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VALLESE

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LÓPEZ

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LEPRATTI

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DI PASCUALE

dipascuale

GIL

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MORENO

marianomoreno

OESTERHELD

GÜEMES

martinmigueldeguemes

URONDO

PEÑALOZA

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GUAYAMA

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TROXLER

juliotroxler

CAFRUNE

VILLAFLOR

azucenavillaflor

CAMARGO

vicentecamargo

CONTI

AREDEZ

luisaredes

RODRIGUEZ

manuelrodriguez

SANTORO

 
ASESINADOS ENTRE 1810 Y 1861

MENDEZ

eustaquiomendez

MOLDES

josemoldes

LANZA

josemiguellanza

POLÍTICXS ASESINADXS EN EL SIGLO XX

RAGONE

miguelragone

VILLAFLOR

raimundovillaflor

WALSH

ARTISTAS ASESINADOS
DEFENSORES DE DERECHOS GREMIALES Y SOCIALES ASESINADOS

CHAVES

manuelchavez

NETRI

francisconetri

MATE COSIDO

matecosido

SACERDOTES ASESINADOS

SILVA

MUGICA

 

FELIPE VALLESE - (1940 - 1962)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 14 de abril de 1940. Su padre es un inmigrante italiano que ha llegado a la Argentina en 1925.

Desde 1958, se desempeña como obrero metalúrgico en la fábrica TEA SRL. Por su espíritu solidario y su responsabilidad, en 1962, es elegido delegado por sus compañeros. Pero su mayor dedicación reside en la política: “Integra la mesa de la Juventud Peronista y es un activo militante”. Está casado y es padre de una criatura de dos años: Eduardo Felipe.

En un confuso episodio –el 7 de julio de 1962- mueren dos policías en un tiroteo con desconocidos, pero le imputan la responsabilidad a Alberto “Pocho” Rearte, amigo y compañero de militancia de Vallese. A partir de ese momento, la policía está decidida a “vengar” a su agente y buscan a Rearte e inclusive a Vallese, por conocerse su militancia en común.

Persiguiendo ese objetivo, realizan un operativo, el 23 de agosto de 1962, por la noche. Felipe sale de su domicilio –Morelos 628- y al poco trecho, es atacado por varios policías. Se resiste y da una dura pelea, abrazándose a un árbol, frente al número 1776 de la calle Canalejas, pero finalmente lo reducen y lo secuestran. La misma policía procede luego a la detención de cinco personas, familiares y amigos suyos.

En los días siguientes, se reclama la libertad de los detenidos, a través de un habeas corpus y diversas gestiones realizadas desde la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). A la semana, se informa que varias personas habían sido detenidas “en la localidad de José Ingenieros, por difundir propaganda peronista” y que ahora son puestas en libertad, pero no así el joven Vallese, respecto al cual la policía niega que haya sido detenido y afirma que desconoce su paradero.

Con posterioridad, logra reconstruirse parcialmente lo sucedido estimándose que después del secuestro fue llevado a la comisaría 1º, de la localidad de San Martín y luego a la seccional de Villa Lynch, donde es torturado hasta que pierde la vida. La información de su presencia en esas comisarías proviene de testimonios de otros presos con los cuales logra comunicarse, pero luego ya no se obtiene ninguna noticia sobre su destino. Nunca más se conocerán noticias sobre él. Es el primer detenido-desaparecido. El mayor silencio cae sobre lo ocurrido, inclusive de gran parte de la burocracia gremial conciliadora a la cual no le interesa rescatar a un militante de los sectores juveniles del peronismo. (N. Galasso, Los Malditos, vol. I, pág. 125, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MIGUEL ANGEL BUSTOS - (1932 – desaparecido en 1976)
OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Miguel Ángel Bustos, poeta, periodista y artista plástico, nació en Buenos Aires el 31 de agosto de 1932. Su abuelo materno lo acercó a los libros, relación que luego Miguel Ángel plasmó en el poema “Los patios del tigre”, perteneciente al libro Fragmentos fantásticos.
Entre 1952 y 1956 desarrolló su pasión por los idiomas: inglés, francés, alemán, portugués e italiano. Durante esos años también estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, llegando a cursar hasta tercer año.

Si bien colaboró como crítico literario en diversas publicaciones, Miguel Ángel Bustos fue esencialmente un poeta, uno de los mejores de su generación; así lo definieron otros poetas ya consagrados como Juan Gelman, Vicente Zito Lema, Julio Cortázar y Francisco Urondo, así como también sus maestros: Leopoldo Marechal y Aldo Pellegrini.

En 1957, Bustos publicó Cuatro Murales (Ediciones del autor, Buenos Aires) y en 1959 Corazón de piel afuera (Ed. Nueva Expresión, Buenos Aires) con prólogo de Juan Gelman.

Entre 1960 y 1963 Bustos inició un largo viaje por el norte de la Argentina, Brasil, Bolivia y Perú, en una búsqueda de la identidad continental que se refleja en sus poemas y dibujos vinculados al surrealismo y la literatura fantástica. A su regreso, contrajo matrimonio. Posteriormente permaneció un tiempo internado en el neurosiquiátrico Borda, donde conoció a Jacobo Fijman.

En 1965 publicó Fragmentos fantásticos (E. Colombo, Buenos Aires).
A partir de 1966 el dibujo comenzó a ocupar un espacio tan absoluto como el de su poesía: cuatro de sus cinco libros están ilustrados por él, además de haber expuesto sus obras.

Por esa época conoció a Leopoldo Marechal, su “maestro”, como Bustos mismo lo definió. Y es Marechal quien en 1967 prologó proféticamente Visión de los Hijos del Mal, publicado por la Editorial Sudamericana. Ese mismo año, Bustos conoció a la artista plástica y diseñadora Iris Alba, quien sería su definitiva mujer y par espiritual.

En 1968, su libro de poesía Visión de los Hijos del Mal mereció el Segundo Premio Municipal de Buenos Aires.

En 1970 publicó El Himalaya o La Moral de los Pájaros a partir de una Beca del Fondo Nacional de las Artes. Ese mismo año realizó una importante exposición de dibujos y pinturas con un catálogo escrito por Aldo Pellegrini.

A partir de 1970 se dedicó al periodismo como crítico literario, escribiendo para las revistas Siete Días y Panorama y en los diarios La Opinión y El Cronista Comercial.

Miguel Ángel Bustos, como muchos intelectuales de esa época, consideró que había que cambiar la realidad. Y es a partir de 1971 que profundiza su mirada política, incrementando su compromiso entre lo que pensaba y escribía: “Yo creo que la poesía es de origen divino. Eso lo creo absolutamente. Desde el momento en que tiene un origen secreto y un origen oculto. Ahora, pese a que creo que tiene un origen oculto, secreto y divino, personal en cada poeta, eso no me quita, en mi caso, una militancia. Naturalmente que no escribo desde el origen divino, sino que escribo de mi mano. Con mi lapicera. Por lo tanto, yo adopto una posición política que es bien clara. Creo que es imposible escapar a esa militancia política desde el momento que no se puede escapar de nada. Es mejor conceder que la militancia política nos tome que tratar de huir de ella. Es irremediable” (Diario Clarín, Suplemente Literario, jueves 4/11/71, página 5).

En 1972 nació su único hijo: Emiliano. Ese mismo año, acaso dulcemente empujado por la poesía de Mihaíl Eminescu, Bustos estudió rumano.

En 1973 se incorporó como ayudante de la cátedra de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras, conducida por Vicente Zito Lema.
En 1976 son pocas las notas que publicó, y lo hizo con seudónimo.
El domingo 30 de mayo del ’76 por la noche, al llegar a su casa luego de pasear con su hijo que acababa de cumplir cuatro años, cinco individuos que se presentaron como miembros de la policía se llevaron a Bustos luego de destrozar completamente su vivienda.

Desde esa fecha, Miguel Ángel Bustos es uno de los treinta mil desaparecidos argentinos… (M. C. ARDANAZ Y E. ZABALA – LOS MALDITOS – VOLUMEN III – PÁGINA 167, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

(Agregado por Pensamiento Discepoleano: los restos de Bustos fueron hallados e identificados en una fosa del cementerio de Avellaneda en marzo de 2014,  años más tarde de que se publicara el libro Los Malditos, el estudio posterior revela que había sido asesinado con dos tiros en la cabeza)

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RAMÓN LISTA - (1856 - 1897)
UN “MALDITO” ASESINADO Y EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Geógrafo, explorador.
Realizó importantes investigaciones en La Patagonia, entre 1878 y 1885, por encargo de la Sociedad Científica Argentina y del gobierno del Gral. Roca.

Su tarea se caracterizó por el trato cordial que mantuvo con las comunidades de los pueblos originarios, en especial, los tehuelches.

Fue gobernador de Santa Cruz entre 1887 y 1892. También organizó la sociedad Geográfica Argentina, de la cual fue presidente entre 1883 y 1885.

Transcurrió la mayor parte de su vida explorando diversas regiones del sur, experiencias que volcó en 41 trabajos, entre los cuales pueden recordarse: “Viaje al país de los Tehuelches”, “Exploraciones en la Patagonia austral”, “Exploración de la pampa y la Patagonia”, “Viaje a los Andes australes”, “Vocabulario Tehuelche”, “Viaje al país de los onas”, “Tierra del fuego”, “Los tehuelches, una raza que desaparece”, “Un invierno en Nahuel Huapí” y “Plantas patagónicas”.

Se desempeñó asimismo como funcionario en el Ministerio de Guerra y Marina donde realizó la compilación científica de publicaciones, documentos y planos de los territorios del sur.

Pero Lista se diferencia notablemente de otros investigadores que recorrieron esas zonas en tanto manifiesta un alto respeto por los pueblos originarios. En uno de sus libros sostiene:
“Es verdaderamente inconcebible lo que sucede, diríase que pesa sobre ellos una maldición divina. Son los dueños originarios de la tierra en que habitan y esa tierra no les pertenece, ni siquiera poseen una parcela donde puedan descansar al término de la jornada. Han nacido libres y son esclavos, eran ayer robustos y de cuerpo agigantado, hoy la tisis les mata y su estatura se amengua. Todo les es contrario, el vacío les rodea, van a desaparecer. ¿Y qué hacen los gobiernos? Nada. Los ven morir con la misma impasibilidad con que el César veía morir a sus gladiadores del circo”.

La escritora María Rosa Lojo, en su libro “Historias ocultas de la Recoleta”, sostiene que “a fines de 1891, Lista “ha sufrido un proceso de conversión, identificándose con ese otro excluido de la vida argentina, el indio. No juega a ir y venir de la frontera que separa a indios y blancos, como Lucio Mansilla. Se queda del otro lado y hay que sacarlo… En una época en que abundaban los hijos bastardos y la doble moral matrimonial, Lista fue valiente al dar su nombre a una hija india. Pero no supo oír a su esposa de Buenos Aires: Agustina se encerró hasta morir en su casa. Lista, en cambio, buscó el espacio abierto de la Patagonia”.

Poco después, renunció a su misión y volvió a Buenos Aires. Pero su inveterado afán de investigación lo llevó tiempo después al norte argentino a recorrer la zona del río Pilcomayo, con la intención de demostrar su navegabilidad. Pero allí muere asesinado, en un episodio no del todo esclarecido, aunque la versión que se difunde es que lo ultimaron los dos baqueanos que había contratado para el viaje. Su cadáver fue rescatado luego, en Orán, Salta, y enterrado en la Recoleta el 24 de febrero de 1898, en el panteón de los Andrade, familia amiga suya.

Las obras de este singular explorador han sido rescatadas por sus familiares para testimonio de un hombre blanco que supo investigar la Patagonia con espíritu igualitario hacia las comunidades indias. (N. GALASSO, LOS MALDITOS, VOL. III, PÁG, 443, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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LORENZO BARCALA - (1795 - 1835)
OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació en Mendoza el 23 de diciembre de 1795. Sus padres eran esclavos, tomó el apellido del escribano Cristóbal Barcala.

Ingresó al Regimiento de Pardos en la provincia de Mendoza y debido a su destacada labor militar alcanzó el grado de Sargento Mayor en 1824. En ese mismo año participó de una asonada militar contra el gobernador de Mendoza, Gutiérrez. Se trasladó a San Juan para reponer en el mando del gobierno a Del Carril.

Luego de su decidida participación en las guerras civiles de la región cuyana, es reclutado para integrar el contingente del ejército que luchó contra el imperio brasileño en 1826. Como consecuencia de esta intervención es tomado prisionero y canjeado por el enemigo, siendo ascendido a Teniente Coronel. De regreso combatió a las órdenes del General Paz en Córdoba.

Más tarde se batió a las órdenes de Lamadrid en la Batalla de la Ciudadela. Como resultado de esa acción fue tomado cautivo por Facundo Quiroga, quien le perdona la vida. A partir de ese momento se transforma en la mano derecha y gran colaborador del Tigre de los Llanos. Debido a la distinguida labor militar, Barcala participó en 1833 de la expedición al desierto.

En 1835 integró una conspiración militar que se proponía como objetivo fundamental el derrocamiento del gobernador Félix Aldao, pero delatado por un colaborador fue prendido y fusilado en la plaza central de Mendoza el 1º de agosto de 1835. Al momento del deceso revistaba en el ejército con el grado de Coronel. (Marco Roselli – Los Malditos – vol. iv – pág. 253, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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CARLOS PONCE DE LEÓN - (1914-1977)

Nació en la localidad de Navarro, provincia de Buenos Aires, el 17 de marzo de 1914. Desde niño conoció la pobreza como hijo de un taxista en su lugar de nacimiento.
A los 24 años se ordenó sacerdote y en poco tiempo comenzó su tarea en una iglesia de barrio. “Pastor de vecindades: conocía el pelaje de sus ovejas; sus problemas, sus necesidades, sus carencias, sus inquietudes”, señalaba siempre el cura José Karaman de la localidad de Salto.

El 15 de junio de 1962 el Papa Juan XXIII lo nombró Obispo Auxiliar de Salta, cuando se encontraba como párroco de la Basílica de Santa Rosa en la Capital Federal.

En Salta es designado Vicario General Inspector de Parroquias, Asesor de la Junta Coordinadora de Cáritas entre varias funciones que alternó con otras particulares como Asesor del Sindicato de Personal Doméstico y asistencia a los barrios de emergencia. Esta actividad le significó el reconocimiento en las villas de General Belgrano, María Esther, Alto del Molino, El Milagro, San Antonio, 20 de Junio, General Lavalle y San José.

Durante su tiempo en Salta también fundó el Hogar de Tránsito para Ancianos y el Hogar de Puertas Abiertas de la Casita de Belén, la Escuela Academia 20 de Junio, la Biblioteca y el Dispensario del Alto del Molino.

Al fallecimiento de Monseñor Tavella fue nombrado Vicario Capitular el 28 de mayo de 1963 hasta la toma de posición del nuevo obispo quien lo confirmó en los cargos que antes le había confiado Tavella.

El 28 de abril de 1966 fue nombrado obispo de San Nicolás conduciendo la diócesis desde ese año hasta su muerte en 1977.

La investigadora Etel Capdevila, cuenta que al realizar una entrevista al cura Karaman le describe así a Ponce de León: "Varios curas jóvenes lo fuimos a visitar cuando lo nombraron obispo de San Nicolás. Llegamos a la parroquia donde se hospedaba. Después de breve espera, apareció. En el descanso de la escalera vimos a un hombre más bien robusto, tirando a petisón, en mangas de camisa y en chancletas. Bajó los escalones a los saltos y, cuando nosotros extendíamos la mano para besar su anillo pastoral, no nos dio tiempo. Nos estrechó uno a uno en un fuerte abrazo. Quedamos mudos. ¡A la mierda con el protocolo con todas sus excelencias!”

En San Nicolás creó la escuela diocesana de Servicio Social y envió sacerdotes a las villas de emergencia, lo que le valió para que se lo conozca como “el obispo rojo”, tanto por los militares, las patronales de la zona además de la alta sociedad sannicoleña.

El odio hacia él, de parte de esos sectores, aumentó una vez que se produjo el golpe de estado en 1976 y el obispo comenzó a recibir a familiares de víctimas de la represión.
En ese entonces el Jefe del área 132 y del Batallón de Ingenieros de Combate 101 era el Teniente Coronel Manuel Fernando Saint Amant, quien calificó a Ponce de León como ‘enemigo acérrimo de Monseñor Bonamín’ y dijo que dirigía al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que a su vez, había copado la Diócesis.

En su primer informe que el militar envió al Jefe del Primer Cuerpo del Ejército, General Guillermo Suárez Mason, significó una virtual condena a muerte para el obispo. “… los cuadros más importantes de Montoneros y el ERP salieron de la Iglesia”, dice en ese informe, y agrega que el obispo y sus sacerdotes son “lobos vestidos de ovejas”. Con respecto a Ponce de León dice que: "hace falta lucidez intelectual y cierto coraje para entender que un obispo es traidor a la Iglesia, y para obrar sin el respeto que la doctrina enseña para con el sacerdote cuando éste está destruyendo su Patria y su fe. No sería posible tener éxito en la lucha contra la subversión si no se erradican los males expresados".

“Poco antes de la Semana Santa de 1976, Ponce de León visitó a Saint Amant para reclamar la libertad de ocho sacerdotes de distintas parroquias que habían sido detenidos y estaban alojados en los cuarteles de San Nicolás.

- Yo me quedo detenido también hasta que los liberen –dijo el obispo.
- Usted ya está detenido, lo tenemos bien controlado y tiene que venir a informar de cada cosa que haga –respondió el militar.
- Si tengo ocho parroquias sin sacerdotes, voy a suspender la celebración de Semana Santa –le comunicó Ponce de León.

Saint Amant liberó a los ocho sacerdotes frente al Obispado y sin ninguna explicación. Ponce de León nunca cumplió con la intimación de presentarse al cuartel”. (Horacio Verbitsky en nota de Página 12 del 02/04/06).

Víctor Martínez, acompañante y sobreviviente del “accidente” dijo que el obispo había anunciado su propia muerte cuando se enteró de lo sucedido con Angelelli afirmando: “Yo voy a ser el próximo”. El joven Martínez, cumplía en esa época conscripción en la Prefectura, declaró que fue arrestado, interrogado y torturado por orden del Teniente Coronel Saint Aman, que le preguntaba a cuántos “extremistas” había refugiado “el obispo rojo”.

Accidente y muerte en la ruta es la información oficial.

"Accidente" que ocurre el 11 de julio cuando Ponce de León desde San Nicolás se dirigía a la Capital Federal. En la rotonda de Ramallo, una camioneta Ford F100 que viajaba en sentido contrario, hizo una maniobra para esquivar un ómnibus estacionado. La camioneta dicen que hizo un trompo por la lluvia que caía en esos momentos y se pasó a la vía por donde venía el auto del obispo chocándolo frontalmente. La información oficial dice que Ponce de León falleció de una hemorragia cerebral sin fracturas de huesos.

Declaraciones de Martínez –efectuadas en 1977 ante la Justicia ordinaria, en 1984 ante la Conadep y en 2006 ante la Justicia Federal- sostuvo que una vez ocurrido el accidente habría oído la voz de Saint Amant impartiendo la orden de rematar de un culatazo a Ponce de León.

La revista Zoom del 14 de octubre de 2006 dice:
“La subsecretaria de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, Sara Derotier de Cobacho, querellante en la causa, declaró a la prensa que Martínez contó que cuando viajaba por la ruta el auto volcó repentinamente y pudo ver como ‘un grupo de militares golpeaba con las culatas de sus fusiles al obispo, antes de oír la voz de Saint Amant dar la orden para que lo remataran’. Incluso, dijo que Martínez señaló que ‘Ponce de León recibía de manera habitual a los familiares de jóvenes desaparecidos y le remitía esa información al Nuncio apostólico Pío Laghi, quien a su vez se la entregaba a Eduardo Emilio Massera’.

Según el organismo, existen testimonios que aseguran que Ponce de León, tenía importante información sobre el asesinato de los curas palotinos, ocurrida un año antes, que planeaba presentar en la Nunciatura el mismo día de su muerte”.

El testimonio de Martínez es coincidente al afirmar que en el auto, el obispo llevaba una serie de carpetas con información sobre obreros de Somisa y Acindar desaparecidos.

El canciller de la diócesis, monseñor Roberto Mancuso, no reclamó la documentación que llevaba el obispo e involucraba al comandante del Primer Cuerpo, general Suárez Mason, al coronel Camblor del regimiento de Junín y al teniente coronel Saint Aman.

Inevitablemente no se puede dejar de pensar que su muerte en ese “accidente” es demasiado semejante a la de Angelelli ocurrida en agosto de 1976. También se debe sumar otra semejanza, la del obispo de Santiago del Estero, Monseñor Gerardo Sueldo, igual que las anteriores, en una ruta, sin demasiados golpes pero sí un golpe fatal en la cabeza, ocurrida varios años después en septiembre de 1998. O el otro accidente por suerte sin ocasionarle la muerte al obispo de Santa Fe Monseñor Zaspe cuando un camión lo atropelló de atrás.

Angelelli, Ponce de León y finalmente Gerardo Sueldo. Tres obispos, tres hombres defensores de los sectores más desprotegidos de la sociedad y reconocidos como sus referentes por estos sectores. Los tres murieron de un modo muy semejante en accidentes automovilísticos, hasta ahora sólo en el caso de Angelelli la justicia ha dictaminado que se trató de un crimen.

Ni el Vaticano ni la jerarquía católica suelen evocar al fallecido obispo de San Nicolás, mucho menos pedir la investigación a pesar de que su muerte se parece demasiado a la del obispo riojano Enrique Angelelli.

Tampoco les interesa recordar a las buenas damas de la sociedad de San Nicolás, que concurren fielmente a las misas de los domingos, a exculpar sus pecados.

Pero el pueblo no se olvida. Los pueblos sí recuerdan a quienes los representaron. Por eso en el 2007 se lo homenajeó al cumplirse treinta años de su muerte. Cerró el homenaje una de las bandas fundadoras del rock nacional, Vox Dei, interpretando todas las canciones de “La Biblia”.

La elección de la banda se debió a que en las misas que se celebraban cuando Ponce de León era el Obispo de San Nicolás, se cantaban las canciones de “La Biblia”, especialmente “Libros Sapienciales”, “Profecías” y “Cristo Nacimiento”.

El “Obispo Rojo”, Monseñor Carlos Ponce de León, por mucho que deseen borrarlo de la memoria quienes no sufren necesidades, no será olvidado. (J.R.Orosco para Pensamiento Discepoleano)

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ROGELIO LAMAZÓN - (aproximadamente 1900 - 1940)
OTRO "MALDITO" ASESINADO Y EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

La vida de este luchador sindical y político se inserta en la trágica historia de la empresa “La Forestal”, en el norte argentino, que durante varios años cometió toda clase de excesos contra los trabajadores, desde el pago con vales hasta la represión de la policía de la empresa encargada de someter a los trabajadores rebeldes.

Entre éstos últimos, sobresale Rogelio Lamazón, de filiación radical irigoyenista, quien se constituye en el enemigo número uno de la Forestal.
Era un hombre de acción y gran coraje –como lo recrea la película “Quebracho”-. Según un matutino, en la década del 40, se convirtió en la voz de los explotados “reclamando mejores salarios y mejores condiciones de trabajo”. Probablemente haya sido el más combativo de los dirigentes radicales de esa época. Encarcelado por haber matado a un sargento, estudia abogacía en la prisión y cuando se reintegra a la actividad se constituye en el gran defensor de los derechos de los trabajadores de la Forestal.

La poderosa empresa intentó sobornarlo, pero él rechazó todas las propuestas y prefirió el camino de la lucha. No se lo perdonarían y el 3 de marzo de 1940, “cuando iba a reunirse con un grupo de hacheros, fue asesinado de un balazo en la cabeza por un gendarme a sueldo de la Forestal”.

Salvo la película mencionada, donde Lautaro Murúa interpreta a ese radical de duras posiciones, Lamazón ha pasado al olvido pues el radicalismo declinante no gusta recuperar a sus hombres más combativos metidos en la cuestión social y tampoco la dirigencia peronista ha manifestado interés en su reivindicación. Sin embargo, en la verdadera historia de Villa Guillermina, Rogelio Lamazón, a través de la historia oral queda como uno de los hombres que dio la vida por sus compañeros y contra las empresas extrajeras expoliadoras. (NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – VOLUMEN IV – PÁGINA 80, Ediciones Madres de Plaza de Mayo)

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JORGE “NONO” LIZASO - (1936-detenido desaparecido en 1976) Y LA HISTORIA DE UNA FAMILIA MASACRADA POR LA DICTADURA GENOCIDA
OTRO “MALDITO” EXCLUIDO POR LA HISTORIA OFICIAL

Nació el 6 de mayo de 1936 del matrimonio de Pedro Lizaso y de Amelia Cereseto. Tuvo un total de siete hermanos, tres de un primer matrimonio de Pedro: Zulema, Irma Leticia y Arnaldo Oscar. Cuatro del segundo matrimonio: Amelia (Nené), Néstor, Carlos Alberto, Jorge Héctor y Miguel Francisco.

“La sonrisa permanente y la picardía innata, eran sus características gestuales. Le pegaba al mate amargo y desfallecía por un asado jugoso. Y los domingos siempre a la cancha.... Trabajó desde muy joven en una pequeña fábrica familiar de pastas; también como camionero, colectivero, contratista en construcción (parquet) junto con Arnaldo y Miguel Lizaso. Hombre de la segunda Resistencia Peronista, organizada contra el gobierno entreguista de Frondizi. Para toda la militancia era “El Nono” Lizaso. Un tipazo de fierro, irreductible. Peronista y montonero.”
Cuenta Roberto Baschetti.

Hablar de Jorge es también decir que hoy, en Vicente López, hay una Casa de la Memoria y Resistencia que lleva su nombre, también es decir que hablamos de toda una familia de militantes populares diezmada por las distintas dictaduras que supimos conseguir. Es hablar de las etapas de la Resistencia Peronista a partir de 1955. En síntesis, hablar de él, es hablar de una historia de lucha por construir una Patria mejor.

CASA DE LA MEMORIA Y RESISTENCIA JORGE “NONO” LIZASO
“Los militantes eran todos muy jóvenes, al punto de que a Jorge Lizaso le dicen 'el Nono' porque era el referente de más edad; pero en el momento en que se abre la casa tenía menos de 40 años”, suele decir Mario Niemal, integrante actual de la organización que lleva adelante el funcionamiento de la Casa.

La casa se había inaugurado como Unidad Básica de militancia de la Juventud Peronista (JP) en 1972, en el marco del “Luche y Vuelve” y la campaña presidencial de Héctor Cámpora. Jorge “Nono” Lizaso, quedó al frente de esa Unidad Básica junto a su compañera María del Carmen Núñez.

Con el regreso de la democracia se reveló que la vieja Unidad Básica, estaba tapiada y era “botín de guerra” de un marino que buscaba lucrar con el valor del inmueble. Los pibes peronistas de la zona que tomaron la posta (y algunos con más años como la ex militante de Juventud Peronista y Montoneros Lita Artola) enfrentaron al represor y sus compinches y ocuparon el lugar. Luego de dos años y medio de marchas, escraches e innumerables actividades reivindicativas, lograron que el Senado de la Provincia de Buenos Aires expropiara el inmueble en cuestión, donde ahora funciona la “Casa de la Memoria y de la Resistencia Jorge Nono Lizaso” y que se entregara ahora, por ley, el lugar a ellos mismos.

En una placa de bronce en el interior puede leerse: “En esta casa se pensó, se luchó, se soñó con la Justicia Social. Fue declarada monumento histórico, definitivamente incorporada al patrimonio histórico cultural de la Provincia de Buenos Aires por el decreto 4317 del ’98-’99. 5 de agosto del ’99”.
“Detrás de la puerta, las paredes parecen congeladas en el tiempo. ‘Bienvenido General Perón’, proclama una lámina. ‘Evita. Vive en la memoria del pueblo’. Y entre pintadas con nombres de los primeros caídos de la larga pelea de los ’70, el blanco y negro del afiche con las multitudes de FAR y Montoneros convoca a Ezeiza ‘Junto a Perón’”, comenta Alejandra Dandan, en una nota titulada, “Un proyecto de vida de los años 70”, Página 12, 28 de enero de 2013.

UNA FAMILIA DIEZMADA EN LA LUCHA POR UNA PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA

No fue, Jorge, el único que pagó con la vida sus convicciones, la mayoría de los miembros de su familia fueron fusilados, asesinados y/o desparecidos:

  • LIZASO, Carlos Alberto.

El primer asesinado de la familia en un burdo intento de fusilamiento, en los basurales de José León Suárez, el 9 de junio de 1956.
“Más nítida, más apremiante, más trágica, aparece la imagen de Carlitos Lizaso. Tiene veintiún años este muchacho alto, delgado, pálido, de carácter retraído y casi tímido. Pertenece a una familia numerosa de Vicente López. En su casa la política ha sido siempre un tema dominante.” (Operación Masacre, Rodolfo Walsh)

  • LIZASO, Irma Leticia. “Titi”. “Titina”.

Hermana de Arnaldo, Carlitos, Jorge y Miguel. Tuvo una hija que también fue secuestrada y luego asesinada (Irma Susana Delgado). Ama de casa, compinche de sus hermanos y “madraza” de todos los compañeros peronistas de la barriada, pero no tenía militancia política directa. Secuestrada-desaparecida (a la edad de 59 años) el 25 de abril de 1976 en la misma localidad de Florida. Ella estaba buscando a su hija y a sus hermanos. Se la llevaron con su esposo Pedro Oscar Delgado, al que luego liberaron. Fue vista en la ESMA antes de su asesinato.

  • LIZASO, Miguel Francisco. “El Gordo”.

Hermano de Arnaldo, Carlitos, Irma y Jorge. Ya en 1957, con 19 años, fue preso en la “Marcha del Silencio” en homenaje a los muertos asesinados el año anterior y en repudio a la mal llamada “Revolución Libertadora”; rápidamente rebautizada por el pueblo “Revolución Fusiladora”. La causa de su detención fue que había escrito con tiza en una pared: “¡Viva Perón!”. El “Gordo” Miguel Lizaso con su hermano Jorge, organizaron la Juventud Peronista de Zona Norte de Provincia de Buenos Aires. Miguel, en 1974, fue director de la revista que defendía los puntos de vista de la Juventud Peronista y Montoneros: “El Peronista que lucha por la liberación”. La Triple A le voló la casa, pero pudo salvar a su mujer e hijo. A la edad de 38 años, Miguel Lizaso, cayó abatido en el intento de secuestro o ejecución a un ejecutivo norteamericano de la firma Sudamtex (en conflicto con su personal). Eso fue el 14 de septiembre de 1976. Su compañero en la “orga”, Yuyo Rubino, lo recuerda con admiración: “Era un cuadro político, un buen compañero, un jefe valiente y un modelo a seguir. Tras la desaparición del Negro Quieto me vino a buscar a una mueblería que podía caer en cualquier momento. Entró como una tromba en su Rastrojero, diciéndome que rajáramos de allí. Al irnos me iba explicando que le habían podido avisar a todos los compañeros menos a mí. Entonces decidió buscarme personalmente, arriesgando su vida”.
Adriana Moyano, esposa de Miguel, escribió en 2010, en un nuevo aniversario de su muerte, en Página 12; “Y en ese codo a codo que tuvimos, tu sangre, esa que derramaste por tu pueblo y por tu tierra, corrió también por mis venas transformada en el hijo que me diste. Por eso él y yo te llevamos en los latidos de nuestro corazón hasta que la muerte nos dé la mano. ¡Hasta la victoria siempre!”.     

  • NUÑEZ, María del Carmen.

La “China” María del Carmen Nuñez era la compañera de Jorge y cayó con él al resistir el secuestro de la patota naval. Fue vista con vida en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) antes de su asesinato. Militante de Juventud Peronista, delegada gremial y montonera, era el “alma mater” de la Unidad Básica, poseedora de una energía y decisión admirables para llevar adelante el trabajo militante cotidiano en el barrio; un verdadero “cuadro” como se decía en aquella época.

  • DELGADO LIZASO, Irma Susana, Puchi, Nuchi.

Hija de Irma Leticia Lizaso (Titi). Montonera. Delegada gremial en la comisión interna de los “Laboratorios Lazar”, integrante de la Juventud Trabajadora Peronista. Secuestrada-desaparecida el 14 de octubre de 1976 a la edad de 29 años en las cercanías de la estación San Andrés del ferrocarril Mitre, otras versiones aseguran que fue secuestrada en San Isidro. Estaba embarazada de 4 a 5 meses. Su marido era Miguel Garaycochea.

  • LIZASO, Arnaldo Oscar.

Le decían Toto y también Negro. Padre de dos hijas. Al igual que su padre, pasó primero por el radicalismo y luego por FORJA. En 1945 apoya la candidatura para presidente de la nación del coronel Juan Domingo Perón.
Aún se recuerda la carta abierta que le envió a Aramburu, que termina así: “Mírese al espejo de la verdad y luego retírese a esperar la hora de la justicia divina, o de los hombres, pues usted está ya condenado”. Una premonición exacta que se cumplió 14 años más tarde. En las elecciones de marzo de 1962 que gana Framini y son anuladas por Frondizi, Arnaldo fue elegido por el voto del pueblo concejal en Vicente López, pero nunca pudo asumir. Siempre desde el Peronismo dio su apoyo incondicional a los Montoneros desde el nacimiento de estos. A partir de 1974 fue perseguido y condenado a muerte por las Tres A. En 1975 fue parte de la Agrupación del Peronismo Auténtico (Junto a A. Framini, S. Borro, A. Cabo y D. Viel). En dicho contexto y con alto espíritu crítico, el 11 de marzo de 1975, presidió el congreso de fundación del Partido Peronista Auténtico (PPA) Luego del golpe militar de 1976, fue obligado a exiliarse, registrando una estadía en Suecia, allí conoció y se casó con una chilena con la que tuvo 3 hijos; dos en aquel país escandinavo y la menor en Córdoba en 1984. En el exilio trabajó limpiando jardines de infantes, tiendas, repartiendo diarios y militó en DD.HH. especialmente en la difusión del caso Dagmar Hagelin. Fue miembro del Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero lanzado en Roma en abril de 1977.Y luego tomó parte de una escisión de la organización y pasó a ser miembro del Buró Promotor del Peronismo Montonero Auténtico. Regresó a Argentina en 1982 (clandestino) y luego se radicó en Chile ante la posibilidad de ser nuevamente detenido en base a la “Teoría de los Dos Demonios”, en el gobierno del Dr. Alfonsín. Murió en 1995, a los 75 años. Supo decir: “Sé que no pude dejarles a mis hijos un mundo mejor, pero lo intenté, al menos lo intenté”.

DECLARACIONES EN LA MEGACAUSA ESMA DE SILVIA CRISTINA LIZASO
Hija de Arnaldo, dio su testimonio hablando de la vida y la militancia de su familia.
Para ilustrarlo pidió que se exhibiera una foto de todos los miembros del grupo familiar: “la nuestra era una familia grande y con mucha militancia. La última dictadura cívico-militar arrasó y diezmó a muchas familias y la nuestra es una más. Nuestra familia optó por la militancia política y atravesó más de tres décadas de las instancias políticas de nuestro país”
“El 27 de abril liberaron a la mamá de La China, la Sra Nuñez, ella también estuvo en la ESMA y fue muy maltratada, muy golpeada. Cuando preguntó por qué le hacían eso, el torturador le respondió ‘por estar vinculada a la familia Lizaso, de esa familia no va a quedar ninguno con vida’”, y agregó que María Dortona de Núñez, volvió dos veces a la ESMA para intentar averiguar qué había pasado con su hijo y su marido, “nunca le respondieron”, aclaró la testigo. (Declaraciones de Silvia Lizaso del 4-4-2013, en la mega causa de la ESMA, http://www.espaciomemoria.ar)

DECLARACIONES A PÁGINA 12 DE NELLY Y SILVIA, ESPOSA E HIJA DE ARNALDO LIZASO
“El 9 de junio de 1956, con los fusilamientos de José León Suárez, donde lo mataron a Carlitos Lizaso. Eso nos cambió la vida, tuvo un peso inmenso en la familia. Ni siquiera pudimos velarlo. Pero el 10 de junio a la mañana, cuando llegamos a la fosa abierta en el cementerio de Olivos, a los costados había flores; la gente de la zona norte las había dejado allí. Esa imagen la tengo tan grabada que es como si la viera ahora. A Carlitos lo trajo un furgón del Ejército en un cajón cerrado, no dejaron que nadie lo toque, dos soldados lo bajaron a la fosa con sogas. Los fusilados de José León Suárez fueron enterrados como traidores a la patria. Fue muy doloroso. Después Arnaldo se metió de lleno en la Resistencia, llegaba de madrugada, los sobresaltos eran comunes. A los cinco meses de los fusilamientos, murió mi suegro en Uruguay, se había exiliado en Montevideo con Jauretche, abrieron juntos un almacén (bar), pero el viejo Lizaso no pudo sobreponerse a lo de Carlitos, murió de un infarto.” (Testimonio de Nelly, esposa de Arnaldo a Pag.12 del 18/6/2004)

“Mi hermana y yo nunca militamos, ese no es un detalle menor. En la década del ‘70 toda la familia estaba lanzada a la militancia y papá nos juntó a Mirta y a mí y nos hizo un pedido que le surgía de las entrañas, dijo que necesitaba saber que nosotras no íbamos a estar expuestas a nada que significara que él pudiera perder a alguna de sus hijas, que no lo podía soportar. Esto implicó por ejemplo que no pudiéramos ir a Ezeiza cuando volvió Perón. Yo lo acepté porque comprendía el dolor de papá. Después no decía nada y me iba sola a las marchas y a los actos, me escondía para que nadie me reconociera, pero necesitaba ir. Esa forma de andar sola me quedó hasta después de la muerte de papá, en 1996. A partir de allí empecé mi militancia en derechos humanos en zona norte. Pero antes fui respetuosa de su deseo hasta el caracú, aunque creo que fue ingenuo pensar que estábamos resguardadas, de hecho a la primera persona que secuestraron fue a mi tía Tití, que tenía sesenta años y no militaba. A mí me tocó contarle a papá la desaparición de mis tíos Jorge, Miguel y de mi prima, China.
Por el golpe del ‘76 tuve que abandonar mi carrera, estudiaba Letras, no podía correr el riesgo de ir a la facultad. Estuve años convencida de que moriría en cualquier momento, no me casé, no tuve hijos; no podía concebir la idea de futuro, no podía proyectar.”
 (Declaraciones de Silvia a Pag.12 del 18/6/2004)

Entre el 19 y el 26 de abril de 1976 hubo 25 militantes “chupados” de la columna norte de Montoneros. Fueron secuestros de militantes que pertenecían a la Unidad Básica Combatientes Peronistas que conducía Lizaso, quien a su vez fue secuestrado en el “Café de los Angelitos”, Avenida Rivadavia y Rincón. En la misma acción también secuestran moribunda a su compañera María del Carmen Nuñez, la “China”.

Testigos del hecho dicen que se resistió al secuestro y herido, aún pudo gritar que lo estaban secuestrando. Llevado a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la violencia genocida se ensañó con él, ya que era visto como el representante de una típica familia peronista combativa: le cegaron un ojo y lo despellejaron en vida. Rodolfo Walsh da testimonio de esa circunstancia en la Carta Abierta a la Junta Militar, el 24 de marzo de 1977 en la nota 2 a pie de página: “El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida”. Otros presos políticos, que fueron detenidos-desaparecidos en la ESMA cuentan que le cortaron las manos con una sierra sinfín.

Hoy es otro de los 30.000 desaparecidos y, por supuesto, es uno más de los que también se pretende “desaparecerlo” de la memoria colectiva y de la historia de lucha del pueblo por tener una patria más justa, libre y soberana donde vivir dignamente. (Fuente:J.R. Orosco, Pensamiento Discepoleano)

Consultas efectuadas en: PARQUE DE LA MEMORIA (http://basededatos.parquedelamemoria.org.ar/registros/5648/)
ROBERTO BASCHETTI (http://www.robertobaschetti.com)
ESPACIO MEMORIA – MEGACAUSA ESMA (http://www.espaciomemoria.ar)
OPERACIÓN MASACRE DE RODOLFO WALSH
PÁGINA 12 (https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-212738-2013-01-28.html)

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RICARDO LÓPEZ JORDÁN – (1822 / 1889)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Último de los grandes caudillos federales argentinos. Había nacido el 30 de agosto de 1822, en Paysandú, ciudad de la Banda Oriental. A los 19 años, se incorporó a la milicia de Entre Ríos como miembro de la escolta personal de Urquiza. En 1843, participa en Arroyo Grande, bajo las órdenes de Oribe. En 1847, participa en Vences, uniendo su suerte decididamente a la de Justo José de Urquiza, en quien confía como gran caudillo nacional. Por ello, participa en Caseros, el 3 de febrero de 1852, alcanzando el grado de sargento mayor de caballería.

En 1858, fue diputado por Paraná al Congreso de la Confederación. En 1859, tuvo una brillante actuación en la batalla de Cepeda, pues dirigiendo una columna de las tropas de la Confederación, puso en dispersión a la caballería de Mitre. Sin embargo, dos años después, tanto él como el resto de los jefes del ejército de la Confederación debieron asistir, con perplejidad e indignación, a la orden de retirada ordenada por Urquiza, dejándole el campo libre a Mitre, quien se convierte en el triunfador de Pavón, lo cual lo conduce al poder, en 1862. En 1864, López Jordán disputa con amplio apoyo la gobernación de su provincia, pero Urquiza lo veta y logra instalar a un candidato títere, Don Justo ya está abandonando sus ímpetus de otrora y sólo piensa en ganar dinero: de caudillo federal se va convirtiendo, como señala Jauretche, en empresario. A ello se debe la traición de Pavón, como así también posteriormente las sucesivas traiciones al Chacho Peñaloza y a Felipe Varela, a quienes deja a merced del mitrismo, después de haberles reiterado su compromiso de apoyo. En 1865, procede de la misma manera con Solano López, incumpliendo sus promesas.

La historiografía liberal pretende que éstas políticas se hacían en aras de la “Unidad Nacional”, fronteras adentro de la Confederación. Uruguay y Paraguay eran y –debían seguir siendo-, territorio extranjero, según esta interpretación. Los Liberales siempre partieron de la base de ignorar la unidad latinoamericana.
López Jordán nunca transigió con las agresivas y nefastas políticas bonaerenses: guerreaba o se refugiaba en Uruguay o Brasil según los avatares de la lucha político-militar. En esas ocasiones tuvo siempre a su lado un militante de la causa federal provinciana, que lo asesoraba: José Hernández.
Su lealtad a Urquiza era ya insostenible para 1870. Así, el 11 de abril de ese año estalla en Entre Ríos la revolución liderada por López Jordán, contra el predominio de Urquiza:

“A las armas, compañeros,
nos llama otra vez Jordán.
No más comer ese pan
amargo del extranjero.”

Una partida de jordanistas, al mando de Simón Luengo, ingresa al Palacio San José y da muerte a Urquiza. A pesar de que los amigos de Urquiza culpan a López Jordán, los jefes que lo apoyan aseguran que no hubo orden de ajusticiarlo y que esa decisión la tomó por sí el chachista Luengo. La Legislatura entrerriana se reunió para designar nuevo gobernador, y López Jordán, por supuesto ganó por unanimidad. Asumió y condenó el hecho, pero no logró frenar la intervención federal del Presidente Sarmiento.

De inmediato, la armada y ejército nacionales invaden los puertos provinciales y los fusiles Rémington y ametralladoras Krupp (prusianas) avanzaron, pero se encontraron con dificultades para derrotar al auténtico federalismo de la República Argentina. El único apoyo que Jordán conseguía era el brasileño, pero esto deslegitimaba sus banderas nacionales. Finalmente, sin embargo, es derrotado en Ñaembé, en enero de 1871. En 1876, vuelve a invadir Entre Ríos, pero es derrotado nuevamente y esta vez es detenido.

Sin embargo, logra fugar de la cárcel, en 1878 y otra vez marcha a Uruguay. Recién, en 1888, el gobierno de Juárez Celman decreta una amplia amnistía que le permite regresar a la patria. Pero el 22 de junio de 1889, cuando iba a tramitar su reingreso al Ejército es asesinado en la calle Esmeralda, entre Lavalle y Tucumán, por Aurelio Casas, hijo de Zenón Casas, a quien López Jordán habría hecho degollar, en 1873. Así desaparece el último de los caudillos federales y montoneros, probablemente uno de los más lúcidos, según puede apreciarse en este fragmento de una de sus proclamas: “Después de aquella aurora del 25 de mayo de 1810, principió a levantar la cabeza una oligarquía tiránica. Era el sistema unitario en su más refinado espíritu de absolutismo que (…) burlaba el pensamiento republicano de 1810 (…) Dominadas las provincias por el perjuro unitarismo, Buenos Aires ha jugado el triste rol de vampiro y la piedra del escándalo de sus hermanas. Tal es el crimen de ese partido abominable (…) Perpetuado el sistema colonial, allanaba Buenos Aires con la miseria y el atraso de sus víctimas, el camino de la conquista (…) Con el mismo fin, cerró los ríos a la navegación, no quedando habilitado sino el puerto de buenos aires (…) El fondo de esa política unitaria, astuta y devoradora permanecía el mismo. La nación, presa de groseras insidias y demoras, continuaba convertida en un miserable rebaño con un lobo insaciable por pastor (…) Las provincias creyeron que su situación iba a cambiar un año después de vencido el unitarismo en Rosas cuando todas, en paz y libertad, juraron solemnemente la sabia constitución de 1853… Pero nuevamente se vieron burladas por la fusión funesta de 1859 y 1861 (…) En ese año, el Gral. Urquiza, jefe de los ejércitos de la Confederación, les concedió el triunfo y con él la República maniatada… La República pasó a ser una bacanal sacrílega e impía sobre las tumbas humeantes de nuestros hermanos”. En la misma proclama, López Jordán habla de la “indisoluble Santa Confraternidad americana, última meta de esta jornada de gloria e inmortalidad” y también afirma lo siguiente: “Humildes obreros todos del porvenir argentino, que no agiten nuestro espíritu sino estas ideas: libertad, confraternidad y civilización”. (Pablo Gustavo Bronstein en Los Malditos, vol. II, pág. 207,  Ed. Madres Plaza de Mayo)

Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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JUAN GARCÍA ELORRIO – (1938-1970)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Cursa estudios en el Colegio del Salvador y más tarde, la carrera de Derecho. De fuertes convicciones cristianas, realiza importantes experiencias colaborando con los sacerdotes Carlos Mugica y Jerónimo Podestá. En sus años juveniles, recibe dos influencias muy importantes: en primer término, la Revolución Cubana, y luego, el pronunciado giro hacia lo social, por parte de la Iglesia Católica, durante el Papado de Juan XXIII. Su fervor militante vive los avances hacia una posición revolucionaria dados por el Concilio Vaticano II, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y la Teología de la Liberación.

En setiembre de 1966, en colaboración con su compañera –Casiana Ahumada-, funda la revista “Cristianismo y Revolución”.

Los referentes de la revista fueron: Camilo Torres, el cura colombiano que murió combatiendo en las filas del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, la revolución cubana, el “Che” y Juan D. Perón en las distintas etapas que tuvo la publicación (30 números). Allí, se daba cabida a las discusiones y análisis de las estrategias revolucionarias en América Latina.

En ese sentido se puede afirmar que una de las características de la publicación “es el intento de dar opciones de participación en la vida de la Iglesia como pueblo de Dios a todos aquellos cristianos que empiezan a sentir la necesidad de la renovación”.

Por sus páginas pasaron referentes del sindicalismo combativo como Raimundo Ongaro, Agustín Tosco, Jorge Di Pasquale, Dante Oberlín y otros. La publicación estaba abierta no solamente a sectores peronistas sino también a otros sectores revolucionarios. En ella, era posible encontrar, asimismo, la información de los distintos conflictos del ámbito del trabajo, como las comunicaciones de acciones llevadas a cabo por los sectores populares y organizaciones políticas.

Tanto él como sus compañeros participaron también en las revistas “Che compañero” (fines 1967, cuatro números) y Entre Todos (dirigida por el Mayor Alberte y orientada hacia el Peronismo Revolucionario)

En mayo de 1967, García Elorrio increpó al Cardenal Caggiano, celebrante de la misa por el “Día del Trabajo”, en la Catedral Metropolitana, e interrumpiéndolo, leyó una oración denunciando las injusticias del plan económico, del capitalismo y del imperialismo, como así también se refirió a las persecuciones y represión que sufrían los trabajadores argentinos. Fue detenido en esa oportunidad pero esa acción permitió que tomara estado público el “Comando Camilo Torres” al que tanto él como otros miembros de la revista pertenecían. Esa acción dio, además, impulso a la difusión de la revista.

Eran tiempos de utopías y efervescencia política, en que muchos sectores de las capas medias de la sociedad estaban comprometidos en transformar la realidad social. García Elorrio fue un vehiculizador del intercambio de experiencias y con su aporte ideológico facilitó un ámbito para la discusión junto a su acción militante.

Fallece el 27 de febrero de 1970, al ser atropellado por un rodado, dándose el hecho como un simple accidente. Sin embargo, sus compañeros y amigos entendieron, desde el principio, que se había tratado de un asesinato político, pues habría sido embestido intencionalmente.

Como tantos otros que dieron su vida por una sociedad igualitaria y auténticamente cristiana, la maquinaria de difusión de los sectores dominantes se ha prodigado por olvidar su lucha y su ejemplo. En este sentido es “un maldito”, aunque su recuerdo está vivo en todos aquellos que luchan por una Argentina mejor. (D. A. MERLINO – LOS MALDITOS – TOMO II – PÁGINA 288,  Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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LUIS R. AREDEZ - (Desaparecido-asesinado en 1977)

OTRO “MALDITO” EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

La figura de Luis Aredez es una de las más emblemáticas a la hora de analizar las razones por las cuales el período iniciado en marzo de 1976, fue el más negro de nuestra historia. El golpe perpetrado por la Junta Militar que dio fin al gobierno de María Estela Martínez de Perón, tuvo como escenario una coyuntura internacional crítica, consistente en la creciente dominación del capital monopólico a través de una nueva estrategia imperialista, -el neoliberalismo-
La dictadura instalaba un nuevo modelo de Estado militarizado, diferenciándose de golpes anteriores. La crisis coyuntural que atravesaba el proceso de modernización en la manera de hacer política, iniciado en las dos décadas precedentes fue la oportunidad para su realización.

El gobierno golpista tuvo por finalidad militarizar a la sociedad civil, congelando la actividad política e instalando un nuevo modelo aperturista, que marcaba el fin del estado benefactor vigente desde mediados del siglo XX. A pesar de lo cual ese nuevo Estado militarizado, sostiene bajo su influjo diferentes instrumentos de control, los cuales necesita para la concreción de sus fines, utilizando a las empresas públicas ya fuera como garantes de los préstamos solicitados a los organismos internacionales que multiplicarían por diez nuestra deuda externa, así como para hacer negocios con el empresariado nativo a través del otorgamiento de contratos para la provisión de esas empresas estatales –la llamada “patria contratista”-. Asimismo, monopoliza los medios de difusión más importantes para hacer su tarea de propaganda.

La dictadura inicia su feroz represión siendo Luis Aredez uno de sus blancos más inmediatos. Su secuestro y desaparición, junto al episodio conocido como “El Apagón”, pone al descubierto los fuertes lazos que unían a los sectores económicos más poderosos con ella.

A través de los testimonios vertidos por testigos de esos aciagos días queda de manifiesto la complicidad de importantes sectores de la Iglesia Católica, quienes prohijaron a los torturadores calificando a los torturados como “comunistas” y así justificar el horror que hiere a la condición humana.
Su mujer Olga es quien relata desde el documental “Sol de noche” la historia de Luis, la propia, así también el hecho producido en julio de 1976 en que secuestraron a más de 300 personas, de los cuales casi 40 aún permanecen desaparecidas al igual que Luis.

Se casaron en 1958, ya recibido de médico en Córdoba con su mujer se trasladan a la Provincia de Jujuy para trabajar como pediatra del Ingenio Ledesma, -el mayor de Latinoamérica-, un complejo agroindustrial que produce azúcar, alcohol y comestibles, y tiene un rol definitorio en la producción de papel. La familia Blaquier, fue su fundadora y era accionista mayoritaria en ese momento, y propietaria de cien mil hectáreas.

Allí atendía a los hijos de los trabajadores quienes producto de las pésimas condiciones sanitarias sufrían de males propios de la pobreza como por ejemplo la diarrea estival a causa de la cual morían entre diez y quince niños por día.

Su enfrentamiento con las autoridades del ingenio era permanente debido a que la empresa empleaba solo a 6 médicos para atender a una población de más de 7000 trabajadores y sus familias, así como por las condiciones de trabajo más cercanas al sistema feudal que al capitalista, produjo su despido al año siguiente.
En este sentido el relato de Mario Paz, jefe de Relaciones Públicas del Ingenio en esos años es muy revelador cuando recuerda a Luis como un “mediquito zurdo” ya que pone de manifiesto el desparpajo de los esbirros con los que contaba en su nómina esta empresa. Respecto del Ingenio, señala que “Era lógico que fuera el dueño de todo: el almacén, la Iglesia, la policía, la gendarmería, el cine y el hotel, (…) antes allí no había nada”.

Luego de su despido, le ofrecen la dirección del Hospital de Tilcara, al que accede ya que su intención era quedarse en la provincia a pesar de las amenazas provenientes de los directivos del ingenio.
Así reside en Libertador General San Martín con su familia y en 1962 es empleado como médico del Sindicato de los Zafreros, concurriendo a los pacientes a sus casas.

“Tenía una cuenta corriente en la farmacia del barrio para que sus pacientes pudieran adquirir los medicamentos que necesitaran (…) Cuando quería comprarme una crema muchas veces no podía”, relataba Olga. Cuando se lo planteaba a su marido, éste respondía que “… El pago que recibía era muy superior, un cajón de verduras, o una docena de huevos, o cuando simplemente le demostraban su afecto”.

En cuanto a su actividad política era conocida su pertenencia al radicalismo, a pesar de lo cual todos los gobiernos democráticos o dictaduras le ofrecían la intendencia, negándose a participar en ellos; hasta la llegada del gobierno de Héctor J. Cámpora, en 1973 en que fue Intendente, a pesar de no pertenecer al partido Justicialista. Aceptó la propuesta con la condición que él sería el primer intendente que cobraría impuestos a quienes más tenían, siendo el primero de esa lista el Ingenio Ledesma. De esa manera por primera vez desde su instalación la empresa de la familia Blaquier pagaría impuestos al municipio.

El 2 de junio de 1973 asume como intendente y los diarios jujeños reciben la noticia tibiamente. Transcurridos ocho meses de su asunción en una solicitada, Luis Aredez daba cuenta de lo realizado hasta ese momento:
- Extensión de la red de gas,
- Ampliación y mejora de barrios,
- Refacción de plazas y baños públicos,
- Refacción de vehículos municipales.

Pero la medida más importante fue la relacionada con la condición que había impuesto a quienes le propusieron el cargo: a través de una ordenanza impositiva aprobada por el Honorable Concejo Deliberante de Libertador General San Martín, por primera vez, después de 200 años de presencia en la Provincia, el Ingenio Ledesma comienza a pagar impuestos con tierras de su propiedad, las que serían utilizadas para la construcción de barrios destinados a los obreros del Ingenio.

Ya muerto el Presidente Perón, el gobierno da un importante giro a la derecha y la intendencia es intervenida y ocupada por la Policía y el Ejército, debiendo renunciar a su cargo, abandonando su primera incursión en la política provincial.

En ese sentido, el testimonio de una de sus hijas es muy elocuente: miembros de la clase media provinciana, educados en colegios religiosos lo acontecido con su padre los enfrentaba con una realidad diferente a la conocida hasta ese momento, tanto a ellos como a su madre: -“la jodieron tanto, que reaccionó y se hizo fuerte”, dice Luis, otro de los cuatro hijos del matrimonio sobre su madre.

Es así como el golpe militar de 1976 modificaría sus vidas para siempre. El 14 de julio de 1976 irrumpe en su casa un grupo de gendarmes en medio de un importante operativo y le solicitan que lo acompañen, Luis responde afirmativamente y pide que le permitan cambiarse con ropa de calle. Ante la propuesta de su mujer de escaparse y evitar la detención, le dice que no es necesario, que no tiene nada que ocultar y seguramente cuando de las explicaciones necesarias continuarán con su vida.
Olga observó como lo subían a una camioneta de color blanca con el cartel de la empresa Ledesma, conducida por un empleado de la misma.

Días después pide una entrevista con los directivos y uno de ellos ante su reclamo le responde que Aredez había causado muchos problemas al Ingenio, que sólo lo iban a investigar y que si no tenía nada que ocultar lo dejarían en libertad, así como le advierten que si seguía preguntado sobre el paradero de su esposo ella también sería detenida.

Es de destacar que dentro del propio Ingenio se encontraba la Gendarmería y desde allí salió el grupo que lo secuestró. Por supuesto que esta empresa no sería la única que contaba con miembros de las FFAA dentro de sus instalaciones, así como con elementos parapoliciales confundidos entre sus trabajadores encargados de “marcar” a quienes realizaban algún tipo de actividad política o sindical, dando cuenta de esta manera de la estrecha relación entre poder económico y dictadura. El 27 de julio de ese año a las 9 de la noche se apagaría la luz de la ciudad. En medio de esa oscuridad se produce otro acto perpetrado por el terrorismo de Estado y más de 300 estudiantes que venía a pasar las vacaciones de invierno con sus familias y trabajadores del Ingenio fueron arrancados de sus casas: Según el testimonio de Eulogia Garnero y de Hilda Figueroa fueron subidos a las mismas camionetas que utilizaran para trasladar a Luis, y llevados al puesto de Gendarmería instalado en el Ingenio y luego trasladados al centro clandestino “El Guerrero”; golpeados, con los pies y las manos atadas, en medio de insultos y amenazas. Más de treinta nunca volvieron. (…)

El 5 de marzo de 1977 se publicaba en el diario La Nación que Luis era uno de los 10 detenidos dejados en libertad. Tres días después regresa a su hogar, no quiere hablar de lo sucedido durante esos meses de torturas, habiendo sufrido un infarto. Ante las preguntas de su mujer, prefiere no hablar, y olvidarse de lo pasado, ya que no había de qué preocuparse. Pero en las noches de asado y amigos, con unas copas de más contaba cosas terribles.

La presencia de una camioneta rondando la calle de su casa alertó a Olga y cuando transmitía su inquietud a su marido éste no hacía caso de sus sospechas. Pero un día, el 13 de mayo de 1977, saliendo del Hospital en que trabajaba, a mediodía, en la ruta provincial Nº 34 fue interceptado y llevado para nunca más regresar.

Desde ese momento, su mujer Olga iniciaría la búsqueda y el reclamo por la aparición con vida de su marido. Mal vista por sus vecinos, “La loca” que todos los jueves marchaba en círculos por la plaza del pueblo, a la que le esquivaban el saludo no dejaría de luchar hasta su muerte producida en 2005. A esa lucha sumaría a las víctimas y familiares de los desaparecidos durante el Apagón.

La figura de Luis Aredez, militante social, y político valiente, fiel a sus principios; su mujer Olga, quien no dejó de pedir su aparición con vida aún en contra de una sociedad que le dio la espalda por mucho tiempo; así como los estudiantes y trabajadores desaparecidos en el Apagón, son el testimonio de cómo actúan los poderosos cuando sus intereses son amenazados, utilizando el terrorismo de Estado para acallar toda voz que se alce en su contra. Es por eso que se hace necesario visualizarlos como una manera de defenderlos. (Judith Lestingi, Los Malditos, vol.IV, p49 ed. Madres de Plaza de Mayo)

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OLEGARIO ÁLVAREZ (El Gaucho Lega) - (1871 - 1906)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

En Saladas, una pequeña población del noroeste de la provincia de Corrientes, vivió y realizó sus hazañas un hombre llamado Olegario Álvarez, quien ha pasado a la historia popular con el apodo de “El Gaucho Lega”. Fue uno de los más legendarios bandidos rurales, que robaba a la gente rica para repartir luego el botín con los pobres. En el imaginario popular de la zona se lo ubica como un paisano rebelde, con vocación de justicia, que dormía bajo los recovecos de un tremendo ombú.

Su vida terminó el 23 de mayo de 1906, abatido por las balas de la policía provincial. Según la leyenda, fue colgado de un árbol y mutilado. Como es común en estos casos, sobre su tumba se acumulan trofeos, ofrendas y recuerdos de sus devotos que lo han elevado a la condición de santo. (N Galasso – Los malditos – Vol IV – Pág 84 - Ed Madres de Plaza de Mayo) LEER MÁS . . .

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HAROLDO PEDRO CONTI - (1925 – desaparecido en 1976)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Haroldo Pedro Conti nació el 25 de mayo de 1925 en Chacabuco, provincia de buenos Aires. Desde que empezó a vagabundear con su padre por los alrededores de su pueblo chico, fue un eterno caminante y hacedor de múltiples oficios, y uno de los escritores más brillantes surgidos en la década del ’60.

“Yo soy escritor nada más que cuando escribo. El resto del tiempo me pierdo entre la gente. Pero el mundo está tan lleno de vida, de cosas y sucesos, que tarde o temprano, vuelvo con un libro”.

Fue maestro rural, actor, empleado bancario, director teatral aficionado, seminarista, empresario de transportes, piloto civil, profesor de filosofía y latín, constructor de veleros, pescador y náufrago.

En 1938, ingresó en un colegio de Ramos Mejía y en 1939, por breve tiempo, en el seminario de los Salesianos. Desde entonces hasta 1944, ejerció esporádicamente como maestro, pasando luego al Seminario Metropolitano Conciliar, donde cursó estudios de filosofía. En 1947 entró de empleado en un banco y al poco tiempo compró un camión y fundó una pequeña empresa de transportes. Entretanto completó sus estudios de Filosofía y Letras en la universidad y obtuvo el título de piloto civil. A lo largo de seis años construyó un velero, el “Alejandra”, en el que vivió largas temporadas merodeando por el Delta y las islas litorales. También navegó como tripulante profesional y como pescador y, en 1965, naufragó en el cabo de Santa María, en la costa uruguaya.

Si bien su carrera literaria se inició en el teatro (“Examinado”, 1955), fue un cuentista y novelista extraordinario. “No sé si tiene sentido, pero me digo cada vez: contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despójate de toda pretensión y cantá, simplemente cantá con todo tu corazón; que nadie recuerde tu nombre sino toda esa vieja y sencilla historia”.

El 5 de mayo de 1976, fue secuestrado por la dictadura militar y hasta el día de hoy permanece en la lista de desaparecidos.

Dentro de su obra literaria podemos destacar: en teatro, “Examinado” (1955); en cuentos, “La causa” (1960), “Marcado” (en revista “Baires”, verano 1963, 1964), “Todos los veranos” (premio municipalidad de Buenos Aires, 1964), “Con otra gente” (1967), “La espera” (en revista “Latinoamericana” Nº 1, 1972), “La balada del álamo Carolina” (1975), “A la diestra” (en revista “Casa de las Américas” Nº 107, 1978); en novelas, “Sudeste” (premio Fabril, 1962); “Alrededor de la jaula” (Premio Universidad de Veracruz, Méjico, 1966); “En vida” (premio Barral, España, 1971); “Mascaró, el cazador americano” (premio Casa de las Américas, Cuba, 1975). Por último, cabe mencionar también las numerosas publicaciones de Conti en la revista “Crisis”: Nº 8 (diciembre 1973), Nº 15 (julio 1974), Nº 16 (agosto 1974), Nº 21 (enero 1975), Nº 24 (abril 1975), Nº 27 (julio 1975), Nº 36 (abril 1976) y Nº 37 (mayo 1976). (M.C. Ardanaz y E. Zabala, Los Malditos, vol. 1, pág. 261, ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ANDRÉS BAZÁN FRÍAS - (Principios de siglo – 1923)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
(Un Robin Hood tucumano asesinado)

El “Manco” Andrés Bazán Frías nació en San Miguel de Tucumán, a principios del siglo XX. De una familia muy pobre, tuvo que trabajar desde muy chico como mozo de bar, hasta que un día, junto con otros desamparados como él, se rebeló contra la autoridad. Según la leyenda, empezó a robarle a los ricos para repartirle a los pobres.
Fue encarcelado hasta que el 29 de septiembre de 1922, a “tiro limpio”, logró fugarse, pero Martín Leiva, un compañero suyo, quedó dentro.

Un año después, él y su grupo se enfrentan con la policía, cuando son sorprendidos al planificar el rescate de Leiva. En esa acción “el Manco” es muerto, de un tiro por la espalda, al intentar saltar el paredón del cementerio. Su padre, un ex agente policial, lo veló en el mismo lugar y se cuenta que entre sus prendas sólo tenía cincuenta centavos, un crucifijo, llaves, ganzúa y la orden de captura.

Se lo reivindica como parte de una cultura que nace del pueblo, de las barriadas y del rancherío, cuyas creencias y mitos escapan a las reglas impuestas de las instituciones oficiales. Sin pintoresquismo, ni como pieza de museo, ni con el simplista análisis de “desclasados”, ni ningún otro tipo de prejuicio centralista y “civilizador”; sino como mito que es mezcla de leyenda, memoria popular, conjunto de valores y, también, de realidad; expresión, en definitiva, del imaginario nacional. Como muchos otros, hoy su figura es venerada, en tanto exponente del “bandolerismo social” que cuestiona la autoridad, la injusticia y la pobreza, y por la solidaridad de quien comprende que su destino está atado a los de su clase, a los suyos. (N. Galasso – J. Azzali, Los malditos, vol. IV, pág. 54, ed. Madres de Plaza de Mayo)

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HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD - (1919 - 1978)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Héctor Germán Oesterheld nació, en Buenos Aires, el 23 de julio de 1919. Hijo de Fernando Oesterheld y Elvira Ana Pullol, fue un típico producto de la inmigración de principios de siglo: sangre vasca por parte de su madre y alemana por parte del padre (su abuelo August von Oesterheld era oriundo de Bremen), lo cual no le impidió convertirse en el máximo exponente de la historieta nacional. Sin embargo, por esas paradojas propias de los países dependientes, nunca recibió un premio en calidad de tal, nunca tuvo el reconocimiento que se mereció… y se merece.

Mientras estudia geología, trabaja como corrector y en 1943 publica su primera obra “Truila y Miltar” en el suplemento del periódico “La Prensa”. Se recibe a mediados de los ’40 de Licenciado en Ciencias Naturales especializado en Geología y está a una materia de doctorarse. Tras licenciarse se casa con Elsa Sánchez, quien lo acompañará en sus aventuras y desventuras por el resto de su vida.

Oesterheld trabajó en los ’40 en la Dirección Nacional de Minas, en YPF y en el laboratorio de minería del Banco de Crédito Industrial, hasta que abandonó su profesión para dedicarse de lleno a la historieta, a comienzos de la década de 1950.

Reconoce su iniciación literaria en un cuento que le publicó el diario “La Prensa” en 1938. Tres años después lo llamó un amigo, Carlos Hirsch, para que le escribiera los textos de unas ilustraciones sobre la vida en el fondo del mar, para ser presentados a la Editorial Abril. Desde entonces, y hasta 1949, trabajó como redactor de libros de divulgación. “Un día me preguntaron –cuenta el mismo Oesterheld- si me animaba a escribir guiones para historietas y me salió un guión medio policial que transcurría en Egipto, con un personaje que se llamaba Craisy. Gustó lo suficiente como para que desde entonces me convirtiera en guionista de aquella inolvidable revista que se llamó “Misterix”. A Craizy le siguieron otros personajes que fueron delimitando lo que con el tiempo sería la principal característica de Oesterheld: la calidez, verosimilitud y humanidad de sus creaciones. Se trataba de hacer una historia humana, evitando el clásico superhombre.

Así, de un geólogo aficionado a la literatura infantil, que colaboraba con la sección científica de la revista “Más Allá”, pasó a escribir guiones de historietas, actividad en la que descolló a nivel nacional e internacional. Pero también fue un gran militante revolucionario, y pagó por ello con su vida.

“El Eternauta” es su gran obra, la cual permite a cada generación y en cada etapa de nuestra historia hacer una lectura diferente, propia y eso la convierte en un clásico. Según Pablo Muños “Oesterheld escribe una tragedia comunitaria, una historia donde el protagonista Juan Salvo se vuelve un héroe por imperio de la situación, pero sólo como parte de un grupo de héroes”, y se puede agregar de héroes”, y se puede agregar de héroes que no necesitan de poderes especiales, sino del amor por los suyos, por su tierra y de un profundo espíritu de solidaridad. El mismo Oesterheld confiesa: “El héroe verdadero de ‘El Eternauta’ es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe ‘en grupo’, nunca el héroe individual, el héroe solo”. Sumergiéndonos en lo profundo de la obra, uno de los personajes expresa con claridad su ideología última: “En el universo hay muchas especies inteligentes (…). Todas tienen algo en común: el espíritu. Así como hay entre los hombres, por sobre los sentimientos de familia o patria un sentimiento de solidaridad hacia los demás seres humanos, descubrirás que existe entre todos los seres solidaridad, un apego a todo lo que sea espíritu, que une a los marcianos con los terrestres…”, planteando así la necesidad de un ética de la solidaridad basada en una ética del respeto de las diferencias.

En 1957 funda, con su hermano Jorge, Ediciones Frontera, que publica las revistas “Hora Cero Semanal”, “Hora Cero Mensual” y “Frontera Mensual”, pero en 1961 esta editorial llega a su fin.
Junto a “El Eternauta”, Oesterheld crea un centenar de personajes algunos de ellos míticos como El Sargento Kirk, Ernie Pike, Ticonderoga, etc.

En el ’69, reescribe para “Gente” “El Eternauta” acompañado por Alberto Breccia pero ahora dándole un tinte antiimperialista más nítido y en el ’76 aparece la segunda parte en la revista “Skorpio”, otra vez, como en el ’57, a través de la pluma de Solano López, aunque por razones de seguridad la historia sufrirá mutilaciones casi irracionales por parte del editor en su trama y en su letra.

De su obra original a la segunda parte de 1976 puede observarse su evolución ideológico-política de manera notoria. “El viejo”, así lo llamaban sus compañeros de militancia, compartió con sus cuatro hijas el entusiasmo revolucionario de aquellos años setenta resumido en la consigna “Liberación o Dependencia”.

A comienzos de los ’70 se une, junto con sus hijas, a la agrupación guerrillera Montoneros. Rodeado de jóvenes, ante la pregunta de por qué militaba a su edad, “el Viejo”, como lo bautizaron, contestó: “¿Qué otra cosa puedo hacer? ¿Acaso no somos todos responsables de la misma tarea de mejorar la vida? Yo sólo sé que el peronismo es un trabajo y que hay que hacerlo”; un botón de muestra del Oesterheld militante, comprometido, revolucionario.
Durante el ’73, escribe para el órgano periodístico montonero, “Noticias”; “La guerra de los Antartes”.

Su empecinada modestia y ese cierto fastidio que le provocaba hablar de sí mismo, -nos cuenta un compañero de militancia, Mempo Giardinelli- nos impulsaban a hacer averiguaciones. Y así supimos que venía del Partido Comunista, que era militante desde hacía un montón de años y que lo había seducido la furia revolucionaria de la juventud peronista, quizás porque, como una vez declaró, bajando la vista, acaso ruborizado, finalmente veía, a sus años, una revolución posible, cercana, casi palpable.

En su obra, encontramos: “Bull Rockett” (1952; de 1954 a 1957 con dibujos de Francisco Solano López); “El sargento Kirk” (dibujos de Hugo Pratt, 1952); “Uma-Uma” (con dibujos de Francisco Solano López, 1954); “El indio Suárez” (dibujos de Freixas Cruz; revista “Rayo Rojo”, 1955); “Sherlock Time” (con dibujos de Alberto Breccia, 1958); “El Eternauta I” (con dibujos de Francisco Solano López, revista “Hora Cero Semanal”, setiembre de 1957 a setiembre de 1959); “Rolo, el marciano adoptivo” (dibujos de Francisco Solano López, “Hora Cero Mensual”, 1957); “Joe Zonda” (dibujos de Francisco Solano López, Editorial Frontera mensual, 1957); “Randall” (con dibujos de Arturo del Castillo, suplemento semanal de “Hora Cero”, 1957); “Amapola Negra” (dibujos de Francisco Solano López, “Hora Cero Mensual”, 1958); “Rul de la luna” (dibujos de Francisco Solano López, Editorial Frontera mensual, 1958); “Ernie Pike” (historieta con guión de Oesterheld y dibujos de Hugo Pratt, Francisco Solano López, Alberto Breccia y otros, 1957); “Ticonderoga” (dibujos de Hogo Pratt; revista “Frontera”, de abril de 1957 a noviembre 1961); “Cuaderno rojo de Ernie Pike” (dibujos de Francisco Solano López, “Hora Cero Mensual”, 1958); “Marcianeros” (dibujos de Francisco Solano López, segunda época de “Misterix”, 1962); “Marvo Luna” (dibujos de Francisco Solano López, revista “Billiken”, Editorial Atlántida, 1969-1970); “El Eternauta I” (con dibujos de Alberto Breccia, revista “Gente”, Año 1969, del Nº 201 al 216); “El Eternauta II” (con dibujos de Francisco Solano López, revista “Skorpio”, ediciones Récord 1976-1977); “Watami” (con guión de Oesterheld y dibujos de Jorge Moliterni, aparecida en 1962); “Joe Zonda copiloto” (Historieta, 1975).

Héctor Oesterheld también estuvo entre los pioneros de la revista “Más allá”, de la que fue asesor y factótum y en la que publicó notas y cuentos. Al iniciarse la década del ’60, presentó “Ernie Pike corresponsal de guerra”, colección de revistas con el subtítulo “Batallas inolvidables”.
Con Durañona, realizó una historieta, en 1973, en “El Descamisado”, órgano de la Juventud Peronista, bajo el título “Liberación e imperialismo, 450 años de guerra”.

En 1976 pasa a la clandestinidad, y en 1977, es secuestrado por las FFAA en La Plata.

No fue él, dentro de su familia, la única víctima de la dictadura, el accionar represivo montado por ésta casi extinguió a la familia Oesterheld: sus cuatro hijas, sus maridos y novios y dos de sus nietos (nacidos en cautiverio) cayeron junto con él. Sólo quedaron vivos Elsa, su esposa, y los dos nietos nacidos antes del golpe.

Su hija Beatriz, que tenía veinte años, fue la primera en ser desaparecida, en junio de 1976. Quince días más tarde la policía entregó su cadáver a la familia. Las demás hijas y sus maridos se ocultaron. “Nunca supe donde vivían”, llegó a contar posteriormente Elsa su madre.

Un mes más tarde desapareció Diana, de 22 años, en Tucumán. Luego, el 14 de diciembre de 1977, un grupo de tareas ingresó en la casa de su hija mayor Estela, asesinándola junto a su esposo. A principios de diciembre fue secuestrada Marina, su hija más joven, de sólo 18 años y con un embarazo de 8 meses.

Por su parte, la fecha de desaparición de Héctor Oesterheld pareciera ser entre el 21 y el 27 de abril de 1977. Los represores lo tuvieron detenido en Campo de Mayo, La Tablada y Monte Chingolo y se cree que fue fusilado en 1978, en algún lugar de la localidad de Mercedes. Aunque hay versiones que lo dan por desaparecido recién el 3 de junio y asocian su peregrinaje por los centros clandestinos de detención “el Vesubio” y “el Sheraton”.

Durante su cautiverio, vivió situaciones que prueban la calidad de su temple. El jefe del regimiento Viejo Bueno en Monte Chingolo, (un apasionado de la historieta) le propuso ser el guionista de la gran epopeya Sanmartiniana, el cruce de la Cordillera de los Antes. Oesterheld aceptó, pero al tiempo seguía siendo permanentemente interrogado por la inteligencia militar: un brazo suyo, fracturado, fue testigo mudo de esos “interrogatorios”. El jefe de regimiento le sugirió dar algún dato: Una casa, una persona, algo que les permitiera distraerlos, para poder así abocarse a su trabajo específico y de paso salvar su vida. Héctor se negó: “No tengo nada que decir, no tengo nada que negociar”. Al poco tiempo se lo llevaron y al igual que Juan Salvo, “el Eternauta”, desapareció de nuestro mundo y jamás regresó.
Su obra contribuyó significativamente al reconocimiento de la historieta como un medio maduro, serio y altamente creativo Oesterheld solía decir que “la historieta, si se hace bien, puede ser el libro educativo del futuro”. (Fernando Arcardini, Caría Clara Ardanaz y Enrique Zabala, Los malditos, Vol I pág 324, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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DARDO MANUEL CABO – (1941 - 1977)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

“Ponemos hoy nuestros pies en las Islas Malvinas argentinas para reafirmar con nuestra presencia la soberanía nacional y quedar como celosos custodios de la azul y blanca… O concretamos nuestro futuro o moriremos con el pasado”. Con estas palabras Dardo Manuel Cabo intentaba, junto a otros estudiantes y obreros, reivindicar los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas con la concreción del denominado “Operativo Cóndor”.

Dardo Cabo nació el 1º de enero de 1941 en la localidad de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Sus padres fueron María Campano y Armando Cabo, este último de importante carrera sindical al interior de la UOM, llegando a ser secretario general de la Regional Buenos Aires, y uno de los más lúcidos dirigentes gremiales desde la década del ’50 hasta principios de los ’70.

Sus estudios secundarios los realizó en el Colegio San José de Calasanz del barrio de Once, iniciando tempranamente su militancia por lo convulsionado de la época y el ejemplo de compromiso político de su padre. Padeció precozmente el encarcelamiento a partir del derrocamiento del gobierno de Juan D. Perón y más tarde durante el gobierno de Frondizi.

A principios de los ’60 forma parte del Movimiento Nacionalista Tacuara (MNT), de tendencia nacionalista de derecha, el cual sufriría reiteradas escisiones como resultado de los replanteos ideológicos que se producían entre la juventud de la época.

En 1963 son expulsados algunos de sus integrantes por comenzar a diferenciarse ideológicamente, conformándose más tarde dos sectores: el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT), y otro grupo liderado por Cabo autodenominado Movimiento Nueva Argentina (MNA). Siendo líder de esta organización será perseguido por supuestas implicancias en el asalto al policlínico Bancario en agosto de 1963, resultando detenido a pesar de su inocencia.

El 28 de septiembre de 1966, bajo el gobierno militar de Onganía, 18 jóvenes secuestran un avión DC4 de Aerolíneas Argentinas, partiendo desde Buenos Aires a las 00,30 horas. El vuelo iba con destino a Río Gallegos, pero jamás llegaría. Dardo, con 25 años y siendo jefe del operativo, entra a la cabina del piloto y le ordena cambiar el rumbo hacia las Islas Malvinas. Cuando el avión logra aterrizar, los “cóndores” descienden y despliegan siete banderas argentinas. Una hora después Cabo avisó al continente: “Operación Cóndor, cumplida”. El operativo tenía previsto tomar la residencia del gobernador británico y ocupar el arsenal de la isla, mientras se divulgaba una proclama radial que debería ser escuchada en la Argentina. Pero el objetivo no se pudo cumplir ya que el avión había quedado muy alejado de la casa del gobernador. Los 18 jóvenes, cuyo promedio de edad era de 23 años, rebautizaron al lugar de aterrizaje, Puerto Stanley, como “Puerto Antonio Rivero”, en homenaje al gaucho que en 1833 se alzó contra los ingleses y gobernó las Islas por unos meses.

Al mismo tiempo, en el continente cientos de militantes se movilizaban en varias ciudades, mientras que el flamante dictador Onganía se preocupaba en calmar las aguas diplomáticas, por entonces a cargo de su canciller Nicanor Costa Méndez. Al día siguiente del aterrizaje, luego de formarse frente a un mástil con una bandera argentina y entonar el himno, el grupo entregaba las armas al comandante aviador, única autoridad que reconocieron. Fueron detenidos bajo una fuerte custodia inglesa durante 48 horas. Luego, un buque argentino embarcaba a los 18 jóvenes, y al resto de los pasajeros del avión rumbo a Argentina. Los partícipes de la operación fueron detenidos en las jefaturas de policía de Ushuaia y Río Grande, en el territorio de Tierra del Fuego. Interrogado por un juez, Cabo se limitó a responder: “Fue a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía”. Quince de ellos fueron dejados en libertad tras nueve meses de prisión, pero Dardo junto a otros dos compañeros permanecieron encarcelados tres años debido a sus antecedentes político-policiales. El Operativo Cóndor se tornaría emblemático, la CGT los calificaría como “héroes”, y los titulares de la quinta edición del 28 de setiembre del diario Crónica serían “Secuestran un avión en vuelo y ocupan las Islas Malvinas”, agregando luego: “La noticia causó sensación en todo el ámbito nacional y a nivel mundial”.

Mientras permanecía en prisión contrae matrimonio con la única mujer que había participado del operativo, María Cristina Verrier, de 27 años. Su padre, César Verrier, había sido juez de la Suprema Corte de Justicia y su tío, Roberto Verrier, Ministro de Economía durante la “revolución libertadora”. Al poco tiempo nacería su hija María.

Ya a fines de los ’60 Dardo queda en libertad. Durante esos años la Argentina comenzaría a vivir un proceso acelerado de luchas políticas y sociales. Los trabajadores continuaban con sus planes de lucha y resistencia, y el Cordobazo aglutinaría tanto a obreros como a estudiantes para derribar la dictadura de Onganía. En este contexto de agitación popular, se suma al Comando Descamisado, fundado por Horacio Mendizábal, otro ex integrante de Tacuara. A principios de los ’70 esta organización terminaría dentro de Montoneros.

Formando ya parte de ésta última tendrá una función fundamental como fundador y director del periódico El Descamisado, perteneciente a la JP-Montoneros, llegando a tener una tirada de hasta 250 mil ejemplares. Desde sus editoriales Cabo denunciará fuertemente a la burocracia sindical y a los obsecuentes dentro del Peronismo, reflejando las posturas de la organización Montoneros: “Prefiero la disidencia de un luchador, a la obsecuente ‘lealtad’ de un verticalista que pone cara de bueno y nos está entregando al enemigo”. En El Descamisado de febrero de 1974, cuando las diferencias internas del Peronismo habían recrudecido fuertemente, embate contra la burocracia sindical: “En el Movimiento, también hay dos fuerzas que luchan por darle el contenido. La burocracia sindical, que todos sabemos ha estado por conveniencia ligada al imperialismo y la juventud que dio sus muertos durante los últimos siete años de estos dieciocho. Estas dos fuerzas son incompatibles y además, son las que se debilitan o fortalecen por cualquier enfrentamiento interno. O se juega para una o se juega para la otra.” Más allá de las críticas que se pueden realizar a estos planteos, como simplificar la composición del  Movimiento entre la juventud y la burocracia, dejando de lado a la inmensa masa de trabajadores, los planteos de Cabo en estos años conflictivos son de un inteligente análisis.

Luego de la muerte de Perón y del paso a la clandestinidad de Montoneros, la situación de muchos militantes se tornaría difícil, entre ellos la del director del prohibido Descamisado.

El golpe de Estado de 1976 encontrará preso a Cabo. Lo habían secuestrado un año antes en Morón, provincia de Buenos Aires. Pocos días después de haber cumplido los 36 años, algunos hablan del 7 y otros del 8 de enero de 1977, en la localidad de Brandsen, es fusilado por una patrulla de gendarmes, mientras lo trasladaban desde la Unidad Nº 9 de La Plata donde se hallaba encarcelado. Oficialmente se informó que había sido abatido en un intento de fuga.

Con tan sólo 36 años Dardo Manuel Cabo se había transformado en una de las figuras más influyentes en la militancia de los ’70.

Hijo de un legendario sindicalista vivió de cerca las persecuciones que sufrían los trabajadores de su país, hasta sentirlas en carne propia. Siempre comprometido con su entorno, Cabo sería quien diera forma concreta a un acto de soberanía en una época de militares golpistas supuestamente defensores de la Patria, encarnando también una de las voces más respetadas al interior de la militancia por su claridad de pensamiento, reflejada en las editoriales de “El Descamisado”.

Asumiendo siempre el compromiso político hasta las últimas consecuencias. Cabo fue asesinado, como tantos otros, por intentar un proyecto de país más justo. (C. FERRONI Y F. CERSÓSIMO – LOS MALDITOS – T III – PÁG 314, E. Madres de Plaza de Mayo)

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MIGUEL ANGEL FARIÑA – (1925-1951)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Miguel Ángel Fariña nació el 20 de agosto de 1925. Ingresó al Ejército donde se caracterizó “por sobresalientes condiciones profesionales, firmes conceptos, gran espíritu militar, claras convicciones y valor profesional”. Hacia 1951 revistaba en el regimiento de Tanques C8, con asiento en Campo de Mayo, como Cabo Mayor.

Dicho regimiento fue tomado, el 28 de setiembre de 1951, por un grupo de oficiales que respondían a la sublevación organizada por el General Benjamín Menéndez. El plan era asesinar al Presidente Perón, cuando, por la mañana, ingresase por la puerta 8, que se hallaba a cargo del capitán Alejandro Agustín Lanusse, quien integraba el complot en el cual participaban, entre otros, los capitanes José Daniel Iglesias Brickles, Rómulo Menéndez, Uriburu, Alsogaray y Beccar Varela.

Sin embargo, la llegada del segundo jefe, teniente coronel Cáceres y su decisión de mantenerse leal, apoyándose en algunos oficiales, perturbó los planes y provocó un enfrentamiento. Avanzó entonces, el jefe de tanques, capitán Iglesias Brickles para exigir la rendición de los leales. Pero, según recuerda el tanquista Marcelino Sánchez, “no sabían que tenían enfrente a un suboficial peronista muy corajudo: Miguel Ángel Fariña”. “Cuando el tanque se nos vino encima –continúa Sánchez- Fariña saltó desde la torreta y a los gritos nos dijo que no nos rindiéramos, mientras corría hacia nosotros”. Ante la actitud heroica de Fariña, Iglesias Brickles lo balea, ingresándole un proyectil en el pecho. Sánchez contesta el fuego acertándole en el pecho a Brickles y corre a auxiliar a su compañero Fariña. “A nuestro lado –recuerda Sánchez- Fariña se arrastraba ensangrentado. Se puso de rodillas ahogándose en su sangre y gritando: -No se entreguen, muchachos. Viva Perón… Lo tomé de la cabeza y le dije: -No es nada, Fariña viejo. No es nada… traté de animarlo. Así, arrastrándose llegó hasta la vereda de la galería de la cuadra donde murió. A Brickles lo llevaron al Hospital militar y logró salvar su vida.

 “Esa actitud heroica de Fariña cambió la situación” –recuerda Sánchez- Los golpistas iniciaron el retroceso hasta su rendición. Poco después, el golpe estaba totalmente controlado.

A los veintiséis años, el cabo mayor Fariña había pagado con su vida por ser leal a su pueblo. (N. GALASSO – LOS MALDITOS – TOMO III – PÁGINA 343, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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RICARDO LÓPEZ JORDÁN - (1822 – 1889)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Último de los grandes caudillos federales argentinos. Había nacido el 30 de agosto de 1822, en Paysandú, ciudad de la Banda Oriental. A los 19 años, se incorporó a la milicia de Entre Ríos como miembro de la escolta personal de Urquiza. En 1843, participa en Arroyo Grande, bajo las órdenes de Oribe. En 1847, participa en Vences, uniendo su suerte decididamente a la de Justo José de Urquiza, en quien confía como gran caudillo nacional. Por ello, participa en Caseros, el 3 de febrero de 1852, alcanzando el grado de sargento mayor de caballería.

En 1858, fue diputado por Paraná al Congreso de la Confederación. En 1859, tuvo una brillante actuación en la batalla de Cepeda, pues dirigiendo una columna de las tropas de la Confederación, puso en dispersión a la caballería de Mitre. Sin embargo, dos años después, tanto él como el resto de los jefes del ejército de la Confederación debieron asistir, con perplejidad e indignación, a la orden de retirada ordenada por Urquiza, dejándole el campo libre a Mitre, quien se convierte en el triunfador de Pavón, lo cual lo conduce al poder, en 1862. En 1864, López Jordán disputa con amplio apoyo la gobernación de su provincia, pero Urquiza lo veta y logra instalar a un candidato títere, Don Justo ya está abandonando sus ímpetus de otrora y sólo piensa en ganar dinero: de caudillo federal se va convirtiendo, como señala Jauretche, en empresario. A ello se debe la traición de Pavón, como así también posteriormente las sucesivas traiciones al Chacho Peñaloza y a Felipe Varela, a quienes deja a merced del mitrismo, después de haberles reiterado su compromiso de apoyo. En 1865, procede de la misma manera con Solano López, incumpliendo sus promesas.

La historiografía liberal pretende que éstas políticas se hacían en aras de la “Unidad Nacional”, fronteras adentro de la Confederación. Uruguay y Paraguay eran y –debían seguir siendo-, territorio extranjero, según esta interpretación. Los Liberales siempre partieron de la base de ignorar la unidad latinoamericana.

López Jordán nunca transigió con las agresivas y nefastas políticas bonaerenses: guerreaba o se refugiaba en Uruguay o Brasil según los avatares de la lucha político-militar. En esas ocasiones tuvo siempre a su lado un militante de la causa federal provinciana, que lo asesoraba: José Hernández.

Su lealtad a Urquiza era ya insostenible para 1870. Así, el 11 de abril de ese año estalla en Entre Ríos la revolución liderada por López Jordán, contra el predominio de Urquiza:

“A las armas, compañeros,
nos llama otra vez Jordán.
No más comer ese pan
amargo del extranjero.”

Una partida de jordanistas, al mando de Simón Luengo, ingresa al Palacio San José y da muerte a Urquiza. A pesar de que los amigos de Urquiza culpan a López Jordán, los jefes que lo apoyan aseguran que no hubo orden de ajusticiarlo y que esa decisión la tomó por sí el chachista Luengo. La Legislatura entrerriana se reunió para designar nuevo gobernador, y López Jordán, por supuesto ganó por unanimidad. Asumió y condenó el hecho, pero no logró frenar la intervención federal del Presidente Sarmiento.

De inmediato, la armada y ejército nacionales invaden los puertos provinciales y los fusiles Rémington y ametralladoras Krupp (prusianas) avanzaron, pero se encontraron con dificultades para derrotar al auténtico federalismo de la República Argentina. El único apoyo que Jordán conseguía era el brasileño, pero esto deslegitimaba sus banderas nacionales. Finalmente, sin embargo, es derrotado en Ñaembé, en enero de 1871. En 1876, vuelve a invadir Entre Ríos, pero es derrotado nuevamente y esta vez es detenido. Sin embargo, logra fugar de la cárcel, en 1878 y otra vez marcha a Uruguay. Recién, en 1888, el gobierno de Juárez Celman decreta una amplia amnistía que le permite regresar a la patria. Pero el 22 de junio de 1889, cuando iba a tramitar su reingreso al Ejército es asesinado en la calle Esmeralda, entre Lavalle y Tucumán, por Aurelio Casas, hijo de Zenón Casas, a quien López Jordán habría hecho degollar, en 1873. Así desaparece el último de los caudillos federales y montoneros, probablemente uno de los más lúcidos, según puede apreciarse en este fragmento de una de sus proclamas: “Después de aquella aurora del 25 de mayo de 1810, principió a levantar la cabeza una oligarquía tiránica. Era el sistema unitario en su más refinado espíritu de absolutismo que (…) burlaba el pensamiento republicano de 1810 (…) Dominadas las provincias por el perjuro unitarismo,

Buenos Aires ha jugado el triste rol de vampiro y la piedra del escándalo de sus hermanas. Tal es el crimen de ese partido abominable (…) Perpetuado el sistema colonial, allanaba Buenos Aires con la miseria y el atraso de sus víctimas, el camino de la conquista (…) Con el mismo fin, cerró los ríos a la navegación, no quedando habilitado sino el puerto de Buenos Aires (…) La nación, presa de groseras insidias y demoras, continuaba convertida en un miserable rebaño con un lobo insaciable por pastor (…) Las provincias creyeron que su situación iba a cambiar un año después de vencido el unitarismo en Rosas cuando todas, en paz y libertad, juraron solemnemente la sabia constitución de 1853… Pero nuevamente se vieron burladas por la fusión funesta de 1859 y 1861 (…) En ese año, el Gral. Urquiza, jefe de los ejércitos de la Confederación, les concedió el triunfo y con él la República maniatada… La República pasó a ser una bacanal sacrílega e impía sobre las tumbas humeantes de nuestros hermanos”. En la misma proclama, López Jordán habla de la “indisoluble Santa Confraternidad americana, última meta de esta jornada de gloria e inmortalidad” y también afirma lo siguiente: “Humildes obreros todos del porvenir argentino, que no agiten nuestro espíritu sino estas ideas: libertad, confraternidad y civilización”. (P.G. BRONSTEIN, LOS MALDITOS, Vol. II, Pág. 207, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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BENITO VICENTE ROMANO – (Aproximadamente 1926 - 1976)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Dirigente combativo en las luchas políticas y gremiales de Tucumán, donde había nacido hacia 1926.

Desde muy joven trabajó en ingenios azucareros, lo que le permitió comprender el alto grado de explotación de los trabajadores del azúcar. En esa época, trabajó largos años en el ingenio La Esperanza.

Desde los años cuarenta, se desempeñó como dirigente de la Federación Obrera de los Trabajadores de la Industria del Azúcar (FOTIA), gremio que se destacó por ser el primero, en los días de octubre de 1945, en declarar la huelga general exigiendo la liberación del coronel Perón, detenido por la armada en la isla Martín García.

Durante el peronismo ejerció diversas funciones gremiales. Producida la contrarrevolución oligárquica de setiembre de 1955, Romano debió exiliarse en Bolivia, donde permaneció casi un año.

Luego, integró, en un rol destacado, la CGT de los Argentinos, desde donde combatió duramente contra el vandorismo y el participacionismo.

A pocos días del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la persecución se lanzó contra él siendo secuestrado el 14 de abril de 1976. A partir de entonces quedó “desaparecido” y salvo los recuerdos y reconocimientos de los sectores combativos del peronismo, también “desapareció” de “los medios de comunicación” para quienes resulta un personaje molesto y peligroso para las instituciones del régimen. (N. GALASSO, LOS MALDITOS, VOLUMEN III, PÁGINA 106, Ediciones Madres de Plaza de Mayo)

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ALEJANDRO HEREDIA - (1783 o 1788 – 1838)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

No se conoce con certeza el año de su nacimiento -1783 o 1788- pero sí el lugar: Tucumán. La historia oficial lo trata despectivamente, como al resto de los caudillos federales, es decir, como “defensor de la barbarie” y enemigo de introducir en el interior del país aquellas luces de “la civilización” europea que aconsejaba don Bernardino Rivadavia. Con un aditamento: lo identifica como “el indio” Heredia y recuerda “su tez cobriza”, con lo cual le otorga la imagen –según esa concepción racista- de hombre atrasado, depredador, salvaje.

Sin embargo, no bien se ahonda la investigación, aparecen otros datos. No sólo se trata de un caudillo culto, sino de uno de los mejores gobernadores que tuvo Tucumán.

Realiza estudios superiores en Córdoba, en cuya universidad llega a dictar una cátedra de latín. Graduado, en 1808, como licenciado y doctor en teología es un entusiasta de los estudios acerca de la cultura clásica y como prueba, hasta de exquisitez, designa a su finca como “La Arcadia”, región de la felicidad según los poetas griegos.

Su preocupación por la formación cultural de los jóvenes se prueba en su trato con Juan Bautista Alberdi a quien enseña latín, le facilita el estudio de la música y luego se convierte en su protector, enviándoselo a Facundo Quiroga para que le otorgue una beca que le permita avanzar en sus estudios de Derecho.

Lizondo Borda señala que “Heredia fue el gobernador más culto y progresista de cuantos hubo en Tucumán entre 1810 y 1853, ejerciendo una verdadera hegemonía sobre Jujuy, Salta y Catamarca”. Por si faltaran más pruebas, para Rosas, desde su ideología tradicionalista, “no era un malvado pero abrigaba muchos disparates en su cabeza”, seguramente en alusión a su vocación por modernizar la sociedad tucumana.

Incorporado a la revolución en 1810, participa en las batallas más importantes que se dan en el Alto Perú, como oficial de Güemes y de Belgrano. En 1820, participa como segundo jefe en la insurrección de Arequito (el primero es Bustos), a través de la cual el ejército del Norte se niega a combatir a las montoneras que amenazan a Buenos aires, en idéntica actitud a la llamada “desobediencia” de San Martín.

A partir de ese momento, adquiere consenso en su provincia, lo cual le permitirá desempeñarse, en los años veinte como legislador y luego, en 1832, ser designado gobernador, reelecto, luego, en 1836.

Cutolo señala que su obra de gobierno “fue notable”, pues se adoptaron una serie de medidas en beneficio de los sectores económicamente más postergados. Entre ellas, pueden citarse; la reforma del arancel eclesiástico declarando gratis los matrimonios celebrados entre personas asalariadas, la obligación de que los médicos atiendan gratis a los pobres, las normas de trabajo para las mujeres, la realización de un censo y reglamentación de las diversiones públicas “para moralizar a la sociedad”. “Uno de sus objetivos principales es el fomento de la instrucción pública”, disponiendo la enseñanza obligatoria y levantado escuelas en diversas partes de la provincia, además de la creación de colegios de enseñanza superior. Asimismo, adopta medidas de intervención estatal para favorecer el crecimiento económico, reorganiza la justicia y las milicias.

Esta labor creativa y de avance en todos los órdenes de la vida pública se ve perturbada en 1837, por la desgraciada guerra entre Bolivia y la Confederación, para la cual Rosas lo designa comandante en jefe.

Al término de la misma y cuando ejerce la gobernación de la provincia, Heredia mantiene un entredicho con un alto jefe militar de la provincia –Gabino Robles- quien organiza una partida que, poco después –el 12 de noviembre de 1838- lo ataca, en Los Lules, cuando viajaba hacia “La Arcadia”, recibiendo un tiro en la cabeza que provoca su muerte.

Cuando encuentran su cuerpo, éste ha sido horriblemente mutilado por las aves de rapiña. Algo semejante ocurrirá con su historia y su aporte a la patria, mutilados también por tanto conferencista y tanto periodista sometido a los grandes poderes económicos que quieren impedir que los argentinos conozcan su verdadero pasado. (N. Galasso – LOS MALDITOS – Vol. II – Pág. 116 – Ed. Madres Plaza de Mayo)

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ROBERTO EUGENIO LUIS CARRI – (1940 – desaparecido en 1977)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Roberto Carri, escritor, sociólogo, docente y periodista, nació el 8 de julio de 1940 en la Ciudad de Buenos Aires.
De una brillante y reconocida trayectoria como sociólogo, profesor universitario y periodista, Carri representa un claro ejemplo de aquellos intelectuales comprometidos con la realidad de su país.

Como a muchos de su generación, acontecimientos como el Cordobazo, las eclosiones populares y la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse, marcaron su pensamiento, transformando su práctica teórica en un compromiso militante concreto.

Se desempeñó como colaborador en las revistas “Primera Plana” y “Extra” y en el diario “La Opinión”, fue corresponsal de la agencia Interpress Service. Colaboró también en “Marcha”, de Montevideo y en “Antropología del Tercer Mundo”.

Como profesor, dictó cátedra en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad del Salvador y en la Universidad de Mar del Plata. También integró las llamadas Cátedras Nacionales, que se caracterizaron por la búsqueda de un pensamiento autónomo, la politización del conocimiento y la negativa a aceptar patrones teóricos correspondientes a los países centrales. Sus influencias principales fueron los movimientos de liberación del Tercer Mundo tanto como las propias experiencias populares argentinas, principalmente el peronismo y la etapa de la resistencia.

En 1967, mientras Carri desempeñaba tareas en el Ministerio de Trabajo, entró en contacto con la problemática de la clase obrera sindicalizada. Ello le permitió publicar su primer libro: “Sindicatos y poder en la Argentina”, prologado por Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña. Luego, incorporado al Peronismo de las Bases, y con total honestidad intelectual rectificó muchas de sus tesis anteriores acerca de la cuestión sindical. Trabajó siempre en la búsqueda de una correcta interpretación de la realidad, dispuesto a reconocer sus propios errores.

En 1968, bajo el sello de la Editorial Sudestada edita su segundo libro: “Isidro Velázquez: Formas prerrevolucionarias de la violencia””. Allí, afirma: “Este trabajo está orientado hacia el planteamiento de un problema poco estudiado, los rebeldes sociales declarados fuera de la ley, el maridaje entre ilegalidad y bandolerismo social”.

Posteriormente publica: “Argentina: Estado y Liberación Nacional” y “Poder imperialista y liberación nacional: Las luchas del peronismo contra la dependencia” (1973).
En sus últimos años, Carri formó parte del grupo armado Montoneros y vivió bajo las precarias condiciones de seguridad con las que contaba la organización y dentro de la clandestinidad.

El 24 de febrero de 1977, cuando había cumplido 36 años, fue secuestrado de su hogar, en Hurlingham (provincia de Buenos Aires), junto a su esposa, Ana María Caruso, sus tres hijas: Andrea, Paula y Albertina que en ese entonces tenían 12, 11 y 3 años respectivamente, estuvieron presentes durante el operativo y fueron luego retiradas de la comisaría de Villas Tessei por familiares.

El matrimonio Carri fue llevado a un centro clandestino de detención que funcionó en la Comisaría de Villa Insuperable (partido de La Matanza, Buenos Aires). Ese centro de detención, denominado “Sheraton” o “Embudo”, dependía del Primer Cuerpo de Ejército a través del Grupo de Artillería de Ciudadela.

A los diez días de su secuestro, Ana María llamó por primera vez a la casa de sus padres. Hubo luego otras llamadas, y en una ocasión, los dos pudieron entrevistarse con sus hijas en la plaza de San Justo. A partir del mes de julio de ese mismo año, se estableció un intercambio de correspondencia entre los secuestrados y la familia.

En diciembre de 1977, los contactos se interrumpieron. Desde entonces, Roberto Carri y su esposa continúan integrando la lista de desaparecidos argentinos. Sus libros habían sido cuidadosamente silenciados por la superestructura ideológica dominante. Ahora, él mismo cayó víctima del silenciamiento. (M.C. Ardanaz y E. Zabala – Los Malditos – tomo II – página 261, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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NAZARIO BENAVÍDEZ - (1791 - 1858)

OTRO "MALDITO" EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacido en San Juan, se ocupó, desde muy joven, en diversos empleos, hasta que se incorporó a la montonera de Facundo Quiroga, levantada contra la política porteña que perjudicaba los intereses de las provincias interiores. Participó en diversas batallas junto a Facundo y a su muerte, en 1835, comenzó a granjearse el apoyo del pueblo sanjuanino, siendo elegido gobernador en 1836, cuando ya Rosas le había otorgado el grado de brigadier general. Con ciertas intermitencias, desempeñó el cargo de gobernador de San Juan en el período 1836-1854. Se alineó con la política de rosas, pero en ningún momento abandonó su independencia, como en el caso de la detención de Ángel Vicente Peñaloza, El Chacho, oportunidad en que resistió la orden de Rosas de enviarle el prisionero a Buenos Aires, con peligro de ser ejecutado. Mantuvo el apoyo del pueblo a través de una gestión progresista, caracterizada por el impulso de la irrigación, y el apoyo al desarrollo de la agricultura y la minería. También apoyó la difusión de la educación pública y si bien se trató de un gobierno personalista, Benavídez siempre se mantuvo prudente en sus decisiones, gobernando sin odios y con gran dosis de bonhomía.

Producida la caída de Rosas, Benavídez asistió a la reunión de San Nicolás de los Arroyos, convocada por Urquiza y apoyó la política de la Confederación, entendiendo que ella conducía a la organización nacional. Sin embargo, los integrantes del partido unitario –es decir, los amigos de Sarmiento- lo jaquearon con una intensa oposición. En las vicisitudes de la lucha interna sanjuanina, fue apresado por los liberales, permaneciendo engrillado en su celda, hasta que en la noche del 22 de octubre de 1858, fue víctima de una acción comando realizada por sus opositores quienes lo asesinaron en la cárcel, argumentado que había pretendido escaparse.

Este asesinato condujo a la Confederación urquicista a dar batalla a la oligarquía porteña, en la batalla de Cepeda. Ramón Cárcano, en su libro “Del sitio de Buenos Aires, al campo de Cepeda”, se refiere al asesinato de Benavídez en estos términos: “El general Benavídez, gobernador vitalicio de San Juan durante la tiranía, con suficiente talento y bondad para ejercitar el mando con cierta tolerancia y mansedumbre, fue el más combatido por el gobierno de Buenos Aires y el más protegido por el gobierno de la Confederación, porque, sin duda, era el hombre de mayor valor entre los caudillos locales… Fue asesinado por sus propios guardianes y desde los balcones de su calabozo, arrojado el cadáver sobre la vía pública.

El hecho causó intensa impresión en todo el país… Sarmiento, en El Nacional, aplaudió francamente el crimen; Gómez, en La Tribuna, no fue menos expansivo… En Paraná, el cobarde asesinato causó indignación y alarma… El episodio trágico estimuló el ardor guerrero. Los hombres de la Confederación se sintieron amenazados por el crimen. El estado de combustión encontró la chispa incendiaria”

No obstante la importancia de su figura política, su condición de caudillo federal del interior ha sido suficiente para que sobre él cayera el olvido. (N. Galasso, Los Malditos, Vol. IV, Pág. 254, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JORGE RICARDO MASETTI – (1929-1964)

Nace el 31 de mayo de 1929 en Avellaneda, hijo de un inspector municipal y un ama de casa. Mediocre estudiante, mediocre arquero de fútbol, mediocre seminarista, aprendiz de tipógrafo, el ’45 lo encuentra en la Alianza Libertadora Nacionalista. Mediocre cantor de tangos, conscripto en la Marina, recorre el mundo en el Guardacosta Pueyrredón. A los 19 años ingresa al diario Tribuna y comparte redacción con Fermín Chávez y Alfredo Bettanin. Conoce a su primera esposa y tiene dos hijos. Ingresa a De Frente en 1954 con John W. Cooke.

Periodista radial, alterna con Walsh y Rogelio García Lupo, Leopoldo Barraza y Ricardo Rojo. Cuentista policial, escribe una obra de teatro, hoy inhallable y la monta en forma amateur. De pronto explota en su vida, y en la de toda una generación, la Revolución Cubana. En febrero de 1957 Herbert Matthews, periodista estrella de New York Times, veterano de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial, con todos los dotales, la logística y el prestigio logra un reportaje al doctor Fidel Castro Ruz que fascina al mundo periodístico. En enero de 1958, Masetti logra que Radio El Mundo destine 60.000 pesos para financiar lo que sería el mayor reportaje escrito de la historia del periodismo Argentino, según definición de Rodolfo Walsh. Una incursión a la Sierra Maestra, sorteando a la GESTAPO batistiana, para traer la voz de un grupo de barbudos iluminados que cambiarían la Historia de América. Es nuestro deber exigir al lector que lea “Los que luchan y los que lloran” (Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1969). Es una conmovedora crónica de la transformación de un oscuro cronista, anido de prestigio, en un vocero de los vientos de cambio en la América Morena. Masetti baja de la Sierra a la sofisticada Habana y se contacta con Buenos Aires. Horrorizado comprueba que sus cintas no llegaron a destino y vuelve a subir sufriendo los mismo peligros que el viaje anterior. Repite el reportaje y baja al llano. Es otro ser humano. Ha empuñado un fusil, tiene el grado de Teniente del Ejército Revolucionario y lleva consigo las cintas grabadas a Buenos Aires. Según Walsh “había ido lleno de dudas, prevenciones y sutilezas, y se lo tragaba la insuperable experiencia colectiva de un pueblo en sedición. Volvía enamorado de aquella experiencia agraria, popular y antiimperialista”.

En segundo lugar, Masetti es el creador de la primera agencia latinoamericana de prensa, Prensa Latina. Es cofundador, gestor, alma-mater y fogonero de la época independiente de la agencia que se enfrentó a Associated Press y a United Press. Desde la nada construyó con Gabriel García Márquez, Rogelio García Lupo, Juan Carlos Onetti, Rodolfo Walsh, Ángel Boan, Carlos Aguirre y Carlos María Gutiérrez, una estructura con filiales en cada ciudad americana, en Londres, París, Ginebra y Praga.
Un año después sufre un doble colapso. Por un lado la ruptura diplomática dispuesta por el Departamento de Estado supuso el cierre de todas las filiales en América. Por el otro las tensiones internas por el control ideológico y político de la PRELA lo llevan a renunciar en marzo de 1961. El conflicto es con los sectores pro-soviéticos. Masetti no era comunista, ni cubano, ni manejable. La colaboración de intelectuales críticos al régimen soviético con la PRELA, la lucha por sectores de poder del aparato del estado cubano y sobre todo su línea directa con el Che lo hicieron blanco del sectarismo avasallante. Creemos que la renuncia fue una decisión compartida y consensuada con Guevara. Ninguno quería dar batalla en Cuba. Sus objetivos estaban en la Argentina.

En tercer lugar, Masetti es el Comandante Segundo, el Jefe del Ejército Guerrillero del Pueblo, cabeza de playa guevarista en territorio salteña cuya meta era explorar la geografía, instalar bases de apoyo, relacionarse con campesinos del lugar y armar una red urbana en Salta, Córdoba y Tucumán. La experiencia fue un absoluto fracaso. ¿Fue prematura? ¿Fue desconexa en tiempo y espacio? Creemos que es un referente de una discusión no saldada, la viabilidad o no de la lucha armada. Con los hechos consumados es fácil sacar conclusiones. Todo el proceso hay que leerlo en un contexto de espacio-tiempo. Podemos marcar el error de iniciar un movimiento insurgente en el período gubernamental del doctor Illia, armar un ejército irregular con universitarios y empleados urbanos, confundir el Altiplano con la Sierra Maestra, moverse en forma errática y dispersa a la vista de Gendarmería Nacional, los conflictos derivados de la disciplina interna, etc.

En su haber contamos con su renuncia al mundo cómodo y burocrático, la intensidad de esos breves cinco años, el mayor reportaje del periodismo argentino, la febril actividad en Prensa Latina, y su inmolación final. Jorge Ricardo Massetti se pierde en la selva salteña hacia el 18 de abril de 1964, desnutrido, harapiento, con 44 días sin alimentos sólidos y con 20.000 dólares en la mochila que jamás fueron recuperados. (G. Palma, Los Malditos, Tomo III, página 366, Ed Madres de Plaza de Mayo)

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PEDRO DOMINGO MURILLO - (1757 - 1809)

OTRO PATRIOTA ASESINADO Y "OLVIDADO" POR LA HISTORIA OFICIAL

Nació en la comunidad de Suri, departamento de La Paz, Bolivia.
Cursó estudios en la Universidad de Cuzco. Se recibió de abogado en 1806. Anteriormente, ya había sido detenido por imputársele participación en actividades conspirativas contra el Virrey.

Participó en Chuquisaca, en el pronunciamiento del 25 de mayo de 1809, dirigido contra el Gobernador por sus tratativas para coronar a Carlota Joaquina.

El 16 de Julio de 1809, Murillo y sus compañeros lograron derrocar a las autoridades y él es nombrado Comandante de Armas, el 22 de julio.

Pero el 25 de octubre de 1809, las fuerzas de Murillo son derrotadas por el general español José Manuel de Goyeneche, en Chalcataya.

Murillo cayó prisionero y fue ahorcado por los contrarrevolucionarios. La tradición sostiene que sus últimas palabras fueron:
“Yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la apagará. ¡Viva la libertad!”

Es el más claro antecedente de la Revolución de Mayo pero, sin embargo, no ha sido debidamente homenajeado. (N. Galasso, Los Malditos. vol. IV, pág. 262, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES - (1785 – 1821)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Al dar la noticia, la Gaceta de Buenos Aires, órgano oficial del gobierno porteño, se expresó en estos términos: “Murió el abominable Güemes… Ya tenemos un cacique menos”

“Hace Ud. muy bien en reírse de los doctores, sus vocinglerías se las lleva el viento (…). Por lo que respecta a mí no se me da el menor cuidado: el tiempo hará conocer a mis conciudadanos que mis afanes y desvelos en servicio de la patria, no tienen más objeto que el bien general (…) y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos (…). Así, pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados”. De una carta de Güemes a Belgrano.

El anatema oficial (es decir liberal-oligárquico) recaído sobre diversos personajes de nuestra historia, consiste básicamente en el llano silenciamiento o la explícita detracción, pero a menudo también en un arbitrio mucho más recóndito y sutil: el de la mistificación, disfrazada generalmente de aureolado encumbramiento o “indulto póstumo”, como lo llama Jorge E. Spilimbergo. En lo fundamental, se tiende así a borrar u ocultar facetas esenciales y potencialmente “peligrosas” de la personalidad en cuestión.
En el caso del general Güemes, “la imagen que se nos ha dado de él –según el citado Spilimbergo- es la de un monaguillo unitario que defendió como Robin Hood una frontera desamparada permitiendo a San Martín hacerse el Aníbal con el Ejército en los Andes”.

Pero si el caudillo salteño se vio obligado a rechazar, con la sola fuerza de sus guerrillas gauchas, las numerosas e ingentes incursiones realistas durante los cinco años en que fue gobernador de su provincia (1815-1820), no lo hizo precisamente porque el gobierno central careciese de efectivos regulares para apoyar su gesta. Desde el desastre de Sipe Sipe (28-11-1815) hasta que fue llamado en apoyo del Directorio y sublevado por su oficialidad en la posta de Arequito (8-1-1820), el Ejército del Norte, “respetable por el número de sus efectivos, su parque, oficialidad y caballadas”, no se movió jamás de su asiento en Tucumán para ir en ayuda de las bravías milicias salteñas que combatían en el límite norte contra los realistas.

El temor de los gobernantes porteños, al igual que el de la oligarquía salteña (que terminaría asesinando por mano vicaria al gran caudillo), era la aparición de un nuevo Artigas en el norte. Resultaba preferible para ellos perder a jirones el propio territorio que permitir la preponderancia de una figura popular, cuya concepción federal y americanista pusiera en riesgo la conservación de sus mezquinos privilegios de clase. “Tanto Salta como la Banda Oriental –seguimos citando a Spilimbergo- tenían una decisiva importancia estratégica en la querella del federalismo. Si éste no lograba abrirle ‘puerta a la tierra’ estableciendo su propio enlace geo-económico con el mercado mundial, acabaría estrangulado por el puerto de Buenos Aires y la oligarquía bonaerense, como en efecto ocurrió”.

Vale decir que la estrategia de Güemes y San Martín no era exclusivamente defensiva, o, como dice Mitre con su típico lenguaje de “patria chica”, el intento de poner “un antemural de la nacionalidad argentina por el Norte”, conservando los desmedrados límites que a la postre constituyeron lo que es hoy la república. Por el contrario, la estrategia era de alcance continental: atacar a los realistas en un movimiento de pinzas con Güemes avanzando por el Alto Perú, al tiempo que Álvarez de Arenales sublevaba la sierra peruana y San Martín, desde Chile, ingresaba al Bajo Perú por el Pacífico. El posterior “renunciamiento” sanmartiniano de Guayaquil tiene mucho que ver con el fracaso de esta estrategia, saboteada desde Buenos Aires y Salta, por quienes privilegiaban sus intereses a los de la patria en peligro. Y por la que el general Güemes terminó rindiendo su vida.

Martín Miguel Juan de Mata Güemes –tal su nombre completo- había nacido en Salta, calle de la Amargura (hoy Balcarce), el 8 de febrero de 1785. Su padre, el español Gabriel de Güemes y Montero, se desempeñaba como tesorero real y comisario de guerra en la intendencia de Salta; su madre, la criolla Magdalena Goyechea y la Corte, era descendiente del fundador de San Salvador de Jujuy.

Incorporado a los 14 años, como cadete, a la sexta compañía del tercer batallón del regimiento de infantería fijo de Buenos Aires con asiento en Salta, se trasladó a Buenos Aires durante las heroicas jornadas de 1806 y 1807, contribuyendo, dirá Alberdi, “a arrancar a los ingleses las banderas que decoran hoy los templos de la orgullosa ciudad”. Se cuenta que en esa ocasión, al frente de una fuerza de caballería, el joven oficial logró la insólita captura de un buque británico, al que la violenta bajamar había hecho varar en la costa.

Luego de estallar la Revolución del año 1810, otra vez en Salta, adonde había regresado a causa de una afección pulmonar, Güemes se incorporó al ejército patriota en expedición al Alto Perú. Al frente de un reducido contingente se encarga entonces de la defensa de la Quebrada de Humahuaca y poco después participa, al mando de un grupo de voluntarios, del primer triunfo de las armas patriotas en Suipacha. Al producirse el desastre de Huaqui, debió acudir en ayuda del coronel Juan Martín de Pueyrredón, gobernador de la provincia de Charcas, en retirada desde Potosí y hostigado día y noche por los realistas.

Al asumir San Martín, en reemplazo de Belgrano, la jefatura suprema del Ejército del Norte (1814), confía al ya por entonces teniente coronel Güemes la organización y conducción de partidas de gauchos salteños, destinados a sostener la guerra a las tropas absolutistas en el norte.
(…)
Ya para entonces, por otra parte, se hacía cada día más ostensible la hostilidad de la “clase decente”, que ahora vivía conspirando contra la política de guerra de Güemes y muy especialmente contra la política de guerra de Güemes y muy especialmente contra su actitud “demagógica” hacia las masas plebeyas. Aquellos eran los grandes terratenientes, las familias copetudas que buscaban adecuar los vaivenes de la contienda a sus propios intereses de señores feudales. La plebe, en cambio, los “bizarros patriotas campesinos”, como los llamaba Pueyrredón, eran los que generalmente, sin paga alguna, ofrendaban su vida por la liberación de la patria.

Al aumentar la resistencia de la alta clase, Güemes, proveniente de la misma, pero patriota firme y convencido, no encontró otro camino, dice Frías, “que echarse en manos de la plebe”. Sus arengas son evidencia clara de lo dicho: “Por estar a vuestro lado –decía en una de ellas- me odian los decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros defendáis su propia libertad dando la vida por la Patria. Y os odian a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados y esclavizados por ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos, como hijos de la misma Patria que hemos arrancado del yugo español. ¡Soldados de la Patria, ha llegado el momento de que seáis libres y de que caigan para siempre vuestros opresores!”.

A partir de 1816, Güemes puso en vigencia un “fuero” especial para los gauchos eximiendo de toda obligación del pago de arrendamientos a quienes se incorporen al servicio militar. También prohíbe que los hombres enrolados en su fuerza, puedan ser ejecutados ni compelidos al pago de cualquier cosa que adeudaren. “Junto a él –testimonia un escritor reaccionario- los gauchos aprendieron a usar de una libertad individual nunca vista ni consentida… El alentó su sentimiento de dignidad, los protegió y se puso a su lado en la balanza en que jugaban la suerte con la gente decente, con lo que el mulataje de natural altanero y atrevido, amigo de la libertad y de la ociosidad, fue tomando alas, ensanchando su osadía y caldeando su odio hacia la raza blanca hasta… convertirse en una malvada e insolente canalla que quería imponer su repugnante dominación”.

Así, agrega, la clase alta salteña “tuvo por él un odio profundo, ardiente y vivo”, considerándolo “un salteador de la fortuna privada”, que la “oprimía con impuestos y confiscaba sus bienes. El odio contra ese hombre maldito llegaba a lo más profundo de los corazones… y no se había extinguido aún varias décadas después de su muerte”.
Tan “monstruo peligroso era que su sola mirada provocó tal espanto en una ‘niña bien’ que cayó enferma en cama del arrebato”. Desde la misma óptica conservadora, Joaquín Carrillo escribe: “Aquel comunismo arrebataba sus bienes de fortuna al decente, al blanco o propietario de los centros urbanos o de las campañas pobladas, para mantener el ocio y las pasiones del campesinado armado”.

¿Cómo extrañarnos entonces del solapado desafecto con que lo trata Mitre en su Historia de Belgrano, donde campean calificativos como “arrogante”, “soberbio”, etc., o el mismo general Paz, quien en sus “Memorias Póstumas” parece traducir, al lado de una irresistible admiración, el pensamiento que los grandes propietarios salteños tenían del barbado comandante gaucho? “Este caudillo, este demagogo, este tribuno, este orador, carecía hasta cierto punto del órgano material de la voz, pues era tan gangoso, por faltarle la campanilla, que quien no estaba acostumbrado a su trato, sufría una sensación penosa al verlo esforzarse para hacerse entender. Sin embargo, tenía para los gauchos tal unción en sus palabras y una elocuencia tan persuasiva, que hubieran ido en derechura a hacerse matar para probarle su convencimiento y su adhesión. Era, además, Güemes relajado en sus costumbres, poco sobrio y carecía de valor personal, pues nunca se presentaba en el peligro. No obstante, era adorado de los gauchos, que no veían en su ídolo sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también, porque es preciso decirlo, al patriota sincero y decidido por la independencia_ porque Güemes lo era en alto grado. Él despreció las seductoras ofertas de los generales realistas, hizo una guerra porfiada, y al fin, tuvo la gloria de morir por la causa de su elección, que era la de la América entera”.

A esa muerte –bueno es remarcarlo- no fueron ajenos sus enemigos internos, los que en mayo de 1821 se habían sublevado en la llamada “revolución del comercio” y en sesión del cabildo lo habían depuesto de su cargo de gobernador, condenándolo además a la pena de exilio. Güemes, a la sazón en Jujuy, se aprestaba a avanzar con sus huestes hacia el Alto Perú en apoyo de la campaña de San Martín. Al enterarse de la novedad, regresó de inmediato a Salta y con su sola presencia abortó el movimiento en su contra. Pero la sedición oligárquica no se aquietó. Uno de los complotados, el comerciante Mariano Benítez, se traslada al campamento del general español Olañeta y el 7 de junio consuma la felonía: ingresa a la ciudad de Salta guiando un contingente de 400 hombres al mando del teniente coronel José María Valdez. Este militar absolutista, salteño de nacimiento y ex contrabandista, era apodado “el Barbarucho”, por la temeridad y las atrocidades que caracterizaron su accionar.
Güemes, sorprendido en casa de su hermana Macacha, quien lo había hecho llamar para alertarlo sobre la traición, montó a caballo y trató de romper el cerco tendido por sus enemigos, pero recibió un disparo por la espalda cuando estaba a punto de evitarlos.

Trasladado por sus partidarios al campamento de El Chamical, falleció, diez días después, el 17 de junio de 1821, en la Cañada de la Horqueta, a 34 kilómetros de la ciudad de Salta.

Al dar la noticia, la Gaceta de Buenos Aires, órgano oficial del gobierno porteño, se expresó en estos términos: “Murió el abominable Güemes… Ya tenemos un cacique menos”. (Juan Carlos Jara, Los Malditos, vol. II, pág. 102, ed. Madres Plaza de Mayo)

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FRANCISCO REYNALDO (PACO) URONDO - (1930 – 1976)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Francisco Reynaldo Urondo –“Paco”- nació en Santa Fe, el 10 de enero de 1930. Poeta, cuentista, periodista y militante político, dio su vida luchando por el ideal de una sociedad más justa.
Después que las fuerzas de Fidel Castro derrocaran a Batista, viajó a Cuba, impulsado por su vocación revolucionaria. Más tarde, en su novela “Los pasos previos” relató las experiencias de las actividades políticas y sociales que dieron origen a la práctica militante de la lucha armada: su visión en tiempo de ficción del proceso ideológico que transitaron los miembros fundadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

En 1968, fue nombrado director general de Cultura de la provincia de Santa Fe, y en 1973, director del departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Como periodista, colaboró en diversos medios del país y del extranjero, entre ellos, “Primera Plana”, “Panorama”, “Crisis”, “La Opinión” y el diario “Noticias” (donde compartió el trabajo con sus amigos Juan Gelman y Rodolfo Walsh).

Producido el golpe militar del 24 de marzo de 1976, la conducción política de Montoneros dispuso su traslado a la ciudad de Mendoza. Viajó entonces con su mujer Alicia y su hijita hacia esa provincia argentina. Junto a ellas deambuló por varias casas en busca de una base segura donde asentarse. En uno de esos desplazamientos, durante el mes de junio de 1976, una patrulla le intima rendición. Francisco Urondo ofreció resistencia y al quedarse sin balas, tomó la pastilla de cianuro falleciendo antes de que pudieran capturarlo. Su esposa Alicia fue ultimada en el mismo operativo.(*)

Entre sus libros de poemas, cabe citar: “Historia antigua” (1956), “Breves” (1959), “Lugares” (1961), “Nombres” (1963), “Del otro lado” (1967), “Adolecer” (1968), y “Larga Distancia” (antología publicada en Madrid en 1971).

En prosa y teatro: “Todo eso” (1966, cuentos), “Al tacto” (1967, cuentos), “Veraneando y Sainete con variaciones” (1966, teatro), “Veinte años de poesía argentina” (1968, ensayos), “Los pasos previos” (1972, novela), “La patria fusilada” (1973, entrevistas a los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew).
Es autor, en colaboración, de los guiones cinematográficos de las películas “Pajarito Gómez” y “Noche terrible”, y ha adaptado para la televisión “Madame Bovary” de Flaubert, “Rojo y Negro” de Stendhal y “Los Maias” de Eca de Queiros.

Francisco Urondo continuó escribiendo aún en medio de los peligros de la clandestinidad. Dejó un libro inédito “Cuentos de batalla” que se perdió durante los años del terror.
En el prólogo del libro “Poemas de Batalla” (Seix Barral, 1998), su amigo, el poeta Juan Gelman, escribe sobre él: “No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo. ‘Empuñé un arma porque busco la palabra justa’, dijo alguna vez… Corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra”. (María Clara Ardanaz y Enrique Zabala, Los Malditos, v I, p 368, ed Madres de Plaza de Mayo)

(*) ACLARACIÓN DISCEPOLEANA: El libro Los Malditos se escribió en el año 2005 y hasta ese momento se creía que Paco Urondo se había suicidado pero no fue así. Durante el juicio se pudo determinar que no se suicidó tragando una pastilla de cianuro, sino que seguramente le mintió a su pareja para quedarse en el automóvil como blanco fácil de los policías, e incitarla a escapar con su hija de dos años. Urondo falleció por estallido de cráneo provocado por un culatazo de fusil que le propinó el policía Celustiano Lucero.
En 2011, varios policías fueron condenados por su muerte y la de otras 23 personas. La pena máxima recayó sobre el ex comisario inspector Juan Agustín Oyarzábal, el ex oficial inspector Eduardo Smahá Borzuk, el ex subcomisario Alberto Rodríguez Vázquez y el ex sargento Celustiano Lucero. El ex teniente Dardo Migno recibió 12 años de cárcel.

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CARLOS CARIDE – (1940-1976)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacido en Buenos Aires, el 31 de octubre de 1940, en una familia de modestos recursos.

Desde muy joven, se incorpora a la militancia peronista participando en “la resistencia” contra la dictadura militar instaurada en 1955. Integra comandos clandestinos con Envar El Kadri, Héctor Spina y Gustavo Rearte, entre otros, colocando “caños” (bombas caseras) y tiroteándose a menudo con “comandos civiles” de la “libertadora”. Participa en Trinchera, el primer órgano periodístico de la Juventud Peronista. Luego, motivo de un episodio confuso en que muere un estudiante, es condenado a seis años de prisión. “Es la primera de una larga serie de caídas en prisión”, señala H. Tarcus. En esta época, Caride despega de sus inclinaciones derechistas de la juventud que lo habían acercado a Tacuara y se desplaza hacia una posición de izquierda interna del peronismo, bajo la influencia de Juan José Hernández Arregui.

Cuando recupera la libertad es herido gravemente en un enfrentamiento con la policía, logrando apenas salvar su vida (1968). Desde 1967, trabaja políticamente con El Kadri y participa en la creación de las FAP, manteniendo asimismo una fuerte relación con el mayor Alberte. En 1969, al realizarse un allanamiento, en un tiroteo donde muere un oficial, vuelve a ser detenido y es torturado. Su acercamiento a la FAP implica asumir algunas críticas a Perón, pero no participa del grupo del Peronismo de las Bases que se niega a votar a Cámpora en 1973. La amnistía del 25 de mayo de 1973 le permite recuperar la libertad, pero por poco tiempo, pues desde la derecha peronista se fragua, en su contra, un atentado contra Perón que habrían armado Caride junto con Troxler y El Kadri y que lo devuelve a la cárcel.

Más tarde, junto a El Kadri, lanza las FAP 17, que luego se unifican con Montoneros. El 1º de mayo de 1974, Caride conduce una de las columnas que se manifiesta crítica al General. Poco después, ya muerto Perón, Caride asiste al velatorio de su amigo Troxler y luego vuelve a la clandestinidad. Bajo la dictadura militar es baleado y muere el 27 de mayo de 1976, en la localidad de Haedo.

Su vida fue una entrega permanente a la causa del pueblo, con un coraje sin límites y una perseverancia dispuesta a sobrellevar todas las dificultades a tal punto que puede considerársele como uno de los personajes más representativos de la militancia y la resistencia peronista. (N. Galasso, Los Malditos, tomo III, pág. 323, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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GERARDO SUELDO  (1936 – 1998)
¿Lamentable accidente o asesinato del poder?

OTRO "MALDITO OLVIDADO" POR LA HISTORIA OFICIAL

Lamentable accidente o asesinato del poder, esa es la duda que, hasta nuestros días, persiste en la población de Santiago del Estero, aunque en el sector más humilde y por lo tanto más desprotegido de la comunidad no tienen muchas dudas, tal vez ninguna.
Se trata nada menos que de la muerte de quien fuera Obispo de aquella ciudad, Monseñor Gerardo Sueldo, nacido en Rosario, Santa Fe el 21 de Agosto de 1936, quién cursó sus estudios primarios en Belén, Catamarca; que luego ingresó en el seminario Menor de Catamarca y estudió Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Regional del Noroeste, de la misma ciudad.
El 9 de Julio de 1961 fue ordenado sacerdote por Monseñor Adolfo Tortolo en San Fernando del Valle de Catamarca y el 15 de mayo de 1993, después de cumplir innumerables y diversas funciones dentro y fuera del país, fue trasladado a Santiago del Estero como Obispo Coadjutor, tomando posesión de su oficio el 31 de octubre de 1993.

"Admiro en todos ustedes, la fuerza y valentía para llevar adelante las continuas frustraciones de esta provincia. Admiro y venero desde la fe, la pobreza y sencillez de sus vidas y la alegría con que saben caminar hacia delante. Sé de los golpes y presiones que deben sufrir para sobrevivir en éste pueblo… Sé del desenfreno en el ansia de poder y deseo de avasallar" (homilía del 25/12/95)

A partir de 1995 el obispo comienza a manifestarse en contra de las políticas implementadas por el entonces gobernador Carlos Juárez, tomando protagonismo a través de sus homilías de tono político y de denuncia. De esta manera se convirtió en “la voz, de todos los sin voz”. Denunciaba la cultura del miedo imperante, de la dependencia y el sometimiento, donde ser  empleado del Estado parecía ser la salida y que ello significaba perder la libertad y caer en el servilismo  de los caudillos y caciques de turno. Sus reclamos fueron permanentes para con la dirigencia política, criticando duramente el no haber promovido la industrialización provincial, contra la inseguridad de personas y bienes y no alentar un proyecto para salir de la postración y la miseria en la provincia.

¿Accidente o asesinato?

En la madrugada del 4 de septiembre de 1998, Santiago del Estero amaneció sorprendido por la noticia del fallecimiento de Monseñor Gerardo Sueldo en un supuesto accidente de tránsito.

Supuesto accidente porque las causas de su muerte nunca fueron totalmente esclarecidas y las versiones en el pueblo santiagueño, afirmaban que lo habían matado. La justicia intentó frenar los rumores afirmando que el accidente se debió a un caballo suelto en la ruta cuando Sueldo, quien manejaba su vehículo, no pudo frenar y al intentar esquivar al animal, el auto terminó dando varios tumbos. Su cuerpo despedido quedó sobre la ruta con un solo golpe fatal en la cabeza. Dentro de los rumores, más de un memorioso, se atrevió a decir que el “accidente” era muy parecido al sufrido por Monseñor Angelelli años antes.

"Lo primero que nos pide Jesús al enviarnos, es no atarnos a los poderes, ni al poder del dinero, ni al poder económico ni a los poderes políticos" (homilía 12/07/97).
"Ningún hombre que hiere la dignidad del hombre debe ser obedecido ni seguido" (homilía 25/07/96)

"No escapemos mirando a otro lado. No busquemos una definición o respuesta teórica. No intelectualicemos el hecho para alejarlo, para que no nos incomode en una definición personal y comunitaria" (Homilía 30/03/97).

"Quiero decirles a Uds. amigos y amigas de esta secretaría Diocesana para los derechos humanos del Obispado de Santiago del Estero, que el área pastoral en la cual se encuentran no es fácil, al contrario será de riesgo, tendrán que acostumbrarse no solo a la crítica, sino mucho más, a la difamación, a la calumnia, a ser controlados y perseguidos y porque no decirlo, tal vez, a la cárcel" (homilía 13/12/97).

"Tienen una realidad que los desafía, acepten el desafío" (homilía 23/01/98)

"Reclamen en Paz, pero cada día y en cada oportunidad, de lo contrario siempre serán víctimas de los poderes de turno" (homilía 29/05/98).
"No se dejen domesticar por los poderes" (homilía 29/05/98)

“Cuando la iglesia invita a no perder la dignidad por la obsecuencia y servilismo frente al poder de todo tipo, está anunciando su fe. Cuando observa cómo se va profundizando una cultura de la dependencia y el sometimiento con refinados métodos de la dádiva que crean la pasividad y hacen sentir al otro deudor por siempre, está anunciando su fe. Porque esta fe de los apóstoles proclama que el hombre es violentado en el servilismo y la obsecuencia que lo convierte en cortesano y no en ciudadano, menos en hijo.
Porque toda dádiva que sustituye o priva de un derecho, es violencia que humilla. Cada hombre y mujer tienen derecho al trabajo, se lo humilla y violenta con el desempleo..."

“¿Cuánto tendremos que llorar por la ausencia de los honestos y el silencio cómplice de los cómodos y complacientes?
Pedir honores y poder no es lenguaje de la fe. Sabemos que el poder y los honores en la sociedad civil llevan a la tiranía y la opresión, por un lado, y, por el otro, a la obsecuencia cortesana”

El diario La Nación en una nota titulada Honda conmoción por la muerte de Monseñor Sueldo recogía los testimonios de algunos de los concurrentes al velatorio:
“Se ha ido quien era la voz de quienes no tienen voz”, dijo una señora a la salida del templo.

Un hombre señaló: “Monseñor Sueldo nos representaba. Él estaba con nosotros, los pobres”.

Otro comentó: “Él hablaba por nosotros. Decía lo que no podemos decir”.
(La Nación, muerte de Monseñor Sueldo)

Mientras el hermano del Obispo, profesor Carlos Sueldo, en declaraciones al portal de noticias Caminos del Norte afirmó: “Fue un accidente disfrazado”
En tanto en Radio Salta, dijo que siempre hubo dudas y que mantenía la esperanza de que se reabra la causa.

"Aún no me cierra la rápida y corta investigación que se realizó por la muerte de mi hermano, que durante mucho tiempo tuvo enfrentamientos contra el gobernador Juárez por su tarea pastoral y por ser la voz de los sin voces en esta provincia".

Habla la jueza del caso

La ex jueza del Crimen de la Cuarta Nominación, Dra. María Luisa Cárdenas de Infante, habló con EL LIBERAL y se refirió acerca del supuesto caballo que se cruzó en el camino del Sueldo y del que surgieron tantas teorías. “Nunca vimos ningún animal en la ruta. Yo llegué a los 10 ó 15 minutos del accidente y no vi ningún caballo en las inmediaciones”, recordó.

“No pude tomarle declaraciones a los curas que iban con el obispo porque Marcelo Trejo se fue a España y a Jorge Ramírez lo enviaron a Mailín, y yo quería preguntarle a Trejo si había visto el caballo porque era un testigo presencial”, remarcó Cárdenas de Infantes.

“Para nosotros fue un accidente, chocó una alcantarilla y voló, murió porque venía sin cinturón, mientras que los dos acompañantes venían con el cinturón puesto, incluso ordené que los médicos forenses lo revisaran y no tenía nada en el cuerpo, excepto el golpe en la cabeza, además yo misma lo vi desnudo en terapia intensiva del sanatorio y no tenía marcas”.

A su turno, la ex dirigente de ATE, Alba Luna del Valle Agüero de Castillo, sigue sosteniendo que a Sueldo “lo mataron”, barajando dos hipótesis: “le largaron varios caballos sorpresivamente, aunque no descarto que no haya habido un francotirador”.

En nota realizada por la periodista Alejandra Dandan en Pág. 12 la jueza dice:
“A mí me tocó investigar esa causa. Ha sido una de las que más me costó investigar, por varios motivos. Primero porque era una persona que había adoptado una postura crítica total hacia el gobierno de Juárez. Denunciaba la falta de independencia del Poder Judicial, sobre todo las posturas que el gobierno adoptaba en algunas causas.
El obispo murió en un supuesto accidente automovilístico, sobre la ruta provincial 9, a la altura de la ciudad de Las Termas, el viernes 4 de setiembre de 1998. Volvía de la ciudad de Salta con dos sacerdotes: Marcelo Trejo, un cura que de acuerdo a las denuncias de los familiares de Sueldo habría sido silenciado y trasladado fuera del país. Y el canciller del Obispado Jorge Ramírez, un hombre que aún sigue vinculado al Obispado.

A la madrugada no se divisaban grandes cosas. Además del auto volcado con un aparente accidente, a mí me extrañó la presencia de gente de seguridad, de inteligencia. ¡En un accidente!
– ¿Quiénes estaban?
– Personal de Seguridad. Seguridad dependía en ese momento de D’Amico y de Musa Azar. Como no eran los policías con los que trabajábamos siempre, los identifiqué muy fácilmente. Me extrañó que estuviesen en un accidente porque normalmente no lo hacían. Lo tomé como que, bueno, era el obispo el que estaba en ese lugar. Pero después no sé, pienso que es extraño.
El obispo no tenía nada, no tenía un rasguño, lo único que tenía era un pequeño hundimiento en la frente. Las pericias que se hicieron determinaron que habría sido el auto que lo golpeó.

– Una sola pericia. Y se hizo porque yo la pagué. Puse la plata de mi bolsillo porque no me daban fondos. Era la pericia accidentológica.” (P12, 25/2/2004)

Se cierra la causa

“A mí me ordenaron que cerrara la causa”, dijo la ex funcionaria en la misma nota horas después de que el Ministerio de Justicia de la Nación, a través de sus delegados en Santiago del Estero, decidiera pedir los expedientes del caso para empujar la reapertura de la investigación. Ella está dispuesta a repetir el testimonio frente a la Justicia. 

“Al cerrar la causa, dejé constancia de que por un motivo que no se pudo establecer él perdió el control del rodado.”

Dejó de ser jueza cuando investigaba a un antiguo socio económico de Juárez que en ese momento estaba enfrentado al caudillo. Cuando la jueza encontró las pruebas para procesarlo, aquella enemistad había cesado. Y ella se trasformó en acusada. (Página12, 25/2/2004)

Antes de su muerte, desde el juarismo, se lo atacaba diciendo que Monseñor Sueldo era el “profeta del odio”, “que se metía en política”, “que había venido a romper la unidad de los santiagueños”, mientras él seguía con su prédica desde el púlpito con homilías con las que supo ganarse el respeto de los humildes y el odio de los poderosos de entonces.

Su último mensaje

En el mensaje de la Navidad de 1997, menos de un año antes de su muerte en aquel extraño accidente, dejó en claro, lo que para él, significaba el ser cristiano y su misión pastoral.

El mensaje de la Navidad de 1997, quedó como legado para SANTIAGO DEL ESTERO:
“...Nos podemos preguntar qué significa que el cristiano viva una "espiritualidad".
...Ante todo, el servicio espiritual de la Iglesia es como el servicio de Cristo: entregar el espíritu de transformación, comunión y libertad. Por eso el trabajo pastoral de la Iglesia, nunca podrá ser una huida de las realidades del mundo.
...¿Nos preguntamos: habrá algo que transformar en Santiago?
¿Habrá que sentirse en comunión con Dios y con los hermanos para renovarnos y renovar la sociedad, o nuestra  fe sirve como hermoso sedante para tranquilizar, adormecer y justificar?
¿Dónde estará el espíritu de libertad y dignidad que se nos ha dado?
Lo único que quisiera decirles como Obispo, es que al recordar esto, estoy cumpliendo con mi deber pastoral de promover lo espiritual. Nada más.”

El pastor que fue “la voz de los sin voz”, con su muerte, provocó en el pueblo santiagueño el sentimiento de orfandad al haber perdido a un defensor de los pobres, un trabajador por la justicia y la libertad, luchador por la recuperación de la dignidad humana y por los siempre excluidos de la sociedad.

Por eso una gran multitud de gente humilde lo acompañó en su velatorio. Sus restos hoy se encuentran en la Catedral Basílica de la ciudad capital. Y del tema no se habla más. Causa cerrada. Otro “maldito” engrosa la larga lista de nuestra historia de luchas por un lugar más justo donde vivir. (JRO, para Pensamiento Discepoleano)

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FRANCISCO ISAURO ARANCIBIA - (1926 - 1976)

OTRO HONESTO DEFENSOR DE LOS DERECHOS GREMIALES EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació en Monteros (provincia de Tucumán) el 25 de marzo de 1926. Su padre fue ordenanza de la Escuela Normal y su madre amasaba pan para vender y tejía para ayudar en la manutención de sus ocho hijos, todos los cuales estudiarían para maestros.

Estudió en la Escuela Normal de su pueblo natal y ya maestro, trabajando en una escuela nocturna, inició la carrera de ingeniería en Tucumán. Pero muy pronto se impuso la vocación de enseñar y abandonó la ingeniería.

Entonces empezó su tarea en la Agremiación de Educadores de la Provincia (ATEP) siendo uno de sus primeros dirigentes electos. Los docentes tucumanos se encontraban muy mal pagos y mal considerados socialmente. Su tarea fue canalizar la rebeldía latente en el gremio y orientó la acción hacia conquistas económicas y sociales.

En las huelgas docentes de 1958 y 59, su figura se tornó gigantesca. Una de esas huelgas duró 40 días y se dictaba clases en los sindicatos, en las plazas, en las casas de las maestras. Los enfrentamientos con el gobierno fueron durísimos. A Pesar de que en este primer round triunfó el gobierno, la huelga fue un aprendizaje de acción y unidad gremial.

A lo largo de la década de los ’60, ATEP, conducido por Arancibia continuó batallando, y en el año 1962 obtiene el Estatuto Docente, pero no abandona la lucha por una Ley de Educación. El 12 de abril del ’62, ATEP se convierte en uno de los primeros gremios docentes del país en obtener la personería gremial. En ese mismo año denuncia las Jornadas Educacionales que la Alianza para el Progreso realiza en Tucumán.

En mayo de 1964 comienza a editar el periódico “ATEP en marcha” desde donde defiende un verdadero programa educativo popular.
Sus críticas a la corrupción de quienes decían representar al pueblo en el Parlamento, le valen en diciembre de 1964 un arresto de 30 días ordenado por la Cámara de Diputados Provincial. Los maestros tucumanos respondieron llenando su celda de comida casera y postres.

Arancibia participa activamente en los esfuerzos por generar una fuerza orgánica nacional de los trabajadores de la educación, que llevan a la creación, en San Luis, el 11 y 12 de setiembre de 1967, de la Confederación General de Educadores de la República Argentina (CGERA). El proceso de unidad docente continuará luego con la creación del Acuerdo de Nucleamientos Docentes (AND) constituido el 3 de octubre de 1970, en Córdoba.

Arancibia no era sólo un gremialista, fue un luchador social y se preocupó por todos los problemas de los trabajadores de su provincia y en particular de los obreros del azúcar. A comienzos de los setenta, ATEP, el gremio que él dirigía, formaba parte de la Coordinadora Nacional de Gremios Combativos y de Trabajadores en lucha, junto a la Federación Gráfica de Buenos Aires, el Smata y Luz y Fuerza de Córdoba, los sindicatos azucareros de Tucumán y otros.

Finalmente, a mediados de 1973 se concretó la unidad docente. Primero, con un Congreso realizado en Huerta Grande, provincia de Córdoba, en el mes de agosto, donde 147 organizaciones docentes aprobaron por unanimidad la “Declaración de Principios” para la unidad y un mes después, en septiembre, en la Capital Federal, con el Congreso Unificador donde se constituyó formalmente la Confederación de Trabajadores de la Educación República Argentina (CTERA), formando parte Arancibia de su primera Junta Ejecutiva como Secretario General Adjunto.

En junio de 1975, contribuye activamente a la formación de una Comisión de Derechos Humanos, que luego sería la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), cuya mesa directiva integró.

Su lucha por la escuela pública, su persistente defensa de los intereses de los docentes y su participación plena en las luchas sociales de la época que lo llevaron a relegar totalmente su vida privada, lo colocaron irremisiblemente en la mira de la Triple A. El 24 de marzo de 1976 fue asesinado, junto a su hermano Arturo René, por personal civil y policial en el local de la ATEP, donde residía, en una humilde pieza. Su cuerpo presentaba más de 70 impactos de bala. Los asesinos además le robaron su único par de zapatos, que su familia le había regalado hacía pocos días. (C. Berman, Los Malditos, vol. III, pág. 53, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

* * * * * * * * *

Francisco Isauro había recibido amenazas de la Triple A. Una de ellas decía:
"Francisco Isauro Arancibia ya te advertimos una vez lobo disfrazado de oveja, estás sentenciado a muerte: serás ejecutado como todos los extremistas. Te damos la última oportunidad: debes desaparecer antes del 1 de marzo, cuando terminemos en Córdoba se inicia la etapa final en Tucumán. ‘Adiós guerrillero'
A.A.A.". (Agregado por Pensamiento Discepoleano)

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RENÉ SALAMANCA  -  (1939 – desaparecido en 1976)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

“En lo económico, ir a fondo significa luchar por nuestras reivindicaciones, pero además proponer y empujar medidas nacionalistas profundas que obliguen a pagar la crisis a sus verdaderos responsables. Esto es: expropiar los monopolios  imperialistas y los latifundios de los terratenientes, desconocer la deuda externa contraída por los gobiernos entreguistas, control obrero de las empresas nacionalizadas, entrega de tierra a los campesinos pobres y medios, concesión de créditos a la pequeña y mediana industria nacional”. Acostumbrados a que sólo los economistas de los sectores dominantes piensen y planifiquen el país en el que tenemos que vivir, un obrero de los mecánicos cordobeses sentenciaba con estas palabras, hace más de treinta años, un proyecto de país pensado desde los trabajadores. El autor de las mismas es René Rufino Salamanca, secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) de Córdoba entre 1972 y 1974.

Su nacimiento se produce en el año 1939 en Saturnino María Laspiur, un pueblo campesino que no supera los cinco mil habitantes, cercano a Las Varillas, en el este de la provincia de Córdoba. Hijo de un peón de campo, René termina los estudios primarios en Sacanta, un pueblo vecino. Años más tarde, y después de haber fallecido su padre, se traslada con sus dos hermanos y su madre a San Francisco, donde ingresa a la escuela industrial. “Me gustaba el laburo, la grasa; eso de andar de cuello duro, de oficinista, no”, declaraba tiempo después.

A los 17 años ya se encuentra en la ciudad de Córdoba, buscando trabajo en algunas de las tantas subsidiarias de las automotrices instaladas en la primera mitad de la década del ’50. Allí comienza a trabajar en un taller de Alto Alberdi, pasando luego a la firma Stabio. De este último trabajo recuerda: “era el primero que estaba parando las máquinas, sacando las correas de las poleas y me echaron por quilombero”.

A los 18 años contrae matrimonio y consigue trabajo en la Fundición Mira S.A. Allí se desempeña desde 1960 hasta 1963, en una época de gran expansión de la industria automotriz cordobesa. Participa en forma activa en una huelga contra la empresa, enterándose luego que estaba combinada desde el sindicato con los dueños de la fábrica: “cuando la fundición quebró se rompe en mí la cosa de ascender, trepar y aprendo dos cosas: que estaba equivocado en la huelga y que los patrones son unos hijos de puta que te dejan sin laburo cuando quieren”.  
Luego de deambular por diversos trabajos, unos ex compañeros de la fundición lo emplean. Trabaja allí como tornero matricero desde 1963 hasta noviembre de 1969.

Un año después de su ingreso, en 1964, comienza su actividad en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Córdoba. Sus compañeros lo eligen delegado por su fábrica, pero es desconocido por la patronal. Simultáneamente sufre las internas de la UOM, siendo impugnada la lista de la que formaba parte. Comenzaba un largo camino de enfrentamientos contra los jerarcas sindicales.

En esos años entra en contacto con un grupo trotskysta, donde hace algunas lecturas de formación. Pero disconforme con la metodología de los mismos decide retirarse: “Era lo mismo que una fábrica, te explicaban la línea y tenías que llevarla”. Salamanca por esos años, al igual que muchos otros militantes, estaba en un proceso de búsqueda, disconforme tanto con sus representantes sindicales como con las organizaciones de su mismo arco ideológico.

Junto a otros compañeros metalúrgicos crean la agrupación Felipe Vallese, una corriente peronista de izquierda. Desde aquí comienza a crecer en el sindicato, recorriendo talleres y hablando con los compañeros de las distintas fábricas.

Hacia mediados de 1967 entabla una discusión con un sector que recién se abría del Partido Comunista. Esto, sumado a las jornadas del Cordobazo de Mayo de 1969, marcaría su futuro rumbo político. “El Cordobazo me hace dar cuenta que yo, donde estoy –una pequeña fábrica metalúrgica- no sirvo para nada. Me impresiona la incidencia de las columnas, de las grandes masas. En esos meses rompo con los diez años de porquería que traía detrás y me decido a hacer una verdadera militancia política sindical. Adhiero a la ideología del proletariado; el marxismo-leninismo”. A partir de ahora, comienza su adhesión a la Agrupación 1º de Mayo, perteneciente al Partido Comunista Revolucionario (PCR). A diferencia de otros sectores que también se identificaban con la ideología del proletariado, Salamanca siempre escuchó a las bases de su sindicato, asumiéndose como un representante de las mismas, y aceptando lo que éstas decidieran democráticamente en asamblea.

Meses después, en noviembre de 1969, consigue entrar a trabajar en la IKA-Renault que, junto a la Fiat, era la industria automotriz más importante de Córdoba. Desarrollará sus tareas en la planta Santa Isabel, que contiene la mayor concentración obrera del complejo. De esta manera, ingresaba en uno de los núcleos más combativos de la convulsionada Córdoba, la industria automotriz cordobesa. Comenzaría un período de ebullición política que lo marcará a fuego, y donde las bases del movimiento obrero argentino, y del cordobés en particular, iniciarían un proceso de luchas y movilizaciones inédito para la historia del país.

En 1970 se inicia la carrera de Salamanca dentro del SMATA cordobés. En mayo comienza un prolongado conflicto en la planta de matrices Perdriel, perteneciente también a la IKA-Renault. Las plantas son tomadas por los obreros, contestando las autoridades con más de 700 despidos. Las negociaciones las lleva adelante Elpidio Torres, por entonces secretario general del sindicato de mecánicos. Obteniendo magros resultados, la figura de Torres comienza a desgastarse y a perder las adhesiones de años atrás. Lo positivo que deja la lucha de Perdriel es el impulso que produjo en los obreros a participar en asambleas, dentro de un marco democrático, cobrando protagonismo los cuerpos de delegados. Este crecimiento de la participación de los delegados se traslada a las demás plantas de la IKA-Renault, como la de Matricería de Forja de la Santa Isabel, donde se hallaba René Salamanca.

A fines de 1970 se debe elegir al representante de esta para que forme parte del cuerpo de delegados del SMATA. René se presenta y supera ampliamente al candidato oficialista de Elpidio Torres, pero las autoridades del gremio arguyen que no se posee la antigüedad suficiente para asumir el cargo. Sin embargo, a partir de estos hechos, comienza a cobrar vida la Coordinadora de Delegados y Activistas, en oposición a las autoridades del gremio. Esta dará origen al Movimiento de Recuperación Sindical (MRS), que en Abril de 1972 ganará la conducción del sindicato.

“Elaboramos un programa con definiciones antiburocráticas, antipatronales y antidictatoriales”. Estas tres definiciones que menciona Salamanca serán las banderas principales de lo que se conoció como el sindicalismo clasista, que lo tendrá a él junto a Agustín Tosco como los referentes más visibles, sumado a los obreros de los sindicatos SITRAC-SITRAM de la empresa Fiat. El clasismo cordobés junto a otros sindicatos referenciados en el peronismo de izquierda llevará adelante una lucha contra las conducciones sindicales burocráticas, y fomentarán la participación de los trabajadores.

Luego de las elecciones de 1972, en donde triunfa la lista Marrón que presenta el MRS, comienza un proceso de gran participación. En 1973 se convoca a un plebiscito en Concord y Materfer, ambas plantas pertenecientes a la empresa Fiat. El objetivo del mismo era decidir a qué gremio se querían incorporar los sindicatos de las mismas, Sitrac y Sitram. Abrumadoramente triunfa la opción  de incorporarse al SMATA, pero el resultado es desconocido por el Ministerio de Trabajo. Sin embargo, se comienza una coordinación por debajo, fusionándose los cuerpos de delegados.

La figura de Salamanca comenzaba a crecer. En el agitado año 1973, y luego del triunfo para la gobernación de Córdoba de la fórmula Atilio López – Obregón Cano, una bomba vuela su automóvil.

En febrero de 1974 se produce el “Navarrazo”, un golpe que comanda el Coronel Navarro y destituye al gobierno constitucional. Este hecho desata profundas discusiones dentro del sindicato. Salamanca interviene dando su opinión: “Acá, lo que tenemos que discutir es como nos unimos todos contra el imperialismo (…) Tenemos que golpear con todos los sectores, sobre todo con Perón… Hay que organizarse y prepararse para el combate porque el próximo paso va a ser atacar a los trabajadores, intervenir el SMATA, por eso, hay que galvanizar y preparar a la masa para la defensa de la organización sindical”. Lúcidamente identifica al enemigo principal y pronostica las luchas de los próximos años.

En abril impulsa una lista para la elección del gremio a nivel nacional, pero la conducción, en manos de Rodríguez, reforma los estatutos e impide que se presente. A pesar de los reveses de la política provincial y nacional, Salamanca continúa su trabajo, dialogando con los compañeros de las plantas, escuchándolos y dándole más vitalidad al cuerpo de delegados. Esto se refleja en las nuevas elecciones para el gremio a nivel provincial. El resultado es contundente: la lista Marrón que él encabeza obtiene casi el 53% de los votos, quedando en segundo lugar la lista Gris del antiguo oficialismo y última la Naranja, un desprendimiento de la primera, impulsada por el PC. A comparación de la primera elección de 1972, la lista triunfadora incrementa la cantidad de votos.

Sin embargo, a pesar del creciente apoyo que tenía la Comisión Directiva, la situación a nivel nacional no era favorable. La conducción del SMATA nacional comienza una ofensiva para destituirlo. El año 1974 estaba marcado por un congelamiento de salarios producto del Pacto Social que había firmado el gobierno con los sindicatos y las empresas un año atrás. En este marco los mecánicos cordobeses inician medidas de fuerza y solicitan un 60% de aumento. Ante el reclamo, la dirección nacional decide la expulsión de todas las autoridades cordobesas, acusándolos de querer violar el pacto social. Dos días después de esta decisión el cuerpo de delegados plebiscita en las bases la medida tomada, obteniendo Salamanca un masivo apoyo que no es tenido en cuenta. Este hecho marcaría el inicio de una ofensiva desatada contra René. Años más tarde, el secretario general del PCR, Otto Vargas, reflexionaba sobre estos acontecimientos, realizando una autocrítica. “A poco de asumir Perón en el gobierno comenzó la huelga larga en el SMATA, que fue una huelga muy larga –y que perdimos- contra el Pacto Social, por aumentos de salarios. Y esa huelga la mantuvimos hasta la muerte de Perón prácticamente y la perdimos porque la masa se dio cuenta que en la Argentina se abría una instancia de definiciones en la que la huelga esa contribuía a lo que ellos –nosotros no todavía, pero ellos sí- vislumbraban como un peligro para un gobierno al que consideraban como suyo. Y los obreros dijeron: nosotros no cambiamos salario por gobierno”.

Al poco tiempo del descabezamiento de la comisión directiva se dicta una orden de captura contra Salamanca, lo que lo lleva a no exponerse públicamente. Esto dificulta enormemente su desenvolvimiento, más teniendo en cuenta que basaba su liderazgo en el contacto permanente con sus compañeros, recorriendo las distintas fábricas. Ya no podría volver a ejercer la conducción como antes.

El mismo día que comenzaba para el país el período más oscuro de su historia, era secuestrado el 24 de marzo de 1976 en la ciudad de Córdoba René Rufino Salamanca. El último dato que se sabe es que estuvo en el campo de concentración de La Perla. Con su desaparición se iniciaba una ofensiva netamente clasista sobre todos aquellos sectores que opusieran resistencia a la reconversión del aparato productivo, siendo el epicentro el movimiento obrero. Salamanca fue sin lugar a dudas uno de los representantes más lúcidos y combativos que ha dado la clase trabajadora, y es hora que tenga el reconocimiento merecido. (F.Cersósimo y C.Ferroni, Los Malditos, vol III, pág 107, Ediciones Madres de Plaza de Mayo)

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LEANDRO GÓMEZ - (1811 – 1865)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació en Montevideo, el día 13 de marzo de 1811. Desarrolló, en su juventud, tareas vinculadas al comercio y nada haría suponer su destacada actividad en las filas del ejército oriental del Uruguay. Por su actividad comercial se trasladó a Buenos Aires en 1825. Allí conoció y entabló amistad con el General Manuel Oribe que había emigrado a Buenos Aires, con motivo de su renuncia al gobierno de Uruguay.

Comenzó a organizar al movimiento Oribista y se vinculó a la política de su patria. Años después, participó con Oribe, como Capitán de las fuerzas blanco-federales del sitio a Montevideo, hasta 1851. En 1859, ascendió a Teniente Coronel y en 1863, bajo la presidencia de Berro, fue nombrado coronel.

Ya en el Estado Mayor del Ejército de Operaciones de Campaña de la Rep. Oriental del Uruguay, enfrentó al General Venancio Flores –del partido colorado, apoyado por el mitrismo- en 1863. Con motivo de esa primera incursión de Flores contra el gobierno blanco de Berro, Gómez se destacó en la Batalla de “Las Cañas” o Vera y quedó a cargo de la Comandancia Militar de Salto y luego de Paysandú.

En diciembre de 1864, Flores volvió a sitiar Paysandú, ahora con el apoyo dado desde el río, por la escuadra brasileña al mando del almirante Tamandaré. Gómez había fortificado a la ciudad y no sólo ofreció una heroica resistencia al invasor, sino que llevó a cabo una contraofensiva que obligó a las fuerzas coloradas a replegarse. Poco después, la escuadra brasileña bombardeó la ciudad abierta. Asimismo, reforzó a Flores con fuerzas de tierra, constituyendo un nuevo sitio de alrededor de diez mil hombres. Dentro de la ciudad, Gómez poseía sólo entre 800 y 1000 hombres, pero no se entregó. Ante el ultimátum para que se rinda, contestó: “Cuando sucumba”.

Los federales entrerrianos asistieron con amargura, desde la otra orilla, al desigual enfrentamiento. Esperaban que Urquiza interviniese en defensa de los blancos. Varios jefes federales cruzaron el río Uruguay para dar su vida por Paysandú, entre ellos, Rafael Hernández, el hermano de José Hernández y Juan Saá.

La escuadra interrumpió el bombardeo por falta de bombas, pero el mitrismo, la aprovisionó desde Buenos Aires y volvió a atacar a la ciudad. La causa de Paysandú ya era causa perdida, pero Gómez no se rindió.
El 2 de enero de 1865 las fuerzas coloradas y brasileñas lograron ingresar a la ciudad. Paysandú resistió y sólo cuando la plaza y casi toda la ciudad fueron escombros, se produjo la rendición al ejército del General Flores y a las tropas brasileras. Estas procedieron con suma crueldad, dejando a su paso fusilados, y mutilados. Ese mismo día, Leandro Gómez fue fusilado. Su lema “Independencia o Muerte”, fue cumplido dando él mismo el ejemplo, con armas antiguas, algunas de la época de la independencia, pero con el valor de las luchas artiguistas y de los Treinta y Tres Orientales.

Gabino Ezeiza inmortalizará luego la resistencia de Gómez y sus hombres:

“Heroica Paysandú yo te saludo
hermana de la patria en que nací…”

Paysandú fue el primer acto de lo que sería después la Guerra de la Triple Infamia, contra el pueblo paraguayo y su ilustre Mariscal Francisco Solano López.

Leandro Gómez ocupará seguramente un lugar importantísimo cuando se escriba la verdadera historia latinoamericana.
Hoy permanece todavía silenciado por la historia mitrista. (A.Bertozi, Los Malditos, Vol. II, Pág. 186, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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ANTONIO MAMERTO GIL - (Aproximadamente 1847 - 1874)

EL GAUCHITO GIL
De la rama de un algarrobo lo colgaron de los pies, cabeza abajo y lo degollaron. La tierra bebió su sangre y el alma se fue tras ella. Por eso, el día de su muerte, cada 8 de enero, se celebra su “cabo de año” en el mismo lugar donde fue asesinado. Allí, a 8 kilómetros de la ciudad de Mercedes, provincia de Corrientes, y a la vera de la Ruta Nacional 121, recibe el agradecimiento de cientos de miles de personas que conocieron su bondad. Lo grandioso de ese gaucho hijo de españoles, de piel blanca, profundos ojos grises y gran valor, es que, luego de su injusta y cruel sentencia, volvió a vivir en su pueblo convirtiéndose en intermediario entre el hombre y Dios.

Gil Núñez era un gaucho de Pay Ubre, nombre con el que antiguamente se reconocía a la zona de Mercedes, provincia de Corrientes. Había nacido un 12 de agosto de año poco preciso, aunque se estima que fue alrededor de 1847.
(…)

Un día la casualidad lo cruzó con Estrella Díaz Miraflores, viuda y heredera del establecimiento La Valencia, en donde él trabajaba. Viuda y con una hija carecía de todo permiso social para rehacer su vida, según las costumbres de la época (narrado directamente por Anabel Miraflores, la hija de Estrella, fallecida en 1961 a la edad de 101 años). La empatía fue instantánea, pero la relación que tuvieron Antonio y Estrella fue severamente cuestionada por los dos tíos de Anabel; para colmo el sargento del pueblo también le arrastra el ala que despechado comenzó a perseguir a Gil provocándolo constantemente. El policía, lo acusa injustamente de “atentar contra la autoridad” y manda a arrestarlo por la milicia. Antonio decidió entonces abandonar la estancia alistándose en el ejército federal bajo las órdenes del general Madariaga en la infame y sangrienta guerra con el Paraguay. Cinco años duró el infierno.
Estando de regreso y todavía “bajo bandera”, fue nuevamente convocado por uno de los jefes liberales. Antonio Gil no le encontró sentido seguir al coronel liberal Juan de la Cruz Zalazar, quien además de ser el jefe departamental de Mercedes, era propietario de un campo del lugar. Junto con dos compañeros emprendió la fuga, a partir de ese momento se transformó en “gaucho alzado”, desertor y cabecilla de su propia banda.

Para poder ser libre, vivió errante y huyendo permanentemente de la “autoridad”, recorrió los departamentos de San Martín, Paso de los Libres (por entonces llamado San Jorge) y Mercedes, donde se apropiaba de animales para poder comer y acosando al que cometía injusticias. Esto lo convirtió en un hombre muy querido y respetado gracias a su generosidad de espíritu, ya que defendía y ayudaba materialmente al desvalido.

Así transcurrió casi un año, hasta que fue sorprendido por una partida del ejército (…). Se ordenó su traslado a Goya. Partieron en la mañana de un 8 de enero. Se calcula que fue en el año 1874: Antonio tendría aproximadamente 27 años de edad. La partida que lo conducía se detuvo a ocho kilómetros de Mercedes, en el cruce de una picada, y colgándolo por los pies de un algarrobo lo degollaron bárbaramente. Dicen que lo colocaron en esa posición para evitar el poder de su mirada.

No obstante, dirigiéndose al que portaba el cuchillo, Antonio, pronunció sus últimas palabras:
“Cuando vuelvas a tu casa, encontrarás a tu hijo muy enfermo, pero si mi sangre llega a Dios, juro que volveré en favores para mi pueblo”.
Acto seguido, obedeciendo la voz de mando, el soldado le cortó el cuello. El hombre que lo degolló cavó un pozo en el charco de sangre y enterró el cuerpo. Todavía era de mañana cuando la comisión siguió viaje a Goya, llevando en la alforja del comandante, la cabeza del prisionero ejecutado.
Cuenta la leyenda que once días después, al regresar la partida a Mercedes, ya todos habían olvidad al Gauchito. (…) al entrar el verdugo en su casa, se encontró con la esposa desesperada debido a que su único hijo estaba muy enfermo, “hirviendo de fiebre” y al borde de la muerte.

(…) decidió regresar a su tumba. Mil veces le rogó a Gil que le devolviera la salud a su hijo. Pasó la noche, llegó el alba, se dirigió a su casa, todo estaba en calma (…). Su esposa dormía sentada en una silla, apoyando una de las manos sobre los pies del niño enfermo. Corrió hasta él y al tocarle la frente se dio cuenta que la temperatura había bajado a un nivel normal. (…)

Feliz, armó una cruz de ñandubay y cargándola él sobre su espalda, llevó a pie hasta la sepultura del gaucho que lo había ayudado. Esa fue la cruz –Curuzú Gil- que le dio nombre al lugar y ése el primer milagro concedido por el Gauchito Gil, a partir del cual la gente de Mercedes y la de los pueblos aledaños comenzó a llegar hasta la tumba para pedirle favores y una vez concedidos, regresar con un presente en señal de agradecimiento.

Los Speroni, dueños del campo (…) la hicieron trasladar al cementerio de Mercedes pero una sequía castigó la estancia y otras calamidades personales hasta que la cruz fue restituida a su lugar original. (…)

Los santuarios dedicados a Gil están adornados con multitud de estandartes rojo punzó o carmesí, lo cual según algunos simboliza la sangre derramada, aunque generalmente se relaciona con su pertenencia al partido federal o colorado. (…)

Cuando la leyenda afirma que Antonio Mamerto Gil Núñez fue un Robin Hood de los esteros no se refiere exactamente a que hacía lo mismo que el inglés, ya que Gil nunca fue ladrón ni asaltante.
Además, en aquello tiempos, y sobre todo por esos caminos, no circulaban reyes ni nobles (de vergonzosa reputación) con tesoros en sus carruajes, como sí tuvo, supuestamente, oportunidad de encontrar Robin Hood. Todo en ese entonces era muy austero y, cuando había que transportar valores, se hacía con una poderosa custodia militar. Gil no era jefe de ninguna banda. Pero la comparación entre Antonio Gil y Robin Hood surge inevitable ante la gran cantidad de casos de ayuda que el correntino les brindó a los más necesitados, auxilio que consistía en dar comida a los hambrientos, sanaciones a los enfermos desahuciados y un brazo justiciero a favor de las víctimas de atropellos.

Ah, hay otra diferencia, “el Mamerto”, es nuestro y nacional, que no es poca cosa. (R.A. Lopa, Los Malditos, Vol. IV, Pág. 73, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JOSÉ ANTONIO FONT (Facón Grande) - (Aproximadamente 1880 - 1921)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nacido en Montiel, Provincia de Entre Ríos, se trasladó en su juventud a la Patagonia. Fue trabajador rural, en la zona de Puerto Deseado, peón rural y más tarde, carrero y administrador de estancias. Integró el Sindicato Único de San Julián.

Fue figura de importancia en la segunda huelga patagónica, de fines de 1921. Producida la represión por las fuerzas militares, Font (conocido popularmente como Facón Grande), enfrentó al Ejército en estación Tehuelches, obligándolo a replegarse. Sin embargo, confiado en una mediación que asegurara los derechos de los trabajadores, concurrió a una reunión con el comando militar y allí fue apresado y fusilado por orden del coronel Héctor Benigno Varela, el 22 de diciembre de 1921.
En los últimos años, se ha venido produciendo la recuperación de su figura como luchador social. (N.Galasso, Los Malditos, Vol. IV, Pág. 72, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MANUEL DORREGO  –  (1787–1828)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Manuel Críspulo Bernabé Dorrego nace, en Buenos Aires, el 11 de junio de 1787.
Cursa estudios elementales y luego ingresa al Real Colegio de San Carlos. En 1809, cruza los Andes para seguir la carrera de Derecho en la Universidad San Felipe de Santiago de Chile.

El joven estudiante interviene en la represión del movimiento absolutista que estalla en Chile en 1810/1811 y obtiene por su actuación sobresaliente una medalla. Pero el 22 de junio de 1811 ya está en su ciudad natal y se dirige a la Junta de Gobierno: “Manuel Dorrego natural de esta Capital… Ha renunciado al grado de Teniente Coronel con que se le quería distinguir en aquel Reino (Chile), a condición de que se quedase en él, pero habiendo preferido servir en la capital de su nacimiento suplica que le coloque V.E. en alguna de las vacantes de Sargento Mayor,…”. Se lo envía entonces al Norte, para agregarse al ejército patriota que acaba de ser derrotado en Huaqui. En una de las acciones que se libran allí –el 12 de enero de 1812- es herido gravemente. El jefe del Ejército del Norte, Juan Martín de Pueyrredón señala en su informe a la Junta que “el Capitán

Manuel Dorrego ha servido en la vanguardia de este ejército sin sueldo ni gratificación alguna, cuya circunstancia recomienda su persona. Su valor lo ha distinguido de un modo singular.” En mérito a este informe se lo asciende a teniente coronel.
Participa luego en las batallas de Tucumán y Salta, pero no en Ayohuma.

En agosto de 1815, contrae enlace con Ángela Baudrix, de cuya unión nacen, sus dos únicas hijas. En Buenos Aires, se vincula al grupo más exaltado de patriotas; el que está nucleado alrededor del diario “La Crónica Argentina”, grupo que levanta el ideario morenista y reclama que la revolución recupere su origen democrático e igualitario, por lo cual se oponen a las tratativas monárquicas que negocian los directoriales. Entre quienes participan del movimiento se encuentran, además de Dorrego, French, Agrelo, Manuel Moreno, los Coroneles Pagola y Valdenegro.

El Director Pueyrredón, al tiempo que practica esas negociaciones, mantiene una sospechosa indiferencia frente a la ocupación de la Banda Oriental por los portugueses, en perjuicio de Artigas. La protesta contra el gobierno crece y en noviembre de 1816, comienza la persecución.

Así, Dorrego es desterrado, junto con sus amigos: “Siendo tan criminales y escandalosos los actos de insubordinación y altanería con que el coronel don Manuel Dorrego ha marcado sus servicios en la carrera militar, debiendo a ello que el señor brigadier don Manuel Belgrano lo separase confinado en 1813 del ejército auxiliar del Perú y en 1814, hiciese igual demostración el general en jefe del ejército de Cuyo, don José de San Martín…”.

Lo confinan en el bergantín “Veinticinco de Mayo”, totalmente incomunicado y cinco días después, es trasladado a una goleta, que debe conducirla a la isla de Santo Domingo. Frente a Jamaica, la embarcación es capturada por los ingleses y Dorrego es remitido a Baltimore, Estados Unidos.

Durante su destierro en Estados Unidos, analiza el sistema político y jurídico vigente en ese país, así como su organización federal. Asimismo, allí redacta sus “Cartas Apologéticas” en las que refuta los cargos que se la han hecho.

Permanece tres años desterrado, al cabo de los cuales, en 1820, regresa a Buenos Aires, convencido de la conveniencia de implantar un sistema semejante en su país.
Allí se encuentra con que Pueyrredón fue reemplazado por Rondeau y éste fue luego batido por Ramírez y López en los campos de Cepeda, diluyéndose el gobierno nacional.

Ahora es designado comandante del ejército de Buenos Aires por el gobernador provisorio Soler. Su nombre es una garantía para Ramírez y López, los triunfadores de Cepeda.
Pero muy pronto el caudillo santafecino, reclamando por agravios reales o supuestos, avanza de nuevo sobre Buenos Aires. En junio, Soler delega el mando en Dorrego mientras va a hacer frente a López. Después de la derrota que sufre en Cañada de la Cruz, Soler renuncia y Dorrego es designado gobernador interino.

Días después, se reúne con López para tratar de llegar a un acuerdo, sin resultado. Entonces el impetuoso coronel se lanza sobre las fuerzas santafecinas y las derrota el 12 de agosto de 1820, en Pavón. Pero, en vez de forzar la paz con López, intenta infligirle una derrota total. Sin embargo, por después, López deshace a Dorrego en el Gamonal.

A fines de setiembre, se elige gobernador definitivo a Martín Rodríguez. El nuevo gobernador decide un nuevo destierro de Dorrego por creerlo vinculado a una asonada que pretendió deponerlo. A fines de 1820, marcha, pues, a Mendoza.

Regresa un año más tarde y se repliega, durante un tiempo, en la quinta de su mujer, en San Isidro. Ya era coronel retirado por la reforma militar de Rivadavia. Poco después, empieza a moverse políticamente y va concitando apoyo popular a su alrededor. Iriarte señala que Dorrego tenía a su favor “la gran mayoría de los proletarios de la ciudad” y que estaba “rodeado de manolos (orilleros) que recorrían las parroquias para acompañar a su jefe”.

En julio de 1825, parte hacia el interior, para lograr acuerdos con los jefes de provincias. Habló en Córdoba con Bustos, en La Rioja con Quiroga, en Santiago con Ibarra. Cuando en mayo de 1826 llega a Bu7enos Aires, lo hace con la investidura de diputado al Congreso Constituyente, representando a Santiago del Estero. Pero su objetivo es, además, establecer contacto con Bolívar, para unificar esfuerzos con un sentido latinoamericano, tarea en la cual le colabora el Deán Funes.

A su vuelta, en Buenos Aires, se incorpora al Congreso, constituyéndose en uno de los representantes más combativos. Desde allí, se opone al proyecto de no otorgar el voto a los jornaleros, empleados domésticos, soldados, vagos o imputados con causas pendientes: “¿Qué es lo que resulta de aquí? ¡Una aristocracia, la más terrible si se toma esta resolución porque es la aristocracia del dinero! Y desde que esto se sostenga, se echa por tierra el sistema representativo, que fija sus bases sobre la igualdad de derechos… Estos individuos son los que llevan las cargas principales del Estado. ¿Y se les ha de echar afuera de los actos populares, en donde deben ejercer sus derechos? ¿Es posible que sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad, pero que no puedan tomar parte en las elecciones? Esta disparidad no se puede concebir en nuestro sistema”.

Más adelante sostiene: “Si se excluye a los jornaleros, domésticos asalariados y empleados también, entonces ¿quién queda? Queda cifrada en corto número de comerciantes y capitalistas la suerte del país. He aquí la aristocracia del dinero y si esto es así, podría poner en giro y mercarse”. José María Rosa sostiene que en la parte fundamental de su discurso, Dorrego agrega: “Sería fácil influir en las elecciones porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas, y en ese caso, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco” (Se refiere al Banco Nacional, dominado por los comerciantes ingleses).
Asimismo, Dorrego defiende fervorosamente el sistema federal de gobierno, oponiéndose al proyecto unitario rivadaviano. Se constituye de este modo en el líder de la oposición al gobierno.

Asimismo, en octubre de 1826, lanza el periódico “El Tribuno”, desde el cual defiende a Bolívar, critica a Rivadavia y califica de ladrón a Juan Cruz Varela. En ese periódico publica documentos relacionados con la explotación de las minas de Famatina, que resultan muy comprometedores para Don Bernardino.
Producida la renuncia de Rivadavia, el 26 de junio de 1827, asume interinamente Vicente López y Planes, como gobernador de la provincia de Buenos Aires, por un breve período, siendo elegido luego Dorrego para cubrir ese cargo.

El coronel se encuentra con las arcas fiscales exhaustas. Su propósito es continuar la guerra contra el Brasil pero carece de medios. El Banco Nacional, manejado por los comerciantes ingleses, le niega todo apoyo, por lo cual se ve obligado a concertar la paz, reconociendo la independencia del Uruguay, objetivo que perseguía Lord Ponsomby, el cónsul inglés, interesado en que las dos costas del Río de Plata no perteneciesen a un solo país (ni a Brasil ni a las Provincias Unidas).

Ante las dificultades económicas que abrumaban a la provincia, Dorrego adopta diversas medidas: suspende la emisión de papel moneda por parte del Banco Nacional y establece un control oficial sobre la entidad, sanciona precios máximos sobre la carne y el pan, logra un empréstito interno y ajusta la política de gastos fiscales. En el plano social, se destaca su decisión de suspender el régimen de levas.

Asimismo, estrecha vínculos con el gobernador de Córdoba –Bustos- con el fin de concretar la tan ansiada convención para sancionar la Constitución y organizar definitivamente el país. Asimismo, crea escuelas primarias, establece pactos con los indios en el sur para asegurar una convivencia pacífica y sanciona una ley liberal en materia de prensa.

En setiembre de 1828, ya se encuentra en marcha la reunión de la convención constituyente. Pero, en esa época, regresan de la Banda Oriental las fuerzas militares conducidas por Lavalle y Paz. Para entonces, la relación de Dorrego con los unitarios había empeorado a partir del momento en que el gobernador había remitido a la Legislatura un informe donde hacía referencia a la reclamación de 50.000 libras formulada a la provincia por la compañía británica que había tenido tratos con Rivadavia por el mineral de Famatina. Frustrado el proyecto, reclamaban ahora indemnizaciones y Dorrego denuncia: “El gobierno se encuentra con un recurso de la expresada compañía (Minning) recibida por el último paquete, en donde reclama a la provincia los gastos de aquella empresa. El engaño de aquellos extranjeros y la conducta escandalosa de un hombre público del país que prepara esta especulación, se enrola en ella y es tildado de dividir su precio, nos causa un amargo pesar, más pérdidas que reparar nuestro crédito”. La revelación de los negocios de Rivadavia provoca viva irritación entre sus partidarios, quienes se reúnen con Lavalle y deciden dar el golpe de Estado.

El 1º de diciembre se produce la sublevación. Dorrego abandona la ciudad y sale a la campaña para unirse a las fuerzas de Rosas, pero éste no acepta combatir sino que prefiere ir a la búsqueda de las fuerzas de Estanislao López, en Santa Fe. El 9 de diciembre, Dorrego es derrotado y queda prisionero. Un cielito unitario resume el contenido del golpe:

La gente baja
ya no domina
y a la cocina
se volverá

En esos días, Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela le envían sendas cartas a Lavalle, aconsejándole fusilar al coronel: “La ley es que una revolución es un juego de azar en el que se gana hasta la vida de los vencidos, cuando se cree necesario disponer de ella. Haciendo la aplicación de este principio de una evidencia práctica, la cuestión me parece de fácil resolución” (Salvador M. del Carril, a Lavalle, 12/12/1828). En otra carta del mismo estilo, Juan Cruz Varela señala: “Después de la sangre que se ha derramado en Navarro, el proceso del que ha hecho correr, está formado: ésta es la opinión de todos sus amigos… Usted piensa que 200 y más muertos y 500 heridos deben hacer entender a usted cuál es su deber… Cartas como éstas se rompen” (Juan C. Varela a Lavalle, 10/12/1828).

El 13 de diciembre, Dorrego es fusilado por orden de Lavalle quien, a pesar del consejo de sus “asesores”, guarda esas cartas comprometedoras de los instigadores del crimen. El fusilamiento de Dorrego es el punto de partida de la violencia desatada en nuestras luchas de esa época.

Con el transcurso del tiempo, la clase dominante –y los historiadores a su servicio- han realizado la obra maestra de otorgar mayor importancia a Lavalle que a Dorrego. Las estatuas y las calles que recuerdan sus nombres evidencian la preferencia otorgada al “león de Río Bamba”, hijo de una familia aristocrática, no obstante la gravedad de su crimen, punto de partida del desencadenamiento de la violencia, respecto al apóstol del federalismo, amigo de los caudillos y sostenido por los sectores más populares de Buenos Aires. Insólitamente, el asesino ha recibido mayor prestigio y reconocimiento que su víctima. (R.A.Lopa, Los Malditos, Vol. II, Pág. 87, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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ISIDRO VELÁZQUEZ - (1928 - 1967)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

El último de los gauchos alzados del campo argentino, postrero referente de una rebeldía rural filiada en la tradición de Fierro, Moreira y tantos matreros célebres del siglo XIX, nace en Mburucuyá, Corrientes, el 15 de mayo de 1928.

Era un trabajador honesto, casado y padre de cuatro hijas, en Colonia Elisa, provincia del Chaco, cuando en 1961 la policía lo detiene por motivos nunca muy bien aclarados. Isidro y su hermano Claudio, también detenido, se fugan de la cárcel y huyen al monte, amparados y auxiliados por la población del lugar –indígenas y criollos-, que los perciben como víctimas de la misma violencia social que a ellos los humilla y somete. Recordemos que para entonces –y la situación no ha cambiado demasiado, según suele leerse en los diarios- el grueso de la población chaqueña se hallaba sumida en la marginalidad más profunda. “La Forestal” ya se ha ido dejando la tierra chaqueña arrasada y a los terratenientes algodoneros como amos y señores absolutos de la región.

Los hermanos Velázquez inician una larga cadena de delitos contra la propiedad y la vida de esas clases poderosas, lo que los convertirá muy pronto, especialmente a Isidro, en el personaje más odiado y temido por las “fuerzas vivas” de la provincia. Al mismo tiempo, el pueblo excluido le adjudica atributos propios de un “superhéroe”. Se dice que posee poderes hipnóticos en la mirada –con los que inmoviliza a sus enemigos-, que su cuerpo es inmune a las balas y hasta se llega a hablar de su capacidad para volverse invisible.

En mayo de 1963, su hermano Claudio es ultimado en un enfrentamiento con la policía de Costa Guaycurú. Isidro huye a Formosa y retorna al año siguiente. A partir de entonces se lo conoce como “El vengador”. Este vocablo adquiere en el pueblo una doble semántica, ya que si por un lado implica el ajuste de cuentas de Isidro con la institución policial que mató a su hermano, por otro alude a una reivindicación de clase de los sectores más desposeídos que se sienten identificados con cada agresión al orden vigente consumada por Velázquez.

Por entonces, se une a su ladero más famoso, Vicente Gauna, sembrando el terror entre los estancieros, comerciantes y gente poderosa de la región: secuestran, roban, extorsionan, matan si se da la oportunidad, pero también distribuyen parte del botín entre la gente necesitada. La Sociedad Rural del Chaco ofrece dos millones de pesos por su cabeza.

Guarecidos en el monte de Quitilipi, cerca de una colonia toba, que los auxilia, Velázquez y Gauna finalmente son delatados por una maestra y ambos encuentran la muerte, al ser acribillado a balazos, por una partida policial de más de treinta efectivos, el auto en el que viajaban, “camino de Pampa Bandera”. Fue el 1º de diciembre de 1967, a partir de entonces “Día de la Policía del Chaco”.

Decía Roberto Carri en 1968, pero con palabras que siguen teniendo plena vigencia: “La adhesión espontánea del campesino pobre y los trabajadores rurales a los rebeldes de todo tipo que periódicamente aparecen en la región, crea inseguridad en el régimen que acentúa el terror. La excusa formal del “salvajismo” rural que se opone a una supuesta paz urbana, sirve a la institución policial y a los propietarios rurales para ejercer una acción continua de violencia. En esta situación el “salvajismo” popular no es más que la respuesta espontánea de los oprimidos frente al salvajismo institucionalizado del sistema”. (J.C. Jara, Los Malditos, Vol. IV, Pág. 117, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ALICIA GRACIANA EGUREN  -  (1924 – desaparecida en 1977)

UNA MALDITA EXCLUIDA DE LA HISTORIA OFICIAL

Esta “peronista histórica”, como ella misma se definía en 1971, fue poeta, docente y periodista pero, ante todo, fervorosa militante de la causa popular. Enérgica, de fuerte carácter, se entregaba a la lucha con pasión, dándolo todo sin pedir nada. Si algo pudo criticársele alguna vez fue precisamente pecar de voluntarismo y orillar posiciones de ultraizquierda, que su compañero –Cooke- se esforzaba por contener.
Nació en Buenos Aires en 1924. Su padre, Ramón Eguren, era un irigoyenista de raíces federales que luego de 1930 simpatizó con las banderas nacionalistas. Después de 1943, al aparecer el peronismo, padre e hija adhieren al nuevo movimiento.

En 1946, en un acto del CUA (Centro Universitario Argentino), dirigido por Ricardo Guardo, ella conoce a John William Cooke, con quien no se volverá a encontrar hasta casi una década más tarde.

Por ese entonces, Alicia milita en Filosofía y Letras, escribe poemas de estilo neorromántico y edita el periódico literario “Nombre”. En 1949, junto al intelectual rosarino Armando Cascella, funda y dirige la revista “Sexto Continente”, cuya línea editorial se basaba en la convicción de que “la América Latina constituye, por sí, un continente indiviso y perfectamente diferenciado, cuyo porvenir inmediato es el de gravitar considerablemente como unidad económica y como ente espiritual en los destinos del mundo contemporáneo”. En la publicación, de breve existencia, colaboraron personalidades importantes: José Vasconcelos, Carlos Montenegro, Jorge Icaza y Josué de Castro, entre los latinoamericanos, y Carlos Astrada, Arturo E. Sampay, José María Rosa y Orestes Di Lullo, entre los argentinos.

Por esos años, la joven escritora publica varios libros de poesía: “El canto de la tierra inicial” (1949); “Dios y el mundo” (1950), “El talud descuajado” (1951). En esa época, cultiva una poesía impregnada de profundo catolicismo.

Estrechamente vinculada a la militancia política, a raíz de los sucesos del 16 de junio de 1955 se presenta ante “El Bebe” Cooke, por entonces interventor del partido peronista de Capital Federal, y se pone a su disposición, ya que lo estima un “hombre de pelea”.

En septiembre de ese año, se produce el derrocamiento de Perón y tanto ella como Cooke caen presos de la llamada Revolución Libertadora. Cooke en Ushuaia y Alicia en Olmos. Cuenta el periodista Martín García que, durante el cautiverio, cuando era llevada junto a Lala Marín, otra célebre militante peronista, a declarar ante las autoridades, que requerían para bajarles la pena que abjurasen de su credo político, “iban a las entrevistas cantando la marcha peronista, por lo que, ni siquiera llegaban a dar testimonio y las volvían a encerrar”.

Desde la cárcel, donde estuvo casi dos años, Alicia mantendrá un profuso vínculo epistolar con Cooke, hasta que al recuperar la libertad, se traslada a Chile para unirse a él, quien acaba de protagonizar una sonada y novelesca fuga del penal de Río Gallegos junto a otros dirigentes peronistas. Ya Perón lo había nombrado su representante personal y potencial “heredero”.

Hacia mediados de 1957, Alicia viaja a Caracas encomendada por Cooke para hacer llegar al General un extenso informe acerca de la situación argentina y el consiguiente plan de acción a desarrollar con vistas a la insurrección. A su vuelta, mediados de setiembre, en Chile, formalizan legalmente su unión matrimonial, pocos días antes de que Cooke volviera a prisión una vez más. Éste, en carta a Perón, comentará entonces: “nuestro matrimonio sigue el ‘factótum’ de nuestra extraña relación: nuevamente estamos presos, después de una luna de miel de exactamente siete días… Estamos acostumbrados a la persecución… Así que eso no nos hace mella”.

A fines de ese año, parten juntos a la capital venezolana, donde reside el líder justicialista, para ultimar con éste los detalles del controvertido pacto Perón-Frondizi, que lleva las firmas de éstos, de Frigerio y de Cooke.

Pocos meses después, ya la claudicación del jefe de la UCRI está consumada y aunque la resistencia obrera y popular no ceja, la dirigencia peronista tradicional comienza a retomar posiciones en el movimiento. Alicia y Cooke (que sigue siendo representante de Perón en la Argentina, pero cada vez más mediatizado por aquella dirigencia burocrática y conciliatoria) apoyan, en enero del ’59, la ocupación del frigorífico Lisandro De la Torre y la huelga general declarada a raíz de esa lucha.
La derrota del movimiento será un golpe fuerte para el matrimonio cada vez más enrolado en la “línea dura” del peronismo.

Según algunos autores, en ese año, Alicia habría colaborado en la organización de la toma del destacamento policial de Alto Verde dirigida por el comandante Uturunco (Juan Carlos Díaz), en Tucumán, primer esbozo de guerrilla rural en la Argentina.

Lo cierto es que al año siguiente, invitado por el Movimiento “26 de julio”, el matrimonio Cooke viaja a la Cuba de Fidel y el Che. Si al principio existe algún resquemor mutuo, dada la desconfianza de algunos cubanos por el peronismo, pronto todo recelo se disipará. Los mismos enemigos del peronismo, al fin de cuentas (desde Álvaro Alsogaray hasta el mismísimo Spruille Braden), son los que ahora se ha sabido ganar la revolución cubana, que ya ha dado importantes pasos hacia una estructuración socialista de su economía. El matrimonio Cooke adhiere fervorosamente a ese proceso, formando parte de las milicias, dando conferencias y colaborando en distintas publicaciones revolucionarias.

A principios de 1961, con las armas en la mano participan, en distintos puestos de combate, de la “Operación Muerte al Invasor”, rechazando –luego de 72 horas de dura lucha- el ataque de las fuerzas imperialistas procedentes de EE.UU. El fervor revolucionario de Alicia es tal que algunos cubanos recuerdan hoy que en los sucesos de Bahía de los Cochinos, ella tenía un grado miliciano superior al de su compañero quien por otra parte, se caracterizaba por su arrojo y espíritu de lucha. Una vez lograda la victoria, el reencuentro de Alicia y Cooke constituirá –dice un autor- “uno de los momentos más felices de sus vidas”.

Pero los Cooke no dejan de pensar constantemente en la Argentina y sueñan con que el proceso revolucionario que ven deslizarse promisorio ante sus ojos pueda ponerse en marcha también en su patria chica. Así, a fines de 1963, regresan a Buenos Aires, donde fundan poco después una pequeña agrupación no desgajada del tronco del movimiento; la “Acción Revolucionaria Peronista”. Desde allí bregarán –en palabras de Norberto Galasso- “para conformar una vanguardia capaz de entroncar con sectores obreros y posibilitar una acción política dirigida a crear condiciones para la insurrección popular”.

En esa perspectiva participan, en 1967, de la conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad con la Revolución Cubana (OLAS).
Pero 1968 resulta luctuoso ya que el 19 de septiembre, a los 48 años, se apaga la vida del “Bebe” Cooke, fuerte golpe que sin embargo no aplaca el fervor revolucionario de Alicia.

Pronto va a colaborar en el periódico “Con Todo”, dirigido por Bernardo Alberte y Mabel Di Leo, y en la elaboración del documento conocido como “Estrategias y Tácticas Revolucionarias”, presentado, en 1969, en el Congreso Fundacional de la Tendencia, llevado a cabo en Córdoba.

En 1972, Alicia selecciona y publica la correspondencia mantenida entre Perón y Cooke desde 1956 y 1966, testimonio insoslayable para entender la historia política argentina de aquellos convulsionados días.

Al año siguiente brinda su apoyo al gobierno de Héctor J. Cámpora y dirige la revista “Nuevo Hombre”. “A lo largo de este proceso –dirá Mabel Bellucci-, sus lugares de inserción en el movimiento peronista no quedan aún muy esclarecidos. Tan es así que se evoca una multiplicidad de espacios de pertenencia política a la vez: Montoneros, Fuerzas Armadas Peronistas, Peronismo de las Bases y Partido Revolucionario de los Trabajadores”. No hay duda, sin embargo, que en 1972, participa en el acto del Peronismo de las Bases, junto a Rodolfo Ortega Peña, realizado en la Federación de Box.

Lo cierto es que Alicia Eguren, viviendo por entonces con su madre en el barrio de Boedo, fue secuestrada, en la vía pública, por un grupo de tareas de la Armada, el 26 de enero de 1977. Tenía 52 años. No se sabe la fecha exacta de su muerte pero sí se conoce que fue torturada en la ESMA y finalmente arrojada desde un helicóptero al Río de la Plata. A manera de epitafio podrían haberse acuñado estas palabras de su compañero de sueños y de luchas: “en la medida en que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de los que continúen esa militancia”. (J.C. Jara, Los Malditos, Vol. II, Pág. 269, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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ANGEL VICENTE PEÑALOZA, “EL CHACHO” – (1798-1863)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en la localidad de Guaja, provincia de La Rioja, en 1798. Poco se conoce sobre su infancia y juventud. Recién hacia 1820 –según referencias- habría dado sus primeras acciones de guerra, integrando las huestes de Facundo Quiroga. Así, en la batalla de El Tala (octubre de 1826), donde el Tigre de los Llanos derrota a las fuerzas unitarias, Peñaloza se destaca, siendo ascendido de teniente a capitán. En esa acción, recibe un lanzazo que le provoca una grave herida en un costado. Poco después, en julio de 1827, interviene en “El Rincón”, donde sobresale también por su intrepidez. Asimismo, acompaña a Facundo en “La Tablada” y “Oncativo”.

Después de estas derrotas, mientras Quiroga se va a Buenos Aires, el Chacho repliega hacia La Rioja, donde mantiene una actividad semiclandestina. Sin embargo, en 1831, derrota al coronel Villafañe, en Amilgaucho. Acompaña luego a Quiroga en su lucha frente a Lamadrid, participando en la victoria de La Ciudadela, después de la cual es designado comandante militar de una parte de los Llanos.

Ya por entonces ha alcanzado gran prestigio entre los riojanos, no sólo en razón de su arrojo militar, sino por su preocupación por ayudar a los pobres de la zona. El caudillo montonero, como tantos otros, resulta la expresión del reclamo de los pueblos del interior, ante el hundimiento de esas economías provinciales a consecuencia de la libre importación y el monopolio de las rentas aduaneras por la provincia de Buenos Aires. Por esta razón, en 1835, al producirse el asesinato de Facundo, El Chacho surge como el representante natural de esos pueblos expoliados.

Ya Rosas se encuentra en el poder y ha dictado la Ley de Aduanas, pero esta política defensiva no satisface al federalismo provinciano que necesita urgentemente capitales para levantar su economía, creando fuentes de trabajo, que moderen la miseria reinante. La negativa de Rosas a sancionar “el cuadernito” (así llamaba Quiroga a la Constitución) implica mantener el privilegio aduanero para los bonaerenses en detrimento del interior. Por esta razón, El Chacho y su gente se levantan en armas, tres veces, contra el Restaurador: en 1841, 1843 y 1845, aunque para ello tengan que unirse con unitarios como Lavalle.

En esa época, es detenido por el caudillo sanjuanino Nazario Benavídez, Rosas solicita que se lo envíen al Chacho a Buenos Aires, pero Benavídez se niega, resguardando la vida de Peñaloza.

Por entonces, el Chacho pasa a Chile, donde sufre exilio y pobreza. “Como me a d’ir. En Chile y de a pie” es una frase suya que pasa a la historia como expresión del desamparo de un caudillo gaucho, alejado de su patria y sin caballo.

En general, los historiadores rosistas no interpretan en profundidad la conducta de El Chacho durante ese período, en tanto no diferencian entre el federalismo bonaerense y el federalismo del interior. Rosas, con su política pactista –no atacarlos y darles cierta protección con aranceles- resulta preferible a Rivadavia que quería imponer “la unidad a palos” y aplicaba la libre importación que arrasaba con toda actividad productiva pero, en última instancia, tampoco da solución a los pueblos del interior. Ello explica estos levantamientos del Chacho, como así también sus referencias elogiosas a Caseros, sostenidas, asimismo, por su sucesor Felipe Varela.

En la época de la separación entre Buenos Aires y la Confederación, El Chacho mantiene buenas relaciones con Urquiza, en quien encuentra una posibilidad de política nacional. El 7 de julio de 1855, Urquiza los asciende a Coronel mayor, grado que luego el Congreso eleva al rango de General.

Producido el triunfo de la Confederación, en Cepeda (1859), El Chacho lo felicita a Urquiza: “Le ruego que admita una felicitación de este pobre campesino por el glorioso triunfo de Cepeda”. Pero, en 1861, Urquiza abandona el campo de Pavón, regalándole la victoria a Mitre, con lo cual éste se afirma y controla el poder en 1862, decidido a imponer la voluntad oligárquica en todo el resto del país.

Así, el ejército porteño, entre 1862 y 1865, lleva a cabo una fuerte represión en el interior, arrasando con gobiernos populares y masacrando miles de gauchos, como lo testimonian Olegario Andrade y José Hernández, en sus artículos periodísticos.

En mayo de 1862, El Chacho es derrotado en El Gigante y Las Salinas, por las fuerzas de Rivas. Luego de algunas tratativas, queda concertado el tratado de paz, llamado “de la Banderita”, que, entre otras cosas, establece el intercambio de prisioneros. Pero mientras El Chacho –calificado de “bárbaro”- entrega soldados del ejército mitrista, Rivas –en nombre de “la civilización”- no devuelve chachistas prisioneros porque han sido fusilados.

Meses después, El Chacho comprende que no es posible la conciliación y convoca a sus hombres, de nuevo, a la lucha, al tiempo que confía en el apoyo de Urquiza: “La Patria nos llama de nuevo a afianzar en nuestras provincias el imperio de la ley y las sabias instituciones que surgieron el gran día del pensamiento de mayo y se establecieron en Caseros bajo la noble dirección del héroe de Entre Ríos, Capitán General Urquiza. El viejo soldado de la patria os llama en nombre de la ley y la Nación entera para combatir y hacer desaparecer los males que aquejan a nuestra patria y para repeler con vuestros nobles esfuerzos a sus tiranos opresores”.

Entre abril y mayo de 1863, la insurrección montonera vuelve a expandirse en el interior: “Los pueblos, cansados de una dominación despótica y arbitraria, se han propuesto hacerse justicia”. En mayo, es derrotado en Lomas Blancas, reagrupando sus fuerzas en Cosquín. Desde allí, reclama el apoyo de Urquiza, pues Entre Ríos es la única provincia con poder económico suficiente como para aprovisionar a sus fuerzas y enfrentar, con alguna posibilidad, al poderoso ejército porteño: “Me he puesto a la cabeza del movimiento de libertad, igual al que usted hizo el primero de mayo (de 1851), en esa heroica provincia contra la tiranía de Rosas… Este movimiento es contra otra tiranía peor que la de Rosas… Me dirijo a usted para ponerme a sus órdenes seguro de que aprobará mi conducta”. Poco después, ahora que controla Córdoba, le vuelve a escribir: “… Nada falta sino que V.E. monte a caballo para concluir definitivamente la obra de reconquistar nuestros derechos y libertades”. Y agrega: “Nuestro elemento más necesario y escaso son las armas”. Pero el apoyo de Entre Ríos no llega. Urquiza se preocupa cada vez más por sus negocios y ellos lo llevan a conciliar con la oligarquía porteña, traicionando a los pueblos provincianos.

El 28 de junio de 1863, las fuerzas de Sandes y Paunero derrotan a El Chacho en “Las Playas”. El 30 de octubre es derrotado, otra vez, en “Caucete”. Se repliega, entonces, hacia Olta, en su provincia natal.

El 10 de noviembre, le envía su última carta a Urquiza, ya desesperado, donde le reclama apoyo o en su defecto, abandonará la lucha: “Después de repetidas veces, no he conseguido contestación alguna… En medio de esta azarosa y desigual lucha nada me desalienta… (pues) cuanto he hecho ha sido fundado en antecedentes que V.E. me ha dado… (pero) si V.E. me dirige una contestación terminante y pronta… y si en ella se negase a lo que nos hemos propuesto, tomaré el partido de abandonar la situación… Mis hombres irán conmigo con gusto a mendigar el pan del extranjero, antes que poner la garganta en la cuchilla del enemigo”.

El 12 de noviembre, El Chacho se rinde ante un jefe mitrista, entregando su puñal, pero es lanceado por el coronel Pablo Irrazábal, y luego, baleado y degollado:

“Los changos y las viejas
y hasta las mozas
llorando están la muerte
de Peñaloza”

Poco después, como ejemplo de “civilización”, la cabeza del Chacho cuelga de una pica, en la plaza de Olta. Sarmiento le escribe a Mitre: “He aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses”. José Hernández, por su parte, afirma: “Los salvajes unitarios están de fiesta. El General Peñaloza, el hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo… ha sido cosido en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino al bárbaro Sarmiento”.

En tanto resulta uno de los principales enemigos del mitrismo, la historia oficial lo ignora a El Chacho, a pesar de que tenía el apoyo de los pueblos del noroeste. Lo silencia. No lo menciona. Y cuando excepcionalmente, lo recuerda, lo hace considerándolo un montonero díscolo, un facineroso, expresión del atraso latinoamericano.
Convertido en “maldito” en los textos, las cátedras, las conferencias y los medios de comunicación, el cancionero popular alerta todavía:

“Peñaloza diz que ha muerto
No hay duda que así será
Tengan cuidado, magogos
No vaya a resucitar”

(N. Galasso, Los Malditos, tomo II, pág. 218, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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PEDRO LEOPOLDO BARRAZA – (Aproximadamente 1935-1974)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Militante de la juventud peronista. “Militó en los equipos de ‘Manolo’ Buzeta y Saúl Hécker –según informa Roberto Baschetti- colaborando con el sindicalista Andrés Framini”. Investigó acerca del secuestro y desaparición de Felipe Vallese, gremialista metalúrgico, producido en agosto de 1962. Barraza informó al respecto en los periódicos “Compañero” y “18 de Marzo”, presionando a la investigación judicial para que se conociese la verdad. Más tarde, publicó, en 1972, acerca de los poderes esotéricos de José López Rega. Pero el tema Vallese siguió siendo su principal preocupación.

El 13 de octubre de 1974 fue atacado, en Villa Lugano, por fuerzas de la Triple A. Le vaciaron varios cargadores en el cuerpo y lo golpearon con una Itaka en la cabeza, provocándole la muerte. Se presume que los asesinos estaban comprometidos en el asesinato de Vallese y temían que la investigación de Barraza, realizada durante varios años, pusiese al descubierto el crimen en el que estaban involucrados. Se considera que entre los asesinos habría estado el comisario retirado de la Policía bonaerense, Juan Fiorillo, a quien, años atrás, se le había imputado dirigir el operativo de secuestro de Felipe Vallese. (N. Galasso, Los Malditos, vol. III, pág. 55, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ATILIO HIPÓLITO LÓPEZ - (1930 - 1974)

Nace en Córdoba, en 1930. Su segundo nombre hace presumir que proviene de una familia radical. Desde muy joven, milita sindicalmente, en el gremio del transporte. En 1952, egresa de la Escuela Sindical de la CGT. Poco después, pasa a desempeñarse como delegado de la Comisión Administrativa del Transporte Automotor (cata), puesto en el que se encuentra al producirse el golpe militar del 16 de setiembre de 1955. Sufre entonces su primera prisión y no bien recupera la libertad, se suma a “la resistencia peronista”, brindándose entero en la lucha contra los usurpadores. Después de la disolución de la CATA –obra del interventor federal Rogelio Nores- redobla sus esfuerzos junto a otros compañeros para reorganizar el gremio.

En 1969, la Unión Tranviarios Automotor (UTA) ya es uno de los gremios más combativos de Córdoba y como tal participa en el “Cordobazo”, con Atilio a la cabeza. Dos años después, también tiene una decidida intervención en “el viborazo”, que concluye con el gobierno reaccionario de José Camilo Uriburu, en Córdoba.

Muy querido por sus compañeros –para ellos, “El Negro”- interviene en 1971 en la unificación de la CGT local y el designado secretario general, llevando a Agustín Tosco, como adjunto.

En las elecciones del 11 de marzo de 1973, el peronismo cordobés levanta la fórmula Ricardo Obregón Cano-Atilio López que, en segunda vuelta, derrota, el 15 de abril de 1972, a la fórmula radical Víctor Martínez-Felipe Celli. Integra así, jugando un rol importante, la oleada popular que pone término a la dictadura militar.

Alineado junto a los sectores más combativos de la izquierda peronista, recibe la crítica de la derecha del movimiento. El enfrentamiento se agudiza durante 1973 y hace crisis a principios de 1974. El 27 de febrero de ese año se insubordina el teniente coronel Antonio Domingo Navarro, jefe de la policía cordobesa, y logra apresar a Obregón Cano y a López. El gobierno nacional no repone a las autoridades derrocadas, sino que envía la intervención a la provincia, poniendo así fin a la experiencia de López como vicegobernador.

En los meses siguientes, dado que continúa recibiendo apoyo de los sectores gremiales combativos, especialmente de la UTA, el lopezrreguismo lo tiene en la mira, considerándolo uno de sus enemigos más peligrosos.
A mediados de setiembre de 1974, López viaja a Buenos Aires y se hospeda en el hotel “El Aldeano”. El día 16, es secuestrado, junto a su asesor, activo militante del gremio, Juan José “el gordo” Varas, por un grupo comando de las Tres A. Los cuerpos sin vida de ambos son encontrados, poco después, en Capilla del Señor, Provincia de Buenos Aires.

Tenía 44 años y por esas ironías de la historia, lo asesinaron un 16 de setiembre. Lo recuerdan aún hoy sus compañeros y los sectores combativos de Córdoba, pero, en cambio, aquellos que sostienen que “todos los gremialistas son ladrones” no conocen de su honestidad, de su solidaridad y de su trayectoria, en permanente lucha y en defensa de sus compañeros y de su patria. (Norberto Galasso, Los Malditos, vol. I, pág. 107, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JOAQUÍN PENINA - (1901 - 1930)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nace en Cataluña, España, en la localidad de Gironella, en 1901. En 1924, llega a la Argentina y se afinca en Rosario. Trabaja como colocador de mosaicos y azulejos. Vive modestamente e intenta ahorrar unos pesos para, algún día, comprar los pasajes para traer a sus padres al país.

Trabaja por su cuenta y destina las noches a juntarse con otros trabajadores con los cuales comparte el ideario anarquista. Su militancia consiste en distribuir el material libertario, desde volantes a folletos y libros, inclusive llega a tener un viejo mimeógrafo para reproducir los documentos “de la idea”. Quienes lo conocieron lo recuerdan así: “Naturista en su alimentación, individualista en sus hábitos, poco expansivo en sus manifestaciones… un asceta”. “No quería ponerse de novio hasta tanto no trajera a sus viejos, porque un supuesto casamiento le insumiría dinero y lo poco que tenía estaba destinado prioritariamente a ellos”.

En 1928, se suceden varias huelgas y Penina interviene junto a sus compañeros. “Era un muchacho serio, respetuosos –señala un obrero mosaiquista- inteligente y estudioso, de una moral intachable y un activo luchador y propagandista de nuestras ideas”.

En 1930, vive en la calle Salta 1581, de la ciudad de Rosario, donde comparte una modesta pieza con un compañero: Victorio Constantini. Allí se enteran, el 6 de setiembre, del golpe militar dirigido por el general Uriburu que ha derrocado al gobierno de Hipólito Yrigoyen. En ese mismo lugar se encuentran también en las primeras horas del 9 de setiembre, cuando irrumpen varios policías que los detienen y les revuelven la pieza buscando materiales “subversivos”. Les llama la atención el mimeógrafo, pero éste no funciona desde hace varios meses. Rato después, los dos amigos son conducidos al Departamento de Policía donde, más tarde, traen detenido a Pablo Porta, un amigo de Penina, sin militancia política conocida, quien al pasar a visitarlos, por esa casa de la calle Salta, también es apresado, suponiéndosele cómplice de los otros “subversivos”.
Poco después, los tres amigos son interrogados. Se les imputa haber redactado, impreso y difundido un volante “incitando al pueblo y a la tropa contra las nuevas autoridades del país”, en momentos en que rige el Estado de Sitio y la Ley Marcial. Los acusados niegan todas las imputaciones.

Los datos posteriores que han permitido reconstruir lo sucedido permiten afirmar que se trató de una fábula, fraguada por la policía, para contar con la excusa suficiente para implantar el terror, recurriendo al fusilamiento como medio de disciplinamiento social.

Al día siguiente, 10 de setiembre de 1930, el teniente coronel Rodolfo Lebrero, jefe de policía de Rosario, da órdenes al capitán Luis Sarmiento, comandante de la V Compañía del Regimiento 11 de Infantería, quien, a su vez, las imparte al Subteniente Jorge Rodríguez. Según ellas, Porta debe ser remitido a Córdoba y Constantini al Salto uruguayo. Penina, en cambio, debe ser fusilado. Según el jefe de Policía “es un comunista” que ha “impreso” –en ese mimeógrafo que no funciona- “y difundido volantes convocando al levantamiento contra las autoridades”. “Al compañero Penina no se lo procesó, no se le designó juez, ni defensor alguno –testimonió un trabajador anarquista-

… En su habitación no se encontraron explosivos, ni los fabricaba, ni disponía de armas y aunque repartía volantes, nunca fue visto “in fraganti”, ni cometió delito alguno… No era culpable de nada”.

En la noche de ese mismo día, es conducido a las barrancas de Saladillo, donde hay un stand para tiro de fusil ametralladora. Allí, el subteniente Rodríguez ordena a tres tiradores y da la primera orden: ¡Apunten! Se escucha entonces el grito de Penina, con su acento catalán: ¡Viva la anarquía!... A la voz de: ¡Fuego!, el trabajador anarquista es ultimado. “Se lo mató miserablemente… Se lo asesinó porque era un obrero desvalido… sencillamente porque los usurpadores del poder tenían miedo y el terror que vivían lo extendieron a la clase proletaria con sus arbitrariedades”.

Como siempre ocurre en estos casos, ante el reclamo de sus amigos, la policía informa que ha sido puesto en libertad el 10 de setiembre por la mañana y que desconoce su paradero, posición que mantiene durante cierto tiempo, ante el habeas corpus presentado por un abogado y los reclamos de los pocos periodistas decididos a jugarse. Recién más tarde, se conocen los terribles sucesos de aquella noche trágica.

En 1932, Alberto Bianchi, integrante del consejo redactor del periódico anarquista “La Antorcha”, rinde homenaje a Penina, en un acto organizado por la FORA, donde sostiene: “Hace dos años, en Rosario, bajo el imperio de la ley marcial, cuyas prescripciones para el juicio sumarísimo fueron dejadas de lado, en una indecible superación de barbarie, cayó, para enaltecerse por siempre en el sagrario de los corazones en que la libertad alienta, el primer anarquista fusilado en la Argentina: Joaquín Penina”. Luego, sobre el crimen, cayó el silencio. (N. Galasso, Los Malditos, vol. I, pág. 113, Ed. Madres Plaza de Mayo)

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NORBERTO OSCAR CENTENO  - (1927 – 1977)

Nació en la ciudad de Santo Tomé, Provincia de Corrientes, el 17 de febrero de 1927. Abogado laboralista recibido en la Universidad Nacional de La Plata en 1956. En su vida estuvo detenido varias veces a causa de su militancia nacional y popular. La primera en 1957, con la autodenominada “revolución libertadora”, por su militancia peronista. En la segunda, en 1960, cuando fue víctima del Plan Conintes. Pese a la prisión y la hostilidad de las dictaduras, Centeno no cesó en su actividad militante, en un buen ejemplo de los signos de aquellos tiempos en los que el valor de la vida cotidiana era medido según el grado de compromiso social. A pesar de su profesión –paradigma de los oficios con formación liberal-, su actividad claramente lo muestra superando el individualismo y los prejuicios de clase que tanto nos enseñan a los abogados en las aulas de cualquier alta casa de estudio. Conciencia de destino nacional para compartir el devenir y los avatares del pueblo.

Su vida es testimonio de la lucha del movimiento obrero que en su organización necesitó siempre de estrategias legales. Fue asesor de múltiples sindicatos, entre otros de la Confederación General del Trabajo, Federación Sindicato Unido Petroleros del Estado, Unión Obrera Metalúrgica, Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata, Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores. También colaboró en el anteproyecto de la ley de asociaciones profesionales (1973), y en el anteproyecto de reforma a la Ley de Procedimiento Laboral de la Provincia de Buenos Aires. Pero tal vez lo más importante fue su participación central en el anteproyecto de la Ley de Contrato de Trabajo (1974), antecedente de la Ley 20.744. En breve síntesis, la ley laboral consagraba el principio protectorio del trabajador y el in dubio pro operario, y derechos tales como a un salario justo, estabilidad del empleo y de las condiciones de trabajo, indemnización, vacaciones, aguinaldo, seguridad previsional, entre otros.

Norberto Centeno, en 1974, explicaba que “la Ley de Contrato de Trabajo no es un producto de gabinete o fórmulas abstractas. Los datos vienen tomados de la realidad concreta adaptados en función de ideales sociales de justicia” y proponía “combinar lo ideal con lo posible”, el derecho del trabajo como “derecho de la realidad” pero no para justificar las desigualdades sino para intentar hacer un “derecho popular” en contraste con el “derecho de juristas” de contenido liberal. En ese contexto la función de la ley no puede ser otra que favorecer a los más débiles, por eso decía que “no debe entonces extrañar que la ley consagre desigualdades de modo de compensar las que de por sí se dan en la relación (art. 19)”. En eso consiste el denominado fin protectorio del derecho laboral, el criterio de que en caso de duda se debe estar a favor del trabajador, la facultad de los jueces de producir prueba por cuenta propia, la gratuidad del proceso, entre otras características procesales y normativas.

Decía Centeno, con tono docente, sobre la Ley de Contrato de Trabajo que impulsaba: “El trabajo como valor esencial y original de las cosas y una sociedad fundada en él, es la idea que se transmite a todo el dispositivo, pero además el trabajo como hacer se confunde con el trabajador y es por ello destino de la perfección. La vinculación jurídica regulada entonces es ajena al derecho de las cosas y por ello mismo que ha establecido la ley que el contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en sí, y que sólo después ha de entenderse que media entre las partes una relación de intercambio y un fin económico (art. 4) a la par que consigna que las facultades de dirección que asisten al empleador deben ejercitarse con carácter funcional, atendiendo a la vez a los fines de la empresa y a las exigencias de la producción tanto como a la preservación y mejor de los derechos personales y patrimoniales del trabajador (art. 70) (…) la empresa es algo distinto de la propiedad y la economía se subordina al derecho”.

Frente a este modo de pensar la realidad se levanta el pensamiento liberal que, al igual que lo que ocurre con la historia oficial mitrista, enuncia mitos para velar lo real. Así por ejemplo, con principios tales como el de la autonomía de la voluntad de las partes, entre la patronal y los trabajadores; la defensa irrestricta de la sagrada propiedad privada, desde donde se afirma que cualquier protección de los derechos de los trabajadores es injustificado y autoritario intervencionismo estatal, cuyo único resultado es el consiguiente aumento del costo y el riesgo empresarial, y ser obstáculo para la inversión y el progreso económico. Y concluye: hay que desregular las relaciones de trabajo, adaptar la legislación laboral a las exigencias de la realidad, es decir, la casi total anulación del derecho laboral, que es el modo de justificar la explotación económica siempre creciente e insatisfecha; dejar que las empresas multinacionales hagan lo que quieran con los trabajadores y volver a las condiciones sociales de principios del siglo pasado. Este es el real significado de la denominada flexibilización laboral que trajo la disponibilidad de los derechos de los trabajadores por el supuesto “libre acuerdo”, precariedad en las condiciones de trabajo y en las nuevas formas de contratación.

Por eso Norberto Centeno era inconveniente para el pensamiento liberal de la oligarquía que, en aquel tiempo, agazapada, estaba preparándose para lanzarse con toda su fuerza y brutalidad sobre nuestro país. La dictadura cívico militar de 1976 ocupó fábricas y liquidó a comisiones internas; su política económica, en nombre de la libertad de mercado, cerró fábricas, endeudó al país y destruyó el aparato productivo nacional, con fines de instaurar una economía de especulación bajo el influjo extranjero. La alianza de empresarios –nacionales y extranjeros- y militares mutilaron la Ley de Contrato de Trabajo apoyada por Centeno –la 20744 fue reformada por la 21297-, mientras hacían desaparecer obreros, empleados y delegados gremiales, todos víctimas del terrorismo de estado y del odio de clase. Y Centeno, junto con sus compañeros abogados, corrió la misma suerte.

La noche del 7 de julio de 1977 Norberto Centeno fue secuestrado, en el marco de la operación criminal conocida como “La Noche de las corbatas”. Del 6 al 8 de julio, en la ciudad de Mar del Plata, fueron secuestrados varios abogados: José María Vard, Carlos Bozzi, Camilo Ricci, Raúl Hugo Alei, Salvador Arestin, Tomás Fresneda y María Argañaraz de Fresneda. El cuerpo de Centeno apareció el 11 de julio en el Km 22 del camino viejo, de tierra, a Miramar.

Según testimonios estuvo detenido en la Base Aérea de Mar del Plata, un centro de detención llamado “La Cueva”, donde sus captores, en cínica y siniestra burla, decían “¡denle al viejo, denle al viejo!” mientras lo torturaban.

Hubo que esperar hasta el 2004 para reivindicarlos. La Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) instauró el 6 de julio como el Día Nacional del Abogado víctima del terrorismo de Estado. Pero no mucho más que eso en el resto del país, sin mayor eco tanto en las escuelas de derecho como en los medios masivos de comunicación.

En nuestra Argentina, tierra de “malditos” y fértil en mitos, a los trabajadores se le ha impuesto una bendita opción de hierro: trabajar en condiciones indignas o la exclusión social de ellos y su familia. Por eso todavía el silencio sobre Centeno perdura. Está hecho con el mismo tono del silencio que fue cayendo sobre quienes han defendido los derechos de las clases trabajadoras y populares, auténtico objetivo de la artillería de olvidos y mentiras de los últimos treinta años. (Javier Azzali, Los Malditos, vol. III, Pág. 72, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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ENRIQUE ANGEL ANGELELLI - (1923 - 1976)

UN "MALDITO" EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Nació en la ciudad de Córdoba el 17 de julio de 1923. De familia humilde, de inmigrantes italianos, realizó sus estudios en escuelas del Estado y luego con las hermanas de Villa Eucarística, donde su padre trabajaba como casero. A los 15 años, ingresó al Seminario de Córdoba. Por su desempeño destacado fue enviado a Roma en 1939, donde se licenció en Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana. En Europa, entró en contacto con la Juventud Obrera Católica (JOC).

El 9 de octubre de 1949, fue ordenado sacerdote. Al año siguiente regresó a la Argentina donde formó parte del tribunal eclesiástico, además de colaborar en la parroquia de San José de Alto Alberdi. También comenzó a dictar clases en el Seminario Mayor de Córdoba y fue asesor de la Juventud Universitaria Católica. Junto a Emilio Di Pasquo, obispo de San Luis, impulsó en 1952, la fundación de la Juventud Obrera Católica en Córdoba. En 1960, fue nombrado Obispo Auxiliar de Córdoba. Durante su desempeño, se vinculó especialmente con los barrios más humildes, en permanente contacto con los trabajadores, ofreciendo asilo y protección a militantes políticos y sindicales. Fue nombrado rector de dicho Seminario, donde realizó numerosos cambios hacia una mayor apertura de su rigurosa disciplina. Luego de un conflicto con el Nuncio apostólico Humberto Mozón, fue trasladado a Villa Eucarística. En 1965, regresa a la sede del arzobispado cordobés y en 1968 es nombrado obispo de La Rioja, forma en que la jerarquía eclesiástica piensa alejar a Angelelli hacia una diócesis de menor importancia: el objetivo era acallar su voz.

Como Obispo anunció “no vengo a ser servido sino a servir”, mandato que cumplirá durante todo su desempeño, buscando siempre tener “un oído puesto en el Evangelio y otro en el pueblo”, síntesis de su mensaje pastoral. Adhirió a los principios del Concilio Vaticano II y de Medellín, entendiendo al Evangelio desde la lucha por la liberación de los desposeídos, denunciando el hambre, la desocupación, la concentración de la propiedad y la explotación campesina.

Desde esta postura, promovió la formación de cooperativas de campesinos, lo cual ocasionó la inmediata oposición de la clase acomodada riojana, mayoritariamente latifundista, quienes comenzaron a atacarlo criticando su prédica y accionar. En diciembre de 1971, prohíben la trasmisión radial de la misa dominical del obispo en la cual analizaba la realidad social de la Provincia.

Muchos sacerdotes se acercan para conocer y compartir la tarea pastoral de Angelelli, entre ellos Antonio Puigjané y Jorge Danielani; serán acusados de “comunistas, marxistas y rojos” por las familias terratenientes de La Rioja, quienes se agrupan en la “Comisión Pro Recuperación del Padre Virgilio”, en “Cruzada Renovadora de la Cristiandad” y en el movimiento “Tradición, Familia y Propiedad”.

Desde 1972, numerosos sacerdotes riojanos que trabajaban junto a Angelelli fueron detenidos; incluso se producen ataques a la casa de las religiosas de Aminga. En 1973 el Papa Paulo VI envía a un delegado personal, el arzobispo de Santa Fe, Vicente Zaspe, quien apoya la obra de Angelelli, pero por nuevos incidentes debe interrumpir su visita. Desde 1974, Angelelli comenzó a recibir amenazas de muerte, al tiempo que la Triple A comenzaba a operar en La Rioja. En diciembre de 1974, visita a Pablo VI, quien lo anima en su labor. A comienzos de 1976, por los enfrentamientos crecientes, pone su renuncia a disposición de la diócesis. Desde julio de 1976 Monseñor Angelelli denuncia los asesinatos de Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias, dos sacerdotes de Chamical (La Rioja); y del laico Wenceslao Pedernera, dirigente de Acción Católica Rural y de la parroquia de Sañogasta. Realizó una investigación sobre estos casos donde quedaba en evidencia el accionar represivo. La misma estaba preparada para entregar a las autoridades eclesiásticas, cuando el 4 de agosto de 1976 durante el viaje de Chamical a La rioja muere violentamente en Punta de los Llanos.

Después de cerrar la investigación como “accidente de tránsito”, la justicia riojana archivó el caso. En marzo de 1984, el juez Aldo Fermín Morales recaratuló el expediente como “Homicidio calificado”. La Corte Suprema de Justicia declaró, en noviembre de 1988, la competencia de la Cámara Federal de Córdoba para el juzgamiento de los militares presuntamente involucrados en la muerte del obispo. Esta consideró que la muerte había sido producida por las órdenes del III cuerpo de Ejército de Córdoba. El fiscal de Cámara pidió la aplicación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final para varios implicados en la causa. (Mara Espasande, Los Malditos, vol. II, pág. 399, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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RODOLFO DAVID ORTEGA PEÑA - (1936 - 1974)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
Abogado, historiador, periodista y militante político, Rodolfo David Ortega Peña es una de las más altas expresiones de la vinculación entre actividad intelectual y compromiso político en la década del ’70.

Nació el 10 de setiembre de 1936. Cursó estudios de Derecho, recibiéndose de abogado en 1955.
En sus comienzos, fue militante de la Federación Juvenil Comunista vinculándose luego a través de la revista partidaria “Mar Dulce” con quién sería luego su “maestro”: Juan José Hernández Arregui quién lo deslumbró con sus ideas sobre todo aquella de que “…la enseñanza de la historia encubre los intereses de la clase vencedora expuestos como valores eternos de la nación”. Invitación más que sugerente para el replanteo de ideas de un joven historiador asfixiado seguramente por la ausencia de debate interno en el Partido Comunista en torno a la cuestión nacional. Esta relación lo llevó a abandonarlo y a militar en el ancho campo del nacionalismo cultural.

Fue un abogado valiente que defendió a todos los presos políticos (fueron o no de su tradición política). Fue también diputado de la juventud peronista con su bloque unipersonal de Base (con el pueblo como protagonista), en 1973, intentando siempre una praxis política peronista antiburguesa. En apenas cuatro meses de mandato, caminó todo el país y estuvo con los obreros en lucha de Villa Constitución apoyando cada reivindicación que se manifestara. Desde diversas publicaciones, tales como “Mundo Nacionalista” y “La Patria Fuerte” procuró mantener vivo el espíritu del peronismo victorioso y socialista de marzo del ’73 que llevó al justicialismo al poder luego de dieciocho años de proscripción. En su trabajo periodístico más logrado, siendo editor de la revista “Militancia” (que contaba con el apoyo económico del PRT), reivindicaba un peronismo diferenciado, vale decir, cuestionador, antiburocrático, revolucionario, sin prejuicios ni oportunismos. Terminó su trayectoria política integrado al FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo), liderado también por el PRT.

Asimismo, realizó una importante labor historiográfica, de tipo revisionista, publicando doce obras. Entre ellas, en colaboración con E. L Duhalde, pueden citarse: “Felipe Vallese, proceso al sistema”, Unión Obrera Metalúrgica, Buenos Aires, 1965; “El asesinato de Dorrego”, A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1965; “Alberdi, el mitrismo y la guerra de la Triple Alianza”, A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1965; “Felipe Varela contra el Imperio Británico” Editorial Sudestada, Buenos Aires, 1965; “Baring Brothers y la historia política argentina”, A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1968; “Facundo y la montonera”, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1968.

Puede incorporársele, sin dudar al linaje del revisionismo histórico de izquierda, ya que todas sus obras están orientada hacia la función política y pedagógica de la historia, marca de estilo del revisionismo. Su objetivo fue intentar construir una genealogía de caudillos federales enfrentados a los próceres del unitarismo liberal, portuario y mitrista. Analizando el que creemos que es su mejor libro “Felipe Varela contra el Imperio Británico” podemos visualizar estos objetivos que comparte con quien fue su colaborador en la mayoría de sus trabajos: su compañero Eduardo Luis Duhalde.

Veamos como justifica la necesidad de incluir a Varela en el procerato: “En la República Argentina, fue jefe y abanderado de la unidad continental, frente a la agresión imperialista, el caudillo catamarqueño Felipe Varela. Rescatado de la miserable calificación que la historia oficial le ha arrojado, Varela surge como encarnación heroica de las luchas de las clases oprimidas, en un continente que se negaba a ser definitivamente balcanizado, luego de la tentativa parcialmente lograda, de la diplomacia de Canning”. Atacando de lleno a los figurones de las academias, los acusa de vestirse con un ropaje cientificista a la hora de defender su ideología pero que no dudan en utilizar terminología nada académica (“salteadores”, “hordas salvajes”, “chusmas enardecidas”) cuando se trata de criticar a aquellos personajes que, como los caudillos federales del interior, cuestionan la visión oficial de la historia creada por la “oligarquía portuaria” (según sus propias palabras). Hacen, los autores, en este mismo libro una verdadera profesión de fe sobre la importancia del trabajo académico, aunque cuestionan los encuadres ideológicos y los estilos de los “científicos”: “Por esas razones, el estilo de este libro es duro y combativo. Responde, en sus justos términos a esa falaz actitud académica.

Pero a diferencia de esta, defiende las tesis nacionales en forma documentada (…) Lo expuesto, no debe interpretarse como un signo de una mal encubierta pedantería intelectual. Los autores saben perfectamente de las limitaciones de su obra. Ella es solo una invitación, a los estudiosos con conciencia nacional, para que la continúen, llevándola a sus máximas posibilidades. “En revisiones posteriores de su obra completa se han encontrado algunos errores como el forzamiento de algunos hechos históricos en su libro “Facundo y la Montonera” (1968) donde le atribuye a Inglaterra la capacidad de generar “capital financiero anticipado” cosa que, según la historiografía económica clásica, no hubiera sido posible en 1820 dada las condiciones del desarrollo capitalista inglés y sí, tal vez, el concepto hubiese podido ser válido para 1870 o 1880 frente al imperialismo y a otra fase del desarrollo capitalista.

Un día antes de ser asesinado había presentado en la cámara de diputados de la nación un pedido de informes acerca de la muerte de seis militantes del ERP, asesinados por la Policía luego de su detención. Como tantos otros compañeros que ejercieron el pensamiento crítico y adoptaron una posición clara que incluyó un compromiso con el cambio revolucionario, ético, social y moral de la Argentina fue acribillado por las bandas fascistas de la Triple A (que se adjudicaron el hecho en un comunicado público que hicieron circular al día siguiente de su asesinato) que operaban impunemente durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, el 31 de julio de 1974 en la esquina de Arenales y Carlos Pellegrini. Se llevaron a uno de los hombres más lúcidos y comprometidos en la lucha revolucionaria de la década del 70.

Su gran amigo y compañero Eduardo Luis Duhalde sostuvo: “Su discurso vital y político estaba alejado de toda visión maximalista, asentado en las concretas necesidades y aspiraciones populares, renunció a todo pacto o acuerdo con represores, patronales explotadoras o burócratas claudicantes, sacó su banca a la calle y fue el receptor, apoyo y compañero de la vida social, de las luchas y los conflictos del pueblo trabajador, fue ejemplo ético y moral, que resistirá las cortinas del silencio y el impiadoso paso del tiempo”. (M. Roselli y M. A. Molocznik, Los Malditos, vol. II, pág. 330, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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DOMINGO BLAJAKIS (1919 - 1966)

Militante muy respetado en los ámbitos políticos y gremiales. Había nacido en Lanús, el 19 de junio de 1919 y en su juventud militó en el Partido Comunista. Después, ingresó al movimiento peronista, participando en “la resistencia”. Fue obrero en curtiembres y en empresas metalúrgicas. Influido por las ideas de John W. Cooke, se alineó en la izquierda peronista. En toda su trayectoria se define como constante un alto espíritu combativo y una conducta ejemplar, de rectitud ética, desde donde combate las trapacerías de los sectores burocratizados.

El 13 de mayo de 1966, Blajakis participa de una reyerta producida entre sus compañeros de izquierda peronista y dirigentes del vandorismo, en la confitería La Real, de Avellaneda. Blajakis está desarmado y en la refriega recibe un balazo que le ocasiona la muerte. El suceso produce honda congoja entre los trabajadores por tratarse de un luchador ejemplar. (N. Galasso, Los Malditos, Vol. III, Pág. 60, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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JULIO TROXLER  -  (1926 – 1974)
OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Julio Tomás Troxler nació el 19 de noviembre de 1926 en la localidad de Florida, Vicente López, Provincia de Buenos Aires. A los 18 años ingresó en la Escuela de Policía “Juan Vucetich” y en 1955 se retiró de la institución policial bonaerense, con el grado de oficial inspector.

Tras la caída del gobierno peronista inició su lucha en la resistencia popular contra los gobiernos oligárquicos y entreguistas que sucedieron a aquel. Por este motivo cayó detenido en octubre de 1955. Meses después, participó junto a sus hermanos Bernardo y Federico, suboficiales del ejército, en la rebelión que encabezan los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, y que estalló el 9 de junio de 1956, viviendo un episodio memorable cuando pudo escapar de la matanza de José León Suárez.

En esa ocasión, las fuerzas represoras, bajo la conducción del teniente coronel Desiderio Fernández Moreno y la ejecución del comisario Rodríguez Moreno, asesinan a varios militantes peronistas detenidos el día anterior.

Después de esa fuga, pudo refugiarse en Bolivia, desde donde continuó su lucha, manteniendo contactos clandestinos con John W. Cooke. Al volver, sufrió nuevamente la prisión y conoció la picana eléctrica.

Por medio de una carta fechada el 16 de octubre de 1958, en Ciudad Trujillo, el General Perón delega toda la conducción política y táctica del movimiento Peronista en el país en el Consejo Coordinador y Supervisor del peronismo del cual Julio Troxler era uno de sus 15 miembros.
Durante esta primera resistencia peronista (1955-58) Perón, desde el exilio, mandaba los “pecinco”, que en general, eran instrucciones puntuales a los comandos guerrilleros. Julio Troxler, entre otros, fue un personaje clave en la interconexión de los diferentes grupos, que chequeaban rigurosamente los mensajes recibidos antes de ponerlos en práctica en el conjunto del movimiento peronista.

La lucha recomienza al momento de hacerse evidente que Frondizi no cumplirá lo pactado con Perón. Los grupos de militancia formados en La Plata que habían quedado en un compás de espera, volvieron a accionar. El sistema funcionaba como una cadena, desde el robo de materiales hasta la entrega a las células encargadas de realizar los operativos, todos los grupos tenían su tarea; la de Julio Troxler era, entre otras, preparar los relojes para las bombas de tiempo.
Durante todo este largo período de las resistencias peronistas (1956 – 1973), fue detenido, secuestrado y torturado en varias oportunidades.
En 1971, Jorge Cedrón decidió filmar “Operación Masacre” y durante 1972, en la clandestinidad, bajo el gobierno militar del General Lanusse se llevó adelante su filmación. Operación Masacre fue estrenada ya en democracia el 27 de septiembre de 1973, según guión de Rodolfo Walsh y el mismo Jorge Cedrón. En la película, Julio Troxler fue invitado a hacer de él mismo, (…) una militancia de casi 20 años autorizaba a Troxler a resumir la experiencia colectiva del peronismo en los años duros de la resistencia, la proscripción y la lucha armada, a decir del mismísimo Rodolfo Walsh.
(…)

Tras el triunfo popular de 1973, fue designado, por el gobernador Dr. Oscar Bidegain, subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, cargo del que hizo uso el mismo 25 de mayo ante las autoridades de la Unidad Penal Nº 9 de La Plata para obtener la libertad de los presos políticos que en ella se albergaban. (…) Permaneció sólo 85 días en el cargo. El 20 de agosto de 1973 presentó su renuncia al gobernador Oscar Bidegain, en estos términos: “A su requerimiento y por mandato de mi conciencia, elevo a usted la renuncia al cargo de Subjefe de Policía. Al asumir la función conocía las limitaciones que las circunstancias imponían al nuevo gobierno como consecuencia de un estado de postración económica reflejado, entre otras injusticias, en la dramática presencia de un millón y medio de desocupados impelidos por lo tanto a delinquir. Tampoco ignoraba la incidencia negativa de esta injusta situación de despojo, sufrida por tantos argentinos, sobre el ejercicio de la función policial. Precisamente, por estas razones es que imprimí a mi gestión el sello definido y propio de una experiencia forjada a lo largo de la lucha junto a los humildes, contra los poderosos y enfrentando a los mercaderes, en el pueblo y con el pueblo, del brazo con los que no especulan, con los que se equivocan, pero sin dobleces. Consecuente con esa causa –que es la causa peronista- el cargo al que renuncio no fue para mí otra cosa que un nuevo destino de los muchos que el movimiento peronista me asignó y he aceptado siempre con orgullo militante, sin reparar en rangos o jerarquías. De allí que esta renuncia no signifique para mí más que un cambio de destino, para continuar la tarea desde cualquier lugar, siempre fiel a los que regaron con su sangre el camino de la liberación nacional. Saludo al señor Gobernador con la mayor consideración”.
Luego de un breve pasaje por el diario “Noticias”, (órgano de expresión no oficial de la organización Montoneros) en el que se desempeñó como jefe personal, fue nombrado subdirector del Instituto de Estudios Criminalísticos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, dependiente de la Universidad de Buenos Aires.
Por entonces, Pino Solanas lo invita a participar de otro clásico del cine militante, “Los hijos de Fierro” (1974) película que recién pudo ser estrenada el 12 de abril de 1984 (…)

En la mañana del 20 de septiembre de 1974, fue secuestrado en las inmediaciones de la Facultad de derecho, cuando se dirigía a una concentración que se realizaba en la Plaza de Mayo. Cerca del mediodía, el grupo paramilitar de la “AAA” que lo había secuestrado, lo asesinó, acribillándolo por la espalda, junto al paredón del Ferrocarril Roca, en el Pasaje Coronel Rico al 700, esquina Suárez y Vieytes del Barrio de Barracas (para dar parte público de su acción terrorista el comando de la “AAA” envió a la prensa una foto del documento que habilitaba a Troxler a ingresar en la residencia del General Perón en la calle Gaspar Campos). (Del libro Los Malditos, V. II, pag. 374, por Fernando Arcardini, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

* * * * * *

Carta del hermano de Julio Troxler al presidente de la Corte de Justicia para pedir se investigue la muerte haciendo responsable a la Triple A y al entonces Gabinete Nacional de Isabelita

México D.F., Enero 10 de 1978.-

Al Señor Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
Doctor Horacio Heredia
Buenos Aires
Argentina
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En la reunión de gabinete presidencial realizada el día 8 de Agosto de 1974 en la residencia oficial de Olivos y presidida por la entonces primer magistrado de la Nación, señora María Estela Martínez, se dispuso el asesinato de -entre otras personas- JULIO TOMAS TROXLER, hermano del suscripto.

En la citada reunión se procedió a proyectar sobre una pantalla una serie de diapositivas de sus supuestas responsabilidades o implicancias subversivas. Ante cada imagen proyectada, alguien que oficiaba de informante procedía a atribuir a los respectivos ciudadanos tan originalmente juzgados, supuestas actividades políticas o ideológicas subversivas o antipatrióticas.

Inmediatamente de finalizada dicha reunión, uno de los ministros integrante del gabinete presidencial participante de la misma, procedió -con las reservas y el sigilo que las circunstancias imponían- a comunicarle a JULIO TOMAS TROXLER tan siniestra determinación, aconsejándole ausentarse inmediatamente del país para salvar su vida. Este negóse a adoptar tal actitud, argumentando que de su conducta tanto pública como privada nada tenía que ocultar y que se encontraba por lo tanto en condiciones de probar la inconsistencia de todos los cargos o imputaciones que pudieran formularse en su contra.

Esta actitud noble y quijotesca habría de serle fatál, pues pocas semanas después, precisamente el día 20 de Septiembre del mismo año fue detenido frente a la Facultad de Medicina -lugar donde desempeñaba sus tareas- por un grupo de sujetos con uniforme policial y forzado a ascender a un automóvil. Minutos más tarde fué obligado a descender en el pasaje Coronel Rico del barrio de Barracas y asesinado mediante numerosos disparos de armas de fuego.

Simultáneamente al desarrollo de estos acontecimientos, en nombre de la organizacion AAA se informaba sobre los mismos a los medios periodísticos atribuyéndose tal hecho, como asimismo -como si ello constituyera justificativo de tan vil y cobarde asesinato- atribuyéndole alevosamente a JULIO TOMAS TROXLER actividades ideológicas y militancias que jamás el mismo había sustentado ni practicado.

Infortunadamente y pese al tiempo transcurrido desde estos acontecimientos, jamaz sus familiares ni allegados supieron que se hubiera iniciado labor de investigación alguna, pese que quien suscribe conjuntamente con su hermano BERNARDO IGNACIO TROXLER y a los exclusivos efectos de sentar constancias, en audiencia con el entonces Jefe de la Policía Federal Comisario Alberto Villar (ya que en la comisaría de Policía jurisdiccional del hecho no se les permitió el ingreso y en la misma calle se les contestó negativamente a todo intento de inquirir sobre lo acontecido) requirieran tal investigación y aportaran elementos de juicio que posibilitarían la inmediata detención de los responsables materiales del crimen. Las ambigüedades y el tono de sorna que trasuntaban las palabras del Comisario Villar al manifestarles que no habían disponido de tiempo para ocuparse del caso pero que lo haría investigar y que posiblemente la C.I.A. fuera la responsable del hecho, los obligó en esa oportunidad a manifestarle que sabían perfectamente que el asesinato había sido dispuesto en la reunión del gabinete presidencial. Las consecuencias de la audiencia con el señor Villar no se hicieron esperar: dos días después dos sujetos vinculados al servicio de espionaje que -el ahora prófugo de la justicia- José López Rega había montado en el Congreso de la Nación, trataron de detenerlos en la confitería "El Molino", frente al propio Congreso Nacional.

Con la celeridad que las circunstancias imponían se trasladaron a la Secretaría de Defensa, en la cual, en audiencia con los señores Generales JORGE RAFAEL VIDELA y ROBERTO E. VIOLA expusieron tales circunstancias y solicitaron el otorgamiento de garantías. La denegación de tal solicitación fundada por los señores Generales mencionados en el hecho de que "en el país había un gobierno legalmente constituído" y que "bajo ningún concepto las fuerzas armadas podían intervenir" fué la respuesta al requerimiento. Y el inmediato viaje desde la Secretaría de Defensa hasta la Embajada de México en procura de asilo fue la determinación adoptada y que es la que le permite hoy a quien suscribe dirigirle la presente con toda esta suerte de antecedentes que espera aporten un sólida base para el esclarecimiento de tales siniestras actividades de dicha organización criminal dirigida desde la propia Presidencia de la Nación.

En consecuencia, quien suscribe solicita al Sr. Presidente de la Corte que ordene por donde corresponda se tome declaración a todas las personas mencionadas en esta presentación (ex miembros del Gabinete Nacional, ex Presidente de la Nación Sra. Martínez y actuales Presidente de la Nación Teniente General D. Jorge Rafael Videla y Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General de División D. Roberto E. Viola) e igualmente se adopten todas las medidas de investigación que correspondan conforme surja de las declaraciones que se tomen a las personas mencionadas.

Confiando en la diligencia que el Sr. Presidente sabrá imponer a las correspondientes tareas de investigación y consecuente detención y procesamiento de los que resultaran responsables tanto material como intelectualmente de dichas actividades criminales, solo réstale saludarlo con atenta consideración y respeto.-

Federico Guillermo Troxler
L.E. 3.242.505
(texto aportado por la Compañera Eva Troxler, sobrina de Julio e hija 
del compañero sindicalista del SUPE Federico Guillermo Troxler, desde el exilio en México)

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CLAUDIO LEPRATTI, “EL ÁNGEL DE LA BICICLETA  -  (1969-2001)

Había nacido en Concordia, provincia de Entre Ríos. Seminarista, hizo voto de pobreza. Se dedicó plenamente a la labor social. Trabajaba en Barrio Ludueña, de Rosario, en una escuela-comedor. Imputado como “Cura Rojo”, subversivo y otros calificativos que expresaban su disconformismo con el sistema social imperante y su adhesión al cristianismo como el dolor de los pobres, fue perseguido y recibió amenazas para que abandonara su adscripción a los postulados de la “teología de la liberación”. Sin embargo, “Pocho” como lo llamaban sus amigos, prosiguió sin resuello su tarea de justicia social.
Pero el 19 de diciembre del 2001, producidas algunas manifestaciones en reclamo de soluciones siempre postergadas, la policía atacó la escuela de Lepratti, ante lo cual él se subió al techo para intentar calmar los ánimos enfurecidos. En ese momento, un balazo le dio en el cuello y murió inmediatamente. La congoja popular fue inmensa y toda la ciudad acompañó sus restos al cementerio al día siguiente quedando grabado su recuerdo en la memoria colectiva, aunque, por supuesto, sus enemigos silenciaron su lucha e intentaron que se olvidara su nombre y su compromiso popular.

N. GALASSO – LOS MALDITOS – VOL. III – Página 418
Ediciones Madres de Plaza de Mayo

Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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JAUREGUI

 

EMILIO MARIANO JÁUREGUI - (1940 - 1969)

Nacido en el seno de una familia de buena posición económica, transcurre parte de su adolescencia en París, debido a las ocupaciones de su padre, designado en 1956 Consejero Económico en Francia. Allí, el joven Emilio cursa Ciencias Políticas en la Sorbona, donde es deslumbrado por los escritos de Sartre y Camus.
Sus 20 años lo encuentran en Buenos Aires donde realiza audiciones para Radio Municipal, abordando entre otros temas las obras de Camus y Roberto Arlt.

Desde julio de 1960 a diciembre de 1962 trabaja como cronista para el diario La Nación, desempeñándose además como periodista en El Siglo y Crítica.
La conflictividad social creciente despierta el compromiso de Emilio hacia la política, sumándose a las filas del Partido Comunista, en las antípodas de su tradición familiar de raigambre liberal y aristocrática, con antepasados “patricios” –Vicente López y Planes era tatarabuelo de su madre Julia López, siendo además Federico Pinedo el tío de ella-. Desde el Sindicato de Prensa inicia entonces su actividad militante a pesar de la oposición de su familia que esperaba recorriera el camino de un joven de la alta sociedad.
Su gran capacidad intelectual, talento periodístico y entrega militante lo llevan a ser una persona muy valorada y respetada dentro del Sindicato, donde propone una práctica asamblearia y de consulta permanente con los afiliados, actuando como polea de transmisión de los reclamos de “las bases”.
Esta postura que valoraba el aporte de los afiliados a la lucha sindical, comienza a implicarle fuertes choques con los altos mandos del Partido Comunista, lo que deriva en su expulsión llegado el año 1964, acompañándolo en su ida un número importante de afiliados. El compromiso con los trabajadores lo llevará a ser nombrado como Secretario Adjunto y luego Secretario General de la Federación Argentino de los Trabajadores de Prensa (FATPREN), además de alcanzar un puesto en el Comité Confederal de la CGT.
Entre marzo y abril de 1966 visita China y Vietnam, lo que provoca una huella imborrable en él y una valoración positiva de la experiencia de Mao al frente de la República Popular y de la gesta heroica de los vietnamitas en su lucha contra el imperialismo norteamericano. Fruto de este viaje publica –junto a Eduardo Jozami- en el diario El Mundo una serie de artículos titulados “Vietnam: la guerra más larga del siglo”. A esta altura su ruptura con el Comunismo no era sólo partidaria sino ideológica.

Las experiencias de lucha de los pueblos del Tercer Mundo despiertan en Jáuregui una revalorización del peronismo, impulsando desde sus tareas militantes la confluencia con estos sectores, como así también con los de índole marxista y cristiano.

Con el golpe de Estado de 1966 encabezado por Juan Carlos Onganía, se intervienen gran parte de los sindicatos, entre ellos el de Prensa. La política represiva del gobierno tiene como objetivo no sólo a quienes adherían al peronismo –ya proscripto desde septiembre de 1955- sino a un espectro más amplio, teniendo como contrapartida la mayor incorporación de sectores de la población a la lucha contra la dictadura, dando paso así un ciclo ascendente de puebladas y protestas a lo largo y ancho del país.

En 1967 Emilio regresa de Cuba y se inserta en estas acciones contra el gobierno militar. La visita a la isla le produjo un visto bueno sobre las concepciones “foquistas” y la guerra de guerrillas tal como fue llevada adelante durante la Revolución Cubana; pero su inclinación definitiva será hacia la práctica gremial junto a los trabajadores en épocas de creciente persecución en todos los ámbitos. Para ese momento el Sindicato de Prensa se encontraba intervenido.

En 1968 se vuelca a participar activamente en la CGT de los Argentinos, concretando el anhelo de unidad de sectores de diversos orígenes pero con un objetivo general en común, llevado a la práctica desde las sindicales combativas.

Las puebladas y el descontento social hacia el gobierno de Onganía se multiplican y encuentran a Emilio dando batalla a través de sus escritos, en los que, a partir de su experiencia en el continente asiático, profundiza críticas hacia la Unión Soviética y su “coexistencia pacífica” con los Estados Unidos. Testimonio de ello es el artículo de abril de 1969 en la revista Cristianismo y Revolución que titula “China-URSS: ¿volarán los cohetes rusos sobre Pekín?”, y otro bajo el nombre de “Conferencia de Moscú: fracaso revisionista”, que sale a la luz de manera póstuma en el periódico No Transar, órgano de prensa de Vanguardia comunista (donde se había sumado pocos meses antes de fallecer).

El 27 de junio de 1969 producto de la estrecha vinculación entre el gobierno de Onganía y los capitales norteamericanos, visita el país el gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller. Emilio decide encabezar una marcha organizada en su repudio. En el curso de la esperable represión a la manifestación, un patrullero lo persigue emboscándolo en la calle Anchorena a pocos metros de Tucumán donde abren fuego y lo matan.

La versión oficial, previsible también, se excusó aduciendo que estaba armado. El periódico de la CGT de los Argentinos de julio de 1969 narra la versión más fidedigna del asesinato de Emilio Mariano Jáuregui: “El viernes 27 de junio la Policía Federal asesinó en las calles de Buenos Aires al secretario general de la Federación Argentina de Prensa. Se conocen los detalles de esa muerte: cercado entre dos automóviles, Emilio Jáuregui fue ejecutado a mansalva. Los asesinos fraguaron después una historia conocida, un vigilante herido que se defiende desde el suelo. No explicaron, no podían explicar los impactos que precisamente sobre el suelo aparecieron junto al cuerpo de Jáuregui. Veinticuatro horas antes la Policía Federal Había anunciado previsoramente la posibilidad de ‘una víctima’. El asesinato fue pues premeditado, Emilio Jáuregui fue elegido como víctima”.

Su cuerpo fue llevado desde la sede de la CGT de los Argentinos –sobre la avenida Paseo Colón- hasta el cementerio de Recoleta, donde se encuentra el panteón de la familia Larco. Cuatro cuadras de trabajadores y estudiantes acompañaron el traslado de sus restos, con otra represión policial de por medio.

En menos de 30 años que duró su agitada vida, Jáuregui logró amalgamar un periodismo de pluma refinada y aguda, destreza intelectual, y entrega a la causa de los trabajadores, a contrapelo de un futuro acomodado entre las familias de alta alcurnia porteñas. Jáuregui decidió dar pelea para la construcción de una sociedad sin explotados y al elegir este camino, el más difícil, sería sentenciado, como tantos otros a ser un “maldito” para nuestras clases dominantes.

FACUNDO CERSÓSIMO Y CECILIA FERRONI – LOS MALDITOS – VOLUMEN IV – PÁGINA 77
Ediciones Madres de Plaza de Mayo - Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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JORGE DI PASCUALE - (1930 – desaparecido en 1976)

Nace en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1930, aunque formalmente figura como nacido el 6 de enero de 1931. Transcurre sus primeros años en Villa Lugano, donde se ha asentado su familia, inmigrantes que han venido de Italia. En esa zona, desarrolla su primer trabajo en una farmacia. A los diecinueve años, ingresa en la Farmacia Franco Inglesa, donde se desempeña durante ocho años. Políticamente ya se ha definido peronista y sindicalmente, a los veintiocho años (1958), ocupa el lugar de Secretario General de la Asociación de Empleados de Farmacia.

Muy pronto su figura crece, en el campo sindical y en el político, como hombre de ideas claras, conducta intachable y posiciones combativas. En 1960, es designado secretario de prensa de “las 62 organizaciones”. El 18 de marzo de 1962, es elegido diputado nacional por la Capital Federal, pero el presidente Frondizi, en su intento de parar el golpe militar, anula las elecciones.
Entre 1962 y 1964, se desempeña como secretario coordinador y supervisor del peronismo. Poco después, Perón lo designa como su delegado personal ante gobiernos amigos. Con ese motivo, viaja a Cuba, acompañado de Sebastián Borro y Juan Jonch, pasando luego a Egipto, Francia y varios países latinoamericanos. En el cumplimiento de estas misiones, mantiene un vínculo estrecho con el General. Existe información en el sentido de que Di Pascuale lo alertó a Perón acerca del fracaso del operativo retorno de 1964 porque no se había previsto, como correspondía, una importante movilización popular para asegurar su llegada.

En los años 1965 y 1966 –al producirse el enfrentamiento entre Perón y Vandor- Di Pascuale, constituye, junto a Andrés Framini y Amado Olmos, la base fundamental de las 62 organizaciones “De pie junto a Perón”, antagónicas al vandorismo.

En 1968, se destaca como uno de los principales impulsores –junto a Raimundo Ongaro- de la CGT de los Argentinos, de la cual pasa a ser secretario adjunto. Lleva ya dos décadas de lucha, con una posición inquebrantable, avalado por su gremio y reconocido por los sectores más combativos del peronismo. “La suya fue una conducta sindical pura y limpia –sostienen E. Jauretche y G. Levenson, en su libro ‘Héroes’-, ratificada durante veinte años por sus propios compañeros”, signada por triunfos y también por persecuciones. Varias veces sufre cárcel, pero ello no amengua sus ímpetus ni debilita su coherencia. Una de las últimas, es por “instigación a la rebelión e instigación al crimen”, según la imputación que le aplica el gobierno de Lanusse. La Asociación de Empleados de Farmacia se constituye, a través de su gestión, en uno de los lugares de permanente concurrencia de los hombres de la izquierda peronista.

En esa época, su posición combativa intenta encontrar cauce en el Peronismo de las Bases, donde milita por entonces, manteniendo contacto con diversas organizaciones cuyo objetivo es profundizar el proceso revolucionario hasta sus últimas consecuencias.

En 1973, participa del triunfo popular, pero después del fallecimiento de Perón (1º de julio de 1974) empieza a ser hostigado por las Tres A (A.A.A.). En 1975, viaja a Venezuela y permanece durante un tiempo en San Antonio de los Altos, donde funciona la Universidad de Trabajadores de América Latina. Sus compañeros de Buenos aires intentan persuadirlo para que no regrese y se mantenga en el exterior, dado el aumento de la represión. Pero igualmente decide volver, tomando las precauciones correspondientes. En ese período, se mantiene en la clandestinidad, durmiendo en lugares no habituales. Pero el 28 de diciembre de 1976, con motivo de su cumpleaños, se encuentra con su familia, en el barrio de La Paternal. Sus movimientos seguramente eran controlados porque allí lo detienen. A partir de ese momento, queda “desaparecido”.

Sólo se obtienen versiones diversas sobre su destino. Alguien informa que lo vio en el centro clandestino “El Vesubio”. Otro, en cambio, señala que se encontraba detenido en “El Banco”, un centro de detención clandestino, ubicado en Puente 12, en camino a Ezeiza.
Desaparece así uno de los gremialistas de más cristalina trayectoria y de posiciones más combativas. Sus compañeros de la Asociación de Empleados de Farmacia lo recuerdan siempre como un dirigente extraordinario, cuya ausencia se siente en los plenarios y asambleas. Sin embargo, dado que nunca tuvo prensa para expresarse, la mayor parte de la sociedad desconoce esta vida ejemplar, tronchada por el proceso genocida.

FACUNDO CERSÓSIMO Y CECILIA FERRONI – LOS MALDITOS – VOLUMEN I – PÁGINA 78
Editorial Madres de Plaza de Mayo - Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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1977 - ES SECUESTRADO Y DESAPARECIDO EL POETA ROBERTO JORGE SANTORO 

Nació en Buenos Aires, el 17 de abril de 1939. Poeta, periodista, editor, militante político, docente, pintor de brocha gorda, entre otros oficios. Él mismo solía presentarse así: “Sangre grupo A, factor RH negativo, 34 años (en 1973), 12 horas diarias a la búsqueda castradora, inhumana, del sueldo que no alcanza. Dos empleos, escritor surrealista, es decir, realista del sur. Vivo en una pieza, hijo de obreros, tengo conciencia de clase. Rechazo ser travesti del sistema, esa podrida máquina social que hace que un hombre deje de ser un hombres, obligándolo a tener un despertador en el culo, un infarto en el cuore, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca” (revista “Rescate”, octubre de 1973).

Fue fundador de la revista literaria “Barrilete” (1963), una de las más importantes de la época y de publicaciones como “Gente de Buenos Aires” y “Papeles de Buenos Aires”, donde publicaron diversos artistas populares.

Fue uno de los principales actores de la denominada “Generación del ‘60” en su vertiente de “Poesía comprometida”, Prolífico en su creación, entendía que los artistas debían juntarse para difundir un arte popular y socialmente comprometido. Por ello, no sólo se dedicó a editar sus obras sino a difundir la de muchísimos artistas populares.

Así, en 1963, luego de convocar a varios artistas, surgen los “Informes” (cuadernillos de pocas páginas, bajo precio y acceso masivo). Ellos son: “Informe sobre Lavorantes”, “Informe sobre Discépolo”, “Informe sobre el Desocupado”, “Informe sobre Santo Domingo” e “Informe sobre el país”.

Su primera incursión en la literatura la hizo con la revista “La Cosa” (1960), que él mismo escribía, editaba y luego salía a vender en la puerta de los cines.
En 1967, formó el grupo “Gente de Buenos Aires” integrado además por el poeta Luis Luchi, el pintor Pedro Gaeta, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico y fotógrafo Juan Carlos Malieni, realizando un trabajo de difusión del arte en los barrios: recitales, exposiciones, lecturas, conferencias y publicaciones.

Dirigió también la Editorial Papeles de Buenos Aires, desde donde se editaron 37 carpetas con poemas e ilustraciones de distintos escritores.
El lenguaje de Santoro, en sus últimas publicaciones, refleja cada vez más el descontento por las postergaciones populares y la prepotencia del poder.
Como consecuencia, confeccionó poemas cortos, de humor sarcástico y negro, algunos surrealistas, otros de franca protesta contra diversas instituciones, incluida la iglesia, la policía y los militares.

Fue colaborador del diario “Crítica” y “La Protesta” y las revistas “Crisis”, “Cormorán y Delfín”, “La Hipotenusa”, “Vigilia”, “Tiempos Modernos” y otras publicaciones de nuestro país, Europa y Latinoamérica.

Publicó “Oficio desesperado” (Ed. Cuadernos del alfarero, Buenos Aires, 1962); “De tango y lo demás” (Fragmento) (Ed. Barrilete, Buenos Aires, 1962); “El último tranvía” (Plaqueta) (Ed. Barrilete, Buenos Aires, 1963); “Nacimiento en la tierra” (Ed. Cuadernos Australes, Buenos Aires, 1963); “Pedradas con mi Patria” (Ed. Barrilete, Buenos Aires, 1964); “De tango y lo demás” (Ed. Barrilete, Buenos Aires, 1964); “En pocas palabras” (plaqueta) (Ed. Hechas a mano, Buenos Aires, 1967); “Literatura de la pelota” (recopilación sobre el tema del fútbol) (Ed. Papeles de Buenos Aires, 1971); “A ras del suelo” (Ed. Papeles de Buenos Aires, 1971); “Desafío” (Ed. Gente de Buenos Aires, 1972; “Uno más uno humanidad” (Ed. Daed Weight, Buenos Aires, 1972); “En esta tierra lo que mata es la humedad” (tragedia musical representada en Buenos Aires, 1972); “En esta tierra” (canciones) (Música: Raúl Parentella, Canto: Kiko Fernándes, Music Hall, Buenos Aires 1972); “Poesía en general” (Ed. Papeles de Buenos Aires, 1973); “Cuatro Canciones y un vuelo” (Ed. Gente de Buenos Aires, 1973); “Las cosas claras” (anti-libros “La trenza loca”, Buenos Aires, 1973); “Lo que veo no lo creo” (canciones, música y canto: Jorge Cutello, Buenos Aires, 1974); “No negociable” (Ed. Papeles de Buenos Aires, 1975); “Veinticinco poemas negros sin filtro” (inédito, noviembre 1976).

Su poesía, ácida, sin concesión alguna, se tornó molesto testimonio para los dueños del poder:

“Himno”
Los presos políticos
indican claramente que no hay grito sagrado
que el ruido de rotas cadenas
golpea brutalmente sobre sus espaldas
y que los estafadores unidos del sur
han abierto su trono dignísimo
porque no quedan atisbos de libertad
para nosotros todos
que somos unos terribles pelotudos
y no los echamos a patadas
(No Negociable, 1975)

“Verbo irregular”
Yo amo
Tú escribes
Él sueña
Nosotros vivimos
Vosotros cantáis
Ellos matan
(No negociable, 1975)

A la fuerza de sus versos, sumó una inquebrantable militancia. Al silenciamiento y el boicot iniciales, siguió luego la desaparición: fue secuestrado por la dictadura militar el 1º de junio de 1977 de la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán del barrio de Once (Capital Federal), donde trabajaba como subjefe de preceptores. Desde entonces, se carece de toda noticia sobre él.

Pero diversas organizaciones populares lo recuerdan:
El 14 de julio de 1996, se inauguró en el Barrio de Chacarita, donde siempre vivió, la Plazoleta Roberto Jorge Santoro.
El 28 de abril de 2000 un centro cultural barrial de Villa Ortúzar, pasó a llamarse “Centro Cultural Roberto Santoro”.
El 22 de junio de 2000 se le impuso su nombre a una biblioteca popular de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires.
También llevan su nombre el archivo de TEA (Taller Escuela Agencia), DEPORTEA (1997) y la biblioteca del Taller de Artes Plásticas “Expresión”. Además, en la Escuela Técnica Nº 25, existe una placa que lo recuerda como docente de la institución.

Sin embargo, aún falta saldar el silencio que pesa sobre su prolífica, genuina y sublime obra. También hay una deuda mayor que ya lleva 28 años de escandalosa impunidad: encontrar, juzgar y condenar a sus asesinos.

 

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RODOLFO WALSH  -  (1927 – 1977)

Rionegrino, nacido el 9 de enero de 1927, en Lamarque, (el cual al momento de nacer y hasta 1942, llevó el nombre de “Pueblo Nuevo de la Colonia de Choele Choel”), hijo de Miguel Esteban Walsh y Dora Gil, ambos de ascendencia irlandesa, fue y es para muchos el mejor ejemplo de intelectual comprometido y ético que ha dado la Argentina en los últimos 50 años, un modelo a imitar no sólo por su compromiso con la verdad, sino también por su valentía como periodista, investigador, escritor, crítico y militante revolucionario.

Sin embargo, en su juventud, como ocurrió con tantos otros en esos momentos de nuestra historia, no era Walsh ese hombre político comprometido firmemente con la causa nacional y revolucionaria, sino todo lo contrario. Era, en su ingenuidad, un integrante más de ese gran frente que se conformó, ya sea en la práctica, ya sea ideológicamente, contra el proyecto nacional y antiimperialista que expresó en los hechos el peronismo. De él decía Rodolfo Walsh, que era un régimen violento y corrupto, según sus propias declaraciones a la revista “Mayoría” en diciembre de 1958.

A los 17 años comenzó a trabajar en la Editorial Hachette como traductor y corrector de pruebas, y a los 20, comenzó a publicar sus primeros textos periodísticos. Más adelante, en 1950, conoció a Elina Tejerina en la Facultad de Filosofía y Letras y ella fue la madre de sus dos únicas hijas. La Plata fue el lugar que eligieron para vivir y criar a María Victoria y Patricia. En 1953 publicó su primer libro: “Variaciones en rojo”.

Su vida también es un claro ejemplo de evolución política y humana. Él mismo lo reconoce a fines del verano del ’72: “(…) Lo que importa es el proceso que ha pasado por mí, la historia de cómo yo cambié y cambiaron los demás y cambió el país”, en anotaciones personales que luego fueron recopiladas en “Ese Hombre y otros papeles personales”. Ese cambio comenzó a producirse en su interior en el mismo momento en que daba a luz a “Operación Masacre”, cuando, a través de su investigación, ayudado por la periodista Enriqueta Muñiz, descubre la monstruosidad que representaba la “Revolución Libertadora”. En el 58, siguiendo con la línea de trabajo de “Operación Masacre”, publicó las 32 notas que dieron vida a “Caso Satanowsky” (en el cual se revela el funcionamiento de los servicios de informaciones y su conexión con la gran prensa).

A mediados de 1959, acompañado de Poupée Blanchard, su compañera por ese entonces, emigró a Cuba, en la que permaneció dos años. Allí participó de la fundación de la agencia de noticias “Prensa Latina” junto a Jorge Masetti, “la primera agencia latinoamericana que consigue inquietar a los monopolios yanquis”, de la que será su jefe de Servicios Especiales, en la oficina central de La Habana. Poco a poco, va descubriendo la realidad latinoamericana y conociendo cada vez mejor al imperialismo actuante en ella y a sus agentes internos y externos: él mismo fue quien descifró mensajes secretos que revelaban el proyecto de los Estados Unidos, de invadir Cuba por Playa Girón, en abril de 1961, con exiliados cubanos entrenados en Guatemala. En este año, regresa al país marcado por la experiencia revolucionaria cubana, con la que seguirá colaborando a través de “Prensa Latina”.

Por estos años, Walsh ya tiene un perfil más definido, y entre todos los oficios terrestres decide que “el violento oficio de escritor es el que más le conviene”. De este período son sus obras de teatro “La Batalla”, y “La Granada”. También en esa época publica “Los oficios terrestres” (1966), donde incluye el cuento “Esa mujer”, uno de los más importantes de la literatura argentina. Al año siguiente, lanza “Un kilo de oro”. Ya se ha convertido en un cuentista de primera línea, a quien no pocos periodistas consideran superior a Borges.
Sin embargo, en 1967, se produce un quiebre en su vida de escritor que él mismo resume con las siguientes palabras: “Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y mitificación hasta 1967 (…), de desvalorización y paulatino rechazo a partir de 1968, cuando la tarea política se vuelve una alternativa”.

Una nueva investigación da como resultado, en 1969, a “¿Quién mató a Rosendo?”. Ella lo pone cara a cara con la interna sindical donde se disputan el poder dentro del movimiento obrero la corriente vandorista aliada a las grandes empresas nacionales y extranjeras y la corriente que defiende genuinamente los intereses del pueblo trabajador. Es así que se transforma, a propuesta del mismo Perón, (a quien conoció un año antes en Madrid y gracias al cual se puso en contacto con Raimundo Ongaro, líder de la CGT de los Argentinos) en uno de los más importantes colaboradores del periódico de la CGTA, el “Semanario CGT”. Su evolución política lo iba adentrando cada vez más profundamente en el campo nacional.

En 1970, militó en el Peronismo de Base, hasta que en 1973 decide unirse a la organización político-militar Montoneros. En estos años, enseñó periodismo en villas miseria y editó el “Semanario Villero”. En Montoneros ingresa con el grado de Oficial 2º y el alias de Esteban. Crea un sector del departamento de informaciones del cual será su responsable. También integra el equipo que funda el diario “Noticias”, órgano de prensa que presentaba los puntos de vista de su organización, del cual se convierte en redactor.

Así, en los ’70, Rodolfo Walsh pasa de ser el referente intelectual de la CGTA, a ser uno de los intelectuales más importantes de la organización armada revolucionaria Montoneros. La vida lo coloca finalmente al servicio del peronismo revolucionario y asimismo, supera todas las contradicciones acerca de su labor como intelectual-escritor: “Hay momentos en que, como dicen en ‘La Hora de los Hornos’, todo espectador es un cobarde o un traidor (…)”, según recuerda Nicolás Casullo, a quién Walsh se lo confesara en esas largas charlas de café sobre el papel de la literatura en la revolución allá por julio de 1971. Previamente, en un reportaje que le hace Ricardo Piglia, el año anterior reconoce que “hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política”.

En 1972, bajo la dictadura de Lanusse, Jorge Cedrón filmó “Operación Masacre”, estrenada recién al año siguiente según guión de Rodolfo Walsh y del mismo Jorge Cedrón, y con la participación de Julio Troxler, sobreviviente de la masacre de José León Suarez. Sin embargo la película no pretende sólo llevar a la pantalla la investigación de Walsh sino “resumir la experiencia colectiva del peronismo en los años duros de la resistencia, la proscripción y la lucha armada”.

Hacia mediados de la década, su militancia activa en Montoneros le absorbe por completo sus energías: Walsh a dejó de ser Walsh, el gran cuentista, el gran periodista, y pasa a ser un militante más de la organización, según cuenta Lilia Ferreyra, su última compañera. Todas sus fuerzas están puestas entonces en la lucha contra los designios coloniales que el gran capital estadounidense tiene para la Argentina.

Tras el golpe del 24 de marzo de 1976 organiza ANCLA (Agencia Clandestina de Noticias), y poco más tarde “Cadena Informativa”, con las cuales se propuso mantener abiertos canales informativos alternativos que permitieran una más efectiva resistencia popular frente a la dictadura. Escribe por ese entonces “Historia de la guerra sucia en la Argentina”, que era una síntesis desgarradora de lo que sucedía en el país. El 29 de setiembre, en un enfrentamiento (a decir verdad prefiere suicidarse antes que morir a manos de sus enemigos), muere su hija mayor Vicky, también militante montonera, de 26 años y madre de una nena.

La vida de Rodolfo va llegando a su fin, que se precipita por los mismos errores que él termina de hacer notorios a su organización, sus textos políticos escritos a fines del ’76 y a comienzos del ’77 son premonitorios: “La política de Montoneros lleva al exterminio de sus cuadros y a una derrota política total del proyecto revolucionario, más dura que la militar”. Sin embargo, no es escuchado. Poco tiempo después, una partida de la marina lo intercepta y lo hiere mortalmente al intentar resistirse al secuestro en Entre Ríos y Humberto Primo, un 25 de marzo de 1977, justo cuando había decidido llevar adelante una retirada que lo alejase del cerco de muerte que las FF.AA. habían estado construyendo en ese tiempo y que él vio con claridad y denunció a su organización en sus últimos escritos políticos. Su cuerpo, nunca recuperado, llegó sin vida a la ESMA.

Walsh llevó pues el violento oficio de escritor hasta sus últimas consecuencias, y como símbolo de su determinación, cayó dejando como legado lo que Gabriel García Márquez llama “la universal”, la carta abierta de un escritor a la Junta Militar en la cual denuncia los métodos y objetivos de la dictadura militar, desnuda todo el horror de las desapariciones y los campos de tortura y exterminio y hace pública también la entrega del país que hacen gobierno y oligarquía a los poderes financieros internacionales. Hoy “la universal” es un testimonio de la brillantez, del nivel de compromiso político y la calidad periodística de quien fuera un gran escritor, pero más aún un gran revolucionario. (F.Arcardini, Los Malditos, Vol. I, Pág. 378, Ed. Madres de Plaza de Mayo) VER EL CUENTO "ESA MUJER" Y MUCHO MÁS . . .

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JORGE ADUR – (1934-1980)

Sacerdote asuncionista desaparecido por la dictadura militar. Oriundo de Nogoyá, provincia de Entre Ríos. Desde muy pequeño manifestó una fuerte vocación religiosa. Su hermano Dardo recuerda emocionado que: “era muy prolijo y hábil. Compartía la habitación con una de mis hermanas y mi tía, y allí tenía un pequeño taller. A fines de los años cuarenta cuando vino al país Pío XII (antes de ser ungido Papa) se había hecho una campaña para confeccionar rosarios. Jorge hizo las cuentas del rosario con los frutos del Paraíso, el árbol que teníamos en el jardín. Dejaba secar los frutos, los esmaltaba, luego los agujereaba y les pasaba un alambre”.

Verdadero autodidacta tenía afición por la música y la pintura. Estudió piano en el Conservatorio de Nogoyá y –según recuerdan sus amigos de la adolescencia- llegó a realizar muy buenos conciertos.

Su primera socialización política la realizará en el seno de los grupos juveniles de la Acción Católica que actuaban en la iglesia Nuestra Señora del Carmen de su ciudad natal.

En 1950, luego de un breve interregno en Paraná, viajó a Bs.As. e ingresó a la Congregación de los Padres de la Asunción. Estos fueron, hasta 1960, los años de su formación religiosa integral.

Muy pronto comenzaron a sobresalir sus dotes de organizador, su carisma y su brillantez intelectual. Eso, sumado a su actitud permanente de escuchar a los jóvenes con serenidad, le valió ser nombrado como encargado de las tareas de formación.

Al igual que muchos otros sacerdotes del momento, Adur –imbuído en el marco de la doctrina del Concilio Vaticano II- había hecho su opción preferencial por los pobres.

Sobre los destinos de su trabajo social y sacerdotal, comenta Olga Wornat “La congregación de los asuncionistas de Argentina está incluida junto con la de Chile dentro de una misma provincia regional, y la formación de los religiosos se hace, parte en Buenos Aires y parte en Santiago. De ahí que en 1961, Jorge Adur fuese ordenado sacerdote en el país trasandino. De regreso, pasó varios años en la Parroquia de las Mercedes, en el barrio de Belgrano, hasta que fue enviado como superior y formador, es decir, como promotor vocacional, a la Capilla Nuestra Señora de la Unidad, en La Lucila, donde funcionó durante varios años una casa de formación de la Congregación de Asuncionistas. La casa se había establecido allí en marzo de 1953 con el nombre de Escuela Apostólica San Agustín, como continuación de la que había funcionado junto a la Parroquia San Martín de Tours, en la Capital Federal; aunque hacia 1974 volvieron a mudarse y se instalaron en la Manuelita, en San Miguel, provincia de Buenos Aires”.

En 1968, cumpliendo tareas en el Instituto San Román, tomó contacto con Emilio del Guercio y Luis Alberto Spinetta contribuyendo a su radicalización ideológica.

Luego de participar en el movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo hizo más expreso su compromiso político: se sumó a la organización Montoneros.

Muchos testimonios concuerdan en afirmar que estando en la Catedral de San Isidro, Adur daba refugio a militantes montoneros clandestinos en la parroquia de la calle Paraná.

En un reportaje concedido, en julio de 1980, a la revista brasileña Denuncia explica con claridad los fundamentos de su adscripción a la organización, casi desde su nacimiento: “Estoy con Montoneros porque para mí ellos son la síntesis de las últimas décadas de la historia de la lucha del pueblo argentino por la justicia y por la liberación de mi patria. Estoy con Montoneros desde que se fundó la organización. Mi compromiso ha tenido distintos niveles, desde el comienzo, en 1969. Mi compromiso es ideológico, político, pero nace de la fe y toda mi militancia revolucionaria no es incompatible con la fe. Necesariamente la fe exige. Supongo que la misma pregunta que me haces se la habrán hecho a los sacerdotes, religiosos y obispos que estaban comprometidos con la defensa de los indios en América, cuando los conquistadores llevaron a cabo este terrible genocidio contra esos pueblos indígenas. También le habrán planteado la misma cuestión a los curas que se opusieron a la dominación española en el siglo XIX, cuando las luchas de independencia en América. Actualmente somos muchos los sacerdotes y religiosos en América Latina que estamos comprometidos con las luchas de nuestros pueblos y con las organizaciones revolucionarias, que interpretan los más nobles sentimientos populares”.

También asume con claridad su relación con la violencia a partir de su fe: “Yo creo que la violencia es un mal. Pero cuando el hombre lucha contra el mal, contra el pecado, debe luchar de todas formas para liberarse de ese mal, de ese pecado. En este caso, en la Argentina, se da una situación de violencia estructural, a la que nosotros no solamente respondemos políticamente, sino también respondemos con las armas. Hay que recordar que la encíclica Populorum Progressio, en su número 31, dice que ‘en momentos en que un país está instaurada una dictadura militar que viola los derechos humanos, que va contra el bien común, se justifica el uso de la violencia, para librar a la comunidad de los males que padece’ (…) La dictadura militar, cuando usurpó el poder, persiguió a los sacerdotes que consideraba peligrosos, para matarlos o hacerlos ingresar a la lista de los desaparecidos. Yo tengo en la memoria más de quince y se me olvidan. Entre ellos está el caso de Monseñor Angelelli, que murió en un extraño accidente en la carretera, un ‘accidente muy querido’ por las fuerzas represivas, ya que este obispo estaba del lado de los pobres y de los que luchan”.

En septiembre de 1970 se hizo presente en el funeral de Carlos Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina, asesinados por la policía en la pizzería “La rueda” de William Morris.

Sin embargo, su tarea pastoral y política más intensa se daría junto a los más pobres entre los pobres, en San Miguel.

La capilla donde se instaló Adur se llamaba Jesús Obrero, por voluntad de los mismos vecinos que se congregaban desde mediados de los ’50 en la sociedad de fomento. Los jesuitas venían atendiendo pastoralmente el lugar desde fines de la década del ’60, y los asuncionistas llegaron para complementar el trabajo y para ello se instalaron de manera permanente a doscientos metros del templo en construcción.

Según la investigación llevada adelante por los periodistas Fabián Domínguez y Alfredo Sayus –publicada en el diario La Hoja de San Miguel- el trabajo del padre Adur habría sido muy intenso y con un alto impacto socio comunitario ya que “Los vecinos recuerdan la misa de aquellos días como muy abierta y participativa. Habíamos pasado de la misa en latín y de espaldas a una misa más popular, así que sumamos a quien tocaba la guitarra, cantábamos cosas sencillas como para que a todos les gustara y pudieran participar. De hecho era participativa, como en el momento en que pedíamos alguna intención, donde cada uno podía hacer una proclama o pedir por algo en especial, sin recurrir a la clásica listita que resulta fría y sin sentimiento. El padre Jorge hacía las misas abiertas, y desde cualquier rincón uno oraba en común con el resto. Las homilías eran muy reflexivas, con comparaciones con la actualidad, es decir que actualizaba la proclama del Evangelio. De hecho Jesús hacía eso, a través de las parábolas enseñaba, con la actualidad de lo que la gente de ese tiempo entendía, y por eso habla de la oveja perdida, del germen de trigo, del hijo pródigo, y lo hace en un lenguaje sencillo sin negarle profundidad”.

Sobre el trabajo de Adur, la misma investigación aportó datos reveladores sobre la eficacia que tuvo y, sobre todo, sobre su ayuda al grupo de seminaristas más jóvenes: “Adur era muy popular en el barrio, y tenía mucho que ver el trabajo social que él hacía, de todas maneras lo atractivo no era Jorge, sino el trabajo que realizaban los seminaristas en la semana, porque la tarea pastoral era integral, no la simple catequesis de fin de semana, sino que todos los días recorrían el barrio, por eso al ir a la misa uno se encontraba con un grupo descomunal de jóvenes para una capilla tan chica, con cuarenta o cincuenta jóvenes, que además llevaban a sus padres. Lo que se hacía todos los fines de semana eran encuentros con los jóvenes, con recreación y charlas; e usaba para eso las casas de los seminaristas, la de alguno de los chicos, la casa al lado de la capilla, según la circunstancia. Los sábados teníamos misa con Jorge y el domingo había otra misa, recordó Kelo”.

Estaba claro que, para la dictadura golpista instalada en el poder el 24 de marzo de 1976, Jorge Adur era un enemigo.

En la fría madrugada del 4 de junio de ese año, fuerzas militares realizaron un operativo especial en la casa donde vivían, en Manuelita, de donde secuestraron para siempre a los jóvenes seminaristas Di Pietro y Rodríguez, sobreviviendo Rendón y Adur, que no se encontraba en el lugar.

Esta situación y la noticia de la Masacre de los Palotinos le hacen comprender que está condenado a muerte. Tras refugiarse unos días en la casa de su amigo Mamerto Menapace, toma la decisión de exiliarse. Gracias a un acuerdo entre Pío Laghi y Massera se le permite viajar a Francia donde trabaja –dentro de su congregación- como secretario del Obispo de París.

La persecución, el exilio y la muerte de amigos, fieles y allegados, lejos de disminuir su compromiso con Montoneros, lo acrecientan.

La organización había creado, en 1978, el cargo de capellán del Ejército Montonero con un objetivo eminentemente político: se buscaba el reconocimiento de Naciones Unidas como fuerza beligerante. Tener un capellán –creían ellos- contribuía a sustentar el paso de una guerrilla a un ejército popular.

En una carta, Adur explica que no deja los hábitos y confirma su aceptación al cargo de capellán de la guerrilla el 1º de julio de 1978: “En esta carta quiero hacerles partícipes de mi decisión de asumir, personal y públicamente la capellanía del Ejército Montonero y responder, así, al pedido de su Comandancia (…) He vivido 17 años de sacerdocio sin descansos, con los pobres y los ricos, con los oprimidos y los sin voz, hoy les anuncio con alegría que continuaré junto a los que amo, asumiendo el desafío de la hora histórica, difícil prueba para nuestro pueblo, pero seguro camino para la pacificación y la libertad. Desde la Iglesia a quien todo le debo y por la cual todo lo he perdido, comparto los destinos de los hombres que viven y mueren por los grandes intereses del pueblo (…) Con el convencimiento de que todo se orienta a la instauración de una paz basada en la justicia y la verdad, quiero saludar a todos los que de una manera o de otra, resisten a la sangrienta dictadura militar. En especial a los prisioneros del régimen, hombres y mujeres responsables de su misión histórica, sin olvidar particularmente a los familiares muertos, presos y desaparecidos. Con este abrazo va la certeza de la victoria final”.

Roberto Cirilo Perdía, importante dirigente de la conducción montonera lo recuerda del siguiente modo: “El padre Adur no se incorporó como un militante montonero, él se incorporó como capellán con el permiso y consentimiento de su orden, que era la Congregación de los Padres de la Asunción. Él no se clandestinizó, el superior de su orden lo autorizó formalmente. El celebró misas con grupos de compañeros (…) Jorge Adur fue un militante entrañable y a la vez, tenía una vocación religiosa conmovedora. Nunca participó personalmente de ninguna operación militar, jamás agarró un fusil, no hizo nada que tuviera que ver con la violencia. Y si alguna vez le hubiéramos dado a elegir o lo hubiéramos puesto frente a esa disyuntiva, él se quedaba con el sacerdocio, abandonaba Montoneros, estoy seguro”.

¿Cómo fue detenido? ¿Cuándo y dónde lo desaparecieron? Estas preguntas siguen aún sin respuestas. La única certeza que tenemos es que él regresó en ocasión del viaje del papa Juan Pablo a Brasil, a mediados de 1980.

Las versiones sobre cómo cae prisionero son disímiles, aunque todas coinciden en aceptar que se produjo durante la contraofensiva montonera en ese año.

La primera versión señala que cayó en julio cuando cruzó el puente Paso de los Libres/Uruguayana, en la frontera con Brasil, durante un operativo conjunto de las fuerzas binacionales en el marco del Plan Cóndor.

La segunda indica que fue detenido en Río de Janeiro, intentando llegar ante el Papa. Una tercera versión afirma que formó parte de la comitiva del Papa, que tenía la protección de la delegación, pero que luego se separó para regresar al país y cayó en Buenos Aires.

La periodista Adriana La Rotta por su parte sostuvo, en una nota en La Nación, que el movimiento de Derechos Humanos de Porto Alegre informó que el sacerdote desapareció en territorio brasileño, el 26 de junio de 1980, cuando se desplazaba en un colectivo de Buenos Aires a Porto Alegre. Esa información motivó a que el gobierno brasileño, durante el mandato de Fernando Henrique Cardozo, gestionara la entrega de indemnizaciones a tres argentinos desaparecidos en su territorio a saber: Jorge Adur, Norberto Habbeger y Enrique Ruggia.

Un último aporte en la intrincada búsqueda de la verdad es el escalofriante testimonio sobre Adur que dio Silvia Tolchinsky ante el juez Claudio Bonadío, en la investigación por la desaparición de militantes Montoneros durante la contraofensiva.

La mujer, que igual que Adur estaba en el exilio, regresó al país en marzo de 1980 y cuando seis meses más tarde quiso volver a salir fue secuestrada en Mendoza, desde donde la trasladaron a una quinta en las cercanías de Campo de Mayo.

En ese lugar dijo haber visto a Lorenzo Viñas y dice que escuchó los gritos bajo tortura del padre Jorge Adur. Al finalizar noviembre fue llevado a otra casa, también cerca de la guarnición militar, pero ya no vio ni a Viñas ni a Adur. Los habrían arrojado desde un avión en uno de los vuelos de la muerte.

MAXIMILIANO AUGUSTO MOLOCZNIK –LOS MALDITOS–TOMO III–PÁGINA 403
Ediciones Madres de Plaza de Mayo - Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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EDUARDO GARAT – (1945-1978)

Eduardo Garat nace en Rosario, el 27 de noviembre de 1945. Hijo de Carlos –escribano- y de la docente Haydee Cabanillas.
Comenzó su temprana participación política en la adolescencia, durante el cursado de la escuela secundaria en el Colegio Nacional Nº 1. Allí participó desde el centro de estudiantes en el debate suscitado en torno al enfrentamiento entre “Educación Libre versus Educación Laica”, manteniendo una clara postura en pos de la laicidad de la educación.

Estudió la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional de Rosario, continuando en ese ámbito su militancia política. Allí, fue miembro fundador en el año 1967 de “Franja Morada Movimiento Reformista”, tal el nombre de la agrupación universitaria que en su nacimiento no tenía ningún vínculo con el Partido Radical.
Su activa militancia en este ámbito lo llevó a ocupar diversos cargos, entre los que nos interesa destacar el de editor y director del periódico nacional de la agrupación.

A comienzos de la década del ’70, al producirse una fuerte crisis en “Franja Morada Movimiento Reformista”, Eduardo Garat y un importante número de miembros decidieron ingresar a militar en la Juventud Peronista, reivindicando como propia la identidad justicialista, en un contexto social y universitario de fuerte peronización de los sectores medios.

Recibido de abogado y como miembro de Juventud Peronista, comenzó una fuerte militancia en los Equipos Técnicos Políticos de la JP. Su actividad profesional cotidiana estaba fuertemente direccionada por sus intereses sociales y su compromiso político: se dedicaba a representar presos políticos y gremiales. Lo propio haría años después, al ejercer de escribano, cuando se lo solía ver levantando actas y dando fe en huelgas, protestas, manifestaciones, etc., donde era muy difícil encontrar un profesional del ramo defendiendo esos intereses.

Formó parte de la comisión investigadora de la desaparición de Ángel “Tacuarita” Brandazza, acaecida en Rosario el 28 de noviembre de 1972.

Además del derecho, su otra actividad profesional fue la docencia; la ejerció en la Facultad de Derecho y en la carrera de Periodismo. Muchos recuerdan hoy su capacidad pedagógica, sus ganas de comunicar y debatir, de estar siempre en contacto con los jóvenes.

Encuadrado en Montoneros, Eduardo Garat comenzó a trabajar en la segunda parte del año 1974, por la construcción del Partido Peronista Auténtico en Rosario. Desarrollando esta actividad fue detenido en la zona sur de la ciudad junto a otros tres compañeros en noviembre de ese año, permaneciendo en esta situación hasta febrero de 1975.

Bajo su detención Eduardo comenzó a escribir un libro sobre la Constitución de 1949 y otros ensayos sobre temas históricos. El libro, pese a que quedó inconcluso, se encuentra actualmente en trabajo de edición.

Recuerdan sus allegados más próximos que Eduardo vivió durante su encierro una decepción respecto de Montoneros, criticando su incapacidad de contener a sus militantes, por lo que decidió “desengancharse” de esa militancia, concentrándose en su vida familiar y su actividad profesional.

La represión primero de la Triple A y después de la dictadura, lo obligaban a él y a su familia a esforzar los cuidados cotidianos. No obstante, la posibilidad de estar lejos de sus padres y familia lo hacía desistir de irse del país.

La madrugada del 13 de abril de 1978 fue secuestrado en la esquina de Santa Fe y España (Rosario), cuando se disponía a acompañar a la ciudad de Buenos Aires a una compañera y su hijita, que partían al exilio.

Con 33 años de edad, esposa (Elsa) y tres hijos (Florencia, Santiago y Julieta), Eduardo Garat formaba parte de una generación cargada de valores, de valores tales como solidaridad social, compañerismo, participación popular, amistad. De una generación que, en una proporción importante, decidió salir a la calle, manifestar su voluntad de cambio, gritar su indignación ante la injusticia, inventar nuevas consignas, llenar las plazas de alegría.

Una generación que pensó la historia y supo reconocer los intereses –extranjerizantes o nacionales- con que se la narra, como sostiene Eduardo cuando construye su concepción de Pueblo y del tipo de Nación al que aspiramos: “… una concepción dinámica, popular y nacional, donde el pueblo no es una entidad abstracta, estática, sino algo vivo, que lucha por crearse a sí mismo. Concepción que acepta como única verdad aquella que es coincidente con los intereses populares, y reconoce como historia aquella determinada por las luchas de las masas por la liberación nacional y social”. (Esteban Langhi, Los Malditos, Tomo IV, página 311)

Ediciones Madres de Plaza de Mayo - Fuente: pensamiento discepoleano

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SILVIO FRONDIZI - (1907 – asesinado en 1974 por la Triple A)

OTRO "MALDITO OLVIDADO" POR LA HISTORIA OFICIAL

Silvio Frondizi nació en Paso de los Libres (Corrientes) en enero de 1907. Hijo de inmigrantes italianos, transcurrió su infancia en diversos lugares del litoral argentino. Cursó sus estudios secundarios en Concepción del Uruguay (Entre Ríos) y en la Capital Federal. En esta última, obtuvo sus títulos de Profesor de Historia, Abogado y Doctor en Jurisprudencia.
Comenzó tempranamente su actividad docente: entre 1938 y 1946, como profesor de la Universidad de Tucumán y de 1958 en adelante, en Derecho Político, en la Facultad de Derecho de La Plata. Su vida estuvo ligada, desde un comienzo, a los problemas de la masa obrera y popular, tanto de la Capital Federal, como del interior. Las experiencias vividas en diversas regiones del país dejaron en Silvio Frondizi una fuerte huella y una preocupación profunda por los aportes positivos y el impulso decisivo que el interior dio, puede y debe proporcionar al progreso del país.

Hombre de la capital y el interior, intelectual notable, hombre de pueblo y militante incansable, fue integrante de una generación que surgió a la vida social, política y cultural en las etapas finales del gobierno radical, y que vivió las intensas experiencias de la “Década Infame”, el peronismo, la revolución libertadora y el gobierno frondizista (de su hermano Arturo).

La militancia estudiantil y la resistencia a la dictadura conservadora de Uriburu lo arrojó a la cárcel en 1931. En 1943 apareció su ensayo “Introducción al pensamiento político de John Locke”; en 1945 “El estado moderno” y en 1946 “La crisis política argentina” (ensayo de interpretación ideológica). En este último, el autor desnuda el carácter reaccionario de la Unión Democrática (cuestiona a las izquierdas, las que “no comprendieron al peronismo como un fenómeno social” y que en lugar de llevar a cabo un frente único contra el enemigo común –la oligarquía terrateniente y clerical-, ingresaron a la Unión Democrática, una verdadera “aventura de las fuerzas reaccionarias del país”). Allí, analiza el 17 de octubre como primera rebelión de las masas argentinas de incalculables proyecciones históricas. Su libro “El estado moderno” (1945), que analiza la génesis y crisis del capitalismo, continúa con “La integración mundial del capitalismo” (1947) y “La crisis del capitalismo” (1948).

En 1955, aparecen “La realidad argentina” (Ed. Praxis, Tomo I, 1955 y Tomo II, 1956). En el primer tomo “El sistema capitalista”, Frondizi retoma su hipótesis de la integración mundial del capitalismo para concluir sosteniendo que han desaparecido las condiciones históricas para que la burguesía nacional lleve hasta las últimas consecuencias las tareas democrático-burguesas. El segundo tomo, “La revolución socialista”, confronta la estrategia de los partidos comunistas con su concepción del carácter socialista de la revolución argentina en el marco continental.

En 1958, publica “Doce años de política argentina”. Dos años después, “Interpretación materialista dialéctica de nuestra época” y “Bases y puntos de partida para una solución popular”.

En mayo de 1960, fue invitado a Cuba por la Secretaría de Relaciones Exteriores del Movimiento “26 de julio”, donde mantuvo varios encuentros con el Che. Esta experiencia lo llevó a la confirmación del carácter permanente de la revolución latinoamericana, es decir, el paso ininterrumpido de las tareas democrático burguesas a las socialistas. En Cuba recogió materiales escritos, recorrió instituciones, habló con gente de todas las condiciones. De regreso, trasladó todo el material recogido y la experiencia vivida a un libro que tituló: “La Revolución Cubana” (Ed. Ciencias Políticas, Montevideo, 1960).

En 1966 publicó, junto a Marcos Armando Hardy, “Niccolo Machiavelli, su medio histórico, cultural y su pensamiento político” (Centro de estudiantes de Derecho, Facultad de Derecho de la Plata).

En 1973, dio a conocer “Argentina: la autodeterminación de su pueblo”. Ese mismo año, fue candidato extrapartidario a Senador por el Frente de Izquierda Popular (FIP) que lideraba Jorge Abelardo Ramos. Al año siguiente, integró la mesa directiva del FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo) que lideró el PRT y que reagrupó a corrientes peronistas e independientes de izquierda.

El 10 de agosto de 1974, un comando del ERP de alrededor de 80 hombres fue sorprendido mientras se aprestaba a tomar el 17º regimiento de Catamarca. Un operativo conjunto del Ejército y la policía se dio a la caza de los guerrilleros, que lograron huir. Algunos de ellos fueron detenidos; otros fueron torturados y luego fusilados. Los abogados defensores de los detenidos (entre ellos, Silvio Frondizi) fueron amenazados por las Tres A y finalmente asesinados. Los allegados y amigos de Silvio Frondizi le recomendaron alejarse del país o al menos cambiar de domicilio. El viejo revolucionario se negó: “Este es mi puesto de lucha”. El 30 de agosto, una bomba de alto poder incendió su estudio pero él continuó imperturbable su labor de investigación y denuncia. Días después, estalló en su domicilio particular una granada antitanque. Más que nunca, la desgarbada figura del viejo abogado recorrió las cárceles, los calabozos, los tribunales.

El 27 de septiembre de 1974 fue el golpe definitivo: a las 13,50 hs., un comando de las Tres A dirigido por el Sub Comisario Juan Ramón Morales y el Sub Inspector Rodolfo Almirón Cena, entró en su domicilio de la calle Cangallo 4474 y lo secuestró golpeándolo salvajemente (ese episodio que costó la vida de su yerno, el Ingeniero Luis Mendiburu). Dos horas más tarde, un comunicado de las Tres A se atribuyó el crimen, informando que su cuerpo fue arrojado en Ezeiza, donde efectivamente se lo encontró, acribillado a balazos por la espalda.

Pero el ensañamiento continuó más allá de la muerte: las fuerzas policiales, dirigidas por el comisario Villar, interceptaron el cortejo fúnebre dos días después, agrediendo a los acompañantes y secuestrando los féretros, que debieron aguardar largas horas antes de su inhumación.

Tres años después, fuerzas del Ejército allanaron el departamento de Cangallo, secuestrando la biblioteca, el archivo y los manuscritos inéditos.

Silvio Frondizi es, sin duda, un “maldito” más entre tantos que se abocaron a la defensa de nuestra larga y heroica lucha popular. La maquinaria del poder, distribuidora de títulos y silencios, ha encontrado en él a un hombre que atentaba contra sus intereses. Silvio entregó su sólida formación intelectual y su vida misma a la defensa de las causas justas de los hombres de nuestro pueblo y aunque amenazado y perseguido se le pidió que tomara precauciones, siguió imperturbable en su obstinada y dignísima tarea de luchar por sus convicciones, aunque con esto pusiera en juego su vida misma. (M.C.Ardanaz y E.Zabala, Los Malditos, Vol. II, Pág. 285, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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AZUCENA VILLAFLOR  -  (1924 – desaparecida en 1977)

Nació en Buenos Aires en abril de 1924. Provenía de una familia humilde, razón por la cual comenzó a trabajar desde muy joven, aunque su anhelo había sido seguir estudiando. Primero fue obrera en una fábrica de vidrio (a los 15 años) y luego pasó a trabajar en la empresa Siam, en los talleres de Avellaneda, hasta el 31 de julio de 1950, cuando ya llevaba un año de casada y estaba embarazada de seis meses.
Azucena se casó en agosto de 1949 con Pedro Carmelo De Vincenti, con el cual tuvo cuatro hijos: Pedro, Néstor, Cecilia y Adrián. La familia vivía en Avellaneda donde tuvieron su primera casa propia construida, con mucho sacrificio, en Crámer 117.

Su vida era la de una ama de casa común, encargándose de la crianza y educación de sus hijos, llevando adelante su hogar, pues ella era el centro de toda la vida familiar. Azucena fue, hasta el 30 de noviembre de 1976, una espectadora más de la vida social y política argentina.
De sus cuatro hijos, Néstor, el segundo, era el que mostraba más interés por las cuestiones del país, y cuando incursionó en la universidad –quería ser arquitecto- comenzó a respirar el singular aire de las luchas estudiantiles de la década del ’70. En el fondo era revolucionario por convicción: militaba en la Juventud Peronista, y podría haber formado parte de la organización Montoneros. Elvira, la empleada doméstica de Azucena, pensaba que Néstor militaba en la capital porque según ella misma decía, en el marco de una manifestación: “…Yo iba porque me invitaban, me acercaba a saludarlo a Néstor y él me saludaba siempre cariñoso, pero me decía acá no me llamés por mi nombre, Elvira… acá no…”

Tanto Azucena como su marido eran peronistas, pero no sabían demasiado de las actividades que su hijo realizaba junto a su novia, Raquel.
La situación política del país se iba complicando desde la muerte del general Perón. La Triple A venía cometiendo persecuciones que enrarecían aún más el triste y terrible clima político argentino. Los incidentes de Monte Chingolo (punto de reunión de los municipios de Lanús, Quilmes y Avellaneda) fueron vividos muy de cerca por Néstor de Vincenti, que tenía un pequeño taller junto a su novia, en la vereda de enfrente (calle Agüero entre el 4100 y el 4500), donde se vio cierto día una larga fila de cadáveres de gente joven, acribillados, despedazados. Luego, desde el taller, la pareja pudo ver como los muertos fueron llevados a una fosa común dentro del cementerio.

En la casa de Azucena, las discusiones eran cada vez más seguidas. Don Pedro enfrentaba a Néstor pues temía por él “…Porque yo solo no quiero avanzar papá… no me interesa, yo me quiero salvar si se salva todo el pueblo…”, respondía su hijo.

El 24 de marzo de 1976 se produjo el esperado golpe militar, que instaló en el poder a la peor dictadura que padeció nuestro país. El último día de noviembre de 1976, miembros de un Grupo de Tareas, perteneciente a las Fuerzas de Seguridad, se dirigió a Villa Dominico, Partido de Avellaneda, y en una casa situada frente al Cementerio, realizaron un operativo por el cual se llevaron a Néstor De Vincenti y a su novia Raquel Mangin.

La familia no tardó en enterarse: un nuevo capítulo en la historia de Azucena comenzaba, el de la búsqueda de su hijo. Su vida cambió absolutamente.
Buscó a su hijo en hospitales, comisarías, regimientos y morgues. Por la vía legal presentó un recurso de “habeas corpus”, que por supuesto, fue desestimado. Se presentó en el Ministerio del Interior y radicó su denuncia. Peregrinó por todas las oficinas del gobierno y las dependencias religiosas y militares… pero nunca hubo respuesta.

En su pesado, deprimente y denigrante peregrinaje, notó que algunas caras ya le eran conocidas, y otras, cada vez más, se sumaban a esta cantidad de gente desesperada que reclamaba saber dónde estaban sus seres queridos secuestrados. Azucena se dio cuenta de que la búsqueda individual no servía y que había que cambiar de método: “…Tenemos que ir a la Plaza de Mayo (…) y una vez allí, cuando seamos muchas, cosa que va a ser pronto porque es increíble cómo se están llevando a la gente, debemos ganar la calle y meternos en la Casa de Gobierno para imponerle a Videla, qué es lo que pretendemos…”.
La primera reunión de madres de secuestrados y desaparecidos en la Plaza de Mayo, se realizó entonces el 30 de abril de 1977 a las cuatro y media de la tarde. Las madres que se reunieron allí fueron: Azucena Villaflor de De Vincenti, Josefa de Noia, Raquel de Caimi, Beatriz de Neuhaus, Delicia de González, Raquel Arcusín, Haydee de García Buela, Mirta de Varavalle, Berta de Brawerman, María Adela Gard de Antokoletz y sus tres hermanas, Cándida Felicia Gard, María Mercedes Gard y Julia Gard de Piva. Sólo se reunieron y esperaron en la casi desierta plaza otoñal.

Luego, con el tiempo, cambiaron el día, que desde entonces pasó a ser el jueves, y la hora, que se pasó a las tres y media de la tarde. Dejaron su pedido de solicitud de audiencia formal y definida ante la mesa de entrada del Ministerio del Interior. Quedaron a la espera de la respuesta, que si bien tardó en llegar, lo hizo, pero no satisfizo a nadie, es más, ellas lo tomaron casi como una burla. (11 de julio, entrevista con el ministro Albano Harguindeguy).

Todos los jueves restantes del otoño y los del invierno del 77, encontraron a las madres en la Plaza. Con el correr de los días, Azucena se fue consolidando como la líder del grupo, era la más escuchada y respetada; la más consultada. Para mediados de año, las madres realizaban sus reuniones, como podían, en cualquier lugar y, por supuesto, en la clandestinidad. Allí organizaban estrategias para lograr entrevistas con personalidades del exterior, que estuvieran de visita en el país, o escribir a diferentes personalidades para que supieran lo que en realidad estaba pasando en nuestro país. De algunos obtuvieron ayuda, como el caso de periodistas extranjeros, de las embajadas de Estados Unidos y Suecia, de Magdalena Ruiz Guiñazú, que desde Radio Continental emitió solapadamente algunos mensajes a la sociedad, y del doctor Emilio Fermín Mignone, que aportó todo cuanto pudo para ayudarlas.

Cada vez eran más las intimidaciones, amenazas, seguimientos y operativos que se dedicaban a “observarlas” desde autos que no pasaban desapercibidos.
El origen de las “vueltas” fue tan sencillo que hasta parece increíble: La policía recibía la orden de sacar a las madres de la Plaza a empujones, porque de otra manera, las mujeres no se iban, pero al rato volvían, y así otra y otra vez. Cierto jueves “…La policía recibió una vez más la orden de dispersarnos (…) con el argumento del estado de sitio, y de que no podía haber gente reunida, allí apareció la famosa orden policial, circulen… ¡Circulen… a ver señoras, no pueden estar quietas en un lugar…! ¡Circulen, por favor! Entonces empezamos a caminar, y a dar las vueltas y las rondas por los senderos de vereda entre los canteros de la plaza”.

Las madres se organizaron de tal manera que había “delegadas” por zonas: En el Sur, Azucena Villaflor; Palermo, María Adela; Once, Eva; Barrio Norte, María del Rosario; Congreso, Juanita; Castelar, Nora; Pueyrredón y Santa Fe, Chela; Ramos Mejía, Quetty Neuhaus; Centro, Marta Vásquez. El Plenario se realizó en el Parque Pereyra Iraola, y por si aparecía la policía, habían preparado como pretexto, que dos de ellas se jubilaban: María Adela Antokoletz y Josefina Vera Barros.

El 5 de octubre de 1977 lograron publicar una solicitada con la firma de 237 madres y familiares de desaparecidos, en el diario “La Prensa” y allí decían “Sólo pedimos la verdad…”
Comenzaron a ponerse los “pañuelos” sobre las cabezas en octubres de 1977, cuando participaron por primera vez de la Marcha a Luján: eso servía para reconocerse con otras madres que habían ido directamente desde otros puntos del país, o por otros medios.
El 14 de octubre fue la primera vez que Azucena fue detenida, junto a otros familiares y a doscientas personas más, pero sólo por algunas horas, en la Comisaría 5ta.

El 20 de octubre de ese mismo año, llegó a nuestro país el Secretario de Estado norteamericano. Para el 21, las madres, sabiendo que no serían recibidas, se organizaron y fueron llegando a la Plaza San Martín, esperando con paciencia. Una vez reunidas, se pusieron los pañuelos y comenzaron a gritar “… ¡Que aparezcan nuestros hijos! ¡Que liberen a los secuestrados!”. Esta vez, si lograron irritar al gobierno y a la SIDE.

Después de lo sucedido, los servicios de inteligencia comenzaron a intervenir para acallar a esas madres que insistían a pesar de todo. Así, logró llegar a Azucena un joven rubio, delgado, que decía tener desaparecido a su hermano, y también imposibilitada a su madre: ese joven era nada menos que Alfredo Astiz, que se infiltraba logrando la confianza de ese grupo de madres desesperadas. Por su accionar, la SIDE logró secuestrar a Esther Ballestrini de Careaga, María Ponce de Bianco, Ángela Aguad, Patricia Oviedo, Aníbal Elbert, Eduardo Gabriel Horane, Raquel Bulit y la religiosa francesa Alicia Domon.

Azucena debía haber formado parte de “ese paquete” de secuestrados, pero no estaba en donde Astiz suponía que iba a estar. De cualquier forma, la decisión política dentro de la Dictadura, y dentro de quienes comandaban ese grupo de tareas, ya estaba tomada. Era sólo cuestión de horas, las suficientes para poder armar un operativo especialmente dirigido a ella, contando con cierta cuota de ingenuidad de su parte.

Azucena había estado preparando la solicitada que llevarían al periódico “La Nación”, ya se habían conseguido los fondos para costearla, y el día 9 de diciembre, el encargado del diario la recibió.

El día 10 de diciembre de 1977, Azucena estaba ansiosa por ver si se había publicado la solicitada, pero también a su vez, estaba muy preocupada por lo sucedido el día anterior, pues ya le habían avisado de los secuestros… Esa misma mañana, salió como de costumbre y en la esquina de su casa, Mitre y Crámer (Avellaneda) la cruzaron dos coches con siete y ocho hombres, la rodearon, la golpearon y la cargaron en uno de los coches… Los vecinos que vieron el incidente quedaron paralizados…

La casa de Crámer 117 pasó a ser gris, dos golpes habían caído sobre ella en un solo año: primero, Néstor y luego, Azucena. Según los testimonios que se lograron, se supo que ella estuvo en la Escuela de Mecánica de la Armada… Sólo el diario “Buenos Aires Herald” hizo mención a lo sucedido, “Otra de las locas madres de la plaza de Mayo, Azucena de De Vincenti, fue tomada por hombres de civil, en dos Ford Falcon, sin patente, cerca de su casa, de Crámer 117, Avellaneda, Sarandí, cuando salió a hacer sus compras matutinas…”.
Los diarios argentinos no informaron nada.
A pesar del dolor, las madres siempre siguieron y seguirán insistiendo…

C. Piantadina, Los Malditos, Vol. II, Pág. 390, Ed. Madres de Plaza de Mayo

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1980 - ES ASESINADO EN PARÍS, FRANCIA, EL CINEASTA JORGE CEDRÓN

“Me llamo Jorge Cedrón, soy argentino, vivo de hacer cine. Me dicen Tigre porque parece que de chico yo era un poco rayado. Nací en Buenos Aires, el 25 de abril de 1942. Menos de vigilante, hice de todo”, así supo presentarse alguna vez.

Lo asesinan (es nuestra convicción), a los 38 años, en un aeropuerto parisino, una muerte sobre la que no hay datos precisos, (salvo que se responsabiliza al Servicio secreto francés de liberar la zona).

Se sabe que el suegro de Jorge Cedrón, Saturnino Montero Ruiz, presidente del Banco Ciudad de Buenos Aires e intendente de Buenos Aires bajo el gobierno de Alejandro Lanusse (1971-1973), es secuestrado en París el 24 de mayo de 1980 cuando visita a su hija, Marta. Se pide un rescate. Durante algunos días, como lo exigen los secuestradores (uno de ellos se presenta al domicilio de Marta y Jorge Cedrón), no se hace pública la noticia. Marta viaja a Buenos Aires, donde su madre siendo informada de la situación decide dar aviso a las autoridades argentinas. La información es comunicada a la embajada argentina en París, la cual informa a su vez a las autoridades francesas. El 31 de mayo, a su regreso de Buenos Aires, Marta Montero es convocada en el mismo aeropuerto a declarar en la prefectura de la Policía de París. Jorge la acompaña. En un momento se ausenta. Cuando Marta termina su declaración, a la madrugada del 1° de junio, le anuncian que ha sucedido una tragedia : su esposo « puso fin a sus días ». La Policía francesa interviene para tratar de localizar a los secuestradores. El 3 de junio, Saturnino Montero Ruiz es liberado sin que se cobre el rescate. Estos hechos con sus persistentes incógnitas, son relatados en el libro de Peña. Pero acá no se pretende tanto sintetizar lo que se sabe respecto a estos acontecimientos sino tomar la medida de lo que no se sabe.

Aunque la versión oficial que se difundió en ese momento fue la del suicidio algunos testimonios la desacreditan. Jorge se habría apuñalado, el cuchillo –un laguiole- estaba en la mano derecha, Jorge era zurdo (el cuchillo que acostumbraba llevar y que mostró al ingresar a la Prefectura no fue confiscado) ; hubo varias puñaladas ; cuando se pudo ver su cuerpo, momentos antes del entierro, este llevaba una venda en la cabeza ; se dijo primero que Jorge había sido encontrado moribundo, luego que ya estaba muerto ; el policía que encontró el cuerpo dijo que la puerta del baño donde se habría suicidado estaba cerrada por dentro, en su declaración escrita que estaba abierta.

Para algunos la vinculación entre los dos hechos es una evidencia : quienes secuestraron a Montero Ruiz están, de una u otra manera, vinculados con la muerte de Jorge Cedrón. Respecto a los secuestradores existen por lo menos tres versiones : los secuestradores fueron montoneros ; los secuestradores fueron militares argentinos ; los secuestradores fueron montoneros y militares argentinos. La dimensión política del secuestro esta dada por la supuesta identidad de los secuestradores. Montero Ruiz era por otra parte un amigo de Lanusse, en conflicto con los militares que toman el poder en 1976. Sin embargo, la motivación del secuestro no sería tanto las posiciones políticas de Montero Ruiz como su poder financiero. El dinero seria no una coartada sino la principal motivación de los secuestradores y esto en las tres hipótesis consideradas.

Para quienes cree en una participación de montoneros, se señala la posible intervención de Rodolfo Galimberti quien, junto con otros, había roto con el movimiento un año antes. En una carta firmada por él y Juan Gelman el 22 de febrero de 1979, ambos explicaban las razones. Galimberti, como es sabido, es una figura sumamente polémica y está involucrado en el secuestro de los hermanos Born ocurrido en Buenos Aires en 1974 (secuestro en el que si se cobró un rescate exorbitante). Por otra parte, Galimberti, que estaba en París al momento de los hechos, habría sido víctima de un atentado en la vía publica el 31 de mayo de 1980, lo que habría provocado su salida inmediata del país (el atentado nunca fue confirmado, en cambio Galimberti salió efectivamente inmediatamente después de la muerte de Jorge Cedrón).

Otro de los crímenes que han quedado en la impunidad, aunque no hacen falta pruebas para comprender que la mano de la dictadura genocida con la complicidad de los servicios franceses estuvieron atrás y adelante de este asesinato.

SU OBRA
El film “Operación Masacre”, rodado y exhibido en la clandestinidad antes de su estreno en 1973, fue escrito por Cedrón y Walsh y reveló -al igual que la novela lo había hecho años antes- el artero fusilamiento de militantes peronistas en 1956 en José León Suárez, luego de un levantamiento militar en contra de la Revolución Libertadora, se convirtió en uno de los filmes político-militantes más importantes de la historia del cine argentino.

Como director realizó las siguientes películas:
La vereda de enfrente" (Argentina, 1963)
Con Billy Cedrón, Raúl Gutiérrez, Violeta Cabas.
"El otro oficio" (Argentina, 1967)
Con Héctor Alterio, Cacho Espíndola, Billy Cedrón.
"El habilitado" (Argentina, 1970)
Con Héctor Alterio, Carlos Antón, Billy Cedrón, Gladys Cicagno, Marta Gam, José María Gutiérrez, Ana María Picchio, Héctor Tealdi, Walter Vidarte.
"Por los senderos del Libertador" (Argentina, 1971) Locución: Héctor Alterio, Fernando Iglesias 'Tacholas', Gianni Lunadei, Luis Barrón.
"Operación Masacre" (Argentina, 1972)
Con Julio Troxler, Walter Vidarte, Carlos Carella, Hugo Álvarez, José María Gutiérrez, Víctor Laplace, Norma Aleandro, Zulema Katz, Ana María Picchio.
"Resistir" (Francia, 1978), de Julián Calinki (seudónimo de Jorge Cedrón).
Con Mario Firmenich.
"Gotán" (Francia, 1979)
Con el Cuarteto Cedrón (Carlos Carlsen, Tata Cedrón, Miguel Praino, César Stroscio), Paco Ibáñez, Pablo Cedrón.

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cafrune

JORGE CAFRUNE - (1937 - 1978)

Nació en Perico del Carmen, provincia de Jujuy, el 8 de agosto de 1937.
Vivió su adolescencia en la capital jujeña y luego se trasladó a Salta con su familia. Su padre, jujeño descendiente de árabes, le inculcó el amor por la guitarra y por el canto de la tierra.

Tenía menos de 18 años cuando se incorporó al conjunto folclórico “Los Pastores”, al tiempo que ingresaba a la facultad de Derecho. Pero su vocación artística fue más fuerte: luego de abandonar los estudios ingresa a “Las Voces del Huayra”, grupo en el que permaneció alrededor de un año. Luego, a instancias de Ariel Ramírez, forma parte del elenco fundador de “Los Cantores del Alba”, uno de los conjuntos decanos del folclore sesentista. No duró mucho allí, su espíritu andariego e inquieto lo llevaría por otros caminos. Montado en una vieja motocicleta recorrió la zona del litoral y “cuando se acabó la nafta” recaló en Esperanza, provincia de Santa Fe. Allí conoció al poeta José Pedroni, al que luego homenajearía en un disco. En Buenos Aires, otro poeta y, como él, guitarrero y cantor, Jaime Dávalos, insiste para que viaje a Cosquín, sede del famoso festival. Corría enero de 1962. Allí canta en las peñas aledañas al festival. Lo escucharon algunos miembros de la comisión y lo invitaron al escenario mayor. Por votación popular recibió el premio “Revelación” y allí comenzó su etapa consagratoria. Llegó a grabar hasta dos discos (más de veinte títulos) por año.

En 1965 registró “El Chacho, vida y muerte de un caudillo”, con letras de León Benarós. Luego le cantó a “La Independencia”. “Orejano”, del poeta uruguayo Serafín J. García, y las “Coplas del payador perseguido”, de Yupanqui, fueron dos de sus éxitos más representativos.
A fines de la década viaja a España, donde su arte autóctono es apreciado por el público joven. En 1971 un periodista español lo retrata así: “alto y ancho, con espesa barba llena de canas y amplios pantalones de gaucho argentino. En la mano tiene una vasija con mate, una especie de té de su tierra, que chupa de vez en cuando. Recuerda a un gran sultán”. En ese mismo reportaje se muestra admirador de Rosas y los caudillos provincianos y destaca la obra de Perón, a quien visitara en Puerta de Hierro. “América del Sur –dice- se está haciendo, busca su rumbo, su sitio en el mundo, su liberación, la independencia. Ser cada uno: con su sentido, con su aire nacional”.

Regresa a Buenos Aires a fines de 1977 con el propósito de emprender una de sus giras “de a caballo y por la Patria”. Esta vez la intención del cantor era brindar un homenaje a San Martín, en el bicentenario de su nacimiento, uniendo la capital federal con Yapeyú. Allí pensaba depositar una urna con tierra traída desde Boulogne Sur-Mer. Antes de partir, desde la Catedral Metropolitana, habría tenido un altercado con un grupo de civiles sin identificar que se oponen a que cumpla ese objetivo. Conviene recordar que la junta militar en el poder había preparado una ostentosa celebración para el 25 de febrero en Corrientes bajo la consigna “San Martín ha sido y tiene que seguir siendo símbolo de paz y de unión entre todos los argentinos”. La presencia de un artista contestatario, adverso a la política procesista y con enorme llegada entre las clases populares de todo el país hubiera empañado en cierta forma aquellos fastos dispuestos con tanto celo por la dictadura.

Un testigo presencial, Fino “Chiquito” Gutiérrez, su compadre y acompañante, afirma que Cafrune marchaba esa noche de vera bonaerense, contra su costumbre, sobre la banquina de la ruta. Llevaba en la montura un farol que daba cuenta de su presencia. De pronto, en la intersección de la ruta 27 y la calle Tirso de Molina, en jurisdicción de General Pacheco, una camioneta irrumpe por detrás y embiste violentamente a Gutiérrez. Éste cae hacia atrás sobre el pavimento, mientras su caballo, impulsado por el impacto, es proyectado hacia delante, sobre la cabalgadura del cantor, que rueda pesadamente en tierra. El conductor huye velozmente mientras Cafrune, que ha golpeado con su cabeza sobre el piso, ha quedado inmovilizado y con un agudo dolor a la altura de los pulmones. Un automovilista se ofrece a conducirlo al hospital más cercano, donde, según se comenta, se niegan a atenderlo por órdenes superiores. Otra versión, oficial, afirma que los bomberos se encargaron de trasladarlo hasta una sala de primeros auxilios en Benavídez, la que no contaba con los medios necesarios para tratarlo debidamente. Entonces se dirigen al Hospital Municipal de Tigre, donde, luego de diagnosticar un cuadro desesperante con varias costillas rotas, hundimiento de tórax y politraumatismo de cráneo, los médicos aconsejan su derivación al Instituto del Tórax de Haedo, con el fin de ser operado. En esas idas y vueltas habían transcurrido más de dos horas. Finalmente, en la ambulancia que lo transportaba, a la altura de Vicente López, el cantor deja de existir. Era la madrugada del 1º de febrero de 1978.

La urna con tierra de Boulogne Sur Mer, desapareció y nunca fue encontrada.
Comenta su biógrafo Héctor Ramos: “En el libro de la CONADEP existe una mención concreta sobre la muerte de Cafrune ordenada por encargo e integra el sumario que se sigue por la desaparición, tortura y muerte de personas en la Argentina durante la represión”.

JUAN CARLOS JARA – LOS MALDITOS – VOLUMEN IV – PÁGINA 40
Ediciones Madres de Plaza de Mayo - Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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SANTOS GUAYAMA (“el lagunero”)
(Aproximadamente 1833 - 1879)

Nace en Guanacache, en el noreste de la provincia de San Juan…
Vinculado desde muy joven a los sectores más empobrecidos de la provincia, se lanza a montonerear, entre fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta, en las filas de El Chacho y de Felipe Varela, oponiéndose a la política de la oligarquía porteña. Participa en la “revolución de los colorados” que insurrecciona Cuyo y provincias vecinas, contra el mitrismo y la Guerra de la Triple Alianza.

En 1868, logra posesionarse de La Rioja y Chilecito, con el apoyo de montoneros de Varela. Si bien es derrotado, luego reorganiza su montonera y vuelve a la pelea. Por entonces, ya empieza a hacerse famoso entre el gauchaje de esas provincias como enemigo de los ricos y amigo de los pobres. Su audacia y valentía provocan admiración en el pueblo y comienza a gestar la leyenda de que es invencible y que invariablemente, regresa, después de las derrotas, con más enjundia que nunca. Un autor titula un bosquejo del montonero con estas palabras: “Las varias muertes de Santos Guayama”.

Un relator afirma: “Guayama intervino en las luchas montoneras contra los gobiernos de Mitre y Sarmiento. En El Garabato (27 de febrero de 1869) y El Jarillal (27 de marzo de 1869), se animó a enfrentar con sus hombres a los regimientos nacionales. Huyo a Chile, acosado obstinadamente, pero a su regreso, sus montoneras continuaron siendo una pesadilla para el gobierno central”.
Hacia1870, las autoridades de San Juan informan que “el indio Guayama ha muerto”, pero poco después reaparece en Caucete, con doscientos hombres, insurreccionado contra el gobierno de Del Carril.

En 1872, el ministro de Guerra del presidente Sarmiento informa que “es la quinta vez que aparece en los caminos de San Juan, San Luis y La Rioja y acaso la primera vez que no haya perpetrado saqueos de consideración y asesinatos horribles”. Señala el ministro que a pesar de ser derrotado varias veces, vuelve siempre a las andadas y que “es de temer que considerándoselo como un caudillo político, ello haya contribuido a asegurarle la impunidad de que ha gozado hasta aquí”. El presidente Sarmiento –tomando como modelo las prácticas que había observado durante su estadía en Estados Unidos– pone precio a la cabeza del montonero: mil pesos. Pero Guayama continúa con sus incursiones, tipo guerrilla, pues dado sus escasos recursos no puede ofrecer batallas frontales. “La Prensa” informa, poco después: “Octava resurrección de Guayama”.

A la oligarquía porteña le resulta imposible entender esta supervivencia del montonero, pues no comprende que sus fuerzas nacen, son apoyadas y se reproducen, desde el pueblo mismo que rechaza la política dirigida a reconvertir el país sobre el litoral, con eje en el puerto y los ferrocarriles trazados en abanico, en función de la semicolonia agroexportadora que se está gestando, con perjuicio para las provincias interiores. La tradición oral recuerda que Guayama contestaba a sus críticos: “Pero amigo, yo nunca maté a nadie… cuando veo que la gente no tiene pa’ comer y los que pueden dar, son mezquinos y comen ellos solos… yo les quito a esos pa’ darle a los necesitaos… Yo no asalto, ni mato a nadie pa’ juntar y engañar a mi gente. Ellos me siguen porque no tienen trabajo y yo les doy de comer… Y si me siguen… mejor”.

En 1877 el cura José Gabriel Brochero gestiona el indulto para que Guayama se reincorpore a la vida normal y abandone el montonerismo… Brochero sostuvo: “Se dice que era muy malo, pero para mí era un manso cordero y muy buen amigo”. Brochero lo había conocido tiempo atrás y se había sorprendido “por su cultura, su corrección y su elegancia en el vestir, que no había sospechado”.

En 1878, cuando circulaba por las calles de San Juan –según algunos había sido citado traidoramente con la excusa de entregarle el indulto- es tomado prisionero por las fuerzas del coronel Sandes y conducido a la cárcel. Se le imputa una conspiración para derrocar al gobernador, aunque diversos indicios permiten suponer que se inventó un complot para detenerlo y enjuiciarlo. Las primeras noticias inclusive dan cuenta de que habría sido fusilado inmediatamente por sus “gravísimas fechorías”. Pero no es así. A la simulación de la conspiración, se agrega la simulación de un juicio. Él, por su parte, desde la prisión le envía un mensaje al cura Brochero: “Padre, ¡me matan!”

El 4 de febrero de 1879 lo fusilan, en San Juan, en el llamado Patio de San Clemente. “Brochero lloró a Guayama como a un miembro de su familia y en un célebre documento incluye a Santos Guayama, entre sus cuatro grandes amigos”.

Genuino producto del alzamiento de las provincias interiores ante el modelo agroexportador gestado por el imperialismo británico y la oligarquía mitrista, Guayama ha sido borrado de la historia escolar y no aparece, por ejemplo, en la Gran Enciclopedia Argentina, dirigida por Abad de Santillán.

No se lo menciona a este caudillo. No existió. Y cuando alguien lo recuerda, traza su figura como la de un salteador de caminos y asesino de “la gente decente”.

NORBERTO GALASSO – Los Malditos – Vol. II – Pág. 188 – Ediciones Madres de Plaza de Mayo

El poema “Los Gauchos de Guayama”, escrito por el poeta Miguel Martos, en un tramo, recuerda así al honrado gaucho federal:

“Montonero de Guayama,
el del poncho calamaco
y la vincha colorada…
el del caballo de acero
y la montura chapeada;
el que lleva su hidalguía
en la punta de su daga
y el que tiene cien victorias
en su lanza de tacuara…
¿Adónde vas, montonero,
montonero de Guayama?”.

Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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AURELIO ANTONIO ZALAZAR – (aproximadamente 1831-1869)

Nace en La Rioja. Actúa inicialmente en la Confederación, a órdenes de Urquiza. Luego, al enfrentarse el ejército porteño con el Ejército nacional de la Confederación, participa en Pavón, como hombre del federalismo provinciano. A partir del degüello del Chacho, llevado a cabo por “los civilizadores”, milita a las órdenes de los diversos jefes montoneros que acaudillan a los pueblos del noroeste contra la dictadura de la oligarquía porteña.

En 1865, cuando el gobierno de Mitre complica a la Argentina en la Guerra de la Triple Alianza, en diversas partes del país se producen levantamientos armados, en disidencia con esa política. En La Rioja, Zalazar comparte la desazón de sus comprovincianos para quienes el pueblo paraguayo es amigo y en junio de 1865, con la colaboración del montonero Carlos Ángel, subleva en Catuna y Posta de Herrera a un contingente que debía partir a combatir al Paraguay. La rebelión montonera logra ocupar La Rioja, pero luego es vencida y Zalazar es conducido a prisión.

A principios de 1867, logra fugar de la cárcel y rearma la montonera, con la cual vuelve a tomar La Rioja y se vincula luego a Felipe Varela, integrándose a la “revolución de los colorados” que había estallado en Cuyo, meses atrás. Después de la derrota de Pozo de Vargas, en abril de 1867, tanto Varela como Zalazar dispersan sus fuerzas.

En 1868, reorganiza nuevamente sus fuerzas montoneras para predominar nuevamente en la provincia, aunque por poco tiempo. La desaparición y luego la reaparición de las fuerzas montoneras, en el noroeste, renaciendo de la nada, casi sin recursos pero con el apoyo popular que responde al llamado de Varela y sus lugartenientes, entre los cuales está Zalazar, colma de indignación al Presidente Sarmiento. “Es el partido bárbaro que reaparece, al cual combatí toda mi vida”, afirma el sanjuanino.

Zalazar regresa a La Rioja, en los últimos meses de 1868, considerándose indultado por el gobierno. Pero el comandante Apolinario Tello lo detiene el 10 de diciembre y se le inicia proceso. Varios cargos se le imputan, entre otros, “rebelión, sedición, homicidio, traición a la patria”. Se arma un juicio en el cual el fiscal, doctor Félix Luna –antepasado del historiador del mismo nombre- exige pena de muerte. El 14 de abril de 1869, la justicia riojana lo sentencia “a muerte con más el pago de costas procesales”. La decisión es apelada, pero el juez Arsenio Granillo –también probablemente antepasado de un importante personaje del gobierno de Menem- confirma la sentencia “por tratarse de un gran criminal”. Llevado el caso a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y habiendo ésta revalidado el fallo, se gesta un movimiento de opinión importante reclamando el indulto. Más de doscientas personalidades se dirigen al Presidente Sarmiento pidiendo por la vida de Zalazar, pero el sanjuanino rechaza la solicitud.

El 4 de setiembre de 1869, Aurelio Zalazar es fusilado. La mayoría de los libros de historia argentina no lo mencionan. Pero un poeta –Fermín Chávez- rescata su nombre del olvido:

Taboada gobernador
escribiendo, cabecea
ahí mando los voluntarios;
devuélvame las maneas.
Adiós, chinita de Atiles
boca de algarroba dura
con Aurelio Zalazar
me voy hacia la amargura…
¡Hijos de una…!, en Boquerón
amarga boca sin besos
una patria colorada
se llenó de blancos huesos…
Ay, mi tierra sublevada
como una yegua lobuna
Con Aurelio Zalazar
me estoy volviendo a Catuna.

NORBERTO GALASSO – LOS MALDITOS – TOMO II – PÁGINA 237
Ediciones Madres de Plaza de Mayo

Fuente: https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

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SIMÓN LUENGO (el constante revolucionario de Córdoba) (1825 - 1872)

UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL
Nace en La Cañada, Córdoba, el 27 de octubre de 1825. Desde joven se ocupa de tareas rurales en su zona natal. Posteriormente, se incorpora a la fuerza militar.
Apenas Mitre inicia su presidencia y envía fuerzas armadas al interior del país, para imponer su voluntad, Luengo se convierte en permanente antagonista de esa política de avasallamiento. El 10 de junio de 1863, en Córdoba, insurrecciona a un grupo de soldados, suelta a los federales presos y organiza una fuerza con la cual derroca al gobernador Justiniano Posse colocando en su reemplazo a José Pío Achaval. Es un golpe a favor del Chacho, quien ingresa a la ciudad y desde los balcones del Cabildo cordobés se dirige al pueblo, convocándolo a una nueva gesta de libertad contra la opresión del centralismo porteño. El Chacho espera el apoyo de Urquiza pero el entrerriano no se mueve, mientras Paunero y Sandes, al frente de las fuerzas mitristas, caen sobre los insurrectos derrotándolos en la batalla de las Playas, el 28 de junio.

Luengo se retira, para proseguir silenciosamente su trabajo de nuclear a los enemigos del “tirano de Buenos Aires”. Iniciada la guerra del Paraguay, se declara contrario a la misma y esconde a varios desertores del ejército que se niegan a luchar contra las fuerzas de Solano López.

En 1867, encabeza otra insurrección, tomando preso al ministro de Guerra que se encontraba accidentalmente en Córdoba, pero no obtiene el apoyo esperado, especialmente desde el litoral, y su movimiento es sofocado, quedando prisionero.

En febrero de 1868, lleva a cabo otro intento contra el gobierno de Mitre, pero fracasa en la empresa. Estos sucesivos levantamientos a su cargo, le valen la denominación de “el constante revolucionario de Córdoba”.

En abril de 1870, se encuentra de nuevo en la lucha, ahora colaborando con Ricardo López Jordán, en Entre Ríos, en la insurrección contra Urquiza, quien desde Pavón en adelante ha venido defraudando a sus seguidores. Después de alentar los levantamientos de El Chacho y Varela, don Justo los ha dejado solos frente al mitrismo y además, se ha complicado también en la Guerra contra el Paraguay, prefiriendo sus negocios –entre otros, la venta de miles de caballos- a cumplir sus compromisos con los federales del interior.

El 11 de abril, integrando esa insurrección –aunque sin órdenes precisas de López Jordán- una partida de 30 hombres, al mando de Luengo, y a los gritos de ¡ Muera Urquiza ¡ ¡ Traidor ¡ ¡ Vendido a los porteños ¡, se introduce en el Palacio San José y ultima al jefe entrerriano. “Más que todo –afirma José Hernández- Urquiza era el jefe traidor del partido federal y su muerte mil veces merecida es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él”.
Se explica, pues, que Luengo, federal provinciano de vieja extracción chachista, sea el responsable.

Se une luego a López Jordán y enfrentan a las fuerzas del gobierno en “Naembé”, donde son derrotados, por lo cual se repliega a su provincia natal.
Allí permanece un tiempo, esquivando a la policía hasta que logran detectar su paradero, a dos leguas de Córdoba. Allí es atacado el 26 de junio de 1872 y, al intentar fugar, recibe una herida de sable que le provoca la muerte. Los represores, por supuesto, son sobreseídos y la figura de Luengo se pierde en el olvido, como tantos otros héroes del federalismo provinciano enemigos de la oligarquía porteña.
N. Galasso – Los Malditos – vol. II – pág. 210 – ed. Madres Plaza de Mayo

Para reproducir citar la fuente Pensamiento Discepoleano

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MARIANO MORENO - (1778 - 1811)

Como se ha señalado, la maquinaria de difusión de las ideas manejada por la clase dominante silencia, omite o “maldice” a todos aquellos cuyas ideas ponen en cuestionamiento a la ideología que quiere hacer prevalecer. Pero ocurre, a veces, que el personaje es de tanta trascendencia que resulta imposible expurgarlo de la historia. En ese caso, se procede a vaciarlo de contenido, a deformar su imagen y trayectoria, en fin, a reemplazarlo por un sosías creado al efecto, pero a favor de los intereses dominantes. Así ocurre con Mariano Moreno.

La imagen que tradicionalmente ha difundido la escuela, con la apoyatura de la revista Billiken, es la siguiente: se trata de un joven enérgico, no en razón de sus ideas, sino del propio arrebato de los años mozos, que se convierte, en el proceso revolucionario, en la contracara de Saavedra, partidario de la moderación, tampoco en razón de sus ideas, sino dada la mayor experiencia que otorgan los años. El entredicho sería simplemente “generacional” y desde este punto de vista, Moreno resulta algo más simpático que el Jefe de Patricios, pero una simpatía leve, por supuesto, incapaz de generar rebeldías o sueños peligrosos. La fábula continúa señalando que este joven ardoroso fue un gran periodista y por haber fundado La Gazeta, merece unas flores en su monumento de Plaza Lorea, al conmemorarse el día del periodista. Asimismo, era altamente democrático y además, muy educado, incapaz de usar palabras groseras en su correspondencia. Su más importante ensayo sería un documento reclamando el comercio libre, conocido popularmente como “La representación de los hacendados” –programa de la Revolución de Mayo según esta versión-, lo que permite alinearlo ideológicamente, como al resto de la Junta, en posición favorable al liberalismo económico. Por otra parte, como abogado defendió intereses de comerciantes británicos, lo cual resulta razonable en alguien que odia a todo lo español –según dicha versión- y entiende al Imperio Británico como la mayor expresión del progreso en el mundo. Por esta razón –después de su renuncia como secretario de la Junta- el gobierno le confió a una misión a Londres, pero desgraciadamente enfermó en el viaje y murió en alta mar. Al conocer la noticia, Saavedra habría dicho: “Se necesitaba tanta agua, para apagar tanto fuego”. Pero, esta desgracia sería superada con la aparición, poco tiempo después, del continuador de su ideario: Bernardino Rivadavia.

La iconografía publicada por la revista Billiken se corresponde con esta descripción: un rostro redondo y plácido, con ojos soñadores y una especie de jopo amansado sobre la frente, rasgos propios de un pequeño burgués decente, de buenas costumbres y servidor del orden constituido. Los niños, emulando a este Moreno, seguramente podrán ser asesores de empresas extranjeras o legisladores “progresistas”, capaces de preservar el orden y los valores dominantes, de modo que el país adquiera prestigio en el mundo occidental y cristiano.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo, esta imagen –ideológica y plástica- fue controvertida por datos provenientes de diverso origen. Poco a poco, la verdad se fue abriendo camino y el verdadero Moreno apareció. No era revolucionario sólo por ser joven sino por haber estudiado a los enciclopedistas franceses y a los teóricos de la revolución democrática española de 1808, así como Saavedra no era reaccionario en razón de su edad, sino por los intereses a los cuales estaba ligado. Mariano no era tampoco un periodista ingenuo, cultor de una inexistente libertad de prensa, sino que aconsejaba a la Junta editar pocas Gazetas cuando había noticias de derrotas y en cambio, aumentar notablemente el número cuando era posible difundir victorias. Tampoco era un creyente en la democracia formal, por lo cual metió a los jueces de la Audiencia en un barco junto con el virrey Cisneros y los desterró a las Canarias y luego, al enterarse de que los cabildantes también conspiraban, propuso ejecutarlos. La democracia verdadera residía –para él- en el gobierno de las mayorías populares ansiosas de una revolución, lo cual justificaba eliminar a la Audiencia y al Cabildo. Tampoco cultivaba un lenguaje educado y prudente pues a Chiclana le escribe, respecto a la decisión de Ortiz de Ocampo de no cumplir las instrucciones que mandaban fusilar a Liniers: “… pillaron nuestros hombres a los malvados, pero respetaron sus galones y cagándose en las estrechísimas órdenes de la Junta, nos los remiten presos a esta ciudad” (17/8/1810). Tampoco era antiespañol –no podía serlo perteneciendo a una familia española- sino que luchaba contra los españoles absolutistas, que no es lo mismo, ni era probritánico pues consideraba a “Inglaterra una de las más intrigantes por los respetos del señoría de los mares y dirigirse siempre todas sus relaciones bajo el principio de la extensión de miras mercantiles, cuya ambición nunca ha podido disimular su carácter… A la Corte de Inglaterra le interesa que la América o parte de ella, se desuna o divida de España y forme por sí una sociedad separada donde Inglaterra…pueda extender más sus miras mercantiles y ser la única por el señorío de los mares”. Asimismo, advertía sobre el peligro de que ocurriese con América lo que ya ocurría con Portugal: “el abatimiento en que Inglaterra lo tiene por causa de su alianza” y que…respecto a Brasil, “lo extenúe de tal suerte (a Portugal) que las colonias americanas se conviertan en inglesas algún día”. Tampoco es partidario del liberalismo económico, pues sostenía: “Desde el gobierno del último virrey se han arruinado y destruido todos los canales de la felicidad pública por la concesión de la franquicia del comercio libre con los ingleses, el que ha ocasionado muchos quebrantos y perjuicios”. Y agregaba: “Deben evitarse aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan”. Con respecto a su muerte, existen fuertes indicios de que no falleció de muerte natural sino que fue envenenado por el capitán del barco quien le suministró un medicamento en dosis excesiva que le resultó letal (su esposa había recibido, poco antes, un abanico de luto, un velo y un par de mitones negros. Conocido su embarque, el padre Azcurra proclama, como un triunfo: “Ya está embarcado y va a morir”. En Buenos Aires circula la versión, al conocerse su muerte, de que ha sido envenenado).

Con respecto a la opinión de Saavedra, no sólo lo consideraba “fuego” sino que lo califica como “Demonio del Infierno” –carta a Chiclana, del 15/1/1811- y se refiere a “las ideas sanguinarias del morenismo”. Finalmente, también en la iconografía se ha producido una deformación: el retrato de Moreno, obra del artista Juan de Dios Rivera, en el Alto Perú, lo muestra con cara angulosa, mejillas picadas de viruela y ojos amenazantes, es decir, un perfil de revolucionario que se corresponde con la imagen de quien regresaba a su casa, por las noches, con dos pistolas al cinto y no con la efigie plácidamente burguesa que se oficializó.

Este vaciamiento de Moreno se ha llevado a cabo omitiendo hechos, ignorando, por ejemplo, la correspondencia con Belgrano y fraguando un novelón sentimental sobre una vida jugada heroicamente por su patria. Pero, en especial, intenta sustentarse en el no reconocimiento del Plan de Operaciones que es, en verdad, el programa revolucionario de Mayo (y no la representación de los Hacendados).

Este plan formula, en lo político, la necesidad de liquidar toda influencia absolutista reprimiendo severamente a los enemigos del pueblo, posición que coincide con el fusilamiento de Liniers, decidido por Moreno y con el ajusticiamiento de los generales Nieto, Paula Sanz y Córdoba, en el Alto Perú, aplicado por Castelli, cumpliendo las Instrucciones de Moreno. Además, considera imprescindible actuar severamente contra los opositores a la Revolución, aplicando destierros y expropiaciones contra los mismos, medidas que se toman contra potentados monárquicos como Beláustegui, Arroyo y Pinedo, Noguet, Pablo Villariño, el alzaguista Olaguer Reynals y otros. Asimismo, considera necesario ampliar la revolución, para lo cual sugiere recurrir, en la Banda Oriental, a José Artigas y sus amigos, táctica que luego se aplica, como así también el envío de dos expediciones, una al Alto Perú y la otra, al Paraguay, con los mismos fines.

En lo económico, propone fundar empresas estatales de armas y pólvora, como condición para hacer la guerra al absolutismo, empresas que efectivamente se ponen en marcha durante 1810. Asimismo, se opone a la rebaja de recargos aduaneros, a modo de proteccionismo, rebaja que recién implementa el Primer Triunvirato, gobierno de los enemigos del morenismo, en 1811.

Pero, además, el Plan de Operaciones formulado por Moreno, ante la inexistencia de capitales (o más bien, de una burguesía nacional) sostiene la necesidad de expropiar a los mineros del Alto Perú, para permitir una inversión “poniéndose al Estado en un orden de industrias (…) para desarrollar fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos, como así en agricultura, navegación, etc.” Es decir, postula al Estado como el único que puede realizar el rol de una burguesía ausente, dando respuesta a una cuestión que habría de plantearse en los siglos XIX y XX en todo proceso revolucionario tercermundista.

Asimismo, propugna una fuerte redistribución del ingreso: “Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan pero que si corriendo rápidamente su curso, bañasen todas las partes de una a otra, no habría un solo individuo que no las disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsistencia política, sin menoscabo y perjuicio”. Con esta alegoría bucólica sustenta la tesis de la expropiación de los mineros del Alto Perú, para acumular un capital para echar las bases del Estado empresario, soluciones que aún hoy estremecen a los sectores del privilegio.

Esta es la razón por la cual la historiografía oficial no puede admitir el Plan de Operaciones pues enseñado, en los colegios, sería la mejor lección para forjar ciudadanos decididos a realizar las transformaciones más profundas.
Quien quiera investigar las razones dadas para considerar apócrifo al Plan de Operaciones, puede informarse de la polémica en “La época de Mariano Moreno”, de Rodolfo Puiggrós donde se comprenderá que la ardorosa impugnación de Groussac y Levene constituye la defensa a rajatabla de la versión tradicional de Moreno, sostenida por Mitre, quien, en su biografía de Belgrano, lo deforma a Moreno, vaciándolo de toda posición auténticamente revolucionaria, para fabricar así la leyenda de una revolución pro británica, sólo preocupada por el comercio libre. A su vez, podrá conocer las razones esgrimidas por Norberto Piñero y otros sustentando la veracidad de dicho plan. Comprobará asimismo que el historiador español Torrente, en 1829, ya se refería al Plan.

Finalmente, comprenderá que esta polémica ha llegado a su fin con la publicación de “Epifanía de la libertad; documentos secretos de la Revolución de Mayo”, de Enrique Ruiz Guiñazú donde se transcribe la correspondencia entre Fernando VII y su hermana Carlota Joaquina, en la que se muestran horrorizados ante ese plan, “doctrina del doctor Moreno, que hicieron para el método de gobierno revolucionario”, esa gente de “bocas desaforadas”, verdaderos “diablos con figura humana”.

Sin Plan de Operaciones no hay programa revolucionario de Mayo, ni hay Moreno revolucionario, sino un anodino espectáculo de Plaza de Mayo con paraguas, donde un joven quiere actuar enérgicamente y un hombre con experiencia prefiere avanzar con calma. Pero, con Plan de Operaciones hay revolución y hay ejemplo a seguir, para los argentinos. Por eso, Levene confiesa el meollo de esta polémica y de esta impugnación al Plan: “para comprender la obra orgánica de la Revolución de Mayo se impone, en primer término, demostrar la apocrificidad del plan atribuido a Moreno y a la Junta”. Así velaba Levene, no por la verdad histórica, sino por la custodia del orden constituido, evitando malos ejemplos en los párvulos inocentes, cuyas almas generosas podrían pretender –“demoníacamente”- un mundo mejor. A su vez, otro historiador –Guillermo Elordi- sostiene empecinadamente: “… Si en un día lejano apareciera el documento real (del Plan), escrito por Moreno y firmado por Moreno quedaría el consuelo a los que ahora no creen su realidad, de advertir, todavía, que no merece llevar la rúbrica del prócer”.

Pero la comparación entre las postulaciones del Plan, algunos artículos de La Gaceta, las instrucciones de Moreno a Castelli y en especial, las medidas concretas aplicadas por el Secretario de la Junta, permiten hoy aseverar que el Moreno del Plan es el Moreno verdadero, a quien French llamaba con admiración “el Sabiecito del Sur” y a quien denostaba Arroyo y Pinedo, antepasado del Federico Pinedo, en razón de las medidas adoptadas contra los grandes registreros, beneficiarios del viejo sistema comercial.

Asimismo, basta informarse del enfrentamiento del Primer Triunvirato (donde influyen Rivadavia y García) con los amigos de Moreno en 1811, que culmina en la disolución del primero y su reemplazo por el segundo Triunvirato (morenistas y gente de San Martín) para comprender que precisamente Rivadavia no fue la continuación del morenismo sino precisamente su antagonista.

Sin embargo, todavía el Moreno de semblante inocente y amable aparece en los cuadros de los colegios junto a su enemigo político, don Bernardino, mientras el verdadero Moreno puja por salir de las sombras. (N.Galasso, Los Malditos, Vol.II, Pág.127, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

Para reproducir citar la fuente Pensamiento Discepoleano

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MARTINIANO CHILAVERT  
(1801 – 1852)

Nace en Buenos Aires en 1801. “… en el año doce ingresa en calidad de cadete, al Cuerpo de Granaderos que funda San Martín…” La Gaceta informa en su edición del día 13 de marzo de 1812: “El 9 del corriente ha llegado a este puerto la fragata inglesa Jorge Canning procedente de Londres… han llegado entre otros… el teniente coronel de caballería Don José de San Martín…; el capitán de milicias Don Francisco Chilavert…” El nombrado… “es el padre, español de ideas liberales, que viaja con sus dos hijos, el pequeño Martiniano y José Vicente, ya mozo, quien traba durante el viaje una amistad con San Martín…” “Martiniano ingresa en el Cuerpo de Granaderos a Caballo, graduándose como subteniente en 1817, haciendo sus primeras armas al lado del general Alvear. Paralelamente estudia graduándose de ingeniero, y ya en 1821 se desempeña como ayudante en l cátedra de matemática del profesor –y también ingeniero- Senillosa…”

“Su hermano se establece en Entre Ríos. Allí se le reúne poco después Martiniano, y ambos participan a favor o en contra de una sucesión ininterrumpida de cuartelazos que agitan la vida de aquella provincia.” Martiniano y Urquiza están en bandos opuestos en la política entrerriana. Rivalidad acrecentada por la disputa de los favores de una dama. Tan es así, que “cuando en 1830 Martiniano, ya graduado coronel y con el prestigio de la batalla de Ituzaingó en sus galones, regresa a Entre Ríos acompañando a Lavalle, los cinco años transcurridos no fueron óbice para que los dos rivales derivaran en una causa criminal en un violento incidente”.

20 de febrero 1827, en la guerra con el Brasil combatió a las órdenes inmediatas del Coronel de Artillería Tomás de Iriarte.
Ante el bloqueo francés (1838) Chilavert comienza a dudar de si la posición tomada es la correcta para la patria, pues también el Imperio del Brasil rugía agazapado, revancha de la derrota infligida en 1827.
Chilavert no era político, pero demostró tener buen olfato. Y en carta que dirige a Lavalle el 20 de diciembre le expresa, “… no puedo leer sin indignación la ultrajante propuesta de marchar unidos con extranjeros a hostilizar nuestra querida patria. ¿Cómo nos consideran estos hombres? ¿Qué creerán que somos?... jamás consentiremos en ir conducidos ni asociados a extranjeros a profanar el suelo sagrado de la patria y a derramar la sangre de nuestros hermanos… la necesidad de hacerles saber cuanto antes los sentimientos que nos animan…”

Quizás esa desconfianza, agravada por el desagrado con el manejo militar de su superior, lo llevan a tomar distancia de a poco de las filas unitarias, comenzando por alejarse de Lavalle; renunciando en 1840 a su cargo de Jefe de Estado Mayor través de una carta en la que le hace saber su decisión, que en algunos párrafos se transcribe: “… V.E. no comprende lo que es el Jefe del Estado Mayor de un ejército… el señor general atropella las atribuciones del Estado Mayor, quiere hacerlo todo y todo lo desordena y no hace nada… El señor general no sabe mandar sino de un modo absoluto, y yo no sé obedecer sino razonablemente… retirándome a curarme al seno de mi familia, que se halla enferma y llena de miseria…”

El colmo de la indignación: “Desvinculado de Lavalle, Chilavert actuará (1842) como comandante en jefe de la artillería en el ejército de Rivera…” En tal carácter el 3 de febrero de 1843 toma conocimiento que existe una propuesta de “la creación de un Estado independiente entre los ríos Paraná y Uruguay, a expensas de la Mesopotamia argentina… Es fácil imaginarse la indignación de Chilavert, abordó… a Rivera y le dijo que estaba comprendiendo que la guerra no se libraba en verdad contra Rosas sino contra la Confederación, aliándose a todo extranjero que estuviera dispuesto a agraviar la soberanía argentina.” “… Fue arrestado, fugó de la prisión, y se exiló en Rio Grande.”

Después del combate de Obligado (20 de noviembre de 1845), nuestro hombre blanquea en una carta (15 de abril de 1846) al general Rivera, lo que en los hechos se había producido; el abandono a las fuerzas unitarias: “… esa misma querida Patria… se ve hostilizada por dos formidables potencias y,… amenazada en sus más altos intereses,… Estas razones, y ser opuesto a sus principios combatir contra su país unido a fuerzas extranjeras, sea cual fuere la naturaleza del gobierno que lo rige, lo han decidido a retirarse a la vida privada, a cuyo efecto a V.E. suplica se digne concederle su absoluta separación del servicio”.

Ya no duda y toma el partido de la patria. El 11 de mayo de 1846, le escribe al General de la Confederación Argentina Oribe “el amor a mi país ha sido el sentimiento más enérgico de mi corazón. Su honor y su dignidad me merecen religioso respeto. Considero el más espantoso crimen llevar contra él las armas del extranjero. Vergüenza y apropio recogerá el que así proceda, y en su conciencia llevará eternamente un acusador implacable que, sin cesar, le repetirá: ¡traidor! ¡traidor!. Conducido por estas convicciones me reputé desligado del partido al que servía… Al ofrecer al gobierno de mi país mis débiles servicios por la benévola mediación de V.E., nada me reservo. Lo único que pido es que se me conceda el más completo y silencioso olvido sobre lo pasado…”

El 26 de junio de 1846, le escribe a su amigo Dr. Don Francisco Pico haciéndole saber su posición… “como no he tenido nunca reservado nada para Ud., le declaro que he ofrecido al gobierno de mi país mis servicios en la cuestión en que se halla empeñado contra la Inglaterra y la Francia, y si los admite me tendrá Ud. haciendo los mayores esfuerzos para que salga airoso, y si no lo consigue mi más vehemente deseo es morir partido por una bala inglesa…”
Caseros lo encuentra peleando en las filas nacionales.
A las 9 de la mañana Rosas dio a Chilavert la alternativa de empezar la lucha: “Sea Ud. el primero en romper el fuego contra los imperiales que están a su frente”… “los cañones de Chilavert mantuvieron el fuego mientras tuvieron proyectiles”.

“El jefe de la artillería de Rosas, no quiso salvarse. Disparó hasta el último proyectil, haciendo blanco sobre el ejército imperial, y cuando ya no le quedaron balas, hizo cargar con piedras sus cañones. Luego recostado displicentemente sobre uno de ellos, pitando un cigarrillo, esperó que vinieran a tomarlo. No se rindió, lo hicieron prisionero. Cuando un oficial enemigo le toma las riendas de su caballo, Chilavert le dice: “Si me toca, señor oficial, le levanto la tapa de los sesos”, mientras le apuntaba con su pistola; y agrega: “lo que busco es un oficial superior a quien entregar mis armas”. “¡Aquí estoy!”, dijo apareciendo, el caballeresco coronel Virasoro. Fue llevado a Palermo, ¡en presencia de Urquiza que quiso verle!... La entrevista fue a puertas cerradas… Urquiza despacha a Chilavert con dos secas palabras: “Vaya nomás”. Y ordena inmediatamente… que lo fusilen por la espalda, el castigo de los traidores… “Cuando un oficial se le aproximó para tratar de ponerlo de espaldas, cuenta Saldías que “de un bofetón fue a dar a tres varas de distancia…” “Tirad, tirad aquí, al pecho”. En el insensato intento de reducirlo fue ultimado a bayoneta, sable y culatazos. Pero no lograron fusilarlo por la espalda.”

En claras y concretas palabras Salvador Ferla, califica la actitud de los protagonistas: “En una oportunidad la conciencia nacional fue formalmente fusilada, aunque “las ideas no se matan”. Urquiza que hacía gala de magnanimidad con las figuras de relieve del partido federal mientras fusilaba a diestra y siniestra a humildes combatientes, citó en su despacho al coronel Martiniano Chilavert, que había sido el último en cesar el fuego con su batería en los campos de Caseros. Íntimamente buscaba Urquiza su justificación. Más que perdonar a los vencidos ansiaba que estos, al aceptar su amistad, le extendieran un implícito certificado de buena conducta. Recibió a Chilavert con estudiada cordialidad, dispuesto a obsequiarle su perdón para, a su vez, sentirse íntimamente perdonado. Pero cuando Chilavert, que era unitario, hizo gala de haber actuado en el bando nacional, en defensa del país y en contra de un enemigo externo aliado con traidores. Urquiza se sintió terriblemente mortificado. Por un instante se vio juzgado y condenado. Entonces, descompuesto de ira ordenó el fusilamiento “por la espalda” de su interlocutor.

El federal que se había aliado al extranjero para derrocar a Rosas, y el unitario que se había ofrecido a Rosas para enfrentar al extranjero configuraban una significativa antítesis. Uno de los dos había traicionado a la patria. Al no sentirse muy seguro Urquiza enloqueció de ira y mandó infligir a su oponente la muerte que acaso pensaba le correspondía a él. Mandó fusilar a la conciencia nacional… el cadáver de Chilavert permaneció varias semanas tirado en la calle sin que nadie se atreviera a levantarlo. Se pueden ensayar atenuantes y explicaciones. No hay nada que no se pueda justificar, y al fin de cuentas para eso existen los intelectuales. Lo grave es que la conciencia nacional fusilada haya permanecido en el suelo, sin que nadie se atreviera a levantarla por mucho tiempo”.

Chilavert, tomó por la posición nacional correcta cuando estuvo en juego los destinos de la patria. Dejó de lado la fama y un futuro promisorio lleno de calles y monumentos. Posiciones antinacionales iban a encumbrar a los triunfadores, pasando a ser nuestro héroe un “maldito” en la historia argentina, mientras los aliados a una potencia extranjera pasaron a ser prohombres que le sobran monumentos.

RICARDO ALBERTO LOPA – LOS MALDITOS – TOMO III – PÁGINA 245
Ediciones Madres de Plaza de Mayo

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JUAN FACUNDO QUIROGA (1778 - 1835)

 

Juan Facundo Quiroga nació en 1778, en San Antonio, departamento de Los Llanos, en la provincia de La Rioja. Desde pequeño, se desempeñó en las tareas rurales en la estancia de su padre José Prudencio Quiroga. Su madre fue Juana Rosa de Argañaraz. A los 16 años comenzó a administrar las fincas de su padre. Siendo muy joven abandonó el hogar de sus padres y se alistó en el ejército, donde fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo, a las órdenes del General San Martín. Tras un breve paso por buenos Aires, regresó en 1816 a La Rioja, donde colaboró activamente con el ejército del norte que luchaba contra los realistas, proveyéndolo de ganado y tropas. En 1818, recibió de Pueyrredón el título de “benemérito de la Patria” y a fines de ese año intervino destacadamente para sofocar un motín de prisioneros españoles en San Luis.

A partir de 1820, con el cargo de jefe de las milicias de Los Llanos, se inició en La Rioja la preponderancia de Quiroga. Convertido en árbitro de la situación riojana, contribuyó a colocar en el gobierno provincial a Nicolás Dávila, quien en ausencia de Quiroga intentó apoderarse de la artillería y el parque de Los Llanos. El caudillo derrotó al Gobernador en el combate de El Puesto y aunque asumió la gobernación sólo por tres meses -28 de marzo al 28 de junio de 1823- continuó siendo, en los hechos, la suprema autoridad riojana.

Quiroga brindó su apoyo entusiasta al Congreso de 1824 reunido en Buenos Aires, pero pronto se produjo su ruptura con los unitarios porteños. En esa época, el gobierno de La Rioja se asoció con un grupo de capitalistas nacionales encabezados por Braulio Costa, a quien se otorgó la concesión para explotar las minas de plata del cerro de Famatina. Facundo, como comandante del Departamento, fue también accionista de la compañía y, por el convenio, quedó encargado de asegurar la explotación, con cuyo producto se acuñaría moneda a través del Banco de Rescate y la Casa de Moneda de La Rioja. Es importante señalar que para las provincias del noroeste (relativamente prósperas durante el período virreinal) la posibilidad de explotar sus riquezas mineras generaba grandes expectativas. Sin embargo, la designación de Rivadavia como Presidente de la República, en 1826, alteró esos planes.

El Presidente, que durante su permanencia en Inglaterra había promovido la formación de una compañía minera, nacionalizó la riqueza del subsuelo y también la moneda, prohibiendo la acuñación a toda institución que no fuera el Banco Nacional, por él creado. La reacción de Quiroga fue inmediata. Junto a los otros gobernadores federales que se resistían a la política centralista de Rivadavia, que culminó con la sanción de la Constitución unitaria, se levantó en armas contra el presidente, enarbolando su famoso lema de Religión o Muerte. Su lucha contra los unitarios había comenzado en realidad, en 1825, cuando Quiroga derrotó a Lamadrid, usurpador del gobierno de Tucumán –en El Tala y Rincón de Valladares. Fue en esa batalla cuando Facundo enarboló por primera vez su legendaria bandera, respondiendo a un contexto que había llegado a identificar a los unitarios con la irreligión.

Pero por qué su bandera fue “religión o muerte” fue una cuestión que muchos han tratado de aclarar, asegurando algunos, que sólo la utilizó demagógicamente, y respondiendo otros que su sinceridad era legítima, más allá del sentimiento subyacente que se hallaba en las masas campesinas. A partir de allí, logró consolidar su poder, y esto tiene explicación sólo si se tiene en cuenta el apoyo popular con el que contaba, pues no era gobernador, ni tuvo grandes puestos políticos. Su carisma, su pensamiento y accionar, consustanciados con las ideas federales, hicieron que se transformara en una figura muy importante dentro de la vida política de nuestro país.

Caído Rivadavia, Quiroga apoyó la efímera gestión de Dorrego, cuyo fusilamiento volvió a encender la chispa de la guerra civil. Facundo se convirtió entonces en figura descollante del movimiento federal y, en el interior, enfrentó a las fuerzas unitarias del General Paz. El Tigre de Los Llanos, como lo llamaban amigos y adversarios, cayó derrotado en La Tablada y en Oncativo. En Buenos Aires, con la ayuda de rosas, formó una nueva fuerza, llamada División de Los Andes. Al frente de ella ocupó San Luis y Mendoza, en Córdoba persiguió a Lamadrid –el jefe de las fuerzas unitarias después de la captura de Paz- y, ya en tierra tucumana, lo derrotó completamente en La Ciudadela. En esos momentos su poder y su prestigio alcanzaban el punto más alto.

Aún quienes subestimaron a Quiroga, en cuanto a su capacidad política, no dudan en reconocer sus méritos como caudillo: “(…) Las victorias de Quiroga consolidaban un bloque de las provincias centrales Cuyo, La Rioja, Córdoba, Santiago del Estero era Quiroga el dueño del poder efectivo, apoyado en sus milicias llaneras, núcleo ya de un ejército interprovincial que alineaba a miles de lanzas. Era ese ejército la fuente del poder de Quiroga, y lo seguiría siendo hasta el fin de su carrera política: expresión del inesperado poderío militar de los Llanos riojanos, en esa tierra de pastores y arrieros que recorrían ahora en son de guerra los caminos de sus anteriores peregrinaciones pacíficas, su presencia cambiaba decisivamente el equilibrio del interior…”.

A partir del triunfo en la Ciudadela de Tucumán, el 4 de noviembre de 1831, las figuras de Rosas, Quiroga y López, dominaron toda la política nacional. La relación entre los tres caudillos más poderosos no fue sencilla, y tras muchas idas y vueltas, de conspiraciones y malos entendidos, Quiroga dio su apoyo a Rosas, y condenó explícitamente la Campaña antiporteña, a la que se vinculaba a gente de Corrientes y Córdoba, y esa actitud del caudillo riojano no se debió a que no “no protegió económicamente a las provincias del interior”, como suelen interpretar sus críticos póstumos, sino a que aspiraba a un “orden posible”, más justo, que no puede compararse a los postulados económicos liberales que defendían desde Buenos Aires. Si bien Quiroga seguía influenciando en el interior, su predominio nunca alcanzará al anterior de 1829.

Para 1833, estaba radicado en Buenos Aires, donde ayudó a organizar la Campaña al Desierto a Juan Manuel de Rosas, y siguió vinculado estrechamente a los intereses de su provincia.

En 1834, a pedido de Maza, gobernador de Buenos Aires, y del propio Rosas, medió en un conflicto entre Salta y Tucumán. En Santiago del Estero se enteró del asesinato de De la Torre, gobernador salteño. Cumplida su misión en el norte, Quiroga emprendió el regreso hacia Buenos Aires, desoyendo las advertencias sobre la posibilidad de que se lo intentara asesinar, rechazando el ofrecimiento de protección que le hizo Ibarra, el gobernador santiagueño. Su coraje lo condujo, una vez más, a enfrentarse con la muerte. Pero en esta oportunidad, el Tigre perdió la partida: en Barranca Yaco fue ultimado por un grupo de asesinos enviados por los hermanos Reynafé, en 1835, a la sazón dueños del gobierno de Córdoba. El asesino fue un conocido matón, Santos Pérez, el cual tuvo encima por mucho tiempo a la policía de Córdoba.

El Gobierno de Buenos Aires dio un trato solemne a la ejecución de los asesinos de Juan Facundo Quiroga; la galera ensangrentada y acribillada de balazos estuvo largo tiempo expuesta al examen del pueblo, y el retrato de Quiroga, como la vista del patíbulo y de los ajusticiados, como asimismo extractos del proceso, fueron litografiados y distribuidos por millares.

Los adversarios del rosismo no tardaron en denunciar que el verdadero inspirador del asesinato había sido el mismo Rosas, pero estas acusaciones no tuvieron demasiado sustento real. Se basaron en las consecuencias de tal asesinato, de las cuales fue real que, una vez desaparecido Quiroga (y luego Estanislao López en 1838) se produjo la hegemonía indiscutida de Buenos Aires.

Una década después Domingo Faustino Sarmiento publicó “Facundo, Civilización y Barbarie”, una de las obras más singulares y significativas de la literatura hispanoamericana. Plagada de falacias y mentiras para denigrar al gran caudillo y para desacreditar el régimen rosista, se inscribió sin embargo en la gran tradición militante de nuestras mejores letras, junto a los cielitos de Hidalgo y El Matadero, e incluso el mismísimo Martín Fierro. Pero pese a su polémico y enérgico alegato, nos trasmitió, aún a pesar del propio autor, la grandeza y los latidos auténticos del espíritu estremecedor del Tigre de los Llanos. (C. Piantanida, Los Malditos Tomo II, Pág. 141, Ed. Madres Plaza de Mayo, 2005)

JUICIO A LOS ASESINOS . . .

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BERNARDO DE MONTEAGUDO
(1789 – 1825)

Algunos días antes de la crucial Batalla de Ayacucho (1824), que terminará definitivamente con el poder monárquico español en estas latitudes, Simón Bolívar envía una circular a los demás gobiernos americanos, en la que afirma: “Después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América, para obtener el sistema de garantías que en paz y en fuerza sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental, que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos”. Para ello invita a los gobiernos a enviar sus representantes al Congreso Anfictiónico a realizarse en el Istmo de Panamá con el objetivo de coronar esa anhelada confederación.
Lo que no suele mencionarse es que el auténtico mentor de ese proyecto de unión americana y redactor del manifiesto –al que Bolívar brindará, por cierto, todo su apoyo- fue un tucumano de vida y muerte novelescas, amigo de aventuras galantes y fervoroso patriota. “Un hombre grande y terrible” –como lo definió Benjamín Vicuña Mackenna- que “concibió la colosal tentativa de la alianza entre las Repúblicas recién nacidas”. Ese hombre era Bernardo de Monteagudo. “Muerto él –afirma el historiador chileno-, la idea de la Confederación Americana que había brotado en su poderoso cerebro, se desvirtuó por sí sola”.

Si bien es cierto que no fue la muerte de Monteagudo, sino los mezquinos intereses de las oligarquías portuarias, los que desvirtuaron y echaron por tierra el sueño bolivariano de la anfictionía, tampoco se puede negar que este inflexible jacobino, este abogado graduado en la turbulenta Chuquisaca de 1808, fue toda su vida un afanoso propulsor de la idea de independencia y unidad hispanoamericanas.

Colaborador de Castelli en el Alto Perú, miembro del partido morenista en Buenos Aires y hombre de extrema confianza de San Martín y de Bolívar, su pensamiento y su acción se pueden resumir en esta frase: “Yo no renuncio a la esperanza de servir a mi país, que es toda la extensión de América”.

Había nacido en Tucumán el 20 de agosto de 1789 e ingresó a la vida política como uno de los líderes de la insurrección de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809. Ésta termina ahogada en sangre y el joven abogado en la cárcel. Con ayuda de una mujer logra huir, más de un año después, cuando ya en Buenos Aires se ha producido la revolución que depuso al virrey Cisneros. Monteagudo se incorpora al Ejército del Norte, comandado por Antonio González Balcarce y su ex condiscípulo Juan José Castelli, quien lo designa su secretario personal y auditor de guerra. Acompaña a Castelli y al ejército hasta el desastre de Huaqui (20-6-1811), partiendo luego hacia Buenos Aires, donde lidera de inmediato a los grupos de jóvenes patriotas que van a reorganizar las huestes morenistas nucleándose en la Sociedad Patriótica.

Redactor de la Gazeta de Buenos Aires, aboga por el fusilamiento del conspirador absolutista Manuel de Álzaga. En octubre de 1812, como inspirador intelectual de la fracción morenista, participa en el golpe que derroca al Primer Triunvirato, ganándose la eterna animosidad de Rivadavia y, sobre todo, de Pueyrredón.
Ya miembro activo de la logia de “Los caballeros nacionales”, conocida como Logia Lautaro, apoya al Segundo Triunvirato y a la Asamblea del año XIII, en su intento (vacilante, por cierto) de retomar las banderas liberal-nacionales de Moreno. En 1815, a la caída del gobierno directorial de Alvear, con el que coopera estrechamente, toma el camino del exilio hacia Europa donde permanecerá dos largos años.

De regreso al Río de la Plata, en 1817, se dirige a Mendoza y luego a Chile, donde San Martín –por mediación de O’Higgins (para eludir la censura de Pueyrredón)- lo designa auditor de guerra del ejército libertador. En esa circunstancia, se encarga de redactar el acta de la independencia chilena.

Después de la derrota de Cancha Rayada, otra vez en Mendoza, desempeña un papel clave (probablemente encomendado por la Logia) en el juicio y ejecución de Luis y Juan José Carrera, revolucionarios chilenos enemigos de O’Higgins y San Martín.
En 1820, luego de una corta estada en San Luis, vuelve a ser nombrado auditor de guerra del ejército sanmartiniano, haciendo con él la campaña del Perú. Una vez en Lima, San Martín lo designa ministro de Guerra y Marina, sumando más tarde la cartera de Gobierno y Relaciones Exteriores. En esos cargos, además de propender enérgicamente a la extensión de la cultura y la instrucción públicas, se gana el encono del partido “peruanista” por sus iniciativas en procura de la unión con Colombia.

Cuando en 1822 San Martín se embarca hacia Guayaquil para entrevistarse con Bolívar, lo deja como su hombre de confianza en el gabinete del Perú. Pero las intrigas de sus enemigos eclosionan el 25 de julio de ese año, durante la ausencia de San Martín, y Monteagudo es obligado a renunciar y desterrado del territorio peruano.

Trasladado a Guayaquil, se convierte en consejero y hombre del más íntimo entorno de Bolívar, quien lo lleva con él a Lima en diciembre de 1824. Allí será asesinado un mes después –el 28 de enero de 1825- cuando va camino de una cita amorosa, por orden de uno de sus enemigos jurados: José Sánchez Carrión, dilecto representante de la oligarquía limeña.

Pocos días antes, el tucumano había comenzado a redactar uno de sus escritos más importantes: “Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispanoamericanos y plan de su organización”, notable documento geopolítico, lamentablemente inconcluso, en el que plasma la que fue idea central de los grandes patriotas del continente, comenzando por el propio Monteagudo: “… formar un foco de luz que ilumine a la América; crear un poder que una las fuerzas de catorce millones de individuos; estrechar las relaciones de los americanos, uniéndolos por el gran lazo de un congreso común, para que aprendan a identificar sus intereses y formar a la letra una sola familia”.

Sus aportes a la revolución latinoamericana no han sido aún reconocidos. Mientras algunos historiadores lo califican de exasperado defensor de los ideales de la Revolución Francesa, otros en cambio, le adjudican vicios e toda índole –“lúbrico, cínico”- para descalificarlo e incluso algunos, desde su perspectiva racista creen denigrarlo al sostener, con énfasis, “sus rasgos amulatados”.

JUAN CARLOS JARA – LOS MALDITOS – Vol. II – Pág. 124 – Ed. Madres Plaza de Mayo 

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fotogeronimocosta

gerónimo costa, 1809 - 1856

 

Nace en Buenos Aires, en 1809 y desde muy joven abraza la carrera de las armas. Interviene en la Guerra contra el Brasil, participando en el triunfo de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827, bajo la dirección del General Alvear. Ante el levantamiento de Lavalle, en 1828, contra el gobernador Dorrego, Costa se separa del jefe unitario y pasa a revistar con las fuerzas de Juan Manuel de Rosas. Luego acompaña a Rosas, en su campaña al desierto.

Ya teniente coronel, es designado, por Rosas, comandante de la isla de Martín García. En ese destino debe enfrentar a fuerzas riveristas y francesas, que han pactado con los emigrados unitarios de Montevideo, las cuales invaden la isla, el 11 de octubre de 1838. La diferencia en número de hombres es muy apreciable y no da posibilidad alguna al jefe federal en su intento de defender la soberanía. El jefe francés, Hipólito Daguenet, a cargo de la escuadra, le intima rendición. Pero Costa responde: “Sólo tengo que decirle que estoy dispuesto a sostener, según mi deber, el honor de la Nación a que pertenezco”.
Se produce el enfrentamiento y las fuerzas criollas, después de batirse heroicamente, son dominadas por el invasor. Tan arrojada ha sido la resistencia de Costa, que Daguenet, después de rendirlo, le devuelve la espada e inclusive le envía un comunicado a Rosas exaltando “los talentos militares del bravo coronel Costa y su animosa lealtad hacia el país”.

Poco después, Rosas lo asciende a teniente coronel. Fiel a la política rosista, Costa se bate en diversas oportunidades contra los ejércitos de Lavalle, Paz y Rivera. Al producirse la derrota de Don Juan Manuel, en Caseros, lo acompaña en su viaje al exilio. Cuando regresa, entiende que la causa federal la expresa ahora Urquiza, convirtiéndose en uno de sus principales jefes. El Jefe de la Confederación lo promueve al grado de coronel mayor y luego, le da destino en Rosario, desde donde Costa organiza una invasión para recuperar la segregada Buenos Aires, que Mitre pretende erigir en estado independiente. A fines de 1855, lleva a cabo el intento de someter Buenos Aires, para reintegrarla a la Confederación y después de algunos triunfos parciales, llega con su gente hasta Villamayor, en el partido de La Matanza. Allí es derrotado por el coronel Esteban –“el Gato”- García que dirige las fuerzas mitristas de la provincia. Julio Victorica, en su libro “Urquiza y Mitre” otorga el triunfo a fuerzas mitristas, pero estima que sus jefes son Conessa y Mitre y sostiene que Costa contaba con una fuerza reducida, que apenas alcanzaba a 140 hombres. Agrega Victorica que con la firma de Pastor Obligado, en su calidad de gobernador, como asimismo de Valentín Alsina, Bartolomé Mitre y Norberto de la Riestra, se dictó una resolución por la cual “serán pasados por las armas… los individuos titulados jefes que hagan parte de los grupos anarquistas capitaneados por el cabecilla Costa y que el resto de la tropa será detenido, salvo circunstancias agravantes que llevarán a aplicarles la misma sanción que a los jefes”.

Esta última parte de la resolución facilita la matanza: los jefes mitristas deciden el fusilamiento de 115 hombres. “De los ciento cuarenta hombres que invadieron –señala Victorica- sólo quince quedaron con vida…”
Junto a sus compañeros, es fusilado el 3 de febrero de 1856.

El diario porteño “La Tribuna” afirma: “… El verdadero triunfo de la causa del pueblo no ha sido Caseros, sino Laguna de Cardoso, en donde fue destruido José María Flores y Villamayor, en donde sucumbieron ayer Costa y Bustos. Se obsequió con un álbum a Mitre, como héroe de la jornada… Pastor Obligado dijo a los manifestantes: “Dense vivas al coronel Mitre, a quien se le deben estos sucesos, que tanto ha trabajado y tanto ha sufrido preparándolos”. Desde “El Nacional”, Sarmiento escribe: “Han muerto o han sido fusilados, en el acto de ser aprehendidos, Bustos, Costa, Olmos (si no lo está lo estará, voto al chápiro)”. Y agrega Sarmiento, en una de esas mentiras que como él mismo decía “eran cometidas a designio”: “Trofeos: la espada de Costa, ruin y mohosa”. No bastaba el fusilamiento, sino que era necesaria una calumnia infame a quien fuera el “héroe de Martín García”. Y a quien ya nadie recordará en los colegios, ni en los suplementos culturales, ni en las academias. (N. Galasso, Los Malditos, Vol. II, Pág. 179, Ed. Madres de Plaza de Mayo)

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MANUEL RODRIGUEZ - (1785 - 1818)
UN MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Los sectores llamados “cultos”, expertos en literatura europea, cine norteamericano y vanguardias plásticas europeas, oyeron hablar por primera vez de Manuel Rodríguez cuando llegaron al país las canciones de Violeta Parra:

Quisiera tener un hijo
para llamarlo Manuel.

O poco más tarde, cuando llegó esta otra:

Glorioso Manuel Rodríguez
Fuiste caudillo del pueblo
Fuiste el gran guerrillero
Si en el cielo pasan lista
debes de ser el primero.

… para el pueblo chileno nunca hubo duda de que se trata del “más gallo” de su historia.

Nacido en Santiago de Chile, cursa los tres niveles de enseñanza, al tiempo que se sumerge en el mar de la revolución (…) pasa a Mendoza para cumplir servicios con el General San Martín.

(…) reingresa a Chile donde desarrolla tareas agitativas, al tiempo que envía análisis políticos y sociales sumamente lúcidos sobre la sociedad trasandina: “El primer rango, la aristocracia, es muy despreciable… La plebe es de obra y está por la libertad… La gente media es el peor de los enemigos que debemos combatir: torpe, vil, sin sistema, sin valor, sin educación… y llena de la pillería más negra, de todo quiere hacer comercio, de todo quiere encontrar un logro inmediato… Los artesanos son la gente de mejor razón y de más esperanzas…”

Aunque la historia escolar de la Argentina pareciera indicar que nada ocurría en Chile hasta que San Martín cruza los Andes, la historia verdadera es otra y en ella tiene mucho que ver Manuel Rodríguez quien insurrecciona decenas de poblaciones entre El Maipo y el Maule. El odio del Capitán General de Chile, Marcó del Pont, así lo prueba: “Manuel Rodríguez, joven corrompido, secretario y confidente de José M. Carrera, fue mandado por otros de sus iguales (San Martín) para preparar el ánimo de los residentes. No perdió tiempo en el ejercicio de su misión, formó un complot con varios vecinos de los partidos del sur,…Aquí formó combinaciones con sus adictos, extendiendo, de acuerdo con ellos, una clave por cuyo medio podrían todos entenderse sin ser descubiertos”.
(…)

Sin embargo, las disensiones entre las fuerzas revolucionarias son marcadas y Rodríguez no concilia con O’Higgins, a quien juzga conservador y tampoco con Carrera, con quien había colaborado años atrás. (…) Después de Chacabuco, el Gran Capitán lo nombra auditor del Ejército, aunque, en determinado momento, intenta convencerlo de que asuma una misión diplomática en el exterior, para morigerar las luchas internas.

Pero cuando se produce el desastre de Cancha Rayada, Rodríguez emerge nuevamente como una figura fundamental: es él quien reordena las fuerzas, levanta al abatimiento de la tropa, infunde nuevos bríos para continuar la lucha. Vicuña Mackenna sostiene con razón: “Manuel Rodríguez fue en Santiago, antes de Maipo, lo mismo que había sido en Chile, antes de Chacabuco: un inmortal precursor…”
(…)

Poco después el guerrillero interviene en una asamblea pública, agitando a las masas con críticas a O’Higgins, agravando la disidencia. O’Higgins le ordena disolver sus “Húsares de la muerte”, orden que Rodríguez dice acatar, pero que en los hechos no se produce de manera clara y definitiva. A su vez, en algunos integrantes de la Logia Lautaro crece la animadversión a Rodríguez por considerarlo demasiado avanzado, anarquista o díscolo.
(…) es detenido y la Logia decide – sin la presencia de San Martín, quien se encuentra en Buenos Aires – su ajusticiamiento. El general Rudecindo Alvarado toma el caso a su cargo y designa al teniente Antonio Navarro para la difícil misión. Conducido prisionero hacia Quillota, en el trayecto se simula un intento de fuga por parte del guerrillero y el teniente Navarro lo asesina, en Tiltil, el 26 de mayo de 1818. Tiempo después, Navarro declara que el responsable es O’Higgins.

La muerte de Rodríguez le provoca honda pena a San Martín: “Hubiese perdido mi brazo derecho antes de que hubiese sucedido esto” y agrega. “Quería mucho a Rodríguez, me hizo importantes servicios desde Mendoza, era inteligente y activo. Cuando supe su muerte, en Buenos Aires, me impresionó vivamente porque la sentí y porque calculé que me culparían por ella”.

El historiador chileno Vicuña Mackenna sostiene: “Manuel Rodríguez era la encarnación del pueblo chileno, era el guerrillero de los campos, era el tribuno de las plazas públicas, era “el roto” de “los rotos”, “el huaso” de “los huasos”, el símbolo de Chile criollo y democrático. Nadie como él… nadie más brioso, más elocuente. Era el símbolo criollo de la revolución. Si no la autoridad, era el pueblo; si no la Revolución, era Chile en la encarnación genuina de la Patria, con todas sus grandes pasiones, sus desvíos juveniles, su cólera majestuosa, su pujante e invencible voluntad. Si San Martín fue el libertador de Chile, Rodríguez fue su redentor. Si O’Higgins era el director Supremo, Rodríguez había sido el dictador popular de esa nación”.

Sin embargo en la Argentina, sólo Violeta Parra consiguió el milagro de levantar levemente la densa cortina de silenciamiento que pesa sobre el guerrillero. (N.Galasso en Los Malditos, vol. II, pag. 146, ed. Madres de Plaza de Mayo)

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VICENTE CAMARGO  (Aprox. 1775 – 1816)

OTRO MALDITO EXCLUIDO DE LA HISTORIA OFICIAL

Escasamente conocido en el mundo escolar e inclusive, en el universitario, es una de las figuras más importantes de la heroica lucha desarrollada en el Alto Perú, contra los ejércitos absolutistas. Puede argüirse que su origen indio haya jugado en esta discriminación, pero parece más razonable imputarla a su condición de guerrillero. Si la primera provoca descalificación entre cierta gente, la segunda resulta aún más alarmante. Lo cierto es que tanto Camargo, como otros luchadores de esa zona (Lira, Chinchilla, Lanza, Warnes, Padilla, Azurduy, etc.), no han sido recreados por nuestra literatura, ni se le otorga un lugar importante en nuestra historia. Lo mismo cabe señalar respecto a la cinematografía pues mientras los norteamericanos abruman con sus historias de indios, la nuestra no se ha interesado por el tema, no obstante el carácter épico de esa lucha. Así, se ha dicho con razón que los argentinos conocemos a los indios norteamericanos (el indio comanche, los sioux, “el último de los mohicanos”, etc.) pero no a los nuestros.

El indio Camargo, uno de esos silenciados, nace en Moroncoro, provincia de Chayanta, en lo que hoy es Bolivia. Apoya la revolución de 1810 y colabora con su propio esfuerzo e incluso con aportes pecuniarios, pues parece haber poseído alguna fortuna. Apoya al Ejército del Norte conducido por Belgrano y éste le otorga el grado de coronel.

Tenía enorme ascendencia sobre los indios del valle de Cinti y valles adyacentes desde el Pilcomayo hasta Cotagaita, alcanzando influencia hasta las zonas de Orán y del Chaco. Se lo considera el jefe de la republiqueta de Cinti.

Profundo conocedor del terreno, ello le permite las maniobras necesarias para debilitar al enemigo, compensando la falta de armamento con la táctica de guerrilla. Sus hombres van armados solamente con hondas, no obstante lo cual logran infligir duras derrotas a los ejércitos monárquicos. “Derrotó en varias ocasiones a las tropas realistas”, sostiene Siego Abad de Santillán. En combinación con fuerzas militares del sargento mayor La Madrid, derrotan a los realistas, a principios de 1816, persiguiéndolos hasta Cotagaita. El 2 de febrero, vuelve a derrotarlos en la quebrada de Uturango.

Durante varios años, la acción de hombres como Camargo, como asimismo la guerrilla comandada por Güemes, cierran la frontera norte a los intentos monárquicos, dando tiempo a San Martín para levantar su ejército, liberar Chile e invadir luego Perú.

El 27 de marzo de 1816, Camargo es derrotado en los cerros de Aucapuñima y pocos días después, en un enfrentamiento con fuerzas realistas comandadas por Centeno, es herido de un balazo y tomado prisionero, siendo degollado en el acto.

Bolivia lo recuerda hoy dándole el nombre de Camargo, al viejo pueblo de Cinti. Los argentinos le debemos todavía un reconocimiento pues, aunque una calle de Buenos Aires lleva su nombre, continúa siendo un desconocido para los sectores llamados “cultos” de nuestra sociedad. (N. Galasso, Los Malditos, vol. II, pág. 80, ed. Madres Plaza de Mayo)

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