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MARIO “EL NEGRO” AGUIRRE (1928 - 2010)
OTRO “MALDITO” SILENCIADO POR LA HISTORIA OFICIAL

Mario Aguirre, El Negro Aguirre, no fue un tipo común para nada.
Hagamos un poco de historia.

Nació allá por 1928, un 23 de marzo, en la ciudad de Baradero en la zona cercana al río y su padre, de ascendencia aborigen, como le gustaba recordar, era hombre de río, tripulante de barcos que trajinaban las aguas barrosas del Paraná.

Su familia, luego se radica en Rosario, en el barrio que hoy se llama General San Martín, que entonces supo llamarse Tablada.
Familia humilde como todos sus vecinos en aquel barrio, sobreviviendo como los demás. En la familia casi todos trabajan una gran cantidad de horas diarias, y asimismo, como todo el vecindario, no pueden salir de pobres.

Mario, como la mayoría de los pibes del barrio, tuvo que salir a trabajar desde chico para ayudar a “parar la olla”.
El histórico 17 de octubre del ’45 lo encuentra como un joven obrero de 17 años. “A mí políticamente me parieron el 17 de Octubre”, dijo Mario, en una nota en “Baradero hoy” del 25/9/2010.
Con fuerza y pasión militó en el peronismo, siempre en el ala izquierda del movimiento.

Apoyó la obra y el pensamiento de Evita.

Dice la historiadora María Cecilia Moreno:
“A mediados de 1958, una fuerte medida de fuerza en su lugar de trabajo, que se prolongó por 25 días, fue el punto de partida para convertirse en un “dirigente obrero”. El triunfo de la lucha estuvo enmarcado en un acuerdo político que habían cerrado Perón y Frondizi. Esta experiencia lo llevará rápidamente a comprender que el hombre aislado no es nada, unido y organizado es invencible. El Negro insistirá con este mensaje a lo largo de su vida, afirmando que en todos los tiempos se debía inculcar a los trabajadores en un marco pluralista y participativo para conseguir el objetivo. Mario comprendía que para ser un dirigente obrero era imprescindible la formación. Para lo cual, a fines de ese mismo año, empezaron a dar cursos de capacitación sindical, incluían clases de historia, contaban con una muy nutrida biblioteca y hasta una subcomisión de cultura que contaba con un grupo teatral propio. Referentes intelectuales y sindicalistas del orden nacional y local de la época enriquecieron con debates la seccional de ATE Rosario, desde el pelado Ortega Peña hasta Rodolfo Puiggrós, pasando por Juan José Hernández Arregui, Pepe Rosa, Jorge Di Pascuale, etc.”

Fue Secretario Adjunto de A.T.E. Rosario, en enero de 1959, junto a Héctor Quagliaro como Secretario General.
Al día siguiente de la asunción en su cargo, los trabajadores del Frigorífico Lisandro de la Torre lo ocupan acompañados por el pueblo y el barrio de Mataderos. Una vez desatada la represión por el gobierno de Frondizi, las “62 organizaciones” decretaron paro nacional por tiempo indeterminado.

Desde ese día Rosario quedó paralizado. Mario, llevando adelante las posiciones más combativas estuvo integrando el comité de huelga.
Un año después asume el cargo de Secretario Administrativo de la CGT Rosario, cuya conducción estaba integrada por la UOM, AOT, ATE, CARNE Y VIDRIO. Un acto de corrupción llevado a cabo por la CGT, lo obligó a renunciar y hacer pública la impunidad de aquellos dirigentes.
Esa actitud le valió el reconocimiento a nivel nacional y en muchos de los artículos de los periódicos, aparecía su nombre.

En 1964, cuando fracasa el “Operativo Retorno”, cuyo objetivo era el regreso de Perón al país, provocó una gran decepción dentro del movimiento. En Rosario, las “62” resolvieron levantar en forma activa las banderas de la lucha. Al grito de ¡“Perón sí, colonia no!”, los barrios de Alberdi, Arroyito, Belgrano Sur y Centro, durante varios días fueron el epicentro de actos relámpagos. Por considerárselo el organizador y agitador Aguirre fue detenido. “Rosario tenía conciencia nacional, a diferencia de los cipayos nuestros con falso ropaje de proletario”, afirmaba.

Rosario tuvo su mayo de 1969 (un anticipo de lo que sería luego el Cordobazo). Se lo llamó el Rosariazo y Mario fue un protagonista fundamental integrando la Intersindical, convocando a un plan de lucha iniciado con un paro general, y llamando a todos los sectores de la sociedad a organizarse para enfrentar “el desastroso plan económico-social agravado por el crimen oficializado”. En la declaración de la CGT de los Argentinos-Rosario se afirmaba que “La mayoría de los Argentinos sabe que sólo el Pueblo salvará al Pueblo”.

En septiembre se produce un nuevo Rosariazo. Al respecto dice la historiadora Beba Balvé: “Segundo Rosariazo o proletario sigue siendo el hecho maldito de la ciudad. De eso no se habla, no se recuerda.”
Se trató de la movilización de masas más importante de la ciudad de Rosario, los cálculos hablan de 100.000 a 250.000 personas, con características propias como fueron la alegría, la libertad, la solidaridad y la bronca antidictatorial de la ciudad. Codo a codo los ciudadanos de diferentes expresiones políticas se expresaban contra la dictadura. Y ahí, desde la CGT de los Argentinos que ahora integraba, Mario el Negro Aguirre fue uno de sus principales protagonistas e impulsores de la lucha.

El cruce Alberdi, Empalme Graneros, Villa Manuelita, fueron algunos de los lugares plagados de enfrentamientos, barricadas y fogatas. Los días 16 y 17 de septiembre de 1969 toda la clase obrera rosarina manifestó crudamente su descontento.

Dos años después, noviembre del ’71, viajó a España, enviado por sus compañeros de ATE, a entrevistarse con el Gral. Perón, junto a su amigo Ángel Quagliaro.

En marzo de 1974, se desata un conflicto en la Fábrica de armas portátiles “Domingo Matheu” con un paro por tiempo indeterminado. La conducción de ATE nacional no participa de las asambleas en oposición a la medida de fuerza. Aguirre y sus compañeros deciden ponerse al frente, una comitiva viaja a Bs. As., se encuentran con el gremio cerrado y custodiado por policías que les impiden el ingreso. Finalmente logran ingresar con la presión de los trabajadores que los acompañaron. El paro por tiempo indeterminado sigue y días después aparece la solución al conflicto obteniendo gran parte de los reclamos (hasta el cobro de los días caídos).

“Por haber traicionado al cuerpo nacional, “los tristes mercenarios” organizan un encuentro los días 6 y 7 de abril en Paso de la Patria, provincia de Corrientes. Allí se sellará la ruptura definitiva de la delegación ATE Rosario con la Comisión Nacional del gremio, que decidirá la expulsión de sus delegados. El Negro junto con sus compañeros realiza un acto inédito en la historia del Movimiento Obrero Argentino, ya que los mismos trabajadores deciden cerrar su propio local gremial. Ante escribano público y frente a todos los medios de prensa locales realizan un inventario del patrimonio, que iba desde 2.000.000 de pesos en la tesorería, un Barrio Obrero en construcción y una definida conciencia nacional en alto. Se le entregaron las llaves del local a la Justicia, y en ese acto solemne se cerraba una etapa histórica de la memorable ATE Rosario.” Fuente: María Cecilia Moreno – CEPID (Centro de Estudios para la Investigación y el Desarrollo)

Por su personalidad y trayectoria se convirtió en un “peligro” para la dictadura cívico-militar que se instaló en marzo del ’76. Un mes antes la “Triple A”, le dinamitó y voló su casa en el barrio La Tablada (nunca fue compensado por este acto terrorista) y en agosto es detenido en un cine de la calle Lavalle junto al ex gobernador de Santa Cruz Jorge Cepernic quienes estuvieron presos en el penal de Magdalena, donde también se encontraban Lorenzo Miguel, Rogelio Papagno, Carlos Menem, Raúl Lastiri, Jorge Taiana y el coronel Perlinger.  

Luego de ser liberado después de varios años llegó a Baradero casi desconocido y en 1982 comenzó a trabajar en su oficio de soldador en la metalúrgica de los hermanos Buena Maizón.

En “Baradero hoy” del 25/8/2010 dice, “…jamás le faltó en su mesa un plato de comida a quien andaba necesitando llenar el “buyón” y que nunca preguntó de que partido era el que acudía a él. Le bastaba con que fuera un ser humano.
Atinadamente, la Municipalidad de Baradero decretó jornada de luto dejando la bandera  a media asta, hecho poco frecuente en nuestra historia pueblerina, pero merecido, muy merecido.”

Roberto Baschetti, Sociólogo, Historiador, en el portal Pájaro Rojo escribe:
Su trayectoria política en el sindicato, en la CGT de los Argentinos, en el Peronismo Auténtico, en Intransigencia y Movilización Peronista. Sus comienzos en la Resistencia, su relación con Alberto Belloni, su entrevista con Perón en Madrid, su enfrentamiento con la burocracia sindical de su gremio, enquistada en la conducción nacional del mismo, que lo expulsa del cargo (Secretario General de la Seccional Rosario) pese al reclamo de las bases que lo apoyan incondicionalmente y recuerdan que fue el único dirigente gremial  que se puso al frente de las huelgas y movilizaciones de los trabajadores de las fábricas militares de Rosario, que reclamaban un aumento de salarios que sí les fue otorgado. No contentos con desplazarlo y al ver que sigue en la lucha,  a principios del ’76 colocan una bomba de gran poder que destruye su casa, perdiéndolo todo. Para peor durante el transcurso de la última dictadura cívico-militar que padecimos, el “Negro” Aguirre fue apresado y puesto a disposición del P.E.N.
Nada de eso lo apartó de su puesto de lucha. Por el contrario lo fortaleció en sus principios.”

Mario le escribe una carta a Baschetti en el año 2000, en un párrafo dice:
“Hay que dejarse de joder, dejando de lado las apetencias personales o de círculo y redoblar esfuerzos por la concreción de lo nuevo: El Movimiento Nacional popular, participativo, pluralista y antiimperialista a los fines de cortar para siempre las cadenas de la dependencia, para volver a ser libres y soberanos, naciendo de esta forma una nueva y gloriosa nación para la felicidad de todos su hijos”.

Lo dicho al comienzo de esta síntesis biográfica: Mario el Negro Aguirre no fue un hombre común, por el contrario ha sido y sigue siendo uno de esos tipos tan necesarios como escribió el poeta Hamlet Lima Quintana y que muy bien podría haber sido escrito para él:

“Hay gente que con solo decir una palabra
(…) que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
(…)
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.
(…)
HAY GENTE QUE ES ASÍ, TAN NECESARIA.

Su muerte, ocurrida el 23 de Agosto de 2010, sirvió para que nos diésemos cuenta de cuánta necesidad tenemos de personas como el Negro Aguirre a diferencia de tantos dirigentes que venden por 30 monedas a quienes dicen representar. (Jorge Raúl Orosco, Pensamiento Discepoleano)

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victoralvarez

VÍCTOR ÁLVAREZ(1920 - 1984)

Nacido en Buenos Aires, en el barrio de Monserrat, el 11 de abril de 1920. Su familia era clase media modesta y la escasez de recursos le obligó a abandonar los estudios secundarios cuando cursaba segundo año, para trabajar, iniciándose como cadete en el diario “Crítica”. Allí tomó contacto con el periodismo que marcaría luego su vida. A los 17 años se incorporó a FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) formándose políticamente como discípulo de Jauretche y Scalabrini Ortiz. Ya por entonces, por su cabello motudo, su piel cetrina y sus ojos arábigos, se le apodaba “el Moro”. En los años cuarenta, se introduce en el mundo del tango donde se vincula a Cátulo Castillo, Aníbal Troilo y José María Contursi, colaborando con ellos en tareas de lucha gremial en la Sociedad de Autores y Compositores. En los años del peronismo, se mantiene consecuentemente en apoyo del proyecto nacional mientras desarrolla una importante experiencia periodística. Durante el año 1955, se desempeña como secretario general de “El Líder”, diario de la C.G.T. Al producirse el golpe del 16 de setiembre, “El Líder” es intervenido pero “el Moro Álvarez” apela al democratismo abstracto del interventor, teniente de navío Tettamanti, para abrir las columnas del periódico a Jauretche y Scalabrini Ortiz. Mediante el apoyo de Álvarez, junto a Basilio Ruiz, Aldo Pacielo y Julio Maestre Wilkinson, entre otros periodistas insobornables, Scalabrini Ortiz y Jauretche convierten a El líder en uno de los bastiones de la resistencia. “Era un periódico de tantos y de pronto cubrió toda la escena –recordará Jauretche. Fueron días gloriosos, los más gloriosos que puede vivir un periodista. Cuando él no va a los lectores, sino que los lectores vienen a él. Fue alimento de primera necesidad, como el pan, la carne y el vino sobre el mantel de los humildes. Tiró 200.000 ejemplares, que se convertían en 2.000.000 porque pasaba de mano en mano”. El “moro” Álvarez fue gestor principal de esta gesta de “El Líder”, que culmina a fines de año cuando se produce la clausura. En los años siguientes –y no obstante la persecución ejercida contra el peronismo- Álvarez continúa militando gremialmente y bregando por la unidad de los periodistas. Bregó asimismo por el desarrollo de la cultura nacional, fundando la Asociación Gardeliana que el 11 de noviembre de 1968 realizó “La Noche del Milagro” con un banquete multitudinario en La Boca, cortando el tránsito en Suárez y Necochea. En 1973, refundó el sindicato de Prensa y fue Secretario General de FATPREN. Con el locutor marplatense Vicente Chumilla emitió el programa “Entrelíneas”, en Radio El Mundo, emisora donde tenía a su cargo el noticiero de la noche. Con Osvaldo Ardizzone condujo el programa “Mañana de domingo”. Su trayectoria gremial se caracterizó por su total honestidad y siendo secretario general del Sindicato de Prensa siguió alquilando, junto a su familia, en Andalgalá 1785, del barrio de Mataderos. Mas allá de las diferencias del Sindicato con la Asociación de Periodistas, motivadas por razones ideológicas, siempre fue reconocida la probidad y consecuencia de su conducta. El golpe militar del 24 de marzo de 1976 lo hundió por un tiempo en total depresión, al ver desmoronarse el movimiento nacional por el cual había luchado tantos años. Pero, reponiéndose de esta derrota, en 1982 se dedicó a organizar la Asociación de Periodistas Jubilados. El 17 de abril de 1984, cuando ingresaba al predio de la Sociedad Rural para completar un informe periodístico, sufrió un infarto masivo de miocardio que produjo su muerte inmediata.

NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN III – PÁGINA 51 Ediciones Madres de Plaza de Mayo

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GERMÁN ABDALA  -  (1955 - 1993)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
Nace en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, el 12 de febrero de 1955. “Mi viejo era comerciante, como mi abuelo, como todos los turcos… En Santa Teresita comencé la escuela, hice hasta segundo grado, luego pase al instituto Vernié, de San Clemente y eso fue hasta 1967”. En 1968, ingresa a la escuela secundaria, en el Colegio Manuel Belgrano –ya en Buenos Aires- y allí cursa hasta 1972, llegando hasta quinto año, pero no se recibe pues no rinde los exámenes de las materias que le restan. Ya por entonces, milita en una villa de Parque de los Patricios y en otra de Barracas. Al mismo tiempo, se vincula a la agrupación peronista “Amado Olmos”, enrolada en la CGT de los Argentinos (CGTA).

En 1975, ingresa como pintor en los Talleres de Minería del Estado y poco después, ya milita sindicalmente. Por entonces, estrecha amistad con Víctor De Gennaro. A fines de 1977, ambos logran, con la participación de quince seccionales del interior y capital, formar la agrupación ANUSATE, para combatir a la burocracia que controla la dirección de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), cuya expresión máxima es Juan Roberto Horvath.

Luego de una denodada lucha, Germán y Víctor logran recuperar el gremio derrotando a Horvath, en 1984. Se produce así la recuperación histórica de ATE, la primera gran victoria contra la burocracia cómplice de la dictadura militar. Germán es elegido secretario general de ATE, seccional Capital. Aún no ha cumplido los 30 años pero no se envanece del triunfo y por otra parte, comprende rápidamente el techo de la lucha sindical, por lo cual se lanza también a la lucha política. Entiende que es necesario rescatar las banderas históricas del peronismo, traicionadas por muchos dirigentes. Por eso, en 1985, junto a Carlos “Chacho” Álvarez, funda el Movimiento Renovador de la Capital Federal, dirigido a democratizar y reconstruir la dirigencia del Movimiento.

En lo sindical, integra “los 25 gremios” y en lo político, el MUSO (Movimiento de Unidad y Solidaridad). En esas dos tareas aplica sus fuerzas, aunque ya se halla preso del cáncer, lo cual motiva una primera operación.

En 1987, responde a un reportaje que se publica como “Cuaderno” de la revista “Crisis” (segunda época). Allí sostiene, entre otras cosas: “La parte más despiadada, mas alevosa, fue la del proceso con Martínez de Hoz, la etapa racional es ésta, que continúa ahora: democracias formales con continuidad de la dictadura económica. Libertades individuales, pero no colectivas; seguridad personal, pero no seguridad social, con un programa económico asentado sobre las mismas bases, privatizaciones, endeudamiento y renegociación del endeudamiento y la misma política de precios y salarios y de reducción del gasto”. Con respecto al Estado, declara: “Los liberales nos suelen acusar de estatistas. Un día, Neustadt me llamó el último estatista. Para la estrecha concepción de ellos somos estatistas, porque nosotros decimos: el Estado tiene que ser más fiscalizador, programar más, dirigir más e incidir más en áreas que son clave en la economía argentina. ¿Cómo puede ser que tengamos un noventa por ciento de los yacimientos mineros tapados, ni siquiera los minerales que necesitaríamos para producir insumos? Necesitamos un Estado que resuelva estos problemas, ellos lo llamarán ‘benéfico’, nosotros le llamaremos un Estado con rol social, un Estado popular, un Estado al servicio de las mayorías”. En cuanto a la situación del peronismo, define: “Acá se agotó un modelo de desarrollo. El modelo de empresarios buenos, obreros anticomunistas y militares nacionalistas, que posibilitaba toda la conexión de ‘arreglo dentro de casa’, en donde se distribuía la riqueza y llegamos a participar en el 51 por ciento en la distribución del ingreso. Ya no es más posible. Los empresario demostraron que nunca fueron buenos, como clase, la burguesía demostró falta de conciencia, se reveló especuladora, individualista, incapaz de compartir el más mínimo proyecto, ni siquiera de transición. Los militares se quedaron en su mentalidad fascista de país dependiente anti-imperio inglés y quedaron parados ahí…, y los trabajadores nos hemos quedado añorando una etapa donde peleando con el patrón o con el gobernante conseguíamos cosas, el sueño de los 15 ahora. Este sueño dura poco porque no hay realidad económica que lo sustente. Está agotado….
“… Está agotado un modelo de desarrollo económico y hay que inventar otro… Algunos hablan del agotamiento para decir que la única vía es la aplicación de las recetas neoliberales… También se dice que el peronismo nunca rompió el capitalismo, que en última instancia fueron reformulaciones populares, revolucionarias en algunos casos y para otros, fueron populistas, pero redefiniciones dentro del mismo marco capitalista. Nunca se llegó a tocar la raíz, pero nosotros decimos que no pudimos, que nuestra intención era tocarla… Ahora, lo que está faltando en el peronismo, en el conjunto del campo popular, en las izquierdas, es una estrategia de poder que vuelva a ser capaz de expresar a los sectores populares… Uno de los problemas de la estrategia de poder es que no tenemos modelo económico que ofrecer, real… Nosotros vamos a defender esta democracia, haciendo la aclaración de que para nosotros la democracia no es un punto de llegada como para los liberales y para el gobierno que la ve como sistema rígido y cosa acabada. Para nosotros, la democracia es un punto de partida, que depende de la correlación de fuerzas. Si los sectores populares tienen más fuerza, más organización, más propuestas, esta democracia va a ser más popular, va a ser transformadora, va a ser social”.

En 1988, Germán es ratificado como secretario general de ATE seccional Capital, por otros cuatro años. En 1989, es electo diputado nacional por el Partido Justicialista, para el período 1989-1993. En su gestión parlamentaria, se coloca en posición crítica a la política de Menem, quien ha traicionado el programa electoral de “Salariazo y Revolución Productiva”. Abdala se define contra las privatizaciones, contra la Ley de Reforma del Estado y de Emergencia Económica. Consigue la aprobación de la Ley de Convenciones Colectivas para Trabajadores del Estado. En 1990, ante el indulto del Poder Ejecutivo a los generales genocidas, constituye “el Grupo de los Ocho”, separándose del bloque justicialista. Asimismo, renuncia a los cargos partidarios y a la afiliación al Partido Justicialista.

Su dolencia se agrava y debe someterse a nuevas intervenciones quirúrgicas. En una conferencia dada en 1991, afirma: “Sostuvimos antes la necesidad del pacto social, la creación de la comunidad organizada… Pero, ahora, ¿con quién el pacto social? ¿Con Pérez Companc? ¿Con Macri, acaso?...”. Por entonces, junto a De Genaro, se aboca a la construcción del CTA (Congreso de los Trabajadores Argentinos) sosteniendo la necesidad de un nuevo modelo sindical, democrático y antiburocrático.

El 13 de junio de 1992 declara que “el peronismo disidente y el Grupo de los Ocho han cumplido una etapa… No fuimos capaces de generar una oposición desde adentro. Quisimos ser la conducción del verdadero peronismo, pero hemos perdido. El peronismo que intentábamos expresar es ya solo un dato histórico, como puede ser cuando nos referenciamos con San Martín, Artigas, El Chacho, Yrigoyen, Evita y Perón… Hay que construir una nueva alternativa popular… Un nuevo partido o frente que rompa con el bipartidismo. ¿Cómo hacerlo? Con diversos sectores políticos y organizaciones sociales”. En 1992 es elegido por tercera vez consecutiva como secretario general de ATE Capital.
En noviembre del mismo año, se realiza el Primero Congreso del CTA en Parque Sarmiento. Debilitado por la enfermedad, Germán concurre en silla de ruedas, acompañado por su compañera Marcela Bordenave. Lleva ya veinte operaciones, en la Argentina y en el exterior. Pero su espíritu se mantiene erguido y rebelde, por sobre la declinación física: “A mí no me va a matar el cáncer, me mataría eso sí, la tristeza, si no logramos dar forma organizativa y presencia a este fervor militante”.

Pocos meses después, el 13 de julio de 1993, a los 38 años, en Buenos Aires. Un periodista escribió: “Era uno de los últimos militantes del ’70, en estado puro”.

Fue cremado y sus cenizas se perdieron entre las olas de su Santa Teresita natal. (Norberto Galasso, Los Malditos, Vol I, Pág. 65, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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HORACIO PEDRO MUGICA - Un combativo dirigente sindical (1935 - 2001)
OTRO "MALDITO" EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació el 30 de julio de 1935, en la provincia de Buenos Aires. Trabajó desde los doce en que ingresó como cadete a una farmacia de Lanús Oeste.
A los 22 años ya es delegado y desarrolla una militancia sindical que perdurará hasta su muerte.
En 1958, es vocal en el sindicato y luego pro tesorero de la Federación Argentina de Trabajadores de Farmacia.
En 1959, es representante del sindicato en el Congreso de Huerta Grande. Crece en su actividad gremial junto a Jorge Di Pasquale, Alfredo Ferraresi y otros sindicalistas combativos.

A partir de 1961, tiene un cargo permanente en ADEF (Asociación de Empleados de Farmacia). Participa en la resistencia peronista y llega a ocupar el cargo de Secretario General del Sindicato Farmacéutico.

La remuneración por la tarea gremial era muy exigua por entonces y Horacio debió completar sus ingresos trabajando por las mañanas en una perfumería de Lanús, fabricando agua oxigenada, vendiendo artefactos eléctricos y artículos del hogar y finalmente, vendiendo libros en cuotas para la editorial Oriente.

Con motivo de la participación del sindicato en la CGT de los Argentinos, estando intervenido el sindicato en julio de 1969 y detenidos Di Pasquale y Ferraresi, la responsabilidad de las tareas gremiales recayó principalmente sobre Horacio Mugica.
Años después, cuando se implanta la dictadura militar, sufre persecución al igual que el resto de los compañeros.

El 30 de setiembre de 1976, en la puerta del sindicato, secuestran a su hermano José María, que no aparece nunca más.

Poco después, el 28 de diciembre también es secuestrado Di Pasquale.

Y poco más tarde, el sindicato sufre una nueva pérdida: es secuestrada y desaparecida, el 8 de agosto de 1977, la compañera Dora Gambone.

En esa época, a pesar de la represión, Ferraresi y Mugica, junto a Pepe Azcurra, mantienen la defensa de la entidad sindical. Horacio viaja a Mar del Plata donde reside clandestinamente un año, ante las amenazas recibidas.

Pero luego regresa y en 1979 participa de la resistencia contra la dictadura, desde la CGT Brasil y lanza junto a la conducción el histórico paro general del 27 de abril.

Luego se integra al sector sindical de “los 25” mientras políticamente milita en el Movimiento Peronista “Muso”. Luego de haber sido secretario adjunto, es nombrado secretario General en 1988.

Participa del M. T. A., manteniendo su lucha combativa, tal cual lo había sido desde sus comienzos. Sólo el cáncer pudo doblegarlo el 11 de abril del 2001, dejando un ejemplo de conducta militante y ética. (N. GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN III – PÁGINA 103 - Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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VIRGINIA BOLTEN (San Luis, 26/12/1876 – Montevideo, 1960)
ENTRE LA HISTORIA Y EL MITO

Anarquista, sindicalista, una de las primeras militantes feministas. Tuvo destacada actuación en las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Montevideo.

Dirigió el periódico argentino La Voz de la Mujer en Rosario en 1899 y La Nueva Senda de Montevideo, cuando Juana Rouco Buela debió esconderse debido a la persecución policial. Fue redactora y corresponsal del periódico anarquista La Protesta Humana.

Representante y promotora de la Federación Obrera Argentina (luego conocida como FORA)

Las diferentes versiones sobre su vida comienzan el mismo día de su nacimiento. Hay quienes dicen que nació en San Juan, otros en Montevideo, aunque lo más verosímil es que nació en la provincia de San Luis. Nora Usenky y Mariana Fontana, profesoras de Historia e investigadoras rosarinas concluyeron con esa postura después de sus investigaciones.

Hija del matrimonio de Enrique Bolten, un alemán que había emigrado a Chile por tener ideas contrarias al régimen militarista alemán, cruzó la cordillera donde conoció y se enamoró de Dominga Sánchez, hija del estanciero donde el joven alemán trabajaba. Ella y otros tres hermanos quedaron en el campo cuando sus padres se separaron. Después de un tiempo los hermanos decidieron emigrar. Manuel y Dominga se radicaron en Rosario. Enrique y Virginia deambularon por varios sitios hasta que Virginia decidió vivir en la zona norte de Rosario, en el barrio obrero cercano a la Refinería Argentina de Azúcar, donde consiguió trabajo. Se casó con un anarquista uruguayo de apellido Márquez (o Manrique), un activista del gremio de los zapateros.

Se dijo y se sostuvo durante mucho tiempo que el 2 de mayo de 1890 la columna de personas que marchó en la plaza López (zona centro-sur de Rosario), en conmemoración de los Mártires de Chicago estaba encabezada por Virginia Bolten. Que llevaba una bandera negra con letras rojas que rezaba: “Primero de Mayo, Fraternidad Universal. Los trabajadores de Rosario cumplimos las disposiciones del Comité Obrero Internacional de París”.
Que luego de pronunciar un discurso revolucionario y difundir propaganda anarquista fue detenida bajo el cargo de atentar contra el orden social.

Dirigió una manifestación, pronunció un discurso revolucionario, fue la primera oradora mujer en un acto público con ¿14 años?!

El investigador Pascual Muñoz (Montevideo) y las investigadoras Agustina Prieto (Rosario) y Laura Fernández Cordero (Buenos Aires) a comienzos de 2014 publicaron un texto bajo el título de Tras los pasos de Virginia Bolten.
Entre la documentación publicada figura la partida de nacimiento, que dice que nació el 26 de diciembre de 1876 en San Luis.

Los autores del libro ponen en duda, después de encontrar este documento, la verosimilitud de lo dicho con respecto a los hechos de 1890, tanto de su participación como de su detención:
“… ante tantas dudas, una certeza: Virginia Bolten es un mito potente. Y no vendrá este trabajo colectivo a discutirlo. Queremos, sí, desandar algunos pasos en la construcción de aquellas imágenes míticas para recuperar otras dimensiones de la biografía política de Bolten. Un recorrido que rescate, también, su participación en la prensa y sus escritos”
“… no hemos podido encontrar referencias directas en la prensa, ni tampoco indicios que podrían llevarnos a inferir su participación efectiva… Es posible que haya participado aunque, según el acta de bautismo y el censo, tenía entonces sólo 14 años. Tampoco hay pruebas de su pertenencia al anarquismo en ese momento, incluso sabemos que bautizaron en la fe católica a su primera hija”

ELLA Y EL PERIODISMO

Desde el 8 de enero de 1896 hasta el 1 de enero de 1897 editó los nueve números del periódico La Voz de la Mujer, cuyo lema era “Ni Dios, ni patrón, ni marido”. Lo financiaba con su mísero sueldo de operaria de una fábrica de zapatos. El periódico avisaba: “Aparece cuando puede”.

En ese periódico se difundían los ideales del comunismo libertario, las injusticias contra los trabajadores y en especial contra las mujeres trabajadoras a la que eran sometidas por su condición de clase y de género.

Pese a la corta vida del periódico produjo gran revuelo entre el público y las autoridades. Era crítico a toda forma de autoridad, tanto eclesiástica, patronal, estatal y familiar. Rebelarse contra la figura masculina tuvo sus consecuencias y debieron salir a dar pelea: “Cuando nosotras (despreciables e ignorantes mujeres) tomamos la iniciativa de publicar “La Voz de la Mujer”, ya lo sospechábamos ¡oh, modernos cangrejos!”
“nosotras no somos dignas de tanto, ¡cla! No señor”, “¡emanciparse la mujer?”, “¿para qué?” “¡qué emancipación femenina ni que ocho rábanos!” “¡la nuestra”, “venga la nuestra primero”, y luego, cuando nosotros ‘los hombres’ estemos emancipados y seamos libres, allá veremos” Con tales humanitarias y libertadoras ideas fue recibida nuestra iniciativa. Por allá nos las guarden pensamos nosotras. “¿No es verdad que es muy bonito tener una mujer a la que hablaréis de libertad, de anarquía, de igualdad, de revolución social, de sangre, de muerte, para que ésta creyéndonos unos héroes, os diga en tanto que temiendo por vuestra vida (…): ‘¡Por Dios, Perico!’? ¡Ah! ¡Aquí es la vuestra! Echáis sobre vuestra hembra una mirada de conmiseración (…) le decís con teatral desenfado: Quita, allá, mujer, que es necesario que yo vaya a la reunión de tal o cual (…) vamos, no llores, que a mí no hay quien se atreva a decirme ni a hacerme nada”.
“Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nosotras; doblemente esclavas de la sociedad y del hombre, ya se acabó aquello de “Anarquía y Libertad” y las mujeres a fregar. ¡Salud!”

Proclamaba que “no manden a sus hijos a ese antro de depravación que es el confesionario, porque los infames frailes buscarán corromperlos y someterlos a sus perversas pasiones”.

ELLA Y LA MILITANCIA

“Hay en Rosario una joven puntana de palabra enérgica y dominante que arrastra a las multitudes; más enérgica que Luisa Michell (heroína de la Comuna de Parísen 1871), tiene indudablemente mejores formas que esta.”
Juan Bialet Massé en su Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior (1904)

Fue oradora en actos anarquistas en San Nicolás, Campana, Tandil y Mendoza.
Fue echada de la refinería por exigir mejores condiciones laborales para las mujeres.

Fue arrestada, noviembre de 1900, por organizar junto a Teresa Marchisio y otros cuatro anarquistas una contramarcha en repudio a la procesión católica de la “Virgen de la Roca”.

Organizó la Casa del Pueblo, realizando eventos político-culturales, debates, discusiones, lectura de poesía y teatro para los obreros.

En 1901 fue nuevamente arrestada por distribuir propaganda anarquista en las puertas de la Refinería Argentina donde la policía mató a un obrero y ella fue testigo del crimen.

En 1902 se refugió en Uruguay donde participó de una manifestación el 1 de mayo, y como oradora denunció la Ley de Residencia en la Argentina.

En 1904 vuelve a Buenos Aires y forma parte del Comité de Huelga Femenino organizado por la FORA (Federación Obrera  Argentina) movilizando a los trabajadores del Mercado de Frutos de Bs. As.

Continúa militando en un sinnúmero de actividades, su salud se deteriora, en 1907 se le aplica la Ley de Residencia porque al ser detenida dice ser uruguaya. Allí se reúne con su pareja y sus hijos que años antes también habían padecido la misma ley.

En Uruguay organiza protestas por la brutal represión del 1 de mayo de 1909, donde las fuerzas represoras de Ramón Falcón asesinan a obreros. En 1911 trabajó en la Asociación Femenina Emancipación, organizando a las mujeres anticlericales y a las operadoras telefónicas

Poco se sabe de los últimos años de su vida. Durante 1923 integró el Centro Internacional de Estudios Sociales, una asociación libertaria de Montevideo. Según se cree, continuó viviendo en el barrio de Manga hasta su  muerte que acaeció en 1960.

Virginia Bolten seguirá siendo un mito, con su verdadera historia avalada por los documentos o por la leyenda que se hizo alrededor de ella. Es al mismo tiempo un mito y una realidad.

Una realidad construida a fuerza de pura militancia en favor de la mujer en primer lugar, pero sin olvidar que el conjunto de trabajadores y trabajadoras forman la fuerza indispensable para cualquier lucha de emancipación, para cualquier lucha de conquista de derechos políticos, sociales y humanos. (J. R. Orosco para Pensamiento Discepoleano)

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JOSÉ MARÍA BORRERO – (1879-1931)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacido en España, en San Sebastián, el 16 de noviembre de 1879, llegó a la Argentina en 1914, siendo ya abogado y doctor en teología, aunque este último título carecerá de importancia para él pues en luchas y experiencias sociales se convierte en un librepensador, con tendencia socialista.

Joven inquieto y con cierta propensión a las aventuras, viaja primero a Trelew donde reside dos o tres años para trasladarse después a Río Gallegos, donde se destaca profesionalmente en algunos juicios. Tan es así que la poderosa Sociedad Anónima Exportadora e Importadora de la Patagonia, de Mauricio Braun y los Menéndez Behety lo convierte en su apoderado, en 1919. Pero Borrero entiende que su desempeño profesional no puede limitarlo en su accionar político y por las noches, concurre a las reuniones de la Federación Obrera. Asimismo, publica un diario –“La Verdad”- desde donde combate a los poderosos reclamando a favor de los peones rurales, por lo cual la gran empresa de los estancieros sureños le rescinde el contrato en 1920. Borrero les responde: “Hubiera valido mejor que la sociedad Menéndez Behety no me hubiera molestado con el otorgamiento de semejante poder sin que previamente se me hubiera explicado que ello implicaba el renunciamiento de mi libertad humana, el abandono del derecho de pensar, la claudicación en mis ideales y convicciones, la servidumbre y la esclavitud, en suma”.

En esa época, de la primera gran huelga patagónica, Osvaldo Bayer –quien evidencia desconfianza y poca simpatía por Borrero- reconoce que, desde “La verdad”, Borrero combatió a los poderosos estancieros, pero señala que siempre, aún en los peores momentos, su periódico tendrá un aviso de media página de la Sociedad Anónima Exportadora e Importadora de la Patagonia, de Menéndez Behety y Braun. Afirma Bayer: “No queremos ser suspicaces, pero nos llama poderosamente la atención. Porque el diario de Borrero luchó a muerte contra la Sociedad Rural y principalmente contra su máximo representante, Edelmiro Correa Falcón y contra Miguel Segovia, que era el representante de los más grandes latifundistas patagónicos” (O. Bayer, “Los vengadores de la Patagonia Trágica, Edic. Galerna, Tomo III, p. 165). Bayer señala también que el diario de Borrero tenía un aviso del Banco Anglo Sudamericano, lo que no le impide a Borrero definirse en el sentido de que si los capitales extranjeros se van, mejor pues “… consideraríamos la decisión más beneficiosa que ninguna otra para los intereses generales. Que se vayan de una vez los tan cacareados capitales y así trabajaremos todos para amasarlos de nuevo. Por lo demás, ¿qué hacen esos capitales y qué les debemos?” (Borrero, citado por O. Bayer, ob, cit. p. 165).

La posición de Bayer respecto a Borrero resulta, por momentos, inexplicable. Reproduce y elogia la lucha sustentada en “La Verdad” e inclusive reproduce estos argumentos muy avanzados que Borrero sostenía en su periódico: “No se ha pensado siquiera instalar un establecimiento similar, adoptando una forma cooperativa, si fuere preciso, ni en establecer un lavadero de lanas, ni mucho menos fundar una fábrica de tejidos, proyectos todos factibles puesto que para su realización se cuenta con lo principal, dinero –de cuya retirada tanto se habla- y materia prima en abundancia. ¿Qué debe el territorio de Santa Cruz a los capitales? Absolutamente nada. Estando el campo poblado como está, no hay una triste escuela de campaña en que puedan instruirse y educarse los hijos de nuestros obreros y aún en los mismos pueblos observamos que los edificios y elementos más deficientes son los relativos a este esencial servicio humanitario y social” (Borrero, citado por Bayer, ob. cit. P. 166). Sin embargo, pocas páginas atrás, Bayer descalifica totalmente a Borrero: “sin temor a equivocarnos, definiremos a Borrero como un resentido, un fracasado, un chapucero, un chambón, un frangollón… Era brillante, seguro de sí mismo –a pesar de sus furúnculos de su cara, de su aspecto exterior sucio y desaliñado y de su boca desdentada… Era un embaucador, pero fino y cubierto con las cualidades de un caballero… Era espléndido, dilapidador pero debía a cada santo una vela y no pagaba jamás una cuenta… A un menesteroso era capaz de darle la mitad de lo que tenía en el bolsillo, pero si lograba tomar como abogado alguna herencia, pobres herederos” (ob. cit. p. 159) Y agrega: “Sí, era un bohemio irresponsable. Su diario es ante todo un diario injurioso, pero valiente. Todo esto hizo de él un gran fracasado… Y así es su libro, brillante, valiente, arrollador, pero antihistórico, mentiroso, falso. Es la gran denuncia que luego quiere regatearnos la verdad y llevarnos para su molino a salvar de culpa y cargo a Varela y a Yrigoyen y hacer cargar la culpa de todo a sus enemigos personales. Pero una cosa sí que nadie podrá arrebatársela: el halo de mártir y perseguido que supo crearse en la Patagonia. Lo mismo que su libro, que sigue siendo la Biblia de la historia patagónica, por los menos entre los humildes, que sonríen agradecidos al nombrar a Borrero y guardan escondida “La Patagonia Trágica” como una estampita milagrosa de la virgen de Luján. ¿La clave? La misma que tanto éxito trae a políticos y líderes de masas: la demagogia” (169).

Esta crítica virulenta de Bayer se origina en que con respecto a la represión producida en la Patagonia, entre 1921 y 1922, Borrero, al igual que el juez Viñas, adheridos ambos al radicalismo, acentúan la responsabilidad de la masacre en los estancieros, mientras Bayer carga la responsabilidad especialmente sobre el Ejército y el gobierno de Yrigoyen. En el texto transcripto más arriba, cuando Bayer le imputa tergiversar lo sucedido para salvar Yrigoyen y al Ejército, señala precisamente que Borrero intenta recaer la responsabilidad en “sus enemigos personales”, pero éstos son precisamente los grandes estancieros nucleados en la Sociedad Rural Patagónica. Esta animadversión de Bayer lo lleva a exageraciones tales como –siendo Bayer un anarquista que se supone partidario del amor libre- lanzar la imputación contra Borrero del delito de bigamia, por haberse casado en España y luego en la Argentina (Bayer, ob. cit. P, 168 y 169).

El juez Viñas –padre del escritor David Viñas- en cambio, en el prólogo a la 2da edición de La Patagonia Trágica sostiene que “Borrero ha sido tratado injustamente llegándose a deformar la imagen de su personalidad” y “que era un hombre culto, digno, caballeresco… tenía un gran talento y una notable cultura… respaldan sus denuncias libros como “Los bandoleros del sur”, de Aníbal Cañizares (en realidad, Aníbal Courel), Relatos Patagónicos, de Amador González y La amargura de la Patagonia, del doctor Rubén Darío (h) (libros que han tenido poca difusión) y culmina su defensa diciendo que “el digno español que fue Don José María Borrero descanse en paz y quienes no lo conocieron traten su memoria con respeto y los creyentes rueguen por él, como lo hago yo; era un buen cristiano” (Prólogo a la 2da edición de La Patagonia Trágica, Editorial americana, 1957, p.17).

Más allá de estos juicios pro y contra Borrero, lo cierto es que él fue protagonista importante en los sucesos ocurridos en el sur, pues su periódico fustigó severamente a la Sociedad Rural. Y lo hizo poniendo el cuerpo en situaciones difíciles que lo condujeron a un altercado con el comisario Nicolía Jameson, reaccionario y represor, interviniendo un tal Rivera, amigo del comisario, quien lo golpeó duramente, a tal punto que Borrero debió guardar cama durante varios días. Desde “La Verdad” y luego desde “El Español”, mantuvo por entonces un increíble duelo de insultos con Edelmiro Correa Falcón, gerente de la Sociedad Rural y ex gobernador, tratándolo de “verdugo de obreros, flagelador de hombres, cínico y repulsivo” (Borrero, citado por Bayer, ob. cit. 175).

Como es sabido, después de la primera intervención del coronel Varela que significó un acuerdo entre los trabajadores y los estancieros, se produjo la violación del mismo por parte de los latifundistas y la segunda intervención de Varela que condujo a la masacre de 1500 trabajadores.

Con posterioridad a estos acontecimientos, Borrero, desde su periódico El Radical, sostiene la tesis de que “los culpables de la masacre son los estancieros y trata de disculpar de culpa y cargo al gobierno y a Varela” (O. Bayer, ob. cit. p. 176). Interviene entonces en diversos actos, apoyando al gobernador radical Iza, siempre fustigando a los estancieros patagónicos. En 1925, decide abandonar el sur y marchar hacia Buenos Aires y “tan pobre estaba que debió dar conferencias en los puertos para poder costearse el viaje” (O. Bayer, ob. cit. 176. Poco después, en 1928, publica “La Patagonia Trágica”, del cual tira 10.000 ejemplares. Existe al respecto una versión según la cual los Braun y los Menéndez Behety compraron casi toda la edición, que muy pronto desapareció de las librerías. Bayer señala que también hay otra versión según la cual Borrero habría ofrecido los originales a Correa Falcón o a los Menéndez Behety, a cambio de dinero, pero el mismo Bayer acepta que “en el sur, no hay viejo poblador que no tenga su primera edición de La Patagonia Trágica”.

En su libro, Borrero denuncia el exterminio de los pobladores originarios de la Patagonia por parte de los ahora latifundistas ovejeros. En base a testimonios de viejos pobladores sostiene que se comenzó a pagar una libra esterlina por cada par de orejas de indio que se entregaba, pero que había cazadores de indios que los desorejaban pero no los mataban y los patrones advirtieron que todavía sobrevivían algunos indios desorejados y entonces comenzaron a pagar la libra esterlina a cambio de la cabeza, los testículos o algún órgano vital en esa gran “cacería” que permitió echar las bases de las grandes estancias: “Allá están desparramados los cráneos y los fémures de los indios caídos un día en las proximidades de Cabo Domingo, lugar situado en el costado oriental de la isla de Tierra del Fuego, sobre tierras ocupadas por los Menéndez Behety” (La Patagonia Trágica, 2da edición, p. 31) “… Don José Menéndez fue el último conquistador” (ob. cit., p. 32).

Borrero establece la analogía entre aquellas matanzas y la represión ocurrida entre 1921 y 1922: “El lector ha de deducir sin esfuerzo la analogía que existe entre el trágico suceso de Cabo Domingo y las matanzas de obreros en masa en la estancia “Anita”, también de Menéndez Behety, en Santa Cruz, en las pasadas huelgas de 1921” (La Patagonia Trágica, ob. cit., p. 32) “En Cabo Domingo se hace matar en masa. En la “Anita” se mata en masa. Allá eran indios hambrientos. Aquí eran obreros que podían encariñarse con el terruño”. Así pasa a referirse a “hechos inauditos, inconcebibles, que no hacía muchos meses se habían producido en las inmensas soledades patagónicas y que costarán la vida a mil quinientos seres humanos” (Borrero, ob. cit. p, 38). Denuncia entonces a esa aristocracia patagónica de “Los Menéndez, los Montes, Los Braun, los Suárez, los Petterson, los Stubenrauch, los Hobbs y tantos más” (Borrero, ob. cit., p. 41). Con respecto a los sucesos últimos reproduce artículos de uno de sus diarios donde señala: “Son quienes aprovechando traidoramente esa coyuntura para ellos favorable, lograron que viniera el ejército nacional y engañaron a éste miserablemente con burdas mentiras y calumnias para conseguir una enérgica y sangrienta represión, que aprovecharon los autores de tanto crimen para liquidar macabramente sus cuentas haciendo fusilar a muchos infelices que no cometieron otro delito que ser acreedores por sendos miles de pesos en concepto de trabajo”. Una y otra vez reitera su acusación ante “las masacres humanas de 1921” y al finalizar el libro anuncia que “en breve aparecerá la segunda parte: Orgía de Sangre, en la que tras una descripción detallada de los movimientos obreros ocurridos en la Patagonia y terminados con las horrorosas matanzas de 1921, se deslindarán responsabilidades, señalando con pruebas indubitables a los verdaderos autores morales y materiales de tales matanzas, quienes con fines inconfesables ponen todo su empeño en arrojar sombras siniestras sobre un inminente y austero ex mandatario de la nación y sobre la memoria de un pundonoroso militar argentino, primera víctima propiciatoria de los sucesos de Santa Crus, cuya memoria se hace de todo punto preciso reivindicar cumpliendo el deber fundamental de restablecer la verdad histórica” (Borrero, ob. cit. P. 239)

Pero Borrero no llega a publicar esa segunda parte. Ha partido de Buenos Aires a Santiago del Estero para trabajar junto al gobernador radical de esa provincia y allí, en un entrevero con opositores, matan a uno de sus hijos. El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 le hace perder el cargo y la tuberculosis ya lo ha tomado, falleciendo, poco después, el 21 de enero de 1931.

Bayer señala que de no haber muerto quizás hubiera podido hacer la 2da. edición del libro. En cambio, considera que la no publicación de la segunda parte anunciada como “Orgía de sangre” provino de la presión del Partido Radical o más específicamente del propio Yrigoyen que quería evitar que se volviera sobre el tema. El juez Viñas, dice en el prólogo a la segunda edición: “Su vinculación con don Hipólito Yrigoyen determinó que no publicara la segunda parte de la Patagonia Trágica, llamada Orgía de Sangre”. Agrega Viñas que “sus papeles, sus documentos, les fueron robados de sus baúles cuando murió en el hospital Muñiz el 21 de enero de 1931, de tuberculosis pulmonar” (Viñas, p. 17 prólogo a la 2da. edición).

Si superamos las estrechas miradas ideológicas, dejando a un lado la diferente opinión de Bayer y del juez Viñas sobre la verdadera personalidad de Borrero, no puede dudarse que su audacia al bregar contra los grandes estancieros provocó el silenciamiento de él y de su obra. En 1999, cuenta Bayer que cuando “estaba en plena investigación para mis libros de la Patagonia Rebelde, tuve una larga conversación con el historiador Armando Braun Menéndez. Llegó el momento de nombrar a Borrero. Nunca vi a alguien tan indignado contra él. Se tomó todo el tiempo en ir rechazando una por una todas las afirmaciones del polémico escritor contra miembros de las dos familias, los Braun y los Menéndez. La guerra seguía abierta, a treinta años de la muerte de Borrero. La herida sangraba como en el primer día”. (Prólogo de O. Bayer, en 5ta. edición, Edit. A. Peña Lillo – Continente, Bs. As. 2007). (N. GALASSO, LOS MALDITOS, T. IV, PÁG. 55, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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AGUSTÍN TOSCO - (1930 - 1975)
OTRO "MALDITO" EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Coronel Moldes, localidad del sur de Córdoba, en 1930. Los padres poseen una pequeña finca y desde muy chico aprende las tareas rurales. Luego cursa la escuela primaria y después ingresa a una Escuela de Artes y Oficios. Es muy aficionado a la lectura, pues –recuerda-: “a pesar de que en mi casa el piso era de tierra y carecíamos de luz eléctrica, había una pequeña biblioteca”. A los  14 años, ya es presidente del Centro de Estudiantes. A los 17 años, ingresa a una fábrica como aprendiz y a los 18, se desempeña como ayudante electricista. A los 19, ya es elegido subdelegado y a los 20, representa a sus compañeros. Port entonces, “aleccionaba a la gente a favor de Perón –recuerda Tosco- pero me molestaban algunos aspectos: afiliación obligatoria, la persecución a los comunistas… El peronismo fue una instancia muy importante en el período del ’45 al ’55, en el cual la clase obrera recibió importantes beneficios de carácter laboral y tuvo participación política. Esta experiencia estuvo fundada en el ascenso de una política nacionalista, capitalista y burguesa de redistribución de la renta nacional y reconocimiento subsidiario de una serie de derechos, pero todo dentro del sistema”.

A partir de 1954, milita en la Federación Nacional de Luz y Fuerza, “… pero la ortodoxia peronista pasó a enfrentarme”.
Por haber actuado como gremialista en la época del gobierno de Perón, sufre la inhabilitación que aplica el gobierno de Aramburu, en 1955. Forma parte de “la resistencia” y participa en la creación de las “62 organizaciones”.

En 1957, es elegido Secretario General de Luz y Fuerza de Córdoba e integra, además, el secretariado nacional. Ya, por entonces, se ha alejado del peronismo, aunque habría participado en la lucha por la defensa del Frigorífico Municipal Lisandro De La Torre, en enero de 1959, en la Capital Federal, ante la política privatizadora de gobierno de Frondizi.

Luego, vuelve a Córdoba y nuevamente es elegido secretario general de su sindicato, desempeñándose como tal hasta 1966. En ese año, renuncia a ser postulado nuevamente en su gremio de Córdoba, aunque integra la comisión directiva como vocal y preside la comisión de la paritaria nacional. En 1968, otra vez es elegido Secretario General de “Luz y Fuerza de Córdoba”, sufriendo dos detenciones. Su conducta ética así como su trabajo sindical y su carácter combativo le han ganado ya el afecto de sus compañeros del gremio, para quienes es cariñosamente “el Gringo”. En marzo de 1968, participa en la gestación de la CGT de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro, en oposición al vandorismo.

El 29 de mayo de 1969 estalla “el Cordobazo”, donde Tosco cumple un importante rol, tanto en los preparativos de la huelga general, como en las demás actividades (movilización, reuniones populares, etc.) que signan esos días. Sofocado el movimiento por la represión del gobierno, es condenado a 8 años y tres meses de prisión, siendo remitido a una cárcel del sur. Sin embargo, a finales de año, la actividad combativa de los trabajadores le arranca al gobierno una amnistía general, que permite su excarcelación. Se reintegra así a la lucha de su gremio.

En los primeros meses de 1971, es designado Secretario Adjunto de la CGT de Córdoba. Pero el 28 de abril es detenido y transferido nuevamente al sur, al penal de Rawson. El 17 de setiembre, desde la cárcel, Tosco gana las elecciones en Luz y Fuerza de Córdoba, “hecho inusual por ser la primera vez que ocurre en la historia del sindicalismo argentino”.

En el operativo guerrillero de fuga, del 15 de agosto de 1972, que deriva en la masacre de Trelew, considera inconveniente su participación.

Poco después, el 23 de setiembre de 1972, el gobierno de Lanusse lo libera, sin explicar razón alguna para los 17 meses que permaneció encarcelado, informando solamente que “han desaparecido las causas que determinaron la detención”. Al producirse las elecciones del ’73, no acepta candidatura alguna.
En 1974, al desencadenarse la acción de las Tres A, pasa a la clandestinidad. A su vez, el gremio es intervenido. En esa época, sufre una enfermedad infecciosa que lo conduce a la muerte, producida el 5 de noviembre de 1975.

Sin duda alguna, es uno de los mejores exponentes del auténtico sindicalismo, a lo largo de nuestra historia. En esa lucha que inició a los 24 años, fue indoblegable hasta su fallecimiento, ocurrido a los 45. Pero no sólo dejó la impronta de una conducta intachable, sino que planteó la necesidad de articular la lucha sindical con la lucha por el socialismo. “El sindicalismo de Liberación –sostiene- ha comprendido que debe ser un factor en la lucha por la Liberación Nacional”. “No pertenecí, ni pertenezco, a ningún partido político”, pero agrega: “Creo que hay una sola solución para nuestro pueblo, una solución que es la construcción de la patria socialista”. En otra oportunidad, manifiesta: “La línea de lucha por la vía del antiimperialismo, hacia el socialismo. La heterogeneidad de nuestro socialismo está en que tiene raíz peronista, marxista, cristiana, por el Movimiento de Sacerdotes del Tercer mundo, que viene de distintos movimientos que lo levantan como bandera”. Crítico de la burocracia sindical, no cayó por eso en posturas “gorilas”. Sostenedor de que los trabajadores se organicen desde una perspectiva clasista, no menospreció la lucha por la Liberación Nacional.

Su ejemplar militancia ha dejado un hondo recuerdo, pero raramente se pronuncia su nombre por los medios televisivos y radiales, ni tampoco aparece en los comentarios de los medios gráficos. (Fuente: N. Galasso, Los Malditos, vol. I, pág. 122, ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ANDRÉS FRAMINI  -  (1914 – 2001)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Villa San Carlos, partido de Berisso, provincia de Buenos Aires, en 1914, en una familia obrera, cuyo padre, don Julio, es trabajador del frigorífico. Inicia la escuela primaria en Berisso, pero la termina en la escuela de la Iglesia de Nueva Pompeya, barrio adonde se ha trasladado con su familia. Las dificultades económicas le impiden continuar estudios secundarios, ingresando como obrero, primero a una fábrica de betún y luego, a una fábrica de perchas. Después, trabaja en una fábrica de jabón. También intenta encontrar una salida en el fútbol o en el cancionero popular, pero era “mal cantor”. El primer trabajo en textiles lo realiza en la fábrica Gratri, “donde aprendí el oficio, atendiendo un telar”. En 1941, se casa con Carolina Miranda, con quien tiene dos hijos.

“Cuando el coronel Perón empezó con los decretos favorables a los trabajadores, desde la Secretaría de Trabajo –recuerda Andrés- se produjo una convulsión terrible. En poco tiempo, hubo organizaciones en todas partes, hasta en el campo”. En esa época es empleado de la fábrica Piccaluga, en La Boca.
Framini recuerda que la Unión Obrera Textil estaba controlada por los socialistas y que en su fábrica, ellos decidieron continuar con el trabajo ese día 17 de octubre cuando los trabajadores se volcaban a la plaza. Sostiene que entonces tuvo un incidente con el delegado de la fábrica –socialista- y consiguió “parar” la fábrica e irse con los trabajadores a la Plaza de Mayo. Señala que “ahí fue cuando aparece la Asociación Obrera Textil, con Mariano Tedesco, que es el primer secretario general, delegado de Villa del Parque”.

También recuerda que el gremio había alcanzado notable fuerza: “Éramos muchos. Recuerdo que en una marcha que se hizo a la Casa de Gobierno, de textiles solamente íbamos cuarenta mil, una barbaridad de gente… Perón nos había dado todos los adelantos, nos había sacado del ostracismo, nos había sacado de la indignidad…, nos convertimos en sujetos y dejamos de ser objetos”.

Entonces, en 1947, pasa a ser representante de la rama “Lana”. En 1951, ya es elegido Secretario General del gremio.
Producido el golpe militar del 16 de setiembre de 1955 que derroca al presidente Perón, el general Eduardo Lonardi, su sucesor, intenta implementar una política de “Ni vencedores ni vencidos”. A fin de facilitar algún tipo de acuerdo y evitar la intervención, la comisión directiva de la CGT renuncia y designa a dos gremialistas para que se hagan cargo de la Central Obrera: esa difícil tarea se le encomienda a Luis Natalini, del Sindicato de Luz y Fuerza y a Andrés Framini.

Sin embargo, el reemplazo de Lonardi por Aramburu –el 13 de noviembre de 1955- pone fin a esta política y comienza la represión, siendo desplazados Framini y Natalini por un interventor, en la CGT. Desde el sector nacionalista de las Fuerzas Armadas se intenta gestar una CGT en apoyo del general Bengoa, que toma el nombre de CGT negra. Framini recuerda que, “de acuerdo con Amado Olmos y otros, rompimos esa asamblea de la CGT negra e inmediatamente formamos, con Armando Cabo y otros compañeros, la CGT Auténtica, para oponernos al interventor Patrón Laplacette”. Pero el 12 de diciembre de 1955, Andrés es detenido y alojado en la Penitenciaría Nacional, hasta fines de julio de 1956. Apenas en libertad, vuelve a retomar la lucha de “la resistencia”, con el apasionamiento de quien está convencido de que sólo la movilización de los trabajadores puede detener a las fuerzas reaccionarias.

El 22 de diciembre de 1956, vuelve a ser encarcelado, ahora en el penal de Caseros, donde permanece nueve meses. Otra vez retoma, en setiembre de 1957, tanto la lucha sindical como política, con su entusiasmo y su entrega de siempre.

Pero sus períodos de libertad son escasos: el 23 de abril de 1958 es nuevamente detenido y permanece durante dos meses en los sótanos del Departamento de la Policía Federal. Reelecto como Secretario General de la Asociación Obrera Textil (lo será sucesivamente en 1961, 1963 y 1965), regresa a la lucha, ahora enfrentando la política frondizista. Pero sus críticas, su convocatoria a la movilización, su posición de sindicalista duro, sin concesiones, así como su conducta ética, lo tornan un personaje demasiado molesto para el sistema, de modo que el 26 de setiembre de 1959 vuelve a la cárcel. Esta vez queda recluido más de un año, en las cárceles de Esquel, Santa Rosa y Viedma, recuperando su libertad en noviembre de 1960.

El 18 de marzo de 1962, convocadas las elecciones en varias provincias, la fórmula Framini-Anglada, obtiene un resonante triunfo en la provincia de Buenos Aires. Es el primer caso de un obrero que resulta gobernador de la provincia de Buenos Aires, pero el presidente Frondizi, apremiado por los militares, interviene las provincias donde ganó el peronismo y luego, las elecciones resultan anuladas.

En el período posterior a estas elecciones, se radicaliza siguiendo las instrucciones de “giro a la izquierda”, orientadas por Perón, desde Madrid. Sus discursos se nutren entonces de posiciones claramente revolucionarias, incluyendo referencias a la explotación de los obreros a través de “la plusvalía”. El peronismo, especialmente el de Framini, Olmos, Borro y tantos otros, expresa, por entonces, a una Izquierda Nacional. En ese mismo año, interviene en el congreso de Huerta Grande, donde la dirigencia gremial aprueba un programa altamente combativo.

En diciembre de 1964, Andrés integra la comitiva que acompaña a Perón cuando intenta regresar al país, operativo frustrado por la presión de Estados Unidos y el gobierno de Illia sobre el gobierno brasileño para que detenga el avión y lo reenvíe a España.

En los años siguientes, “el framinismo” se convierte en sinónimo de oposición al “vandorismo”, especialmente cuando éste se coloca en posición disidente respecto a Perón, intentando una conducción local independiente. Sin embargo, los textiles carecen de la fuerza suficiente para derrotar al aparato armado por el líder metalúrgico, quien logra predominar, aunque luego en las elecciones de Mendoza, de abril de 1966, queda en claro que las bases responden a Perón, obligando al metalúrgico a reacomodarse a las órdenes del líder.

Alrededor de esta época, Framini declara que él se desgasta mucho al cumplir las instrucciones del General, en relación con el vandorismo. En estos años, su presencia gremial tiende a desdibujarse perdiendo la presencia de años atrás. Sin embargo, acompaña, al igual que el resto de gremialistas combativos, la campaña del “lucha y vuelve”, especialmente impulsada por los sectores juveniles.

En 1973, al producirse el triunfo popular, el gobernador de la provincia de Buenos Aires –Oscar Bidegain- lo designa administrador de la isla de Martín García, cesando en sus funciones cuando renuncia Bidegain y lo reemplaza, como gobernador, Victorio Calabró.

Cuando se produce el conflicto entre Perón y la Jotapé –el 1º de mayo de 1974- firma, junto a otros gremialistas y en nombre de la Agrupación del Peronismo Auténtico (APA), una carta titulada: “Al General Perón, de sus viejos amigos y leales soldados peronistas”, definiéndose junto al sector juvenil. Luego, participa como uno de los fundadores del Partido Peronista Auténtico, que expresa a los sectores de juventud y Montoneros.

En los últimos años se repliega a una modesta vivienda de la calle Mercedes, apremiado siempre por urgencias económicas. En 1984, se desempeña como asesor del senador Vicente L. Saadi en cuestiones gremiales, lo cual le permite cierto respiro para la supervivencia suya y de su familia. En 1990, lo promueven al cargo de director, categoría A-1, lo que le permite jubilarse. Por entonces, se constituye en crítico implacable del menemismo, en nombre de las banderas del peronismo histórico. Poco después, el municipio de Berisso lo declara ciudadano ilustre, cuando ya su salud declina.

El 9 de mayo de 2001, concurre a un acto partidario en el que se proyecta la película de Leonardo Favio “Perón, sinfonía de un sentimiento”. Probablemente, recordar esas viejas luchas de las que había sido protagonista fundamental, emocionó muy profundamente a su viejo corazón que latía desde hacía 87 años. Se desplomó y falleció en el acto. Sólo algunos diarios se refirieron a su muerte, en general retaceando elogios a una ética rectilínea y a una capacidad de lucha inagotable. (N.Galasso, Los Malditos, vol I, pág 94, ed. Madres de Plaza de Mayo)

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CECILIA GRIERSON - (1859 - 1934)
OTRA “MALDITA” EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

"Esta luchadora, descendiente de inmigrantes, nació en Buenos Aires, un 22 de noviembre de 1859 y murió el 10 de abril de 1934. Entre Ríos fue el escenario de su niñez y a la edad de trece años una escuela rural de la provincia le permitió iniciarse en la práctica de la enseñanza junto a su madre. Aquella experiencia fue un anuncio del destino futuro pues más adelante Cecilia realizaría dicha actividad de manera profesional.

La desaparición física de su padre hizo que Cecilia pronto conociera el significado y valor del trabajo como institutriz para una familia rica de Buenos Aires. Por entonces decide ingresar a la Escuela Normal Nº 1 de Barracas para comenzar estudios de magisterio, recibiéndose a los 19 años.

Al poco tiempo comienza a trabajar en el ámbito educativo, pero fue la muerte de una amiga íntima la que trazó el rumbo de Cecilia hacia el campo de la medicina. Semejante decisión significó, para la época, un atrevimiento para el mundo académico masculino y en virtud de ello tuvo que explicar ante la Facultad de Medicina los motivos que la llevaron a pretender ejercer su derecho a aprender. Este, en todo caso, fue un episodio más de los tantos actos de discriminación que debió sufrir por su condición de mujer.

Los obstáculos no la amedrentaron, ya antes de recibirse era ayudante sin salario en la misma Facultad que cursaba estudios. Finalmente el 2 de julio de 1889, con su tesis sobre Listero-ovariotomías, Cecilia Grierson se recibió de médica cirujana, título que la expuso para siempre como la primera mujer médica de nuestro país y de América del Sur. Ella fue el arquetipo para que otras mujeres se iniciaran en el ámbito de la ciencia, por ejemplo Julieta Lanteri.

Su actividad profesional la puso en permanente contacto con la realidad social que vivían muchos desamparados en la europea ciudad de Buenos Aires. Es así como en 1891 se enfrenta contra la epidemia de viruela, luego sería el cólera. Ambas desgracias la deciden a fundar la primera Escuela de Enfermeras de la República Argentina. En esa dedicación al semejante, Cecilia Grierson brindó sus servicios en la desaparecida Casa de Aislamiento, el hospital Rivadavia, el ex Hospital San Roque y la Academia de Bellas Artes.

En 1892 creó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios, contribuyó al futuro desarrollo de la kinesiología con su libro Masaje Práctico, conoció algunos países europeos que le aportaron conocimientos y de esa experiencia surgió Educación Técnica de la Mujer. Participó en el Consejo Internacional de Mujeres de 1899 realizado en Inglaterra, participación que derivó en la creación de una rama nacional de este organismo. Alentó el surgimiento del Consejo Nacional de Mujeres con temáticas propias del género. También merecieron su atención los accidentados, los niños con problemas de desarrollo para quienes su atención fue gratuita, los sordomudos y los ciegos. En el terreno de la investigación abordó la obstetricia y la ginecología; en 1901 fundó la Asociación Obstétrica Nacional y una publicación sobres estas cuestiones denominada Revista Obstétrica.

En esos años tan dedicados al trabajo tuvo el reconocimiento de otras mujeres cuando en el año del Centenario, 1910, ocupó la presidencia del Primer Congreso Feminista Internacional de la República Argentina.

El retiro de la actividad de esta médica social solo tuvo como recompensa una pensión graciable que por supuesto no reconocía el importante aporte que la Doctora Grierson hizo a la sociedad argentina. Actualmente la Escuela Superior de Enfermería que depende de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lleva su nombre." (M. Roselli, Los Malditos, vol. III, pág. 101, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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LIBERTARIO FERRARI  -  (1912 – 1947)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Buenos Aires, en el barrio de Caballito, en 1912, en una familia donde su padre –don Tomás- levanta ideas anarquistas y de allí, el nombre con que lo designan: Libertario. Conoce desde su infancia los rigores y angustias de los trabajadores, desempeñándose en diversas tareas. Hacia 1940, ingresa como peón en la vieja “Compañía Primitiva de Gas”, de capital británico, donde su entusiasmo y capacidad lo convierten en delegado. En asambleas, huelgas y reuniones intersindicales realiza su aprendizaje gremial. Al mismo tiempo, concurre al sótano de FORJA, donde Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz formulas las bases fundamentales para desarrollar una conciencia antiimperialista, bajo el lema “Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre”.

Su primera militancia sindical se produce en la Agrupación de Obreros y Empleados de Gas y luego pasa a revistar en ATE.

A partir de 1943, como tantos otros, se interesa vivamente por la política social que empieza a desarrollar el coronel Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. Los días decisivos de octubre de 1945, lo encuentran como figura importante de ATE, por lo cual es designado para representar al gremio, junto con otros tres compañeros: Conditti, Alpuy y Tesorieri, en la reunión del Comité Central Confederal. Ésta se realiza el 16 de octubre de 1945, al atardecer, teniendo como eje principal ratificar o rechazar el paro general que ya ha dispuesto la Comisión Administrativa de la CGT, con motivo de la renuncia y detención del coronel Perón.

A fin de consolidar su posición para dicho debate, conversa, la noche anterior, con Arturo Jauretche, analizando la situación política conflictiva que está viviendo la Argentina y la posición del movimiento obrero frente a la misma.

En la mencionada reunión sindical del 16 de octubre, los ferroviarios, la delegación más numerosa, se inclinan por una posición moderada, oponiéndose a toda medida de fuerza. La intervención de Libertario Ferrari adquiere entonces enorme importancia pues la solidez de sus argumentos, como también su mayor profundidad política, influyen decididamente sobre la asamblea obrera. Allí sostiene: “Ayer, cuando se tomó la resolución de declarar la huelga general, en principio, en la reunión de la Comisión Administrativa dije que la huelga sería hecha en defensa de las conquistas obreras y contra la oligarquía que había ganado una posición de privilegio en el gobierno… Ahora se arguye que no hay razones para declarar la huelga general y que no puede ser motivo el pedido de libertad del coronel Perón. Yo pregunto: ¿y la negativa de los patrones a pagar el 12 de octubre y a otorgar las vacaciones?, ¿y la campaña que hace la prensa enemiga de la clase obrera?, ¿y la información que dan los diarios sobre los posibles integrantes del gabinete nacional, conspicuos miembros de la oligarquía todos ellos?, ¿y la prisión del coronel Perón?... Dentro de poco, seguiremos nosotros el mismo camino, pues no debemos olvidar que si Ávalos se proclama amigo de Perón, Vernengo Lima es enemigo acérrimo de aquél y de nosotros, y a mi juicio, tiene más influencia en el gobierno Vernengo Lima que nadie, porque cuenta con el apoyo del capital y la oligarquía… En concreto, la situación sería ésta: Ávalos está con Perón y Vernengo Lima está contra Perón. Me parece entonces que nuestra actitud va a reforzar la posición del primero y tendrá como consecuencia inmediata la libertad del coronel y el aseguramiento de todas nuestras conquistas. Tenemos que aprovechar este momento excepcionalmente favorable para nosotros…”

Al producirse la votación, la delegación de ATE se divide: de los cuatro integrantes, José Tesorieri se encuentra ausente mientras Aniceto Alpuy vota contra la huelga. En cambio, Libertario y Cecilio Conditti apoyan la huelga. La moción por la cual declara paro general para el 18 de octubre triunfa por 16 votos contra 11.

Al constituirse, poco después, el Partido Laborista y confeccionarse la lista de candidatos a diputados, para las elecciones del 24 de febrero, Libertario rechaza toda nominación, a pesar de la insistencia de sus compañeros: “Mi lucha está en el campo obrero”.

Meses después, en abril de 1946, es designado integrante de la delegación argentina a la Tercera Conferencia Interamericana del Trabajo, a realizarse en Méjico. Llegados a la tierra azteca, los representantes argentinos son advertidos por un viejo luchador anarquista –Simón Radowitzky, aquel que ajustició al Jefe de Policía, coronel Ramón Falcón, en 1909, por la matanza de Plaza Lorea- de que la entente Estados Unidos-Unión Soviética se expresa en el acuerdo entre dirigentes de la Federación Americana del Trabajo (Yanqui) y el Partido Comunista mejicano, representado por el gremialista Lombardo Toledano, para no reconocer a los representantes argentinos. El 4 de abril de 1946, Toledano propone la exclusión de Ferrari y de sus compañeros. En sesión secreta se priva de voto a nuestra delegación. Libertario denuncia la maniobra y rechaza las calumnias esgrimidas –el gobierno presuntamente fascista de la Argentina- reivindicando el carácter democrático del mismo, elegido en elecciones libres y apoyado por la clase trabajadora.

En sus declaraciones califica de “burócratas” y “ladrones” a los dirigentes de la Federación Americana del Trabajo.

En la noche del 10 al 11 de junio de 1947, fallece en un accidente producido en Natal, Brasil, al caer el avión de FAMA que lo conducía a Ginebra, junto a otros compañeros de la CGT.

Arturo Jauretche, bajo el seudónimo Juan Fabriquero, escribió los siguientes versos, en la revista “Descamisada”, del 15/05/1946, recordando el incidente de Ferrari y sus compañeros, en el congreso amañado por Toledano:

A LIBERTARIO FERRARI
Salú, salú, Libertario,
embajador sin camisa
que al congreso proletario
le jugaste la precisa.

Era una banca tupida
de vivos y de pequeros
que laburaban de obreros
sin laburar en su vida.

Vos entraste, Libertario
con cara de punto al bardo
y al verte, dijo Lombardo:
¡Ya mordió el yeite, el otario!

Y al argentino laburo
entró a cargar con escombro…
creyendo llevarte al hombro,
¡te trabajaba de apuro!

En eso alzaste la mano
mostrando tus duros callos:
a que este palo está fallo,
le gritaste a Toledano.

¿De qué trabajo me hablás?
Serás punto filipino
pero a un obrero argentino,
Lombardo, no lo pasás.

Tu laburo proletario
no encuentra, en mi tierra, giles.
Allá hay pequeros a miles
y todos tienen prontuario.

Y si te pido los callos
es porque sos licenciado
y sólo habrás trabajado
algún primero de mayo.

Buscándolo al inventor
del trabajo que en su fuga
ese día no la yuga
porque él es trabajador.

Salú, salú, Libertario
embajador sin camisa
que al congreso proletario
le pusiste la precisa
¡Se acabaron los otarios!

(N. Galasso, Los Malditos, V I, pág. 85, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JUANA ROUCO BUELA - (Fines del siglo XIX – entre 1968 y 1970)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Madrid, pero vive desde muy pequeña en la Argentina. Joven aún participa en el conflicto de la Refinería Argentina de Rosario. Allí aparece junto a las mujeres de esa empresa, reclamando y representándolas ante el Congreso de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Al poco tiempo ya es una de las más consecuentes agitadoras del ideario anarquista. Reina Sotillo relata que Juana se reunía en el local de Conductores de Carros, en Montes de Oca y Suárez, con “otras mujeres templadas en la lucha” entre las cuales cita a Virginia Bolten, Teresa Caporaleti, Leonor Leotar, María Reyes, Violeta García, María Colloza y Marta Newelstein.

El permanente compromiso de Juana Rouco –expresado por entonces en su intervención en la huelga de inquilinos de 1907- provoca su detención, siéndole aplicada la Ley de residencia, por lo cual es desterrada. Pasa entonces a España y Francia y luego a Montevideo, donde, en 1909, participa en los reclamos a favor de Francisco Ferrer, sentenciado a muerte en España, por su lucha a favor de la escuela moderna y del ideario anarquista.

En 1911, merced al apoyo del Dr. Schiafino, hombre del partido Radical, con el cual Juana tiene buenas relaciones políticas, logra regresar a la Argentina, estableciéndose en La Plata. Su importante intervención en la huelga de la FORA de mayo de 1911, provoca nuevamente su detención y su expulsión a Montevideo, regresando al país, también con el apoyo de dirigentes radicales, en 1918.

Infatigable en su militancia, colabora en revistas tales como “La Nueva Senda”, “Tribuna” y “Solidaridad”, como asimismo participa en círculos feministas. Contrae matrimonio en esos años y es madre de dos hijas, pero ello no atenúa su fervor militante a lo largo de las décadas del veinte y del treinta.

Polemista, gran oradora, militante permanente en la divulgación del ideal libertario, sufre todas las vicisitudes que afectan a ese movimiento en los difíciles años de la Década Infame. Al mismo tiempo, el proceso de industrialización que empieza a desarrollarse a partir de 1935 –y las consecuentes migraciones internas- debilitan al movimiento anarquista: el artesano de la vieja época es tragado por la industria moderna. Esta causa, unida a la fuerte represión operada a partir del uriburismo, motiva la declinación del anarquismo como movimiento social, aunque perduran algunos de sus intelectuales como francotiradores devotos de la Idea.

En los años siguientes, Juana –que viene de vivir día a día la suerte de la república española y la lucha antifascista- no comprende el singular fenómeno que significa el peronismo para los trabajadores. “Algunos anarquistas se plegaron al nuevo movimiento gobernante” –señala Reina Sotillo, con razón-. Desde el campo intelectual, Castelnuovo, Olivari, Martínez Paiva y desde el campo obrero, luchadores como Isaías Santín. Pero ella se liga a la oposición radical y desarrolla una oposición neta a la experiencia peronista. Siendo detenida, sostiene, en 1953 que “el nombre de la Federación Obrera de la República Argentina nunca sería borrado de la mente de los trabajadores porque lo dio todo sin pedir nada y porque sus exponentes no esperaban conseguir una mejor posición económica, como sucede hoy con los que están al frente del movimiento sindical llamado CGT, que se convierten en millonarios a costa de los obreros”. El aislamiento acerca de la experiencia concreta de los trabajadores en esa época y algunas compañías políticas inconvenientes –Balbín, por ejemplo- la alejan así de los trabajadores en esta etapa, aunque ello no impide reconocer lo mucho y bueno que había realizado en tantos años de lucha inclaudicable.

En 1964, publica “Historia de un ideal vivido por una mujer”, libro donde relata su vida de lucha libertaria. Pocos años después, en 1968 o en 1970, fallece en Buenos Aires. (N Galasso, Los Malditos, vol. I, pág 120, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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GABRIELA LAPERRIÉRE DE CONI - (1866 - 1907)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Escritora, intelectual, periodista, militante socialista y sindicalista, activista en el movimiento obrero argentino, Gabriela ha sido una figura precursora y olvidada en la larga lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y los niños.

Nacida en burdeos (Francia) realizó estudios recibiéndose de maestra normal. Emigró a la Argentina y se instaló en la ciudad de La Plata junto a su segundo marido, el médico higienista Emilio R. Coni.

Su primera participación activa en nuestro país data de 1901 en un momento de gran agitación política y diplomática que colocó a la Argentina al borde de una guerra con Chile. Gabriela dictó conferencias a favor de la paz sudamericana, en Buenos Aires y en Santiago de Chile. En ellas decía: “… no más aristocracia del dinero, no más burguesía, no más mujeres del pueblo: todas las madres (…) En los demás países el mismo grito resuena. Allá, aquí, más allá, la Liga de las Mujeres hace repercutir idéntico gemido plañidero. Acrecienta entonces la incertidumbre o hácela nacer; ayuda al pueblo a tornarse dueño de su propio destino y a encaminarlo según sus deseos. La americana no puede creer, con su fe sublime, que los pueblos que han lanzado gritos de paz, puedan ser cómplices de un insulto o de una injusticia del uno hacia el otro: ¡los pueblos se aman!... Proclamadlo por todos los ámbitos, señoras, infundid esta convicción, predicad entre los hermanos la santa paz. Y el resultado será la abolición de las guerras, de las revoluciones sangrientas, que tantas lágrimas os han costado, madres argentinas (…) Las feministas nos enseñan que ya pasó para nosotras el tiempo de la inercia, nuestra Edad Media. Es dulce ser amadas y dejarse amar, pero esa quietud egoísta no conviene a las almas generosas; mostremos a nuestro turno a la humanidad, que la amamos y ayudamos con nuestro concurso. Voy a concluir, señoras y señores, pues comprendo que he abusado de vuestra benevolencia y terminaré con estos votos que ciertamente ratificaréis. Millares de mujeres trabajan en Europa para obtener este resultado: imitémoslas pensando que muchas piedras alineadas forman temibles murallas y cantidad de gavillas, opulentas cosechas. Tengamos confianza: el tiempo ansiado vendrá, tal vez está muy próximo. Las sanas intenciones, tarde o temprano dan sus frutos, y mucho antes del Congreso de La Haya algunos precursores hablaban ya de una aurora radiante y próxima. Si llegamos a contemplar esta aurora bendita, estaremos orgullosas de haberla arrancado a la noche y de haberla hecho resplandeciente. A la obra, pues, mujeres todas: ricas y pobres, que nuestra fe y nuestra caridad se unan a nuestras hermanas americanas. Ofrezcamos juntas al nuevo siglo este presente de feliz advenimiento y con nuestros hijos en los brazos, exclamemos: ¡Viva la Paz!”.

En 1902 la Municipalidad de la ciudad de Bs. As. La nombró inspectora honoraria de los establecimientos industriales de la capital para vigilar la situación en la que trabajaban las mujeres y los niños.

Muy preocupada por la situación en las fábricas, especialmente en las de bolsas de arpillera, no dudó en denunciar todas las irregularidades cometidas por los empresarios como la existencia de tinglados de chapa –calientes en verano y gélidos en invierno-, el uso de poleas y correajes sin protección, la presencia de menores de ambos sexos atendiendo las máquinas, los horarios prolongados, la obligatoriedad de limpiar los talleres, las enfermedades relacionadas con el procesamiento de diversos tipos de insumos y las deformaciones originadas por posiciones forzadas en la atención de las máquinas. Decía en su informe: “Mucho me ha preocupado, señor Intendente, este gremio de trabajadoras. Esta industria es perjudicial a la salud por la cantidad de peluza (sic) que desprende la arpillera en sus diversas manipulaciones; esa peluza, en extremo difusible, cubre por completo el vestido de las obreras, a tal punto que se tapan la cabeza con un pañuelo para no ensuciarse el cabello. Sobre algunas, vestidas de luto, he podido comprobar la cantidad enorme de filamentos que cubrían sus ropas”.

Fue también una activa participante en las campañas de lucha contra la tuberculosis.

En 1903 presentó un proyecto para reglamentar el trabajo de mujeres y niños que fue elevado por Alfredo L. Palacios –a quién había acompañado como una de las primeras mujeres que hablaron en asambleas políticas-, luego de asumir su banca en 1904 y que sería sancionado finalmente en 1907 como ley 5291. Reflexionando sobre los estragos del exceso de trabajo decía: “¿Sabéis lo que es el cansancio?: Un fenómeno de envenenamiento y consunción. El trabajo acelera los movimientos respiratorios y cuando es exagerado produce por envenenamiento pérdida de aliento, disminuyendo también la resistencia al calor y al frío. No invita al reposo como pareciera lógico provocando un estado de depresión e irritabilidad, de sobreexcitación nerviosa que aleja muchas veces el anhelado sueño”.

Fue también una consecuente militante política. Asidua colaboradora del periódico socialista La Vanguardia y fundadora del Centro Socialista Femenino la designaron, en 1904, como miembro del Comité Ejecutivo del Partido Socialista, cargo en el que permaneció hasta 1906.

En 1905 se manifestó en clara oposición al proyecto de Ley Nacional del Trabajo impulsado por el entonces ministro Joaquín V. González. En ese mismo año, junto a Luis Bernard, Emilio Troise, Sebastián Marotta y Julio Arraga, entre otros, organizó a los “sindicalistas revolucionarios”, grupo que se inspiraba en el francés Georges Sorel para crear un importante movimiento de masas obreras.

Desde esta filiación ideológica se opuso a la acción político-parlamentaria del PS apoyando la huelga general de ese año como respuesta al estado de sitio dictado por el gobierno oligárquico. La situación interna frente a la conducción reformista de Juan B. Justo se hizo insostenible eclosionando la escisión en el VII Congreso del PS reunido en Junín el 15 de Abril de 1906.

Sus obras principales son: Conferencia sobre la paz (1901), Causas de la tuberculosis en la mujer y el niño obreros (1903) y Alma de niño (1907). Siempre trató de escribir sus alegatos y obras de difusión con un único objetivo: llamar la atención sobre la cuestión social en la Argentina. Falleció en Bs. As. El 8 de enero de 1907.

Debemos recuperar tanto su trabajo intelectual como militante pues nos ha dejado una enorme conciencia de lucha para la clase trabajadora. El reconocimiento a esta luchadora es un aporte importante para general conciencia en el cumplimiento de las leyes que castigan la discriminación salarial, la segregación ocupacional y el acoso sexual que sufren hoy muchas mujeres de nuestra patria. (M.A. Molocznik, Los Malditos, vol. IV, pág. 81, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JUAN BIALET MASSÉ  -  (1846 – 1907)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Mataró, Cataluña, el 19 de diciembre de 1846. Cursada la escuela secundaria, ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid. Recibido de médico, viaja a la Argentina, a principios de la década del setenta.

Su llegada resulta oportuna, pues el presidente Avellaneda se halla empeñado en su campaña de reforma educacional. Así Bialet se desempeña, a partir de 1874, como profesor y luego, como rector, en colegios nacionales de Mendoza, San Juan y La Rioja. En el año 1875, publica “Compendio de Anatomía, Fisiología e Higiene Humana”, adaptada a los programas oficiales de enseñanza.

En San Juan, contrae matrimonio con Zulema Laprida, descendiente de Narciso Laprida, el prócer del Congreso de Tucumán. En La Rioja, poco después, ejerce la docencia y también su profesión. Milita en la avanzada de la posición nacional integrando el círculo “proteccionista” que trata de rodear a Avellaneda.

Luego, se traslada con su familia a Córdoba. Allí cursa la carrera de abogacía para fortalecer sus conocimientos en medicina legal, cuya cátedra asume en Córdoba.
En 1880, realiza una recopilación de fallos del Superior Tribunal de Justicia de Córdoba. En 1885, publica un tomo de lecciones sobre Medicina Legal. Entre 1886 y 1890, junto con el ingeniero Carlos Casaffousth, asume la responsabilidad de la construcción de dique San Roque en la provincia de Córdoba, que se inaugura en 1891.

La obra es muy importante pues da riego a una enorme extensión, así como fuerza para producir energía eléctrica. Pero arrecian las críticas, especialmente por parte del clero cordobés. Corren versiones de que el dique se va a desmoronar y tanto Bialet como Casaffousth son acusados por “defectos en la construcción” y son detenidos. Durante un tiempo permanece en prisión, hasta que el juez De la Vega reconoce su inocencia y recupera la libertad.

En 1903, cuando una formidable creciente del río San Antonio es detenida por el dique, Bialet declara públicamente: “La Providencia ha querido dejarme contemplar este triunfo”.

Otro importante aporte de Bialet se produce en materia de enseñanza, pues formula una fuerte crítica a la tendencia a copiar modelos europeos, ajenos a la realidad del país.

Así, en una conferencia titulada “Cuatro verdades sobre enseñanza secundaria”, señala que es imprescindible ubicar las cosas de acuerdo a las características mentales de la población. Manifiesta que hay que utilizar experiencias extranjeras poniendo el acento en las peculiaridades nacionales y un enfoque práctico. En cuanto a la problemática de la tendencia “dependiente”, que muy agudamente observa en la intelectualidad rioplatense, respecto a toda expresión europea afirma: “Aquí recibimos sin beneficio de inventario todo libro que nos viene de Europa…, no importa que sea del ultra reaccionario Donoso Cortés; es europeo y envenene o no nuestras ideas, bienvenido sea”.

En sus actividades como industrial y empresario Bialet reúne observaciones y pensamientos acerca de los caracteres de la clase obrera argentina y de la situación social de la misma. Se abre así ante sus ojos el mundo social, por entonces sacudido y conflictuado por nuevos problemas y por la creciente protesta reivindicadora del anarquismo y del socialismo.

En 1902 publica, en Rosario, un Proyecto de Ordenanza Reglamentaria del servicio obrero y doméstico “de acuerdo con la legislación y tradiciones de la República Argentina. En una advertencia al lector señala, entre otras cosas, “… que las leyes de conchabos… han fracasado, porque fueron dictadas en interés de los patrones, e impuestas a los obreros, violando los principios de libertad de trabajo, de igualdad ante la ley, sancionados por la Constitución Nacional, y porque fueron dictadas por autoridad incompetente e inadecuada”. En la ordenanza aparecen propuestas como preaviso, indemnización por enfermedad inculpable y por antigüedad, pago del salario en moneda nacional, consideración de mujeres y niños y descanso dominical.

Cada vez más interesado en la cuestión social, Bialet participa, como delegado de la Sociedad de Obreros Estibadores y de Ribera de Rosario, en el congreso constituyente de la Unión General de Trabajadores. A partir de esta época, se dedica cada vez con mayor entusiasmo a las cuestiones relativas a la defensa de los trabajadores, instando a una legislación protectora. Escribe sobre el tema y da conferencias, acerca de los derechos de los obreros, el preaviso y el descanso dominical. De sus posiciones liberales sustentadas desde la juventud pasa a convicciones socialistas.

En enero de 1904, el Poder Ejecutivo Nacional, con la firma del presidente Roca y del ministro Joaquín V. González, lo comisiona para que se traslade a las distintas localidades y centros de trabajo del interior de la República y eleve un informe detallado sobre las condiciones del trabajo de la población obrera en general, de las industrias y de los sindicatos.

Finalizada la investigación, presenta su informe. Ya en la nota de remisión a Joaquín V. González aparecen párrafos concluyentes y de interés. “Esta comprobación demuestra: 1º) el error y la falta de fundamento del menosprecio con que se ha mirado al obrero criollo; 2º) el error gravísimo con que se ha procedido y procede en materia de inmigración y colonización, atendiendo exclusivamente al elemento extranjero y 3º) la necesidad de legislar para el hijo del país, mirando su desarrollo y bienestar,

… Y la primera y más grande afirmación que creo poder hacer es: que he encontrado en toda la República una ignorancia técnica asombrosa, más en los patrones que en los obreros”. En otra parte, sostiene: “Uno de los errores más trascendentales en que han incurridos los hombres de gobierno de la República Argentina, ha sido preocuparse exclusivamente de atraer al capital extranjero, rodearlo de toda especie de franquicias, privilegios y garantías, y de traer inmigración ultramarina, sin fijarse sino en el número, y no en su calidad, su raza, su aptitud y adaptación, menospreciando al capital criollo y descuidando al trabajador nativo, que es insuperable en el medio”.

De toda esta gigante introspección surge un verdadero tesoro de conocimiento y una interesante plataforma creativa, integrada por las siguientes proposiciones de revolución estructural: contrato de trabajo en forma escrita; alimentación y remuneraciones en base a un tope mínimo legalizado y al pago en moneda nacional; institucionalización por medio de una legislación nacional de la jornada de ocho horas, del descanso semanal, de la indemnización por enfermedad y por accidente de trabajo, de la prohibición a los patrones de imponer multa al personal; protección de la mujer y el niño; fomento y protección oficial de las asociaciones de trabajadores y de patrones, en función de un convenio colectivo de conciliación y de arbitraje; legalización del derecho de huelga por incumplimiento de contrato, violación de la ley o causa justa; incentivación de obras públicas y de industrias nacionales. El informe también contempla el acceso a la tierra en el sector rural, mediante el uso de lotes de propiedad del Estado o, en algunos casos, mediante la expropiación de bienes privados no ocupados.

Por entonces, el presidente Roca envía al Congreso el proyecto de Ley Nacional de Trabajo o Código de Trabajo, preparado en base al informe de Bialet, por una comisión dirigida por el ministro, e integrado por Manuel Ugarte (delegado del Partido Socialista ante el Comité internacional de Bruselas), Enrique del Valle Iberlucea (miembro del Consejo Nacional del citado partido) y Augusto Bunge (miembro del Comité Ejecutivo Socialista y director de su órgano “La Vanguardia”), contando también con la colaboración de José Ingenieros y de Leopoldo Lugones.

Después de largas discusiones, la Ley de Trabajo no fue aprobada por el Congreso. El influyente empresariado se sentía afectado por el posible incremento en el costo de la mano de obra. También temía las consecuencias inmediatas de una mayor libertad sindical, por canalizada que fuera dentro de normas legales e inspecciones de la autoridad.

Más tarde, el 11 de julio, Roca vuelve a designar a Bialet para realizar un nuevo informe de tipo complementario. Así se lanza a recorrer nuevamente Córdoba, Tucumán, Mendoza, San Juan y San Luis. Aporta, de este modo, una increíble tabla de medición comparada de la fuerza muscular obrera por regiones, y sendos análisis de la zafra tucumana, del sur cordobés, de la industria vitivinícola cuyana y de la zona puntana. Completa entonces el informe que luego será publicado en tres tomos, por decisión oficial.

En 1905 el silencio del parlamento, el mantenimiento de las disposiciones de represión por el Ejecutivo, frustran definitivamente el proyecto, al que los socialistas dejan de apoyar. De allí en adelante el “Informe” de Bialet Massé pasa a ser un tesoro de biblioteca y de gabinetes.

Las opiniones políticas de Bialet, más progresistas que las del régimen con el que colaboraba, carecían en realidad de “plafond” histórico. Su “Informe”, al pedir medidas sociales, comicios democráticos, etc., tenía una coherencia revolucionaria que las “elites” no podían aceptar.

En abril de 1905, presenta al ministro de Agricultura un “Informe sobre la creación de Colonias Nacionales Algodoneras” en las provincias del centro y norte de la República.

En 1906 realiza la compilación del “Censo General de la Población, Edificación, Comercio, Industria, Ganadería y Agricultura de la Ciudad de Córdoba”. En ese mismo año es designado como primer profesor de la cátedra de Legislación industrial y Agrícola y su consecuencia lo conduce a cursar la carrera de ingeniero agrónomo en la Escuela Nacional de la especialidad de la misma Universidad cordobesa. Así, agrega a sus diplomas de médico y abogado, el nuevo diploma de agrónomo. Y será su última aventura, su última “locura”. Enferma, y debe abandonar su amada Córdoba para buscar asistencia médica en Buenos Aires. Allí, fallece el 22 de abril de 1907.

Sus aportes, en las más diversas áreas, apuntando siempre hacia una sociedad mejor, merecen un reconocimiento del campo popular que hasta ahora no se ha producido. En cambio, inversamente, los sectores del privilegio han respondido silenciándolo. (R.A.Lopa, Los Malditos, Vol. I, Pág. 69, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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LAS PUPILAS DE “LA CATALANA” - (1922)
“LAS ÚNICAS DIGNAS”

LAS MUJERES MALDITAS EXCLUIDAS POR LA HISTORIA OFICIAL

En febrero de 1922, en San Julián, hoy Provincia de Santa Cruz, cuando ocurrían los hechos que la historia relata como “La Patagonia Rebelde”, un grupo de mujeres, pupilas del prostíbulo “La Catalana” regenteado por Paulina Rovira se negaron a “prestar servicios” a los soldados que venían de reprimir y fusilar a trabajadores y gauchos patagónicos que luchaban por mejores condiciones de trabajo y de vivienda.

No solamente se negaron sino que también los enfrentaron. Fueron duramente reprimidas por la policía lugareña y luego encarceladas.

De los archivos policiales de aquella época, que el escritor e historiador Osvaldo Bayer rescató pudimos conocer que esas dignas y valientes mujeres eran:
“… Ángela Fortunato, 31 años, argentina, modista, casada,
Maud Foster, inglesa, soltera, 31 años de edad, con diez años de residencia en el país,
Consuelo García, 29 años, argentina, soltera,
María Juliache, española, soltera, siete años de residencia en el país,
Amalia Rodríguez, 26 años, argentina, soltera,
y fueron ‘detenidas por no querer atender a la tropa’…”

El 17 de febrero de 2002, en plena efervescencia de las asambleas populares en la Ciudad de Buenos Aires, se realizó en el Parque del Centenario, un homenaje a esas valientes y dignas mujeres del sur patagónico. El mismo fue organizado por la agrupación “Acá con Nosotras”, constituido por “Puerta Abierta-Recreando” y “Mujeres Libres-Feministas Independientes”.

Durante el evento se distribuyó documentación preparada por las organizadoras, de la aquí tomamos una parte representativa.

1922 – Las únicas dignas – 2002
17 de febrero

A ochenta años del episodio de San Julián, provincia de Santa Cruz, nos sentimos obligadas a rescatar el gesto de mujeres como:

Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster constantemente denigradas y hacemos visible su heroísmo, protagonismo y dignidad. Ellas arriesgaron sus vidas y en la más absoluta soledad y “escracharon” a los soldados asesinos de obreros en la Patagonia”.

“…Cumplida la carnicería (en referencia al asesinato de trabajadores rurales en la provincia de Santa Cruz), el paternal Varela consideró pertinente, para solaz y esparcimiento de sus subordinados, enviarlos de visita a los prostíbulos de la zona. Paulina Rovira, encargada de la casa de tolerancia “La Catalana” en San Julián recibe el aviso. Pero, las cinco pupilas del establecimiento se le rebelan. Llegada la tropa, las mujeres esgrimen palos y escobas y al grito de: “¡Asesinos. Cabrones. No nos acostamos con asesinos!” rechazan a los soldados. Van presas. Son las únicas voces de repudio en medio del silencio de la sociedad cómplice. Temiendo que el episodio se difundiera se las deja en libertad… total… era la opinión de cinco pobres mujeres…
Extractado del libro “La Patagonia Rebelde” de Osvaldo Bayer.

La acción valiente, heroica y digna de estas mujeres ha sido silenciada por la historia oficial. (D.A.Merlino, Los Malditos, Vol. I, Pág. 102, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JUAN CYMES  -  (1936 – 2003)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

En el seno de una familia pobre nace en 1936, en el antiguo Pasaje Democracia de Villa Luro, presagiando su futura lucha como dirigente villero desde la Resistencia Peronista hasta la última dictadura militar.

Pasa sus primeros años en un conventillo en Mataderos, en Tapalqué y Miralla. Su apellido es de origen turco, pero su padre y su madre –Doña Elena- eran descendientes de polacos. Recuerda a su madre afirmando que tomó de ella la pasión por la causa nacional y popular, y el amor al tango. A los quince años se convierte en líder de pequeñas causas en el conventillo donde vivía, en Escalada 861.

Funda en 1969 el Círculo de Amantes del Tango, convirtiendo la música en su tema predilecto a la hora de animar charlas y participar en espacios radiales. Esta pasión también se releja en la elección de los nombres de sus dos hijos: Homero y Pichuco.
Comienza su militancia social en la fábrica Camea. Un compañero le pide ayuda entonces, para resolver un problema en la villa Cildañez donde un arroyo corría a cielo abierto.

Desde 1955 participa activamente en la resistencia. En ese momento formaba parte de la juventud de la intransigencia radical continuando con la línea Yrigoyen-Forja-Lebensohn. Adhiere en 1958 a la candidatura de Arturo Frondizi, desde la propuesta denominada “Programa Avellaneda”, que recomendaba reforma agraria inmediata y profunda. Como participante de este proyecto se entrevista con el Che Guevara en Punta del Este en la Conferencia Latinoamericana económico-social. Se aleja entonces, por la orientación tomada por el gobierno. Lo expulsan de la UCRI y funda el ateneo “El Combatiente”.

Participa en 1959 de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre junto a Sebastián Borro. En estos años de fuerte militancia decide no tener hijos con su primera compañera de quien más tarde se separa. En los años ’60 participa activamente en el MAS-R, Movimiento de Liberación Nacional y Social.

Trabaja durante más de 30 años en la Villa 15 de Mataderos por la defensa de los derechos de los villeros. No aceptaba la denominación común de la Villa, Ciudad Oculta, “¿Oculta de qué? ¿Quién se oculta?”. “Soy un hombre que anda en pelotas pero soy libre”, dijo alguna vez como forma de autodefinirse. También militó en el Barrio “Las Antenas” en La Matanza, considerando esta zona natural continuación de las Villas de Capital Federal. Se muda allí en 1970.

En esta época participa de agrupaciones en la Facultad de Económicas, Derecho, Sociología e Historia. En Filosofía y Letras impulsa la fundación del “Grupo Sur”, integrada por estudiantes y vecinos del barrio.

Procura su sustento como revendedor, fundando una cooperativa donde circulaban diversos bienes que necesitaban las familias. En un momento histórico de tanta movilización política opta por el trabajo territorial descartando la lucha en la clandestinidad. Realiza fuertes críticas al foquismo y a las organizaciones armadas que dejaban expuestos a los militantes de la superficie. “No hay que cambiar los tiempos del pueblo”, sostenía.

Crea entonces una organización llamada “SOLBA” (Solidaridad y Lucha Barrial) que articula con el sindicalismo combativo de Córdoba SITRAC-SITRAM, liderado por Agustín Tosco. Juan Cymes fue presidente de la Comisión Única desde 1974 hasta 1976.

Estos años se caracterizaron por enfrentamientos en el seno de las organizaciones populares. En los mismos, el Comando de Organización (C. de O.), de Alberto Brito Lima, el Movimiento Villero Peronista (MVP creado en 1973 como parte de la Tendencia Revolucionaria y alineado con Montoneros) y la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV), disputan el control territorial a la agrupación que lideraba Juan Cymes. En una oportunidad escapa de los balazos de la Comisión de Organización (CMV).
Cymes milita entre 1973 y 1975 en el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) donde denuncia el asesinato del diputado Leonardo Bettanin y del militante villero Alberto Chejolán. Este hecho ocurre el 25 de marzo de 1974 en una movilización de dos mil villeros a Plaza de Mayo frente al Ministerio de Bienestar Social a cargo de López Rega.

El 24 de marzo de 1976 representa el punto de inflexión en la historia de este militante. La persecución se preanunciaba desde las agrupaciones de la derecha peronista (como el C. de O.). Cuarenta y ocho horas antes del golpe un funcionario de la Municipalidad alerta a los vecinos acerca de una “patota” que busca a Cymes. Los vecinos que lo habían elegido presidente de la comisión vecinal, ocultaron a los dirigentes en pozos cavados en sus propias casas. En Las Atenas Cymes permaneció “guardado” durante la dictadura militar.

En 1979 la etapa de represión más dura de la dictadura comienza a disminuir. Entonces se forma la Comisión de Demandantes, con el objetivo de realizar demandas judiciales y dar a conocer a la opinión pública los atropellos ocurridos durante la ejecución de los “Planes de Erradicación de Villas Miseria” bajo la intendencia de Cacciatore. A sus aplanadoras Cymes responde con resistencia y organización barrial.

En su reflexión sobre la herencia de la última dictadura afirma “la gente ni quiere oír hablar de organización (…) pero no lograron quebrarnos”.

Lucha por la creación de una legislación que ampare los derechos de los villeros, en 1983 desde la Coordinadora de Villas de Buenos Aires. Logra así incorporar varios artículos en la Constitución porteña que establecen el derecho a la radicación definitiva de los pobladores que viven en los barrios marginados.

En el año 2003 presenta la candidatura como legislador porteño por Convergencia Social. Ante la pregunta sobre por qué aceptaba esta propuesta por primera vez, explica: “Yo soy un enemigo histórico de las listas sábanas y de los acuerdos a espalda de la gente. Soy esencialmente un militante social, de base, y para mí lo que no pasa por las bases no es democrático. Esta vez acepté porque mis propios compañeros me pidieron crear una lista que emerja de las bases.”

Juan Cymes muere el 11 de noviembre de 2003 luego de ser atacado y brutalmente golpeado. El 26 de septiembre de ese mismo año había sufrido un atentado al llegar a la sede de Coordinadora de las Villas, a su regreso de una marcha por la despenalización del aborto.

No se conocieron datos sobre los responsables de este ataque. Su agrupación vincula este hecho a la agresión que había sufrido el presidente de la mutual Flor de Ceibo de la Villa 21-24 de Barracas, Guillermo Villar. Este suceso ocurres horas antes de que el presidente Kirchner fuera a recibirlo para la entrega de tierras mediante un plan de pago con cuotas sociales.

Hasta su muerte luchó como él mismo enuncia “desde el lugar donde vivo, jamás detrás de un escritorio”. El pueblo y sus compañeros de militancia lo recuerdan y reivindican. El 12 de abril del 2006 se inauguró una biblioteca popular en Villa Soldati llamada “JUAN CYMES”. (M.D.Espasande, Los Malditos, vol. III, pág. 76, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ANGEL GABRIEL BORLENGHI  -  (1906 – 1962)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Ángel Gabriel Borlenghi nació en Buenos Aires el 18 de marzo de 1906, hijo de Pilade Borlenghi y Rosario Massaldi. Fue en el seno de esta humilde familia de origen italiano, instalada en el barrio de Pompeya, donde comenzó a interesarse por la situación social, acercándose desde muy pequeño al Partido Socialista: “los viejos socialistas de Nueva Pompeya advirtieron que (…) venía concurriendo al local un muchachito del barrio que vestía pobremente, (poco tiempo después) (…) le dieron un pequeño cargo en la comisión del centro partidario al joven Ángel Borlenghi”. Sin embargo, a diferencia de los principales dirigentes del partido, Borlenghi tuvo un contacto directo con los trabajadores durante la década del treinta, encabezando el gremio de empleados de comercio, uno de los más activos de la época.

Iniciada la década infame, además de no contar con reivindicaciones básicas, como la jubilación, vacaciones pagas, licencia por enfermedad e indemnización por despido, los empleados de comercio se veían obligados a cumplir una agotadora jornada laboral, limitada únicamente por la voluntad del patrón. Este tipo de abuso se ejercía sobre la clase trabajadora en general, pero se expresaba mas crudamente en los gremios menos organizados.

En un contexto plenamente adverso, un pequeño grupo liderado por Ángel Borlenghi, entre los que figuraban Vicente De Césare y José María Argaña, se abocó a la ardua tarea de organizar y movilizar un gremio que se mostraba remiso a la actividad sindical. Al ser designado Ángel secretario general de la Federación de Empleados de Comercio de la Capital Federal, ésta funcionaba en un conventillo y por ese entonces tenía 45 afiliados y $850 de deuda. En pocos años, el gremio pasó a ocupar un rol muy importante en el plano sindical, “Borlenghi los encabezaba con su extraordinario dinamismo y entera dedicación. Nunca rehusó ninguna tarea y puso en todas un criterio moderno de publicidad y agitación, mediante el cual los empleados de comercio se vieron muy pronto enrolados en una activa Federación. Casi inmediatamente Borlenghi rompió la apatía del gremio y lo ‘movió’”.

Los empleados de comercio se constituyeron, bajo el liderazgo de su secretario general, en uno de los principales factores de presión durante la lucha por la ley de sábado inglés (11.640), la cual fue promulgada el 7 de octubre de 1932. Esta conquista significó un avance, pero de ninguna manera agotaba la cuestión ya que todavía existían reivindicaciones básicas no contempladas en la legislación laboral. El proyecto de ley 11.729 buscaba modificar el código de comercio, añadiéndole licencia paga por enfermedad o accidente, vacaciones pagas, indemnización por despido y preaviso como principales demandas. La aprobación de esta ley repercutiría sobre gran parte de los trabajadores, ya que era este código el que regía, por ese entonces, en sectores importantes de la actividad laboral.

El 15 de octubre de 1932 se produjo una importante concentración de empleados de comercio en la Plaza Colón, convocada por Borlenghi, quien le entregó un petitorio al General Justo, “con el objeto de solicitar la inclusión del proyecto de reforma del artículo 157 del código de comercio en las sesiones extraordinarias”. La ley había obtenido sanción en diputados pero no avanzó en el senado. “Esta situación de dramática espera –puntualiza el secretario general- provoca el despido de numerosos empleados, para eludir así futuros compromisos de los patrones, para no pagan indemnizaciones, si se sancionara la ley”. “El senado modificó la que diputados había votado. Diputados rechazó –fue en septiembre del 33- por unanimidad la modificación del senado. Detrás de la resolución de diputados, estaba el dinamismo del secretario de los Empleados de Comercio, entrevistando a los bloques, solicitando votos. Pero, el poder ejecutivo –en octubre- vetó parcialmente la ley”. La lucha continuó hasta que a mediados del año 34 fue sancionada, constituyéndose, para la época, en una de las leyes más importantes de la historia argentina en materia de legislación laboral. Esto significó un progreso importante en el plano jurídico, pese a que su acatamiento real fue relativo y los beneficios que ésta implicaba tardaron en materializarse para la clase trabajadora.

Pese a su destacada actuación como gremialista, llama la atención que Ángel nunca haya ocupado un lugar importante dentro de la estructura partidaria ni en listas electorales del PS. Esto puede explicarse teniendo en cuenta la exclusividad que se reservaban los altos dirigentes de la cúpula dirigencial y la poca consideración que tenían hacia las juventudes del partido. “En 1937 el concejal socialista Zabala Vicondo denunció públicamente que Repetto y sus amigos hacían fraude interno para imponer sus candidatos en las elecciones del partido”.

Borlenghi había sido representante de los empleados de comercio en la CGT desde 1935, tornándose su papel cada vez más importante. Tal es así que resultó electo presidente del segundo congreso de la CGT, realizado entre el 15 y el 19 de diciembre de 1942, triunfando sobre Domenech con apoyo de Pérez Leirós y los comunistas. En este congreso se profundizó el conflicto que derivó, en marzo de 1943, en la división de la CGT, constituyéndose así, la CGT Nº 1 cuyos principales dirigentes eran Domenech y Almarza y la CGT Nº 2, que contaba con la dirección de Pérez Leirós y Borlenghi. Esta última fue disuelta por el gobierno militar en julio de 1943, pasando así a la clandestinidad. En este período, Borlenghi se encontraba enfrentado al sector de la CGT sobre el cual se apoyaba inicialmente Perón. Ángel desconfiaba del por entonces Secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar, sin embargo, aceptó reunirse con él ante su insistencia. La principal exigencia que Borlenghi le planteó a Perón era la ley de jubilaciones, por la cual el gremio mercantil venía luchando desde mediados de la década del treinta. “El 22 de noviembre de 1944 fue instituido el régimen jubilatorio para los empleados y obreros del comercio, por decreto 31.665/44” y “finalmente a cambio del decreto de jubilación (…) Borlenghi aceptó manifestar su adhesión al gobierno realizando ese acto el 4 de diciembre de 1944”. Esta reivindicación resultó decisiva para establecer el vínculo entre Perón y quien sería uno de sus principales colaboradores, cuyo acercamiento al peronismo parte de su experiencia en la arena sindical, en la que pudo percibir las significativas mejoras en las condiciones de los sectores populares, diferenciándose así, de quienes, desde una cerrada concepción teórica, no pudieron apreciar el carácter progresivo del proceso en ciernes.

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Borlenghi fue una de las principales figuras políticas del peronismo. Pocos meses después de las elecciones de 1946 fue designado ministro del interior, asumiendo el 4 de junio y desempeñándose en el cargo durante 9 años. En aquel período, el ministerio “se amplió extraordinariamente, ingresando al mismo reparticiones como, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Nacional Marítima, la Procuración del Tesoro, el antiguo Ministerio de Justicia y la Dependencia de la Intendencia Municipal de la Ciudad de Buenos Aires. También (…) se crearon y funcionaron dentro del ministerio, el Consejo de Reconstrucción de San Juan (el cual cumplió una eficaz tarea en la restauración de la provincia a raíz de la catástrofe natural (…) el Registro Nacional de las Personas y el Consejo Federal de Seguridad”.

Como ministro político, Borlenghi fue el encargado de salir al cruce de los embates permanentes por parte de la prensa y la oposición. Así, en respuesta a las acusaciones sobre el supuesto régimen de terror sostenía, “hablan de falta de libertad… Yo soy ministro del interior y dirigente obrero. ¡Que me hablen a mí de la libertad! Yo la sufrí toda, la de antes y la de ahora, y yo se que antes la libertad estaba en la oligarquía para explotarnos a nosotros (…) La libertad era para ellos. Ahora, nosotros, tenemos libertad, (…) si estamos en el gobierno, si hemos ganado nosotros”.

Y con respecto a la prensa manifestaba “No hay libertad de prensa en la Argentina. Ah! qué terrible mal (…) Dicen que la CGT tomó el diario ‘La Prensa’, (…) diario oligárquico vendido al capitalismo extranjero, eso era: y ¿Qué querían? ¿Qué nosotros hiciéramos una revolución y dejáramos ese chiste? No, compañeros, cuando se hace una revolución hay que limpiar. No es cuestión de quedarse en la mitad del camino, porque entonces, lo limpian a uno”. En cuanto a la oposición del PC, basada en su dependencia de la burocracia soviética, afirmaba “el hecho de reconocer al movimiento obrero un carácter supernacional, (…) no implica admitir como lícito y patriótico que se pretenda dar soluciones de afuera a los problemas económicos de la clase obrera argentina. (…) No podemos permitir que los trabajadores argentinos sean sometidos a soluciones que no han sido generadas en el país, como lo pretenden los comunistas” y en referencia al PS, ala izquierda de la oligarquía, opinaba “los dirigentes socialistas se intelectualizaron y se aburguesaron, encontrando mejor pronunciar una conferencia académica para ser aplaudidos por los conservadores. (…) Los trabajadores los fueron abandonando, porque el pueblo tiene un instinto y presiente a quien lo traiciona”.

Entrada la década del ’50 comenzaron a resquebrajarse las bases sobre las que se sostenía el régimen peronista. En este contexto, el gobierno decide llamar a la pacificación nacional, asumiendo Borlenghi un papel protagónico, entrevistándose con referentes de los diversos partidos políticos e impulsando la ley de amnistía. Pese a estos intentos, los conflictos se fueron intensificando, al tiempo que la base social del peronismo se disgregaba. Llegado el año 55 la situación se tornaba insostenible y el 16 de junio la reacción oligárquica generó uno de los acontecimientos más violentos de la historia argentina, llevando a cabo una verdadera masacre al bombardear Plaza de Mayo. El dolor que produjeron esos hechos aberrantes afectó particularmente a Ángel, dado que su hermana Emma, alcanzada por las esquirlas de una bomba, resultó una de las víctimas fatales.

El 29 de junio del mismo año, en conferencia de prensa, el ministro del interior anunció su renuncia, la cual había sido presentada el día 23. En cuanto a los motivos de ésta, si bien expresó la necesidad de tomar un descanso y realizar algunos estudios, existen testimonios que afirman que conversó con Perón sobre las intenciones de la marina de realizar un golpe de estado e incluso “se rumoreó que el ministro Borlenghi propuso armar milicias obreras”, también se ha planteado que había sido advertido por el ministro Jerónimo Remorino de que existían intenciones de asesinarlo. Lo cierto es que Borlenghi era uno de los funcionarios más odiados por la reacción, y al desembarcar en Montevideo fue víctima de una tentativa de asesinato por medio de un explosivo del cual resultó ileso.

Desde aquel día no volvió a pisar suelo argentino. Gran parte de su exilio transcurrió en La Habana, donde se hospedó hasta 1961. “Después, la España franquista le negó el ingreso por su militancia a favor de la república en la Guerra Civil, y más tarde murió en Roma el 17 de julio de 1962” a causa de una neumonía terminal.

Durante los últimos años de su vida Ángel Gabriel Borlenghi dejó de figurar en los principales medios de difusión, al punto incluso, de silenciar su muerte. Mientras el gobierno de facto secuestraba su archivo intentando borrar toda huella de su lucha, Perón, el hombre en torno a quien se articulaba la resistencia de los trabajadores, lo consideraba “uno de nuestros hombres más injustamente calumniados, sin duda, por haber sido también el más útil, más leal y más sincero servidor del pueblo”. (N.del Zotto y M.Salomone, Los Malditos, vol. III, pág. 61, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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RAQUEL LIBERMAN - (1902 – 1935)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Los datos que se poseen sobre Raquel Liberman resultan algo inciertos, pero puede sostenerse que nace en Lodz, localidad de Polonia, hacia el 1902. Desde muy joven, sobrevive con su propio esfuerzo, dedicándose a tareas de costura. Casada en Polonia, hacia 1922, es madre de dos criaturas pequeñas cuando emigra hacia la Argentina. El fallecimiento de su esposo la hunde en la miseria, encontrando en el ejercicio de la prostitución el único medio de supervivencia propia y de sus hijos. “Es muy posible que Raquel llegara al prostíbulo –sostiene Mirta Schalom, autora de ‘La Polaca’, su biografía novelada- a través de su cuñada, que tenía un negocio de lotería y era integrante de la Zwi Migdal, red constituida por 2000 prostíbulos y 400 socios”.

Sobre esta organización, Eduardo Parise señala: “Parecía una estructura sólida. Su sede estaba en un palacio, al 3200 de la avenida Córdoba, tenía un cementerio para sus socios, teatros propios con obras en idish y hasta una sinagoga. Inicialmente, cuando se fundó en 1906, se llamó Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’… estructura mafiosa sostenida por policías corruptos, políticos venales y jueces amigos… Luego, cambió su nombre por ‘Zwi Migdal’”. Según algunos investigadores: “Migdal era el apellido de uno de sus fundadores (y Zwi equivaldría a Luis)… Otros dicen que respondía a la expresión ‘gran fuerza’ en idish… Los rufianes iban a Europa en especial Polonia y Rusia, para seducir chicas de entre 16 y 22 años… En los prostíbulos de la organización (El Chorizo, Las Esclavas, Gato Negro, Marita, Las Perras, con epicentro en Lavalle y Junín) las ‘polaquitas’ atendían a unos 50 clientes, de 4 de la tarde a 4 de la mañana, a la tarifa de dos pesos por cada servicio”.

Raquel forma parte de esas 3000 esclavas blancas cuya infame explotación ya había denunciado, en 1927, el periodista Albert Londres –luego misteriosamente desaparecido- en su libro “El camino de Buenos Aires”, de donde resultaba que la gran capital del sur era el centro –o uno de los centros- más importante de la prostitución en el mundo.

Pero esta muchacha de 27 años, con increíble coraje, se presenta ante la justicia, en 1929, para denunciar a la Zwi Migdal como organización dedicada al tráfico y explotación de mujeres. La urdimbre de intereses locales y extranjeros, policiales, judiciales y rufianescos parece, al principio, tan poderosa e incólume que la denuncia puede ser considerada ridícula. Pero, al producirse el golpe militar del 6 de setiembre de 1930, la historia juega una de sus insólitas piruetas: los hombres que han llegado al gobierno se caracterizan por su nacionalismo reaccionario expresado no sólo en su admiración por el Duce, sino también por su cerrado anticomunismo y además, el más furibundo antisemitismo. Y resulta entonces que ese odio delirante y absurdo contra la colectividad judía –a pesar de las críticas que dicha colectividad manifestó contra la sociedad de rufianes- deviene en persecución a la Zwi Migdal. Se quiebra la alianza espuria de los rufianes con los jueces y éstos, el 27 de setiembre de 1930, hacen lugar a la denuncia de Raquel y dictan prisión preventiva a 108 integrantes de la Zwi Migdal. De este modo, “la polaquita” se convierte en la pesadilla de sus explotadores.

Si bien el poder del dinero logra, en enero de 1931, la liberación de los inculpados –probando que el uriburismo es más sensible al poder financiero que a sus delirios antisemitas- esa denuncia aparece como el punto de partida de la declinación de la sociedad de rufianes. Durante algún tiempo, logran transitar el fango de la Década Infame –a tal punto que la misma justicia que los reconoce como “asociación legal”, declara “asociación ilícita” a un grupo de trabajadores que solicita personería- pero el escándalo producido conduce a nuevas denuncias, como la del comisario Julio L. Alsogaray, en 1933, en su libro “Trilogía de la trata de blancas, rufianes, policía, municipalidad” y luego a proyectos legislativos de prohibición de la prostitución legal. A partir de 1936, la Ley Serrey prohíbe el infame negocio y éste pasa de la gran ciudad capital a los suburbios: Avellaneda y San Fernando son las sedes principales de los prostíbulos, las drogas y el juego en esos últimos años de la década del treinta.

Raquel ya había muerto, el 7 de abril de 1935, de un cáncer de garganta. Su insólita valentía había marcado, sin embargo, un hito y anticipaba los tiempos por venir, de la dignificación y de los derechos de la mujer. Aunque su nombre fue olvidado y ni siquiera las organización feministas la han reivindicado como corresponde, el silencio fue roto, hace varios años, por un poeta:

No cualquiera se animaba / según los viejos nos cuentan / a toparse a la Migdal / allá por el año treinta…
Y sin embargo, hubo quien / se cruzó de andarivel / la habían traído de Polonia / y se llamaba Raquel…
Su ciudad de Lodz dejó / con corazón saltarín / y fue a parar a una casa / de Tucumán y Junín…
Para que nombrar sus noches / su llanto, su amargo pan / su vieja canción en idish / los golpes de su rufián…
Diez años estuvo allí / diez años de sufrimiento / diez años de rabia sorda / diez años que ni le cuento…
Hasta que una vez cansada / de tanta y tanta opresión / se echó el coraje a los hombros / y empezó su rebelión…
Que se pierdan en el viento / que ronda por mi ciudad / las coplas de una pupila / que nos dio la dignidad.

El poema se llama “Milonga de una mujer” y es el reconocimiento de un poeta silenciado –Humberto Constantini- a una luchadora social, también silenciada. (N.Galasso, Los Malditos, Vol. I, pág. 105, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MARINA LETICIA VILTE - (1938 – desaparecida en 1976)

UNA DEFENSORA DE LOS DERECHOS GREMIALES Y SOCIALES EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació en San Salvador de Jujuy, el 5 de noviembre de 1938. Sus padres Heriberto Alejandro Vilte, agricultor, y Laura Palavecino de Vilte, docente entregada a su trabajo y a su hogar, fueron los que la acompañaron siempre, apoyándola, respetando sus ideales. Su infancia transcurrió en Purmamarca, rodeada del afecto de sus padres y de los pobladores del lugar que le supieron mostrar  enseñar la cultura de su pueblo. Sus estudios primarios y secundarios los realizó en la escuela Normal Superior “Juan Ignacio Gorriti” de San Salvador de Jujuy. Ya en esa época estudiantil mostraba su espíritu combativo y encabezaba los centros estudiantiles.

Con su título de Maestra Normal Nacional ejerció la docencia en la Escuela Nº 19 “Delfín Puch” de la localidad de San Antonio, a 60 kilómetros de la capital jujeña. Allí se ganó el cariño de todos los pobladores por su tesón, su responsabilidad y compromiso, pues realizaba un trabajo comunitario de merecido elogio. Luego trabajó en la Escuela Nº 10 “General San Martín” y en la Escuela Nº 38 “Juanita Stevens” de la ciudad de San Salvador de Jujuy.

En la década del ’60, comenzó su trabajo gremial como delegada escolar. En 1963, se desempeñó como Secretaría de Organización de la Asociación de Educadores Provinciales (ADEP). Era frecuente su participación en comisiones de huelga en donde va señalando los caminos de lucha tras las reivindicaciones de los trabajadores de la educación.

En 1971, ganó las elecciones, asumió la Presidencia de la ADEP y se convirtió en el nervio y motor de la Federación Única de Educadores, en donde docentes primarios, secundarios y terciarios fueron convocados para construir juntos una política gremial útil para defender la escuela pública, por ser la única que garantizaba igualdad de oportunidades.

Su capacidad visionaria y su ideal de la unidad gremial la llevaron a convocar a dirigentes de otros sindicatos provinciales para organizar el Frente Estatal y a participar de reuniones con otros sindicatos docentes del país con el afán de ir construyendo una herramienta necesaria para todos los trabajadores de la educación.

Es así como, en 1973, en el Confederal Nacional de la Docencia, en Huerta Grande, contribuyó con su voz, con su compromiso, a crear la CETERA. Junto a otros compañeros de la talla de Isauro Arancibia y Alfredo Requena (el nombre correcto es Eduardo Raúl Requena, aclaración de Pens. Disc.), fueron los fundadores de la entidad madre, un memorable 11 de setiembre de 1973.

En esas jornadas, Marina dijo: “… nosotros prepararemos a los hijos para que sean conductores en la hora de los pueblos, cuya aurora comienza anunciando un nuevo día en que los pueblos tomarán las riendas de su propio destino…”. Ella concebía una sociedad vinculada esencialmente, por raíz, a lo sindical, y esto entendido como una célula más de la vida del pueblo. Todos los que conocieron a Marina Vilte destacan el amor hacia su gente, el reconocimiento de la cultura del lugar, pues ella fue quien recorrió casi todo Jujuy, participando en las fiestas populares activamente. Sabía identificar las necesidades de su gente, y esa sencillez hizo que fuera muy querida; también es muy conocido su amor por las coplas, verdadera expresión cultural de su Purmamarca.

Estas coplas, la acompañarán en la cárcel y le infundirán fuerza a las demás presas políticas, cuando se produzca el golpe de Estado y se imponga la dictadura militar.

Para Jujuy era fundamental la presencia de Marina Vilte. La organización de los paros se llevaba a cabo por medio de radiogramas que iban de Humahuaca a la Quiaca, y a otros puntos de la provincia. La tarea previa al citado Congreso de Huerta Grande, ya la había convertido en la “líder” de los maestros de Jujuy.

En la madrugada del 24 de marzo de 1976 tras el allanamiento de su domicilio, Marina Vilte fue detenida y liberada luego de un mes de cárcel. Marina siguió sin claudicar, luchando por todos los presos políticos que comenzaban a llenar las cárceles. Sin ningún temor recorrió destacamentos policiales y del ejército para averiguar por compañeros detenidos.

El 31 de diciembre de 1976, en la madrugada fue secuestrada de su domicilio juntamente con su hermana Selva por personal policial vestido de civil. La hermana fue liberada, pero de Marina nunca más se tuvieron noticias. De esta manera es una persona más de los treinta mil detenidos-desaparecidos, en momentos que el pueblo argentino sufrió el despotismo de la dictadura militar que marcó la página negra de nuestra historia.

Su lucha ha dejado huellas imborrables y sus palabras: “No voy a claudicar” retumban hoy en las asambleas, en la cárcel, en las calles, en las escuelas.
Y en las fiestas populares también se escucha esta copla:

“… que ya llega el carnaval
y la alegría se vive…
que allá en Purmamarca
se hace presente la Vilte…” 

(C. Piantanida, Los Malditos, vol. I, pág. 126, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JOSÉ MARÍA GATICA (“EL MONO”)  -  (1925 – 1963)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Villa Mercedes (San Luis), el 25 de mayo de 1925. Hijo de doña Tomasa y José Gatica, y hermano de Luis Amílcar, Fermina, Jesús y Flora.

La primera parte de su infancia transcurrió en su ciudad natal, donde los Gatica disfrutaban de un buen pasar hasta que sufrieron un siniestro en el kiosco de la estación local, propiedad de la familia. Su padre intentó empezar de nuevo, sin suerte. Entonces su madre decidió marcharse a Buenos Aires junto a José y sus dos hermanas.

En la gran ciudad el joven puntano encontrará una tabla de salvación en el boxeo. Compelido por la difícil situación económica (plena “década infame”) dejó de concurrir a la escuela para emplearse en diversos oficios. Además de vender pastillas en Plaza Constitución, lustró zapatos en el bar “El Ancla”. Cerca de allí estaba la Misión Inglesa, una institución creada para que los marineros de esa nacionalidad pudieran desarrollar actividades de diverso tipo. Entre otras cosas se practicaba boxeo; allí Gatica ganó sus primeros pesos peleando. Era apenas un adolescente y ya empezaba a mostrar sus condiciones sobre el ring. En 1942, ya volcado plenamente a ese rudo deporte, pierde la final con Alfredo Carlomagno en el campeonato sudamericano de Ecuador. Un año más tarde vuelve a competir en el mismo certamen representando a San Luis en la categoría pluma. Y en 1944 se clasifica campeón pluma en el campeonato Guantes de Oro. Así culminaba, brillantemente, su trayectoria como púgil amateur.

La primera pelea de Gatica en el campo profesional fue el 7 de diciembre de 1945 ante Leopoldo Mayorano; ganó por nocaut en la primera vuelta. En total, a lo largo de su carrera, realizó más de noventa combates: ganó ochenta y cinco (setenta y dos por la vía rápida), perdió siete y empató uno. El restante fue sin decisión.

En diciembre de 1947, luego de tres meses de noviazgo, se casa con Ema Fernández, acomodadora del circo Shangri-La. Allí la conoció José María, que acudía los lunes a los festivales organizados por el partido peronista. Tuvieron una hija, María Eva. Su segunda compañera fue Ema Guercio. Con ella transitaría su época de mayor esplendor sobre el cuadrilátero. La última fue Rita Armelino. Se conocieron en el Club Atenas de La Plata, cuando estaba entrenando para volver a combatir (después de 1955 se le había retirado la licencia como púgil). Fruto de esta unión nacieron Viviana y Patricia.

La gran oportunidad de su carrera la tuvo Gatica el 5 de enero de 1951 al combatir con el norteamericano Ike Williams por el título mundial de los livianos. Derrotado en el primer asalto constituyó una de las grandes decepciones en la historia del deporte argentino. El escaso entrenamiento realizado para dicha pelea conspiró contra sus posibilidades. Tal vez, este punto fue una de sus mayores deficiencias como profesional.

Pero José María Gatica está sin lugar a dudas en la vereda de los ídolos populares. Lo seguían verdaderas multitudes. Catalizador de lo que la tribuna popular quería ver sobre el cuadrilátero, llegó a convocar a más de veinticinco mil personas, dejando otras cinco mil en las adyacencias del Luna Park. Fue el único boxeador que colmó este estadio en día miércoles.

Generoso como pocos, dio a manos llenas sin reparar en el perjuicio que esto ocasionaría para su economía futura. Sus beneficiaros eran los humildes, el hombre que vendía diarios o el que lustraba zapatos. Alfredo Carlino (poeta y ex boxeador) sostiene que José María era un símbolo para la gente del interior llegada a Buenos Aires en busca de un mejor destino. “La gente iba a ver ganar a Gatica. Ganando Gatica ganaban ellos”.

Gatica era la expresión del pueblo en una época de polarización política extrema. En torno al cuadrilátero surgieron los más profundos enconos. Ver pelear al “Mono” significaba dividir al Luna Park en peronistas y antiperonistas, en descamisados y “contreras”. Símbolo de lo que ocurría fuera del ring, la afición tomaba partido a favor o en contra de lo que él representaba.

Y José María no era indiferente a ello.

En el libro “El mono Gatica y yo”, de Jorge Montes, Samuel Emilio Palanike cuenta cómo su amigo se paraba antes de una pelea en las cercanías del Luna Park para repartir entradas a la gente de condición humilde. “- A todos los que andan en camisa el señor Gatica les obsequia una entrada. Los de saco son oligarcas y por lo tanto no la necesitan.- Dicho lo cual repartía el talonario entre los descamisados”.

Tras la caída del gobierno popular José María Gatica comienza la curva descendente de su carrera. Se le irían cerrando las puertas, fundamentalmente, por su adscripción peronista. “Su último combate fue frente a Jesús Andreoli, una fría noche del 6 de julio de 1956 en el Lomas Park, un ya desaparecido gimnasio de la calle Oliden, de la ciudad de Lomas de Zamora, en la provincia de Buenos Aires. Luego de vencer a su rival por nocaut técnico en el cuarto round, fue detenido inmediatamente por la Policía que lo estaba esperando, porque su sola presencia significaba un grito de resistencia peronista” (Víctor Lupo).

Para poder subsistir intervino en exhibiciones de catch o en veladas pugilísticas de escasa categoría, enfrentando a tres o cuatro contrincantes por noche. También tuvo que desempeñarse en distintos oficios. Fue profesor de educación física del Centro Deportivo Nº 2 de La Plata. A su vez trabajó en dos restaurantes, donde su sola presencia era la atracción principal.

A la salida del partido en que su equipo, Independiente de Avellaneda, venció a River Plate por 2 a 1, José María Gatica no pudo hacer pie en el estribo del colectivo de la línea 295 y fue aplastado por las ruedas traseras. Murió a los dos días, a los treinta y ocho años. Era el 10 de noviembre de 1963. Tal vez para muchos José María Gatica ya había muerto antes. Pero la realidad indicó que para el pueblo el “Mono” seguía existiendo. “La noticia del fallecimiento traspuso en contados segundos los muros de la sala y las verjas del hospital. Empezó a llegar gente de todas las barriadas del suburbio, sobre todo de Avellaneda (…) El público que durante la noche había estado esperando frente al hospital Rawson, fue arribando al local del velatorio, agregándose paulatinamente más gente, casi toda ella de las ciudades y pueblos suburbanos. Al promediar la mañana, el local ya estaba colmado y muchas personas ocupaban las tribunas del estadio. El silencio era total. Había lágrimas en muchos ojos: y también estupor” (Del diario Crónica).

El camino hacia su destino último difícilmente encuentre precedentes. Una multitud acompañó los restos del boxeador. La peregrinación hasta el cementerio de Avellaneda se prolongó durante más de siete horas. La gente que lo fue a despedir obligó al chofer a detener la marcha para que en adelante fuera movilizado a pie. A su paso, decenas de personas se sumaban a la caravana; al anochecer el cementerio era un río de antorchas iluminando las calles que circundaban el lugar.

Después de 1955 a José María Gatica se le fueron cerrando todas las puertas. No tuvo el reconocimiento que merecía. Le hicieron pagar el precio de estar identificado con un gobierno popular. El periodismo, cuando no lo evocó para señalar su pobreza material, o para hacer sociología barata con su figura, lo sumió en el olvido más injusto. Sin embargo, en el corazón de millones, persistió aquella vinculación que sólo puede gozar un ídolo auténtico con su pueblo, que siempre le mostró su agradecimiento por ser la expresión deportiva de un proyecto colectivo. Como cuando en aquel anochecer de 1963 su gente lo despidió de la única forma en que lo podía hacer; entonando la marcha peronista. (O.Jara, Los Malditos, vol.III, pág.88, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ALBERTO BELLONI  -  (1931 -2005)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Alberto Belloni nació en Perez (Pcia. de Santa Fe) el 22 de marzo de 1931, en un hogar de inmigrantes campesinos semianalfabetos. De niño pasó a Puerto San Martín, donde, al terminar el ciclo primario ingresa en una de las Escuelas de Aprendizaje creadas por el presidente Castillo, egresando en 1948 con el título de “obrero instruido” y dos años después especializado en mecánica de grandes motores Diesel. Con ese oficio se traslada a Rosario y comienza a trabajar en los astilleros del puerto, ya afiliado a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

Su pasión por la lectura se manifiesta muy pronto y ese interés lo lleva a fundar una pequeña biblioteca pública en Pto. San Martín, denominada “Domingo Cullen”. En Rosario vive en una modesta pensión y destina la mayor parte de sus ingresos a adquirir más y más libros, apasionado ya entonces por la historia argentina y americana. En 1952, en su afán por instruirse políticamente, se conecta con intelectuales  como Enrique Rivera, Carlos Etkin, Jorge Abelardo Ramos y Jorge Enea Spilimbergo y en 1953 integra junto a ellos el Partido Socialista de la Revolución Nacional. Se trataba de un intento de crear un partido de izquierda nacional que luchara junto al peronismo pero que marchara separado.

Cuando se produce la contrarrevolución militar de 1955, Belloni se suma a la resistencia que se desarrolla en las filas obreras. El Partido Socialista de la Revolución Nacional edita el periódico Lucha Obrera y él lo distribuye profusamente en Rosario.

Entre 1957 y 1958, discutiendo los borradores con Ramos y Spilimbergo, escribe Del Anarquismo al Peronismo que se editaría en 1960 en la mítica colección “La Siringa” del editor Arturo Peña Lillo. Ese texto fue en su momento la primera versión de la historia del movimiento obrero desde la perspectiva de la izquierda nacional y fue reeditado en varias oportunidades y reproducido total o parcialmente en fotocopias cientos de veces, siendo actualmente texto obligatorio en varias universidades argentinas. Ya desde 1956 es secretario general de la Comisión Interna de delegados y en 1957 es nombrado miembro de la Comisión Directiva de las “62 Organizaciones Sindicales” constituida en Rosario, participando en reuniones de esa confederación sindical a nivel nacional. Entre 1959 y 1961 forma parte del Secretariado Nacional de ATE, desde 1958 hasta 1960 es representante de ATE en el Comité Central Confederal de la Confederación General del Trabajo (CGT) y entre 1961 y 1963 es miembro de la Comisión Directiva de ATE de la Pcia. de Santa Fe.

A principios de 1962 publica en la colección “Coyoacán”, editorial impulsada por Ramos, Peronismo y Socialismo Nacional donde explicita más rigurosamente las tesis de la izquierda nacional anticipando un término que varios años después usaría Perón.

Sin embargo sus diferencias con Ramos se profundizan y no participa entonces de la creación del Partido Socialista de la Izquierda Nacional que nacería a la vida política pocos meses más tarde.

Concluye sus mandatos como dirigente sindical y con una actitud pocas veces vista en la historia del movimiento obrero retorna a su puesto de trabajo en los astilleros, sin cesar en su tarea de organizador de agrupaciones sindicales para enfrentar a la creciente burocratización que se produce en la dirección del movimiento sindical. Pero su presencia ya es molesta en Rosario para la burocracia sindical y amenazado de muerte se traslada a Buenos Aires donde dicta clases de historia argentina y latinoamericana en el Instituto Bachiller que prepara alumnos para el ingreso a la Universidad.

Participa entonces en la fundación de la revista Programa para los Estados Unidos Socialistas de América Latina, junto a Ricardo Carpani, Rubén Bortnik y Mauricio Prelooker, de la que se editarían dos números, en julio de 1964 y marzo de 1965, bajo su dirección. En el primero de ellos publica un artículo titulado “Sobre la Cuestión Nacional”.

También, en 1964, junto a Carpani y Bortnik y con la participación de Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde y otros compañeros crean la agrupación “Cóndor” (Centros de Orientación Nacional de Organización Revolucionaria) en cuyo manifiesto inicial declaran reconocer el papel hegemónico de la clase obrera argentina en la guerra patriótica contra el imperialismo adoptando la metodología del marxismo como “guía de acción política de las masas”. Pero el agrupamiento se disuelve poco después sin alcanzar la repercusión popular que sus propulsores esperaban.

Belloni no volvería a formar parte de agrupamientos políticos pero seguiría incansable su tarea de propagandista y publicista, dando charlas y escribiendo artículos en distintas revistas. Colabora además con investigadores tanto argentinos como extranjeros brindándoles su apoyo bibliográfico y de documentación.

Pese a no contar con título universitario entre los años 1973 y 1974 es designado profesor de Historia Económica y Social en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata.

Paulatinamente va tornándose crítico de la orientación que toma el peronismo y su conducción acercándose entonces a las posturas del Partido Revolucionario de los Trabajadores, vinculándose a antiguos compañeros con una militancia de superficie, pero sin incorporarse al partido, ya que no comparte la visión militarista ni tampoco sus posturas rígidamente antiperonistas. Aún así colabora con una serie de artículos titulados “Pasado y presente del peronismo” en la revista Liberación que edita ese grupo político, firmando con su verdadero nombre lo que provoca ser incluido en las listas de la Triple A.

El 1º de julio de 1975 un grupo armado irrumpe violentamente en su domicilio en San Juan y Boedo y Alberto junto a su compañera Estela Weissberg, salvan milagrosamente sus vidas porque estaban ausentes.

Comienza entonces un período de clandestinidad y sus secuelas: El dormir alternativamente en distintas casas, la imposibilidad de volver a su domicilio, de juntarse con sus libros que eran parte de su vida y por último la necesidad del forzado y desgarrador exilio.

En París, soportando bastantes penurias económicas y de aislamiento, Alberto y su compañera participan denodadamente en las luchas por hacer conocer la represión abatida por la dictadura militar sobre los sectores populares de la Argentina, integrando el Comité de Solidaridad y presentando a la Organización Internacional del Trabajo una lista de trabajadores argentinos desaparecidos que elaboró personalmente.

En octubre de 1980 participa del II Seminario Internacional sobre Historia del Movimiento Obrero Latinoamericano, realizado en Caracas, Venezuela, presentando una ponencia sobre “La Argentina de los años 1943-1946”.

Finalmente, restaurada la democracia, en 1985 pueden volver a visitar Argentina, pero ya ellos se habían convertido en extraños. No había lugar para sus ideas ni para sus personas. La Argentina los había expulsado.

Luego sobrevendría su enfermedad, agravada quizás por la distancia y el aislamiento y finalmente su fallecimiento en un hospital de París, el 21 de agosto de 2005.

Más que un intelectual, un militante humanista y libertario que, hasta el fin de sus días, reivindicaría su condición de obrero ilustrado. (C.Berman Los Malditos, vol.III, pág. 56, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JULIETA LANTERI - (1873 - 1932)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace el 22 de marzo de 1873, en Piamonte, Italia. Desde los 6 años, reside en la Argentina. Después de cursar estudios primarios y secundarios, ingresa a la Facultad de Medicina en 1896. En 1907, le otorgan el título de Médica, convirtiéndose en la sexta mujer graduada en el país. En ese mundo de fuerte machismo, se abre paso con audacia y tesón, enfrentando todo tipo de obstáculos, desde las disposiciones legales hasta la burla, marginada siempre en su condición de extranjera y de mujer.

Poco después, toma carta de ciudadanía y luego consigue una adscripción como docente en la cátedra de Psicología de la Facultad, quebrando mitos y prejuicios. En julio de 1911, ante el anuncio de que se produciría un re empadronamiento para las próximas elecciones del Concejo Deliberante, se presenta a inscribirse en el padrón electoral.

Planteando su condición de mayor de edad, ciudadanizada argentina, alfabeta, con domicilio en la ciudad desde más de un año atrás, consigue quebrar la resistencia de la burocracia y finalmente, la inscriben. Así, el 23 de noviembre de 1911, vota en la iglesia de San Juan, ante “la mirada estupefacta de los varones, convirtiéndose en la primera mujer en sufragar, en la Argentina y según algunos historiadores en Latinoamérica… Faltaban 40 años para que las argentinas accedieran a las urnas”.

En 1919, intenta votar nuevamente pero no la han incorporado al padrón. Cuando reclama su inserción se le exige libreta de enrolamiento, que, por supuesto, no puede presentar dado que es un documento masculino ligado al cumplimiento del servicio militar. Sin embargo, si no puede sufragar, en cambio, puede ser elegida, pues esto no se encuentra prohibido expresamente por la Constitución. Crea, entonces, el Partido Nacional Feminista y se presenta como candidata a diputada. Obtiene 1730 votos, entre ellos, el de Manuel Gálvez que “como no quería votar por los conservadores, ni por los radicales, prefirió apoyar a la intrépida doctora Lanteri”.

Más tarde para asegurarse la posibilidad de votar en elecciones futuras, se presenta ante el ministro de Guerra solicitando que se le permita cumplir el servicio militar, para obtener así libreta de enrolamiento e incorporarse al padrón. En esos años, persiste en candidatearse, dando así mayor fuerza a sus reclamos, sostenidos con increíble pertinacia.

Asimismo, su preocupación por los niños –evidenciada en su tarea docente- la lleva a organizar, en unión con Raquel Camaña, el Primer Congreso del Niño, en el que participan destacados educadores y médicos especialistas en cuestiones de la infancia.

Al iniciarse la Década Infame, insiste en sus reclamos. Pero el 23 de febrero de 1932, un auto la atropella en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha, a las 3 de la tarde.

Tanto Araceli Bellota, como Ana María de Mena, quienes han investigado sobre la vida de Julieta Lanteri, sospechan “que pudo tratarse de un asesinato político”.

A pesar de esta lucha sin descanso a favor de los derechos femeninos, que la constituye en una de las principales precursoras del voto de la mujer, ha quedado silenciada y pocas veces se recuerda su intrépida gesta. La historiadora Araceli Bellota sostiene que hay dos razones para el olvido: “No integró ningún partido político masculino, como fue el caso de Alicia Moreau de Justo, cuya figura se encargó de encumbrar el socialismo y de Elvira Rawson, que era radical. Y tampoco se casó con ninguna figura destacada. Julieta creó su propio partido y se casó con un desconocido”.

Curiosamente su silenciamiento se produce en un país donde permanentemente se alaba la democracia, ignorando que durante muchos años estuvo retaceada al sufragar solamente los hombres y que hubo osadas mujeres como Julieta que pelearon duramente contra esa discriminación. (N.Galasso, Los Malditos, Vol. I, Pág. 100, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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SALVADORA MEDINA ONRUBIA - (1894 - 1972)
“La Venus Roja”

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacida en la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, La Plata, en 1894. Con el comienzo de la nueva centuria muchas mujeres como Salvadora empezaban a hacer sentir su voz y presencia ante un mundo masculino que les negaba no sólo respeto sino derechos. Esta inquietante mujer de tendencia libertaria e identificada junto a otras como pertenecientes al “Tercer sexo”, brilló por su audacia e inteligencia en los agitados años de la primera mitad del siglo veinte.

Casada en 1915 con Natalio Botana, director del diario Crítica, llegó a formar una familia con los tres hijos. Antes de este matrimonio había tenido un hijo como madre soltera.

Su juventud llena de energía la llevó a vincularse con primeras figuras del mundo literario como Alfonsina Storni y Roberto Arlt.

Esa intensa vida la mostraron como una mujer que no fue indiferente a los acontecimientos de su tiempo, por ello su participación en los enfrentamientos entre trabajadores y fuerzas del Ejército en la “Semana Trágica”. Estas actitudes que la mostraron como una mujer transgresora de su tiempo le proporcionaron diversos apelativos, uno de ellos “La Venus Roja”. Este tal vez sea el más significativo. También se la debe recordar como autora de obras dramáticas, narradora, traductora, poeta, periodista. Algunos se refieren a ella como redactora del diario La Protesta y otros como la “dueña del diario Crítica”.

Salvadora fue una mujer con ideales de libertad y de justicia social, una militante anarquista y una militante feminista, cualidades difíciles de comprender y de asimilar en la sociedad argentina de principios del siglo veinte.

El gobierno de facto del General Uriburu la privó de la libertad junto a su esposo, Natalio Botana. En esas circunstancias la cárcel sólo sirvió para que Salvadora mostrar su coraje de mujer. En una carta con fecha 5 de julio de 1931 dirigida al presidente inconstitucional, Salvadora escribió:

“Sr. General Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo a que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente.
Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena.
En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que usted. Que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos… y eso que tengo la vaga sospecha de que usted debió salir de algún hogar y debió también tener una madre. General Uriburu… desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio.”

Luego de la muerte de su esposo en 1941, Salvadora dirigió el diario Crítica hasta 1951. (M.Roselli, Los Malditos, Vol.IV, Pág. 86, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MARY TERÁN DE WEISS  -  (1918 – 1984)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

María Beatriz Terán, nacida en Rosario el 29 de enero de 1918, empezó desde muy chica a mostrar buenas aptitudes para practicar deportes. A los quince años, en una competencia, cruzó a nado el Paraná y finalizó en la segunda ubicación. También solía correr en larga distancia durante los festejos patrios venciendo incluso a rivales masculinos. Además fue timonel de un club de rosario, el Ramos Alberdi. Sin embargo, se destacaría como tenista.

Cuando tenía 12 años empezó a jugar al tenis en el Rowing Club, entidad en cuyo buffet trabajaba su padre. El entrenador que preparaba al equipo argentino de Copa Davis la descubrió y convenció a sus padres para ayudarla a mejorar su juego. A los 19 años representó a su provincia en varios certámenes desarrollados en Buenos Aires. También formó parte del Adrogué Tennis Club. En 1941 logró alcanzar la primera colocación en el ranking nacional; antes ya había ganado campeonatos de gran importancia. Estos galardones se reeditarían en 1944, 1946, 1947 y 1948.

Con Heraldo Weiss, Mary se conoció cuando ambos viajaban a Córdoba para participar en un campeonato. Heraldo era campeón argentino, además de ostentar la capitanía en la Copa Davis. A pesar de que en ese momento noviaban con sendas parejas, el sentimiento mutuo pudo más, y después de un par de años de noviazgo contraen matrimonio en 1943.

Apenas casada, Mary se asocia al Belgrano Athetic Club, entidad que años después le daría la espalda por razones políticas.

En esos años el gobierno peronista había lanzado una política deportiva sin precedentes: comienzan a realizarse competencias para que la juventud practique toda clase de deportes, se levantan complejos deportivos d gran magnitud, se organizan certámenes internacionales de importancia. En el marco de los  Primeros Juegos Panamericanos realizados en Buenos Aires, Mary logra llevarse dos medallas doradas y una de bronce. Allí también conoce al General Perón. Pero un gran dolor se cierne sobre ella: Heraldo Weiss es atacado por una enfermedad incurable. Lentamente se fue apagando su vida, así como la felicidad de su esposa, quien lo acompañó hasta sus últimos días.

Tras el deceso del marido, Mary emprende su camino como funcionaria, en paralelo con su actividad profesional. En 1952 es designada jefa de los campos deportivos municipales. Su concepción estaba en consonancia con la del gobierno: fomentar el deporte para formar personas íntegras. Al mismo tiempo, su gestión estuvo centrada en hacer del tenis una disciplina abierta a todos los sectores de la sociedad.

“Ella inició en el Buenos Aires una escuela de tenis para chicos que no estaban en condiciones de adquirir raquetas y equipos, y éstos les eran proporcionados por medio de la Fundación Evita –dice su hermano Alfredo Terán-. El tenis siempre había sido un deporte para gente encumbrada y los de la elite no le perdonaron haberlo llevado al nivel del pueblo”.

En efecto, la gente ligada al tenis se sintió horrorizada ante la idea de hacer partícipes de ese deporte a elementos exteriores a su clase. Directivos y colegas suyos no tardarían en tomarse revancha de semejante temeridad, lo mismo que de haber permitido que este deporte se viera relacionado con un gobierno representativo de intereses populares.

A partir de 1946, Mary formó parte de los equipos nacionales. De las 1.100 competencias en que representó a nuestro país logró más de 800 primeros puestos. Fue la única jugadora argentina en ganar el Plate de Wimbledon, torneo disputado entre quienes no llegaban a la final.

En 1955, cuando se hallaba disputando las instancias finales del Abierto de Alemania, la Asociación Argentina de Tenis envía un telegrama a la Federación Internacional pidiendo que la tenista sea retirada del torneo.

Dicha asociación, intervenida por el gobierno golpista, la desaprobaba por sus vinculaciones políticas con el gobierno recientemente depuesto. La Federación Internacional de Lawn Tennis de Londres, en virtud de la confusa argumentación –Mary pidió que se especificara la relación-, le concedió a la deportista seguir participando.

Sin embargo, a partir de ese momento la otrora exitosa embajadora del deporte argentino se internaría en un largo exilio. Mientras debe permanecer en el viejo continente, forzosamente, en Buenos Aires confiscan sus bienes, tanto su departamento como su negocio de ropa deportiva. Con ayuda del General Perón consigue la ciudadanía española y representa a este país con la suficiencia que la caracteriza. No obstante, la prensa argentina no dedica una sola línea a los logros alcanzados.

En agosto de 1959 regresa al país. Las condiciones ya eran otras y si bien logra recuperar sus bienes expropiados, hubo quienes hicieron todo lo posible por seguir condenándola al ostracismo. Quiso jugar tenis representando a su viejo club, el Belgrano Athletic, y los directivos de dicha institución no se lo permitieron. Años antes, siendo jefa de los campos deportivos municipales, Mary había impedido que la Municipalidad expropiara parte de los terrenos del club para la continuación de una calle. Pero esta actitud de marginamiento se haría extensiva a otras instituciones. “Quise asociarme a los clubes Belgrano Social y Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires –relataría Mary-, negándoseme en ambos casos tal derecho. Enterado el señor Antonio Liberti de estas circunstancias y hechos que no quiero juzgar, me ofreció, en un gesto que siempre agradeceré, participar en la actividad deportiva de esa institución modelo que es River Plate e integrar su primer equipo de tenis”.

Pero en 1963, en el marco del Campeonato Interclubes, sus colegas decidieron no presentarse porque Mary integraba el equipo riverplatense. La Asociación declaró nula la competencia. Al año siguiente volvió a repetirse la situación. El 22 de julio de 1964 la tenista publicó en la revista “El gráfico” una carta abierta a la opinión pública denunciando estos hechos. Sin embargo el ambiente del tenis mantuvo su tesitura de cubrirla con un manto de aislamiento. En vista de tal actitud, y no queriendo perjudicar más al club que le había abierto las puertas, decide retirarse de la actividad. Desde ese momento María Luisa Beatriz Terán de Weiss se sumiría en una profunda tristeza, no entendiendo el por qué de tanto odio.

Tan grande fue el destierro interior al que se la sometió que en 1982, cuando una firma fotográfica (“Konex”) premió a los mejores cinco deportistas de la historia por cada disciplina, inexplicablemente ella no fue tenida en cuenta. Algunos años antes integrantes de la Liga Justicialista del Deporte la habían homenajeado organizándole una cena.

Probablemente la única reivindicación que le fue tributada en vida. Años después, en diciembre de 2006, la Dirección de Deportes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires instituye los premios a la Dignidad Deportiva y los denomina con toda justicia “Mary Terán de Weiss”.

A fines de 1984 María Luisa se encontraba sumida en una profunda depresión. Un año antes había muerto su madre, Goyita. El sábado 8 de diciembre de ese año decide terminar con su vida y se arroja desde el séptimo piso de un edificio de la ciudad de Mar del Plata. A excepción del tenista Enrique Morea ninguna persona del ambiente asistió a despedir sus restos.

Ni siquiera los años que han transcurrido hasta nuestros días han hecho justicia con una mujer que, además de su capacidad como tenista, quiso acercar el deporte a los que hasta ese momento no lo habían podido practicar. Su propio origen popular tampoco le fue perdonado. Pero tal vez aquello que potenció con más fuerza el odio de los círculos de elite fue la condición de su género; alguna vez dijo: “Si a Evita no le perdonaban ser mujer, conmigo no iban a ser menos”. (O.Jara, Los Malditos, Vol. III, Pág. 113, Ediciones Madres de Plaza de Mayo)

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SAÚL EDOLVER UBALDINI – (1936-2006)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Saúl Ubaldini nació el 29 de diciembre de 1936 en el Hospital Salaberry, en el barrio de Mataderos, donde se crió en el seno de una familia humilde que encabezó su padre, Antonio Victoriano Ubaldini, que fue mozo y luego obrero del Frigorífico Lisandro de la Torre, y su madre, Carmen Guida, ama de casa y trabajadora textil.

Se recibió de técnico industrial en la E.E.T. Nº 4, fue un ferviente católico, militante peronista y fervoroso quemero. Contrajo matrimonio con Felisa Pazos y años después con Margarita Muñoz y fue padre de tres hijos varones.

Tras cumplir el servicio militar en la Marina trabajó como cadete, como aprendiz de taller mecánico y en una farmacia, hasta que a comienzo de los ’60, siguiendo los pasos de su padre ingresó en el gremio de la carne desempeñándose en los frigoríficos Lisandro de la Torre y Wilson. En esos años fue elegido delegado, comenzando así, de la mano de un gran dirigente gremial, Sebastián Borro, su ascendente carrera como gremialista. Eran los años de la resistencia obrera frente al atropello de dictaduras militares y gobiernos civiles pseudo democráticos.

Como les ocurriría a tantos otros luchadores populares, luego del golpe militar de junio de 1966 fue cesanteado. Así fue que cambió el gremio de la carne por el cervecero al conseguir, en 1969, un puesto de trabajo en una fábrica de levaduras de cerveza, la Compañía Argentina de Levaduras. Siendo todavía un dirigente cervecero apenas conocido cuando se ganó los odios del interventor militar de la CGT: leyó un mensaje público a sus compañeros presos. En 1972, se lo eligió secretario de la Federación Obrera Cervecera Argentina (FOCA), y en 1976 se convirtió en el Secretario General de la Federación de Sindicatos Cerveceros.

En 1977, en plena dictadura militar integraría junto a un grupo de compañeros sindicalistas la ‘Comisión Nacional de los 25’, agrupación de sindicatos que expresaban al núcleo más combativo contra el ‘Proceso’.

En 1978, cuando la muerte arreciaba todos los rincones de nuestra patria y muchos políticos, intelectuales y mismos sindicalistas rendían pleitesías a los señores de la muerte, Ubaldini reclamaba: “Debemos comprometer hasta la última gota de nuestra sangre para impedir que se repita otra Dictadura que, como ésta, suma al país en oprobio, miseria, hambre y dolor de perder a sus mejores hijos; y la democracia es el único medio que conocen los pueblos libres para hacer sus revoluciones en paz”.

Aquella comisión de los 25 le hizo el primer paro nacional a la dictadura el 27 de abril de 1979, cuando hacer un paro no era sólo hacer un paro. La huelga concluyó con represión y cientos de dirigentes sindicales heridos y presos.

A comienzos de 1979 Ubaldini pasó directamente de la Federación Cervecera a ocupar la secretaría general de la CGT, y al producirse la división entre la CGT ‘Azopardo’ y la CGT ‘Brasil’, optó por la segunda junto a Lorenzo Miguel, Diego Ibáñez y al ‘sector de los 25’ asumiendo la conducción de la misma en diciembre de 1980.

Ya como secretario General de la CGT Brasil, el 7 de noviembre de 1981, convocó, en el barrio de Liniers, a una marcha a la que asistieron unas 10 mil personas en reclamo de pan, paz y trabajo a San Cayetano, constituyendo la misma, la primera expresión multitudinaria de oposición al gobierno militar.

El 30 de marzo de 1982 protagonizó una jornada de lucha contra la dictadura donde hubo una durísima represión policial, estuvo detenido en el penal de Caseros. Sin embargo el 16 de diciembre de 1982 nuevamente está en la calle junto a los obreros y al pueblo argentino en otra jornada de huelga y movilización contra la dictadura genocida.

Este accionar constante contra la dictadura militar llevado adelante por Saúl Ubaldini le valió en el 2005 ser homenajeado con una medalla ‘por su aporte a la recuperación de la democracia’ por parte del Movimiento de Trabajadores para la Victoria (MTV), conducido por los diputados nacionales Edgardo Depetri y Francisco ‘Barba’ Gutiérrez.

Con la vuelta de la democracia se convirtió en el principal referente y líder opositor al gobierno de Raúl Alfonsín, en febrero del ’84 organizó una marcha a la plaza de los dos congresos para oponerse a la llamada Ley Mucci y al frente de una poderosa CGT unida realizó trece paros nacionales al gobierno radical. Su imagen, con su clásica campera de cuero negra, sería a partir de entonces familiar a todos los argentinos, aunque no en todos generaría los mismos sentimientos.

El 8 de noviembre de 1986, se normaliza la CGT tras una década de intervención y Ubaldini es elegido secretario general, cargo que desempeñará hasta 1990.

Ubaldini fue además el primer titular de la CGT que participó en una marcha en defensa de los derechos humanos hacia la Plaza de Mayo, el 6 de septiembre de 1985, para exigir el castigo de ‘los culpables del genocidio padecido por la militancia en la Argentina’.

Ante el marco de regresión económica que planteaba el Plan Austral del entonces ministro Juan Vital Sourrouille, impulsó desde la CGT como alternativa al mismo, un documento de 26 puntos, cuyo primer punto era la moratoria de la deuda externa y el segundo la exigencia de implementación de políticas de desarrollo industria, que luego sería la base de la plataforma de la fórmula Menem-Duhalde en 1989.

Su indudable poder de convocatoria es de gran importancia para los candidatos del peronismo durante su campaña electoral. Más aún, fue tal vez Ubaldini la pieza clave del triunfo del 14 de mayo de 1989. A pesar de ello, luego del triunfo, vendría la traición. Quizá ésta ya se pudo sentir en el mismo día del triunfo electoral cuando “en el hotel Presidente iba a hablar Saúl Ubaldini desde el balcón… pero no lo dejaron”.

Ese momento es considerado por algunos como sintomático de lo que sucedería días más tarde en el Congreso de la CGT del Teatro San Martín, cuando se produce una nueva fractura de la central sindical provocada esta vez desde un gobierno en teoría peronista con apoyo del sector que lideraba Luis Barrionuevo.

El 14 de noviembre del ‘ 90 se producía de su mano y en condiciones de debilidad manifiesta la primera movilización contra la política económica del gobierno liberal de Menem, se esperaba la convocatoria al primer paro nacional contra la política menemista, pero, aunque contaba con el apoyo de hombres como Mario Bornio o el ‘Barba’ Gutiérrez, el cambio de filas de la UOM y otros sindicatos importantes decretaron la derrota del sector combativo liderado por Ubaldini quien “pasó a ocupar una oscura oficina del edificio de Azopardo e Independencia. Una parábola no sólo del peronismo, sino también de la desindustrialización”.

En 1991 decide junto a varios compañeros que lo apoyan, postularse por fuera del PJ como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, pero es derrotado por Duhalde en forma categórica (su partido la Acción Popular por la Liberación, el obtiene el 2,2 % de los votos). En agosto de 1992 la CGT se reunifica y Ubaldini es dejado de lado. La derrota era total, no sólo en el plano político, sino también en el sindical. El gran líder sindical de ayer había sido vencido y aislado por los traidores al movimiento obrero organizado.

Sin embargo, seguirá dando la lucha política dentro ahora del PJ, (cuando un Eduardo Duhalde alejado ya por entonces del presidente Menem, comienza a rejuntar a los compañeros que se oponen al presidente), en su pretensión de que el movimiento obrero ocupe un espacio en el Congreso. Así es electo diputado nacional por Buenos Aires para el período 1997-2001 y reelecto para el período 2001-2005. Desde su banca y pagando un alto costo por su reinserción política, votará la ley de flexibilización laboral de septiembre de 1998, opacando su labor legislativa como defensor de los intereses obreros en particular y los nacionales en general, accionar que no condice con su conducta histórica y que lamentablemente se constituye en una mancha, una traición, en su extensa vida político-sindical, sólo posible tras sufrir duras derrotas. Sin embargo dos años más tarde, durante el gobierno de la Alianza, se opondrá duramente a la llamada “Ley Banelco” y a fines de 2003 presentará un proyecto de ley que reemplace a esta ley mal habida.

También se desempeñó como presidente de la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara Baja, y en su carácter de legislador y demostrando sus sentimientos de solidaridad con los hermanos cubanos integró el “Grupo Parlamentario de Amistad con Cuba”. Saúl Ubaldini fue, a su vez, vicepresidente de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), de tendencia socialdemócrata y representante argentino en la OIT.
El final de sus días lo encuentra desempeñándose como asesor en cuestiones relativas a la actividad sindical en el gabinete del ministro de Planificación Federal, Julio De Vido en la presidencia Kirchner.Falleció en la Clínica del Parque en la cual se encontraba internado desde mediados de octubre, víctima de un cáncer de pulmón, en la noche más precisamente a las 21:05, del 19 de noviembre de 2006; estaba a punto de cumplir 70 años. (F. Arcardini, Los Malditos, tomo IV, pág. 113, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MARIA ROLDÁN - (Aproximadamente 1915 - 1989)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Luchadora legendaria del gremio de los trabajadores de a carne, en Berisso. Trabajó desde muy joven en el frigorífico, en abrumadoras jornadas de 13 horas. Al llegar los años 40 se sumó a las huestes sindicales lideradas por Cipriano Reyes, ingresando así a una militancia consecuente en el peronismo que durará hasta su muerte.

María había conocido las épocas duras del trabajo insalubre, en esa economía primitiva de los años 30, donde todo giraba alrededor del frigorífico. Allí supo de las condiciones de trabajo inhumanas: “Quienes manejaban cuchillos por un tiempo en secciones como la picada llevaban las marcas de éstos durante el resto de sus vidas. Tenían los dedos atrofiados y las uñas permanentemente rotas. El contacto con carne fría o semicongelada también contribuía a producir deformaciones en las manos. El trabajo en otras secciones implicaba el uso de productos químicos que causaban desagradables erupciones cutáneas. Desde el punto de vista del atractivo sexual, tal vez era aún más estigmatizante el olor asociado a la manipulación de la carne”.

Su lealtad a las compañeras y compañeros de trabajo, su conducta intachable e inclusive su coraje –que más de una vez la condujo a portar revólver en la cartera- hicieron de María Roldán una figura mítica en el sindicato, a la cual recurrían afiliados y dirigentes en busca de apoyo y consejo. Su rebeldía y su solidaridad no decayeron en ningún momento en su larga trayectoria de lucha social.

El historiador inglés Daniel James ha publicado una biografía de esta luchadora titulada “Doña María, historia de vida, memoria e identidad política” recuperando, en 300 páginas, su lucha y su ejemplo en defensa de los trabajadores.

María Roldán falleció, en Berisso, aquejada por el cáncer, el 3 de julio de 1989. (Norberto Galasso, Los Malditos, vol. III, pág. 104, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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EMILIO FERMÍN MIGNONE -(1922 – 1998)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace el 23 de julio de 1922 en Luján. Su madre era docente y su padre dirigía un negocio familiar. De ascendencia española e italiana el matrimonio tiene cinco hijos: Emilio y Raquel, los mayores y mellizos, Carlos y Eduardo también mellizos y Analía la menor.

Realiza sus estudios primarios en una escuela pública y el secundario en el Colegio Nuestra Señora de Luján. De chico era un apasionado lector y visitante diario de la biblioteca Florentino Ameghino. Ya de joven se convierte en ferviente defensor del nacionalismo católico y dirigente de la Acción Católica. Escribía en 1944 “Luján es un símbolo de la tradición argentina: de nuestra única y esencial tradición. En Luján se confunde en una sola divisa la fe católica y el amor a la tierra…”.

Como dirigente de la Juventud de la Acción Católica está a cargo del periódico Antorcha. En 1946 es candidato a diputado provincial por la Alianza Libertadora Nacionalista. En estos años entabla una relación cercana con miembros de la jerarquía católica y gran cantidad de sacerdotes. Emilio se identificaba con el catolicismo integrista promovido por el Papa Pío XI. Trabaja con el padre Manuel Moledo, a quien años más tarde –ya en democracia- le escribe en referencia a las declaraciones de Ernesto Sábato en el Nunca Más: “Ha sido un agnóstico, para vergüenza de la jerarquía católica, el que ha tenido que explicar que no hay crímenes condenables –los de la guerrilla- y crímenes aceptables –los de las fuerzas armadas- mientras que los ‘maestros de la verdad’ actúan como funcionarios del estado”. Esta última idea será una de las tesis que impulse su trabajo “Iglesia y dictadura”.

En 1949 se recibe de abogado y se casa con Angélica Soca (Chela) con quien tiene cinco hijos: Isabel, Mónica y Mercedes, Fernando y Javier. En ese año es nombrado Director de Enseñanza del gobierno de Domingo Mercante en la Provincia de Buenos Aires. Llega junto a Arturo Sampay, uno de los autores de la reforma constitucional de 1949, quien se convierte en su influencia intelectual más fuerte. Si bien su experiencia en la JCA le servía para el desarrollo de sus funciones, no tenía formación pedagógica “Aprendí esta materia en los libros de mi madre que era maestra normal”, solía contarles a los maestros de la provincia.

Durante su gestión redacta el primer Estatuto del Docente del país, se modifica también la ley de Educación Primaria –vigente desde 1885- dividiendo primero inferior del superior. También se cambia el plan de estudios y se inscribe en la Constitución provincial de 1950 la enseñanza religiosa. Por conflictos entre Mercante y Perón, toda la gestión se retira del gobierno siendo acusados por irregularidades.

Durante el enfrentamiento entre Perón y la Iglesia participa activamente del movimiento civil opositor. De regreso a Luján abre un estudio jurídico que no resulta rentable. Trabaja en diferentes proyectos comunitarios como en la dirección del periódico La Voz de Luján donde desde su editorial denuncia los fusilamientos de 1956 realizados por el gobierno de facto. Con trágica lucidez anuncia que los senderos del futuro argentino se caracterizarán por una ola de sangre si se continuaba con estas prácticas políticas.

En los ’60 impulsa la creación de un espacio de encuentro de los ex dirigentes de la Acción católica para analizar la situación del país. En esta época se cuestiona sus postulados nacionalistas, interpelado por el Concilio Vaticano II y transforma su mirada hacia la realidad influenciado por el jesuita francés Jean Calvez.

De 1962 a 1967 Mignone y su familia residen en EEUU ya que acepta un trabajo en el Departamento de Becas de la Organización de Estados Americanos (OEA). Desde esta función tiene la posibilidad de viajar por toda América Latina. Regresa a la Argentina por un ofrecimiento del gobierno militar de Onganía como técnico en el Consejo Nacional de Desarrollo para escribir planes de educación. Mario del Carril afirma que “pensó que podía hacer algo útil para el país, como técnico (…) También lo hizo porque quería que sus hijos se educaran en la Argentina”.

En 1969 es nombrado Subsecretario de Educación, promovido por Onganía quien intentaba dar una imagen más aperturista luego del Cordobazo. Desde este cargo implementa el Proyecto Trece, importante reforma en los secundarios ya que establecía la enseñanza de tiempo completo. Cuando Lanusse asume la presidencia Emilio abandona su cargo.

Con el retorno del peronismo en 1973 es nombrado Rector de la Universidad de Luján, llevando a cabo una tarea de inclusión de los trabajadores: incorpora trayectos de extensión universitaria con el fin de formar profesionales provenientes de la clase obrera. En esta época, junto a la militancia social de su hija Mónica, comienza a colaborar activamente con la villa miseria del Bajo Flores.

Corre el año 1976: como a tantos otros argentinos su vida cambiará radicalmente. Ocurre la trágica desaparición de su hija Mónica. Emilio recuerda los acontecimientos trágicos que atravesó durante la última dictadura militar:
“El viernes 14 de mayo de 1976, a las cinco de la mañana, un grupo de hombres vestidos de particular y fuertemente armados, entró en el departamento (…) Dijeron pertenecer al Ejército argentino y se llevaron a Mónica, según ellos por dos o tres horas, para hacerle algunas preguntas (…) Desde entonces nada hemos sabido de ella. El caso de Mónica es similar al de millares de jóvenes argentinos, secuestrados por las fuerzas armadas y de seguridad después del golpe de estado del 24 de marzo de 1976. En todos los casos luego de la detención las autoridades negaban su participación. Mónica tenía 24 años cuando fue detenida. Había concluido los estudios de Psicopedagogía en la Universidad del Salvador, se desempeñaba como docente en la Universidad Nacional de Luján y era concurrente en el servicio de Psicopedagogía del Hospital Piñeiro de la Municipalidad de Buenos Aires. Pero la principal labor de Mónica estaba centrada en la labor de promoción humana en los ámbitos religiosos, sociales, educativos y laborales, que hacía varios años llevaba adelante en un sector, Belén, de la villa de emergencia del Bajo Flores, donde residían miles de familias en condiciones precarias. Durante las vacaciones se trasladaba a la Patagonia para hacer una tarea semejante en poblaciones aisladas, hogares escuela y poblaciones indígenas. Mónica amaba a las villas y el sur del país y se identificaba con las alegrías, los dolores y los problemas de sus habitantes. Mónica vivía para los demás, en una permanente actitud de servicio (…) Ese fue su crimen. Por eso las fuerzas armadas se la llevaron detenida a la Escuela de Mecánica de la Armada para torturarla y vejarla cobardemente y sin duda arrojarla al mar. (…) Nosotros, sus padres, al igual que sus hermanos, tíos, primos y amigos, nos sentimos orgullosos de Mónica y queremos inspirarnos en su ejemplo y sus ideales. Su nombre es un símbolo y una esperanza para el pueblo argentino, esclavizado y arruinado durante largos años por las fuerzas armadas. Su recuerdo, que se agranda al pasar del tiempo, nos anima a luchar como ella por los pobres, los perseguidos, oprimidos, marginados y detenidos-desaparecidos”. (Semblanza realizada por Chela y Emilio Mignone publicada en Víctimas y mártires de la década del setenta en la Argentina de Pedro Siwak)

Desde su convicción católica consideraba que la única forma de detener la matanza era con un claro posicionamiento de la Iglesia en pos de las víctimas del terrorismo de estado. Por eso golpeó las puertas de todos sus conocidos, amigos y ex compañeros buscando alguna respuesta a su desesperada búsqueda.

En agosto de 1976 Emilio se entrevista con una funcionaria de la embajada norteamericana, Ivonne Thayer. En una carta que la funcionaria le envía al Departamento de Estado de Washington narra el encuentro, “parecía muy demacrado y no tenía noticias sobre su hija que hace tres meses desapareció. Sus pedidos de información a militares, a la policía, al ministerio del Interior y al presidente Videla o han sido ignorados, o han recibido una respuesta negativa. Está profundamente desconsolado por la desaparición de su hija y predice que eventualmente la Iglesia asumirá el liderazgo en confrontar al gobierno militar. Los obispos han llevado una lista de 400 personas al presidente Videla y lo amenazaron con una manifestación si no frena a sus fuerzas de seguridad. No parece haber sido efectiva; el miércoles pasado arrestaron a cinco seminaristas y a un sacerdote americano en Córdoba”. (Citado en la biografía que realiza Mario Del Carril, en Iglesia y Dictadura, edición Colihue 2006)

En el mismo mes escribe un documento que anticipa en forma temprana lo que comenzaba a ocurrir en el país: “No menos de 15.000 argentinos han sido muertos o están detenidos en lugares ocultos, encapuchados, encadenados por cuadros militares, en reparticiones militares, pero se niega su detención y se mantiene en la angustia más cruel a miles de familias. Esta situación nos llevará a una verdadera guerra civil y a la destrucción de las mismas Fuerzas Armadas. Estamos sometidos a la irresponsabilidad de oficiales de grado inferior, fanatizados, ávidos de venganza, que constituyen fuerzas irregulares que, cuando terminen –si lo consiguen- con la subversión crearán un problema a la autoridad militar porque intentarán copar el poder”. Envía esta carta al periodista Bernardo Neustadt. Nunca fue difundida.

Ni los medios de comunicación ni la jerarquía eclesiástica lo escucharon. Asumiendo el rol de cómplice e incluso copartícipe del terrorismo de estado la Iglesia Católica abandonó a muchos de sus sacerdotes y laicos a la feroz represión estatal.

Cuando la esperanza en la Iglesia decayó, Emilio y Chela buscaron continuar su lucha por otros senderos: su búsqueda de padre desgarrado y su compromiso con la lucha por los derechos humanos los lleva a fundar el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en 1978. Por otro lado, Emilio asume como vicepresidente de la Asamblea permanente por los Derechos humanos de Buenos Aires.

Comprendiendo que en la Argentina los caminos estaban vedados iniciaron un recorrido por todo el mundo denunciando lo que ocurría (Amnesty, en noviembre de 1976, la Asociación del Foro de Nueva York en 1978 y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979). Tal fue su trascendencia que llegaron a encarcelar a toda la dirección del CELS, que por la presión de la opinión pública pudieron ser liberados.

De esta manera Chela y Emilio se convierten en referentes de los incipientes organismos de Derechos Humanos: su casa era lugar de reunión, de contención donde compartir el dolor pero también la búsqueda de sus familiares y la lucha contra el régimen. Ya en democracia apoya el Juicio a la Junta y se opone a la ley de Obediencia Debida y Punto Final como también al Indulto impulsados por Alfonsín y Menem.

Durante esta nueva etapa política, el CELS incorpora nuevas problemáticas para trabajar en la elaboración colectiva de estrategias de solución. Así, elabora programas de estudio, denuncia de la violencia institucional y de seguridad ciudadana, solicita la exigilidad legal de los derechos económicos, sociales, culturales y de justicia democrática.

Retornando a su tarea educativa es nombrado presidente del CONEAU (Consejo Nacional de Evaluación Universitaria) y es incorporado a la Academia Nacional de Educación.

Su obra “Iglesia y Dictadura. El papel de la Iglesia y la luz de sus relaciones con régimen militar”, publicada en 1986, constituye un hito en las investigaciones sobre esta problemática. Desde una revisión crítica de su catolicismo nacionalista Emilio realiza un análisis histórico explicando la evolución de las relaciones de la Iglesia con las Fuerzas Armadas de 1976 a 1983. Escribe desde su experiencia personal y desde su compromiso con el presente.

En esta obra plantea la necesidad de la supresión del clero castrense, denuncia también la complicidad del episcopado argentino como así también la de los nuncios apostólicos y el rol de la diplomacia papal, con el terrorismo de estado. Es también precursor de la historia de los sacerdotes y laicos perseguidos, rescatando al movimiento tercermundista, los curas villeros, los obispos disidentes y los laicos comprometidos.

Su obra se convierte en referencia inevitable para continuar con esta reflexión. Tal como afirma Pérez Esquivel en el prólogo de la edición original: “Es una historia de contradicciones, negaciones y complicidades (…) Hombre de fe que vive a la luz del Evangelio (…) emprendió la ardua tarea de investigar y compilar los documentos, las declaraciones y los testimonios relativos a la jerarquía eclesiástica argentina. Pero también descubrió otra dimensión de la Iglesia que es signo de esperanza: el martirio de las víctimas de la dictadura que vivieron su compromiso con los más pobres y más necesitados”.

Emilio enuncia el sentido más profundo que lo llevó a realizar esta investigación: “No me quedaría tranquilo, como cristiano católico, si no lo hubiera escrito (…) En muchos aspectos es un trabajo que inicia un camino que deberá seguir (…) Espero, en suma, prestar alguna utilidad con vistas a la consolidación de la democracia argentina y a la renovación de la iglesia”.

Por su trabajo y compromiso recibe diversos reconocimientos internacionales, tales como el Premio de derechos humanos Letelier-Moffitt del Institute for Policy Studies en Washington, D.C., el premio Roger E. Joseph Award otorgado por el Hebrew Union College en New York y el premio Derechos Humanos otorgado por el Lawyers Committee for Human Rights de Nueva York.
Muere a los 76 años, el 21 de diciembre de 1998. En reconocimiento a su lucha el 8 de noviembre del 2004 la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación pone su nombre al Salón Auditorio. (M.Espasande, Los Malditos, Vol.IV, Pag. 88, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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DELFO CABRERA  -  (1916 - 1981)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Delfo Cabrera nació el 2 de abril de 1916 en Armstrong, provincia de Santa Fe. Hijo de Juana Gómez y Claro Cabrera fue el cuarto de una nómina de seis hermanos. Se casó con Rosa Lento el 23 de agosto de 1945. Ambos tuvieron tres hijos: Delfo, María Eva (ahijada de Perón y Evita) e Hilda Noemí.

Su vida trazará un largo derrotero, cimentado a acosta de esfuerzo y sacrificio. Debido a la condición humilde de su familia, desde niño debió realizar distintas actividades laborales para ayudar económicamente a sus padres. A la vez que concurre a la escuela, trabaja levantando la cosecha de maíz. A pesar de estas labores agotadoras, Delfo mostrará un incansable interés por el deporte. Comienza practicando fútbol en gimnasia y Esgrima de Armstrong, pero pronto su elección recaerá en las careras pedestres. Dos hechos lo decidirán por esa disciplina atlética. El 23 de enero de 1933 obtiene el segundo lugar compitiendo por “La vuelta de Armstrong”. Tiempo después, Delfo dirá que cuando tuvo la oportunidad de pasar al frente tuvo vergüenza de hacerlo. El otro hecho será la hazaña concretada por Juan Carlos Zabala en las Olimpíadas de Los Ángeles, en 1932. A partir de ese momento su meta será emular la hazaña de Zabalita. Pero este camino estará erizado de dificultades. Cuando Delfo tenía tan sólo 16 años su padre falleció, lo que lo obligó a trabajar más duro, ya que es él quien ahora debe sustentar a su familia. Aún así no deja de entrenar. Empleado en Vialidad Nacional regresa cada día a su casa corriendo para no perder ritmo. Fue durante una competencia en rosario cuando un entrenador de San Lorenzo de Almagro lo descubre y lo invita a trasladarse a Buenos Aires.

A poco de finalizar la década del treinta comienza a experimentar una acelerada evolución. Los logros se suceden uno tras otro: campeón nacional de Interclubes en pruebas de fondo en cinco y diez mil metros (1938), campeón en 1500 metros llanos en Rosario (1940), campeón nacional en cinco mil metros (1941/42), campeón argentino en 10.000 metros (1947).

Estas notables marcas se van a coronar con su triunfo en la maratón, en las Olimpíadas de Londres. En esa ocasión Delfo reedita la hazaña de Juan Carlos Zabala, al ser el primero en cruzar la línea de llegada. Era el 7 de agosto de 1948.

El atleta santafecino fue quien le dio a la Argentina una de las tres medallas doradas que conseguiría la delegación argentina al final de aquellos Juegos. Sin embargo, de ninguna manera se puede decir que se trataba de una hazaña casual. Los deportistas argentinos llegaron a esas Olimpíadas con una excelente preparación. Una demostración es que en la misma competencia en la que triunfó el santafecino, sus compañeros Eusebio Guiñez y Armando Sensini llegaron en el quinto y noveno lugar respectivamente, constituyendo un hecho jamás repetido por otra delegación argentina. Eran tiempos dorados para el deporte argentino. El deportista, profesional o amateur, se sentía respaldado por una naciente infraestructura, necesaria para su desarrollo. En febrero de 1951 se disputaron en nuestro país los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos. Como prólogo de lo que sucedería en la pista de competición, Delfo Cabrera ofició de abanderado de una delegación argentina nutrida de valores. Por las calles de la ciudad de Buenos Aires el santafecino transitará una vez más hacia un primer lugar que marcaba su indiscutible jerarquía de maratonista. Será la muestra del talento y desarrollo del deporte argentino, tal como lo demuestra el medallero panamericano. Argentina logra la primera colocación con 159 preseas, 68 de las cuales fueron doradas. Muy por debajo se posicionó EE.UU. con 98 medallas.

En toda su carrera, sobre un total de 210 competencias Delfo Cabrera conquistó 106, fue segundo en 63 y tercero en 22. Este maratonista será el símbolo de un proceso iniciado a mediados de la década del cuarenta. Afiliado al Partido Justicialista fue, sin lugar a dudas, uno de los emblemas del proyecto nacional-popular. “El atletismo era hasta ese momento un deporte relegado –recordaba el propio Delfo-; el general Perón dispuso que fueran a Londres todos los deportistas argentinos que pudieran hacer marcas mínimas. Entre esos deportistas me encontraba yo. Uno de los opositores que siempre tiene nuestro deporte y que no están armados de nuestra filosofía política, apostó una cena a que ninguno de los tres maratonistas merecerían haber llegado a Inglaterra; sin embargo, ocuparon el primero, quinto y noveno lugar, escribiendo una de las páginas más brillantes del deporte argentino. Y eso se le debe exclusivamente a Perón”. Posteriormente, pagaría por su lealtad y convicción política. Después de 1955 su nombre y el de muchos otros ingresa a la lista negra del gobierno golpista. Aparte de ser despedido del cuerpo de Bomberos, donde trabajaba, se le impide participar en los Juegos Olímpicos del año siguiente. Sin embargo, a pesar de los contratiempos, Delfo jamás negó su condición política y siguió adelante. Retirado de la actividad deportiva trabajó en el sector de maestranza del Jardín Botánico. Recién en 1973 durante la presidencia de Héctor Cámpora se le restituirá su rango en el cuerpo de Bomberos.

Delfo Cabrera fallece el 2 de agosto de 1981 en un accidente automovilístico en Alberti, provincia de Buenos Aires. Al ser uno de los emblemas del peronismo fue un personaje eclipsado para la historia. Hoy se lo recuerda por sus hazañas deportivas pero no como militante político, aspecto inescindible de su personalidad. (O. Jara, Los Malditos, Vol. IV, pág. 61, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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SIMÓN RADOWITZKY  -  (1891 – 1956)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
Nació en la aldea de Santiago, provincia de Kiev, Rusia, el 10 de noviembre de 1891.
No existen demasiados datos sobre su infancia. De su juventud, sólo se tiene el dato cierto de su incuestionable formación ideológica anarquista.
Antes de llegar a la Argentina, se sabe que perteneció al grupo ácrata dirigido por el intelectual Petroff, juntamente con los conocidos revolucionarios Karaschin (el del atentado en el funeral de don Carlos de Borbón), Andrés Ragapeloff, Moisés Scutz, José Buwitz, Máximo Sagarin, Iván Mijin y la conferencista Matrena, todos apellidos muy conocidos y odiados por las policías de muchos países. También hubo pruebas de que habría participado en los disturbios de Kiev, en 1905, y que por ello fue condenado a seis meses de prisión.

Llegó a nuestro país en marzo de 1908, instalándose en Campana donde se empleó como obrero mecánico en los talleres del Ferrocarril Central Argentino. Luego pasó a Buenos Aires, donde trabajó en herrería y mecánica.

Recién aparece en nuestra historia en 1909, pero en forma drástica, violenta, e imborrable. En ese mismo año, la situación económica y social de nuestro país hacía que la vida para el sector obrero fuera durísima. Además, las ideas del socialismo y el anarquismo estaban influyendo notablemente entre los más oprimidos. Lo mismo ocurría con estas ideas en el resto del mundo.

El 1º de mayo de 1909, Buenos Aires preparaba su jornada del Día de los Trabajadores: los socialistas harían su acto obrero a las tres de la tarde (Alfredo Palacios), y los anarquistas se concentrarían en Plaza Lorea, para marchar por Avenida de Mayo, Florida hasta Plaza San Martín, y de allí, hasta la Plaza Mazzini. La policía según la prensa, estaba más preocupada por el segundo acto, que por los socialistas.

Hacia las dos de la tarde, la Plaza Lorea se hallaba muy poblada: abundaban los carteles de “¡Guerra a la burguesía!”, “¡Mueran los burgueses explotadores!”, las banderas rojas y los estandartes anarquistas que portaban italianos, rusos y catalanes, entre otros.

En avenida de Mayo y Salta apareció de improviso un coche: era el coronel Ramón L. Falcón, en ese momento, Jefe de Policía. Los manifestantes lo reconocieron y comenzaron los insultos; nunca quedó claro en qué momento comenzó la agresión entre los obreros y la policía. Lo cierto fue que el resultado terminó siendo una de las más trágicas represiones que padeció nuestro país: fueron recogidos tres cadáveres y cuarenta heridos graves, de los cuales, dos morirán poco después.

Asimismo, se allanaron los locales y los domicilios de los anarquistas más implicados. Falcón trató por todos los medios de adjudicar el comienzo del enfrentamiento al grupo obrero; y por supuesto, fue apoyado por sus superiores.

Los anarquistas tampoco se quedaron quietos: lograron la unión de los socialistas y llamaron a un “Paro General”, que sólo se levantaría con la renuncia del Jefe de Policía, Falcón.

La respuesta del presidente Figueroa Alcorta fue: “Falcón va a renunciar el 12 de octubre de 1910, cuando yo termine mi período presidencial”.
Para esos días se llevó a cabo una extraordinaria manifestación de duelo, formada por 60.000 obreros que acompañaron al cementerio de la Chacarita los restos de los compañeros caídos. Esto conmovió mucho a la opinión pública

Pero fue otro hecho el que sacudió aún más a la sociedad argentina: desde la tragedia de Plaza Lorea, en mayo de ese año 1909, muchas fueron las amenazas que rodearon al coronel Falcón. Los anarquistas lo tenían en la mira.

El 14 de noviembre de 1909, cuando Falcón, acompañado por su joven secretario Alberto Lartigau, de 20 años, se dirigía por la Avenida Callao rumbo al sur, un muchacho de aspecto extranjero comenzó a correr a toda velocidad detrás del vehículo del Jefe de Policía. Al doblar el coche por Quintana, el desconocido se acercó y arrojó un paquete al interior del mismo. Medio segundo después se produjo la terrible explosión que terminó con la vida de Falcón y Lartigau.

Ese desconocido era Simón Radowitzky, quien en un principio intentó huir pero luego fue apresado, estando herido en el costado derecho del pecho. Viéndose rodeado, se entregó gritando dos veces ¡Viva el anarquismo!, según relataron los policías que lo detuvieron.

Al dejar el hospital Fernández, Radowitzky fue trasladado a la Comisaría 15º donde se lo sometió a todo tipo de interrogatorios, pero él sólo dijo: “Que era ruso y que tenía 18 años de edad”. No dio ningún detalle del atentado.

Para la policía y el ejército lo sucedido fue una verdadera afrenta, y por eso, para ellos no habrá perdón para el asesino.
Militares, políticos y funcionarios pedían el castigo ejemplar: la pena de muerte, pero la circunstancia de que el imputado fuera menor de edad, determinaba un alivio en la pena.

La policía y la prensa comenzaron una campaña que decía que Radowitzky mentía; sostenían que era mayor de lo que decía. En estas circunstancias apareció un tal Moisés Radowitzky que dijo ser primo del imputado y presentó la partida de nacimiento que ratificaba los 18 años de Simón.

Después de haber estado detenido 14 meses en la Penitenciaría Nacional, fue trasladado al Penal de Ushuaia, donde soportó todo tipo de abusos. A pesar de ello, siempre mostró un buen comportamiento y despertó la simpatía de sus compañeros, quienes lo describían como “el ruso místico”. Cuando sus compañeros anarquistas denunciaron, mediante artículos en la prensa, los abusos a los que se había sometido al penado (daños a su integridad física, psíquica y moral), se ordenaron investigaciones, y se probó que lo dicho era cierto, pues los agentes carceleros fueron sumariados y desplazados de sus trabajos. Es conocida la respuesta que irónicamente daban los guardacárceles al preso cuando éste solicitaba algo para leer: “Tomá la Biblia”. Para sus compañeros anarquistas, Radowitzky se convirtió en el “mártir” del movimiento, y con el tiempo no dejaron de ayudarlo. En noviembre de 1918 lo apoyaron en su intento de fuga (logró escapar pero una patrulla chilena lo devolvió al penal), y luego, aproximadamente entre 1925 y 1928 comenzaron una campaña que tuvo por objetivo liberarlo. Los anarquistas no habían olvidado lo sucedido en los Talleres Vasena ni las muertes de la Patagonia, pero insistían ante Yrigoyen.

Los artículos de Ramón Doll influyeron mucho en el cambio de actitud de la sociedad hacia el delito cometido por Radowitzky, quien en definitiva había llevado a cabo la acción, movido por sus más íntimas convicciones.

El 14 de abril de 1930 fue indultado por el presidente, pero debido al malestar que existía todavía en la policía y en las fuerzas armadas, fue obligado a desembarcar en Montevideo. Las dictaduras que se produjeron en Argentina y Uruguay también lo perjudicaron: primero, se le ordenó el arresto domiciliario y luego, se lo obligó a dejar Uruguay. Pasó un breve lapso preso en la isla de Flores, frente a Carrasco (hasta marzo de 1936).

Ante la imposibilidad de poder continuar con su tarea ideológica, (otro tipo de trabajo le era vedado, ya que tenía sano sólo un pulmón) viendo que ya aquí no podría serle útil al movimiento que jamás lo abandonó, decidió seguir su lucha en España, donde la guerra civil le presentaba una nueva perspectiva. Desilusionado por la complicada situación de los anarquistas en España (donde vio a comunistas matando, en la retaguardia, a militantes anarquistas y del POUM) decidió cruzar los Pirineos, pasar a Francia, y desde allí, trasladarse definitivamente a Méjico.

Desde Méjico pudo hacer periódicos viajes a Estados Unidos, visitar a sus parientes y a la vez, intercambiar impresiones con organizaciones anarquistas de este país. En Méjico, el poeta uruguayo Ángel Falco lo empleó en el consulado uruguayo del cual era titular. Radowitzky cambió su apellido y pasó a llamarse simplemente “José Gómez”, y compartió su pieza de pensión con una mujer, la única que se le conoció en su vida.

Así fueron transcurriendo sus 16 últimos años: entre el trabajo, las charlas y conferencias con los compañeros de ideas y su hogar.
Hasta que el 4 de marzo de 1956, cuando tenía 65 años de edad, murió de un ataque cardíaco. Sus amigos le pagaron una sepultura sencilla.

Después de diciembre de 2001, cuando se generalizan en la Argentina las asambleas populares, una de ellas realiza un operativo tapando los carteles de la calle Ramón Falcón con otros que recuerdan al anarquista Simón Radowitzky. Pero, en tanto su nombre se asocia a la violación del orden y a transformaciones sociales, los viejos carteles de la nomenclatura catastral fueron repuestos y el nombre de Simón regresó al silencio. (Cristina Piantanida, Los Malditos, vol. I, pág. 115, ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MARGARITA CONTURSI - (1918 - 1995)
(en la imagen, el matrimonio Contursi y la niña Eva Rearte)

UNA "MALDITA" EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Margarita nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en junio de 1918, en una familia de modestos recursos. En su juventud, se desempeñó como obrera en una fábrica textil, en esos años de explosión popular signados por el 17 de octubre, por lo cual adhirió al peronismo. Desde muy joven, la solidaridad social fue uno de los principios fundamentales que guiaron su conducta. Así, intervino en “la resistencia” al producirse la caída de Perón, en 1955. Junto a su esposo Roberto Contursi, comenzó a ser conocida entre la militancia por su consecuencia y lealtad. Durante la presidencia de José María Guido, poco tiempo después del secuestro de Felipe Vallese, cuando ya Margarita había evidenciado su preocupación por los compañeros detenidos, funda conjuntamente con el padre de Héctor Spina, militante peronista vinculado a Rearte, la Comisión de Familiares de Detenidos, que se popularizará luego bajo la denominación COFADE. A partir de allí, se intensifica la tarea de Margarita a favor de los compañeros presos. No bien se produce la detención de algunos, ella se apersona a la comisaría presentándose como “la tía” del detenido, exigiendo información acerca de lo que ha ocurrido y reclamando su libertad.

Esta actitud provocará que muy pronto reciba el apodo de “la tía Margarita” por parte de los luchadores del campo nacional. Asimismo, organiza una red de apoyo a los militantes que sufren prisión para alivianarles su permanencia en las cárceles, especialmente, Devoto y Las Heras. Al impulso militante de “la tía” se organizan peñas para recaudar fondos con los cuales ayudar a los compañeros detenidos, así como ella misma se encargará de contratar colectivos para viajar hacia las cárceles lejanas de Buenos Aires, acompañada por los familiares. Su labor es indoblegable y de ahí el afecto con que tantos luchadores y luchadoras del campo nacional recordarán siempre a “la tía”.

Producido el golpe militar contra Illia, la mal llamada “revolución argentina” acrecienta la represión sobre la militancia peronista. En esa época, el departamento de Virrey Liniers 138, primer piso “A”, donde vive con Roberto, su marido, se convierte en refugio para muchos perseguidos del régimen y es objeto de varios allanamientos. Pero COFADE no amaina su acción, apoyándose en sectores combativos del sindicalismo: el sindicato del Calzado, de la calle Yatay, liderado por Eyeralde y la Federación Gráfica Bonaerense, de la calle Paseo Colón, bajo la orientación de un extraordinario luchador –Raimundo Ongaro- que por entonces preside la CGT de los Argentinos. Los locales de ambos sindicatos se constituyen en bastiones de COFADE, en esa lucha que finalmente concluirá el 25 de mayo de 1973 con la asunción de Héctor J. Cámpora a la presidencia de la Nación. “COFADE tuvo una notoria influencia hasta la ley de amnistía en 1973 –se señala en el libro “Un militar entre obreros y guerrilleros”, de Eduardo Gurrucharri- Margarita Contursi figuró en el Acta de la Junta Militar del 76 por ocuparse de los presos políticos. Sufrió varias veces la cárcel”.

En sus últimos años, mantuvo siempre su leal compromiso con lo popular y con los más necesitados, dando ejemplo de solidaridad social. Por entonces, “la tía Margarita” sufre una prolongada y dolorosa enfermedad, que acaba por conducirla a la muerte el 23 de mayo de 1995. (N. Galasso, Los Malditos, vol. IV, pág. 65, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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AVELINO FERNÁNDEZ  -  (1923 – 2004)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en bueno Aires, el 11 de mayo de 1923. Transcurre su infancia en los alrededores de Parque Chacabuco, en una familia obrera. Desde 1943, se desempeña como operario en la fábrica Tejeduría Mitre, perteneciendo a la nueva generación de sindicalistas que se inicia con el peronismo. En 1948, a los 25 años, es miembro de la comisión interna de esta empresa hasta 1953, cuando el establecimiento cierra por quiebra. Ingresa entonces en la fábrica de estufas y calefones “Volcán” y al poco tiempo, en 1954, es designado, por sus compañeros, delegado de sección. Al año siguiente, 1955, siendo miembro de la comisión interna, se produce el golpe militar y la consiguiente represión al movimiento obrero. El peronismo se lanza “a la resistencia” y él ocupa, desde el vamos, un lugar destacado.

Su sindicato –la Unión Obrera Metalúrgica- es intervenido por la dictadura aramburista. No obstante, en noviembre de 1956, se reúne un plenario de delegados y se declara la huelga. En condiciones muy adversas, los trabajadores metalúrgicos se mantienen durante 40 días, constituyendo una de las primeras experiencias gremiales bajo el gobierno de facto. Al año siguiente, 1957, la intervención convoca a elecciones y él obtiene apoyo de sus compañeros convirtiéndose en secretario general de la UOM Capital.

En agosto del ’57, el interventor en la CGT convoca a un congreso normalizador de la central obrera, en la convicción de que el antiperonismo podrá prevalecer en él. Pero cuando se produce la reunión –en setiembre- los delegados contrarios al peronismo resultan minoría, por lo cual deciden retirarse. Los gremios controlados por el peronismo, con apoyo de algunos gremialistas comunistas, constituyen las “62 organizaciones”, proceso en el cual Avelino Fernández participa activamente. Por entonces, ya se define su personalidad como la de un sindicalista honesto, combativo, consagrado por entero a defender los derechos de sus compañeros.

En diciembre de 1958, el gremio metalúrgico es convocado a elecciones en todo el país. En esa ocasión, puede postularse a elecciones Augusto Timoteo Vandor –inhabilitado en los últimos años por el gobierno de Eugenio Aramburu, en razón de haberse desempeñado como sindicalista en la etapa anterior al 16 de setiembre de 1955-. Dada esta situación, Fernández procede con gran generosidad cediendo su postulación como Secretario General a Vandor. Producida la elección, Vandor triunfa y pasa a desempeñarse como secretario general y Fernández ocupa la secretaría administrativa.

En 1959, es designado integrante del Consejo Coordinador del Peronismo. En enero, cumple un rol importantísimo en el apoyo a la huelga declarada por los trabajadores del Frigorífico Municipal Lisandro de la Torre, enfrentados a la privatización que impulsa el gobierno de Frondizi, según su convenio con el FMI.
A fines de 1960, participa con Armando Cabo y otros sindicalistas peronistas en un intento insurreccional, con intervención de militares retirados como el General Miguel Ángel Iñiguez. Producido el levantamiento en Rosario, el gobierno de Frondizi logra sofocarlo.

De esta manera, tanto en la acción gremial, como en la acción política, Avelino continúa en una política de “resistencia” ante los gobiernos que se suceden, ilegítimos en tanto que el peronismo permanece sujeto a proscripción. Esa lucha se expresa, entre 1963 y 1964, a través de operativos de “ocupación de fábricas” por sus trabajadores. Este método de lucha exige una cuidadosa planificación, articulando a las distintas seccionales del país, de distinto gremios, responsabilidad que en gran medida está a su cargo, como secretario gremial de la CGT. Ese Plan de Lucha de la CGT, con tomas de fábricas, constituye una de las acciones que han quedado registradas más hondamente en la historia del movimiento obrero argentino, como así también ha quedado en el recuerdo de los sectores empresarios sumamente atemorizados. Un gremialista metalúrgico señala que “desde su puesto, en la secretaría Gremial de la CGT, Avelino fue el pilar para llevar adelante esa lucha de los trabajadores”.

El 30 de junio de 1969, un grupo comando ultima a Vandor, en la sede metalúrgica de la calle Rioja. Avelino, secretario adjunto, toma a su cargo la conducción de la UOM Seccional Capital. Es el hombre indicado, por su límpida y combativa trayectoria, para ocupar el cargo de secretario general de la UOM a nivel nacional. El general Perón, desde Madrid, avala esa designación. Pero el gobierno del general Onganía observa con desagrado la posibilidad de ese encumbramiento, cuando, por otra parte, aumenta la hostilidad por parte de la CGT de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro. Entonces, con la complicidad de un grupo de burócratas (Izzetta, Rachini, Roqué y otros) se arma un asalto a la seccional Capital, en marzo de 1970, ocasionándose disturbios que constituyen la excusa necesaria para que el Ministerio de Trabajo y el grupo metalúrgico adicto a Lorenzo Miguel, sancionen la expulsión de Avelino Fernández y un grupo de compañeros leales.

Lorenzo Miguel pasa a conducir la UOM y Avelino queda desplazado, siendo inútiles las gestiones para reparar esa injusticia. Después de varios años de manejar un sindicato de importancia como el metalúrgico, vuelve, en abril de 1970, a su antiguo lugar de trabajo –“la empresa Volcán”- como pulidor, hecho poco común, que los burócratas no acostumbran a realizar. Asimismo, incursiona en la acción político, junto a otros gremialistas combativos, bregando por el regreso de Perón, con posiciones cercanas a las de la Juventud Peronista.

En “Volcán”, se desempeña hasta agosto de 1980, en que una nueva maniobra de la burocracia sindical –que teme su vuelta- provoca su despido, después de más de 20 años de antigüedad en la empresa. Con esta medida se quiere impedir su presentación a elecciones del gremio, que podría ganar, dado su prestigio.

Cerca ya de los sesenta años, Fernández ingresa a “Calefones Universal”. Por entonces, vive con su esposa y el resto de su familia en un barrio popular: el Barrio de la Carne, de la localidad de Wilde, provincia de buenos Aires, donde su hermano ha adquirido una casita por medio del Banco Hipotecario y se la facilita en préstamo. En 1984, al recuperarse el juego de la democracia formal, Avelino arma una agrupación: “Conducta Sindical, lista Celeste” para disputar la conducción del gremio a la burocracia miguelista. Los recursos con que se cuenta son escasos, pero su trayectoria constituye toda una garantía de honestidad y auténtica representación de los trabajadores. Apenas creada, la nueva lista obtiene candidatos a delegados en varias fábricas, inicialmente en Benito Roggio, Piazza y Decker, luego en Atma, Camea, Volcán y Phillips. Pero inmediatamente estos candidatos a delegados son hostigados por la patronal, en connivencia con Miguel que viene triunfando en las elecciones de los últimos años a través de la lista única. En varios casos, son despedidos antes de las elecciones: “Conducta Sindical” reitera su denuncia del pacto sindical-patronal dirigido a montar un gigantesco fraude burlando a los trabajadores en las próximas elecciones del gremio. En la empresa Piazza fueron despedidos los compañeros Gómez y Valdez, candidatos a delegados surgidos de las bases. Se impide así la gestación de listas opositoras, al igual que en otras empresas que ya hemos denunciado. ¡Basta de fraudes! Los metalúrgicos deben luchar por una auténtica democracia sindical, con candidatos libremente elegidos, voto directo y secreto”. El oficialismo apela, entonces, a otra maniobra: sostiene que Avelino Fernández, en su tarea en “Calefones Universal”, actúa como supervisor, por lo cual no pertenece a la UOM sino a ASIMRA. De este modo, Marcos y Martínez, hombres de Miguel, pretenden ilegitimar la candidatura de Avelino. El 23 de julio de 1984, Avelino denuncia estas maniobras en “La Razón” y “Clarín”, imputando además, complicidad al ministro Cascella en particular y en general al gobierno radical, que si bien critica teóricamente a los burócratas, los prefiere antes de verse obligado a tratar con un dirigente honesto y combativo. El mismo Avelino se presenta en la puerta de su antiguo trabajo “Volcán” –para repartir la propaganda de “Conducta Sindical”-, cuando un grupo de matones de la UOM lo agrede, impidiéndole cumplir esa tarea. Luego de infructuosos esfuerzos para lograr un ámbito donde fuese posible competir honestamente en las elecciones, “Conducta Sindical” denuncia al “miguelismo”, a la patronal metalúrgica y al ministro de Trabajo, por su connivencia dirigida a perpetuar la conducción que se apoderó del gremio en 1970. Luego, explica las diversas razones por las cuales debe retirarse de la contienda y una vez más, la lista única impone a los hombres del oficialismo.

Se jubila hacia 1993, cuando ya ha cumplida setenta años, percibiendo un haber mínimo -$ 180- que lo obliga a continuar trabajando, en la misma empresa, durante algunos años más. En esa época, no ceja su militancia. Siempre proponiendo reuniones sindicales y políticas, siempre preparando declaraciones e incluso participando, a pesar de su deteriorada salud, en algunos actos. Se manifiesta tajante opositor al menemismo y a la dirigencia conciliadora del partido justicialista, al tiempo que apoya los esfuerzos de Germán Abdala y Víctor De Gennaro dirigidos a consolidar la CTA, en pro de un proyecto sindical democrático y participativo.

Ya enfermo, en sus últimos años, se comunica telefónicamente con los amigos, convocándolos a juntarse, a generar un documento planteando las posiciones nacionales y populares, no sólo en el orden sindical sino también en el político.

Fallece el 23 de abril del 2004, cuando estaba próximo a cumplir los 81 años.

Por supuesto, en esa campaña reaccionaria que, basándose en la degradación de algunos sindicalistas, intenta sustentar la idea de que “todos los gremialistas son corruptos”, el ejemplo de Avelino como así también de Armando Cabo, de Sebastián Borro y tantos otros, queda sujeto al mayor silenciamiento. (Fuente: N.Galasso, Los Malditos, vol. I, pág. 80, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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AMADO OLMOS - (1918 – 1968)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
Nace en Rosario, en 1918. En 1945, adhiere al naciente peronismo. En 1946, se traslada a Buenos Aires y comienza a trabajar en un laboratorio, donde muy pronto sus compañeros lo designan delegado, por entonces del Sindicato de Trabajadores de Industrias Químicas, pues aún no se ha creado el Sindicato de Sanidad. Este último se funda recién en los años 1948-1949, siendo Olmos su primer Secretario General. Su conducta inquebrantable, como así su creciente capacitación, lo constituyen muy pronto en figura importante del sindicalismo. En 1954, es elegido Diputado Nacional por el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Como tal, manifiesta su oposición a los convenios petroleros que el Poder Ejecutivo se encuentra tramitando con la empresa norteamericana California.

Una vez derrocado Perón, integra “la resistencia”. En junio de 1956, al intentarse el levantamiento dirigido por los generales Valle y Tanco, Olmos es detenido, pasando varios meses en las prisiones de Caseros, Rosario y Bahía Blanca. En los primero meses de 1957, recupera la libertad.

Al reorganizarse los gremios, cesando las intervenciones militares, bajo la presidencia de Frondizi, es elegido nuevamente secretario general de “Sanidad”. También, en ese año, permanece un tiempo preso en la Penitenciaría Nacional.

Por entonces, persiste en su lucha gremial pero trasciende la misma cuando reflexiona sobre la estrategia política a seguir por el movimiento obrero. Así lo hace en el periódico “Relevo”, en 1960, impulsado por Eduardo Astesano y otros compañeros y luego en “Voz Justicialista”, del cual Olmos es el director.

Así se manifiesta también en la conferencia –luego folleto- titulada “Los trabajadores, la conducción política y su hegemonía en la lucha por la Liberación Nacional. Planteos, esclarecimientos y definiciones. Los mariscales de la derrota”, (1959).

Allí sostiene: “… El peronismo fue derribado del poder desde el poder mismo. No fue un movimiento de masas ni el malestar del pueblo, sino la red sutil de los intereses económicos extranjeros que aspiraban a dominar a nuestra economía como en general dominaban nuestra cultura, lo que arrastró tras de sí a los pequeños grupos de acción que darían los golpes gestados. Fueron militares en rebeldía contra la voluntad de las urnas y contra sus propios juramentos, disciplina y reglamentos, los que apoyándose en los políticos venales, cobardes o simplemente, maliciosos o ignorantes, prepararon la caída de Perón… El peronismo comenzó a debatirse entre la lucha o el renunciamiento a la misma… Cuando Perón abandona el país, los únicos que no renuncian no tienen con qué luchar. Son las masas populares y aquellos fieles dirigentes que se confunden con las mismas… Un nuevo y viejo peronismo pugnan por expresarse. Nosotros no pretendemos un partido de clase que sería, en última instancia, la negación del Justicialismo, pero sí exigimos la hegemonía en la dirección táctica del Partido. No pueden sobrevivir en la dirección del Partido, los Mariscales de la derrota… El Peronismo es el vehículo revolucionario de esa Argentina que se nutre en las grandes mesas laboriosas y en los ‘cabezas negras’: esa es su grandeza y su vigencia. Quienes pretenden desdibujarnos, quienes quieren complicarnos con el régimen y convertirnos en otro apéndice del mismo, esos no pueden estar a nuestro lado, esos no pueden llamarse peronistas… Las banderas de la Soberanía Política, la Justicia Social y la Independencia Económica, las salvamos cuando toda una clase de dirigentes las habían abandonado. Ese es nuestro mérito histórico”.

En 1962, cuando el gobierno convoca a elecciones para legisladores y gobernadores, para el 18 de marzo, integra una delegación de cinco gremialistas que convencen a Perón de la inconveniencia del “votoblanquismo”, abriendo así el camino al gran triunfo electoral del peronismo, aunque las elecciones son luego anuladas. Con motivo de esa anulación de elecciones, Olmos sostiene: “Aquí tenemos que dividirnos entre los entreguistas y los que no queremos entregarnos. Entre los que están con el imperialismo y los que somos antiimperialistas, entre los que queremos el país y los que están en contra del país… ¿Quiénes quieren defender la soberanía? Los que estamos aquí presentes. ¿Quiénes quieren entregar la soberanía? Los que hoy mandan cerrar las puertas para que nadie pueda escuchar la palabra del pueblo, escuchar verdades, aunque no sean bien dichas. No permiten entrar a la bancada justicialista y lo denuncio públicamente”.

Durante la presidencia de Illia, al producirse el conflicto entre Perón y Vandor, Olmos se coloca junto al líder, convirtiéndose en el orientador de las “62 de pie junto a Perón”, cuyo secretario general es José Alonso.

En esa época, estrecha relaciones políticas con John W. Cooke, intentando consolidar una izquierda dentro del peronismo. Su figura crece notablemente dentro del movimiento sindical, asumiendo claras posiciones revolucionarias: “Hay dirigentes gremiales cuya mentalidad no da para más y como hijos del capitalismo, siguen obedientes a sus viejos padres, y buscan la solución en este sistema liberal capitalista… Los trabajadores no quieren soluciones por arriba… Quieren el sindicalismo integral, que se proyecte hacia el control del poder, lo cual asegura el bienestar del pueblo todo. Lo otro es el sindicalismo amarillo, imperialista”.

En 1967, preguntado acerca de si postula un partido obrero, contesta: “Eso del partido obrero es un sambenito que me han colgado. El periodismo ayudó mucho a ello… Lo que manifesté en mi conferencia fue que exigía, sí, la hegemonía en la conducción táctica del movimiento peronista… lo cual no significa que sean los dirigentes quienes detenten esa hegemonía, pues hoy no están representando a las bases… Insisto en la necesidad de esa hegemonía, pero ejercida por elementos surgidos desde abajo y que no estén comprometidos”.

Al finalizar 1967, Olmos se ha constituido en el único capaz de obtener la confianza de todos los trabajadores confederados. Su preocupación por el funcionamiento democrático del sindicato, por los compañeros presos, así como su interés por encontrar la salida política a la lucha del movimiento, lo convierten en el hombre indicado para ocupar la secretaría general de la CGT, en el próximo Congreso Normalizados, a realizarse en marzo de 1968. Los sectores combativos se expresarán a través de él, e inclusive el vandorismo, deberá resignar posiciones y aceptar su conducción. El delegado de Perón, Fernando Alberte, un militar que se ha izquierdizado en el ejercicio de su función, juega también decididamente a favor de Olmos como secretario general.

Pero, como dice el poeta, “la vida tiene sus trampas, porque la vida es así”: el 27 de enero de 1968, sufre un accidente automovilístico cuando se dirigía hacia Villa María, en la provincia de Córdoba. El rodado choca violentamente y Olmos es expulsado del mismo, golpeando su cabeza contra un mojón de cemento, que le produce la muerte inmediata. Pierden así, los trabajadores, a un gremialista excepcional que, por serlo, nunca tuvo a su favor a la prensa, a la radio, ni  la televisión del sistema. Silencio en los diversos ámbitos, solo la muerte pudo frustrar su trabajo gremial y político, realizado “desde abajo”, para que los trabajadores pudiesen dar pelea por una Argentina mejor.
Facundo Cersósimo y Cecilia Ferroni, Los Malditos, vol I, pág 109, Ed Madres de Plaza de Mayo

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CAROLINA MUZZILI - (1889 - 1917)

N.Galasso en Los Malditos, Vol. IV, Ed. Madres de Plaza de Mayo

Nacida en Buenos Aires, manifestó desde su adolescencia un espíritu rebelde y contestatario y apenas logró salvar de la expulsión del colegio como consecuencia de sus reclamos, especialmente a favor de los niños y las mujeres. Luego, en el colegio “Lenguas Vivas” también manifestó su disconformismo –según señala el Diccionario de los Argentinos del siglo XX, confeccionado por Página 12- en razón de “tener que compartir las aulas con niñas ricas, desinteresadas todas ellas por aprender, ya que solo buscaban distraer el aburrimiento de no tener nada que hacer”.

Provenía de una familia de muy escasos recursos. Era obrera textil y siempre se ganó la vida haciendo costura. A los 18 años, se afilió al Partido Socialista. En 1909 representó al Centro Femenino en la liga Internacional de Domésticas y luego, intervino en el Primer Congreso Feminista. Por entonces, publicó “La madre y el menor obrero” y “El trabajo de la mujer y los niños”. Luego publicó “El trabajo femenino”, “El divorcio” y “Por la salud de la raza”.

En la lucha interna del Part5ido Socialista, apoyó a la tendencia nacional sustentada por Alfredo Palacios, a quien defendió en el congreso que motivó su expulsión. A partir de 1915, acompaña en su intento de consolidar el Partido Socialista Argentino.

En 1916 fundó la revista “Tribuna femenina”, dirigiéndola bajo el seudónimo “Soledad Navarro”. Asimismo, dio conferencias y publicó artículos periodísticos sobre estos temas, siendo premiados trabajos suyos en la exposición de San Francisco. Para profundizar sus conocimientos sobre minoridad y derechos femeninos se desempeñó honorariamente en el Departamento Nacional del Trabajo. Manuel Gálvez recuerda en sus memorias que la información aportada por Carolina le fue utilísima para sus novelas “La maestra normal” y “Nacha Regules”, en las cuales reivindica a una madre soltera y a una prostituta, respectivamente.

Carolina Muzzili trabajó intensamente entregando su juventud a esa causa, siendo una de las principales en instalar el tema de la injusticia y la discriminación sobre mujeres y niños.

Murió joven, en Córdoba –adonde se había trasladado para combatir la tuberculosis que padecía- cuando aún no había cumplido 28 años, el 24 de marzo de 1917, dejando su lucha y sus escritos como una avanzada para una sociedad que no supo reconocer los méritos de su lucha. Recién muchos años después, una callecita de un barrio popular recogerá su nombre pero incluso sus habitantes están lejos de dimensionar la osadía y la fuerza con que lucha esa mujer, en condiciones totalmente adversas.

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SEBASTIÁN BORRO - (1922 – 2005)

Otro "maldito olvidado" por la historia oficial, recuperado para la memoria por Facundo Cersósimo y Cecilia Ferroni (Los Malditos, Vol. III, Pág. 67, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

“Estuve el 16 de junio en la Playa de Mayo y vi lo que ocurrió, venir a los aviones y bombardear, algo inconcebible. Hombres que estuvieron diez años al lado de Perón, como Rojas, como Videla Balaguer, como Lagos, como Aramburu y que después del 16 de junio se dieron cuenta de que había habido ‘diez años de dictadura’”. Así contaba Sebastián Borro las huellas imborrables de aquel 16 de junio de 1955, que lo harán reforzar aún más sus convicciones y su participación dentro del Movimiento Peronista, que había comenzado diez años atrás, cuando fue protagonista de la histórica jornada del 17 de Octubre de 1945, como da testimonio en el documental Cazadores de Utopías.

Nacido en el año 1922, sus padres eran de origen libanés. Adhiriendo precozmente al peronismo, su actividad gremial la inicia como delegado de los trabajadores en el Frigorífico Municipal Lisando de la Torre, siendo elegido en Diciembre de 1958 Secretario General del Gremio de Buenos Aires.

Meses después, en Enero de 1959, encabezará la resistencia a la desnacionalización del Frigorífico Municipal ubicado en Mataderos. A comienzos del mes, el entonces presidente Arturo Frondizi por acuerdos establecidos con el FMI, entrega un proyecto de Ley al Congreso para privatizar el Frigorífico. Borro recuerda que “El lunes 12 realizamos una asamblea en el sindicato que quedaba a una cuadra de la Planta, y en la reunión decidimos concurrir al día siguiente en manifestación al Congreso para hacer oír nuestra oposición, ya que se comentaba que esa misma noche se trataría la ley en Diputados. Llevamos un ternero pintado con la leyendo ‘quiero ser nacional’… Después fueron presos mi hermano, el ternero y un muchacho, Manolo García”.

Para el 14 la ley había sido sancionada, y la respuesta de los trabajadores no se hizo esperar, con Sebastián Borro a la cabeza. Se declara la huelga y comienza la toma del Frigorífico. En la puerta se colgó una bandera que decía: “En defensa del patrimonio nacional” lo que deja manifiesta la clara oposición de los proyectos. En solidaridad, se adhiere el barrio de Mataderos, especialmente Los Perales, y las zonas aledañas como Liniers, Villa Luro y Floresta. Los vecinos y miles de personas se pliegan a la huelga sabiendo que se jugaba mucho más que la pérdida de un Frigorífico en manos extranjeras.

La situación se tornaba tensa, por lo que Frondizi convoca a los dirigentes gremiales a la Casa de Gobierno para llegar a un acuerdo. Algunos de los representantes de los trabajadores son Borro, Avelino Fernández y Jorge Di Pascuale. Sebastián le reprocha al presidente que mientras él siga yendo a Estados Unidos a entregar el patrimonio nacional, ellos le iban a parar el país, a lo que Frondizi le contesta: “Mire, mocito, yo no voy a aceptar sus intimidaciones”, y da por concluida la reunión.

John William Cooke declara: “Esta huelga es política en el sentido que obedece a móviles más amplios y trascendentes que un aumento de salarios o una fijación de jornada laboral. Aquí se lucha por el futuro de la clase trabajadora y por el futuro de la nación”.

El 17 de Enero el gobierno comienza la represión cuando un tanque Sherman del Ejército y 2000 hombres quieren abrirse paso a sangre y fuego, derribando uno de los portones del Frigorífico.

Ante la feroz acometida de las fuerzas de seguridad contra la clase trabajadora, la CGT declara un paro nacional por tiempo indeterminado en respaldo a los luchadores, siendo detenidos varios dirigentes gremiales en represalia.

Borro recuerda la heroicidad de sus compañeros: “Los muchachos se aferraban a las puertas que los tanques volteaban –recuerda Borro-, hubo heridos y varios muertos. A un muchacho del barrio le reventaron el estómago con una granada de gas lacrimógeno. El hospital estaba lleno de heridos y la policía disparaba gases en las salas donde se curaba a los obreros”.

Fueron cinco días de duros enfrentamientos, que excedieron las inmediaciones del Frigorífico. Finalmente el levantamiento concluyó dada la desigualdad de las fuerzas, pero el gobierno no satisfecho continuó con las persecuciones: “A mí me detuvieron en una casa de la calle Asunción –afirma Borro- donde se habían reunido varios dirigentes. Después debieron intervenir el Frigorífico porque no se faenaba y mucha gente seguía la lucha y no se reintegraba al trabajo. Las nuevas autoridades despidieron a 5 mil trabajadores”. En marzo Borro sería liberado por las autoridades.

Reconocido como uno de los fundadores de las 62 Organizaciones Peronistas, éstas lo eligen para viajar a Madrid a entrevistarse con el general Perón: “el 16 de julio hago el viaje. Yo era, creo, el primer delegado gremial que lo visitaba en Madrid. Llegamos. Yo iba cargando el portafolio y los zapatos que todos los años le enviaban los compañeros del calzado mientras estuvo en el exilio.
Cuando lo vi en la puerta, le aseguro que de la emoción se me caían las cosas de las manos. Nos abrazamos lagrimeando los dos. Perón me dijo ‘No se emocione Borro, no se emocione’, y él lloraba igual que yo. Le aseguro que, a los cinco minutos, era como mi padre, mi hermano, porque él hacía todo lo necesario para que uno olvidara lo grande que era”.

Este no sería el último viaje que realizaría a Madrid. Junto a Jorge Di Pascuale, del Sindicato de Farmacia, y Juan José Jonch, de Telefónicos, integra el triunvirato de embajadores que eligió Perón para visitar países afines al proyecto peronista. Cuba fue uno de esos destinos, donde Borro mantiene una reunión cordial con el Che Guevara. De esa visita se desprende la invitación a Perón para residir en la isla.

En 1961, Perón reconocía en él un valioso cuadro del sindicalismo combativo, siendo designado para integrar el Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo, junto a Jorge Di Pascuale y Avelino Fernández.

En 1962 se candidatea a diputado nacional por la Capital con Di Pascuale, Roberto García y Eustaquio Tolosa, entre otros, para gobernador de la provincia de Buenos Aires, Framini encabeza la fórmula peronista. La victoria peronista es amplia, pero inadmisible para el sector militar, quien presiona a Frondizi para la anulación de las elecciones.

Acrecentada la figura de Borro como referente político del peronismo combativo, el derrotero que sigue siempre lo iba a encontrar encabezando proyectos de resistencia. En 1964 integra la Mesa de lanzamiento del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP) de Gustavo Rearte, en 1968 forma parte de la CGT de los Argentinos, encabezada por Raimundo Ongaro, expresión del sindicalismo más combativo, en las antípodas del sector vandorista, que negociaba con la dictadura de Onganía.

A principios de los ’70, la fragmentación de proyectos al interior del peronismo era importante, Borro ante estas circunstancias se alineó a los sectores de izquierda del movimiento, apoyando las actividades de Montoneros.

Durante parte de 1973 y 1974 ejerce funciones como Director de Cementerios. Otro gesto valiente de Borro impide que se lleven de la morgue que tenía a cargo, el cuerpo de Rodolfo Ortega Peña, asesinado por la triple A.

Durante el breve período de Cámpora en el gobierno, integra la delegación que va a buscar a Perón a Madrid para su regreso definitivo a la Argentina.

A un año de asumida la presidencia por “el tío”, publica junto a Avelino Fernández, Dante Viel, Arnaldo Lizaso, Andrés Framini y Armando Cabo un comunicado que sostenía: “Hoy sabemos también que para defender nuestro gobierno no sirven aquellas estructuras que teníamos en 1955 y que no lograron mover un solo hombre para defender nuestro gobierno, nuestro presidente y nuestro conductor”.

Meses después, las disidencias dentro del Movimiento eran extremas y llevan al enfrentamiento de Montoneros con Perón el 1º de Mayo de 1974, respaldando a los primeros la Agrupación del Peronismo Auténtico con un comunicado donde se pronuncian claramente: “Conviene aclarar que no sólo eran jóvenes los que fueron a decirle su verdad al General Perón en la Plaza de Mayo. Habíamos millares de hombres y mujeres ya maduros que también pensamos como los jóvenes”, agregando después: “Con respecto a los ‘estúpidos’, ‘imberbes’ y ‘mercenarios’ es necesario recordar que no nacieron por generación espontánea. Son nuestros hijos. Los hijos de los trabajadores, muchos de los cuales estudian y trabajan. Los hijos de los hombres leales y combatientes que durante dieciocho años no escatimaron esfuerzos ni sacrificios para rescatar al país de las manos de la antipatria. Son los que durante años, los días domingo tenían un solo paseo: la cárcel donde estaba el ser querido preso”. Y concluyen el documento sentenciando: “los viejos y auténticos peronistas estamos al lado de ellos. Porque son honestos, son leales, auténticos, desinteresados y sobre todo, como lo han demostrado, peronistas hasta la muerte. Que podrán equivocarse, pero son incapaces de una traición y una deslealtad”.

En 1976 la sombra del golpe militar comienza a erigirse, lo que lleva a Borro como a tantos miles de personas a dejar de actuar en política.

El regreso de la democracia lo encuentra nuevamente dentro del Peronismo, hasta que a principios de 1990 se suma al Frente Grande con un proyecto opuesto al menemismo, siendo elegido concejal.

En ejercicio del cargo legislativo, recordaba que en una ocasión había increpado fuertemente a Adelina de Viola, quien le contestó que él era la única voz autorizada para cuestionarle algo dada la honestidad de su acusador, en épocas donde la mayoría de la dirigencia claudicaba.

Siempre dispuesto a transmitir su experiencia en el campo popular, se prestaba a todos los que querían escucharlo.

El 17 de Julio de 2005, a los 83 años y enfermo de cáncer, falleció en la Ciudad de Buenos Aires.

Sebastián Borro fue sin duda uno de los referentes más importantes de los sectores sindicales combativos. Con gran honestidad no dudó en denunciar y combatir a todas aquellas personas que ponían en primer lugar intereses foráneos.

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MATEO FOSSA - (1896 - 1973)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Buenos Aires, en 1896, en una familia de ideas socialistas. Concurre solamente a la escuela primaria: “Hice bastante –recuerda-. Hasta sexto grado y allí me paré. Ya estaba completamente destruido, ‘la instrucción’ era completa. Entonces me fui a laburar. Primero, como aprendiz de escultor, aprendí modelación para los ornatos de frentes e interiores… Después, empecé a trabajar de tallista. Era allá por 1914 y enseguida, me afilié al Sindicato de Tallistas y Escultores en Madera”. Trabajar la madera será su medio de vida por siempre, así como la militancia sindical y la lucha política en la izquierda, hasta el final, cuando a los 77 años todavía presidía la comisión de Jubilados del Sindicato Único de la Madera, en el codo de la calle Días Vélez, frente al tren.

A los veinte años, integra las Juventudes Socialistas, declaradas a favor de la neutralidad frente a la Primera Guerra Mundial y enfrentadas, por tanto, a los dirigentes tradicionales –Justo, Repetto y otros- que están a favor de los aliados. “Nosotros le ganamos a la mayoría por la neutralidad en un Congreso. Después, ellos nos dieron ‘el raje’, nos espantaron a todos. Se reunió el Comité Ejecutivo y la soberanía del Congreso, junto con la neutralidad, se fueron a ‘la miércoles’”.

Poco tiempo después, integra las filas del Partido Socialista Internacional, luego transformado en Partido Comunista. Al mismo tiempo, siendo muy joven, se desempeña como secretario de la Federación de la Madera. “En aquel entonces predominaban los sindicatos por oficio. Allí estaban los barraqueros, toneleros, escaleristas, galponistas, carpinteros, carpinteros de a bordo, ebanistas, doradores, tallistas, escultores… Había una barra de sindicatos pequeños, pero todos muy activos y combativos. Había una característica: los compañeros que los formaban eran compañeros que venían del exterior. Aquí no había todavía una industria con obreros argentinos. La lucha era entre las ideas de Bakunin y las de Marx, era una lucha ideológica… Después, vino la Revolución Rusa y más tarde, hubo una división en el Partido Comunista.

Nosotros formamos el Partido Comunista Obrero, en el año 1926 o 1927”.
La militancia política y gremial lo conduce más de una vez a la cárcel. “Desde el exterior, nos mandaban barras de jabón y adentro, venía alguna carta, alguna declaración, un documento político. Estuve en la cárcel muchas veces, pero poco tiempo. Nunca tuve proceso… Mi hermana me venía a buscar el día que me liberaban. Yo le decía: -Fijate si no nos sigue nadie-. No –me dice ella-. No nos sigue nadie… Entonces, me iba directamente al sindicato de carpinteros”.

Así transcurre su vida de lucha permanente, sin ningún interés personal, pasando duras hambrunas, siempre fiel al ideal trazado. “Soy activista, no tengo mayormente capacidad intelectual pero tengo ese afán de trabajar. Salgo, trabajo, pego carteles, voy a un lado a ‘parar carneros’, hago todo ese trabajo y así se forma la Liga Antiimperialista y me nombran secretario de Relaciones Exteriores…, y también formamos, el grupo de los ‘chispitas’. El Partido Comunista estaba aparte… Era menos combativo y nosotros, con nuestra posición combativa, ‘les barrimos la vereda’, como se dice… Se hacía todo con desinterés, con abnegación, a pulmón. Nadie cobraba nada: daba la libertad, daba la vida, daba el dinero, daba la salud. Todo era poco. Del trabajo íbamos allí, de allí íbamos a dormir y a laburar. Estábamos hechos una calamidad. Yo creía que estaba tuberculoso. Estaba muy flaco. Pero sentía que lo que hacíamos era lo mejor que se podía hacer… Puede ser que a veces hayamos hecho macanas,  pero macanas hemos hecho todos y bastantes… No éramos como esos burócratas que tienen el auto, secretaria y los presos se quedan allí  y ellos ni se acuerdan. Nosotros todos los domingos estábamos en la cárcel, en Caseros, en Las Heras, en todos lados, atendiendo a los presos”.
Su hermano –Manuel Fossa, diputado peronista en los años cincuenta- recuerda que Mateo “estaba en todas”: “Participó de la Semana Trágica, de la Huelga de la Construcción del ’36, de la otra, durísima, del ’38… Estaba siempre”. “Su actuación –escribe J. Solano, en 1941- es una escuela viviente de cómo se lucha, minuto a minuto, día a día, año tras año, sin desmayos, sin entregas, sin renuncias, por la revolución proletaria mundial”.

Desde su inquebrantable posición socialista, antiimperialista y antistalisnista, milita durante un período en el Partido Socialista Obrero, a mediado de los años treinta, pero se separa cuando éste se coloca al servicio del Partido Comunista pro soviético. Varias veces secretario general del Sindicato de la Madera, le son confiadas importantes representaciones en el exterior. En una de esas oportunidades, en 1938, viaja a Méjico donde se va a constituir la Confederación Latinoamericana de Trabajadores, no pudiendo participar de la misma dado la obstrucción del stalinismo que lo tiene por adversario implacable. Sin embargo, el viaje le resulta provechoso pues logra entrevistar a León Trotsky, por entonces, desterrado en Coyoacán. A partir de ese momento, para sus compañeros de lucha de la Argentina, Mateo se convierte en “el argentino que conversó con Trotsky”. De esa entrevista queda un testimonio: el folleto “Conversando con León Trotsky”, de Ediciones “Acción Obrera”, publicado en 1941 por un pequeño grupo trotskista liderado por Liborio Justo.

En dicho folleto, Mateo recoge importantes enseñanzas del viejo líder bolchevique, especialmente referidas a la guerra mundial, como lucha interimperialista por mercados y colonias y no como enfrentamiento entre “democracia y fascismo”. Asimismo, sobre la necesidad de una clara posición antiimperialista que Trotsky enlaza, para nosotros, con la necesidad de la unión de los países latinoamericanos. Mateo le relata que él y sus compañeros defienden a Trotsky frente a los ataques de los partidarios de Stalin, en la Argentina, a lo cual el desterrado le contesta: “Mire, compañero, no es el caso de que ustedes están peleando por Trotsky. Están en la Argentina, tienen una serie de problemas revolucionarios, hay que tratar esos problemas y tratar de resolverlos lo mejor que sea posible. Y no hablar de Trotsky. Resolver los problemas del país, los problemas revolucionarios”. Y le insiste “…En los antagonismos mundiales y los conflictos militares…, bajo cualquier máscara (democracia o fascismo) hay que distinguir a los explotadores, dueños de esclavos y ladrones”. Y agrega: “En los sindicatos, una completa y honesta democracia es la condición más importante”. “Salí convencido –relata Mateo- de que yo debía adherir a la Cuarta Internacional. Le pedí entonces mi adhesión, directamente. A mí me daba una impresión de sinceridad y de limpieza ese hombre”.

Años después, al surgir el peronismo, “lo fueron a buscar a Mateo para que se plegara al movimiento –recuerda su hermano- pero él dijo que no, que había pactado con Trotsky…, y me sugirió a mí que fuera yo, que trabajaba entonces en el sindicato de la construcción”. “Yo no me hago peronista –comenta Mateo- ¿sabe por qué? Yo estaba en esa situación, estaba cumpliendo mi compromiso… Me vino a buscar Cipriano Reyes… Pero no quise entrar. Me mantuve fiel, pero no dejo de reconocer que el peronismo trae aquí, si se quiere, cosas que son positivas… Creo que hay que retomar las partes positivas del peronismo… No dejarlo, no entregarlo en manos de la burocracia. La burocracia es entreguista, es freno paralizante, no es revolucionaria, son un montón de vivillos y sinvergüenzas”.

En sus últimos años, mantiene cordiales relaciones con la Izquierda Nacional por estimar que sostiene sus posiciones, en tanto crítica al stalinismo y reconoce la importancia del peronismo, sin subordinársele ni pactar con la burocracia traidora. “Yo sigo en el movimiento obrero –sostiene, a los 73 años- y no quiero puestos rentados, ni acomodos. Vivo con mi jubilación, tengo una casita y no pago alquiler, que eso es lo que me salva. No fumo, no tomo. Soy algo vegetariano –no como carne- y hago lo que puedo… Ahora presido la comisión de Jubilados en el Sindicato de Trabajadores de la Madera… Nada me gustaría que no fuese para beneficiar a mi clase, a mi país…”

Fallece en los primero días de julio de 1973. No lo recuerdan los gremialistas conciliadores, ni tampoco los burócratas de la izquierda y apenas escasamente alguna de las sectas trotskistas, aunque Mateo les resulta molesto por su comprensión de la cuestión nacional, integrando así la galería de luchadores obreros silenciados pero que seguramente serán reivindicados en el futuro. (N.Galasso, Los Malditos, Vol. I, Pág. 90, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ARMANDO CABO - (1915 - 1996)

Nace el 27 de diciembre de 1915, en Cuba. Su madre, embarazada, ha viajado para encontrarse con su padre que se dedica a actividades de pesca y el nacimiento se produce accidentalmente en esa isla del Caribe. Luego, viajan a España y recién a los cuatro años, llega a la Argentina, con su familia.

Ya adolescente, consigue su primer empleo en la empresa de un despachante de aduana, pasando luego a desempeñarse como obrero metalúrgico en la empresa Instilar, en Tres Arroyos, donde se ha asentado con su familia.
Al producirse el 17 de octubre, participa en el movimiento. Poco después, crea el Sindicato Metalúrgico de Tres Arroyos: “Armando fundó el sindicato metalúrgico en Tres Arroyos –relata Blanca, su esposa- y creó una biblioteca para los hijos de los afiliados.”

Por su responsabilidad y dedicación a sus funciones, crece, por entonces, su figura en el ámbito sindical y al crearse el “cuadrunvirato” para dirigir la CGT, Armando lo integra junto a José Espejo, Isaías Santín y Florencio Soto. “Los miembros del Secretariado íbamos a verla a Evita casi todos los días para cambiar ideas, porque el General nos había pedido que no dejáramos de comentarle lo que ocurría en los sindicatos”. En 1951, ese cuadrunvirato impulsa la candidatura Eva Perón a la vicepresidencia de la Nación, a la que ella renuncia dada la presión del sector militar. “En la cúpula de la CGT –sostiene Blanca- Armando cobraba lo mismo que en el trabajo de fábrica”.

Al producirse el fallecimiento de Evita, la situación de estos sindicalistas se torna difícil, especialmente por su enfrentamiento con sectores de la burocracia partidaria, siendo reemplazados pocos meses después.

Armando regresa a sus función es en la UOM y allí lo encuentra el golpe militar del 16 de setiembre de 1955. Inmediatamente, se moviliza para combatirlo: logra reunir 40 camiones, en Avellaneda, para armar una fuerza con trabajadores de diversos gremios, con la cual marchar a Córdoba para sofocar la insurrección del general Lonardi. Pero su proyecto se frustra al darse a conocer la renuncia del presidente Perón. A partir de ese día, integra “la resistencia”. Los caños, el sabotaje, las manifestaciones sorpresivas, las pintadas, así como las reuniones en las cocinas de los barrios, nutren su militancia en esa época. Participa, junto a Avelino Fernández, en la importante huelga metalúrgica de 1956.

En esa época, sufre una de las primeras prisiones, de los ocho largos años de encarcelamiento que habrá de sumar, a lo largo de su vida.Esta lucha contra los usurpadores no sólo la realiza en el campo sindical y político, sino también en el militar, cuando interviene, armas en mano, en el levantamiento encabezado por el general Miguel Ángel Iñiguez, en noviembre de 1960, en Rosario, apoyado por la UOM. 

Posteriormente, continúa trabajando gremialmente en la UOM, muy cerca de Vandor. Así participa, durante el gobierno de Illia, en el plan de lucha de la CGT, caracterizado por la ocupación de fábricas. En mayo de 1966, se encuentra en el incidente de La Real, confitería de Avellaneda, donde se produce un confuso tiroteo y mueren varios gremialistas (Rosendo García, Domingo Blajaquis y Juan Salazar).

Poco después, la organización sindical apoya el Operativo Cóndor, organizado y dirigido por su hijo –Dardo Cabo- quien, con un grupo de compañeros, se apoderan de un avión en vuelo y lo obligan a aterrizar en Malvinas, donde colocan la bandera argentina. Apresados poco después, su hijo queda detenido en el sur.

A partir del 30 de junio de 1969 –fecha en que un grupo comando mata a Vandor- tanto Armando Cabo, como Avelino Fernández, José Notaro y otros dirigentes son desplazados de la dirección del gremio por el grupo de Lorenzo Miguel, con apoyo del gobierno de Juan C. Onganía. En esta época, asume posiciones cada vez más combativas, acompañando el proceso de radicalización de los sectores populares. En el ámbito sindical, queda al margen del gremio, por la acción del “miguelismo”, jubilándose con el haber mínimo. Pero sigue actuando junto a viejos compañeros peronistas, apoyando ahora a la Juventud Peronista y su brazo armado, Montoneros. Cabo, Avelino Fernández, Framini y otros organizan, a tal efecto, la agrupación del Peronismo Auténtico, exigiendo que se retomen y profundicen las viejas banderas. Participa con fervor del regreso de Perón, del triunfo del 11 de marzo de 1973 y de la asunción del presidente Cámpora, el 25 de mayo del mismo año.

En 1974, cuando se produce el enfrentamiento de Perón con la juventud en la Plaza de Mayo (1º de mayo), los viejos dirigentes gremiales, entre ellos Cabo, envían una carta a Perón, colocándose junto a los jóvenes.

En esa época, profundiza sus posiciones combativas, de fuerte crítica a la derecha lópezrreguista, como así también a la dirigencia burocratizada y conciliadora del peronismo, tanto sindical como política. El 6 de enero de 1977 sufre un doloroso golpe: su hijo Dardo es asesinado, aplicándosele la “ley de fugas”, en la provincia de Buenos Aires, cuando lo trasladaban de una cárcel a otra. “Armando se enfermó después del asesinato de Dardo” –recuerda Blanca, su compañera- y ya no pudo reponerse”.

En los años ochenta, su salud declina, pese a lo cual interviene en algunos actos reclamando a sus compañeros de partido que mantengan indeclinables las banderas del peronismo del ’45, vaciadas en muchos casos, por concesiones al liberalismo o desviaciones hacia el nacionalismo de derecha. En esas ocasiones, plantea claramente la necesidad de superar la lucha sindical pasando a la política, como así también la de evitar una “renovación” que implique vaciar al peronismo de las banderas populares y transformadoras del ’45.

En su modesta casa de la localidad de Morón transcurre sus últimos años, junto a Blanca. “No se le podía hablar de Menem y la política que estaba realizando porque se acongojaba mucho. Él, a quien no lograron sacarle palabra, aún cuando lo torturaron con la picana eléctrica, años atrás –recuerda Blanca- ahora se derrumbaba cuando alguien le comentaba la profunda degradación en que estaba cayendo el peronismo en manos de Menem”. Después, ya su cerebro se obnubila. Durante un tiempo, vive en un geriátrico y al regresar a su casa, se agrava. Poco después fallece en Morón, el 4 de junio de 1996. (N.Galasso, Los Malditos, vol. I, pág. 74, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JOSÉ LUIS D’ANDREA MOHR – (1939-2001)

El capitán (r) José Luis “El Vasco” D’Andrea Mohr, nació un 17 de noviembre de 1939. Se casó con Julia Cassano, quien fue siempre una fiel compañera de todas sus quijotadas, con quien tuvo a su único hijo, José Luis.
Era descendiente del invasor inglés Carl Beresford quien estuvo un tiempo preso en Buenos Aires: unos años después vino a vivir aquí una señorita inglesa llamada Mary Brikford Beresford, quien más tarde se casó con José Mohr, primer cónsul prusiano en la Argentina, tatarabuelo de “el Vasco”. La carrera militar parecía llevarse en la sangre de la familia: desde su bisabuelo hasta su padre, todos portaron uniforme.

Fue instructor paracaidista, amante de nuestra Antártida y de la Patagonia como de su gente humilde y en lugar de deshonrar su persona y a las FF.AA. torturando y desapareciendo compatriotas se colocó decididamente en la vereda de enfrente de los militares genocidas, los que según el mismo decía: “en un ejército sanmartiniano no hubiesen tenido siquiera la honorable tarea de mozos de letrina”.

Egresó del Colegio Militar como subteniente del arma de Ingenieros en 1961. Ya como estudiante dio muestras de rebeldía y dignidad: “Yo jamás, jamás, me arrastré. (…) no soy un gusano, decía. Era el único que no obedecía esa orden”. Y aunque le llovieron los arrestos, porque lo rebelaban los abusos, el despotismo, terminó los cursos. Afirmaba al respecto que “hay una forma de mandar que se apoya en el sometimiento del otro. Cuanto más pequeñito es un individuo más se siente engrandecido por el sometimiento del otro”.

Continuó dando muestras de su carácter obstinado al negarse a combatir en los enfrentamientos entre ‘azules’ y ‘colorados’ de 1962, lo que lo hizo pasible de 35 días de arresto, los primeros de los 305 que cumpliría a los largo de su carrera. Al producirse en 1963 un nuevo enfrentamiento y una nueva negativa lo metieron preso más de dos meses y al salir lo trasladaron a Río Gallegos, especie de depósito de castigados, donde estuvo dos años.

Su siguiente destino fue el norte de Santa Fe, Villa Ocampo, en el Batallón de Ingenieros de Construcciones 121. Ahí estuvo casi un año, luego fue a Buenos Aires para un curso, se casó, tuvo un hijo y fue miembro de la Expedición Antártica que invernó en la Base Belgrano, la más austral, entre 1967 y 1968, tal como era su anhelo. Cuando volvió lo mandaron al Batallón de Ingenieros Topográficos 601, luego es destinado a Bariloche a la Compañía de Ingenieros de Montaña 8 y nuevamente a la ciudad capital, a la Compañía de Policía Militar 101, a cargo de una sección de seguridad a la que debía entrenar en toda forma de combate urbano. En ese año, el 17 de noviembre de 1972 Perón regresó al país, y ese hecho cambió definitivamente su vida: cuando se encontraba al frente de una compañía de la Policía Militar y recibió la orden de ‘disolver a un grupo’ de personas, que bajo un vendaval quería acercarse a Ezeiza, donde el Gral. Juan D. Perón se disponía a aterrizar después de 18 años de exilio “D’Andrea se quitó el casco y avanzó a parlamentar con los manifestantes. Le salió al paso una anciana de ojos azules que le preguntó ‘¿Qué, nos van a matar?’. La anciana le recordó a su amada abuela. D’Andrea sonrió, la estrechó en un abrazo y la tranquilizó” y les explicó la manera de continuar sin ser molestados. Ya nada volvió a ser igual.

Al acercarse las elecciones del ’73 la jerarquía militar prevé no entregar el gobierno en caso de que gane el peronismo. A partir de reuniones y conversaciones, organiza a Neuquén, su nuevo destino, como ‘ciudad liberada’ apoyándose en su compañía, el Batallón de Ingenieros de Construcciones 181. Contaban además con 400 casas civiles con teléfono y auto.
Hasta había planeado armar civiles.

Este díscolo oficial fue retirado del ejército en 1976, pero paradójicamente, no por razones políticas sino por negarse a declarar en un Sumario en el que debía hablar de la vida privada (la vida sexual) de mujeres y hombres acusados. Fue sometido a un Tribunal de Honor, al que acusó de inmiscuirse en la vida de los demás en contra de lo que su fundador, el General San Martín, sostenía sobre lo que podía hablarse y lo que no debía hablarse. Pero, a esta altura, confiesa el vasco, que “hacía unos años que estaba harto del Ejército. Tanto, que se negó a entrar en la Escuela de Guerra, destino imprescindible para avanzar en la carrera”.

Días después se produjo el golpe y fue convocado a participar de un ‘grupo de tareas’, pero se negó de manera violenta, amenazando de muerte al portador de la propuesta. “Y nadie me molestó nunca más”, porque las “órdenes indignas se cumplen compulsivamente cuando uno está mal formado o es un indigno. Un militar que un día juró defender la Patria hasta perder la vida, y, ante el susto de perder la propia, se dedica a hacer perder las de sus compatriotas, es un traidor”. (Dos años más tarde, al aumentar la escala bélica con Chile, fue convocado al servicio activo).

Alejado de las FF.AA. radicado en el sur, se dedica al periodismo. Hacia 1983 publica artículos en el diario Río Negro en los que criticaba duramente el accionar represivo. Cuando los militares sacaron su ley de autoamnistía escribió en contra de ella, y le hicieron otro Tribunal de Honor que lo sancionó con una descalificación por “falta gravísima al honor”, por haber sido desleal para con la Fuerza, y nuevamente fue arrestado. Publicó su apelación en El Periodista de Buenos Aires, dónde “no hacía ningún descargo sino más cargos”. Dos años más tarde en un Consejo de Guerra era destituido. Para que la humillación sea completa, se le envió a D’Andrea Mohr la Junta Superior de Reconocimiento Médico del Ejército para que evaluara su salud mental. Seis meses después, se entera que se había dictaminado que era “un psicópata, paranoico, inútil para todo servicio militar, y en un setenta por ciento para actividades civiles, con tendencia a desmejorar con los años”. D’Andrea fue expulsado formalmente del Ejército en 1987 por un Consejo Militar que lo tildó de ‘maniático querulante’, calificativo que, viniendo de quienes venía, lo llenaba de orgullo.

‘El Vasco’ se había vinculado al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y se había recibido de locutor y periodista, publicando notas en el efímero diario Sur, en cuyos artículos ridiculizaba a los militares represores tachándolos de enfermos de ‘intrapilosis’, mal castrense derivado del prolongado uso de los cascos que hacía que el pelo les creciese por dentro del cerebro. Luego de vencer la desconfianza y el maltrato de muchos progresistas logró escribir en Humor, en La Razón, Página 12 y en La Maga a los que convirtió en trincheras desde donde combatió a los señores de la muerte, al tiempo que el juez español Baltazar Garzón, comenzaba a enjuiciarlos.

Llegada así la oportunidad, pone a disposición del mismo todo el material documental recopilado que culminaría poco tiempo más tarde en lo que fue Memoria Debida (De vida), un libro que “reúne la historia de la violencia política moderna en la Argentina; la ideología devenida del extranjero, como la ‘Escuela de las Américas’; la propia ideología introducida a través de la Vicaría Castrense; y los desaparecidos”. En suma en él “está desarrollado todo lo que podemos saber hoy del terrorismo de Estado”. Incluso en 1998 se presenta ante dicho juez a prestar declaración. Otro texto muy importante de su puño y letra, es El Escuadrón Perdido, en el cual denuncia la desaparición de 129 conscriptos y en donde sentenciaba, en referencia a los decretos de aniquilamiento del accionar subversivo que “los decretos no imponían un golpe de estado. El aniquilamiento consiste en impedir que el oponente quede en condiciones de continuar la lucha. Durante el combate puede haber muerte o heridos, pero continuar la agresión contra prisioneros se llama exterminio, y esa palabra no figura en manual alguno”. Ambas investigaciones fueron de gran utilidad para conocer el mecanismo de desaparición de militantes, sus responsables, etc., y sirvieron de pruebas y apoyo documental para radicar denuncias penales contra los genocidas, incluso en una de ellas, que lleva su firma, se denuncia a Henry Kissinger por su participación en las matanzas en América Latina. Colaboró también con las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de nietos apropiados por los captores.

La crítica de D’Andrea Mohr a las Fuerzas Armadas fue tan fuerte, en los últimos tiempos, que en un reportaje reproducido el 24 de marzo de 2006, ante la pregunta de qué haría si fuera designado para organizar un ejército ejemplar, contestó: “Lo disolvería. No creo ni en las guerras ni en los ejércitos”. También manifestó que la mejor explicación a la represión de la dictadura la había dado Guillermo Walter Klein, mano derecha de Martínez de Hoz, cuando dijo: “El plan económico implementado durante el proceso sólo es posible llevar adelante en un gobierno de facto”.

Expulsado de su paraje patagónico por apoyar una huelga, se incorpora junto con el capitán Federico Mittelbach, el tte. cnel. Jorge Mittelbach, el ex cnel. Juan Jaime Cesio también expulsado del Círculo Militar y descalificado por falta gravísima al honor, el cnel. José Luis García y el cnel. Horacio Ballester, actual presidente, entre otros, al CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia Argentina), institución militar que optó “estar con los desaparecidos contra los métodos nazis de nuestros militares”.

Este bravo militar, que retó a duelo a Cristino Nicolaides y se jactaba de que no había sido perseguido por los militares genocidas sino de haber sido él quien los persiguió a ellos, en una ponencia dictada en la ciudad de Sevilla llegó a afirmar que ‘por carencia de objeto social’ las FF.AA. deberían disolverse en todo el cono sur de América.

Poco tiempo después encontraría en el cáncer un nuevo enemigo. Si bien había sido expulsado del Ejército conservaba su obra social y ante la falta de recursos para atenderse en otro sitio, D’Andrea Mohr se atendió en el Hospital Militar, donde murió el jueves 22 de febrero de 2001 a causa de una septicemia. Previamente, aunque sin que él lo pidiera el general Ricardo Brinzoni, a partir de gestiones que había iniciado el general Martín Balza, le restituyó su grado de capitán.

En el último mail que envía, el día anterior a su ingreso en el hospital militar, se despedía como legando un mandato: “Besos y sigan adelante aunque el horizonte huya. José Luis”. (Fernando Arcardini y Javier Azzali, Los Malditos, Tomo III, página 80, Editorial Madres de Plaza de Mayo)

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PETTINATO, ROBERTO (1908 - 1993)

 

Nació en Buenos Aires un 3 de setiembre de 1908. Desde muy joven fue un apasionado al deporte, más precisamente a la lucha. En la década de 1930 se lo conoció como el famoso máscara negra, quien en un histórico combate protagonizado con máscara roja fue derrotado y delante del público debió sacarse la máscara. Ingresó al servicio penitenciario a partir de 1933. Posteriormente en el año 1939 es designado en la dirección General de Institutos como jefe de seguridad interna del penal de Ushuaia.

Tiempo después, ya en Buenos Aires, ocupará la Subdirección de la Penitenciaría Nacional. Durante el gobierno del General Juan Domingo Perón, Roberto Pettinato accede, a comienzos de 1947, al cargo de Director General de Institutos Penales. Es dable aclarar que con la presencia de Roberto Pettinato como jefe máximo, se produce un punto de inflexión en la vida del servicio penitenciario nacional. Esto se debió a su concepción humanista, además sostenía que las cárceles tenían que ser adecuadas para la reeducación del preso. Con respecto a la gestión de Pettinato al frente de la Dirección General de Institutos Penales, el mismo realizó los siguientes cambios revolucionarios: Cerró el penal de Ushuaia (Luego, en 1955, reabierto para poner presos a los peronistas) Retiró el uso del traje a rayas de los reclusos y comenzaron a ser llamados por sus apellidos. Anteriormente se los individualizaba con un número. Suprimió los grillos. Inauguró el régimen atenuado de disciplina. Creó el Cuerpo Penitenciario de la Nación. Propició la ley 13018 de retiros y pensión para los agentes del servicio penitenciario. Impulsó la creación de la Escuela Penitenciaria de la Nación destina a la formación de cuadros superiores de la institución. En la excelente gestión, al frente del servicio, fue asesor técnico del Ministerio de Justicia en materia carcelaria. Más tarde concurre como delegado oficial al X Congreso Penal de la Haya. Participó en el Segundo Congreso de Criminología de París, fue invitado al Primer Congreso Internacional de Cárceles y Capellanes. Entre otras funciones fue asesor de Naciones Unidas en su Departamento de Cuestiones Sociales para la Prevención del Delito. Posteriormente fue presidente del Grupo Latinoamericano de Formación, Reeducación y Tratamiento de los Delincuentes.

En su vasta trayectoria publicó diversos libros en materia penal: Acción penitenciaria argentina. Régimen de visitas para reclusos casados Nuevos horizontes del régimen penitenciario argentino Bases para el servicio penitenciario nacional. Roberto Pettinato fue director del servicio hasta el golpe de la “revolución fusiladora” en 1955. El 17 de noviembre de 1972 integró la comitiva que trajo de regreso a la Argentina a Perón, después de 17 años de proscripción. Falleció el 11 de agosto de 1993 y por Decreto Nº 1633 del 22/12/05 del Presidente de la Nación, se dispuso la denominación de Roberto Pettinato a la Academia Superior de Estudios Penitenciarios. El juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Dr. Eugenio Zaffaroni, le ha dedicado a Pettinato su obra “Derecho Penal, parte general”.

MARCO ROSELLI – LOS MALDITOS – VOLUMEN IV – PÁGINA 108 Ediciones Madres de Plaza de Mayo

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DANTE VIEL (1923 – Aproximadamente 2000)

 

Nacido en Rosario, el 24 de diciembre de 1923, trabajó desde muy joven, en distintas actividades. En todas ellas se reveló como delegado, ocupando diversos cargos, siempre manifestando una abnegada consagración a la defensa de sus compañeros. Participó, después de 1955, en la Resistencia Peronista, sufriendo persecuciones del gobierno militar. Fue Secretario General del Personal Civil de la Nación (Seccional Santa Fe, zona sur), luego fue presidente del Consejo Directivo Superior de UPCN (Unión del Personal Civil de la Nación) y llegó a integrar el consejo directivo de la CGT; fue asimismo dirigente de la CGT Auténtica y también Miembro del consejo superior Peronista. En el libro “El peronismo vive” se mencionan todos estos cargos y responsabilidades que asumió Viel. Su lucha se expresó también en la actividad conspirativa participando en Rosario en el movimiento insurreccional liderado por el Gral. Iñiguez que fue sofocado por el gobierno. Fue uno de los sindicalistas tradicionales que acompañó el movimiento de la Juventud Peronista, desde fines de los sesenta y primeros años de los setenta. El 14 de marzo de 1973 dio un discurso en la cancha de Atlanta donde se manifestó a favor de la Juventud Peronista. Allí sostuvo: “Si a veces nos permitimos disentir (con Perón) no es para enfrentar a Perón que, por otra parte, tiene sobradas pruebas de nuestra conducta revolucionaria, sino que somos conscientes de que en el orden interno se han utilizado procedimientos incorrectos, arbitrarios, carentes de lealtad y sinceridad, lo que ha posibilitado el acceso a los organismos de conducción nacional de aquellos que nunca practicaron la lealtad y se burlaron de la disciplina. Lealtad no es obsecuencia… Por eso reclamamos la reorganización de todas las estructuras del movimiento asegurando el acceso a la conducción a los compañeros más capaces, leales y representativos”. En la misma línea política –al producirse el desencuentro entre Perón y la Juventud Peronista, el 1º de mayo de 1974- Viel firmó conjuntamente con Andrés Framini, Sebastián Borro, Armando Cabo y Arnaldo Lisazo- un documento dirigido a Perón en el cual manifestaban su desacuerdo con el rumbo que tomaba el gobierno y adherían a los reclamos de los jóvenes peronistas. Tiempo después, Dante Viel se fue replegando de la actividad política y aquejado de una grave enfermedad se recluyó en Rosario, donde falleció alrededor del año 2000. Fue, sin duda, uno de los importantes de los gremialistas combativos del peronismo y por eso mismo, olvidado por aquellos “que tienen demasiada memoria”.

NORBERTO GALASSO – ESTEBAN LANGHI – LOS MALDITOS – VOLUMEN III – PÁGINA 117 – Ediciones Madres de Plaza de Mayo - 2005

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