo se toma la figura. (Victoria Ginzberg, Página/12, 01/06/06)

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LA PIEDRA

Este es un relato escrito por el Che en medio de la guerra del Congo, que escribió en su libreta de apuntes, con una extensión de unas 10 carillas.
Tras el anuncio de la posible muerte de su madre Celia, por Osmany Cienfuegos, “la noticia más triste de la guerra en conversación telefónica desde Buenos Aires informando que mi madre estaba muy enferma, con un tono que hacía presumir que ese era simplemente un anuncio preparatorio. Tuve que pasar un mes en esa triste incertidumbre, esperando resultados de algo que adivinaba pero con la esperanza de que hubiera un error en la noticia, hasta que llegó la confirmación del deceso de mi madre”.
Este relato es conmovedor, duro, a veces irónico, donde también se mezclan el dolor, la ternura, la intimidad, hasta alguna veta poética.
La lectura de este relato nos permite descubrir a un Che muy poco conocido.
Para leer y compartir.

* * * * *

LA PIEDRA
Me lo dijo como se deben decir estas cosas a un hombre fuerte, a un responsable, y lo agradecí. No me mintió preocupación o dolor y traté de no mostrar ni lo uno ni lo otro. ¡Fue tan simple!
Además había que esperar la confirmación para estar oficialmente triste. Me pregunté si se podía llorar un poquito. No, no debía ser, porque el jefe es impersonal; no es que se le niegue el derecho a sentir, simplemente, no debe mostrar que siente lo de él; lo de sus soldados, tal vez.

—Fue un amigo de la familia, le telefonearon avisándole que estaba muy grave, pero yo salí ese día.
—Grave, ¿de muerte?
—Sí.
—No dejes de avisarme cualquier cosa.

En cuanto lo sepa, pero no hay esperanzas. Creo.
Ya se había ido el mensajero de la muerte y no tenía confirmación. Esperar era todo lo que cabía. Con la noticia oficial decidiría si tenía derecho o no a mostrar mi tristeza. Me inclinaba a creer que no.

El sol mañanero golpeaba fuerte después de la lluvia. No había nada extraño en ello; todos los días llovía y después salía el sol y apretaba y expulsaba la humedad. Por la tarde, el arroyo sería otra vez cristalino, aunque ese día no había caído mucha agua en las montañas; estaba casi normal.

—Decían que el 20 de mayo dejaba de llover y hasta octubre no caía una gota de agua.

—Decían… pero dicen tantas cosas que no son ciertas.

—¿La naturaleza se guiará por el calendario? No me importaba si la naturaleza se guiaba o no por el calendario. En general, podía decir que no me importaba nada de nada, ni esa inactividad forzada, ni esta guerra idiota, sin objetivos. Bueno, sin objetivo no; solo que estaba tan vago, tan diluido, que parecía inalcanzable, como un infierno surrealista donde el eterno castigo fuera el tedio. Y, además, me importaba. Claro que me importaba.

Hay que encontrar la manera de romper esto, pensé. Y era fácil pensarlo; uno podía hacer mil planes, a cual más tentador, luego seleccionar los mejores, fundir dos o tres en uno, simplificarlo, verterlo al papel y entregarlo. Allí acababa todo y había que empezar de nuevo. Una burocracia más inteligente que lo normal; en vez de archivar, lo desaparecían. Mis hombres decían que se lo fumaban, todo pedazo de papel puede fumarse, si hay algo dentro. Era una ventaja, lo que no me gustara podía cambiarlo en el próximo plan. Nadie lo notaría. Parecía que eso seguiría hasta el infinito.

Tenía deseos de fumar y saqué la pipa. Estaba, como siempre, en mi bolsillo. Yo no perdía mis pipas, como los soldados. Es que era muy importante para mí tenerla. En los caminos del humo se puede remontar cualquier distancia, diría que se pueden creer los propios planes y soñar con la victoria sin que parezca un sueño; solo una realidad vaporosa por la distancia y las brumas que hay siempre en los caminos del humo. Muy buena compañera es la pipa; ¿cómo perder una cosa tan necesaria? Qué brutos.

No eran tan brutos; tenían actividad y cansancio de actividad. No hace falta pensar entonces y ¿para qué sirve una pipa sin pensar? Pero se puede soñar. Sí, se puede soñar, pero la pipa es importante cuando se sueña a lo lejos; hacia un futuro cuyo único camino es el humo o un pasado tan lejano que hay necesidad de usar el mismo sendero.

Pero los anhelos cercanos se sienten con otra parte del cuerpo, tienen pies vigorosos y vista joven; no necesitan el auxilio del humo. Ellos la perdían porque no les era imprescindible, no se pierden las cosas imprescindibles.

¿Tendría algo más de ese tipo? El pañuelo de gasa. Eso era distinto; me lo dio ella por si me herían en un brazo, sería un cabestrillo amoroso. La dificultad estaba en usarlo si me partían el carapacho. En realidad había una solución fácil, que me lo pusiera en la cabeza para aguantarme la quijada y me iría con él a la tumba. Leal hasta en la muerte. Si quedaba tendido en un monte o me recogían los otros no habría pañuelito de gasa; me descompondría entre las hierbas o me exhibirían y tal vez saldría en el Life con una mirada agónica y desesperada fija en el instante del supremo miedo. Porque se tiene miedo, a qué negarlo.

Por el humo, anduve mis viejos caminos y llegué a los rincones íntimos de mis miedos, siempre ligados a la muerte como esa nada turbadora e inexplicable, por más que nosotros, marxistas-leninistas explicamos muy bien la muerte como la nada. Y, ¿qué es esa nada? Nada. Explicación más sencilla y convincente imposible. La nada es nada; cierra tu cerebro, ponle un manto negro, si quieres, con un cielo de estrellas distante, y esa es la nada-nada; equivalente: infinito.

Uno sobrevive en la especie, en la historia, que es una forma mistificada de vida en la especie; en esos actos, en aquellos recuerdos. ¿Nunca has sentido un escalofrío en el espinazo leyendo las cargas al machete de Maceo?: eso es la vida después de la nada. Los hijos; también. No quisiera sobrevivirme en mis hijos: ni me conocen; soy un cuerpo extraño que perturba a veces su tranquilidad, que se interpone entre ellos y la madre.

Me imaginé a mi hijo grande y ella canosa, diciéndole, en tono de reproche: tu padre no hubiera hecho tal cosa, o tal otra. Sentí dentro de mí, hijo de mi padre yo, una rebeldía tremenda. Yo hijo no sabría si era verdad o no que yo padre no hubiera hecho tal o cual cosa mala, pero me sentiría vejado, traicionado por ese recuerdo de yo padre que me refregaran a cada instante por la cara. Mi hijo debía ser un hombre; nada más, mejor o peor, pero un hombre. Le agradecía a mi padre su cariño dulce y volandero sin ejemplos. ¿Y mi madre? La pobre vieja. Oficialmente no tenía derecho todavía, debía esperar la confirmación.

Así andaba, por mis rutas del humo cuando me interrumpió, gozoso de ser útil, un soldado.

—¿No se le perdió nada?

—Nada— dije, asociándola a la otra de mi ensueño.

—Piense bien.

Palpé mis bolsillos; todo en orden.

—Nada.

—¿Y esta piedrecita? Yo se la vi en el llavero.

—Ah, carajo.

Entonces me golpeó el reproche con fuerza salvaje. No se pierde nada necesario, vitalmente necesario. Y, ¿se vive si no se es necesario? Vegetativamente sí, un ser moral no, creo que no, al menos.

Hasta sentí el chapuzón en el recuerdo y me vi palpando los bolsillos con rigurosa meticulosidad, mientras el arroyo, pardo de tierra montañera, me ocultaba su secreto. La pipa, primero la pipa; allí estaba. Los papeles o el pañuelo hubieran flotado. El vaporizador, presente; las plumas aquí; las libretas en su forro de nylon, sí; la fosforera, presente también, todo en orden. Se disolvió el chapuzón.

Solo dos recuerdos pequeños llevé a la lucha; el pañuelo de gasa, de mi mujer y el llavero con la piedra, de mi madre, muy barato este, ordinario; la piedra se despegó y la guardé en el bolsillo.

¿Era clemente o vengativo, o solo impersonal como un jefe, el arroyo? ¿No se llora porque no se debe o porque no se puede? ¿No hay derecho a olvidar, aún en la guerra? ¿Es necesario disfrazar de macho al hielo?

Qué se yo. De veras, no sé. Solo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga: “mi viejo”, con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos se estremecen y palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo; uno lo sabe cuando escucha ese “mi viejo”…

—¿Está fuerte? A mí también me hace efecto; ayer casi me caigo cuando me iba a levantar. Es que no lo dejan secar bien parece.

—Es una mierda, estoy esperando el pedido a ver si traen picadura como la gente. Uno tiene derecho a fumarse aunque sea una pipa, tranquilo y sabroso ¿no?…

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